Historias de la Historia

Anécdotas y Curiosidades del pasado

Archivo para agosto, 2018

Un niño entre los plagiarios de Ahuixotla (Año 1872)

Publicado por El hijo del Ahuizote en agosto 25th 2018

Un francés, de nombre Luis Bassot, regresaba del pue­blo de Santa Fe la tarde del 23 de junio, como a las ocho y media de la noche. Salía de la casa de su socio, Vicente Vázquez, junto con su mozo y se aprestaba a caminar con rumbo del molino del mismo pueblo, donde habi­taba cuando fueron sorprendidos por algunos hombres disfrazados y armados hasta los dientes, los cuales lo su­jetaron de los brazos y le cubrieron la boca, mientras golpeaban a Vázquez y lo sujetaban también.

 

Iglesia de la Virgen de la Asunción en el Pueblo de Santa Fe

Fueron arrastrados hasta el camino donde habían de­jado sus caballos y lo obligaron a montar uno de ellos, al tiempo que el mozo era amarrado en un árbol.

Luego de caminar durante más de dos horas en la total oscuridad, los bandidos hicieron bajar del caballo a su víctima y comenzaron a caminar a pie, haciéndolo subir algunas cercas de piedra, hasta llegar a una casa, donde fue colocado debajo de un cuero de toro tendido entre dos palos, lugar donde se pone el pulque.

En ese lugar se acercó un niño que le señaló, mientras pasaba la mano por el cuero, que estaba gordo porque comía bien, que había de ser rico y que si les daba cien mil pesos lo pondrían en libertad.
Encerrado debajo del cuero de pulque, a través de un agujero que tenía la piel, Bassot logró mirar el rostro de uno de sus plagiarios. Durante dos días estuvo sin comer ni beber agua. Su desesperación llegó a tal extremo que bebió sus orines.
Lo sacaron una noche, le hicieron montar a caballo dando muchas vueltas, haciéndole creer que estaban cerca de Toluca.
En ese sitio fue enterrado en una fosa hecha en el suelo donde había agua y humedad en exceso. Fue acostado bajo unos tejamaniles donde sufrió diversas picaduras de hormigas y otros insectos. Allí comenzaron a darle un poco de comida, una vez al día y en pequeñas cantidades.
La fosa se hallaba cubierta por dos tablas, una fija y otra movible y, sobre estas, había pencas secas de maguey. Enmedio del silencio del lugar, pudo comprender que se encontraba en un pueblo pues escuchaba el tañer de campanas, el pito del ferrocarril, el canto de los gallos y las voces de la gente.
Logró escuchar el estampido del cañón que tronó el día que murió Benito Juárez, así como las salvas del 16 de septiembre, pues estuvo encerrado durante más de noventa días.
Cuando sintió que ya no tenía nada que perder, devorado por los insectos, extenuado de hambre y sufriendo constantes martirios y humillaciones, decidió huir una madrugada tras observar que era vigilado solo por las noches.

Zócalo de la ciudad de México 1872

                                                Zócalo de la ciudad de México 1872

Salió de su sepultura y con enorme dificultad escaló la pared, rompió el techo de tejamanil y se dejó caer al suelo fuera de la casa; se arrastró por los sembradíos, con gran debilidad y aterido de frío caminó durante un largo trecho, con temor de ser descubierto por sus plagiarios.
En la madrugada encontró a tres viajeros de a pie con quienes, tras vencer la desconfianza mutua, caminó rumbo a México.
Al llegar a la capital la policía intervino y, después de interrogarlo, se dirigió al pueblo de Santiago Ahuixotla, donde encontró la casa en que estuvo secuestrado. Fueron aprehendidos Domingo Calzada, Nazario Romero y el niño Cleofas Jácome; los demás cómplices, huyeron.
Al concluir el juicio, Calzada, Rodríguez y Romero fueron sentenciados a muerte, mientras el niño Cleofas debió pagar una pena de diez años, debido a su corta edad.
Más tarde, el presidente de la república resolvió conmutar la pena de muerte a Rodríguez y a Romero, condenándolos a ocho años de prisión; el niño fue castigado a dos años de presidio. Sólo se ratificó la sentencia a Calzada, quien fue ejecutado junto al lugar donde había estado plagiado Bassot, exponiendo su cadáver en un paraje inmediato.

 

NOTA: Basado en: Salvador Novo, “Memoria del Gobernador del Distrito Federal”, en Un año, hace ciento. La ciudad de México en 1873, México, Porrúa, 1973.

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La Infame Brigada SS “Dirlewanger”

Publicado por El hijo del Ahuizote en agosto 16th 2018

La Infame Brigada SS “Dirlewanger”

Las matanzas perpetradas por las Waffen-SS en el frente oriental fueron de una brutalidad extrema, pero hubo una unidad cuyos excesos lograrían incluso escandalizar al cuartel general de Hitler: la SS Sturmbrigade “Dirlewanger”. La extrema barbarie y depravación de esta unidad de las SS sólo fue comparable a la del R.O.N.A. de Bronislav Kaminski(también conocida como “Brigada Kaminski”).

Sus orígenes están en una estrambótica sugerencia que le hicieron a Hitler, en el sentido de que una unidad formada con cazadores furtivos convictos tendría los conocimientos de la vida al aire libre idóneos para la lucha antipartisana. El dictador nazi aprobó la idea, y el 15 de junio de 1940 se formó una pequeña compañía penitenciaria llamada “Mando de Furtivos Oranienburg”, constituida por criminales civiles y militares comunes (no presos políticos) de toda ralea reclutados en varias prisiones y campos de concentración. En septiembre, con unos 300 efectivos, recibió material de la SS-Totenkopfverbände y fue rebautizada como “Batallón Especial de las SS Dirlewanger”, llamado así por el comandante al que se le había encargado su formación, el SS-OberführerOskar Dirlewanger.

Nacido en la ciudad bávara de Würzburgo en 1895, este infame tipejo (la prueba evidente de que la cara es el espejo del alma, como se puede observar en la fotografía de aquí arriba) había luchado en la Primera Guerra Mundial, donde fue herido y condecorado. Luego se doctoró en Ciencias Políticas, y en 1923 se afilió al NSDAP. Aunque trabajaba como maestro, era un completo degenerado, dado a la bebida y a los escándalos. Los historiadores e investigadores coinciden en describirlo como un asesino psicópata, sádico, pedófilo y con tendencias necrófilas.  Así, Chris Bishop, lo define como “el hombre más malvado de las SS”, mientras que de acuerdo con Timothy Snyder“en todos los teatros de operaciones de la Segunda Guerra Mundial, muy pocos pudieron rivalizar en crueldad con Oskar Dirlewanger”. Lo que viene a ser un grandísimohijodelagranputa de marca mayor, vamos.

En 1934 fue condenado a dos años de cárcel por violar a una menor de 14 años, perdiendo su trabajo, su título de doctor, sus condecoraciones honores militares y siendo además expulsado del Partido Nazi. Reincidió a las primeras de cambio en cuanto salió en libertad, siendo acusado de cargos similares y fue enviado a un campo de concentración. Sin embargo, contaba con la protección de un antiguo camarada de la Gran Guerra y delFreikorps ahora muy bien situado, el jefe de reclutamiento de las SS, el SS-Obergruppenführer Gottlob Berger (que además era íntimo amigo deHeinrich Himmler), quien salió en su rescate, logró que lo reinstauraran en la reserva de las SS y le envió a España a luchar en las filas de la Legión Condor, donde permaneció entre 1936-1939. Después, Berger (en la fotografía sobre éste párrafo) le consiguió que fuese nombrado Obersturmführer (teniente) en las Waffen-SS. Igualmente, consiguió que fuera readmitido en el NSDAP, le fuera devuelto su título de doctor, así como la autorización para formar esa unidad de “furtivos” en Oranienburg, el cuartel general de la SS-Totenkopfverbände.

En octubre de 1940, la unidad fue enviada a la Polonia ocupada para tareas de seguridad; los informes de atrocidades empezaron casi de inmediato y continuaron durante todo 1941, año en que la unidad fue empleada para luchar contra los partisanos. El batallón convirtió la ciudad polaca de Lublin en habitual escenario de saqueos, incendios, asesinatos, violaciones y atrocidades sin límite. Cientos de aldeas y poblados fueron incendiadas y sus habitantes aniquilados. Entre las barbaridades cometidas por la chusma de Dirlewanger – quien al parecer se paseaba con su mascota, un pequeño primate, sobre los hombros, mientras dirigía sus matanzas – estaba inyectar estricnina a sus víctimas femeninas, tras haberlas desnudado y golpeado previamente, y observarlas, junto a sus oficiales, convulsionar hasta la muerte como simple entretenimiento. Los informes sobre su lucro personal y las barbaridades cometidas en Polonia incluso atrajeron la atención de un fiscal de las SS, Conrad Morgen, que inició una investigación sobre sus siniestras actividades, pero su amistad con Gottlob Berger, le protegió incluso del SS-Obergruppenführer Friedich Krüger, jefe superior de las SS y la Policíaen Polonia.

Así que, gracias a sus amigos de alto rango, Dirlewanger y su banda de criminales – ahora un “Regimiento Especial de las SS” – fueron transferidos a Bielorrusia en enero de 1942. Nada más llegar se pusieron a reclutar personal local para las operaciones contra los partisanos, en las que serían empleados exclusivamente hasta noviembre de 1943, cimentando la bárbara y cruel reputación que traían de Polonia. Se estima que el regimiento asesinó al menos a 30.000 civiles durante su estancia en Bielorrusia, aunque otras estimaciones hablan de 120.000 muertos y 200 aldeas incendiadas. Parece ser que el modus operandi preferido de estos malnacidos (algunos de cuyos miembros parece ser que se ocultaban bajo máscaras, como se puede ver en la imagen bajo este párrafo) era entrar en los pueblos, reunir a todos sus habitantes y encerrarlos en un granero, para después incendiarlo, acribillando con  ametralladoras a todo aquel que tratara de escapar de las llamas y el humo. También utilizaron a civiles como escudos humanos o los hacían caminar sobre campos minados.

Pese a su pésima notoriedad, la unidad fue expandida a dos batallones en agosto de 1942, y Dirlewanger, “para más inri”, fue condecorado por su “valor”, en mayo y octubre. En mayo de 1943, la unidad fue autorizada a llevar parches de cuello y divisas de empleo (algo insólito en unidades penitenciarias). El concepto original de ser una formación de cazadores furtivos había desaparecido para siempre: ahora se aceptaba a granujas de todo pelaje y de la peor calaña – psicópatas, violadores, asesinos… bien fueran alemanes o extranjeros, militares o civiles – y en marzo de 1943 se ofreció el servicio en la unidad como medio de redimir y conmutar penas. Con semejante personal entre sus filas no es raro que llegase a haber tiroteos entre “soldados” rusos y lituanos, teniéndose que imponer la disciplina por los métodos más brutales, incluso con los oficiales. En ocasiones, las operaciones antiguerrilla a gran escala costaron a la unidad muchas bajas (unas 300 entre febrero agosto de 1943), y se autorizó la formación de un tercer batallón.

Entre noviembre y diciembre de 1943, el regimiento se vio en primera línea de fuego, encuadrado en el Grupo de Ejércitos Centro, y padeció todavía más bajas, quedando reducido a 260 hombres. Dirlewanger fue nuevamente “recompensado” con la Cruz Alemana en Oro, la segunda condecoración en importancia después de la Cruz de Caballero. Su regimiento de presidiarios fue reconstituido a primeros de 1944 con convictos sacados de los penales militares alemanes y para febrero tenía 1.200 hombres, a los que se sumaron otros 800 en abril. A las misiones contra los partisanos en Bielorrusia, en mayo y junio, siguieron combates de retaguardia durante la retirada a Polonia en julio, a resultas de la Operación Bagration del Ejército Rojo.

En agosto de 1944, como había sucedido con los renegados rusos de Kaminski, los incontrolables convictos de Dirlewanger escalaron las más altas cumbres de la abyección cuando fueron requeridos para aplastarla sublevación de Varsovia. Participaron en la masacre de Wola, en la que, en tan sólo 2 días, al menos 40.000 civiles fueron asesinados. En ese distrito de la capital polaca, quemaron tres hospitales con sus pacientes dentro, mientras que a las enfermeras, las golpearon y violaron brutalmente, ahorcándolas después desnudas, junto a los médicos y doctores. Completamente borrachos se abrieron paso por la Ciudad Viejabebiendo, violando y asesinando, ensañándose con combatientes y civiles por igual, sin distinciones de edad o sexo. Irrumpieron en otro hospital en el que los pacientes fueron acribillados y abrasados con lanzallamas y las enfermeras, violadas y asesinadas. La “Brigada Dirlewanger” quemó vivos a prisioneros (incluso menores de edad) – se dice, que a veces les cortaban los brazos, los empapaban de gasolina y tras prenderles fuego, se divertían viéndolos correr por las calles de Varsovia -, violó a niños, empalaban bebés con bayonetas o los tiraban por las ventanas, colgaban a mujeres en los balcones de las casas…. Se dijo que un oficial de estado mayor enviado a llevar a Dirlewanger ante el general en jefe de la operación, el SS-Obergruppenführer Von dem Bach-Zelewski, fue despachado a punta de pistola. Al menos otros 30.000 civiles fueron masacrados en la Ciudad Vieja. Pero, a diferencia de KaminskiDirlewanger no fue ejecutado por sus atrocidades, sino que le fue concedida la Cruz de Caballero.

A finales de agosto estalló una revuelta en Eslovaquia; en septiembreBerger fue nombrado jefe superior de las SS y la Policía en ese territorio, y en octubre logró que le transfiriesen la unidad de su protegido. El regimiento de Dirlewanger (debilitado por los ataques aéreos de camino a Eslovaquia) entró en combate contra los rebeldes eslovacos en Biely Potok, Liptovska Osada Treicy y, aunque tuvo éxito, empezó a sufrir deserciones. En noviembre de 1944, se permitió que algunos de sus miembros pudiesen pasar a otras unidades de las Waffen-SS, al tiempo que el regimiento fue convertido en una brigada mediante la incorporación de más criminales.

En febrero de 1945, mientras estaba estacionada en Hungría, la unidad fue rebautizada “36. Waffen Grenadier Division der SS”, aunque en realidad nunca tuvo los efectivos, ni de lejos, para ser una división. Ese mes, Dirlewanger regresó a Alemania para someterse a tratamiento hospitalario y fue sustituido por Fritz Schmedes. La división se vino abajo durante la ofensiva soviética de primavera, en abril de 1945, y muchos hombres desertaron antes de quedar atrapados en la Bolsa de Halbe. El 29 de abril, algunos elementos de la división fueron capturados por los soviéticos al sureste de Berlín, y pasados por las armas de forma sumaria. Unos pocos lograron entregarse a las fuerzas estadounidenses.

Cuando acabó la guerra, los franceses detuvieron a Dirlewanger enAltshausen (Alemania), mientras vestía con ropas de civil y se ocultaba bajo una identidad falsa. Al parecer, lo entregaron a unos soldados polacos, quienes, al descubrir su identidad, le dieron a probar de su propia medicina: lo torturaron durante varios días y acabaron a golpes con su miserable vida en torno al 4-5 de junio de 1945. Aunque corrieron muchos rumores acerca de su suerte – se pensó que había conseguido huir – el análisis de sus restos en 1960 confirmó su muerte.

Fuentes:

Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: “Las Legiones de Voluntarios y otras Divisiones de las SS: de la 24ª a la 38ª” de Gordon Williamson

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Seres y objetos que sobrevivieron a la bomba de Hiroshima

Publicado por El hijo del Ahuizote en agosto 12th 2018

Hiroshima
                                                                                                       La ciudad quedó completamente destruida.

El 6 de agosto de 1945, la mayor parte de la ciudad de Hiroshima se extinguió.

Estados Unidos lanzaba una bomba atómica para obligar a Japón a rendirse. En el camino, más de 140.000 vidas humanas se perdieron. Hiroshima y luego Nagasaki quedaron prácticamente destruidas.

Sin embargo hubo algunos testigos que sobrevivieron para contar en silencio una parte imborrable de la historia. A 70 años de la bomba atómica, les presentamos tres de ellos.

 

1. El bonsái Yamaki

Bonsai

Tiene 400 años y miles de historias que contar. Sin duda la más importante es cómo sobrevivió a una bomba nuclear.

Este Bonsai, originario de la isla de Miyajima, que se cree fue plantado en 1625, para 1945 se encontraba en la villa de la familia Yamaki, a unos tres kilómetros del epicentro de la bomba.

Milagrosamente, este pino blanco enano, con forma de hongo, salvó ileso, al igual que la familia que lo albergaba.

Hoy, sin embargo, no se encuentra en Japón, sino en EE.UU.

El árbol es parte de la colección del Museo Bonsái y Penjing en Washington DC, luego de que el maestro bonsái Masaru Yamaki lo donara al pueblo estadounidense como parte de las celebraciones del bicentenario de EE.UU.

2. Un tranvía llamado Hiroshima

Tranvía

Algún día, fue el vagón 653. Pero luego de que el desastre nuclear golpeara la ciudad, se convirtió en uno de los tres tranvías que sobrevivieron.

Hoy ha sido completamente restaurado y es uno de los testimonios vivientes de aquella época.

Pintado de azul y gris, sus colores originales, su interior mostrará videos de testimonios de los sobrevivientes, a 70 años del lanzamiento de la bomba.

 

3. Los árboles superpoderosos

A-tree
                                                                                          La conservación de los Hibakujumoku es una tarea prioritaria para los locales.

Si usted visita Hiroshima y a su paso se encuentra con un árbol con un delicado cartel amarillo marcado como “A-tree”, está frente a un monumento vivo.

Los A-trees o Hibakujumoku, en el idioma local, son árboles que sobrevivieron al 6 de agosto de 1945. No sólo sobrevivieron, sino que además volvieron a florecer y hoy son parte importante de la identidad local.

A-tree
                                                                                                                  Muchos de ellos están en medio de las casas.

Emplazados en parques, jardines o incluso en medio de casas, su conservación es una de las prioridades de la ciudad.

Hoy existen varios proyectos de conservación. Uno de ellos, bajo el alero del Instituto de Investigación y Desarrollo de la ONU, disemina sus semillas alrededor del mundo, como una manera de esparcir su legado y recordar lo que vivieron estos árboles ancestrales.

Entre los sobrevivientes hay especies tan diversas como sauces llorones, gingkos e incluso higueras.

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Boca Ratón, la ciudad de Estados Unidos que desarrolló un arma secreta clave para derrotar a los nazis en la Segunda Guerra Mundial

Publicado por El hijo del Ahuizote en agosto 2nd 2018

El teniente Manuel J. Chávez dividía su tiempo entre bañarse en el mar transparente de Boca Ratón y pilotar aviones con un arma secreta que ayudó a derrotar a los nazis en la Segunda Guerra Mundial.

Era 1942 cuando Chávez llegó, junto a otros cientos de miles de miembros del ejército estadounidense, a la húmeda ciudad del estado de Florida, donde solo había algo más de 700 residentes y dos semáforos.
El gobierno de Estados Unidos había escogido ese aislado lugar en la costa sureste para instalar una base aérea militar cuya operación era secreta. Ni siquiera podía aparecer en el mapa.
Las tropas estacionadas allí no tenían permitido pronunciar la palabra “radar” fuera de la base ni tomar apuntes en las clases técnicas obligatorias.
Décadas después se sabría que la instalación tuvo un papel clave en la destrucción de submarinos alemanes que asediaban y atacaban las costas británicas y estadounidenses.

Mientras estuvo en plena operación, sin embargo, los habitantes de Boca Ratón se acostumbraron al misterio y adaptaron sus oídos al estruendo de los aviones militares despegando y aterrizando constantemente.

También se habituaron a ver los dos únicos bares de la población repletos de jóvenes soldados disfrutando de una cerveza o de una hamburguesa.
“Todos los de la base estaban formados para vivir en el secreto”, le dice a BBC Mundo Sally Ling, miembro de la Sociedad Histórica y Museo de Boca Ratón.
Ling publicó en 2005 un libro sobre el tema, tras haber pasado año y medio investigando sobre las actividades de la base aérea. Incluso entrevistó a algunos de los militares que ahí trabajaron, como el veterano Manuel “Manny” Chávez.
La cronista describe cómo la pequeña localidad cambió drásticamente y en tiempo récord: entre junio y octubre de 1942, unos 35.000 obreros levantaron 800 edificios, entre los que había hangares, hospitales y residencias.
Pero para comprender qué hizo único a este aeródromo, hay que retroceder dos años para recordar una cena muy especial.
Un potente radar microondas
En un club privado de Washington DC se reunieron científicos británicos y estadounidenses.
Los primeros traían consigo uno de sus “secretos técnicos más preciados y altamente resguardados”, según cuentan en el archivo en línea del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés).
Se trataba del magnetrón, un radar de 10 centímetros que generaba una potente energía de microondas sin requerir de una red nacional de postes que midieran 15 metros.
Los británicos querían instalar el magnetrón en las narices de los aviones con el objetivo de que detectasen la ubicación precisa de los navíos de los alemanes sin que estos tuviesen forma de advertirlo.
Pero no tenían la capacidad de hacerlo solos, en medio de un ambiente de hostiles enfrentamientos con los nazis, quienes bombardeaban Londres y habían estacionado sus submarinos frente a las islas británicas.
Justamente los submarinos se convirtieron en el problema de Inglaterra, que, pese a haber avanzado en la tecnología de radares, no tenía suficiente desarrollo técnico para enfrentarlos. “Los radares no podían detectarlos.
Los alemanes estaban hundiendo los barcos mercantes que llegaban desde Estados Unidos a las costas de Inglaterra”, señaló el académico emérito del MIT, Charles Counselman III, en el documental “Boca Raton: The Secret Weapon That Won World War II” (Boca Ratón: el arma secreta que ganó la Segunda Guerra Mundial), transmitido esta semana en la televisión pública de Florida.
El “Comité Microondas” de científicos estadounidenses que se reunió con los británicos decidió que era necesario abrir un laboratorio para desarrollar una tecnología de radares con el magnetrón como pieza central.
Con el apoyo del gobierno estadounidense, instalaron en el otoño de 1940 un laboratorio secreto en la sede del MIT en Cambridge, que recibió el nombre en clave de “Radiation Laboratory” (Laboratorio de Radiación).
Durante los siguientes cinco años, “el Laboratorio de Radiación hizo contribuciones sobresalientes a la tecnología de radares de microondas”, dice el archivo del MIT.
Años cruciales, pues en diciembre de 1941 Estados Unidos entró a la Segunda Guerra Mundial tras el ataque de Japón a la base naval de Pearl Harbor en el territorio estadounidense de Hawái.
“Fue una verdadera carrera desarrollar ese sistema de radares, porque querían asegurarse de que los alemanes no se les adelantaran”, dijo a BBC Mundo la investigadora de la base aérea de Boca Ratón, Sally Ling.
En marzo de 1941, el laboratorio probó el primer sistema de radar de microondas dentro de un avión.
Pero a medida que avanzaban los meses y se acercaba el invierno, las condiciones del clima hacían más difícil realizar pruebas desde la escuela de entrenamiento de radares que tenía el ejército en Scott Field, Illinois, según contó Ling.
Fue en ese momento que el alcalde de Boca Ratón, J.C. Mitchell, vio una maravillosa oportunidad ante sus ojos.

Bienvenidos a Boca Ratón 

El alcalde convenció a los funcionarios de la fuerza aérea estadounidense de hacer una visita a Boca Ratón.
En la pequeña localidad había un aeropuerto construido en 1930, un exclusivo club para turistas que viajaban en verano desde el norte y plantaciones de vainas.
La cercanía con el océano y el aislamiento del lugar fueron características que gustaron al ejército para establecer el aeródromo, dijo Ling.
El 17 de mayo de 1942, el diario The Miami Herald reportó que familias habían sido ordenadas a desalojar de inmediato todo el territorio al oeste de la vía férrea de Boca Ratón “para poder establecer una estación de entrenamiento técnico de las Fuerzas Aéreas de Palm Beach”.
“El juez John W. Holland firmó una orden otorgando al gobierno federal la inmediata posesión de casi 2.500 hectáreas de terreno”, decía el informe.
El Herald también reseñó que el gobierno federal no hizo ninguna oferta para comprar las tierras a sus dueños originales.
La instalación de Boca Ratón se convirtió en la única en todo Estados Unidos que probaba radares aerotransportados del ejército durante los años de la guerra.
El veterano Manuel “Manny” Chávez detalló en el documental sobre la base aérea que en su grupo había “entre 25 a 30 pilotos con la misión de entrenarnos en el uso de los radares”.
 “La escuela de radares empezaba a las 4 de la mañana hasta al mediodía, y del mediodía hasta la tarde”, dijo Chávez, quien falleció recientemente.
Los esfuerzos de Chávez y sus compañeros de tropas rápidamente resultaron en derribos de submarinos nazis, detalló Ling.
“En noviembre de 1942, los submarinos U-boot alemanes destrozaron 117 embarcaciones de los aliados. Menos de un año después, en septiembre y octubre de 1943, solo 9 barcos de los aliados fueron hundidos y un total de 25 submarinos alemanes fueron destrozados por aviones equipados con radares”, dijo el investigador Robert Buderi en su libro “The Invention that Changed the World” (“El invento que cambió el mundo”, 1996).
Después del suicidio de Adolfo Hitler el 30 de abril de 1945 vino la rendición del Tercer Reich y el 8 de mayo se celebró el Día de la Victoria, que marcó el fin de la guerra.
Tres meses después, Japón se rindió ante los aliados luego de casi seis años de enfrentamientos.
El aeródromo de Boca Ratón continuó funcionando como una instalación militar hasta septiembre de 1947.
Vía | BBC

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