Historias de la Historia

Anécdotas y Curiosidades del pasado

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Descubren detrás de un muro el mayor tesoro de artefactos nazis jamás hallado en Argentina

Publicado por El hijo del Ahuizote en 24th Junio 2017

Busto de Adolfo Hitler
                                                                                                      Había varias efigies de Adolfo Hitler, incluyendo este busto en metal plateado.

Un busto de Adolfo Hitler, la escultura de una águila imperial, un macabro instrumento para medir la dimensión de cráneos estampado con una esvástica están entre la mayor colección de artefactos nazi jamás encontrados en Argentina, según las autoridades.

Unos 75 objetos estaban escondidos en la residencia de un coleccionista en Beccar, un suburbio a unos 21 kilómetros al norte de Buenos Aires, y fueron recuperados por la Policía Federal Argentina (PFA).

Águilas, esvásticas y bustos de Hitler: la inquietante colección de objetos nazis que estaba escondida en Buenos Aires

Las autoridades sospechan que se trata de piezas originales que pertenecían a altos funcionarios del régimen nazi en Alemania, durante la Segunda Guerra Mundial.Eso les agregaría mayor interés y valor histórico. “Sería una manera de comercializarlos, demostrando que fueron utilizados… por el Führer. Hay fotos de él con los objetos”, declaró Bullrich.

Objetos nazi incautados
                                                                                Los objetos nazi fueron incautados en una redada a una residencia al norte de Buenos Aires.

 

Además del busto y una escultura en relieve de Hitler, se encontraron varios instrumentos de uso médico dentro de elegantes estuches, incluyendo uno para medir el cráneo.

Entre otros objetos inquietantes había juguetes que Bullrich describió como artículos para adoctrinar niños y una estatua del águila imperial nazi sobre una esvástica.

“Estamos conmovidos, es muy impresionante el hallazgo de estas piezas originales con simbología nazi, emblemas de una trágica época de la historia”, declaró la ministra.

La funcionaria agregó que “ya no estarán más circulando o a la venta”, y precisamente sobre las piezas con simbología nazi, adelantó que “serán llevadas al Museo del Holocausto“.

 

Instrumento médico de la época nazi
                                                                                                 Dentro de la colección hay un instrumento médico para medir cráneos.
Cruz nazi
                                                                                           Se sospecha que son piezas originales que pertenecían a altos funcionarios de la Alemania nazi.

El hallazgo fue el resultado de una larga investigación que terminó con el allanamiento, el viernes 9 de junio, de dos locales de un centro comercial en Vicente López y de una residencia en Beccar.

Los objetos se encontraban guardados en habitaciones ocultas detrás de una pared falsa.

Se está tratando de determinar cómo llegaron esos objetos al país, pero una de las hipótesis es que fueron traídas por oficiales nazis que buscaron refugio en Argentina después de la Segunda Guerra Mundial.

También se incautó una gran cantidad de antigüedades de origen alemán, japonés, chino y egipcio, ingresadas ilegalmente al país y que “están dentro de la lista roja de la Unesco”.

Así lo explicó la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, añadiendo que muchos de los objetos venían acompañados de antiguas fotografías que podían establecer la procedencia de los artefactos.

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Muerto y bien muerto: esas leyendas acerca de maximiliano indultado.

Publicado por El hijo del Ahuizote en 18th Junio 2017

El fusilamiento de Max y sus compañeros "fieles guerreros", Mejía y Miramón.

El fusilamiento de Max y sus compañeros “fieles guerreros”, Mejía y Miramón.

Se cumplieron ya 12 años desde que una leyenda salvadoreña vino a alborotar el gallinero del  imaginario histórico mexicano, sembrando la #PerraDuda acerca de la mortalidad del buen Fernando Max de Habsburgo, archiduque austriaco del que, hasta 2001, nadie tenía duda de que  murió fusilado un 19 de junio de hace  146  años. Parece mentira que, tanto tiempo transcurrido desde la primavera de 2001, cuando un cable de la agencia española EFE, -que, tratándose de asuntos mexicanos no siempre es lo rigurosa que manda el canon periodístico- pusiera a circular una información que, pese a lo rebatida y desmentida en su momento,  se quedó atorada en las telarañas de nuestra cultura política colectiva, tan dada a imaginerías, escepticismos y profundamente adoradora de conspiraciones y engaños masivos.

No es nada nuevo esa tendencia nuestra a desconfiar de todo, por todo y para todo. Forma parte de nuestros comportamientos con respecto a nuestra vida política y a nuestras interpretaciones de los hechos. Desde que a fines del siglo pasado se efectuaron las primeras mediciones y encuestas dirigidas a entender la barroca, atrabancada y atrabiliaria cultura política mexicana, nos quedó muy claro que, en términos generales,  mientras más oficial parezca una afirmación, más fuerte es la tendencia a no creerla; mientras más  versiones sobre un hecho histórico haya, tanto mejor para esta alborotada conciencia colectiva que, ipso facto, adoptará como propia la que menos se acerque a lo que hemos aprendido en el aparato formal educativo.

Y si se trata de una versión complicada, con toques de inverosimilitud y, a veces, decididamente despegada de la realidad, tanto mejor, porque ganará adeptos que, a lo largo de los años, la repetirán a los no enterados  con el aire de suficiencia de quien comparte el contenido de una conspiración para derrumbar todo el andamiaje del “pasado oficial”.

Entre desmitificadores te veas. El chisme del supuesto y oculto perdón de Juárez a Maximiliano, que habría mandado al austriaco a vivir el resto de sus días a la ciudad centroamericana de San Salvador, goza de cabal salud a pesar de todas las ocasiones en que ha sido desmentido por historiadores profesionales. Leyendo las ENCUP (Encuesta Nacional de Cultura Política), me queda claro por qué una especulación de tal envergadura sigue vivita y coleando una docena de años después de aparecido en tierra mexicana.

No debiera extrañarme, lo admito. Si la especie del presunto robo de los huesos de Morelos flotó en nuestra cultura por espacio de 85 años, llegando hasta la proposición de hipótesis, por decirlo de modo educado, delirantes (como esa idea de que Almonte, por pura gana de joder, arrojó al mar los restos de su santo papacito), no veo por qué la historia de Maximiliano sobreviviente y oculto en Centroamérica no podría persistir una docena de años.

Debo admitir que me choca recibir correos de conocidos -que no saben de mi participación en aquel chisme de 2001- donde me vuelven a contar el asunto del famoso señor Justo Armas que se murió ¡de 104 años! en San Salvador y al que todos daban por Max sobreviviente y perdonado por Juárez.  No sólo me lo vuelven a contar; me lo tallan en el rostro con la prosa de quien ha hecho un descubrimiento de magnitudes desproporcionadas, y del cual yo no me he dignado ocuparme lo suficiente por despistada o por escéptica o por no querer entender que,venga de donde venga, una versión “alternativa”, “oculta” “no oficial” de los hechos, es siempre la buena, debido a la perversa conspiración del Estado Mexicano, empeñado en que los ciudadanos no nos enteremos de lo que “realmente” ocurrió con Max, con Carlota, con don Benito o con los perros del Castillo de Chapultepec.

Por eso, terminado el mes de junio, cuando se cumplieron 146 años de que mandaron al buen Fernando Max a criar malvas -me encanta esta expresión española-, cuento la historia como brotó en el concierto nacional, porque pese a la tinta corrida sobre el tema, pese a la cautela de unos, el disimulo de otros y al intento de no comprometerse de algunos más, ahí sigue, como mosquito incómodo que vuelve a salir a la menor provocación, el chisme de marras que vuelve a don Benito  un masón solidario con su similar austriaco, al que le perdona la vida, mientras ordena fingir un fusilamiento y un embalsamamiento fallido, repetido y tragipatético.

UNO. MI HISTORIA PERSONAL. Ocurrió en el año 2000. Estaba en la reinauguración del Alcázar del Castillo de Chapultepec, recién mejorado, restaurado y embellecido. En el numerito me encontré a un personaje que empezaba a ser mi amigo: José Manuel Villalpando. Hicimos juntos el recorrido de las salas nuevamente abiertas al público. Cuando yo contemplaba el comedor utilizado por donPorfirio, Villalpando me susurró: “¿qué me dices si te digo que Maximiliano no se murió en Querétaro?”

A continuación me contó una breve versión de esta historia, ahora conocida por muchos, pero de la cual, en aquellos días, nadie hablaba: un señor salvadoreño lo había ido a visitar en algún momento, llevando entre las manos este asunto. El señor, de nombre Rolando Deneke, había tocado diferentes puertas de historiadores para narrarles este asunto de Maximiliano perdonado por Juárez y establecido en San Salvador, donde había -y dicen que hay- una casa, la que fue de este Max resucitado, lleno de objetos imperiales: mobiliario, retratos, cuadros, objetos de arte y demás.

El detalle es que, como era previsible, todos esos historiadores a los que según Villalpando había acudido Deneke, lo habían mandado por un tubo. Solamente una persona, el propio Villalpando, se había tomado la molestia de escucharlo. Ignoro las circunstancias, y los referentes de esa expresión tan ambigua: “los historiadores” a los que se remitía, pero Villalpando aseguraba en ese entonces, que había visto la casa, en San Salvador, donde se conservaban los objetos provenientes del Segundo Imperio Mexicano.

Si era o no era algo que pudiera probarse, en esa oportunidad José Manuel Villalpando no fue muy a fondo. Si lo había hecho antes, parece probable, aunque lo cierto es que era solamente eso, una plática en el Castillo de Chapultepec, en un día en que, gracias a los intensos vientos, la vieja Tenochtitlan parecía una vez más la región más transparente del aire.

La historia no fue más allá, una curiosidad apenas para conversarla en casa y guardarla en la caja de esos datos que un día le sirven a cualquier periodista.

DOS: EL MITOTE PERIODÍSTICO.

Tal vez unos ocho o 10 meses después, en los últimos días del invierno del 2001, me llamaban de La Crónica de Hoy, periódico al que me unen lazos fraternales y para el cual, en aquellos días, hacía colaboraciones especiales para la sección Cultura.  Espulgando los materiales de las agencias de noticias para la edición del día siguiente, se habían topado con un cable de la agencia EFE, que “noteaba”, es decir, convertía en nota, un material publicado por el diario español y que ponía, en blanco y negro, por una fuente diferente a la mía, la historia de Maximiliano escapado de la muerte y convertido en el extraño señor Justo Armas.

El diario ABC de Madrid, en su edición del 9 de marzo de 2001 publicaba el reportaje firmado por Rosa Valdelomar, quien no hablaba de la probable revelación histórica, sino que tomaba toda la información de una novelita recién publicada en España, “La Tierra Ligera”, de Ediciones La Discreta, y de la autoría de un señor aparentemente dedicado a la diplomacia, llamado Santiago Miralles, y que habría obtenido el grueso de la información en la que se basaba la novela, de boca de Rolando Deneke.

Sin saber el relajo que se iba a armar a partir de su nota, Rosa Valdelomar abundaba en detalles: quince años le había llevado a Rolando Augusto Deneke reunir los elementos que juzgaba probatorios de que Justo Armas y Maximiliano de México eran una sola persona.

El nombre del personaje venía, según la nota, de  “un  comunicado” de Benito Juárez, donde se indicaba que Maximiliano “había sido pasado justo por las armas”. Por otro lado, describía, a partir de la novela de Miralles, cómo este extraño personaje se había establecido en la alta sociedad de la capital salvadoreña, que nunca contaba de dónde venía y quién era su familia, que era responsable del protocolo de la cancillería de aquel país, que dirigía los banquetes diplomáticos y que tenía un negocio de banquetes, o algo parecido.

La nota del ABC continuaba: Justo Armas no contaba de su pasado sino que era sobreviviente de un “gran naufragio”; siempre andaba descalzo,  en cumplimiento de una promesa hecha ” a la Virgen” si conseguía salvarse de un gran peligro de muerte. Según los datos de Deneke, la presencia de Armas en el Salvador podía documentarse desde 1870; el hombre  había sido semiadoptado por la familia del vicepresidente y canciller salvadoreño de entonces, Gregorio Arbizú,que además era masón.

Este es el punto que explica, desde aquella nota de 2001, la historia del salvamento de Max, que estaría basado en la masonería del archiduque y del presidente Juárez; un pacto de no agresión entre “hermanos masones” que propiciaría fingir un fusilamiento, parodiar un embalsamamiento fallido del que ya hemos hablado y realizar otro embalsamamiento de un cadáver cualquiera de tantos que había en Querétaro para tener un cadáver apenas identificable, construir el engaño y dejar a todo mundo contento: a Max lejos del mundo y de las broncas inmensas que debería afrontar en caso de haber vivido, a los liberales republicanos de México satisfechos por haber echado al usurpador  y a Benito Juárez con su honor masónico sin mancha por haber mandado al paredón a un correligionario.

Esto decía el cable de EFE glosando al ABC. Agregaba los datos que desde entonces se han repetido por los aficionados a las conspiraciones y en los que, piensan algunos, se da solidez a esta historia: que para 2001 Deneke ya había conseguido exhumar a Justo Armas y había tomado una muestra destinada a realizar pruebas de ADN, contrastables con muestra de sangre de dos mujeres del siglo XXI, pertenecientes a la casa real austriaca. Sea quien sea el señor enterrado en San Salvador, sí es un Habsburgo.

La nota aseguraba que Deneke había promovido estudios grafológicos que señalaban similitudes entre la caligrafía de Max y Armas. se dijo, en aquel momento, que Deneke también había auspiciado un estudio antropológico cráneofacial, hecho por una antropóloga costarricense, que mostraba las similitudes, parecido familiar, vamos, entre Max, Armas y el emperador Francisco José.

La parte donde la cosa ya comenzaba a volverse volada periodística, especulación y suposiciones afirmaba que en los últimas semanas de vida de Maximiliano había el propósito de alejarlo de la mirada de los republicanos y de los queretanos. Desbarraba ya Rosa Valdelomar y la novelita de Miralles cuando escribió que para fusilar a Max se había reunido a” un grupo de  campesinos que nunca habían visto al emperador”. Como la mayor parte de los mexicanos de la época, por cierto.

TRES: LAS PRIMERAS CONSECUENCIAS.

Eso era lo que decía el cable de EFE, como me lo contaron los compañeros de la Crónica y como lo iban a publicar. Después de aquella llamada, me dediqué a localizar a José Manuel Villalpando para contarle el hecho, con la idea de que él, el único historiador que estaba al corriente de la aventura de Deneke pudiera dar una entrevista. Como suele ocurrir cuando algo no le interesa demasiado, Villalpando me dio educadamente el avión y decidió esperarse hasta el día siguiente para ver publicada la nota.

Al día siguiente, publicada la nota, fue él quien me llamó por teléfono: “me urge que me entrevistes”. Efectivamente, lo entrevisté. Aunque consideró todos los datos recién conocidos por  los mexicanos como “sugerentes”, advirtió que no eran concluyentes. Villalpando se asumió como vocero de Rolando Deneke en México, dando a entender que había hablado con él a raíz de la publicación de la nota del ABC.

En su narración de 2001 Villalpando fue más preciso. Aseguró que sabía de las indagaciones de Deneke desde 1996, y que el salvadoreño llevaba mucho más tiempo metido en sus averiguaciones. Y otro punto importante: cualquier obra que no viniese de la pluma de Deneke no era sino un “pirateo” de todos los trabajos del centroamericano, refiriéndose a la novelita noteada por el ABC.

Incluso, en aquella entrevista, Villalpando aseguró que Deneke estaba “muy molesto”, pues nunca había autorizado -ni sabía, pues- cualquier trabajo literario a partir de sus investigaciones. Nunca lo había llamado gente del ABC, y desde luego que desautorizaba  el contenido de “La Tierra Ligera” por una sencilla razón: la investigación aún no era concluyente.

Las reflexiones de Villalpando, en aquella entrevista, se centraron en lo que debería hacerse con las pruebas de ADN: precisó que los análisis promovidos por Deneke debían repetirse, pues, aunque databan del año 2000 y mostraban semejanzas de 80 y 90% entre  las muestras de las nobles austriacas y lo que quedaba de Armas, esta última contaminada porque, al morir el buen señor, en las primeras décadas del siglo XX, lo habían sepultado -simpática paradoja- sin embalsamar.

Y al problema de los análisis del ADN se sumaban dos elementos importantes, en opinión de Villalpando: primero, tenían que tratarse de los “Habsburgo adecuados”,  es decir, de los Habsburgo-Wittelbach, la línea de la madre de Max y tía de Sissi, la archiduquesa Sofía. Segundo, más importante: la necesidad de contrastar la muestra Justo Armas con una muestra obtenida del cadáver depositado en la cripta de los capuchinos en Viena. Villalpando,como era su costumbre hace tantos años, se iba hasta la cocina con sus propuestas que a más de tres, en ese entonces, les parecieron demasiado audaces,porque recurrían hasta a recuperar, de coleccionistas mexicanos o de las bodegas del Museo Nacional de Historia muestras de cabello y barba del pobre Max.

Cabe agregar dos cosas: uno, no puedo dejar de pensar que, si Villalpando tenía tan claro lo que podía hacerse para verificar o no la historia de Deneke, se hubiera embrollado tanto con los restos de los insurgentes cuando le cupo en suerte ser (des)coordinador del desmadre bicentenario. Dos, que Rolando Augusto Deneke jamás concedió una entrevista a raíz del numerote que se armó en México. Nunca contestó a mis numerosos correos y tampoco contestó cuando marqué el número telefónico que conseguí. Hace poco, Villalpando ha dicho que Deneke ha muerto. Y la investigación se quedó donde estaba hace 12 años. Y aún así pegó en nuestro desconfiado imaginario colectivo, que es donde sigue, porque nadie, ni en España, ni en El Salvador, se ha despeinado por ello.

PISTAS HEMEROGRÁFICAS

Para los públicos no especializados, la nota aquella del presunto perdón oculto a Maximiliano, funcionó como aventar una granada en un gallinero. Y vean, ahí sigue el asunto, rodando, ganando adeptos, nomás por ser una “versión alterna” a lo establecido, escrito, abordado una y otra vez. En tierra de desconfiados, lo “oficial” huele a chamusquina.

De aquel cable de EFE publicado por Crónica se derivaron algunas notas cuyas referencias agrego para el interesado en el tema:

*VIERNES 9 DE MARZO DE 2001.- La Crónica de Hoy publica un cable de la agencia EFE donde revela que Maximiliano pudo haber sido perdonado secretamente por Benito Juárez y haber vivido hasta los 104 años de edad, bajo el nombre de Justo Armas.

* SÁBADO 10 DE MARZO DE 2001 .- Entrevista a José Manuel Villalpando, donde se hace vocero del disgusto de Deneke sobre la publicación de “La Tierra Ligera”.

MIÉRCOLES 14 DE MARZO DE 2001: Silvio Zavala, José Luis Martínez y Nicole Giron descalifican las indagaciones de Deneke y le aplican calificativos que van desde “cuento” hasta “linda leyenda”.

JUEVES 15 DE MARZO DE 2001.- Fernando del Paso subraya la incompatibilidad entre la masonería de Maximiliano y la de Juárez ,la imposibilidad de “disfrazar” a Max para sacarlo de Querétaro y califica las ideas de Deneke como “hechos imposibles”. El investigador Orlando Ortiz señala la ausencia de sustentos documentales en la información que se conoce obre Justo Armas que pueda darle solidez.

SÁBADO 17 DE MARZO DE 2001.- Al grito de “Investigar asuntos históricos no lo puede hacer cualquiera así, nada más”, la actual directora del INEHRM, Patricia Galeana, tacha de “inverosímil” y “fantasía” las hipótesis de Deneke.

LUNES 19 DE MARZO DE 2001.- El investigador austriaco Konrad Ratz señala la abundancia de testimonios de la muerte de Maximiliano y la imposibilidad de una fuga del emperador. La frase que me dijo en aquella ocasión es el título de esta entrada: “El 19 de junio de 1867, después de las 7 de la mañana, Maximiliano de Habsburgo estaba muerto y bien muerto”.

MARTES 20 DE MARZO DE 2001.- La nota salta a otros periódicos. José Manuel Villalpando, en Cronoscopio, la sección de divulgación histórica que mantenía con Alejandro Rosas en el periódico Reforma, sintetiza todo lo dicho en la entrevista que me dio el 10 de marzo, y aún cuando insiste en la ruta que debieran tener los análisis de ADN, no oculta su entusiasmo por las hipótesis de Deneke. Sugiere que elsalvadoreño dé a conocer los estudios grafológicos que dice tener. “No hay nada más emocionante que la historia, la que se supone ya escrita, de vez en cuando dé sorpresas como esta”, escribe. Me imagino que esta frase debe haberle restado más puntos en su ranking de popularidad entre los historiadores adscritos al mundo académico, donde, es preciso decirlo, nunca le han querido demasiado.

MIÉRCOLES 21 DE MARZO DE 2001.- Katia D´Artigues, en Milenio, recoge el tema y lo consigna. Frivolona y superficial como siempre ha sido la mayor parte de su columna, D´Artigues no se complica la existencia y concluye “a esta columna, verdad o no [y que se pudran los historiadores. Nota de la R.] le encanta la leyenda. Y propone creer que  es en El Salvador donde viven o vivieron Max, Pedro Infante, Elvis Presley y de paso, Mario Villanueva”. Profundísimo.

EPÍLOGO

Casi un mes después de este relajo, Excelsior puso la cereza del pastel. Su corresponsal en Madrid encontró al tal Santiago Miralles y lo entrevistó. El resultado fue una plana entera en letra de 10 puntos, cabeceada así. “Justo Armas sí era Maximiliano: Miralles”. Según el autor de la novela que desató el mitote, Deneke -que seguía sin hacer acto de presencia- se disponía a presentar, como un ensayo histórico, su trabajo de investigación. Eso nunca ocurrió.

Miralles, que como diplomático vivió en el Salvador, tuvo tiempo de enterarse de todo el asunto. Luego, habló de una abundante correspondencia sostenida con Deneke, donde el salvadoreño le acabó de soltar toda la historia. Agregó que Deneke tenía en su poder el diario de Justo Armas y que le había mostrado a él parte del análisis grafológico.

Las declaraciones de Miralles  parecen perseguir el fin de suavizar el hecho, completamente gandalla, por donde se quiera ver, de que tomó todo lo que le había contado Deneke para hacer su novela, donde, insistió, hay muchas cosas de ficción y faltaban los logros recientes de Deneke, como los resultados de las pruebas de ADN.

Con ese afán, Miralles reclamaba que “la historia de Rolando Deneke merece una oportunidad” y agregó que ” a mí me gustaría que antes de enjuiciar su tesis, o que se apresuraran a descalificarlo, los académicos y especialistas mexicanos trataran de informarse mejor acerca de lo que tiene Rolando Deneke entre sus manos”.

Como puede verse, eso no ocurrió. La historia de Deneke fue apaleada en los círculos académicos y el que fue más generoso con ella, José Manuel Villalpando, todavía le sigue jugando a reconocer el atractivo del tema, pero a no acabar de comprometerse o descomprometerse con la historia.

En este fandango doméstico, Rolando Augusto Deneke no asomó la cabeza ni por casualidad.Nunca dio entrevistas para bien ni para mal, nunca concretó aquel ensayo que dijo Miralles, y nunca se conocieron en México los estudios que había promovido y costeado. Sin haber movido un dedo, su historia cayó en la tierra fértil del proverbial sospechosismo  mexicano, que es donde permanece. Porque a estas alturas, doce años después, solamente Konrad Ratz se ha concentrado en aportar más elementos para probar que, en Querétaro, Fernando Max se quedó muerto y bien muerto.

El Cerro de las Campanas después del fusilamiento, como lo dibujaron y fotografiaron en ese junio de hace 146 años.

El Cerro de las Campanas después del fusilamiento, como lo dibujaron y fotografiaron en ese junio de hace 146 años.

Artículo originalmente publicado por Bertha Hernández en: https://reinodetodoslosdias.wordpress.com/2013/07/07/muerto-y-bien-muerto-esas-leyendas-acerca-de-maximiliano-indultado/

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Maniobras de Artillería en San Lázaro. Ciudad de México 1902

Publicado por El hijo del Ahuizote en 17th Junio 2017

                                     Soldados de artillería emplazando las piezas antes de iniciarse los tiros.


La Secretaría de Guerra y Marina abrió un concurso y nombró a una comisión para estudiar y conocer cuál era el cañón de campaña de tiro rápido que reuniera las mejores condiciones para dotar al Ejército Nacional.

El coronel Manuel Mondragón había traído de Europa cañones fabricados por tres casas: la Krupp, la Schnier-Canetvy y la Saint Chaumond-Mondragón.

                      Un cañón Saint Chaumond-Mondragón, efectuando sus disparos de prueba


La comisión que tenía que dictaminar la eficiencia de dichas piezas de artillería estaba formada por el general Juan Villegas, jefe del Departamento de Artillería, el mayor Rafael Eguía Liz, los capitanes Víctor Fernández Covarrubias y Francisco Nar-váez y los tenientes Enrique Ruiz, Fernández y Serna.

Después de un largo estudio, la comisión rindió su informe y la Secretaría de Guerra y Marina, resolvió adoptar el cañón Saint Chaumond-Mondragón, haciendo un pedido de importancia. El cañón de referencia, color gris oscuro, permite fácilmente confundirse con el terreno y tiene además un sistema de cierre de tornillo, frenos hidráulicos y recuperador con resortes de acero para el movimiento de retroceso.

                                   Después del éxito de las maniobras, las dotaciones recogen las piezas.

El 18 de abril de 1902, el presidente de la República, general Porfirio Díaz, concurrió a la demostración de estas piezas, acompañado de los generales Eugenio Rascón, Juan Villegas, Joaquín Beltrán y otros altos jefes y oficiales. Se hicieron disparos alternados de 500 a mil metros; el Primer Magistrado y sus acompañantes quedaron satisfechos de estas pruebas, así como numerosa concurrencia que se agregó para contemplar con admiración la efectividad de los disparos del nuevo cañón.

 

 

El general Porfirio Díaz, altos jefes del Ejército y sus estados mayores durante las demostraciones del cañón adoptado para el Ejército Nacional.

 

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La astrología, un arma contra Hitler

Publicado por El hijo del Ahuizote en 20th Mayo 2017

Según unos documentos secretos desclasificados por los Archivos Nacionales del Reino Unido en marzo de 2008, el espionaje británico llegó a recurrir a la astrología para adivinar los planes militares de Adolf Hitler. Concretamente, los británicos recurrieron a un astrólogo berlinés, que decía proceder de una familia aristocrática alemana, aficionado a los cigarros habanos y a disfrazarse de mujer, y con fama de charlatán. Su nombre era Louis De Wohl, pero según los documentos sacados a la luz su verdadero nombre era Lajos Mucsinyi Wohl.

Louis De Wohl

Nacido en Berlín de padre húngaro y madre austríaca el 24 de enero de 1903, De Wohl vivió en Alemania hasta 1935. Como tenía antepasados judíos y era enemigo del nacionalsocialismo, la llegada de Hitler al poder le impulsó a iniciar una nueva vida en Inglaterra. De Wohl tenía un alto concepto de sí mismo, puesto que se decía descendiente del poeta alemán Heine, ostentaba el título de Caballero del Santo Sepulcro y no dudaba en presentarse como el «Nostradamus moderno». Podía mantener un alto nivel de vida gracias a que se dedicaba a confeccionar los horóscopos de la alta sociedad londinense, entre la que tenía mucho éxito.
Al revisar esa documentación por parte de la prensa, se comprobó que el gobierno de Londres fue convencido por De Wohl de sacar partido del hecho de que Hitler, cuyo signo astrológico era Tauro, era muy supersticioso, y que muchas veces actuaba según lo que le decían sus propios astrólogos. Adolf Hitler decía en voz alta que guiarse del consejo de los astros era «una estupidez propia de mentes infantiles», pero en la práctica disponía de los servicios de un astrólogo, Karl Ernst Krafft[1], y hay historiadores que creen que el dictador cronometró el inicio de algunas de sus campañas de manera que los planetas estuvieran convenientemente alineados, aunque la mayoría de expertos cree que la astrología no afectaba sus decisiones.

HITLER

Pero De Wohl aseguraba entonces que Hitler confiaba mucho en las predicciones de Krafft y sostenía que, más allá de creer o no en lo que decían las estrellas, lo que importaba era tomar en consideración las creencias del Führer. El astrólogo aseguró a los responsables de los servicios de espionaje británicos: «He observado que todas las grandes empresas de Hitler han sido efectuadas bajo buenos auspicios y estoy convencido de que las intuiciones divinas de Hitler no son más que un simple conocimiento de las conjunciones planetarias».
La Dirección de Operaciones Especiales británica (SOE), unidad creada por Churchill durante la guerra para ayudar a la resistencia en los países ocupados y perpetrar actos de sabotaje, fue la encargada de utilizar las supuestas habilidades del astrólogo. Al parecer, los movimientos militares alemanes eran tan desconcertantes que altos funcionarios de la Inteligencia británica decidieron recurrir al húngaro para intentar descifrar lo que las estrellas le recomendaban al Führer, lo que les permitiría conocer los próximos movimientos de los nazis.
El SOE lo reclutó para que trabajara en la sección de propaganda. Se le dio rango de capitán del Ejército británico, lo que al parecer molestó a muchos oficiales, y cuentan que se le veía pasear por las calles de Londres muy orgulloso de llevar su uniforme. Pero esta apuesta por la carta astral como método para vencer a Hitler fue recibida con sorna en los servicios de Inteligencia británicos, que consideraban a los miembros del SOE como adversarios más que como colaboradores. El MI5[2], según los documentos secretos desclasificados, consideró la fe en el astrólogo una «idiotez supina», e intentó minar la imagen del aristócrata como «un hombre afeminado de vanidad desmesurada, un propagandista nato cuya afición a los uniformes nazis sólo es superada por la afición a disfrazarse de travesti».

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Los miembros del MI6 se mostraron igualmente horrorizados con la decisión de contratar los servicios del astrólogo húngaro; un comunicado de este organismo, también desclasificado, señalaba: «Uno de nuestros altos funcionarios comenta que no puede creer que alguien quiera emplear a este charlatán peligroso». Otro funcionario subrayaba que ninguna de las predicciones de De Wohl se habían concretado, con excepción de la entrada de Italia en la guerra, que anticipó —según el funcionario— «cuando había quedado clara para todo el mundo con un mínimo conocimiento sobre asuntos internacionales».
Algunos jefes del MI5 advirtieron que De Wohl era un charlatán y algunos militares con los que se reunió señalaron que se trataba de un bufón y un impostor. Pero el astrólogo supo contrarrestar esas opiniones desfavorables gracias a su innegable poder de persuasión, convenciendo a los que quisieran oírle de que Hitler creía firmemente en la astrología, y que no tomaba ninguna decisión sin antes consultar su horóscopo. Entre sus partidarios se encontraba el director de la Inteligencia naval, John Godffrey, al que convenció de la importancia de adivinar, en función del horóscopo, si Hitler estaba eufórico o pesimista al emprender una determinada ofensiva.
El astrólogo logró incluso residir en un departamento del Gobierno británico en Grosvernor House, un lujoso barrio del oeste de Londres, al que bautizó Oficina de Investigación Psicológica. Allí, pese al carácter oficial del departamento, seguía leyendo la carta astral de muchos clientes de las altas esferas londinenses que pagaban por saber lo que les tenían reservado los astros, tal y como había venido haciendo desde que se instaló en Londres. Siempre según los documentos desclasificados en marzo de 2008, entre los clientes del estrafalario astrólogo se contaban varios oficiales británicos.
Los jefes de la Dirección de Operaciones Especiales estaban tan persuadidos de que tenían en los astros un arma importante para derrotar a los nazis que enviaron a De Wohl a Estados Unidos en 1941 para impulsar la entrada del gobierno de Washington en la guerra. Con ese objetivo pronosticó una invasión de Sudamérica por parte del Tercer Reich. Además, intentó convencer a los estadounidenses de que la obsesión de Hitler con la astrología lo volvía vulnerable.

                          MI6

La gira del astrólogo por Estados Unidos resultó todo un éxito, puesto que sus discursos y entrevistas recibieron una amplia cobertura de los medios estadounidenses, lo que ayudó a obtener el apoyo de la ciudadanía estadounidense a la entrada en la guerra. Por ejemplo, el rotativo New York Sun dedicó páginas enteras a las predicciones de De Wohl, destacando la de que «Hitler estaría derrotado antes de un año». Según revelaron los documentos, incluso el Comité de Inteligencia de las Fuerzas Armadas tomó en cuenta las afirmaciones del astrólogo.
Tras la contienda, De Wohl se dedicaría a escribir novelas, con las que alcanzaría cierto éxito. Sus primeras obras fueron historias de suspense o de aventuras, hasta que decidió poner sus cualidades de escritor al servicio de sus convicciones católicas. Escribió en inglés y sus obras disfrutaron de especial acogida en Estados Unidos; en ellas aparecían personajes históricos como Juana de Arco, Juliano el Apóstata, San Francisco de Asís o Atila. Fueron traducidas a doce idiomas y dieron origen a guiones para películas. La novela Fundada sobre roca surgió por un encargo del papa Pío XII, lo mismo que su libro sobre santo Tomás de Aquino, La luz apacible, fruto de la sugerencia que el mismo Papa le hizo durante una audiencia privada en 1948.
Louis De Wohl falleció el 2 de junio de 1961 en la ciudad suiza de Lucerna, extinguiéndose así la vida de uno de los personajes más estrafalarios, a la vez que enigmáticos, de la Segunda Guerra Mundial.

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Babi Yar, la trastienda del Holocausto

Publicado por El hijo del Ahuizote en 14th Mayo 2017

El 26 de septiembre los nazis decidieron exterminar a la población judía de Kiev. Más de 33.000 personas fueron asesinadas en dos días

Eran llevados al borde del barranco desnudados y asesinados. Ucrania y otros territorios soviéticos fueron el ‘laboratorio’ de la Solución Final

Un judío asesinado en Vinittsa, Ucrania, en 1941.

Un judío asesinado en Vinittsa, Ucrania, en 1941.

Babi Yar es una herida ucraniana, una hemorragia de hasta 100.000 almas que ya no pueden ser vengadas. Fue el primer plato del Holocausto judío, cocinado con macabra eficiencia por los comandos de ejecución nazis en sólo dos días a las afueras de Kiev, la capital de la actual Ucrania. Este lugar será siempre un hoyo silencioso, donde entre hierbas salvajes el genocidio se alió con la orografía: todavía se abre el mismo vacío que entonces al borde de este barranco, el justo para que el cuerpo recién ametrallado ruede cuesta abajo con el resto de infelices.

El 22 de junio de 1941 las tropas de la Alemania nazi y sus aliados invadieron la Unión Soviética en la denominada Operación Barbarroja: hay fotos de judíos ucranianos cavando sus propias tumbas en Storow, Ucrania, ya en el mes de julio. El horror a partir de entonces no dejó de ir en aumento.

Babi Yar significa “barranco de la abuela” y cerca de él estaban situados un psiquiátrico y una cárcel. Imposible hallar un lugar mejor no lejos del centro de Kiev: sin testigos, sin interrupciones. El aperitivo llegó el 27 de septiembre, cuando fueron asesinados 752 pacientes de la clínica psiquiátrica: “Basura humana”, fue la etiqueta que se les puso. El general Kurt Eberhard y el comandante de la policía del ejército del Grupo Sur, Friedrich Jeckeln, tomaron la decisión de borrar del mapa a los judíos de los alrededores.

La Shoah de las balas

En 1939 había 175.000 judíos en Kiev, representaban el 20% de la población, aunque cuando llegaron los alemanes ya habían huido muchos, dejando la cifra en algo más de 50.000. El autor ruso Vasily Grossman escribió que hubo dos Shoah: la perpetrada mediante las balas y la segunda mediante el gas. Babi Yar fue la puesta de largo del genocidio a través del plomo. Ahí fueron claves los 3.000 hombres Einsatzgruppen, los conjuntos de escuadrones de ejecución itinerantes especiales formados por miembros de las SS, y otros integrantes de la policía secreta de la Alemania nazi. Había cuatro en total, el Einsatzgruppe C fue asignado a Ucrania con el Grupo de Ejércitos Sur. Contaba con los Sonderkommandos 4a y 4b, que se encargaban de concentrar a la población que había que ejecutar, y los Einsatzkommandos 5 y 6, que fusilaban a destajo. Las otras formaciones, las de primera línea, no solían tomar parte en las masacres.

Con la guerra en marcha, el objetivo era la limpieza étnica para asegurar la “seguridad política” de los territorios conquistados. Los criterios se fueron ampliando desde la invasión de Polonia, y cuando los ejércitos alemanes cruzaron la frontera el 22 de junio de 1941 comenzó el exterminio de varones judíos. El 16 de julio de 1941 Hitler reunió a sus colaboradores para explicarles que Ucrania sería una joya del imperio nazi, administrada por las SS y otros cuerpos de seguridad.

A finales de agosto de 1941 estaba ya bastante claro que Kiev acabaría en manos de los alemanes. Tras muchas dudas por parte de Stalin, Mijail Kirponov, general a cargo de la zona, recibió la orden de retirarse de Kiev el 17 de septiembre. El 19 los nazis habían llegado a las afueras de la ciudad y algunos barrios cercanos al centro, y el día 21 los ciudadanos escucharon por radio una voz de la Sovinformbureau, la oficina de información, diciendo que las tropas soviéticas dejaban la ciudad. Llevaban semanas diciéndoles que eso jamás ocurriría.

En la capital muchos tenían familiares en el Ejército rojo. Pero también muchas familias habían sido diezmadas por las hambrunas y la colectivización forzada de los años 30, que habían causado más de tres millones de muertos. La situación entre los soldados del Ejército rojo a cargo de la defensa de la ciudad era muchas veces de desamparo, conduciendo a autolesiones que, años después, llaman la atención entre tanta estadística: de casi 500 heridos en varios hospitales de Kiev, nada menos que 460 presentaban un balazo en el brazo izquierdo.

De la concentración a la eliminación

Había un antibolchevismo notable y muchos ciudadanos de la capital dieron la bienvenida a los alemanes. Pensaron que les librarían de la opresión del estalinismo. Otros se alegraron de que por fin alguien pusiese ‘en su sitio’ a sus vecinos judíos, a los que la propaganda soviética había acusado mediante rumores de ser los causantes de las hambrunas que había provocado la colectivización agraria.

También jugaba a favor de los nazis el recuerdo de lo ocurrido durante la Primera Guerra Mundial, cuando los alemanes ocuparon la ciudad y emitieron una orden para intentar evitar el ataque a cualquier minoría, incluida la judía: “Alemania era una ‘nación europea’, y por eso pensaban que una ocupación de los nazis no podía ser peor que la de los bolcheviques“, explica Victoria Khiterer, especialista en historia de los judíos.

La inquietud había subido sin cesar desde el anuncio de la incursión nazi. Pero las víctimas difícilmente podían imaginar el calibre de lo que se avecinaba. “Babi Yar es la mayor masacre en un periodo de tiempo tan corto”, explica el historiador Per Anders Rudling. Los especialistas se han preguntado por qué con el avance sobre Ucrania cambió la política de los nazis respecto a los judíos: se pasó de concentrarlos a asesinarlos a marchas forzadas. Una de las razones que se apuntan es que al alcanzar la guerra una escala global los planes de enviar los judíos lejos de Alemania (Madagascar era una de las opciones) se tornaron muy complicados.

Ucrania, Bielorrusia y otros territorios soviéticos fueron así el ‘laboratorio’ del Holocausto. Se decidió matar a todos: hombres, mujeres y viejos. Y niños también, porque de lo contrario después de haber contemplado aquello podrían volver para vengarse cuando fuesen mayores. En Kaunas (Lituania) se había aniquilado a 3.800 judíos. Después, en Ucrania occidental, les llegaría el turno a 24.000.

Las víctimas eran obligadas a cavar su propia tumba. Si era una fosa común, debían ir acostándose desnudos sobre los cadáveres fusilados anteriormente pero en sentido contrario: la cabeza coincidiendo con los pies de los de abajo. Los nazis lo llamaban “formación lata de sardinas”.

Pero en el caso de Kiev el barranco de Babi Yar el relieve aportaba una solución perfecta. Los guardias les conducirían hasta el punto exacto donde los iban a matar y les ordenarían que se quitasen la ropa. Mucha sería confiscada, aunque también los desnudarían para comprobar que no llevaban consigo dinero o algún objeto valioso.

La orden del exterminio

La impresión generalizada, y errónea, era que se estaba preparando una deportación masiva. Así que a la mañana siguiente, decenas de miles de judíos se presentaron en el lugar indicado. Algunos llegaron con mucha anticipación para asegurarse de que no les quitaban el sitio.

Las dos calles confluyen cerca de un cementerio: allí los niños lloraban y los adultos los intentaban tranquilizar. La gran masa de gente se movía muy despacio, algunos se impacientaban. A la altura de la verja del cementerio judío, unos pocos metros después, había que dejar el equipaje: como si fuese a ir en un vagón especial. Pero desde esa distancia ya se oían las ametralladoras, lo que levantaba las primeras sospechas. Pero en la cara interior de la verja se había colocado un puesto de control donde se pedía la identificación a todo el que intentase volver afuera. Si era judío, debía regresar con el resto.

Cada persona que llegaba a la primera línea era colocada con otros formando grupos de diez. Había que pasar por un pasillo formado por soldados alemanes que llevaban garrotes en las manos. Muchos estaban medio borrachos para poder cumplir así su lúgubre tarea: matar a sangre fría a civiles indefensos.

Desnudados al borde del barranco

“Schnell, schnell!”, [¡rápido, rápido!] gritaban, conduciendo a la gente hasta una zona de hierba. Allí se pedía al cada uno de los miembros de grupo que se desnudase y si alguien se mostraba reticente era apaleado de nuevo. Los guardias estaban borrachos de furia, poseídos por el sadismo.

Ante ellos sólo quedaba el destino final, el barranco de Babi Yar. Los judíos eran colocados en el borde y se les disparaba sin contemplaciones. Sus cuerpos rodaban hacia el fondo del barranco. Anatoly Kuznetsov, en su libro ‘Un documento en forma de novela’, recuerda el testimonio de una mujer judía que logró escapar y pudo describir después la escena: “Miró hacia abajo y sintió un mareo, tenía la sensación de estar muy alto. Bajo ella había un mar de cuerpos cubiertos de sangre”.

Hay un informe de situación, el 101, del Einsatzgruppe destacado en Kiev. Entre el 29 y el 30 de septiembre 33.771 judíos fueron ejecutados. Pero las matanzas fueron mayores, hasta 50.000 judíos por lo menos durante esos días. Y seguirían en los meses siguientes con otras minorías.

A mediados de 1943 los alemanes estaban en retirada. Los soviéticos avanzaban por el oeste, y los nazis pensaron en esconder su culpa. Se escogió a 100 prisioneros del campo de concentración de Syretsk, situado cerca de Babi Yar. Caminando rumbo al barranco, estaban seguros de que los iban a matar. En lugar de eso, les sirvieron la cena.

Rebuscar entre los muertos de la fosa

Les esperaba la labor más desagradable. Primero excavar en la fosa común, en la que se habían alternado varias capas de basura y las de muertos. Después, sacar los cadáveres (la mayoría de los cuales llevaba dos años enterrados), que en algunos casos estaban enredados y eran difíciles de separar: los nazis diseñaron un arpón especial que los enganchaba tirando de la barbilla, pero algunas veces salían tres unidos que había que cortar con hachas. Las capas de gente enterrada abajo del todo tuvieron que ser dinamitadas. Después había que buscar si llevaban algo de oro o si todavía llevaban alguna prenda puesta, pues la norma de desnudar a los que se iba a fusilar se había relajado en los últimos grupos.

Después los quemaron, hasta 2.000 cada vez, con los cuerpos colocados en capas. Los pies de los de arriba coincidiendo con las cabezas de los de abajo. Cada dos capas de cuerpos, una de leña. De todo el proceso todavía quedaron huesos de gran tamaño que fueron machacados con losas del cementerio judío cercano. Había que destruir cualquier evidencia, pero las llamas se veían desde el centro de Kiev. Una generación entera las recordaría para siempre.

Tras seis semanas trabajando, los prisioneros encargados de esta tarea decidieron fugarse. Conservaron algunos objetos que encontraron entre las ropas de los muertos que podían servir para abrir los cierres de los grilletes y para atacar a los guardias. Prepararon la fuga durante un tiempo, hasta que una noche un guardia les dijo que al día siguiente iban a ser ejecutados. En la oscuridad de la noche, corrieron en masa sin que el guardia que estaba a cargo de la ametralladora se atreviese a disparar, puesto que sus propios compañeros estaban entre medias. Según ha detallado Jennifer Rosenberg, historiadora especializada en el siglo XX, sólo 15 lograron escapar.

La matanza de prisioneros de guerra, gitanos, enfermos

Babi Yar fue un sumidero que se fue tragando todo lo que los nazis detestaban. Tras la masacre los nazis siguieron matando en ese barranco hasta casi el día en el que se marcharon: prisioneros de guerra soviéticos, gitanos, enfermos mentales y también integrantes de la ‘resistencia’ ucraniana.

Se calcula que pudieron haber muerto allí entre 70.000 y 120.000 personas, aunque algunos elevan la cifra hasta 200.000. El autor Ilya Ehrenburg describió el dramatismo de aquellos días en su novela ‘La tormenta’ en 1947: una niña suplicando sin éxito que la dejasen vivir, un abuelo ametrallado por no entender bien las explicaciones, familias despidiéndose de rodillas en el suelo, heridos enterrados vivos

En 1959 Viktor Nekrasov se lamentaba en las páginas de ‘Literaturnaya Gazeta’ de que no se hiciese nada por recordar lo ocurrido en Babi Yar. Las autoridades barajaban por aquellas fechas transformar el barranco en un estadio de deportes. “Quisieron edificar, pero Dios protege esto”, explica Vera, una anciana de 70 años que cuida de una iglesia ortodoxa situada en la zona. Al fondo del camino hay una sinagoga que ha sido víctima de actos vandálicos varias veces: “Han dibujado esvásticas y cosas peores”, dice meneando la cabeza.

Moscú siempre esquivó la dimensión antisemita de la matanza. Pero un poema, titulado precisamente ‘Babi Yar’ y escrito por Yevgeny Yevtushenko, denunció en 1961 que las autoridades estaban mirando para otro lado mientras la generación que lo había vivido se hacía vieja rumiando en silencio.

A continuación llegó Dimitri Shostakovich con su 13ª sinfonía, una vibrante pieza musical que, usando esa misma poesía, estaba consagrada a inmortalizar esa tragedia. Se escuchó por primera vez en Moscú en 1962. Tanto Yevtushenko como Shostakovich fueron reprendidos por las autoridades soviéticas por su “cosmopolitismo”. El gobierno de la URSS erigió por fin un monumento en 1976 para recordar a “los ciudadanos soviéticos” que perdieron sus vidas. Hubo que esperar a 1991, con la URSS ya finiquitada, para que se recordase allí, 50 años después de la tragedia, la masacre de judíos.

La ayuda ucraniana

Todavía hoy existe controversia. “Recientemente el presidente ucraniano, Petro Poroshenko, ha rendido homenaje a los judíos y los nacionalistas ucranianos, pero mientras que los primeros murieron por miles los otros murieron por decenas, tal vez centenas, y además jugaron un importante papel ayudando a perpetrar aquellos crímenes”, critica Per Anders Rudling, que ha dedicado parte de su vida a estudiar el nacionalismo ucraniano. Natalia Antonova, que perdió a familias de sus abuelo, opina en un café de Kiev: “Hay una ola de revisionismo imparable”:

Jessica Milstein es nieta de supervivientes del holocausto. Anna Tsesarsky su abuela, logró sobrevivir a las atrocidades de aquel septiembre negro y todavía hoy le resulta muy amargo remover aquellos recuerdos. Su hermano, su padre y su tío se presentaron en el lugar señalado por los nazis, las noticias sobre las brutales matanzas de judíos todavía no habían llegado a Kiev. En Kiev, recuerda, los asesinatos se llevaron a cabo “con la ayuda de ucranianos“. En algunos casos era nacionalistas que creían así poder echar a los soviéticos, aunque Hitler rechazaba de plano una Ucrania independiente. En otros casos era solamente por la promesa de los guardias alemanes de que podrían robar las pertenencias de los fusilados. Y mientras tanto la policía ucraniana ayudaba a vigilar a los judíos que iban de camino a este matadero.

Babi Yar fue un lugar de ejecución durante meses. Hasta el día de la liberación de Kiev por el Ejército rojo, el 6 de noviembre de 1943, unos 200.000 murieron en Babi Yar y sus alrededores. No quedaron más que unos pocos centenares de judíos en la ciudad. Y muchos se marcharon lejos. Anna Tsesarsky acabó en Estados Unidos.

En Denver, cada año se conmemora la matanza junto a un monumento. Jessica Milstein, su nieta, ha heredado una misión en nombre de todos esos cuerpos inertes enredados desnudos bajo la arena: la memoria. “Como adolescente”, explica mientras cuida a la matriarca, “pasé noches enteras hablando de Babi Yar con mi abuela, cómo y por qué sucedió, por qué no hay que olvidar ni dejar que suceda, y creo que la necesidad de contarlo es hoy más fuerte que nunca”. En el fondo de este barranco la tierra todavía parece removida, agitada por todo lo que esconde.

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El General Obregón en la Tumba del Presidente Madero

Publicado por El hijo del Ahuizote en 2nd Abril 2017

El general Alvaro Obregón visita la tumba del presidente mártir don Francisco Madero después de su entrada triunfal a la ciudad de México. Agosto de 1914

 

El General Obregón y la profesora María Arias en la tumba de Madero del panteón Francés

Muy significativa resultó la ceremonia. Hicieron uso de la palabra: el teniente coronel Guillermo Castillo y Tapia, Adolfo Cienfuegos, licenciado Luis Manuel Rojas, licenciado José Inés Novelo, coronel José Obregón.
Muchos concurrentes pidieron que hablara la señorita profesora María Arias, la que dijo, entre otras cosas: . . . «Nosotras, las débiles mujeres que no podíamos tomar un fusil y que nos vimos reducidas a nuestros suspiros, a nuestras lágrimas y a nuestras flores sobre el sepulcro del mártir… Y, más adelante se nos expulsó de las escuelas y se hizo bien. Nosotras no merecíamos pertenecer a esa escuela de Huerta . . .» «Es preferible un pueblo ignorante y valeroso, que un pueblo culto y abyecto …»

 

Obregón acompañado de los oficiales de su estado mayor: Jesús M. Garza, Cornel José Obregón, Francisco Serrano y Julio                                                                          Madero en la visita al sepulcro de Madero

Emocionado, el general Alvaro Obregón dijo: «No tienen excusa los hombres que pudiendo cargar un fusil se han abstenido de hacerlo, por el temor de abandonar el hogar; yo he abandonado mi hogar y mis hijos, pero como prueba de que sé admirar el valor de los demás, cedo mi arma a la señorita Arias, porque es digna de llevarla. Esta arma, que ha servido para la defensa de los intereses populares, está tan bien en sus manos como lo ha podido estar en las mías».

 

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Los Comandos “Brandenburg”

Publicado por El hijo del Ahuizote en 26th Marzo 2017

El origen de esta unidad alemana de comandos de élite debemos buscarlo en las ideas de Theodor von Hippel, un especialista en operaciones especiales durante la Primera Guerra Mundial, quien durante dicho conflicto acumuló una gran experiencia en la realización de ataques sorpresa tras las líneas enemigas, particularmente en Sudáfrica Oriental. Von Hippel (en la fotografía de aquí abajo) había estudiado profundamente las tácticas de guerrilla de T. H. Lawrence, que consistían atacar y escapar rápidamente. Tras la Gran Guerra, von Hippel ingresó en los servicios de inteligencia alemanes y presentó a sus superiores una serie de innovadoras ideas y tácticas, entre ellas, la formación de una unidad de élite entrenada especialmente para adentrarse en territorio enemigo antes de una ofensiva para asegurar objetivos estratégicos; sin embargo, sus proyectos no fueron tenidos en cuenta. La idea colisionaba con el protocolario sentido prusiano del honor. Tales unidades, creían la mayoría, serían una infracción de las reglas de la guerra y, además, tales saboteadores no serían dignos de ser llamados soldados.

Con la creación del Abwehr, el servicio de inteligencia militar de la Alemania nazi bajo el mando del almirante Wilhelm Canaris, las ideas de von Hippel fueron recibidas con los brazos abiertos y se le autorizó a formar un grupo de “soldados especiales” al cual debía entrenar de manera acorde a las operaciones que  proponía (sabotaje, captura de puentes y cruces carreteras, aseguramiento de objetivos estratégicos, demolición y eliminación selectiva de personas). Von Hippel rastreó las fronteras de Alemania para encontrar individuos de origen alemán (volkedeustche), eslavos u otros grupos étnicos. Cada miembro de la unidad tenía que hablar con fluidez una lengua extranjera, ya sea checo, ruso, letón, lituano, finés, estonio, polaco, ucraniano o rutenio, y tenían que conocer bien las costumbres del país o región donde se infiltrarían y los hábitos locales y comportamientos de los nativos.

En octubre de 1939, se dio a la unidad el inocente nombre de Bau-Lehr-Kompanie 800 (800ª Compañía de Demostración de Construcciones). En enero de 1940 fue reestructurada como Bau-Lehr-Bataillon zbV 800 (Batallón 800 de Demostración de Construcciones para Aplicaciones Especiales). El batallón estaba formado por 4 compañías, un pelotón de motocicletas, otro paracaidista y otros pelotones especializados. Dado que tenían su cuartel general en Branderburgo, la unidad fue conocida como “Brandenburg” y sus efectivos recibieron el apelativo de “brandenburgers”.

Los “Branderburgers” tuvieron una intervención destacada en la campaña del oeste. Así por ejemplo, dos noche antes de la invasión de Bélgica y Holanda, el 8 de mayo, vistiendo uniformes holandeses, cruzaron secretamente la frontera. Uno de sus objetivos era el puente sobre el río Mosa en la ciudad de Gennep (Holanda). A las 2:00 horas del 10 de mayo, el teniente Wilhelm Walther dirigió a su destacamento de 8 hombres en un intento de capturar el puente intacto tras obtener información sobre donde habían sido situadas las cargas de demolición. Disfrazados como policías militares holandeses escoltando a varios “prisioneros alemanes”, los “Brandenburgers” sorprendieron a los defensores del puente. Dos puestos de guardia fueron inmediatamente destruidos, pero tres hombres fueron heridos, y los puestos al otro lado del puente aún no estaban bajo control alemán. Vestido con un uniforme holandés, Walther avanzó atrevidamente, y los defensores vacilaron. Sacando provecho de este error, el resto de los comandos destruyeron los puestos de guardia restantes y cogieron el detonador conforme los primeros panzer rodaron por el puente.

Los comandos “Brandenburg” (en la foto, vistiendo uniformes belgas) combatieron en prácticamente todas las campañas de todos los frentes. En el batallón estaban representadas muy diversas capacidades y habilidades lingüísticas, y se pretendía utilizar a los miembros de la unidad angloparlantes, con uniforme británico, como avanzada de la fuera de invasión si se llevaba a cabo la “Operación León Marino”. Cuando Hitler volvió su atención al sur, hacia los Balcanes, durante la “Operación Marita”, de nuevo, los “brandenburgers” –ahora organizados como un regimiento- abrieron el camino a sus ejércitos. El 5 de abril de 1941, un día antes de la invasión de Grecia y Yugoslavia, un destacamento de 54 hombres aseguraron los muelles en Orsova, en el río Danubio. Otra unidad capturó el puente sobre el río Vardar en Grecia, cerca a Salónica durante la ofensiva alemana. También estuvieron en Atenas antes que llegaran las fuerzas alemanas, procediendo luego a izar la bandera con la esvástica sobre la Acrópolis.

Después de la invasión de la URSS en junio de 1941, miembros de la unidad disfrazados con uniformes soviéticos (en las imágenes de aquí arriba) se infiltraron en las columnas de heridos enemigos que se retiraban del frente para poder moverse libremente por la retaguardia enemiga y tomar el vital puente sobre el Daugawa en Dünaburg (Daugavpils, Letonia). El regimiento rara vez operaba como una unidad, pues su particular naturaleza obligaba a destacar sus elementos para realizar operaciones especiales en varios frentes. A comienzos de agosto de 1941, un destacamento  de 62 bálticos y sudetes alemanes dirigido por el barónAdrian von Fölkersam (en la fotografía bajo este párrafo) penetró más lejos en territorio enemigo que ninguna otra unidad Brandenburgo,  con el fin de capturar y asegurar los campos petrolíferos de Maikop. Utilizando camiones del Ejército Rojo y los uniformes del NKVD, Fölkersam se infiltró en las líneas soviéticas. Inmediatamente se toparon con un gran grupo de desertores soviéticos, y Fölkersam vio una oportunidad para utilizarlos. Persuadiéndolos de retornar a la causa soviética, fue capaz de unirse a ellos y moverse casi a voluntad a través de las líneas rusas hasta llegar a Maikop.

Una vez allí, haciéndose pasar por el mayor Truchin de la NKVD, se entrevistó con el comandante del puesto y lo convenció para que lo guiara en un recorrido para inspeccionar las defensas de la ciudad. Este, muy contento por complacer a un alto oficial de la NKVD aceptó de buen grado, discutiendo incluso las ventajas y desventajas de los sistemas de defensa. El 8 de agosto, la Wehrmacht estaba sólo a 20 kms, por lo que los “brandenburgers” hicieron su jugada. Usando granadas para simular un ataque de artillería, destruyeron el centro de comunicaciones de la ciudad. Fölkersam fue a los diferentes puestos de  mando de la ciudad informando a los oficiales soviéticos que se estaba realizando una retirada general. Como lo habían visto con su propio comandante visitándolos, y careciendo de comunicaciones para refutar o confirmar su declaración, los soviéticos comenzaron a evacuar Maikop. El Ejército Alemán entró en la ciudad sin pegar un solo tiro el 9 de agosto de 1942.

En 1942 la unidad madre fue aumentada hasta las dimensiones de una división, y entre los elementos añadidos había un destacamento de incursión costera (Kuestenjaegerabteilung) formado con voluntarios de la Kriegsmarine que operó en la costa del Mar Negro y del Mar de Azov, y un batallón de voluntarios ucranianos. Sus destacamentos operaron nuevamente en los Balcanes a finales de 1943, donde se vieron envueltos en acciones contra los partisanos en Grecia y Yugoslavia y tuvieron una intervención destacada en la captura de las islas de Kos y Leros a los británicos. Elementos de la división tomaron parte en la ocupación de Budapest en marzo de 1944, y también, muy activamente, en la “Operación Rösselsprung”, el intento de capturar a Tito en su cuartel general de Dvar. 

Durante la investigación del intento de asesinato de Hitler el 20 de julio de 1944 se reveló la implicación de varios miembros de la unidad. Habiendo perdido la confianza en esos comandos de élite, Hitler transfirió la responsabilidad de las operaciones especiales, que siempre habían quedado en manos de los “brandenburgers”, a unidades de comandos de las SS bajo el mando del SS-Obersturmbannführer Otto Skorzeny. Aunque muchos decidieron ingresar en los comandos de Skorzeny, otros permanecieron en la División “Branderburg”, que en octubre de 1944 fue convertida en una Panzergrenadier-Division ordinaria, y quedó lista para entrar en acción en su nueva función en diciembre de 1944. Tras entrar en combate en el Frente Oriental, que se desmoronaba rápidamente, sus efectivos fueron cayendo de manera continua y la guerra acabó para la división en Moravia. Muchos de sus supervivientes fueron hechos prisioneros por el Ejército Rojo o murieron a manos de checos ávidos de venganza; pero algunos, recurriendo a su antigua habilidad para las operaciones especiales, consiguieron escapar al oeste haciéndose pasar por refugiados.

Algunos terminaron prestando sus servicios en otros países. Los servicios de información de las potencias vencedoras estaban dispuestos a emplear a los “brandenburgers” que estuvieran dispuestos a adoctrinarse. Estadounidenses y rusos emplearon sin duda a algunos de ellos. Los nuevos estados africanos se sirvieron para los sucesivos golpes de estado de muchos profesionales de la unidad. El jefe de los servicios de seguridad del presidente de Indonesia, Achmed Sukarno, era un “brandenburger”.Mao Tse-tung y el separatista congoleño Tshombé fueron asesorados por “brandenburgers” y muchos otros terminaron en Egipto luchando contra los judíos.

 

Fuentes:
Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: “La ‘Panzer Lehr’ y otras unidades de élite alemanas” de Gordon Williamson
http://www.exordio.com/1939-1945/militaris/fuerzas-armadas-GER/brandenburg1.html
http://www.exordio.com/1939-1945/militaris/fuerzas-armadas-GER/brandenburg2.html
http://www.forosegundaguerra.com/viewtopic.php?t=199

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