Historias de la Historia

Anécdotas y Curiosidades del pasado

Cuauhtémoc, el último emperador de los aztecas

Publicado por El hijo del Ahuizote en 28th febrero 2021

A la muerte de Moctezuma, Cuauhtémoc dirigió la desesperada defensa de Tenochtitlán frente a las fuerzas de Hernán Cortés, quien lo apresó y más tarde ordenó ahorcarlo

Cuando las tropas castellanas al mando de Hernán Cortés lanzaron su asalto final contra la capital del Imperio azteca, Tenochtitlán, en 1521, sabían que enfrente tenían a un monarca que les iba a plantar mucha más batalla que Moctezuma, el tlatoani que dos años antes los había recibido con los brazos abiertos.

El puesto de Moctezuma, fallecido el año anterior, lo ocupaba ahora un primo suyo, Cuauhtémoc, un joven de apenas 25 años que impresionaba a todos por su «muy gentil disposición, así de cuerpo como de facciones», pero sobre todo porque «era muy esforzado y se hizo temer de tal manera que todos los suyos temblaban de él», según escribió Bernal Díaz del Castillo.

 

Hijo y nieto de reyes, Cuauhtémoc tuvo una corta y azarosa existencia. Nació en Tenochtitlán en los últimos años del siglo XV, en un día que coincidió con un eclipse solar, preludio de un sino fatal que los sacerdotes confirmaron al darle el nombre de Cuauhtémoc, «águila que desciende». El joven príncipe asistió al calmecac, el centro de instrucción de todos los nobles, y al cumplir los 15 años completó su educación en el telpochcali, la escuela obligatoria en la que todos los varones aztecas recibían la formación militar. Pronto destacó como combatiente, y tras alcanzar el grado de tlacatécatl lideró los ejércitos de Moctezuma en diversas campañas, lo que le valió el mando militar de Tlatelolco, la ciudad gemela de Tenochtitlán.

EL NUEVO TLATOANI

Dado el importante rango que ocupaba, es lógico que Cuauhtémoc tuviera una participación destacada en los acontecimientos que siguieron a la llegada de Hernán Cortés a México. Probablemente fue de los primeros que se inquietaron por la presencia de Cortés y sus hombres en Tenochtitlán desde noviembre de 1519. Tras la matanza cometida por Pedro de Alvarado en el Templo Mayor, el 20 de mayo de 1520, Cuauhtémoc se sumó a la rebelión contra los invasores.

 

Tras la muerte de Moctezuma, los nobles aztecas eligieron emperador a su hermano Cuitláhuac, pero éste murió ochenta días más tarde. En septiembre de 1520 los aztecas eligieron como sucesor a Cuauhtémoc.

El 30 de junio, en la conocida escena en la que Moctezuma salió a una azotea de su palacio para intentar calmar los ánimos de sus compatriotas, Cuauhtémoc lo imprecó con violencia: «¿Qué es lo que dice ese bellaco de Moctezuma, mujer de los españoles, que tal se puede llamar, pues con ánimo mujeril se entregó a ellos de puro miedo y asegurándose nos ha puesto todos en este trabajo? No le queremos obedecer, porque ya no es nuestro rey, y como a vil hombre le hemos de dar el castigo y pago». Una fuente afirma incluso que de su mano partió una de las piedras que mataron al emperador. El príncipe participó en primera línea en la expulsión de los españoles de Tenochtitlán, durante la llamada Noche Triste.

Tras la muerte de Moctezuma, los nobles aztecas eligieron emperador a su hermano Cuitláhuac, pero éste murió ochenta días más tarde, víctima de la viruela. En busca de un líder fuerte y decidido, en septiembre de 1520 los aztecas eligieron como sucesor a Cuauhtémoc. El nuevo tlatoani se preparó para defender su capital de la contraofensiva de Cortés, que comandaba un ejército formado por 900 españoles y 150.000 aliados. Ordenó hacer más profundas las acequias, izar los puentes que unían la ciudad a tierra firme y hacer acopio de armas y víveres para llenar los silos de Tenochtitlán.

 

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Esta lámina del Lienzo de Tlaxcalla muestra a Cortés sentado y con un llamativo penacho de plumas; tras él a Marina, su amante y traductora, y a Cuauhtémoc, que le presenta su rendición. En lo alto de la imagen se lee una frase en lengua nahua: yc paliuhque mexica, «Con esto se acabaron los mexicas».

Se reunió con tarascos y tlaxcaltecas, sus eternos enemigos, para apelar a la unidad indígena frente al extranjero y ofreció a sus tributarios importantes ventajas fiscales a cambio de su lealtad. Cuando Cortés se aproximó a la ciudad, Cuauhtémoc rechazó todas las ofertas de rendición e incluso hizo ejecutar a dos hijos de Moctezuma partidarios de la negociación.

UNA DEFENSA ENCARNIZADA

A pesar de todos los preparativos llevados a cabo por Cuauhtémoc, nada impidió que los españoles pusieran sitio a Tenochtitlán y la bloquearan gracias a los bergantines que construyeron para navegar por la laguna que rodeaba la ciudad. Esto obligó a Cuauhtémoc y los suyos a retirarse a Tlatelolco, donde «de hambre y sed morirían, porque no tenían que beber sino agua salada de la laguna». En poco tiempo, la situación se volvió desesperada y así lo comunicó Cuauhtémoc a sus generales, pero éstos resolvieron seguir con la guerra. El tlatoani les advirtió que «en adelante ninguno osase demandarle paces o lo mataría».

 

A finales de julio de 1521, la suerte de Tenochtitlán estaba echada. Los templos ardían, los cadáveres llenaban las calles y los indígenas que combatían junto a Cortés hacían estragos entre los odiados mexicas. Pese a ello, Cuauhtémoc seguía decidido a no rendirse, hasta que el 13 de agosto, cuando los españoles y sus aliados dieron el asalto final a Tlatelolco, trató de escapar en una canoa junto con su familia y algunos altos dignatarios para proseguir la lucha en otro lugar. Sin embargo, los españoles divisaron a lo lejos la canoa en la que huía el emperador y le cortaron el paso con un bergantín, ante lo cual Cuauhtémoc, «viendo que era mucha la fuerza de los enemigos, que le amenazaban con sus ballestas y escopetas, se rindió».

Cuauhtémoc fue llevado a presencia de Cortés, que había asistido a la batalla final desde una azotea donde había colocado una tienda carmesí. Allí el tlatoani exclamó ante el conquistador: «¡Ah capitán! Ya yo he hecho todo mi poder para defender mi reino y librarlo de vuestras manos, y pues no ha sido mi fortuna favorable, quitadme la vida, que será muy justo, y con esto acabaréis el reino mexicano». Cortés quiso tranquilizarlo y le ofreció reconocerlo como emperador a cambio de que en lo sucesivo le entregara el tributo señalado; los aztecas reconstruirían la ciudad y seguirían con su vida.

A finales de julio de 1521, la suerte de Tenochtitlán estaba echada. Cuauhtémoc seguía decidido a no rendirse, hasta que el 13 de agosto, cuando los españoles y sus aliados dieron el asalto final a Tlatelolco, trató de escapar en una canoa junto con su familia y algunos altos dignatarios para proseguir la lucha en otro lugar.

Pero los hechos desmentirían enseguida aquellas palabras. Aunque Cuauhtémoc siguió siendo en teoría gobernador de Tenochtitlán, sus poderes fueron transferidos a un primo suyo más dócil, Tlacotzin. Cortés consideraba al último tlatoani un «hombre bullicioso» y temía que organizara un alzamiento, por lo que ordenó mantenerlo prisionero en Coyoacán, cerca de Tenochtitlán, donde él mismo residía.

¿DÓNDE ESTÁ EL ORO?

Los conquistadores tenían la vista puesta en el oro, y particularmente en el tesoro que habían dejado en Tenochtitlán tras su huida durante la Noche Triste. Ya al día siguiente de la caída de la capital, Cortés se reunió de nuevo con Cuauhtémoc para preguntarle dónde lo había ocultado. Algún tiempo después, el conquistador volvió a interrogar al emperador derrocado, y esta vez decidió someterlo a tortura para arrancarle una confesión. Lo ataron a un poste y metieron sus pies, tal vez también sus manos, en aceite hirviendo.

 

Al ver que su primo, el señor del Estado aliado de Tacuba, le suplicaba con la mirada que confesara, Cuauhtémoc «lo miró con ira y le preguntó si estaba él en algún deleite o baño». Finalmente explicó que, poco antes de la caída de la ciudad, los dioses le habían revelado que el fin de Tenochtitlán era inevitable, tras lo que ordenó arrojar todo el oro a un pozo en la laguna. Los buceadores españoles, sin embargo, no encontraron allí nada de valor.

En octubre de 1524, Cortés salió de Tenochtitlán en dirección a Honduras para reprimir la rebelión de otro conquistador, Cristóbal de Olid. Se llevó consigo al tlatoani y sus principales a fin de evitar una insurrección en México. Durante el viaje, un noble de Tlatelolco contó a Cortés que Cuauhtémoc se quejaba de que «estaban desposeídos de sus tierras y señoríos y mandaban los españoles y que le parecía buen remedio matar a Cortés y a los que con él iban». El 28 de febrero de 1525, Cortés ordenó que interrogaran por separado a Cuauhtémoc y al señor de Tacuba y «sin haber más probanzas los mandó ahorcar. Y fue esta muerte que les dieron muy injustamente dada, y pareció mal a todos», sentenció el cronista Díaz del Castillo.

 

 

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El faraón seqenenre-taa II fue ejecutado tras ser capturado en combate

Publicado por El hijo del Ahuizote en 21st febrero 2021

Un estudio radiológico sobre la momia del rey Seqenenre-Taa II, cuyos resultados acaban de publicarse, sugiere que este antiguo monarca murió asesinado tras ser hecho prisionero en el campo de batalla.

Faraón seqenenre-taa II

Faraón seqenenre-taa II

ATADO Y GOLPEADO EN LA CABEZA

La tomografía computarizada (TC) realizada a los restos momificados de Seqenenre ha revelado nuevos detalles sobre las graves lesiones de su cabeza, incluidas algunas previamente no detectadas que los embalsamadores habían logrado ocultar con habilidad. Los autores de este estudio, Sahar Saleem, profesora de radiología en la Universidad de El Cairo, y el famoso egiptólogo Zahi Hawass, ofrecen una detallada interpretación sobre los acontecimientos que pudieron haber tenido lugar antes y después de la muerte del rey. Su hipótesis se basa en las imágenes de rayos X procesadas por computadora: según sus conclusiones, Seqenenre, efectivamente, luchó en el campo de batalla, pero sus manos estaban atadas a la espalda, lo que confirmaría que no murió combatiendo, sino que fue ejecutado posteriormente. «Esto sugiere que Seqenenre estaba realmente en primera línea con sus soldados arriesgando su vida para liberar a Egipto (y fue capturado)», según Saleem.

 

Seqenenre luchó en el campo de batalla, pero sus manos estaban atadas a la espalda, lo que significaría que no murió combatiendo, sino que fue ejecutado más tarde.

La investigadora está especializada en paleorradiología. Esta técnica emplea tecnologías de imágenes médicas para estudiar de forma no invasiva una sección transversal de restos arqueológicos, incluidas momias. Puede ayudar a determinar la edad de un individuo en el momento de su muerte, el sexo e incluso cómo murió esa persona. Por ejemplo, en este caso, las tomografías computarizadas, combinadas con otras pruebas, sugieren que la ejecución de Seqenenre fue llevada a cabo por múltiples atacantes, lo que los científicos pudieron confirmar al estudiar cinco armas diferentes usadas por los hicsos y que coincidían con las heridas que presentaba la momia del rey. «En una ejecución normal de un prisionero atado, se podría suponer que solo un asaltante ataca, posiblemente desde diferentes ángulos, pero no con diferentes armas. La muerte de Seqenenre fue más bien una ejecución ceremonial», afirma Saleem. El estudio de TC también ha determinado la edad de Seqenenre en el momento de su muerte: unos 40 años, la estimación más precisa hasta la fecha.

 

Momia faraon Seqenenre-Taa II Foto: Frontiers in Medicine

Momia Faraon Seqenenre-Taa II
                                             Foto: Frontiers in Medicine

 

DISIMULANDO LAS HERIDAS PARA EL MÁS ALLÁ

La tomografía computarizada también ha revelado detalles importantes sobre la momificación del cuerpo de Seqenenre. Por ejemplo, se ha visto que los embalsamadores emplearon un método bastante sofisticado para ocultar las heridas que deformaban la cabeza del monarca bajo una capa de material de embalsamamiento, de un modo similar a los rellenos que se utilizan en la cirugía plástica en la actualidad. Esto implicaría que la momificación tuvo lugar en un taller de momificación real y no en un lugar mal equipado, como se había creído hasta ahora.

Los embalsamadores emplearon un método bastante sofisticado para ocultar las heridas que deformaban la cabeza del monarca.

Saleem y Hawass han sido pioneros en el uso de la tomografía computarizada para estudiar las momias de faraones, sobre todo del Reino Nuevo, como Hatshepsut, Tutankhamón, Ramsés III, Tutmosis III y Ramsés II. Sin embargo, Seqenenre, según las evidencias y los resultados del estudio, parece haber sido el único de entre este ilustre grupo de gobernantes que murió en primera línea de combate.

Según Saleem, este estudio proporciona nuevos detalles y muy importantes sobre un aspecto fundamental en la larga historia de Egipto. «La muerte de Seqenenre motivó a sus sucesores a continuar la lucha para unificar Egipto y comenzar el Reino Nuevo». En efecto, su hijo Amosis logró expulsar a los hicsos de Egipto y fundar la dinastía XVIII, una de las más importantes de Egipto, entre cuyos miembros se cuentan faraones tan famosos como Tutmosis III, Amenhotep III o Akhenatón.

Carme Mayans

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El sueño de la diligencia a vapor

Publicado por El hijo del Ahuizote en 3rd enero 2021

El primer vehículo propulsado por un motor podía transportar hasta 12 pasajeros a 40 kilómetros por hora, pero, aunque causó sensación, no se vendió ni una unidad

L’OBÉISSANTE de Amédée Bollée

L’OBÉISSANTE de Amédée Bollée está expuesto actualmente en el Museo de Artes y Oficios de París

El sábado 9 de octubre de 1875, un vehículo propulsado por un motor de vapor y co- nocido como L’Obéissante recorrió los 230 kilómetros que separaban las ciudades francesas de Le Mans y París en 18 horas, paradas incluidas, todo un logro para la época. El automóvil, parecido a una diligencia, pero sin caballos y con una chimenea en la parte posterior, tenía 12 plazas, podía rodar a una velocidad máxima de 40 kilómetros por hora e incluso afrontar pendientes ascendentes de hasta un 12 por ciento.

L’Obéissante, el primer automóvil de vapor que fabricó Amédée Bollée (1844-1917), un fundidor de campanas e inventor francés, pesaba 4.800 kilos, tenía tracción trasera (dos motores de vapor, uno por cada rueda trasera), suspensión independiente en las cuatro ruedas y una caldera en la parte posterior.  Considerado el primer vehículo de tracción mecánica realmente funcional para el transporte de pasajeros por carretera, L’Obéissante era veloz y silencioso en comparación con los anteriores vehículos de vapor, torpes y lentos. Ofrecía una gran maniobrabilidad (de ahí su nombre, «El Obediente») y poseía algunas características propias de los automóviles del futuro: el conductor, sentado en la parte delantera, controlaba el volante y todos los dispositivos de conducción, mientras que de la alimentación de la caldera de vapor se ocupaba el chauffeur, sentado en la parte trasera.

Maravillosa precisión


L’Obéissante fue el primer vehículo privado con permiso para circular por París, donde causó sensación. El 17 de octubre de 1875,Le Figaro relataba así el paseo del ingenio por la capital
unos días antes: «Era un automóvil de vapor que no hacía ruido, se detenía de repente, girando a la derecha, a la izquierda y sobre sí mismo con
una maravillosa precisión. Los caballos de todos los carruajes que cruzaban la avenida parecían un poco sorprendidos, pero ninguno estaba asustado». Durante el trayecto acumuló infracciones porque el tráfico de automóviles aún no estaba previsto en el código de circulación de la época, aunque todo se solucionó cuando el prefecto de policía fue invitado a subir a bordo y recorrió los bulevares parisinos. El mundo científico felicitó a Bollée por su ingeniosa creación, pero desgraciadamente no recibió ningún pedido. El vehículo original se exhibe hoy en el Museo de Artes y Oficios de París.

No fue éste el único vehículo de vapor diseñado por el inventor de Le Mans. Bollée atribuyó el fracaso comercial deL’Obéissantea su excesivo peso, por lo que en 1878 diseñó un automóvil más ligero –2.750 kilos– y con menos plazas,La Mancelle. Tenía un solo motor colocado en la parte delantera y se considera que fue el primer automóvil del mundo producido en serie; se fabricaron unas 50 unidades. Tras éste, llegaron La Marie-Anne, un imponente tren de carretera de 20 toneladas capaz de remolcar unas 100 toneladas en llano; La Nouvelle, una versión mejorada deLa Mancelle, y La Rapide, un vehículo de seis plazas que alcanzaba casi 60 kilómetros por hora y cuya campana, colocada bajo la parte delantera del techo,es la precursora de las actuales bocinas.

En 1885 nació el automóvil moderno,cuando Kar lBenz patentó el motor de explosión interna –que sustituyó al motor de vapor, de combustión externa–,y Amédée Bollée abandonó su aventura automovilística. Sus hijos continuarían con la empresa, experimentando con la nueva tecnología,mientras él volvía a dedicarse únicamente a la fundición de campanas.

 

 

 

ALEC FORSSMANN
PERIODISTA

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La última comida de Hitler y sus gustos alimenticios: publican las memorias de Constanze Manziarly, la cocinera de los nazis

Publicado por El hijo del Ahuizote en 6th diciembre 2020

En un libro publicado recientemente, por primera vez se conoció la historia de una joven dietista austriaca, quien se encargaba de alimentar al dictador

 

BERLÍN (ALEMANIA) 05/12/2020.- Retrato sin fechar de Constanze Manziarly, la cocinera de Hitler prácticamente desconocida hasta ahora que trabajó a la fuerza para el dictador durante el último año del Tercer Reich. La última comida de Adolf Hitler antes de suicidarse fueron unos espaguetis con tomate que cocinó Constanze Manziarly, la joven dietista austriaca que revela, en cartas ahora publicadas, los problemas digestivos del dictador, los hábitos alimenticios de los nazis, y su miedo. EFE/Berlin Story Verlag/Dietrich

 

 

La última comida de Adolf Hitler antes de suicidarse fueron unos espaguetis con tomate que cocinó Constanze Manziarly, la joven dietista austriaca que revela, en cartas ahora publicadas, los problemas digestivos del dictador, los hábitos alimenticios de los nazis, y su miedo.

Manziarly trabajó a la fuerza para el líder nazi y desapareció semanas después del suicidio del dictador. Ahora, un libro recoge 18 cartas que la joven, prácticamente desconocida hasta hoy, escribió a su familia.

“Es interesante observar que hasta ahora sólo se ha podido obtener información limitada y fragmentaria sobre la joven del Tirol (Austria)”, explica en una entrevista con la agencia EFE el investigador y escritor del libro, Stefan Dietrich. “Ha sido un punto ciego en la literatura sobre Hitler”, asegura.

Las cartas que el autor austríaco recoge en “Constanze Manziarly: la última dietista de Hitler”, que acaba de publicar la editorial Berlin Story Verlag, estaban destinadas a su familia. En concreto, a su padre y a su hermana.

Fechadas desde el 3 de abril de 1943 hasta diciembre de 1944, en ellas la joven explica los “muy específicos” hábitos alimenticios de los nazis, los problemas crónicos de digestión del dictador, las situaciones de estrés que vivía a diario y que, sobre todo al principio, sentía mucho miedo.

En la primera de las cartas recuperadas por Dietrich ya se observa que Constanze no se sentía nada cómoda en su trabajo y que lo realizaba por obligación.

“La gente sigue diciéndome que es un privilegio esta misión, uno que miles de personas me envidian. ¡Oh, si supieran lo que hay en todo esto! Con qué gusto le entregaría todo a alguien con experiencia, alguien más apropiado, y recuperaría mi paz mental en su lugar”, escribe la joven austriaca.

En las primeras cartas, además, ya advierte de la censura a la que serán sometidas: “Por favor, tengan cuidado al escribir. Sin críticas, el correo es controlado de manera ordinaria”.

Interesada en la nutrición desde joven

Constanze Manziarly nació el 14 de abril de 1920 en Innsbruck (Austria), en una familia de clase media acomodada, con interés por la cultura y, en especial, por la música. La propia Constanze tocaba el piano y, de hecho, según explica Dietrich, debe su nombre a la que fue esposa de Mozart.

El escritor indica que, según su hermana –gracias a quien consiguió las cartas-, Constanze era tranquila, atenta, concienzuda, interesada en una gran variedad de cosas y bien educada. También que desde muy pequeña había mostrado interés en una vida sana y natural, centrada particularmente en el campo de la nutrición.

BERLÍN (ALEMANIA) 05/12/2020.- Carta escrita por Constanze Manziarly, la cocinera de Hitler que era prácticamente desconocida hasta ahora y trabajó a la fuerza para el dictador durante el último año del Tercer Reich. Ahora, el libro «Constanze Manziarly: la última dietista de Hitler», escrito por Stephan Dietrich y publicado en noviembre de 2020, recoge 18 de ellas. EFE/Berlin Story Verlag/Dietrich

Después de asistir al instituto femenino del convento de las Ursulinas y posteriormente pasar tres años en el Instituto Estatal de Profesiones Económicas de Innsbruck, con el objetivo de especializarse en el área de la cocina dietética, consiguió unas prácticas en el “Biologisches Kurheim” del Profesor Werner Zabel.

Era un hospital privado de Bischofswiesen cerca de Berchtesgaden, una localidad alemana próxima a Austria donde Hitler tenía su residencia de montaña.

Como señala Dietrich, el ingreso de Manziarly en la clínica del profesor Zabel supuso el comienzo de una cadena de acontecimientos que la catapultó, “desprevenida”, al entorno de Hitler.

Reemplazo de la dietista judía

El dictador conoció a Constanze cuando estaba en la clínica de Berchtesgaden. Según explica el investigador, Hitler acababa de despedir a su dietista tras descubrir que la ascendencia de su abuela era “cuestionable” y contenía “sangre judía”.

Esto ocurrió cuando el dictador y su comitiva se estaban trasladando de la “Guarida del Lobo”, su cuartel general cerca de Rastenburg en Prusia Oriental, al Berghof en la zona de Berchtesgaden el 25 de marzo de 1944.

Como Dietrich indica, “lo más obvio” era recurrir al “Kurheim” (centro de reposo) del profesor Zabel. Este fue quien le asignó a Constanze Manziarly la preparación de la dieta y las comidas a Hitler.

Al poco de empezar este trabajo, escribe en una carta del 3 de abril de 1944, que lo que más “le desgasta” es la enorme carga de responsabilidad que tenía que llevar.

“Usaré esta pausa para almorzar para desahogar mi corazón. Las cosas han resultado similares a lo que había sospechado todo el tiempo la semana pasada pero no creía que pasaría: debido a las instrucciones de ‘allá arriba’ para el profesor Zabel y para mí, tendré que quedarme y llevar a cabo mis deberes, ya sabes lo que quiero decir, mientras él esté aquí. Esto puede ser 14 días, o algunos meses, o medio año, nadie lo sabe”, escribe Constanze.

Según señala el escritor, fue a principios de julio de 1944 -cuando el cuartel general estaba a punto de volver a trasladarse a la “Guarida del Lobo”- cuando se le preguntó a Constanze si estaba dispuesta a unirse al personal.

Obligada a servir

En esa primera carta ya se habla que Manziarly no tuvo libertad de elección para rechazar el puesto al servicio de Hitler.

Cualquier objeción sería completamente inútil y, en el peor de los casos, podría terminar en un tribunal (…). Por el momento, lo único que hay que hacer es aceptar la situación; esto no es fácil para mí”.

Aunque la joven austriaca tenía la “esperanza” de trabajar solo hasta otoño para Hitler, en la carta del 27 de julio -enviada desde la “Guarida del Lobo”- les confirma que se tendrá que quedar indefinidamente.

Shutterstock (872256cj) Adolf Hitler y Joseph Goebbels, Stuttgart, Alemania

 

 

“¡Mis queridos! Ahora se ha decidido definitivamente que me quedaré aquí. El Führer lo ha querido así y todas las demás consideraciones se han vuelto irrelevantes. No se imaginan lo difícil que es para mí informarles de que no podré ir a verlos en un futuro próximo”, explica Constanze.

Desde esa fecha hasta la muerte del dictador, Dietrich explica que Constanze Manziarly formó parte del exclusivo círculo íntimo de Hitler. Se convirtió en su dietista y se dedicó a prepararle los menús, compartió sus comidas, participó en sus sesiones nocturnas de té, lo felicitó en su último cumpleaños y en su boda y, finalmente, estuvo en el búnker durante su suicidio.

La última comida

Según explica Dietrich, el 30 de abril se le ordenó que, como de costumbre, preparara el almuerzo. Lo que Constanze cocinó fueron unos espaguetis “con una ligera salsa de tomate” que Hitler comió junto a ella y sus dos secretarias.

El escritor explica a EFE que una de ellas, Traudl Junge, escribió en su diario que se le indicó a Constanze que, después del suicidio, preparara una cena como si fuera para Hitler con la intención de ocultar la muerte de este.

“Con los ojos llenos de lágrimas, la joven Fräulein Manziarly está sentada en un rincón. Tuvo que preparar la cena para el Führer este 30 de abril, como de costumbre, para que su muerte se mantuviera en secreto. Pero nadie se comió los huevos fritos y el puré de patatas”, se puede leer en las memorias de Junge.

Sin embargo, Dietrich indica a EFE que, según sus investigaciones, debe tratarse de un error. Explica que, desde fuera, nadie habría notado si Constanze estaba preparando puré de patatas o no.

El final de Constanze

Horas después del suicidio de Adolf Hitler y su mujer, el investigador señala que un sentimiento de incertidumbre y de “no saber qué hacer” se instaló en el búnker. Aunque no hay cartas de esa época, Dietrich afirma que la última vez que se vio a Constanze Manziarly fue el 2 de mayo de 1945 y que en los siguientes años no aparecieron pistas sobre su paradero.

Explica que, según su investigación, las suposiciones sobre su destino se reducen a dos posibilidades: o suicidio, o asesinato al haberse encontrado con soldados rusos. No obstante, señala que hay autores que apuestan que escapó a Latinoamérica.

 

 

FUENTE: https://www.infobae.com/america/mundo/2020/12/05/la-ultima-comida-de-hitler-y-sus-gustos-alimenticios-publican-las-memorias-de-constanze-manziarly-la-cocinera-de-los-nazis/

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localizados en pompeya los cuerpos de dos hombres que huían de la erupción del vesubio

Publicado por El hijo del Ahuizote en 27th noviembre 2020

Durante unas excavaciones en una villa suburbana en Civita Giuliana, los arqueólogos han hallado los restos de dos hombres que murieron en el año 79 d.C. a causa de la catastrófica erupción del monte Vesubio que sepultó Pompeya. Los moldes de los cuerpos han revelado numerosos datos sobre estos individuos que no pudieron escapar de su terrible destino, como su edad y la relación que les unía.

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La Infame Brigada SS «Dirlewanger»

Publicado por El hijo del Ahuizote en 15th noviembre 2020

s matanzas perpetradas por las Waffen-SS en el frente oriental fueron de una brutalidad extrema, pero hubo una unidad cuyos excesos lograrían incluso escandalizar al cuartel general de Hitler: la SS Sturmbrigade «Dirlewanger«. La extrema barbarie y depravación de esta unidad de las SS sólo fue comparable a la del R.O.N.A. de Bronislav Kaminski (también conocida como «Brigada Kaminski»).

Sus orígenes están en una estrambótica sugerencia que le hicieron a Hitler, en el sentido de que una unidad formada con cazadores furtivos convictos tendría los conocimientos de la vida al aire libre idóneos para la lucha antipartisana. El dictador nazi aprobó la idea, y el 15 de junio de 1940 se formó una pequeña compañía penitenciaria llamada «Mando de Furtivos Oranienburg», constituida por criminales civiles y militares comunes (no presos políticos) de toda ralea reclutados en varias prisiones y campos de concentración. En septiembre, con unos 300 efectivos, recibió material de la SS-Totenkopfverbände y fue rebautizada como «Batallón Especial de las SS Dirlewanger», llamado así por el comandante al que se le había encargado su formación, el SS-Oberführer Oskar Dirlewanger.

Nacido en la ciudad bávara de Würzburgo en 1895, este infame tipejo (la prueba evidente de que la cara es el espejo del alma, como se puede observar en la fotografía de aquí arriba) había luchado en la Primera Guerra Mundial, donde fue herido y condecorado. Luego se doctoró en Ciencias Políticas, y en 1923 se afilió al NSDAP. Aunque trabajaba como maestro, era un completo degenerado, dado a la bebida y a los escándalos. Los historiadores e investigadores coinciden en describirlo como un asesino psicópata, sádico, pedófilo y con tendencias necrófilas.  Así, Chris Bishop, lo define como «el hombre más malvado de las SS», mientras que de acuerdo con Timothy Snyder«en todos los teatros de operaciones de la Segunda Guerra Mundial, muy pocos pudieron rivalizar en crueldad con Oskar Dirlewanger». Lo que viene a ser un grandísimohijodelagranputa de marca mayor, vamos.

En 1934 fue condenado a dos años de cárcel por violar a una menor de 14 años, perdiendo su trabajo, su título de doctor, sus condecoraciones honores militares y siendo además expulsado del Partido Nazi. Reincidió a las primeras de cambio en cuanto salió en libertad, siendo acusado de cargos similares y fue enviado a un campo de concentración. Sin embargo, contaba con la protección de un antiguo camarada de la Gran Guerra y del Freikorps ahora muy bien situado, el jefe de reclutamiento de las SS, el SS-Obergruppenführer Gottlob Berger (que además era íntimo amigo de Heinrich Himmler), quien salió en su rescate, logró que lo reinstauraran en la reserva de las SS y le envió a España a luchar en las filas de la Legión Condor, donde permaneció entre 1936-1939. Después, Berger (en la fotografía sobre éste párrafo) le consiguió que fuese nombrado Obersturmführer (teniente) en las Waffen-SS. Igualmente, consiguió que fuera readmitido en el NSDAP, le fuera devuelto su título de doctor, así como la autorización para formar esa unidad de «furtivos» en Oranienburg, el cuartel general de la SS-Totenkopfverbände.

En octubre de 1940, la unidad fue enviada a la Polonia ocupada para tareas de seguridad; los informes de atrocidades empezaron casi de inmediato y continuaron durante todo 1941, año en que la unidad fue empleada para luchar contra los partisanos. El batallón convirtió la ciudad polaca de Lublin en habitual escenario de saqueos, incendios, asesinatos, violaciones y atrocidades sin límite. Cientos de aldeas y poblados fueron incendiadas y sus habitantes aniquilados. Entre las barbaridades cometidas por la chusma de Dirlewanger – quien al parecer se paseaba con su mascota, un pequeño primate, sobre los hombros, mientras dirigía sus matanzas – estaba inyectar estricnina a sus víctimas femeninas, tras haberlas desnudado y golpeado previamente, y observarlas, junto a sus oficiales, convulsionar hasta la muerte como simple entretenimiento. Los informes sobre su lucro personal y las barbaridades cometidas en Polonia incluso atrajeron la atención de un fiscal de las SS, Conrad Morgen, que inició una investigación sobre sus siniestras actividades, pero su amistad con Gottlob Berger, le protegió incluso del SS-Obergruppenführer Friedich Krügerjefe superior de las SS y la Policía en Polonia.

Así que, gracias a sus amigos de alto rango, Dirlewanger y su banda de criminales – ahora un «Regimiento Especial de las SS» – fueron transferidos a Bielorrusia en enero de 1942. Nada más llegar se pusieron a reclutar personal local para las operaciones contra los partisanos, en las que serían empleados exclusivamente hasta noviembre de 1943, cimentando la bárbara y cruel reputación que traían de Polonia. Se estima que el regimiento asesinó al menos a 30.000 civiles durante su estancia en Bielorrusia, aunque otras estimaciones hablan de 120.000 muertos y 200 aldeas incendiadas. Parece ser que el modus operandi preferido de estos malnacidos (algunos de cuyos miembros parece ser que se ocultaban bajo máscaras, como se puede ver en la imagen bajo este párrafo) era entrar en los pueblos, reunir a todos sus habitantes y encerrarlos en un granero, para después incendiarlo, acribillando con  ametralladoras a todo aquel que tratara de escapar de las llamas y el humo. También utilizaron a civiles como escudos humanos o los hacían caminar sobre campos minados.

Pese a su pésima notoriedad, la unidad fue expandida a dos batallones en agosto de 1942, y Dirlewanger, «para más inri», fue condecorado por su «valor», en mayo y octubre. En mayo de 1943, la unidad fue autorizada a llevar parches de cuello y divisas de empleo (algo insólito en unidades penitenciarias). El concepto original de ser una formación de cazadores furtivos había desaparecido para siempre: ahora se aceptaba a granujas de todo pelaje y de la peor calaña – psicópatas, violadores, asesinos… bien fueran alemanes o extranjeros, militares o civiles – y en marzo de 1943 se ofreció el servicio en la unidad como medio de redimir y conmutar penas. Con semejante personal entre sus filas no es raro que llegase a haber tiroteos entre «soldados» rusos y lituanos, teniéndose que imponer la disciplina por los métodos más brutales, incluso con los oficiales. En ocasiones, las operaciones antiguerrilla a gran escala costaron a la unidad muchas bajas (unas 300 entre febrero agosto de 1943), y se autorizó la formación de un tercer batallón.

Entre noviembre y diciembre de 1943, el regimiento se vio en primera línea de fuego, encuadrado en el Grupo de Ejércitos Centro, y padeció todavía más bajas, quedando reducido a 260 hombres. Dirlewanger fue nuevamente «recompensado» con la Cruz Alemana en Oro, la segunda condecoración en importancia después de la Cruz de Caballero. Su regimiento de presidiarios fue reconstituido a primeros de 1944 con convictos sacados de los penales militares alemanes y para febrero tenía 1.200 hombres, a los que se sumaron otros 800 en abril. A las misiones contra los partisanos en Bielorrusia, en mayo y junio, siguieron combates de retaguardia durante la retirada a Polonia en julio, a resultas de la Operación Bagration del Ejército Rojo.

En agosto de 1944, como había sucedido con los renegados rusos de Kaminski, los incontrolables convictos de Dirlewanger escalaron las más altas cumbres de la abyección cuando fueron requeridos para aplastar la sublevación de Varsovia. Participaron en la masacre de Wola, en la que, en tan sólo 2 días, al menos 40.000 civiles fueron asesinados. En ese distrito de la capital polaca, quemaron tres hospitales con sus pacientes dentro, mientras que a las enfermeras, las golpearon y violaron brutalmente, ahorcándolas después desnudas, junto a los médicos y doctores. Completamente borrachos se abrieron paso por la Ciudad Vieja bebiendo, violando y asesinando, ensañándose con combatientes y civiles por igual, sin distinciones de edad o sexo. Irrumpieron en otro hospital en el que los pacientes fueron acribillados y abrasados con lanzallamas y las enfermeras, violadas y asesinadas. La «Brigada Dirlewanger» quemó vivos a prisioneros (incluso menores de edad) – se dice, que a veces les cortaban los brazos, los empapaban de gasolina y tras prenderles fuego, se divertían viéndolos correr por las calles de Varsovia -, violó a niños, empalaban bebés con bayonetas o los tiraban por las ventanas, colgaban a mujeres en los balcones de las casas…. Se dijo que un oficial de estado mayor enviado a llevar a Dirlewanger ante el general en jefe de la operación, el SS-Obergruppenführer Von dem Bach-Zelewski, fue despachado a punta de pistola. Al menos otros 30.000 civiles fueron masacrados en la Ciudad Vieja. Pero, a diferencia de KaminskiDirlewanger no fue ejecutado por sus atrocidades, sino que le fue concedida la Cruz de Caballero.

A finales de agosto estalló una revuelta en Eslovaquia; en septiembreBerger fue nombrado jefe superior de las SS y la Policía en ese territorio, y en octubre logró que le transfiriesen la unidad de su protegido. El regimiento de Dirlewanger (debilitado por los ataques aéreos de camino a Eslovaquia) entró en combate contra los rebeldes eslovacos en Biely Potok, Liptovska Osada Treicy y, aunque tuvo éxito, empezó a sufrir deserciones. En noviembre de 1944, se permitió que algunos de sus miembros pudiesen pasar a otras unidades de las Waffen-SS, al tiempo que el regimiento fue convertido en una brigada mediante la incorporación de más criminales.

En febrero de 1945, mientras estaba estacionada en Hungría, la unidad fue rebautizada «36. Waffen Grenadier Division der SS«, aunque en realidad nunca tuvo los efectivos, ni de lejos, para ser una división. Ese mes, Dirlewanger regresó a Alemania para someterse a tratamiento hospitalario y fue sustituido por Fritz Schmedes. La división se vino abajo durante la ofensiva soviética de primavera, en abril de 1945, y muchos hombres desertaron antes de quedar atrapados en la Bolsa de Halbe. El 29 de abril, algunos elementos de la división fueron capturados por los soviéticos al sureste de Berlín, y pasados por las armas de forma sumaria. Unos pocos lograron entregarse a las fuerzas estadounidenses.

Cuando acabó la guerra, los franceses detuvieron a Dirlewanger en Altshausen (Alemania), mientras vestía con ropas de civil y se ocultaba bajo una identidad falsa. Al parecer, lo entregaron a unos soldados polacos, quienes, al descubrir su identidad, le dieron a probar de su propia medicina: lo torturaron durante varios días y acabaron a golpes con su miserable vida en torno al 4-5 de junio de 1945. Aunque corrieron muchos rumores acerca de su suerte – se pensó que había conseguido huir – el análisis de sus restos en 1960 confirmó su muerte.

Fuentes:

http://blitzkrieg2gm.blogspot.com/2013/01/la-infame-brigada-ss-dirlewanger.html Originalmente publicado en este blog
Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: «Las Legiones de Voluntarios y otras Divisiones de las SS: de la 24ª a la 38ª» de Gordon Williamson
http://en.wikipedia.org/wiki/Oskar_Dirlewanger
«10 Villanos de la II Guerra Mundial» por Jesús Hernández. Revista «Muy Historia» nº 45

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¿Cuál fue el destino de los mayas que no fueron conquistados?

Publicado por El hijo del Ahuizote en 1st noviembre 2020

Recientes descubrimientos arqueológicos revelan el pasado de los mayas lacandones, que huyeron de los españoles y sobrevivieron en la selva durante cientos de años.

Hace unos 550 años, las últimas grandes ciudades-estado de la civilización maya que habían prosperado en el continente americano durante siglos llegaron a su fin. Cuando la sequía y la guerra destrozaron el tejido social y político, y los conquistadores españoles se apropiaron de la tierra de los mayas para crear plantaciones subyugando a los mayas para que trabajaran en ellas, muchos de los residentes de las históricas ciudades de piedra, como Yaxchilán y Palenque, huyeron hacia el campo en busca de una vida mejor. Finalmente, fundaron toda una serie de nuevas culturas mayas. Algunos de ellos, los conocidos como los mayas lacandones, se establecieron en los bosques que rodean al lago Mensabak, en Chiapas, un estado del sur de México. Sus descendientes siguen viviendo en esta región. Son los llamados Hach Winik, «verdaderos hombres» en maya yucateco.

Durante décadas, los antropólogos pensaron que los lacandones actuales eran una especie de cápsula del tiempo, un grupo maya que sobrevivió al colapso y a la posterior conquista española, sin sufrir cambios durante cientos de años. Sin embargo, durante la década de 1980, cuando los investigadores aprendieron más cosas sobre los lacandones, empezó a quedar claro que este no era el caso. Aunque incorporan elementos de la cultura maya clásica, la forma de vida lacandona es distintiva.

Durante los últimos 17 años, los arqueólogos Joel Palka, de la Universidad Estatal de Arizona, y Fabiola Sánchez Balderas, presidenta de Xanvil, una organización que estudia y fomenta la cultura maya, han estado colaborando con los mayas lacandones modernos para aprender todo lo posible sobre el nacimiento de esta cultura y comprender cómo se adaptaron sus antepasados a un mundo que fue remodelado drásticamente por fuerzas que estaban fuera de su control. Las excavaciones que realizaron en varios lugares alrededor del lago Mensabak son las primeras que exploran el pasado de los lacandones. La investigación está aportando una imagen detallada de las vidas de los mayas que sobrevivieron al colonialismo y que continuaron con las tradiciones de sus antepasados mientras desarrollaban costumbres, creencias y estrategias de supervivencia propias.

El paisaje sagrado del lago Mensabak contiene docenas de lugares espiritualmente importantes. Uno de los más significativos es un risco de roca caliza que se cree es tanto el hogar de Mensabak (el dios de la agricultura y la lluvia) como la puerta de entrada al cielo de Mensabak, donde van los lacandones cuando mueren.

En la base del risco se encuentra un santuario de huesos que contiene los restos de personas que pudieron ser algunos de los primeros lacandones. Los cráneos tienen frentes aplanadas y se formaron en dos lóbulos separados durante las primeras etapas de la infancia cuando el hueso era aún flexible.

Junto a los huesos se encuentran vasijas de arcilla adornadas con las caras de los dioses. De cada una de estas vasijas rebosa una sustancia alquitranada que se obtiene cuando se quema la resina de las vainas de semillas de los árboles de copal mientras se entonan unas plegarias por encima del humo aromático. Los arqueólogos han trazado una conexión directa entre estas vasijas y los incensarios, una elaborada cerámica que el pueblo maya utilizó para realizar ofrendas a sus dioses durante 3000 años. Este es uno de los muchos ejemplos de continuidad cultural entre los lacandones y los antiguos mayas.

Los lacandones no estaban aislados en esta zona del sur de México; parece ser que lucharon extensamente con grupos mayas vecinos. Las excavaciones realizadas en un sitio llamado Tzibana en el lado este del lago están revelando cómo los lacandones defendieron su territorio. Allí, entre las ruinas de la aldea, los arqueólogos han encontrado rastros de una pared defensiva que se construyó entre dos pirámides que forman un paso estrecho en el paisaje. Construido a base de pedazos de piedra caliza, el muro tiene unos pocos metros de alto. Uno de los miembros del equipo, Josuhé Lozada Toledo, del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México, cree que los guerreros se situaban sobre la pared tras una empalizada de madera más alta que les ofrecía resguardo mientras luchaban con lanzas y jabalinas. En la ladera situada por debajo de la pared se sembraron plantas de piñuela, una especie de maguey que posee espinas agudas en los bordes de sus hojas; formaron así una especie de alambrada de púas natural. Puede que Tzibana fuera la primera línea de defensa contra los atacantes que venían del este.

 

Los residentes de la ciudad se trasladaron al campo, no solo en busca de tierras de cultivo y agua para el riego, sino también de lugares en los que hubiera fuerzas espirituales que creían que les protegerían de un mundo que albergaba enemigos en todas direcciones. «No fueron solo los recursos naturales, sino también los recursos sobrenaturales» lo que condujo a los mayas hasta el lago Mensabak, señala Joel Palka. Aquí se pueden encontrar pruebas de que la religión era una fuerza impulsora en la sociedad de los lacandones. Pinturas rupestres de dioses y de animales espiritualmente significativos adornan los riscos calizos de Tzibana y otros sitios cercanos al lago.

Una serpiente en la base de los riscos de Tzibana se parece a la deidad azteca en forma de serpiente emplumada conocida como Quetzalcoatl, lo que, según Panka, puede ser un reflejo de la influencia de los aztecas sobre los lacandones.

El cerro del Mirador es, según los lacandones, un puente entre el inframundo (representado por el lago), el mundo de los vivos (representado por la tierra) y los cielos (representado por el cielo). Creen que aquí vive el dios Chak Aktun. Palka señala que esta montaña que surge de las aguas de un lago es una versión natural del altépetl («montaña de agua»), un concepto que constituyó la base de las comunidades mayas y aztecas.

Las pirámides-templo que dominaban sus ciudades de piedra eran altepetles creados por el hombre. Hace unos 2000 años, los antiguos mayas aplanaron la cima del Mirador y construyeron allí un enorme templo sobre la plataforma. El equipo también ha encontrado restos de terrazas que pudieron formar parte de una ruta de peregrinaje que subía por la montaña hasta el templo, donde los visitantes hacían ofrendas a Chak Aktun para gozar de buena salud y para obtener cosechas abundantes.

Las familias viven en una aldea en el extremo sur del lago en la que hay dos iglesias, un edifico administrativo donde una pequeña unidad de policía tiene su sede, cuatro tiendas que venden artículos de primera necesidad y snacks y un nuevo centro de información turística. Cultivan alimentos para su propio consumo en los campos cercanos, llamados milpas. Un camino de gravilla conecta la aldea con el mundo exterior más allá de la selva tropical. El Gobierno mexicano catalogó el territorio que rodea el lago como Área de Protección de Flora y Fauna de Metzabok, lo que confiere a la tierra algo de protección legal que ayuda a que el pueblo lacandon mantenga su forma de vida. También reciben un ingreso del Gobierno mexicano para que cuiden el área protegida. Rafael Tarano, al igual que sus antepasados que se asentaron en esta zona después de la llegada de los españoles, cree que la religión es esencial para afrontar cualquier desafío que les depare el futuro. «No sé cuál es el auténtico dios, si Hesuklisto [Jesucristo] o Hachakyum, pero, en los malos tiempos, o crees o mueres», señala.

Tarano aprendió de niño las historias de los dioses Lacandones, desde Mensabak y Chak Aktun hasta Hachakyum (el creador supremo) y Akyantho (dios de los extranjeros y la tecnología). También aprendió cómo realizar las ofrendas tradicionales en los sitios sagrados que rodean el lago. Pero los tiempos han cambiado, y los lacandones han cambiado con ellos. Ya nadie realiza ofrendas, señala Tarano. Toda la comunidad (unas 19 familias en total) o se han convertido al cristianismo evangélico o no practican religión alguna, explica Fabiola Sánchez Balderas.

Zach Zorich

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