Historias de la Historia

Anécdotas y Curiosidades del pasado

Especialistas del INAH descubren restos de un templo al interior de la pirámide de Teopanzolco, en Morelos

Publicado por El hijo del Ahuizote en 11th julio 2018

Hallazgo
El hallazgo se suscitó tras el sismo del pasado 19 de septiembre, que provocó una inclinación y un hundimiento al centro de la estrura principal del sitio. Foto: Melitón Tapia, INAH.

 

*** El hallazgo se suscitó tras el sismo del pasado 19 de septiembre, que provocó una inclinación y un hundimiento al centro de la edificación piramidal

 

*** Al intervenirla se encontraron muros recubiertos de estuco, una banqueta y restos de una pilastra, elementos de una subestructura posiblemente del periodo Posclásico Medio (1150- 1200 d.C.)

La fuerza de la naturaleza que recientemente generó devastación en diversas entidades de la nación, también ha develado secretos que la historia aún tiene guardados. Ejemplo de ello es el hallazgo de una subestructura localizada por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en el interior de la pirámide de la Zona Arqueológica de Teopanzolco, en Cuernavaca, Morelos, y que posiblemente corresponde a la ocupación más antigua del sitio.

 

En conferencia de prensa, Isabel Campos Goenaga, directora del Centro INAH Morelos, destacó que durante los trabajos de consolidación y restauración de la estructura principal de Teopanzolco —que fue de las más afectadas por el sismo del 19 de septiembre de 2017—, encaminados a reforzar su núcleo, al hacer las calas y pozos de sondeo para llegar al centro y ver las condiciones en las que se encontraba, se descubrió tal vestigio.

 

“A pesar de lo que significó el sismo, hay que agradecer que por este fenómeno natural apareció esta importante estructura que cambia la datación del sitio arqueológico”.

 

Afirmó que Teopanzolco, además de ser considerado uno de los sitios más importantes de los tlahuicas en la región, este hallazgo lo ubica dentro de las primeras etapas de lo que posteriormente sería el periodo mexica.

 

En esta labor, encabezada por la arqueóloga Bárbara Konieczna, del Centro INAH Morelos, con la colaboración de su colega Georgia Yris Bravo López, se descubrieron los muros de un posible templo con una banqueta y restos de una pilastra estucada que sostenía un techo; al parecer, se trata de los vestigios de la primera etapa constructiva de la pirámide de Teopanzolco, cuya antigüedad podría corresponder al periodo Posclásico Medio (1150-1200 d.C.), de acuerdo con las características de su sistema constructivo.

 

“Ese hallazgo cambia la cronología de Teopanzolco, ya que primero fue construido el basamento descubierto y después, a imagen de ese tipo de construcción, se edificó el Templo Mayor en Tenochtitlan. No es que los mexicas hayan aportado ese estilo arquitectónico a esta región, al contrario, las construcciones tlahuicas los inspiraron para construir el Templo Mayor”, aseguró Bárbara Konieczna.

 

Tras el embate de la naturaleza, entre las diversas afectaciones que presentó este sitio patrimonial, cuya cronología principal se ubica en el Posclásico Tardío (1200 a 1521 d.C.), la pirámide sufrió un considerable reacomodo del núcleo de su estructura. El daño más grave se situó en la parte superior, donde se ubican los templos de Tláloc y Huitzilopochtli; ahí, el piso entre ambos adoratorios se hundió e inclinó, lo que puso en peligro su estabilidad.

 

Para verificar los daños en el núcleo de la edificación y realizar los trabajos para su recuperación, se abrieron dos pozos de sondeo, uno en el interior del templo de Tláloc y otro en el pasillo que separa los oratorios. Previamente, se realizaron estudios con un georradar del Laboratorio de Geofísica de la Coordinación Nacional de Arqueología del INAH, encabezado por el doctor José Ortega.

 

Luego de los análisis hechos a la estructura piramidal y en la plataforma de Ehécatl, ubicada en el lado noroeste de la plaza y la cual también resultó dañada, se decidió intervenir el monumento arqueológico.

 

Bárbara Konieczna, responsable de la zona arqueológica, explicó que debido a la humedad acumulada en décadas y a la fuerza del movimiento sísmico, el núcleo de la construcción estaba en muy mal estado de conservación: la tierra se deslavó dejando grandes oquedades entre las piedras, lo que causó su inestabilidad y los daños mencionados.

 

Por su parte, la arqueóloga Georgia Bravo López detalló que aproximadamente a dos metros debajo del nivel del piso que actualmente tiene la parte superior de la pirámide, se localizaron los vestigios de la subestructura, cuyo patrón arquitectónico es muy similar al del templo actual: muros de doble fachada hechos de piedras alargadas, bien cortadas y lajas, recubiertas de estuco al exterior y una banqueta que no es continua.

 

En el pozo ubicado entre los templos se encontró una pilastra recubierta con estuco que presenta una base inclinada, semejante a las que sostenían los techos de los templos exteriores.

 

Sobre este último elemento arquitectónico, la arqueóloga Bárbara Konieczna refirió que los techos pudieron ser de material perecedero, ya que no se ha encontrado ninguna evidencia de la posible cubierta de mampostería, a diferencia de la techumbre de los templos dobles del Templo Mayor, en la Ciudad de México.

 

Debido a la humedad, el estuco de los muros está casi pulverizado, pero se lograron rescatar algunos fragmentos que serán intervenidos. Los pisos estucados del templo están sobre un firme de nivelación hecho de tezontle molido; bajo una parte de éstos se descubrió una delgada capa de carbón.

 

Konieczna manifestó que el posible adoratorio hallado pudo estar dedicado a Tláloc —al igual que el ubicado sobre éste—, cuyo tamaño aproximado sería de seis metros de largo por cuatro de ancho, con la escalinata de acceso del lado oeste. “Posiblemente, del lado derecho estén los restos de otro templo dedicado a Huitzilopochtli”.

 

El acceso al templo es el mismo que conduce a la parte superior de la estructura conocida: la escalinata que se aprecia actualmente sólo fue ampliada cuando se construyeron los nuevos templos de Tláloc y Huitzilopochtli; el frente de ambos adoratorios, el recién descubierto y el expuesto, está orientado hacia el oeste.

 

La arqueóloga mencionó que también se hallaron restos cerámicos y de un incensario con motivos tlahuicas, además de importante cantidad de carbón que podría ser tanto de la actividad ritual que hubo en el templo, como de la posible destrucción del mismo para dar paso a la siguiente etapa constructiva, o tratarse de restos de algún desastre acontecido en el lugar.

 

Georgia Bravo López dijo que hasta el momento no hay evidencias de alguna ofrenda, sólo se han encontrado materiales arqueológicos fragmentados como el incensario, que estaba a 15 centímetros debajo del nivel actual del piso; las piezas serán analizadas por carbono 14 para determinar a qué periodo pertenecen.

 

“No había noticias, hasta ahora, de la existencia de una subestructura al interior de la estructura piramidal. Lo que encontramos podría corresponder al templo más antiguo de Teopanzolco, pero faltan más estudios para ver si está asociado a una fase temprana del periodo Posclásico Medio (1150- 1200 d.C.), lo que lo haría contemporáneo con la primera etapa constructiva de la pirámide de Tenayuca, en Estado de México, que es la primera con escalinata doble de acceso a la parte superior donde se ubican los dos templos”, finalizó la arqueóloga.

 

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La lámpara que salvó a miles de mineros

Publicado por El hijo del Ahuizote en 1st julio 2018

El químico Humphry Davy ideó«lámpara de seguridad» para que los mineros pudieran trabajar sin riesgo de que la llama

provocara una explosión del temido gris

 

 

finales del siglo XVIII, cuando la Revolución Industrial había ya arrancado en Inglaterra, la minería de carbón era una industria masiva en la que trabajaban decenas de miles de personas. Los salarios y las condiciones de trabajo eran pésimos, pero aún más grave era el riesgo que corrían los mineros de morir por una explosión de grisú. Con una concentración de entre un 5 y un 15 por ciento de grisú en el aire, basta una chispa o una llama para que este gas se incendie y se produzca una explosión capaz de extenderse por túneles y pozos en cuestión de segundos.

 

En 1815, la Sociedad para la Prevención de Accidentes en las Minas de Sunderland, en el noreste de Inglaterra, encargó al químico Humphry Davy que buscase la forma de evitar nuevas catástrofes. Davy se dio cuenta enseguida de que el problema no era simplemente de ventilación, como algunos pretendían. El mayor peligro eran las velas o lámparas de aceite que utilizaban los mineros y que hacían explotar el grisú. Como la iluminación artificial era imprescindible para el trabajo en la mina, había que diseñar una «lámpara de seguridad» que pudiera utilizarse sin riesgo de provocar una catástrofe.

 

Uno de los primeros modelos diseñados por Davy, Royal Institution Londres

Uno de los primeros modelos diseñados por Davy,                   Royal Institution Londres

Davy, uno de los grandes pioneros de la química moderna en esos años, empezó por analizar las propiedades del grisú. Mediante numerosos experimentos que realizó en un laboratorio en Londres averiguó que el grisú era metano y que prendía sólo cuando se encontraba en una determinada concentración respecto al aire. También descubrió que las explosiones únicamente se producían cuando el gas alcanzaba una temperatura crítica muy elevada; por debajo de esas temperaturas el gas ardía, pero no explotaba.

 

Ensayos de laboratorio

Davy comprendió entonces que había que crear una especie de cápsula que mantuviera la temperatura de la lámpara por debajo del nivel crítico. Probó primero con contenedores de cristal, pero éstos estallaban. Finalmente lo consiguió con un tubo estrecho de metal, el cual enfriaba la llama de metano e impedía que ésta se incendiase.

UMPHRY DAVY. MEDALLA DE LA ROYAL SOCIETY CON LA IMAGEN DEL QUíMICO

HUMPHRY DAVY. MEDALLA DE LA ROYAL SOCIETY CON LA IMAGEN  DEL QUíMICO

Davy y sus colaboradores hicieron varios prototipos de lámparas de metal, pero no eran totalmente seguros. Lejos de desfallecer, a finales de 1815 Davy tuvo una idea genial: en vez de un tubo de metal colocó en torno a la llama una malla metálica. Cuando el metano la atravesaba, prendía y ardía, dando a la llama un típico tono  azulado,pero los agujeros de la malla eran demasiado pequeños para que la llama se propagara al exterior. La lámpara de Davy servía además para advertir de la presencia de grisú porque la llama se volvía más intensa y de color azul; si se dejaba en el suelo y se apagaba, era señal de que la concentración de dióxido de carbono estaba volviéndose peligrosa.

El ingenioso aparato de Davy fue mejorado en décadas posteriores, con telas metálicas mucho más densas o incorporando un dispositivo de encendido interno que evitaba tener que abrirla para prender la llama.Sin embargo,no era perfecta.La malla reducía la luz en dos tercios y un golpe de aire o un excesivo calentamiento podían desencadenar el desastre. Las explosiones en las que nadie sobrevivía siguieron produciéndose, entre otras cosas porque la misma lámpara indujo a adentrarse en minas que anteriormente se consideraban demasiado peligrosas.El riesgo sólo empezó a controlarse a mediados del siglo XX, con la introducción de lámparas eléctricas, sistemas de ventilación eficientes y detectores de grisú más fiables que el tradicional canario en una jaula

 

 

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El misterio Stuka: cuando los nazis bombardearon Castellón

Publicado por El hijo del Ahuizote en 30th junio 2018

                                                                       

Cayeron 36 bombas en mayo de 1938. Los vecinos culparon a la Guerra Civil. Pero no: era un ensayo de la Luftwaffe de Hitler para la II Guerra Mundial.

Aquella mañana Pepe fue al barbero, un forastero catalán que había llegado a Vilar de Canes con la navaja y las tacillas buscando algo de paz en plena guerra. Pepe amarró las cabras, se cortó el pelo y se afeitó, y por primera vez le empaparon las mejillas en colonia como si fuera un galán de Hollywood.

Casi a la misma hora pero un día antes Ángel cogía el camino de Vilafranca que le llevaba de su casa en Benassal al campo donde faenaban sus padres. Tenía 15 años cuando oyó aquel ruido y miró hacia el cielo con sus ojos azules como el océano.

Casi a la misma hora pero un día después Milagros se escapaba corriendo a casa para comerse una loncha del jamón que su familia secaba en la buhardilla. «Voy a casa y vuelvo», le dijo a su padre.

Cuando se oyó aquel ruido por primera vez el barbero le suplicó a Pepe que le acompañara al refugio, pero los galanes de Hollywood no se afeitan y se empapan las mejillas en colonia para esconderse en una cueva mugrienta. La primera bomba cayó justo cuando Milagros entraba en casa. «Nos han matado a la chica», adivinó su padre. Milagros tenía 18 años. El cadáver de Pepe lo encontraron acurrucado bajo el hueco de la escalera, sepultado por los escombros. Ángel ya había echado a correr camino arriba.

Hoy tiene 93 años y presume de ser el más viejo de Benassal, un pueblo con no mucho más de 1.000 habitantes en la comarca del Alto Maestrazgo de Castellón. Aún tiene los ojos azules como el océano pero viste de negro de la boina a los pies desde que su consuegro mató de un escopetazo a su hija hace la tira de años, cuando las cosas en los pueblos pasaban porque sí y nadie se preguntaba demasiado los motivos. Como aquella mañana de las bombas.

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Fallece ‘Viejo’, del programa ‘El precio de la historia’

Publicado por El hijo del Ahuizote en 25th junio 2018

La noticia fue dada a conocer desde la página de Rick Harrison’s Gold & Silver Pawn.

Muere Richard Harrison

Richard Harrison estuvo a cargo de un programa que se convirtió en un éxito instantáneo. (Internet)

Estados Unidos.- Richard Benjamin Harrison, el popular ‘Viejo’ del programa “El precio de la historia”, murió a los 77 años.

La triste noticia fue dada a conocer desde la página oficial de Rick Harrison’s Gold & Silver Pawn, la tienda de antigüedades regentada por la familia Harrison desde los años 70 en Las Vegas, Estados Unidos, informa el portal  Diario Correo.

“Es con un peso en el corazón que informamos el fallecimiento esta mañana de Richard Bejamin Harrison, conocido como ‘El viejo’ por los fans de ‘El precio de la historia’ alrededor del mundo”, comunicó la empresa familiar a través de su cuenta de Facebook.

 

Al momento de su muerte, este fin de semana, Harrison estaba rodeado de “una familia amorosa y se fue pacíficamente”. 

“El equipo de Gold & Silver Pawn y la familia se encuentran en duelo por su pérdida. Será recordado como el mejor padre, abuelo y bisabuelo que pudo haber tenido su familia y por los fans como el algunas veces gruñón —aunque siempre cariñoso—, a menudo bromeando, y como la voz de la razón en el programa de televisión ‘El precio de la historia'”, añade el comunicado.

La familia agredeció las oraciones y amables palabras que les han dedicado los fans del programa de History. Las causas de la muerte de este personaje no fueron informadas.

“The old man” se mudó a Las Vegas a principios de los 80, y abrió la tienda Gold & Silver Pawn con su hijo, Rick. Unos productores encontraron a la familia y su negocio para hacer un programa que se convirtió en un éxito instantáneo. Ha estado al aire desde julio de 2009, informa el portal Life & Style.

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El Ejército Imperial Japonés

Publicado por El hijo del Ahuizote en 23rd junio 2018

El Ejército Imperial Japonés del período de 1931 a 1945 era una combinación extraña: una fuerza moderna, bien entrenada y armada, pero imbuida de las tradiciones antiguas y cerradas de un pueblo que acababa de salir de siglos de un autoimpuesto aislamiento del mundo moderno. Las contradicciones de la sociedad japonesa se reflejaban en sus fuerzas armadas, que abrazaban cualquier avance tecnológico militar pero seguían ancladas en las costumbres de una sociedad medieval, esencialmente feudal. Estas contradicciones crearon un ejército que era un enigma para la mayoría de los observadores extranjeros, un ejército que fue fatalmente malinterpretado y menospreciado por sus enemigos en los primeros compases de la guerra, pero que al mismo tiempo fue terriblemente vulnerable a ellos en cuanto mostró sus peculiares debilidades.

La adaptabilidad, las tácticas agresivas, el valor fanático y la obediencia ciega del soldado japonés iban a dar a ese ejército una victoria tras otra durante la guerra contra China en la década de 1930 y en las ofensivas relámpago contra las fuerzas estadounidenses, holandesas, británicas y de la Commonwealth en Asia y el Pacífico en 1941-1942. Sin embargo, estas cualidades humanas no bastaron cuando se enfrentaron al poderío económico, militar e industrial y a la cultura bélica verdaderamente moderna de EE.UU. Desde la perspectiva de hoy, puede decirse que elEjército Imperial Japonés iba ya camino de la derrota cuando empezó a conseguir sus primeras y espectaculares victorias en diciembre de 1941.

A mediados de 1942, las fuerzas armadas imperiales japonesas habían expandido enormemente el Imperio en una espectacular campaña de conquista de 6 meses. Pero casi desde el mismo momento en que cesó su avance por el Pacífico se vieron obligadas a defender sus ganancias frente a las contraofensivas aliadas, que al principio fueron lentas y débiles pero fueron ganando en potencia y confianza. Fue una defensa para la que  Japón estaba preparado en el plano táctico, no así en el estratégico. Tras unos reveses iniciales se estableció una Esfera de Defensa Nacional Absoluta que incluía Birmania, Malasia, las Indias Orientales, Nueva Guinea occidental y las islas Carolinas, Marianas y Kuriles. Durante los 3 años siguientes, los japoneses iban a defenderla con una determinación feroz que sorprendió a sus enemigos, pero con un resultado final incuestionable.

Tanto había conquistado el ejército nipón que ahora se hallaba desplegado en el extremo de unas líneas de suministro extraordinariamente largas. El sistema logístico japonés era inadecuado – e incluso primitivo – a todos los niveles, pero los planes del alto mando para defender un perímetro tan inmenso no parecieron tener esto en cuenta. Con sus fuerzas dispersas en el extremo de unas largas líneas de suministro, amenazadas cada vez más por la supremacía aérea y naval aliada, Japón careció de los medios y el material para abastecer y reforzar sus guarniciones, y los efectos de las escaseces estratégicas de todo tipo empezarían a dejarse sentir entre la población japonesa ya en 1942. El Imperio quedó abrumado por la capacidad de EE.UU. de producir cañones, carros de combate, buques y aviones, y de tripularlos. Japón por su parte carecía de la base industrial necesaria para mantener a sus desperdigadas fuerzas armadas y reemplazar las enormes pérdidas sufridas. En el último año de la guerra, la producción japonesa se vio reducida drásticamente por los bombardeos aéreos aliados. Por ejemplo, en 1940 se fabricaron 1.023 carros de combate, por sólo 94 en 1945, y de modelos totalmente obsoletos.

La disparidad entre la producción de guerra de EE.UU. y Japón queda de manifiesto en una estadística extraordinaria: por cada soldado japonés en el Pacífico había 1 kg. de material, mientras que por cada estadounidense había 4 toneladas. Otro dato: ya en 1941, la producción de aviones estadounidense era 4 veces mayor que la japonesa, una brecha que se iría ampliando de forma imparable. Sin embargo, el carácter único de la milicia japonesa le permitió desafiar esas condiciones tan negativas. Aunque sus fieras batallas defensivas no lograron otra cosa que enormes pérdidas humanas, todavía había 2 millones de soldados dispuestos a defender las islas metropolitanas de la invasión aliada cuando el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, en agosto de 1945, convencieron finalmente al gobierno imperial de la futilidad de seguir resistiendo. Aún así, un grupo de oficiales planeó, sin éxito, sabotear la alocución de rendición del emperador Hirohito.

Para mediados de 1942, el Ejército Imperial Japonés se había ganado la reputación de invencible entre las conmocionadas tropas aliadas, pero en cuanto éstas empezaron a contraatacar – en Guadalcanal y Nueva Guinea – salieron a la luz las deficiencias de dicho ejército y se aprendió a explotarlas. La mayoría de los comandantes japoneses carecían de imaginación más allá de la doctrina de atacar a toda costa: cuando el ataque fallaba, tendían a repetir el intento hasta que sus tropas quedaban diezmadas. En una sociedad fuertemente jerarquizada, el cuerpo de oficiales temía quedar desacreditado si reconocía dificultades, por lo que sus informes tendían a ser optimistas en exceso. Los mandos daban órdenes, pero se tomaban pocas molestias en supervisar su ejecución.

A diferencia de los ejércitos occidentales, el japonés apenas progresó en cuanto a mecanización. Sus unidades siguieron siendo esencialmente fuerzas de infantería apoyadas por artillería media y cuyo transporte seguía dependiendo de caballos y mulas. El ejército nipón andaba escaso de artillería pesada y era incompetente en su uso, pues se ponía todo el énfasis en el apoyo inmediato a la infantería. En esto, como en el uso de los carros de combate, los Aliados le ganaron rápida y decisivamente la partida. Pese al éxito de las unidades blindadas en Malasia a principios de 1942, los tanques fueron dispersados para dar apoyo a la infantería, un poco como si fuesen fortínes móviles (cada división de infantería Tipo A – es decir, la “reforzada” –, solía tener una unidad de carros de combate). Existía poco interés en el uso independiente de masas de carros como medios medios de maniobra (de hecho la primera división acorazada no se formó hasta 1942, y durante la guerra sólo habría un total de 4). Sin embargo, se potenció un tipo de carros de combate que sacrificaban el blindaje y la potencia del armamento en aras de la liviandad y la velocidad, por lo que resultaron extremadamente vulnerables. La calidad de la mayoría del material bélico aliado mejoró sin pausa, mientras que la del japonés se mantuvo mayormente en sus niveles de la década de 1930; en el orden cuantitativo, las diferencias se hicieron enormes.

La planificación y ejecución logística fue mala desde el principio: en el invierno de 1942-43, en Nueva Guinea, decenas de miles de soldados fueron más o menos abandonados a su suerte, y no sería la última vez. Existía una fuerte rivalidad entre el Ejército y la Marina Imperial, lo que tenía unas consecuencias nefastas en unas campañas en las que la cooperación interarmas era vital. La superioridad aérea japonesa de 1941-1942 empezó a ser disputada enseguida, y luego doblegada. Frente al avance estadounidense por el Pacífico, el Alto Mando Japonés fue incapaz de formular una estrategia más prometedora que la de atrincherarse, conservar el territorio hasta el último hombre e infligir al enemigo el mayor número de bajas posibles. Para la mentalidad occidental, ello era fruto de la desesperación, pero para la japonesa, la muerte honorable por el emperador era un premio.

El Ejército Imperial Japonés poseía importantes cualidades tácticas que puso en práctica casi hasta el final. El enemigo más temible es el soldado al que no le importa morir o seguir vivo, y esta cultura permeó en todas las fuerzas imperiales. Los Aliados descubrieron que era casi imposible tomar prisioneros japoneses: “la muerte antes que la rendición”era un principio genuino y no sólo un eslogan. Cuando se quedaban sin posibilidad de seguir resistiendo, se mataban en sus pozos de tirador, sus cuevas, fortines o búnkeres, o se inmolaban en suicidas cargas banzai o arrojándose bajo los tanques con una granada. Antes de 1945, el escaso número de prisioneros hecho entre fuerzas japonesas derrotadas – sobre todo heridos, de entre los miles de muertos en el campo de batalla – no incluía ningún oficial de graduación superior a la de comandante. En consecuencia, en todos los campos de batalla, cada posición japonesa tenía que tomarse individualmente, con fuego de artillería seguido de carros, ametralladoras, cargas explosivas, lanzallamas y granadas de mano. Ello era muy costoso en vidas estadounidenses y no sorprende que, después de haber experimentado este tipo de combate, pocos infantes aliados se tomasen demasiadas molestias en hacer prisioneros japoneses.

Las posiciones de campaña que los japoneses defendían hasta la muerte solían ser numerosas, bien emplazadas y de sólida construcción. Su talento para el camuflaje era de primer orden, y su disciplina de fuego, excelente. Habían aprendido de sus errores. En Tarawa fortificaron todo el perímetro de la isla, por lo que cuando los norteamericanos desembarcaron en el lado opuesto al más esperado, una gran parte del plan defensivo se vino abajo, pues no existía un reducto central desde el que lanzar contraataques en todas direcciones. En Peleliu y en adelante se aplicó esa lección: la mayor parte de guarniciones estaban desplegadas en amplios y complejos sistemas tierra adentro formados por emplazamientos de armas, búnkeres profundos, túneles interconectados y cuevas naturales optimizadas. Aunque básicamente defensivas, las tácticas japonesas implicaban siempre contraataques inmediatos y desesperados para retomar el terreno perdido. Los soldados japoneses eran valientes, disciplinados y tenaces, y muy hábiles en la lucha nocturna, la infiltración, el engaño, las trampas y las emboscadas.

Dado el escaso valor que se daba a la vida del soldado japonés, no es extraño que éste tuviese en una estima aún menor la de los extranjeros. Entrevistas a veteranos han confirmado que era habitual que, al llegar a una unidad en el frente chino, el soldado fuese obligado a demostrar su obediencia y su espíritu matando a bayonetazos a un prisionero o campesino chino (o, si el recién llegado era un oficial, decapitándolo con su espada). Espoleados por sus mandos, estos soldados embrutecidos – producto de una sociedad que se vanagloriaba de su superioridad racial – trataron a los civiles de los territorios conquistados con una crueldad medieval. En China, la pesadilla de los ataques guerrilleros desembocó en la aplicación de la política oficial de los “tres todos”: “quemadlo todo, cogedlo todo, matadlo todo”. Tampoco sorprende que veteranos de China siguiesen comportándose de la misma forma cuando fueron transferidos al sur para “liberar” a otras razas asiáticas, en especial cuando las deficiencias de su sistema logístico los dejó a expensas de lo que pudiesen requisar.

Fuentes:
Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: “El Ejército de Kwantugn y la expansión japonesa” de Philip Jowett
Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: “Los Comandos Suicidas y otras unidades japonesas” de Philip Jowett

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El mundo en guerra Capítulo III

Publicado por El hijo del Ahuizote en 10th junio 2018

El mundo en guerra (The World at War) es una serie documental para televisión emitida entre 1973 y 1974 sobre la Segunda Guerra Mundial y los acontecimientos que condujeron a ella y los que ocurrieron inmediatamente después. Fue producida por Jeremy Isaacs, escrita y coproducida por Peter Batty y narrada por Lawrence Olivier. Carl Davis compuso su banda sonora. Un libro, El mundo en guerra, fue escrito por Mark Arnold-Forster como suplemento de la misma. Fue galardonada con el Premio Emmy.

La serie ha sido considerada a menudo como el mejor y definitivo documental sobre la historia de la Segunda Guerra Mundial hecho para televisión. También presentó raras imágenes de película en color de algunos de los acontecimientos de la guerra.

En una encuesta realizada en 2000 por el British Film Institute, en la que participaron profesionales de los medios de comunicación, sobre los 100 mejores programas emitidos en la televisión británica, The World at War quedó en la 19.ª posición.

Episodio II

El 6 de octubre de 1939 Hitler dio un discurso ante el Reichstag en el que declaro cumplidas la reivindicaciones alemanas respecto a las opresoras imposiciones del Tratado de Versalles, ademas de ofrecer la paz a los aliados y advirtió:: “SERA LA PAZ O LA GUERRA SIN CUARTEL”

 

 

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El mundo en guerra Capítulo II

Publicado por El hijo del Ahuizote en 3rd marzo 2018

El mundo en guerra (The World at War) es una serie documental para televisión emitida entre 1973 y 1974 sobre la Segunda Guerra Mundial y los acontecimientos que condujeron a ella y los que ocurrieron inmediatamente después. Fue producida por Jeremy Isaacs, escrita y coproducida por Peter Batty y narrada por Lawrence Olivier. Carl Davis compuso su banda sonora. Un libro, El mundo en guerra, fue escrito por Mark Arnold-Forster como suplemento de la misma. Fue galardonada con el Premio Emmy.

La serie ha sido considerada a menudo como el mejor y definitivo documental sobre la historia de la Segunda Guerra Mundial hecho para televisión. También presentó raras imágenes de película en color de algunos de los acontecimientos de la guerra.

En una encuesta realizada en 2000 por el British Film Institute, en la que participaron profesionales de los medios de comunicación, sobre los 100 mejores programas emitidos en la televisión británica, The World at War quedó en la 19.ª posición.

Episodio II

Neville Chamberlain dijo en septiembre de 1938: “Es una lastima que tengamos que prepararnos nuevamente para una guerra por culpa de una disputa suscitada en un país lejano entre personas de las que no sabemos nada” Este seguía siendo el sentir un año después frente a la invasión Alemana sobre Polonia…

 

 

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