Historias de la Historia

Anécdotas y Curiosidades del pasado

Así obtenían los egipcios los bloques de piedra de las pirámides

Publicado por El hijo del Ahuizote en 22nd junio 2019

Unos restos arqueológicos y unas inscripciones jeroglíficas halladas en una cantera de alabastro cerca del valle del Nilo han permitido a un equipo de arqueólogos descubrir cómo los antiguos egipcios transportaban grandes bloques de roca en la época de la construcción de las pirámides.

 

 

Tras estudiar unas cien inscripciones y haber descubierto restos de instrumentos de madera, los expertos han deducido que los antiguos egipcios empleaban una rampa central con una gran inclinación para extraer los bloques de alabastro de la cantera de Hatnub.

El Ministerio de Antigüedades egipcio anunció esta semana el hallazgo hecho por una misión conjunta del Instituto Francés de Arqueología Oriental (IFAO), con sede en El Cairo, y de la Universidad británica de Liverpool en el sitio arqueológico de Tel al Amarna, ubicado en la provincia de Minia (centro).

El secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades, Mustafa Waziri, destacó en un comunicado que esta es la «primera vez que se descubre el sistema de traslado de bloques desde la cantera y cómo se lograba levantar esos bloques de varias toneladas, lo cual cambia completamente la comprensión sobre la construcción de las pirámides» de Guiza.

El director del IFAO, Laurent Bavay, explicó que para sacar las rocas desde el interior de la cantera, que tenía unos diez metros de profundidad, las arrastraban por la rampa y empleaban maderas y cuerdas de origen vegetal para sujetarlas y ayudarse en este proceso.

«Esta es la evidencia arqueológica de que eran capaces de mover grandes piedras por una pendiente de 20 grados, que es muy aguda», agregó Bavay.

El egiptólogo señaló que, en el caso de las pirámides, los expertos aún se preguntan qué inclinación tendrían las rampas que se pudieron emplear para levantar los enormes sillares que las componen.En las pirámides se usó piedra caliza, material un poco más ligero que el alabastro, pero «muy probablemente» se empleó el mismo método para levantar los bloques con los que se construyeron los monumentos más conocidos de Egipto.

El egiptólogo Roland Enmarch, experto en inscripciones de la Universidad de Liverpool, dijo que la cantera de alabastro fue explotada en la misma época en la que fue edificada la Gran Pirámide de Keops, faraón de la IV Dinastía (2550 a.C. a 2527 a.C.).

Sin embargo, «es muy improbable» que las rocas procedentes de la cantera de Hatnub se usaran en la construcción de las pirámides, porque estaban construidas de caliza, principalmente, y mármol en su interior. El alabastro sí se empleó en algunos templos y estatuas ubicadas en la necrópolis de Guiza, según explicó Enmarch.

El egiptólogo detalló que la misión conjunta, que dio comienzo en 2012 y proseguirá estudiando la cantera, halló inscripciones que aportan informaciones sobre los bloques de piedra y la técnica con la que eran llevados hasta el río Nilo, a unos 20 kilómetros de distancia, desde donde eran trasladados en barcos. Asimismo, las inscripciones estudiadas ofrecen información sobre el trabajo en la mina. «Había cientos o miles de personas en las expediciones» que extraían los minerales, aseguró Enmarch.

Según el experto, la de Hatnub era la principal fuente de alabastro en aquella época, cuando este mineral era muy apreciado y se empleaba para estatuas y vasijas en el interior de los templos faraónicos, entre otros usos. Antigüedades aseguró que la misión continuará su trabajo para estudiar los yacimientos que rodean la cantera, donde se encuentran los restos de los alojamientos de los trabajadores, lo cual puede arrojar más luz sobre su labor y el procedimiento de extracción y transporte.

Fuente:
https://www.20minutos.es/noticia/3482026/0/egipto-bloques-piedra-construccion-templos-epoca-faraon-keops

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Coyolxauhqui

Publicado por El hijo del Ahuizote en 1st junio 2019

Relieve de Coyolxauhqui descuartizada por su hermano, encontrado en el Templo Mayor.

 

Coyolxauhqui (en náhuatl: coyolxauhqui, ‘la adornada de cascabeles’‘coyolli, cascabel; xauhqui, que adorna’)?​ es una deidad mexica, quien se considera es la representación de la luna, sin embargo, dado que no presenta ningún signo o glifo lunar, se ha propuesto que representa otro tipo de cuerpo celeste.

En la mitología nahua, Coyolxauhqui era hija de la diosa madre Coatlicue y hermana y líder de los dioses de estrellas Centzon Huitznáhuac. Cuando Coatlicue quedó embarazada de Huitzilopochtli, Coyolxaihqui y sus hermanos planeaban matar a su madre al considerarlo deshonroso, por lo que Huitzilopochtli la descuartizó y arrojó su cabeza al cielo.

El mito sobre el nacimiento de Huitzilopochtli, narra que Coyolxauhqui, furiosa al enterarse de que su madre, Coatlicue, estaba embarazada de un hombre desconocido, guió a sus hermanos (los cuatrocientos surianos) hacia Coatepec, donde se encontraba su progenitora, para matarla, y así redimir la ofensa.

Al llegar los hijos a Coatepec, Coatlicue dio a luz a Huitzilopochtli, quien vestido de guerrero y armado, nació listo para defender a su madre. El dios venció a sus hermanos, decapitó a su hermana, mandó su cabeza al cielo para que su madre pudiera verla cada noche y arrojó su cuerpo montaña abajo, por lo que éste quedó desmembrado.

Así fue como Coyolxauhqui se convirtió en la representación de la Luna y sus hermanos en la de las estrellas.

Fotografía del lugar donde se encontró el relieve. En la imagen, relieve de una escultura más antigua

 

Monolito de Coyolxauhqui

Se trata de un monolito de cantera, de 320 cm de diámetro, con forma de escudo, y se piensa que por la forma redonda de la piedra, similar a la luna llena, ésta encarna a la diosa lunar.

En la gran piedra se observa a la diosa descuartizada, con la cabeza, brazos y piernas separadas alrededor de su cuerpo. En ella se distinguen pequeñas bolas de plumas de águila en el cabello, un símbolo en forma de campana sobre su mejilla, y una pestaña, con el símbolo mexica para año, en su oreja. Como en las imágenes de su madre, se le muestra con unos cráneos atados a su cinturón.

Los estudiosos también opinan que la decapitación y el desmembramiento de Coyolxauhqui se reflejan en el patrón de los sacrificios rituales de los guerreros. Éstos constaban, en primer lugar, en extraer los corazones de los cautivos del pecho. En segunda, en ser decapitados y desmembrados. Finalmente, en que sus cuerpos eran arrojados desde el templo, por las escalinatas de la pirámide, quizás sobre la gran piedra de Coyolxauhqui.

Su ubicación original recrea el mito, pues se situaba en la parte frontal del Templo Mayor, en el edificio dedicado a Huitzilopochtli, de la antigua Tenochtitlan, igual que en el cerro de Coatepec.

 

Coloración del monolito original, determinada a partir de rastros químicos de pigmentos.

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Descentralizar ¿la Conquista?

Publicado por El hijo del Ahuizote en 29th mayo 2019

 

Autor: Pedro Salmerón Sanginés

Las versiones tradicionales de la irrupción española nos cuentan la epopeya de 400 valientes poseedores de una incontestable superioridad tecnológica y de su esforzado capitán, que conquistaron y sometieron a un gran imperio. O la resistencia heroica de los mexicas contra unos invasores genocidas. Desde entonces, se nos cuenta, los mexicas o aztecas y sus descendientes, nosotros los mexicanos, somos conquistados. Hijos de la chingada.

Mientras el cuento que nos cuentan se siga centrando en el enfrentamiento del esforzado (o genocida) capitán y en la tragedia de Tenochtitlán y el heroísmo de Cuauhtémoc, mientras sigamos insertos en la concepción de Estado-nación racista y excluyente centrada en el mestizaje (de español y azteca), seguiremos siendo los hijos de la chingada que el régimen priísta quiso enseñarnos a ser: el mexicano que los sedicentes herederos de Octavio Paz pintan como niño/borrego buscador de mesías.

Urge, pues, rescatar todos los re­latos convertidos en historias secundarias. Tengo en mi mesa de trabajo numerosos documentos que debo ordenar y priorizar. Hablaré de algunos: empiezo con el proyecto museográfico indios conquistadores, de Raquel Güereca y Michel R. Oudjik, con museografía y gestión de Salvador Mirabete y Víctor Iván Gutiérrez, que tiene como objetivo principal mostrar una nueva narrativa de la Conquista, basada en fuentes elaboradas por indígenas que se reivindicaban a sí mismos como indios conquistadores, al tiempo que se cuestiona la visión tradicional de la Conquista construida por la historiografía dominante.

Los documentos y narraciones que mostrarán Güereca y Oudjik, revelan a pueblos nahuas, zapotecos y otomíes, entre otros, que en sus propios escritos de los siglos XVI y XVII se presentan como conquistadores, como vencedores. En esas y otras fuentes encontraremos desde xochimilcas que en la década de 1560 alegan ante el virrey, en defensa de sus tierras, que cuando los tlaxcaltecas se cansaron nosotros llevamos 900 canoas y 10 mil guerreros; hasta los nahuas defensores de la frontera de la Nueva Vizcaya en el siglo XVIII; pasando por zapotecas que conquistan y pueblan Guatemala… y otras historias que no adelanto. Mientras, digamos que es evidente la continuidad de patrones de comportamiento mesoamericanos en la sociedad y el discurso coloniales.

Sigo con los avances de investigación de Edna Sáenz, Aideé Hernández y Andrés Centeno, que inquieren sobre tres antihéroes de los relatos tradicionales: Xicomecóatl, el cacique gordo de Cempoala, primer aliado de Hernán Cortés… o quizá, quien metió a Cortés en la dinámica de la guerra mesoamericana. Xicoténcatl el viejo, el senador de la República de Tlaxcala a quien su propio hijo habría confrontado por su entreguismo… o quizá el catalizador de la conversión de Tlaxacala en una república que se autogobernó hasta 1821, semillero de sedicentes conquistadores del septentrión. Y Acolhua Ixtlilxóchitl, el traidor que convertido en señor de Texcoco que en una fuente que le es proclive, el Códice Ramírez, queda probado que no fueron [los tlaxcaltecas] los que ganaron a México sino don Fernando Ixtlilxuchitl con 200 mil vasallos suyos.

Y si además de llevar el relato más allá del esforzado capitán y del joven abuelo de López Velarde (para hablar de las demás naciones, pueblos y comunidades) lo sacamos de la gran Tenochtitlán y el centro de México (como propone Armando Bartra: https://bit.ly/30MpRjK) quizá, sin oscurecer la catástrofe civilizatoriaque provocó la irrupción española, ni a sus instigadores visibles y no tanto, como la insaciable codicia del gran dinero, quizá podríamos construir otro relato, atendiendo el sur maya y el norte aridoamericano.

Recordemos, pues, que los actuales estados de Guanajuato, Zacatecas, Aguascalientes, San Luis Potosí y regiones aledañas, son México tanto como la capital. Recordemos que su conquista se produjo de 1550 a 1600, de manera apenas epidérmica; que muchos de sus conquistadoreseran indios mesoamericanos (como Conín o Santiago de Tapia, que en gigantesca estatua nos recibe al llegar a Querétaro); y que en realidad, se sometieron más mediante la paz por compra que por la fuerza de las armas (es decir: que los ancestros de los indios que acompañaron al cura Hidalgo no perdieron la guerra en campos de batalla).

Y más al norte de la Gran Chichimeca, los tlaxcaltecas y los mexicas eran señores de a caballo igual que los españoles, lo que hizo decir al obispo Pedro Tamarón y Romeral algo así como ahora resulta que todos los indios son tlaxcaltecas.

Pregunto: ¿por qué los herederos de los nahuas-xochimilcas se presentan hoy como descendientes de los conquistados, los vencidos, cuando en 1560 sus abuelos se llamaban conquistadores? ¿Por qué necesariamente nos identificamos con Cuauhtémoc y no con Xicomecóatl, Ixtlilxóchitl o Conín? ¿O con la Malinche, pero no la de Octavio Paz, sino –por ejemplo– la de Yásnaya Elena?

Sin conquista no hay conquistados, ni conquistadores.

tomado de: https://www.jornada.com.mx/2019/05/28/opinion/014a2pol#

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Hallan el ancla que habría pertenecido a navío de Cortés

Publicado por El hijo del Ahuizote en 1st mayo 2019

El proyecto que fue entregado al INAH plantea la ubicación del posible sitio en el que Hernán Cortés hundió sus naves ante el temor de un motín en su contra en 1519, lugar que anteriormente había sido estudiado por el historiador mexicano Francisco del Paso y Troncoso (1842-1916).

Un ancla con un fragmento de madera que data del siglo XV procedente de España es el principal hallazgo hecho por investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en costas veracruzanas y podría ser un vestigio de los navíos en los que llegó Hernán Cortés al país hace 500 años. Así lo revela en entrevista con Crónica el arqueólogo Roberto Junco Sánchez.

«La primera temporada de exploración terminó en diciembre con excelentes resultados: encontramos un ancla muy antigua. Se dató la parte de madera del ancla y es madera del siglo XV. Pero el proyecto continúa y estamos empecinados a encontrar esos barcos», dijo a este diario.

El año pasado especialistas iniciaron al sur de Actopan, Veracruz, el proyecto «Arqueología subacuática en la Villa Rica. Tras los pasos de Del Paso y Troncoso y los barcos hundidos de Cortés», dirigido por Roberto Junco Sánchez, subdirector de arqueología subacuática del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), y Chris Horrell, investigador del Buró de Seguridad y Cumplimiento Ambiental (BOEM, por sus siglas en inglés), Estados Unidos.

El proyecto que fue entregado al INAH, y del que Crónica posee una copia, plantea la ubicación del posible sitio en el que Hernán Cortés hundió sus naves ante el temor de un motín en su contra en 1519, lugar que anteriormente había sido estudiado por el historiador mexicano Francisco del Paso y Troncoso (1842-1916).
La investigación que concluyó su primera etapa en diciembre de 2018, registró un ancla muy antigua que fue puesta al interior de un barco. «Es un ancla de metal, pero el cepo, una de las partes altas, es de madera y de ésa tomamos una pequeña muestra que data de cerca de alrededor del 1400», señaló Junco Sánchez.
El arqueólogo destacó que la madera procede de un roble español y que probablemente es un ancla hecha en el país vasco. «Es un roble característico del norte de España y su hallazgo es una excelente noticia como objeto, independientemente que tenga que ver con Cortés o no. Es un gran hallazgo encontrar estás anclas antiguas en gran estado de conservación», comentó.
Dicha ancla, agregó, es del siglo XV debido a que su parte metálica coincide a una tipología antigua.

—¿Se puede saber qué tipo de barco llevaba esta ancla?

—No era un barco tan grande pero además, los barcos no traían una sola ancla traían cinco o seis. El tamaño del ancla hallada es de 2.50 metros.
Otros objetos que el equipo de expertos localizó fueron elementos cerámicos prehispánicos y barcos del siglo XIX.

“Vamos a seguir trabajando ahí en julio de este año con nuevas herramientas de trabajo como un perfilador de fondo y continuaremos con los buceos identificando las anomalías. Hay bastantes cosas interesantes por descubrir en la zona incluyendo barcos más recientes del siglo XIX”, dijo.

—¿Quiénes participaron en la datación de la madera?

—Es un proyecto del INAH con colaboración internacional. Básicamente es el INAH quien hace esto. En la datación nos ayudaron la UNAM y un laboratorio en Estados Unidos, pero la identificación de maderas se hizo en el INAH y colegas españoles también nos están ayudando con unas muestras.

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Recrean en 3D la ciudad de Tenochtitlan, a la que llegó Hernán Cortés hace 500 años

Publicado por El hijo del Ahuizote en 22nd abril 2019

Los datos que la arqueología ha logrado arrancar al pasado de la capital mexicana están siendo por primera vez utilizados para crear un modelo tridimensional de Tenochtitlan, la grandiosa capital azteca a la que llegó hace ahora 500 años Hernán Cortés. El proyecto pondrá a disposición de usuarios de todo el mundo -a través de una app para dispositivos móviles- las dimensiones exactas del recinto de los templos aztecas, en la ciudad construida sobre el lago Texcoco. La mayor parte de los templos y vestigios están hoy a varios metros por debajo de la capital mexicana.

En la primera versión divulgada, ya se puede uno hacer idea de las dimensiones de aquellas grandes estructuras, del tzompantzi o altar donde se exponían las cabezas de las víctimas sacrificadas, así como un primer atisbo de los canales y accesos a la urbe. El proyecto se titula «Aplicación de Realidad Aumentada para la visualización del Recinto Sagrado de México-Tenochtitlan» y está a cargo del equipo científico dirigido por Erick Huitrón Ramírez, en la Unidad Profesional Interdisciplinaria en Ingeniería y Tecnologías Avanzadas (UPIITA) del Instituto Politécnico Nacional de México (IPN).

Los restos de la ciudad de México – Tenochtitlan, primer antecedente de la actual Ciudad de México, se encuentran ocultos como cimientos de las construcciones modernas. Después de 1978, se lograron intervenciones y exploraciones en el primer cuadro del Centro Histórico, que tuvieron como resultado la exhibición permanente de vestigios en la zona arqueológica del Templo Mayor y las ventanas arqueológicas que la rodean.

Es muy distinto excavar en una zona rural que tratar de levantar la piel de una gran urbe como México. La tecnología disponible permite reunir datos hasta ahora parciales de observaciones a traves de los distintos edificios de la zona en la que ahora se levanta el centro de México, con construcciones centenarias bajo las cuales siguen los vestigios de aquel tiempo que acabó con la llegada de Henán Cortes y sus huestes, hace ahora 500 años.

Para superar la dispersión de visualizaciones parciales medidas hasta ahora y la multiplicidad de contextos que obstaculizan la observación de relaciones espaciales y arquitectónicas se ha sumado en este proyecto todo el conocimiento recabado durante décadas para realizar una recreación virtual de todo el conjunto, con la exactitud de las mediciones arqueológicas y el fabuloso poder de la realidad virtual para recrear entornos completos y navegables.

Como explica Erik Huitrón esta reconstrucción hipotética «servirá como un apoyo visual para la arqueología». Y sin duda tiene capacidades divulgativas casi infinitas. «Estas técnicas permiten de forma virtual, la restitución dimensional de los vestigios arqueológicos y en muchos casos sus detalles arquitectónicos y decorativos». Todas esas capas se están sumando ahora para poder mostrarlas en el resultado final. La verdadera magnitud de los monumentos tanto los que, como el Templo Mayor, conservan vestigios, como los destruidos por el paso de los siglos, queda expuesta de manera formidable.

«Con la intención de imitar la experiencia de recorrido en espacios arqueológicos monumentales, se recurre a los ámbitos computacionales para trasladar los modelos reconstructivos del recinto ceremonial de México – Tenochtitlan a una versión digital que pueda ser consultada desde una aplicación para dispositivo móvil, a través de una correspondencia virtual de posición y visión del modelo tridimensional, según la ubicación y orientación reales del usuario en el Centro Histórico de la Ciudad de México», añade Huitrón.

Todo ello ha sido posible desde una mirada interdisciplinar que agrupa diversas líneas de acción para la «construcción de un mundo virtual representante del Templo Mayor y el Recinto Sagrado, con navegación interna y acorde a la ubicación y orientación visual del usuario. Todo esto presentado en una interfaz que permita establecer en la pantalla, correspondencias visuales entre la actualidad del Centro histórico y la reconstrucción hipotética tridimensional del recinto ceremonial». El resultado es «una visualización que no ha sido contemplada desde hace quinientos años». Un maravilloso viaje en el tiempo bajo la piel de la ciudad moderna de México.

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Cartago, la reina de África

Publicado por El hijo del Ahuizote en 21st abril 2019

Famosa rival de Roma por el dominio del Mediterráneo, la destrucción ejemplarizante de Cartago a manos de Escipión Emiliano en 146 a.C. induce a pensar que nada volvió a crecer después en ese solar maldito ─esterilizado con sal, según una leyenda decimonónica─. Pero no fue así en absoluto: Cartago renació tras su implacable demolición en la tercera y última guerra Púnica. Lo hizo en forma de una colonia romana tras el metódico apocalipsis ejecutado por las legiones. No sucedió de inmediato, ni tampoco con fortuna al primer intento.
Sin embargo, cuando resurgió de manera estable, Cartago terminó adquiriendo tal esplendor que merecería un lugar de honor en cualquier mapa de la Antigüedad, incluso si se prescindiera de su deslumbrante vida anterior como potencia neofenicia. Así de importante llegó a ser este enclave, refundado por Augusto en 29 a.C. en memoria de su padre adoptivo, Julio César. De hecho, de este venía la idea, inspirada a su vez en un proyecto fallido de Cayo, el menor de los hermanos Graco.

La Cartago latina fue el centro urbano más prominente de la extensa provincia senatorial de África Proconsular, uno de los principales graneros del Alto Imperio. Por otra parte, solo Roma y las otras megalópolis de la era imperial (Alejandría en Egipto, Antioquía en Siria y la tardía Constantinopla entre Europa y Asia) superaron en habitantes a la capital magrebí. Ésta reunió más de cien mil vecinos ─hasta medio millón, para algunas fuentes─ desde el siglo I d.C. Eso sin olvidar la ubicación estratégica de Cartago, en la costa sur del Mediterráneo central, ni la relevancia política derivada de todo lo anterior.
Estas características explican la atracción que sintieron por la colonia los vándalos durante el naufragio del Imperio romano: ellos la convirtieron en capital de su efímero reino bárbaro. Un siglo después, a inicios del VI, los bizantinos recobraron la ciudad portuaria para el mundo latino. Sin embargo, no tardó en ser absorbida por la oleada conquistadora del recién nacido islam. Éste privilegió un núcleo próximo, la Túnez de hoy, en detrimento de la ya decadente Cartago, de la que tomó para la nueva metrópolis desde materiales hasta población.

Todas estas mutaciones dejaron en el lugar huellas monumentales tan trascendentes que la Unesco las declaró Patrimonio Mundial de la Humanidad en 1979. Entre ellas destacan las de origen romano por su cantidad, envergadura, variedad y belleza, sobre todo dada la devastación latina del valioso legado púnico. De este último solo perduran excepciones, como el llamado «tofet de Salambó» (el macabro santuario y cementerio para los niños sacrificados por los cartagineses a sus dioses) o porciones, más estructurales que artísticas, de los denominados puertos púnicos. Sin embargo, la mayoría de los bienes previos a la ciudad romana sufrieron el destino fatídico de, por ejemplo, el templo de Eshmún. De suma importancia para la civilización neofenicia, fue por ello mismo arruinado por los siempre eficientes ingenieros latinos, hasta el punto de allanar la elevación sobre la que se erigía.

Fuente:
* Julián Elliot, «La reina de África». Historia y Vida nº 595, pág. 17

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RELIQUIAS DE LA PASIÓN DE CRISTO, ¿VERDAD HISTÓRICA O DEVOCIÓN DESMEDIDA?

Publicado por El hijo del Ahuizote en 20th abril 2019

Alrededor de las reliquias, como partes del cuerpo de santos u objetos que han estado en contacto con ellos, siempre se ha planteado si tras ellas hay una realidad histórica y una base científica que pueda demostrar, como mínimo, su antigüedad o, simplemente, es fruto de la devoción desmedida y de vendedores de humo que quisieron sacar algún provecho. Esta es una relación de las más importantes relativas a Jesucristo:

Sábana Santa o Sudario.
Se encuentra en la catedral de Turín. La más conocida de todas y sobre la que más estudios se han hecho, sobre todo, para conocer su antigüedad. Es una tela de lino con la que se supone que se cubrió el cuerpo de Jesucristo al ser enterrado y en la que quedó plasmado su rostro. Después de la prueba del Carbono 14, del estudio de granos de polen, de digitalizar la imagen y muchas más pruebas, no se ha llegado a un acuerdo de su veracidad. En España, en la catedral de Oviedo, tenemos el pañolón de Oviedo que se veneraba como el pequeño sudario que cubrió su cabeza.

El Velo de la Verónica.
Se encuentra en la Basílica de San Pedro en Roma. Mientras Jesucristo llevaba la cruz, camino del monte Calvario donde sería crucificado, se paró en la sexta estación del Víacrucis para descansar y Santa Verónica se acercó para secarle el sudor de su rostro quedando impreso en el pequeño paño. La historia de esta reliquia no se conoce hasta bien entrada la Edad Media y no se ha podio realizar ningún estudio sobre ella. Durante el siglo XX, sólo el jesuita e historiador de arte José Wilpert ha podido contemplarla sin la protección que la cubre y sus palabras tampoco dejan nada claro “una pieza cuadrada de un material de color claro, desteñido por la edad, que lleva dos tenues manchas de óxido de color marrón conectadas la una a la otra“. Hoy en día se veneran 3 más, dos de ellas en  Alicante y Jaén.

Representación de la Verónica – Greco

El Santo Cáliz.
Se encuentra en la catedral de Valencia. El Santo Cáliz, Grial o Santo Grial, sería la copa que se usó en la última cena. Es una copa de calcedonia, piedra semipreciosa, de 7 cm de altura y 9,5 de diámetro, y un pie con asas añadido posteriormente (entre los siglos X y XIV). La leyenda la lleva desde las manos de San Pedro, en Roma, hasta el monasterio de San Juan de la Peña (Huesca), aunque la primera noticia documentada del cáliz no aparece hasta el XIII pasando por Zaragoza, Barcelona y recalando en Valencia en el XV. Aunque también hay controversia sobre ella, de todas las candidatas, porque hay varias, parece que el cáliz de Valencia es el que más posibilidades tiene de serlo por ser parecido a otros cálices palestinos encontrados de  misma época.

La Santa Cruz, INRI y los clavos.
Se encuentran en la Basílica de la Santa Cruz de Jerusalén en Roma. Se refiere a un fragmento de la cruz donde fue crucificado, parte de la tablilla donde figuraba la inscripción INRI (Iesvs Nazarenvs Rex Ivdaeorvm o Jesús de Nazaret, Rey de los Judíos) y los clavos. Según cuenta Jacobo de Voragine en su libro La Leyenda Dorada (1260), la cruz se había enterrado en el monte Calvario y sobre ella se había levantado un templo en honor a Venus en tiempos del emperador Adriano. En 326, cuando llegó la emperatriz Elena de Constantinopla a Jerusalén,  derribó el templo y ordenó cavar hasta encontrar la cruz. Cuando se descubrió, allí mismo se erigió la Basílica del Santo Sepulcro en la que se guardó. Cuando regresó a Roma le llevó a su hijo, el emperador Constantino,  parte de la cruz, la tablilla y dos clavos -el tercero cuenta la leyenda que lo tiró al mar para aplacar la ira divina… una tormenta– . En  326 el emperador financió la construcción de la Iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén en Roma donde hoy se conservan (la parte de la cruz, la tablilla y un clavo). En nuestro país se veneran fragmentos de la cruz en el monasterio de Santo Toribio de Liébana (Cantabria) y en la Colegiata Mayor de Caspe (Zaragoza).

Sta. Elena siempre aparece representada con una cruz

Corona de espinas.
Se encuentra en la Catedral de Notre Dame en París. Es la corona espinas con la que los romanos, a modo de burla, coronaron a Jesucristo como Rey de los Judíos. Parece ser que entre las reliquias que trajo Elena de Constantinopla también estaba la corona de espinas. Su primera referencia es en el siglo V y nada se vuelve a saber hasta el XI cuando aparece en Constantinopla. En 1238, y ya sin espinas que parece ser fueron repartidas por toda la cristiandad europea, el emperador Balduino II ofreció la corona a Luis IX, rey de Francia, buscado su apoyo. Para albergarla construyó la Santa Capilla donde permaneció hasta la Revolución Francesa. Desde donde se trasladó a Notre Dame. En la catedral de Barcelona se venera una espina.

La lanza sagrada o de Longinos (la que le clavo el romano Longinos en el costado cuando estaba crucificado), la propia sangre de Cristo, la esponja con la que le aplicaban vinagre en las heridas… y otras muchas componen el conjunto de reliquias de Jesucristo. De todas formas conviene apuntar que la Iglesia es ahora extremadamente prudente y exhaustiva en su investigación antes de pronunciarse. Además, aunque las valora y protege como expresión de la devoción popular, deja al libre albedrío el hecho de creer o no su autenticidad.

Paralelamente a estas reliquias, que pueden tener cierta base histórica, aparecen otras que, por su cantidad o rareza, son más propias de quien actúa de mala fe aprovechándose de la buena fe de otros:

  • Las treinta monedas de Judas se han convertido en unas doscientas.
  • San Juan Bautista debía tener unos sesenta dedos.
  • Tres prepucios de Jesucristo.
  • Una paja del pesebre del niño Jesús
  • Trozo de mantel de la última cena
  • Carbón con el que fue martirizado en la parrilla San Lorenzo
  • Un piedra con la que fue lapidado San Esteban
  • Diente de Santa Apolonia (fue martirizada arrancándole los dientes)

Fuente:
https://historiasdelahistoria.com/2012/04/05/reliquias-de-la-pasion-de-cristo-verdad-historica-o-devocion-desmedida

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