Historias de la Historia

Anécdotas y Curiosidades del pasado

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280 a.c. : Primera guerra greco-romana.

Publicado por El hijo del Ahuizote en 19th Marzo 2017

280 a.c. : Primera guerra greco-romana.

 

Magna Grecia.

A finales del siglo IV a.c., las ciudades griegas del sur de Italia que integraban la llamada Magna Grecia comenzaron a sentir la presión del nuevo poder que surgía en el centro de la península itálica: Roma.

Tarento, ciudad grande y prospera que ejercía una especie de protectorado sobre las demás poblaciones griegas, había firmado en el 303 a.c. un tratado con Roma, por el que se vetaba al ejercito romano rebasar el cabo lacinio (colonna), junto a la ciudad de Crotona.

En el 282, Thurii, ciudad griega situada sobre la suela de la bota italica, pidió ayuda a Roma contra las incursiones de las tribus italianas de la zona de lucania, que aun eran independientes.

 

Los romanos respondieron rápidamente al pedido de Thurii y aprovecharon para ocupar la ciudad.

Los tarentinos, consternados por la aparición de un contingente romano en la Magna Grecia se decidieron a actuar.Cuando una flota romana compuesta de diez barcos pequeños apareció ante la costa tarentina, hundieron todos los barcos y exterminaron a todos los tripulantes. A continuación, expulsaron a la guarnición romana que se había establecido en Thurii.

Roma todavía no estaba aun preparada para  luchar en el sur de Italia, seguía teniendo problemas con los galos en el norte, así que por el momento intentaron arreglar el asunto por la vía diplomática.

Enviaron delegados a Tarento para concertar una tregua y pedir la devolución de Thurii. Los enviados romanos no hablaban bien griego, y los tarentinos se rieron de ellos por ese motivo.

Y cuando la delegación romana abandonaba el lugar de la reunión, un niño de la multitud orino sobre la toga de uno de los enviados romanos.

El enviado romano proclamo amenazadoramente que esa mancha seria lavada con sangre. Volvió a Roma y mostro la toga manchada al senado.Este, lleno de cólera e indignacion, declaro la guerra a Tarento en 281 a.c.

Los tarentinos empezaron a preocuparse seriamente. No tenían la capacidad de defenderse por si mismos. Poco dispuestos a soportar la dureza de la vida militar, desde hacía mucho tiempo confiaban su defensa a ejércitos de mercenarios procedentes de grecia.Y a Grecia se dirigieron para solicitar ayuda.

Mientras los romanos combatían a los samnitas durante medio siglo, Alejandro Magno, el hijo de Filipo de Macedonia llevaba a cabo una de las más asombrosas hazañas militares de la historia. Con un pequeño pero magníficamente entrenado ejército que incluía la falange macedónica, Alejandro se paseo por toda el Asia menor y el imperio persa, ganando todas las batallas contra todos los enemigos que se le opusieron. Llevó la cultura griega a los desiertos de Asia central, a la frontera con la india, a Egipto, etc.Todo el impero persa quedo bajo su dominio.

Pero en 323 a.c., a la edad de 33 años, Alejandro murió en Babilonia. Solo quedaba para sucederle un hermano deficiente mental y un bebe. Ambos fueron rápidamente eliminados, y sus generales (diadocos) empezaron a disputarse el imperio.

Tras 20 años de lucha, el imperio de Alejandro quedo permanentemente dividido.

 

La principal parte de Asia, que incluía Siria, Babilonia y las regiones del este cayeron bajo la dominación del general Seleuco,cuyos descendientes gobernaron lo que mas tarde se llamo el imperio seleucida.

Egipto quedo en manos de otro diadoco,Tolomeo,cuyos descendientes gobernaron el Egipto tolemaico.

Y Asia menor quedo dividida en una serie de pequeños reinos.

Todos estos reinos estaban en el 281 a.c. firmemente establecidos, y para el comienzo de la guerra entre Roma y Tarento, estaba demasiado ocupados en pelear unos contra otros, así que no podían prestar ninguna ayuda a los tarentinos.Ademas,estaban demasiado lejos.

Un poco mas cerca estaba Macedonia, pero se hallaba muy debilitada, la vieja familia real macedónica había desaparecido y generales rivales combatian por su dominio. En el 281 a.c.,Macedonia se encontraba en total anarquía, y tampoco podía ayudar a nadie.

A esta anarquía en Macedonia contribuía activamente el reino de Epiro, situado sobre la frontera occidental de Macedonia.

 

Epiro era esencialmente un país montañoso e inhóspito,habitado por una coalicion de pueblos no-griegos (chaones,molosianos, thesprotianos ), pero estaban ampliamente helenizados, y hablaban y escribían en griego.La ganadería era su principal fuente de riqueza, con pocos y pequeños cultivos. Vivian mayormente en aldeas, y sus ciudades eran pocas y de pequeño tamaño.

Desde el año 295,gobernaba como rey en Epiro Pirro.

Orgullosos de su linaje ( se creía descendiente de Aquiles ) ,Pirro había demostrado sus dotes militares combatiendo en los ejércitos de Antigono y Demetrio, generales de Alejandro Magno.

 

Pirro,rey de Epiro.

Era, con diferencia, el mejor general griego de la época. Pirro había contribuido a la anarquía de Macedonia invadiéndola en el 286 para apoyar a Seleuco,Ptolomeo y Lisimaco a expulsar a Demetrio Poliorcetes del trono de Macedonia. Lisimaco y Pirro se repartieren el trono macedónico, pero a los siete meses Pirro fue expulsado, ya que los macedonios preferían como rey a Lisimaco, viejo compañero de Alejandro.

A él fue a quien los tarentinos pidieron ayuda. Epiro se encontraba a solo 80 kilómetros de la costa tarentina, Pirro era el mejor general y estaba ansioso de luchar.

Pirro acepto la propuesta tarentina rápidamente. Quería hacer en occidente lo que Alejandro había hecho en oriente ; establecer un imperio.

Y para ello además de sus soldados epirotas, tan buenos guerreros como los macedonios, recibió la colaboración de la misma macedonia, que aporto al cuerpo expedicionario cinco mil infantes y un grupo de caballería.

En la primavera de 280 a.c.,Pirro desembarco en Tarento con 20.000 soldados de infantería,2.000 arqueros,500 honderos,3.000 caballos y 20 elefantes.

Pirro se dio cuenta rápidamente que no podia contar en demasía con la ayuda voluntaria de las ciudades de la Magna Grecia.Los tarentinos habían prometido muchas tropas, pero realmente aportaron muy pocos hombres. Pirro trato con dureza a sus aliados, tratando a Tarento como una ciudad conquistada, para utilizarla como base de operaciones y aprovisionamiento. Cerró los teatros y los baños públicos y empezó a entrenar a los ciudadanos tarentinos, consiguiendo un refuerzo de unos 6.000 hoplitas.

A finales de aquel mismo año, Pirro marcho con su ejército en busca del ejército consular romano, buscando una llanura adecuada para desplegar sus falanges y sus elefantes.

Encontró el lugar adecuado en una llanura situada a mitad de camino entre Tarento y Thurii, en Heraclea.

Alli se iba  a producir el primer enfrentamiento militar entre la legion romana y la falange griega.

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Descubren nuevas evidencias de un templo de Ramsés II en El Cairo

Publicado por El hijo del Ahuizote en 18th Febrero 2017

Arqueólogos egipcios y alemanes han descubierto bloques y fragmentos de estatuas que pueden apuntar a la existencia de un templo del faraón Ramsés II en la zona de Heliopolis, actualmente ubicada en un barrio populoso de El Cairo, informó este martes el Ministerio de Antigüedades egipcio.

El jefe del departamento de Egiptología del Ministerio de Antigüedades, Mahmud Afifi, detalló en un comunicado que los restos fueron encontrados por casualidad en el área de Al Matariya, en el noreste de la capital egipcia.

Asimismo, un grupo de grandes bloques fue encontrado más al sur de los primeros restos y en ellos se ve a Ramsés II ungiendo a una divinidad. El nombre del faraón aparece con la variante muy poco común de “Paramessu”.

El codirector egipcio del equipo, Ayman Ashmaui, explicó en la nota que otros relieves demuestran que Ramsés II fue el que mandó construir el templo.

“Confirma la hipótesis de que Ramsés II tenía un especial interés por Heliopolis en las últimas décadas de su largo reinado de 70 años” durante la XIX dinastía (entre 1.295 y 1.186 a.C.), detalló Ashmaui.

Los recientes descubrimientos forman parte de las habitaciones más recónditas del templo, añadió el arqueólogo egipcio, mientras que el codirector alemán del proyecto, Dietrich Raue, informó de que también están excavando en el área sureste del recinto del templo.

Raue explicó que están desenterrando casas y talleres del periodo ptolemaico, cuando los griegos estuvieron presentes en Egipto (332 a.C.- 30 d.C). En este perímetro fueron encontrados amuletos y utensilios de metal.

En esta misma zona se encontraba el templo de Heliopolis, dios del Sol, uno de los mayores de Egipto, del que quedaron muy pocos vestigios ya que sus bloques y obeliscos fueron saqueados desde la época del Imperio Romano y durante las sucesivas dinastías musulmanas para construir edificios en las antiguas Roma, Alejandría y El Cairo.

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Coreanos en Normandía

Publicado por El hijo del Ahuizote en 5th Febrero 2017

Cuando la Wehrmacht invadió la URSS (“Operación Barbarroja”), se enorgullecía de su “pureza racial”. Sin embargo, pronto se encontró con la imperiosa necesidad de incorporar tropas de reemplazo, debido al gran número de bajas y al enorme territorio que tenía que conquistar, ocupar y controlar, lo que hizo que los alemanes abandonaran radicalmente esa clase de conceptos. Inicialmente, los denominados Volksdeutsche (alemanes raciales o étnicos) de Polonia y los de los Balcanes fueron forzados a presentarse “voluntarios”. Su clasificación exacta era la de Abteilung 3 der Deutschen Volkklits (Sección 3 de la lista de la raza alemana); significaba que a las personas así clasificadas se les concedía la ciudadanía alemana por un período de 10 años, siendo susceptibles de ser llamados a filas aunque sin poder ascender en el escalafón de mando.
Entre 1942 y 1943, se llevó a cabo un agresivo reclutamiento en los territorios ocupados de la Unión Soviética para la lucha contra el comunismo: las llamada Ostlegionen (también conocidas como Osttruppen y Ostbataillonen); cabe decir a este respecto que la validez de los reclutas que se presentaron voluntarios, al principio era bastante fiable, ya que los hombres procedentes de las repúblicas occidentales del imperio soviético suscribían la lucha contra el régimen de Stalin. Al iniciarse la retirada alemana, el número de voluntarios (Freiwilligen) decreció ostensiblemente a favor de la presencia de auxiliares (Hilfswilligen, comunmente conocidos como Hiwis) procedentes de los territorios ocupados y de los enormes contingentes de prisioneros de guerra capturados al Ejército Rojo. A principios de 1944, la Wehrmacht tenía “voluntarios” de Croacia, Hungría, Rumanía, Polonia, Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania, la Rusia Asiática, Rusia, Ucrania, Rutenia, las repúblicas musulmanas de la URSS, así como Cosacos del Volga, Tártaros de Crimea e incluso indios. Los llamados Ostbattalionen (o “Batallones del Este”), perdieron eficacia a marchas forzadas después de la derrota alemana en la crucial Batalla de Kursk. Posteriormente, fueron enviados a Francia para sustituir a las necesarias tropas alemanas allí destacadas.
En la playa Utah, el día del Desembarco de Normandía, el teniente Robert Brewer del 506º Regimiento de Infantería Paracaidista de la101ª División Aerotransportada norteamericana, capturó cuatro asiáticos que vestían el uniforme de la Wehrmacht. Nadie comprendía su idioma ni sabía que diablos hacían allí. Finalmente se supo que eran coreanos. Nada más y nada menos. Pero ¿cómo era posible que soldados coreanos estuvieran peleando en Francia, en la otra punta del planeta, en el bando de Hitler para defender las costas normandas de la invasión aliada? Cuenta Stephen E. Ambrose en su libro  “El Día D” que lo más probable es que hubieran sido reclutados forzosamente en el ejército  japonés en 1938 – Corea era entonces una colonia japonesa -, después capturados por el Ejército Rojo durante las guerras fronterizas contra Japón en 1939, y forzados a entrar al ejército ruso. Capturados después por la Wehrmacht en diciembre de 1941, en las afueras de Moscú, su periplo terminó en Francia, donde se les encomendó la defensa de la Muralla Atlántica.
No andaba nada desencaminado Ambrose. El soldado de la fotografía de aquí arriba es Yang Kyoungjong, nacido en Shin Wuijoo, en el norte de Corea, el 3 de marzo de 1920. Como he dicho antes, Corea era entonces una colonia japonesa – y Yang, como muchos otros jóvenes coreanos fue reclutado a la fuerza por el ejército japonés, el Kwantung, en 1938 y enviado a Manchuria. Durante la Batalla de Khalkin Gol, la poco conocida (pero fundamental) batalla entre los japoneses y los soviéticos en Mongolia en 1939, fue capturado por el Ejército Rojo y enviado a un gulag. No obstante, no pasó mucho tiempo hasta que se vio involucrado en otra guerra, cuando los alemanes invadieron la URSS en 1941 y el ejército soviético, necesitado de tropas, lo reclutó forzosamente junto a otros miles de prisioneros, enviándolo a luchar contra los alemanes. En 1943 fue capturado de nuevo, esta vez por los alemanes en Ucrania durante la 3ª Batalla de Jarkov, y pasó a formar parte de las Osttruppen de la Wehrmacht que fueron destinados en Francia, en la península de Cotentin, para defender las costas francesas de las fuerzas aliadas de invasión. Su última derrota la vivió, vistiendo un uniforme alemán, cuando fue hecho prisionero por los americanos en Utah Beach, el 6 de junio de 1944. Después de pasar un tiempo en un campo de prisioneros en Gran Bretaña, emigró hacia los Estados Unidos, estableciéndose en Illinois, donde vivió el resto de su vida. Murió en 1992.
Por cierto, hay una película coreana, “My Way” (2012) que cuenta la historia de Yang Kyoungjong.

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Misión de la Marina Alemana – Einsatz der Deutschen Kriegsmarine

Publicado por El hijo del Ahuizote en 21st Enero 2017

Cartel de propaganda en favor de la Kriegsmarine. La marina alemana no había tenido su Göring; los programas de construcción naval fueron sacrificados a menudo en favor de los programas de construcciones aeronáuticas y de equipamiento de la Wehrmacht. Dos figuras dominarían la Kriegsmarine: el gran almirante Raeder de concepciones militares clásicas, y el almirante Dönitz campeón de la guerra submarina.

Cartel Nazi Kriegsmarine

Cartel Nazi Kriegsmarine

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La Batalla Más Grande del Mundo

Publicado por El hijo del Ahuizote en 7th Enero 2017

Medio millón de soldados norteamericanos estuvieron presentes en la batalla más grande del mundo, y nunca lo supieron. Muchos de ellos creyeron que era sólo un largo paseo. Algunos pensaron que sólo había sido una serie de escaramuzas. Unos pocos de ellos encontraron la muerte en esta batalla y, demasiado tarde, des­cubrieron que era mortalmente en serio. Unos pocos, muy contados, supieron que era otro cruel combate. Pero para demasiados de ellos no fue más que un largo y confuso recorrido en tanque o camión.

Dentro de varios siglos, los historiadores se inclinarán sobre los comunicados e historias de la Batalla del Ruhr con fascinada aten­ción. Fue la batalla más grande de la historia.

En ella, en el curso del año 1945, ejércitos de millones de hombres chocaron y maniobraron, con uno de ellos envolviendo y destruyendo totalmente al otro, para poner fin a la guerra más titánica que el mundo llegó a ver jamás.

Probablemente ya no sucederá nunca que ejércitos tan vastos se encuentren y se enzarcen en mortal combate. La bomba atómi­ca ha hecho que estas enormes concentraciones sean, con mucho, demasiado peligrosas para que se las vuelva a utilizar otra vez.

La Batalla del Ruhr fue planeada en 1942 y se libró tres años más tarde, en 1945. Las muy anteriores invasiones de Africa del Norte, Italia y Francia por los norteamericanos y británicos no fueron más que los preliminares de esta batalla final por la civilización. La decisión final de la Segunda Guerra Mundial debía producirse en el Ruhr y había que planearla y prepararla con años de anticipación.

Soldado estadounidense custodia prisioneros alemanes en Remagen

Soldado estadounidense custodia prisioneros alemanes en Remagen

El motivo ello fue manifiesto desde el comienzo. El Ruhr era, y sigue siendo, el corazón industrial de Europa, y de Alemania.

Para vencer a Alemania debía conquistarse el Ruhr.

Ya en 1942, mientras la Gran Bretaña se estremecía bajo los aplastantes ataques de la Luftwaffe, comenzaron a trazarse los planes para la derrota final del imperio nazi. Los jefes norteamericanos y británicos estuvieron contestes en que sólo la invasión del continente y la destrucción del corazón industrial de Alemania podían representar la victoria en la guerra.

En la Conferencia de Casablanca, de enero de 1943, comenzó a establecerse el plan detallado. Para que encabezase el estado mayor aliado encargado de estos planes, Roosevelt y Churchill escogieron al teniente general Sir Frederick Morgan, del Ejército Británico. Había de ser el Jefe de Estado Mayor de un Comandante Supremo aliado al que todavía no se había escogido. El título de su cargo decía ya lo que había de ser y lo que tenía que hacer: lo decía la imponente y sugerente palabra COSSAC * (Chief of Staff, Supreme Allied Commander).

En sus amplios salones de trabajo en Londres, COSSAC y sus ayudantes trazaron el gran plan maestro para la invasión de Francia, la Operación Overlord. Una vez establecido el plan Overlord, con todos sus detalles precisos, trazáronse los planes para la invasión en sí (el plan Neptuno), los numerosos planes diversiona-rios (de cobertura) y la propia batalla final, la batalla para aislar y tomar la fortaleza-arsenal de Ruhr.

 

Soldado estadounidense en la estación de tren de Hamm, en el extremo oriental de la Bolsa del Ruhr. 6 de abril de 1945

Soldado estadounidense en la estación de tren de Hamm, en el extremo oriental de la Bolsa del Ruhr. 6 de abril de 1945

Extendiéndose a la orilla oriental del Rin, la gran masa de fábricas y minas a la que se conoce con el nombre del Ruhr, se parece a la zona de Pittsburgh en los Estados Unidos, a la que se hubiesen sumado Detroit y otras ciudades industriales, todo ello reunido en una concentración de noventa y cinco por ciento quince kilómetros. Está limitado, al oeste, por el Rin; por el río Siver, al sur, y por el Lippe al norte. En él se encuentran los grandes centros siderúrgicos y fabriles de: Essen, Dortmund, Duis-burg, Wuppertal, Dusseldorf, Solingen y Hagen. Privada de estas fuentes de armamentos, Alemania no estaría en posibilidad de continuar la guerra. El bombardeo aéreo podía debilitar esta zona, pero nunca llegaría a destruir totalmente su poder.

Desde los desembarcos iniciales en Normandía, el gran plan trazado por el general Morgan apuntaba a un largo empuje hacia el nordeste, en busca del Ruhr. A continuación, reclamaba una gran batalla doble envolvente para copar, rodear y liquidar el Ruhr. Berlín era el objetivo final. Su Supremo Comandante aliado, fuese quien fuere, habría de poner en ejecución este plan trazado por anticipado.

Hace dos mil años, en la batalla de Cannas, el perfecto movimiento envolvente doble y la destrucción de un ejército habían quedado demostrados con toda su terrible efectividad. En aquel entonces, el gran general cartaginés Aníbal había rodeado al ejército romano y había hecho en él una gran carnicería. Ahora, en este plan, habrían de utilizarse las mismas tácticas, pero en una escala que hubiese dejado boquiabierto al propio Aníbal.

Y todo sucedió tal como estaba previsto.

El veinticuatro de marzo de 1945, el ejército norteamericano había llegado a la orilla occidental del Rin, viendo el Ruhr al otro lado. El general Eisenhower, el Supremo Comandante Aliado estaba a punto para dar los pasos decisivos del gran plan del general Morgan: la captura del Ruhr.

Eisenhower

Eisenhower

Con los norteamericanos, al norte del Ruhr y más arriba de Wesel estaban los ejércitos británico y canadiense, al mando de Montgomery. Al sur, más abajo de Remagen, otros ejércitos norteamericanos, a las órdenes de Patton, estaban prestos para el avance. Ahí, la captura del intacto puente Ludendorff había permitido que los norteamericanos estableciesen una cabeza de puente en la orilla oriental del Rin.

 

puente Ludendorff

puente Ludendorff

En la zona del Ruhr, la flor y nata del ejército alemán aguardaba, ya acorralada. Bajo el mando del Mariscal de campo Model, veintiuna divisiones alemanas y 325,000 veteranos del ejército se aprestaban a la batalla decisiva.

Contra estas fuerzas, Eisenhower lanzó, no simples divisiones, sino ejércitos enteros. Por el norte, cerca de Wesel, el Noveno Ejército, bajo el mando del general Simpson, recibió la orden de cruzar el Rin y avanzar en línea recta hacia el Este, hasta Lipp-stadt y Paderborn. Al Sur, el Primer Ejército, mandado por el general Hodges, había de avanzar hacia el este, desde Remagen y Linz, dando un gran rodeo, para girar hacia el norte y reunirse con la otra punta de lanza en Lippstadt y Paderborn. Entre ellos habían de dejar atrapadas a las fuerzas alemanas en un enorme círculo de hierro.

El nuevo Decimoquinto Ejército Norteamericano, a las órdenes del general Gerow, había de retener la orilla occidental del Rin, amenazando todo el límite oeste del Ruhr e impedir cualquier contraataque.

En la fría y gris mañana del 25 de marzo comenzó el ataque. La tierra temblaba mientras toda la artillería reunida de los Cuerpos de Ejército y Ejércitos lanzaba una lluvia de explosivos de alto poder al otro lado del Rin. Divisiones enteras de tanques e infantería lanzáronse adelante, en una marea de poderío armado que cubría la tierra.

En las líneas de defensa, Model, el alto jefe alemán, incurrió en un grave error, a pesar de la ventaja que le conferían sus poderosas posiciones defensivas y el pisar terreno que le era bien conocido. Esperando un ataque hacia el norte por parte de las unidades norteamericanas que habían ya cruzado el Rin y estaban en la cabeza de puente de Remagen, desplazó sus fuerzas para hacer frente a este esperado acontecimiento. No dejó casi nada para contener el ataque del Primer Ejército que estaba directamente al este. Y el ataque lanzado desde Remagen avanzó hacia el este y no al norte.

En el norte, la infernal “intuición” del Fuehrer, impuso un error aun más fatal. Viendo que su “Reich para Mil Años” se derrumbaba ante sus ojos, prohibió que ninguna unidad retrocediese, bajo pena de muerte. Estándole prohibido concentrar su inmenso ejército, el mariscal de campo Model hubo de dejar las desparramadas unidades alemanas del norte en los lugares donde se encontraban.

Brincando, literalmente, al otro lado del Rin con un ataque aereotransportado, el Noveno Ejército cayó aplastantemente sobre los alemanes situados al norte. En un día, una considerable fuerza de infantería yanqui cruzó el Rin en botes de asalto, construyó un puente de barcazas en Wesel y lanzó puntas de lanza de tropas blindadas hacia el este. El doble movimiento envolvente más grande de la historia estaba ya en marcha.

Mariscal de Campo Walter Model (al centro)

Mariscal de Campo Walter Model (al centro)

La rama meridional de la pinza avanzaba hacia el este casi sin encontrar oposición. La rama septentrional tropezó con una desesperada defensiva tras otra. Todas eran en vano.

Aterradoramente potentes y efectivos, los norteamericanos eran ya en estos días lentamente eficientes en el oficio de la guerra. Las unidades blindadas entraban rápidamente en combate con los defensores, los dejaban clavados para que la infantería acabase de liquidarlos, y avanzaba barriendo en rápidos rodeos, aislándolos y copándolos rápidamente para su inevitable destrucción.

A medida que cada punta de lanza avanzaba rápidamente hacia el este, día tras día, dejaba una división destacada aquí y allá. Estas eran las divisiones rematadoras, todas ellas destinadas a atacar el corazón del Ruhr. Su función era atacar separadamente las esparcidas unidades enemigas, rodearlas e irlas eliminando una tras otra.

Después de los dos primeros días de rápido avance, detenerse a combatir y avanzar otra vez, la marcha de los dos ejércitos atacantes se hizo más rápida. Para el tercer día sus puntas de lanza encabezadas por tanques marchaban directamente hacia su objetivo. La marcha del brazo meridional del movimiento de pinzas era en especial acelerada, dando un giro hacia el norte para unirse con el otro brazo.

El día primero de abril, una semana después de haber salvado el Rin, los dos brazos se unieron en Lippstadt. La trampa se había cerrado.

Dentro de la trampa quedaba encerrada una enorme fuerza, totalmente rodeada y copada. El Grupo B del Ejército Alemán mandado por Model comprendía: el Quinto Ejército Panzer, el Décimoquinto Ejército Alemán y elementos del Grupo H de Ejércitos, así como el Primer Ejército de Paracaidistas. En la fuerza enemiga atrapada figuraban: siete cuerpos de ejército, diecinueve divisiones y más de 100,000 individuos de tropa, pertenecientes a la artillería antiaérea, con un total de casi un tercio de millón de soldados. Se encontraban también allí veinticuatro generales y un almirante.

 

Desconcertados y desamparados, los alemanes combatían ineficazmente y llenos de incertidumbre a medida que las metódicas divisiones rematadoras norteamericanas iban penetrando en sus posiciones. Los alimentos y municiones iban disminuyendo. El catorce de abril, los alemanes habían quedado hacinados en dos bolsones principales de resistencia.

Dada por el megalomaníaco Hitler llegó la orden de romper el cerco de tales bolsones. En el sitiado Ruhr, los jefes nazis se limitaron a hacerle caso omiso. La orden era inútil y sin sentido. Lo único real y verdadero en esos momentos era el estallido de las granadas americanas, los rugientes tanques y las caras de lú-grube expresión de los soldados norteamericanos.

Entre los vengadores norteamericanos, la excitación y la ira habituales en el combate subía de tono hasta convertirse en furor homicida. Su rápido avance les había llevado hasta las fábricas alemanas de horrores, a los campos de concentración y los crematorios de seres humanos. Casi sin poder dar crédito a sus ojos, iban viendo un horror tras otro. La horrenda Kultur del arrogante superhombre alemán quedaba expuesta a los ojos del mundo para que se la viese por primera vez.

Asqueados y semienloquecidos por la repugnancia y el hastío, los soldados norteamericanos lanzábanse furiosos contra las tropas alemanas. Los yanquis luchaban ahora como espectros vengadores, con el rostro lívido por un furor frío y con la rapidez y la astucia adquiridas después de meses y años de experiencia en combate. Delante de estos hombres, poseídos de la furia del tigre, los veteranos alemanes retrocedían con sobresaltado temor.

Por los caminos y en pos de las rápidas columnas norteamericanas de asalto, iban saliendo de fábricas y campos de concentración millones de esclavos libertados. Franceses, holandeses, belgas, italianos, checos, polacos y, más que de ningunos otros, rusos que, al ser libertados, echaban a andar, como por instinto, hacia el oeste. Era algo que parecía salido de la noche de la Edad Media, el derrumbe de un estado esclavo medieval. Y aquí y allá, la columna atacante descubría y suprimía campamentos rodeados de estacadas que estaban llenos de pálidos prisioneros de guerra.

Mansamente, los prisioneros de guerra y los civiles alemanes negaban*saber nada de los campos de esclavos y de tortura que les rodeaban por todas partes. Llevados hasta las fosas en masa y los crematorios humanos, al ser interrogados, se encogían de hombros como si aquéllo no les afectara. Como explicación decían que todo aquéllo había sido cuestión de órdenes, y con ello quedaba todo explicado. No sentían culpa alguna.

Con rostro granítico, los norteamericanos clavaban la mirada en los alemanes sintiendo ira y desprecio casi rayanos con el instinto homicida. Luego los soldados se alejaban, dejando detrás de sí las lamentables pilas de descarnados cadáveres y a los rollizos y muy dignos alemanes. En la nación de los asesinos por mandamiento no existían ni la vergüenza ni el remordimiento.

Al fin los americanos pudieron descargar algo de su ira sobre las tropas armadas y uniforme gris que todavía quedaban en los bolsones del Ruhr. Los libertadores atacaron salvajemente a las copadas unidades nazis.

En el seno del asediado ejército alemán, las unidades se desintegraban cada vez con mayor rapidez. Teniendo frente a sí el espectro de la derrota total, los alemanes hacían tanteos en busca de un modo que les evitase la rendición formal. El Mariscal de campo Model tenía una solución. El 17 de abril anunció que el Grupo B del Ejército Alemán quedaba disuelto. Se licenciaba a los soldados y se les decía que cada uno de ellos procurase encontrar la manera de salir del asedio valiéndose de cualesquiera medios que pudieran encontrar.

De esta manera, Model esquivaba la responsabilidad de la rendición. Luego se suicidó.

La resistencia organizada del Ruhr llegó a su fin en la mañana del 18 de abril. Los norteamericanos avanzaron calladamente y encerraron sus grandes masas de prisioneros en campamentos provisionales, procediendo a ocupar toda la zona.

El inmenso ataque habia comenzado tres semanas antes; ahora los ejércitos aliados estaban ya desatados sobre toda Alemania. En dos semanas más la guerra habría terminado.

En medio de la alegría por la victoria final, el mundo libre prestó muy poca atención a la gran Batalla del Ruhr. El contacto con los rusos en el río Elba, el suicidio de Hitler y el final de la pesadilla mundial bastaron para acaparar toda la atención. ¿Qué era una batalla más o menos, aunque resultara ser la más grande -de todos los tiempos? El mundo estaba ya harto y hastiado de batallas y muertes.

Infantes NorteAmericanos cruzando el puente

Infantes NorteAmericanos cruzando el puente

Aun siendo tan enorme, la batalla por la posesión del Ruhr no fue más que un episodio de la derrota de Alemania. Fue una victoria táctica sin paralelo en la historia. Pero tuvo un significado aún mucho más importante para el mundo, aunque en un aspecto muy diferente.

Por una ironía del destino, el significado militar de esta victoria táctica habría de cegar al mundo libre por lo que respectaba a su significado político, mucho más vital. El plan táctico del general Morgan, y la operación táctica del general Eisenhower, enmascararon totalmente los efectos políticos de este colosal hecho de armas.

Ensimismados en la victoria bélica, los norteamericanos se olvidaron totalmente de que la batalla no es la última finalidad de la guerra, y que sólo es un medio para un fin. Los jefes del Estado Mayor norteamericano lo dejaron todo a cargo de Eisenhower.

NorteAmericanos inspeccionando el puente hundido

NorteAmericanos inspeccionando el puente hundido

Con su mayor experiencia política, los británicos pedían a los norteamericanos que rebasasen el Ruhr y se lanzaran sobre Berlín y los países fronterizos. Este había sido el plan maestro previamente establecido. Pero Eisenhower estaba más interesado por una rápida victoria militar y por ahorrar vidas de norteamericanos. Había cambiado el objetivo del plan maestro y así se lo había comunicado a los rusos. Después de esto, los americanos estaban ya comprometidos y no había otra alternativa.

Si hubiese seguido el consejo inglés, los ejércitos norteamericanos hubiesen podido tomar Berlín, dominar Checoslovaquia y muchas otras zonas que ahora están en manos comunistas. Quizá todo el período de la “guerra fría” posterior a las hostilidades hubiese sido muy diferente. Pero es casi seguro que habrian muerto muchos más norteamericanos en la continuación de la lucha que ello hubiese significado.

Al llevar a cabo “el más grande doble movimiento envolvente de la historia”, Eisenhower el general triunfó sobre Eisenhower el estadista. Prefirió la victoria bélica y ahorrar vidas norteamericanas a la ventaja política que hubiesen podido lograr los Estados Unidos. Sólo Dios y el futuro saben si estuvo o no acertado.

Pero, sea como fuere, la Batalla del Ruhr dejó escrito un elevado mensaje en las páginas de la historia que decía que en los Estados Unidos radica el poderío bélico más grande de todos los tiempos. Que los que sueñan en conquistas lean este mensaje y se abstengan de entrar en guerra con este guardián de la libertad. Que todos los que busquen tiranizar y esclavizar recuerden el quemado y ennegrecido cascarón en que hubo de convertirse el antaño poderoso Ruhr, y sepan que los Estados Unidos estará siempre presto a unir su poderío al de los hombres amantes de la libertad.

 

 

 

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Gestapo: la inquisición nazi fundada sobre la delación ciudadana

Publicado por El hijo del Ahuizote en 17th Septiembre 2016

El historiador británico Frank McDonough se adentra en los orígenes de la policía secreta del dictador para explicar el régimen nazi desde sus inicios

 

 

Peter Holdenberg vivía solo en un tercer piso de Essen (Renania del Norte). Le gustaba la lectura, los juegos de mesa y disfrutar de la compañía de los suyos. Su vida, rutinaria, tranquila, corriente y similar a la de otros muchos, quedó trastocada el 10 de diciembre de 1941. Aquel día varios agentes de la Gestapo lo sacaron a la fuerza de su casa. Su débil cuerpo apenas pudo defenderse de la violencia y la agresividad que mostraron los enviados del Führer, a los que nada o casi nada les importó que fuera discapacitado. Era un posible enemigo. Nada de trato humano. Dictámenes del protocolo ario.

Detenido e interrogado hasta la extenuación por escuchar “emisoras de radio extranjeras” (el delito que le atribuyó la Gestapo), Peter negó todos y cada uno de los hechos de los que fue inculpado. “Todo esto es una conspiración. He tenido problemas con Stuffel, y Pierce siempre se pone de su parte”. Stuffel, de nombre Helen, e Irmgard Pierce, eran sus vecinas, pero también las artífices de dicha acusación. “Agitador” “alarmista” y “muy peligroso” fueron algunos de los adjetivos que empleó Stuffel durante la descripción que hizo de él ante la Gestapo. Unas características que desmintieron tres testigos: Katharina Hein, también vecina del edificio, Klara Vogts, su asistente personal y Anton Ronnig, director de banda, cuyas versiones, distintas y contrarias a las vertidas por sus vecinas, de poco le sirvieron para salvarse.

Rumores convertidos en pruebas judiciales

El 12 de diciembre de aquel año Peter decidió ahorcarse en su celda. Sus constantes vitales aguantaron 24 horas. Después, todo se fundió en negro. Su caso, recogido por Frank McDonough en La Gestapo. Mito y realidad de la policía secreta de Hitler (Crítica, 2016), refleja esa histeria colectiva en la que vivía sumida Alemania a partir de los años 40 y en la que un rumor, una simple hipótesis o suposición se convertía automáticamente en prueba judicial.

La acusación de un vecino bastaba para ir a la cárcel. La vida giraba de conspiración en conspiración. De mirilla en mirilla. Todos eran jueces y verdugos al mismo tiempo. “La gente común ayudó a la Gestapo en la localización de los oponentes. Este libro está basado en los archivos originales de la Gestapo, y se ha estimado que la gran mayoría de los casos de la Gestapo comenzaron por una denuncia de un particular. Tan sólo el 15% provino de las actividades de vigilancia de la Gestapo, que fue utilizada por el público para resolver conflictos personales. Se denunciaba a amigos, a colegas del trabajo, a esposos y vecinos. De hecho, el 80% de las denuncias de la Gestapo provenían del sexo masculino, mientras que las mujeres constituyeron el 20%. Muchas personas denunciaron a otras por comentarios anti nazis después de haber estado bebiendo en cervecerías y restaurantes”, explica el mismo autor de la obra.

Creada para amedrentar y perseguir a los enemigos y excluidos por el régimen nazi, en un primer momento la función de la Gestapo fue la de “investigar las actividades políticas en todo el estado que constituyan un peligro para el estado, así como recopilar y evaluar los resultados de dichas indagaciones”. Así la definió Hermann Göring en la primera Ley de la Gestapo que promulgó él mismo el 26 de abril de 1933. El año en el que la dictadura del terror y los gritos silenciados bajo los sótanos llevaron a Alemania a la peor de sus desgracias. Los sueños de cruz gamada produjeron monstruos.

La venganza en forma de águila

Dos meses antes de que Göring pronunciara estas palabras tuvo lugar el incendio del Reichstag, el parlamento alemán. Aquel 27 de febrero de 1933, el fuego que supuestamente provocó el comunista Marinus Van der Lubbe ante dicha institución hizo resurgir a Hitler y a los suyos como única opción de seguridad y protección para Alemania. “Ya no habrá misericordia. Todo aquel que se interponga en nuestro camino será eliminado”, le espetó el dictador a Rudolf Diels en el mismo lugar del incendio.

La auto anulación individual reformuló los principios de la sociedad y la escala cromática se redujo a dos colores: gris y rojo. Los cristales, las balas y las marchas militares marcaron el paso y el ritmo de los vivos, aunque también el de los muertos. “Los nazis han atragantado a los alemanes con el alcohol de la camaradería, cosa que ellos en parte deseaban, hasta el delirium tremens. Han convertido a todos los alemanes en camaradas y los han aficionado a esa droga desde la edad más temprana: en las Juventudes Hitlerianas, las SA, el ejército del Reich, en miles de campamentos y federaciones, extirpándoles algo irremplazable, algo que no puede ser compensado con la felicidad propia de la camaradería. (…) La camaradería como forma de prostitución con la que los nazis han seducido a los alemanes ha arruinado a este pueblo más que ninguna otra cosa”. Así describía ese estado de duermevela Sebastian Haffner en Historia de un alemán. Memorias. (1914-1933), publicado después de su muerte, en 1999.

Entre los nombres destacados que hicieron posible esa militarización de la sociedad y el triunfo de la Gestapo se encuentran Hermann Göring y Rudolf Dielsen en Prusia y Heinrich Himmler y Reinhard Heydrich en Baviera. Estos últimos no sólo fortalecieron dicho cuerpo de seguridad y espionaje, sino que reestructuraron cada uno de los eslabones del sistema policial de la Alemania nazi. De hecho, gran parte de las órdenes de ejecución tenían la firma y sello de ambos.

El respeto y la fortaleza que adquirieron dentro de los distintas instituciones del régimen vino durante la Noche de los Cuchillos Largos (del 30 de junio al 1 de julio de 1934). Una larga noche en la que la mayor parte de la cúpula de las SA y su líder Ernst Röhm (arrestado personalmente por Hitler) fueron detenidos y brutalmente asesinados. Se calcula que durante aquella madrugada fueron arrestadas más de mil personas contrarias al régimen. Las SS (guardia personal de Hitler) y la Gestapo fueron los dos brazos ejecutores de este acto, que a su vez trajo consigo el auge del Partido Nacionalista Obrero Alemán (NSDAP). “Los sujetos indisciplinados y desobedientes y los elementos asociales y enfermos serían inhabilitados”, fue la explicación que el propio Führer dio a los suyos sobre lo ocurrido.

Un producto de márketing

Las detenciones arbitrarias, las torturas y las sentencias de muerte comenzaron a hacerse cotidianas, incluso normales, a partir del 27 de septiembre de 1939, fecha en la que la Gestapo, la Orpo, la Kripo y el SD se unificaron en una misma unidad: La Oficina Central de Seguridad del Reich (RSHA), idea de Himmler. El horror ya tenía sede física.

El ensalzamiento y la pompa que se dio a la Gestapo dentro de la propaganda nazi fue clave para la supervivencia de esta organización, cuyos métodos y valía serían cuestionados a posteriori. Publicidad engañosa según McDonough, que no titubea cuando remarca la escasa utilidad de la misma y las carencias que tenía a nivel organizativo. “La Gestapo era una organización muy pequeña . En 1933 tenía 1000 oficiales, que llegaron a 6.700 en 1937 y alcanzaron un máximo de 15.000 durante la Segunda Guerra Mundial. En las principales ciudades había un pequeño número de oficiales. Por ejemplo, en Düsseldorf, con una población de 500.000 habitantes había sólo 126 oficiales de la Gestapo. En Duisburg, con 400.000 habitantes, sólo tenían a 43 oficiales y en Colonia, en la que vivían 750.000 personas sólo había 69 oficiales”.

Muchos de sus agentes comunes, divididos en dos categorías: asistente criminal (Kriminalassistent) y secretario criminal (Kriminalskretär), procedían de la clase trabajadora o media baja. “Se estima que un 50% de los antiguos policías de carrera antes de 1933 que se unieron a la Gestapo seguían en su puesto en 1945. En 1939 sólo tres mil agentes tenían un rango adicional a las SS. Durante las investigaciones de la desnazificación tras la guerra, dirigidas por agentes aliados de la ocupación, la gran mayoría de los antiguos dirigentes de la Gestapo fueron clasificados como ‘hombres corrientes’ y ‘desnazificados’ y quedaron exonerados de ser responsables de crímenes contra la humanidad’ “, señala McDonough en las páginas de su libro.

Los perseguidos

Judíos, trabajadores extranjeros, gitanos, homosexuales, comunistas, marginados sociales y cristianos fueron los principales objetivos a perseguir. Es en este último grupo donde McDonough centra una parte importante del libro. Según anota él mismo, durante la época nazi un mínimo de “447 curas alemanes pasaron algún tiempo en el campo de concentración de Dachau”. Uno de ellos fue Martin Niemöler, uno de los miembros más destacados de la Iglesia Confesante. Sus críticas a la política religiosa nazi y la protección a su comunidad le llevaron a prisión en 1937. Posteriormente volvería a ser detenido y aislado en el campo de concentración de Sachsenhausen o Dachau. Dicho calvario fue descrito por él mismo en una declaración versada. “Primero vinieron por los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista./ Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista./Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío./ Luego vinieron a por mí, pero para entonces ya no quedaba nadie que dijera nada/”

Como él, muchos cristianos alemanes estuvieron perseguidos por el régimen por no asumir ni apoyar la doctrina nazi. Una actitud que desquiciaba al Führer. “A Hitler no le gustaban los católicos porque 20 millones de ellos eran leales a Roma, no a Alemania. Un tercio de los 25.000 sacerdotes católicos fueron acosados por la Gestapo, que elaboró numerosas listas de sacerdotes considerados como ‘ desleales'”, enumera el mismo historiador.

También los intelectuales de izquierda fueron perseguidos, maltratados y asesinados por la Gestapo. El escritor Max Jacob, la fotógrafa Gisèle Freund, el poeta Ernst Toller o el filósofo Walter Benjamin, son algunos de los nombres que figuraban en aquellas listas negras.

El pensamiento crítico y el cuestionarse el porqué de las cosas precipitó el final de muchos de ellos. Como sucedió con Benjamin, que murió de una sobredosis de morfina (para unos fue un suicidio ante el acoso de los nazis, para otros un asesinato) dejando huérfana y en silencio a la Escuela de Frankfurt. “Ni los muertos estarán seguros ante el enemigo si éste vence. Y es ese enemigo que no ha cesado de vencer”, escribió en una ocasión ante el peso que llevaba a cuestas y que acabó hundiéndole.

Ese enemigo era distinto según qué bandos. Para los intelectuales era el pensamiento único, el instinto frente a la razón, la violencia frente a la argumentación. Para los nazis era la rebeldía y la insumisión. La libertad. La diferencia frente a la homogeneidad. La cultura. Los libros. “Se cargaron la literatura alemana contemporánea de un plumazo. Ya no iba a ser posible leer los libros publicados durante el último invierno que tuviésemos pendientes desde abril. Sólo estaban los clásicos junto con los representantes de una literatura de sangre y suelo de éxito repentino y una calidad espeluznante y vergonzosa. Los bibliófilos vieron cómo su mundo les era usurpado de la noche a la mañana”, denunciaba Haffner en sus memorias.

Un pasado que sigue escrito en presente para muchos alemanes. El historiadorMacDonough explica que el relato histórico actual nada tiene que ver con el de antes de la unificación. Ahora, las carencias y errores se proclaman en voz alta para que las nuevas generaciones conozcan y expongan los hechos sin adornos ni subordinadas.

Hecho y consecuencia, ese es el esquema. “Durante el período del gobierno de Alemania Occidental entre 1948 y 1990 hubo una tendencia clara de no hacer frente al pasado nazi. Hasta 1980, el Holocausto ni siquiera se enseñaba en las escuelas alemanas. Esto se debe a que muchos ex nazis tuvieron importantes posiciones en la sociedad alemana occidental, como Werner Best. Él fue el responsable de reclutar a muchos de los principales funcionarios involucrados en el Holocausto y consideró el asesinato de los judíos una necesidad histórica. Creía en el racismo biológico”, aunque también matiza que desde la unificación alemana el tratamiento hacia estas personas ha cambiado por completo. “Ha habido un esfuerzo para hacer frente al pasado nazi. El Museo Judío en Berlín, el Memorial del Holocausto en la ciudad y la transformación de campos de concentración en museos son ejemplos de esto”. Al fin y al cabo, como diría Benjamin, la historia es el tiempo-ahora.

* Correción: se ha sustituido la foto que erróneamente nombraba a Ernst Röhm y que pertenecía al oficial nazi Wilhem Klube.

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Holanda: Colaboracionismo y Resistencia

Publicado por El hijo del Ahuizote en 14th Agosto 2016

El 10 de mayo de 1940 la Alemania nazi invadió Holanda, y tan sólo cinco días después el gobierno neerlandés se rindió a los alemanes, comenzando oficialmente la ocupación el 17 de mayo. La familia real, con la reinaGuillermina I a la cabeza,  y el gobierno, habían huído del país días atrás, refugiándose en el Reino Unido, donde establecieron un gobierno en el exilio.

Los alemanes optaron por nombrar un Reichskommissar, Arthur Seyss-Inquart, (en la fotografía junto al Führer) para dirigir el país. Inicialmente, incluso pareció que podrían contar con la cooperación de los políticos demócratas: el primer ministro del gobierno holandés en el exilio,Dirk Jan de Geer, dejó Londres y retornó a los Países Bajos vía Lisboapara entablar por su cuenta negociaciones de paz con los alemanes – creía que los Aliados no podía ganar la guerra – y discutir la cooperación con las fuerzas de ocupación nazis, algo a lo que se opuso enérgicamente la reina que lo destituyó del cargo.  Por ello,  finalmente, los alemanes decidieron confiar en los fascistas locales, de los cuales había varios partidos antes de la guerra.

El más importante fue el Nationaal-Socialistische Beweging (NSB), dirigido por Anton Mussert (en la imagen superior). A diferencia de sus contrapartidas noruega y danesa, si que disfrutó de un apoyo popular genuino: había obtenido 300.000 votos en las elecciones municipales de 1935. Después de la ocupación, los partidos demócratas fueron disueltos y otros partidos fascistas fueron obligados a unirse al partido de Mussert,(abajo podéis ver su bandera) que estaba completamente uniformado e incluía un Cuerpo de Líderes Políticos, un Cuerpo de Oradores y muchas secciones (profesionales, de juventud y de mujeres).

Tenía también organizaciones de milicias paramilitares: la Weer Afdeelingen (WA)“Sección de Defensa” – y la Lijfwacht van der Leider (cuerpo de guardia personal de Mussert). Una rama holandesa de la SS Germánica, bautizada primero como Nederlandsche-SS y luego como Germaansche-SS en Nederland, se unió a estas milicias. Todas ellas, al igual que el NSB en su conjunto, llevaban uniformes de color negro.

La Weer Afdeelingen (WA) – algunos de cuyos miembros podéis ver en la fotografía de aquí abajo) -estaba organizada en 9 unidades, conocidas como Heer-ban (una de ellas con base en Alemania), y también tenía ramas motorizadas, navales, de caballería, aéreas y de transmisiones, así como escuelas de oficiales y suboficiales, y una organización de reserva. En 1942, recibió “poderes policiales en situaciones de emergencia”. Por su parte, laLijfwacht, diferenciada por el color de sus parches de cuello, era mucho más pequeña. La Germaansche-SS en Nederland tenía 5 regimientos y otro policial; en la teoría respondía ante los mandos del NSB, pero en la práctica lo hacía ante los alemanes.

Los nazis reorganizaron la policía holandesa creando la llamada “Policía Comunal” para sustituir a las fuerzas municipales de las ciudades importantes. Organizado con estructuras militares, este servicio llevaba uniformes negros con cuello cerrado, parches azules con estrellas de plata y  una divisa de empleo. La gorra de plato lucía una escarapela oval con los colores nacionales, una granada flameante arriba y hojas de roble abajo. Entrenada por las SS alemanas, esta fuerza tenía inicialmente unos 3.000 hombres.

Otras fuerzas de seguridad colaboracionistas incluían: al Vrijvillige Hulp Politie, con tareas similares a los “Constabulary” británicos, y una fuerza de varios miles de hombres; el Kontroll Kommando (en la fotografía de aquí arriba), responsable de controlar a los trabajadores forzados, que llevaba el clásico uniforme gris-verdoso (feldgrau) de la Wehrmacht con parches de cuello negros con las letras “KK“, y a partir de 1943, elWachtabteilung, compuesto por hombres de más edad que actuaban como guardias de fábricas e instalaciones militares; llevaban un uniforme similar al de la policía alemana, pero con el águila del ejército alemán con esvástica y un escudo de brazo holandés.

La fuerza de seguridad colaboracionista más importante fue elNederlandse Landwacht (NL) (imagen superior). Creado en 1943,reclutó a los hombres en mejor forma física del NSB, la WA y laGermaansche-SS en Nederland. En octubre de 1943 se le dio el nombre deLandstorm Nederland y quedó bajo el control de las SS. El mes siguiente se creó un segundo Landwacht, bajo el control del NSB, al que se incorporan todos los restantes hombres en edad militar del NSB y la WA. Se componía de un elemento permanente de 3.000 hombres, más otros 8.000 que servían a tiempo parcial. Inicialmente, tanto el Landstorm como elLandwacht llevaban los uniformes negros de sus organizaciones matrices – la WA, las SS, la Policía Comunal – o brazaletes sobre ropa civil.

Progresivamente fueron introducidos uniformes feldgrau, sobre todo en elLandstorm. Las dos fuerzas adoptaron el distintivo tradicional del NSB, el“gancho de lobo” (imagen sobre este párrafo); y también la granada flameante de la Policía Comunal, que fue colocada en los parches de cuello y que reemplazó a la calavera de las SS en las gorras. El Landstorm luchó contra la Resistencia Holandesa, y hasta cierto punto contra los paracaidistas británicos lanzados en Arnhem en octubre de 1944. Finalmente fue amalgamado con otros voluntarios holandeses, por ejemplo, el Batallón SS de Guardia “Nordwest”, en la llamada 34ª División SS de Granaderos Voluntarios “Landstorm Nederland” (en la fotografía bajo este párrafo)

La Resistencia Holandesa se encontró con serios problemas. Las fuerzas de policía alemanas realizaron algunos golpes muy eficaces contra ellos, sus líderes tuvieron dificultades para coordinar sus esfuerzos, y desde el principio, hubo desacuerdos entre la sección holandesa del SOE (Special Operations Executive) británico y los servicios secretos creados por el gobierno neerlandés en el exilio. El primer grupo, fundado en 1940, fue elOrde Dienst, mayoritariamente dirigido por oficiales militares. Tenía un objetivo limitado: prepararse para mantener el orden cuando los alemanes fueran eventualmente forzados a evacuar los Países Bajos. Los comunistas fueron, como siempre, más radicales, y montaron ataques directos contra los alemanes y los colaboracionistas, pero su debilidad numérica impidió que causaran algún problema serio a las fuerzas de ocupación.

El hecho de que el Orde Dienst tuviera contacto con el SOE demostró ser una desventaja desastrosa. En noviembre de 1941, los servicios de inteligencia alemanes (Abwehr) detuvieron a un cierto número de agentes holandeses del SOE, y en el curso de sus interrogatorios tuvieron acceso a las frecuencias de radio con que enlazaban con Londres. Hubo extraordinarios fallos de seguridad y juicio, tanto en los Países Bajos como en Londres, y como consecuencia, la comunicación entre Londres, el Orde Dienst y otros grupos de resistencia quedó desastrosamente comprometida y fue manipulada por los alemanes durante un largo período de tiempo.

Esta Operación “Nordpol” – también llamada el “Englandspiel” oJuego de Inglaterra” – hizo que cayera en manos de los alemanes suficiente material, armas y dinero para equipar a unos 10.000 resistentes, todo ello entregado inocentemente en su manos por la RAF. Costó la vida de muchas tripulaciones de la fuerza aérea británica y la captura, interrogatorio, y, en muchos casos, la muerte horrible de no menos de 450 agentes del SOE, y de activistas locales. El “Juego de Inglaterra” solo acabó a finales de 1943, como resultado de la increíblemente valiente huída hastaInglaterra de un agente del SOE detenido. Para entonces, la Resistencia neerlandesa había sufrido daños de los cuales nunca consiguió recuperarse del todo.

A pesar de ello, hubo varios intentos de resistencia a las fuerzas de ocupación. Hubo una huelga general en febrero de 1941 en protesta de las medidas y actividades nazis contra los judíos holandeses (era la primera vez que se producía una huelga general en un país ocupado por los alemanes). Los comunistas llevaron a cabo misiones importantes, tales como el asesinato del general Hendrik A. Seyffardt, que había sido jefe delEstado Mayor del Ejército holandés y era el patrocinador de la 23ª SS División “Nederland”, que luchó en el Frente Oriental. El jefe de las fuerzas de seguridad alemanas, el general SS Hanns Albin Rauter,escapó a un atentado contra su vida, pero muchos hombres menos importantes del NSB y la WA fueron asesinados. El principal esfuerzo de laResistencia consistió en ayudar a los llamados onderduikers (o “gente sumergida”), hombres y mujeres que se escondían de los alemanes. Varias organizaciones estuvieron implicados en ello, especialmente elLandelijke-Knokploegen (LK).

Se intentó reconstruir la Resistencia después del “Englandspiel”. El SOE  y el Bureau Bijzondere Opdrachten (BBO) del gobierno holandés en el exilio superaron las dificultades entre ellos. El OD, el LK y el Raad van Verzet (“Consejo de la Resistencia”) fueron agrupados en las Nederlande Binnelandse Strijdkrachten (“Fuerzas Neerlandesas del Interior”) bajo la autoridad del príncipe Bernardo. Sin embargo, nunca llegan a lograr una unidad efectiva: la Resistencia no tenía los hombres ni las armas adecuadas para ayudar a los ejércitos aliados en el campo de batalla en las fases finales de la guerra. Las organizaciones civiles eran bastantes eficaces, como se ha mencionado: organizaron otra huelga general en 1943 para protestar contra el internamiento del personal del Ejército holandés que había sido liberado en 1940, y en septiembre de 1944, los trabajadores del ferrocarril organizaron una parada general del tráfico ferroviario en apoyo de la operación aliada “Market-Garden”.

Al final de la guerra, unos 50.000 holandeses fueron perseguidos por sus servicios en organizaciones armadas o proalemanas; alrededor de 15.000 de estos hombres habían servido en fuerzas formadas para luchar contra laResistencia. La ocupación alemana causó la muerte de unos 250.000 holandeses.

Fuentes:
Tomado de : http://blitzkrieg2gm.blogspot.mx/2012/10/holanda-colaboracionismo-y-resistencia.html

Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: “La Resistencia en Europa Occidental” de Carlos Caballero Jurado
http://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Holanda
http://en.wikipedia.org/wiki/Dutch_resistance
http://www.zweiterweltkrieg.org/phpBB2/viewtopic.php?f=27&t=6767

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