Historias de la Historia

Anécdotas y Curiosidades del pasado

localizados en pompeya los cuerpos de dos hombres que huían de la erupción del vesubio

Publicado por El hijo del Ahuizote en 27th noviembre 2020

Durante unas excavaciones en una villa suburbana en Civita Giuliana, los arqueólogos han hallado los restos de dos hombres que murieron en el año 79 d.C. a causa de la catastrófica erupción del monte Vesubio que sepultó Pompeya. Los moldes de los cuerpos han revelado numerosos datos sobre estos individuos que no pudieron escapar de su terrible destino, como su edad y la relación que les unía.

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La Infame Brigada SS «Dirlewanger»

Publicado por El hijo del Ahuizote en 15th noviembre 2020

s matanzas perpetradas por las Waffen-SS en el frente oriental fueron de una brutalidad extrema, pero hubo una unidad cuyos excesos lograrían incluso escandalizar al cuartel general de Hitler: la SS Sturmbrigade «Dirlewanger«. La extrema barbarie y depravación de esta unidad de las SS sólo fue comparable a la del R.O.N.A. de Bronislav Kaminski (también conocida como «Brigada Kaminski»).

Sus orígenes están en una estrambótica sugerencia que le hicieron a Hitler, en el sentido de que una unidad formada con cazadores furtivos convictos tendría los conocimientos de la vida al aire libre idóneos para la lucha antipartisana. El dictador nazi aprobó la idea, y el 15 de junio de 1940 se formó una pequeña compañía penitenciaria llamada «Mando de Furtivos Oranienburg», constituida por criminales civiles y militares comunes (no presos políticos) de toda ralea reclutados en varias prisiones y campos de concentración. En septiembre, con unos 300 efectivos, recibió material de la SS-Totenkopfverbände y fue rebautizada como «Batallón Especial de las SS Dirlewanger», llamado así por el comandante al que se le había encargado su formación, el SS-Oberführer Oskar Dirlewanger.

Nacido en la ciudad bávara de Würzburgo en 1895, este infame tipejo (la prueba evidente de que la cara es el espejo del alma, como se puede observar en la fotografía de aquí arriba) había luchado en la Primera Guerra Mundial, donde fue herido y condecorado. Luego se doctoró en Ciencias Políticas, y en 1923 se afilió al NSDAP. Aunque trabajaba como maestro, era un completo degenerado, dado a la bebida y a los escándalos. Los historiadores e investigadores coinciden en describirlo como un asesino psicópata, sádico, pedófilo y con tendencias necrófilas.  Así, Chris Bishop, lo define como «el hombre más malvado de las SS», mientras que de acuerdo con Timothy Snyder«en todos los teatros de operaciones de la Segunda Guerra Mundial, muy pocos pudieron rivalizar en crueldad con Oskar Dirlewanger». Lo que viene a ser un grandísimohijodelagranputa de marca mayor, vamos.

En 1934 fue condenado a dos años de cárcel por violar a una menor de 14 años, perdiendo su trabajo, su título de doctor, sus condecoraciones honores militares y siendo además expulsado del Partido Nazi. Reincidió a las primeras de cambio en cuanto salió en libertad, siendo acusado de cargos similares y fue enviado a un campo de concentración. Sin embargo, contaba con la protección de un antiguo camarada de la Gran Guerra y del Freikorps ahora muy bien situado, el jefe de reclutamiento de las SS, el SS-Obergruppenführer Gottlob Berger (que además era íntimo amigo de Heinrich Himmler), quien salió en su rescate, logró que lo reinstauraran en la reserva de las SS y le envió a España a luchar en las filas de la Legión Condor, donde permaneció entre 1936-1939. Después, Berger (en la fotografía sobre éste párrafo) le consiguió que fuese nombrado Obersturmführer (teniente) en las Waffen-SS. Igualmente, consiguió que fuera readmitido en el NSDAP, le fuera devuelto su título de doctor, así como la autorización para formar esa unidad de «furtivos» en Oranienburg, el cuartel general de la SS-Totenkopfverbände.

En octubre de 1940, la unidad fue enviada a la Polonia ocupada para tareas de seguridad; los informes de atrocidades empezaron casi de inmediato y continuaron durante todo 1941, año en que la unidad fue empleada para luchar contra los partisanos. El batallón convirtió la ciudad polaca de Lublin en habitual escenario de saqueos, incendios, asesinatos, violaciones y atrocidades sin límite. Cientos de aldeas y poblados fueron incendiadas y sus habitantes aniquilados. Entre las barbaridades cometidas por la chusma de Dirlewanger – quien al parecer se paseaba con su mascota, un pequeño primate, sobre los hombros, mientras dirigía sus matanzas – estaba inyectar estricnina a sus víctimas femeninas, tras haberlas desnudado y golpeado previamente, y observarlas, junto a sus oficiales, convulsionar hasta la muerte como simple entretenimiento. Los informes sobre su lucro personal y las barbaridades cometidas en Polonia incluso atrajeron la atención de un fiscal de las SS, Conrad Morgen, que inició una investigación sobre sus siniestras actividades, pero su amistad con Gottlob Berger, le protegió incluso del SS-Obergruppenführer Friedich Krügerjefe superior de las SS y la Policía en Polonia.

Así que, gracias a sus amigos de alto rango, Dirlewanger y su banda de criminales – ahora un «Regimiento Especial de las SS» – fueron transferidos a Bielorrusia en enero de 1942. Nada más llegar se pusieron a reclutar personal local para las operaciones contra los partisanos, en las que serían empleados exclusivamente hasta noviembre de 1943, cimentando la bárbara y cruel reputación que traían de Polonia. Se estima que el regimiento asesinó al menos a 30.000 civiles durante su estancia en Bielorrusia, aunque otras estimaciones hablan de 120.000 muertos y 200 aldeas incendiadas. Parece ser que el modus operandi preferido de estos malnacidos (algunos de cuyos miembros parece ser que se ocultaban bajo máscaras, como se puede ver en la imagen bajo este párrafo) era entrar en los pueblos, reunir a todos sus habitantes y encerrarlos en un granero, para después incendiarlo, acribillando con  ametralladoras a todo aquel que tratara de escapar de las llamas y el humo. También utilizaron a civiles como escudos humanos o los hacían caminar sobre campos minados.

Pese a su pésima notoriedad, la unidad fue expandida a dos batallones en agosto de 1942, y Dirlewanger, «para más inri», fue condecorado por su «valor», en mayo y octubre. En mayo de 1943, la unidad fue autorizada a llevar parches de cuello y divisas de empleo (algo insólito en unidades penitenciarias). El concepto original de ser una formación de cazadores furtivos había desaparecido para siempre: ahora se aceptaba a granujas de todo pelaje y de la peor calaña – psicópatas, violadores, asesinos… bien fueran alemanes o extranjeros, militares o civiles – y en marzo de 1943 se ofreció el servicio en la unidad como medio de redimir y conmutar penas. Con semejante personal entre sus filas no es raro que llegase a haber tiroteos entre «soldados» rusos y lituanos, teniéndose que imponer la disciplina por los métodos más brutales, incluso con los oficiales. En ocasiones, las operaciones antiguerrilla a gran escala costaron a la unidad muchas bajas (unas 300 entre febrero agosto de 1943), y se autorizó la formación de un tercer batallón.

Entre noviembre y diciembre de 1943, el regimiento se vio en primera línea de fuego, encuadrado en el Grupo de Ejércitos Centro, y padeció todavía más bajas, quedando reducido a 260 hombres. Dirlewanger fue nuevamente «recompensado» con la Cruz Alemana en Oro, la segunda condecoración en importancia después de la Cruz de Caballero. Su regimiento de presidiarios fue reconstituido a primeros de 1944 con convictos sacados de los penales militares alemanes y para febrero tenía 1.200 hombres, a los que se sumaron otros 800 en abril. A las misiones contra los partisanos en Bielorrusia, en mayo y junio, siguieron combates de retaguardia durante la retirada a Polonia en julio, a resultas de la Operación Bagration del Ejército Rojo.

En agosto de 1944, como había sucedido con los renegados rusos de Kaminski, los incontrolables convictos de Dirlewanger escalaron las más altas cumbres de la abyección cuando fueron requeridos para aplastar la sublevación de Varsovia. Participaron en la masacre de Wola, en la que, en tan sólo 2 días, al menos 40.000 civiles fueron asesinados. En ese distrito de la capital polaca, quemaron tres hospitales con sus pacientes dentro, mientras que a las enfermeras, las golpearon y violaron brutalmente, ahorcándolas después desnudas, junto a los médicos y doctores. Completamente borrachos se abrieron paso por la Ciudad Vieja bebiendo, violando y asesinando, ensañándose con combatientes y civiles por igual, sin distinciones de edad o sexo. Irrumpieron en otro hospital en el que los pacientes fueron acribillados y abrasados con lanzallamas y las enfermeras, violadas y asesinadas. La «Brigada Dirlewanger» quemó vivos a prisioneros (incluso menores de edad) – se dice, que a veces les cortaban los brazos, los empapaban de gasolina y tras prenderles fuego, se divertían viéndolos correr por las calles de Varsovia -, violó a niños, empalaban bebés con bayonetas o los tiraban por las ventanas, colgaban a mujeres en los balcones de las casas…. Se dijo que un oficial de estado mayor enviado a llevar a Dirlewanger ante el general en jefe de la operación, el SS-Obergruppenführer Von dem Bach-Zelewski, fue despachado a punta de pistola. Al menos otros 30.000 civiles fueron masacrados en la Ciudad Vieja. Pero, a diferencia de KaminskiDirlewanger no fue ejecutado por sus atrocidades, sino que le fue concedida la Cruz de Caballero.

A finales de agosto estalló una revuelta en Eslovaquia; en septiembreBerger fue nombrado jefe superior de las SS y la Policía en ese territorio, y en octubre logró que le transfiriesen la unidad de su protegido. El regimiento de Dirlewanger (debilitado por los ataques aéreos de camino a Eslovaquia) entró en combate contra los rebeldes eslovacos en Biely Potok, Liptovska Osada Treicy y, aunque tuvo éxito, empezó a sufrir deserciones. En noviembre de 1944, se permitió que algunos de sus miembros pudiesen pasar a otras unidades de las Waffen-SS, al tiempo que el regimiento fue convertido en una brigada mediante la incorporación de más criminales.

En febrero de 1945, mientras estaba estacionada en Hungría, la unidad fue rebautizada «36. Waffen Grenadier Division der SS«, aunque en realidad nunca tuvo los efectivos, ni de lejos, para ser una división. Ese mes, Dirlewanger regresó a Alemania para someterse a tratamiento hospitalario y fue sustituido por Fritz Schmedes. La división se vino abajo durante la ofensiva soviética de primavera, en abril de 1945, y muchos hombres desertaron antes de quedar atrapados en la Bolsa de Halbe. El 29 de abril, algunos elementos de la división fueron capturados por los soviéticos al sureste de Berlín, y pasados por las armas de forma sumaria. Unos pocos lograron entregarse a las fuerzas estadounidenses.

Cuando acabó la guerra, los franceses detuvieron a Dirlewanger en Altshausen (Alemania), mientras vestía con ropas de civil y se ocultaba bajo una identidad falsa. Al parecer, lo entregaron a unos soldados polacos, quienes, al descubrir su identidad, le dieron a probar de su propia medicina: lo torturaron durante varios días y acabaron a golpes con su miserable vida en torno al 4-5 de junio de 1945. Aunque corrieron muchos rumores acerca de su suerte – se pensó que había conseguido huir – el análisis de sus restos en 1960 confirmó su muerte.

Fuentes:

http://blitzkrieg2gm.blogspot.com/2013/01/la-infame-brigada-ss-dirlewanger.html Originalmente publicado en este blog
Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: «Las Legiones de Voluntarios y otras Divisiones de las SS: de la 24ª a la 38ª» de Gordon Williamson
http://en.wikipedia.org/wiki/Oskar_Dirlewanger
«10 Villanos de la II Guerra Mundial» por Jesús Hernández. Revista «Muy Historia» nº 45

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¿Cuál fue el destino de los mayas que no fueron conquistados?

Publicado por El hijo del Ahuizote en 1st noviembre 2020

Recientes descubrimientos arqueológicos revelan el pasado de los mayas lacandones, que huyeron de los españoles y sobrevivieron en la selva durante cientos de años.

Hace unos 550 años, las últimas grandes ciudades-estado de la civilización maya que habían prosperado en el continente americano durante siglos llegaron a su fin. Cuando la sequía y la guerra destrozaron el tejido social y político, y los conquistadores españoles se apropiaron de la tierra de los mayas para crear plantaciones subyugando a los mayas para que trabajaran en ellas, muchos de los residentes de las históricas ciudades de piedra, como Yaxchilán y Palenque, huyeron hacia el campo en busca de una vida mejor. Finalmente, fundaron toda una serie de nuevas culturas mayas. Algunos de ellos, los conocidos como los mayas lacandones, se establecieron en los bosques que rodean al lago Mensabak, en Chiapas, un estado del sur de México. Sus descendientes siguen viviendo en esta región. Son los llamados Hach Winik, «verdaderos hombres» en maya yucateco.

Durante décadas, los antropólogos pensaron que los lacandones actuales eran una especie de cápsula del tiempo, un grupo maya que sobrevivió al colapso y a la posterior conquista española, sin sufrir cambios durante cientos de años. Sin embargo, durante la década de 1980, cuando los investigadores aprendieron más cosas sobre los lacandones, empezó a quedar claro que este no era el caso. Aunque incorporan elementos de la cultura maya clásica, la forma de vida lacandona es distintiva.

Durante los últimos 17 años, los arqueólogos Joel Palka, de la Universidad Estatal de Arizona, y Fabiola Sánchez Balderas, presidenta de Xanvil, una organización que estudia y fomenta la cultura maya, han estado colaborando con los mayas lacandones modernos para aprender todo lo posible sobre el nacimiento de esta cultura y comprender cómo se adaptaron sus antepasados a un mundo que fue remodelado drásticamente por fuerzas que estaban fuera de su control. Las excavaciones que realizaron en varios lugares alrededor del lago Mensabak son las primeras que exploran el pasado de los lacandones. La investigación está aportando una imagen detallada de las vidas de los mayas que sobrevivieron al colonialismo y que continuaron con las tradiciones de sus antepasados mientras desarrollaban costumbres, creencias y estrategias de supervivencia propias.

El paisaje sagrado del lago Mensabak contiene docenas de lugares espiritualmente importantes. Uno de los más significativos es un risco de roca caliza que se cree es tanto el hogar de Mensabak (el dios de la agricultura y la lluvia) como la puerta de entrada al cielo de Mensabak, donde van los lacandones cuando mueren.

En la base del risco se encuentra un santuario de huesos que contiene los restos de personas que pudieron ser algunos de los primeros lacandones. Los cráneos tienen frentes aplanadas y se formaron en dos lóbulos separados durante las primeras etapas de la infancia cuando el hueso era aún flexible.

Junto a los huesos se encuentran vasijas de arcilla adornadas con las caras de los dioses. De cada una de estas vasijas rebosa una sustancia alquitranada que se obtiene cuando se quema la resina de las vainas de semillas de los árboles de copal mientras se entonan unas plegarias por encima del humo aromático. Los arqueólogos han trazado una conexión directa entre estas vasijas y los incensarios, una elaborada cerámica que el pueblo maya utilizó para realizar ofrendas a sus dioses durante 3000 años. Este es uno de los muchos ejemplos de continuidad cultural entre los lacandones y los antiguos mayas.

Los lacandones no estaban aislados en esta zona del sur de México; parece ser que lucharon extensamente con grupos mayas vecinos. Las excavaciones realizadas en un sitio llamado Tzibana en el lado este del lago están revelando cómo los lacandones defendieron su territorio. Allí, entre las ruinas de la aldea, los arqueólogos han encontrado rastros de una pared defensiva que se construyó entre dos pirámides que forman un paso estrecho en el paisaje. Construido a base de pedazos de piedra caliza, el muro tiene unos pocos metros de alto. Uno de los miembros del equipo, Josuhé Lozada Toledo, del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México, cree que los guerreros se situaban sobre la pared tras una empalizada de madera más alta que les ofrecía resguardo mientras luchaban con lanzas y jabalinas. En la ladera situada por debajo de la pared se sembraron plantas de piñuela, una especie de maguey que posee espinas agudas en los bordes de sus hojas; formaron así una especie de alambrada de púas natural. Puede que Tzibana fuera la primera línea de defensa contra los atacantes que venían del este.

 

Los residentes de la ciudad se trasladaron al campo, no solo en busca de tierras de cultivo y agua para el riego, sino también de lugares en los que hubiera fuerzas espirituales que creían que les protegerían de un mundo que albergaba enemigos en todas direcciones. «No fueron solo los recursos naturales, sino también los recursos sobrenaturales» lo que condujo a los mayas hasta el lago Mensabak, señala Joel Palka. Aquí se pueden encontrar pruebas de que la religión era una fuerza impulsora en la sociedad de los lacandones. Pinturas rupestres de dioses y de animales espiritualmente significativos adornan los riscos calizos de Tzibana y otros sitios cercanos al lago.

Una serpiente en la base de los riscos de Tzibana se parece a la deidad azteca en forma de serpiente emplumada conocida como Quetzalcoatl, lo que, según Panka, puede ser un reflejo de la influencia de los aztecas sobre los lacandones.

El cerro del Mirador es, según los lacandones, un puente entre el inframundo (representado por el lago), el mundo de los vivos (representado por la tierra) y los cielos (representado por el cielo). Creen que aquí vive el dios Chak Aktun. Palka señala que esta montaña que surge de las aguas de un lago es una versión natural del altépetl («montaña de agua»), un concepto que constituyó la base de las comunidades mayas y aztecas.

Las pirámides-templo que dominaban sus ciudades de piedra eran altepetles creados por el hombre. Hace unos 2000 años, los antiguos mayas aplanaron la cima del Mirador y construyeron allí un enorme templo sobre la plataforma. El equipo también ha encontrado restos de terrazas que pudieron formar parte de una ruta de peregrinaje que subía por la montaña hasta el templo, donde los visitantes hacían ofrendas a Chak Aktun para gozar de buena salud y para obtener cosechas abundantes.

Las familias viven en una aldea en el extremo sur del lago en la que hay dos iglesias, un edifico administrativo donde una pequeña unidad de policía tiene su sede, cuatro tiendas que venden artículos de primera necesidad y snacks y un nuevo centro de información turística. Cultivan alimentos para su propio consumo en los campos cercanos, llamados milpas. Un camino de gravilla conecta la aldea con el mundo exterior más allá de la selva tropical. El Gobierno mexicano catalogó el territorio que rodea el lago como Área de Protección de Flora y Fauna de Metzabok, lo que confiere a la tierra algo de protección legal que ayuda a que el pueblo lacandon mantenga su forma de vida. También reciben un ingreso del Gobierno mexicano para que cuiden el área protegida. Rafael Tarano, al igual que sus antepasados que se asentaron en esta zona después de la llegada de los españoles, cree que la religión es esencial para afrontar cualquier desafío que les depare el futuro. «No sé cuál es el auténtico dios, si Hesuklisto [Jesucristo] o Hachakyum, pero, en los malos tiempos, o crees o mueres», señala.

Tarano aprendió de niño las historias de los dioses Lacandones, desde Mensabak y Chak Aktun hasta Hachakyum (el creador supremo) y Akyantho (dios de los extranjeros y la tecnología). También aprendió cómo realizar las ofrendas tradicionales en los sitios sagrados que rodean el lago. Pero los tiempos han cambiado, y los lacandones han cambiado con ellos. Ya nadie realiza ofrendas, señala Tarano. Toda la comunidad (unas 19 familias en total) o se han convertido al cristianismo evangélico o no practican religión alguna, explica Fabiola Sánchez Balderas.

Zach Zorich

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1795 El lápiz, una pluma siempre a punto

Publicado por El hijo del Ahuizote en 18th octubre 2020

El descubrimiento del grafito propició la elaboración de los primeros lápices, que tomaron su forma actual a finales de siglo XVIII

EL ÚTIL DE ESCRITURA DESCRITO POR GESNER EN 1565. ABAJO, EJEMPLAR DEL LÁPIZ MÁS ANTIGUO QUE SE CONSERVA, DEL SIGLO XVII.

 

 

En 1564, una tormenta derribó un árbol en la parroquia de Borrowdale, al norte de Inglaterra. Entre sus raíces apareció una sustancia negra, extremadamente dura y tiznante. Los pastores del lugar se dieron cuenta de que ese material era ideal para marcar sus ovejas y comenzaron a usarlo, cortado en barras y envuelto en cuero o cuerda que desenrollaban según se iba gastando la roca.

                                                             MINAS DE GRAFITO EN SIBERIA EN EL SIGLO XIX. 

 

 

El descubrimiento casual del lápiz por unos simples pastores es sin duda una fábula, pero contiene un núcleo de verdad. Se sabe, en efecto, que en algún momento en torno a 1560 se
halló en Borrowdale un yacimiento de grafito excepcionalmente rico. Al principio se creyó que se trataba de alguna clase de plomo y fue llamado plumbago o plomo negro. En latín se lo llamó lapis plumbarius, «piedra plúmbea», de donde procede precisamente el término castellano «lápiz». A finales del siglo XVIII se descubrió la verdadera naturaleza de este material y se acuñó el término «grafito», apartir del griego grafein, «escribir».

Los ingleses pronto se dieron cuenta de que las barritas de grafito constituían un útil ideal para el dibujo y la escritura, y aquel material se difundió rápidamente por toda Europa.
En 1565, el erudito alemán Konrad von Gesner se refería ya a «una especie de plomo que algunos llaman antimonio inglés» y que se usaba para escribir. El plomo negro se difundió rápidamente por toda Europa. Resistente, limpio y manejable, era el material perfecto para escribir sobre papel, porque además permitía correcciones (como «goma de borrar» se usaban migas de pan). A principios del siglo XVII se vendía regularmente en las calles de Londres y era cada vez más demandado en el continente.

                                   Operario de grafito

Carpinteros y Químicos

La revolución del grafito

Hay que distinguir, sin embargo, entre el lápiz como material (esto es, el grafito) y el lápiz como utensilio para escribir o dibujar. Ya en 1565, Gesner había descrito un instrumento compuesto por un mango de madera en cuyo extremo se insertaba una cuña de grafito, pero pronto se empezó a buscar alguna solución que integrara mejor el grafito y el soporte de madera. Los modelos más antiguos que conocemos, datados en el siglo XVII, consistían en una columna cuadrada de madera en la que se había tallado un surco o ranura en el que se encastraba una barra de grafito de sección rectangular. Progresivamente, y en parte para economizar el caro grafito inglés, éste se empleó en finas láminas que se cortaban hasta obtener lo que hoy llamamos minas. La técnica se desarrolló en diversas zonas de Europa por artesanos carpinteros que a mediados del siglo XVII habían creado una incipiente industria. Por ejemplo, en 1662 era ya conocido en Núremberg un «fabricante de lápices» llamado Friedrich Staedtler, antecesor de la marca que aún existe hoy en día.

 

Con todo, lo que permitió la explosión de la industria del lápiz fue el descubrimiento de una alternativa al grafito inglés. En 1795, tras algunos ensayos a mediados del siglo XVII, el químico francés Nicolas-Jacques Conté inventó un procedimiento revolucionario. Se mezclaban grafito en polvo, arcilla y agua, se vertía la pasta húmeda en finos moldes rectangulares y, una vez seca, se cocía en un horno a alta temperatura. El resultado era un material superior incluso al grafito de Borrowdale. Conté descubrió además que variando los porcentajes de arcilla o añadiendo cera se obtenían minas más o menos duras y se compensaba la porosidad de la mezcla. El método de Conté, perfeccionado por el austríaco Hardtmuth y el norteamericano Munroe, es el acta de nacimiento del lápiz tal como hoy seguimos usándolo.

 

JUAN JOSÉ SÁNCHEZ ARRESEIGOR

HISTORIADOR

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Año 1000: El tenedor llega a Europa occidental

Publicado por El hijo del Ahuizote en 10th octubre 2020

Habitual en las comidas de la corte bizantina, el tenedor se introdujo en Europa en torno al año Mil a través de Venecia y de las demás ciudades italianas

 

 

n un tratado escrito a mediados del siglo XI, el cardenal Pedro Damián se refería a una princesa bizantina que se había casado con el hijo del dogo de Venecia. A sus ojos, esa princesa había traído de Bizancio hábitos demasiado refinados, impropios de la austeridad de un cristiano; tanto que Dios la castigó haciéndola morir de gangrena. Uno de esos hábitos era el modo de comer: «No tocaba la comida con las manos, sino que hacía que los eunucos se la cortaran en trozos muy pequeños. Después, la probaba llevándosela a la boca con cierto instrumento de oro de dos puntas».

 

Este es el primer testimonio del uso en Occidente del tenedor, presente en cambio en el entorno bizantino desde hacía siglos. El utensilio que anteriormente empleaban los romanos, una daga afilada, se transformó primero en un pincho y después en un tenedor para ensartar la comida. Los estrechos contactos que Bizancio mantenía con Venecia explican que el tenedor entrara en Europa a través de la República adriática.

 

Ideal para la pasta

 

Los primeros testimonios gráficos del tenedor en Occidente se encuentran en una miniatura del siglo XI incluida en el manuscrito de la obra De Universo, de Rabano Mauro, que representa a un rey medieval en la mesa llevándose a la boca un bocado con un tenedor. Una escena parecida se encuentra en una miniatura de la Última Cena en un códice del Hortus deliciarum de la abadesa Herrada de Hohenbourg, del siglo XII. En Italia, el uso del tenedor se extendió a través del consumo de la pasta.

En 1376, un cuento de Franco Sacchetti habla de dos amigos que se dedican a «cortar y engullir con tenedores macarrones muy calientes». A finales del siglo XV, los tenedores eran usados habitualmente por las familias nobles de Florencia: los Médicis se enorgullecían de tener 56 en su colección.

El retraso del norte

En el resto de Europa el tenedor era mucho menos frecuente. Lo que se con

 

ocía era el trinchador, usado para sujetar la carne mientras se cortaba con un cuchillo; luego, los trozos se cogían con las manos. Los tenedores propiamente dichos se usaban más para tomar ciertas frutas o dulces. De ahí la sorpresa del comerciante francés Jacques Lesaige cuando, durante un viaje a Italia en 1518, participó en un banquete del dogo de Venecia y vio que «estos señores, cuando quieren comer, toman la comida con un tenedor de plata». Desde 1533, Catalina de Médicis, esposa del rey de Francia Enrique II, intentó introducir el tenedor en la corte francesa, inicialmente sin mucho éxito. En 1609, el señor de Villamont, describiendo con todo lujo de detalles los hábitos alimentarios de los turcos, apuntaba: «Nunca usan tenedores, como hacen los lombardos y los venecianos», reconociendo que ésa era aún una costumbre italiana.

 

El inglés Thomas Coryat también descubrió el tenedor durante una estancia en Italia en 1608. «Observé una costumbre en todas las ciudades y villas italianas por las que pasé que no se usa en ningún otro país de los que he visto en mis viajes. El italiano usa siempre, en sus comidas, una pequeña horca para cortar la carne».

A lo largo del siglo XVII el tenedor fue generalizándose en toda Europa, aunque en una forma ligeramente modificada, pues se añadió un tercer diente (más tarde, un cuarto) y se dio al extremo la característica curvatura que hace más fácil sujetar el bocado.

CORRADO OCCHIPINTI CONFALONIERI

HISTORIADOR

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Alemania juzga simbólicamente a un cómplice del nazismo

Publicado por El hijo del Ahuizote en 30th julio 2020

HAMBURGO CONDENA AL NONAGENARIO BRUNO DEY, EXGUARDA DE UN CAMPO DE EXTERMINIO, A DOS AÑOS EN RÉGIMEN DE LIBERTAD VIGILADA

 

Bruno Dey, de 93 años de edad, en la Audiencia de Hamburgo. Foto: Efe

 

BERLÍN – La justicia alemana cerró con una pena simbólica su proceso tardío contra el exguarda de un campo de exterminio nazi, declarado culpable de complicidad en los 5.232 asesinatos cometidos en el tiempo en que estuvo ahí de servicio, cuando tenía 17 años.

Dos años en régimen de libertad vigilada es la pena impuesta por la Audiencia de Hamburgo a Bruno Dey, de 93 años. Una condena que se rige por el código penal aplicable a menores, dada su edad entonces.

Se cerró así el que tal vez será el último proceso por crímenes del Tercer Reich, dada la complejidad que entraña llevar adelante unos juicios dificultados por la avanzada edad de los encausados y de los testigos directos de los cargos que se les imputan.

Para la justicia alemana, rige el principio de que el asesinato no prescribe. 75 años después de la derrota del Tercer Reich, ese principio posibilita sentar ante tribunales a quienes fueron «piezas en el engranaje mortal del aparato nazi», como apunta la sentencia.

La defensa pedía su libre absolución, mientras que la fiscalía había solicitado tres años. Las muertes imputadas correspondían al periodo en que sirvió Dey en Stutthof, un campo nazi cercano a Gdanks, en la Polonia ocupada, donde según los historiadores murieron asesinados 100.000 presos, en su mayoría judíos.

Dey ingresó en el campo en agosto de 1944 y salió en abril de 1945, un mes antes de la capitulación nazi. En ese periodo se han documentado al menos 5.232 muertes, según la acusación.

En la última vista antes de la sentencia, el pasado lunes, el acusado había pedido perdón «a todas aquellas personas que pasaron por ese infierno», así como a sus familiares y descendientes. Insistió, como ya había declarado su defensa en el juicio, que no prestó servicio voluntariamente, sino que fue reclutado por las SS y destinado a ese lugar con 17 años.

Sí admitió que tuvo conocimiento del plan de exterminio a los judíos. Uno de los testigos citados a declarar, Marek Dunin-Wasowicz, de la misma edad que el procesado y superviviente del campo, había detallado ante la corte las condiciones inhumanas a que se sometía a los presos, que además eran conscientes de lo que ocurría detrás de las cámaras de gas.

A Dey se le procesó y sentenció no como responsable de esas muertes, sino por no haber rehuido servir al aparato nazi. Durante décadas la justicia no actuó contra él puesto que no se le consideraba implicado directamente en crímenes de guerra.

En abril del año pasado la Fiscalía de Hamburgo presentó acusación formal amparada en el precedente creado por el caso de John Demjanjuk, el ucraniano condenado en 2011 a cinco años por complicidad en las muertes del campo de Sobibor, en la Polonia ocupada.

Fuente:  https://www.noticiasdegipuzkoa.eus/actualidad/union-europea/2020/07/24/alemania-juzga-simbolicamente-complice-nazismo/1044769.html

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Hallan la momia de una joven

Publicado por El hijo del Ahuizote en 24th julio 2020

Ha sido descubierta en un ataúd antropomorfo y con todo su ajuar

LOS ARQUEÓLOGOS observan el sarcófago de madera pintado de blanco, que fue colocado en el suelo sin demasiada ceremonia.

Durante su última campaña de excavaciones, en los meses de enero y febrero de 2020, en la colina de Dra Abu el-Naga, en Luxor, los miembros del Proyecto Djehuty han llevado a cabo un importante hallazgo: un ataúd antropomorfo (es decir, de forma humana) datado en el siglo XVI a.C., en tiempos de la dinastía XVII.

En su interior yacía la momia de una muchacha de unos 15 o 16 años y de 1,59 m de altura. El ataúd, de madera de sicomoro pintada de blanco, se talló en un solo tronco y mide 1,75 de alto por 0,33 de ancho. Los investigadores creen que fueron antiguos saqueadores de tumbas quienes lo abandonaron allí, aunque«con cierto cuidado y sin abrir».
Algo que parece que fue habitual en esa área de la necrópolis, ya que, según José Manuel Galán (director del Proyecto Djehuty),han aparecido varios ataúdes sobre el suelo sin protección alguna. Un misterio que los arqueólogos tratarán de resolver

 

LA MOMIA DE LA CHICA conservaba todo su ajuar funerario: dos pendientes, dos anillos y cuatro collares. Los pendientes y anillos se localizaron tras realizar una radiografía a la momia aún dentro del sarcófago. En cuanto a los anillos, uno es de hueso y otro de vidrio azul con un engarce y un cordel alrededor del dedo. Dos de los collares son de fayenza, el tercero combina cuentas de fayenza con otras verdes de vidrio y el cuarto está formado por 74 piezas de amatista, cornalina y otras piedras semipreciosas.

 

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