Historias de la Historia

Anécdotas y Curiosidades del pasado

Archivo para octubre, 2019

Hipatia de Alejandría

Publicado por El hijo del Ahuizote en octubre 27th 2019

Introducción a Hipatia de Alejandría

Hipatia de Alejandría es una de las científicas, filósofas y astrónomas más famosas de la Antigüedad, y sus conocimientos y logros todavía hoy nos fascinan. Para ubicarla tenemos que viajar a la ciudad de Alejandría, fundada por Alejandro Magno, en la provincia romana de Egipto durante el siglo IV. Aunque Alejandría era un lugar donde convivían personas de distintos orígenes y religiones, fue famosa sobretodo por albergar dos de las maravillas del mundo antiguo, su faro y su biblioteca, siendo Hipatia una de las últimas personas que trabajó en ésta última. Durante los siglos IV y V, Alejandría sufrió una crisis social, política y económica, lo que condujo al choque entre individuos de distintas creencias por el poder en la ciudad. Esta decadencia del mundo antiguo marcó la vida de nuestra protagonista.

                                                                                             Detalle de La escuela de Atenas de Rafael Sanzio en el que se puede ver un retrato imaginario de Hipatia de Alejandría
                                                 Detalle de La escuela de Atenas de Rafael Sanzio en el que se puede ver un retrato imaginario de Hipatia de Alejandría

Biografía de Hipatia de Alejandría

La vida de Hipatia de Alejandría está documentada en distintas fuentes: las cartas de Sinesio de Cirene, obras posteriores como la de Sócrates el EscolásticoDasmacioJuan de Nikiu, o enciclopedias como la Suda. No sabemos la fecha exacta de nacimiento de Hipatia de Alejandría. Según algunas fuentes nació en torno al año 370, aunque otros autores la sitúan en el 355.

Su padre fue Teón de Alejandría, un famoso filósofo, matemático y astrónomo que trabajaba en la Biblioteca del Serapeum, la sucesora de la gran biblioteca de Alejandría. Fue él quien instruyó a su hija, enseñándole filosofía, oratoria, teología, etc. Esto es algo muy llamativo para el momento debido a que el destino de la mujer era ser esposa y madre. Es posible que además tuviera al menos un hermano, pero no lo sabemos con seguridad porque sobre ella o su círculo más privado apenas hay referencias claras.

                                                                   Reconstrucción de la Gran Biblioteca de Alejandría
                                                                  Reconstrucción de la Gran Biblioteca de Alejandría (Fuente: Ancient Vine)

Algunos autores apuntan a posibles viajes de Hipatia de Alejandría por Grecia e Italia, pero realmente no hay noticias fiables que confirmen que alguna vez dejara Alejandría. Si hay un aspecto sobre el que se ha discutido es el relativo a su estado civil, ya que hay fuentes que nos dicen que era casta, mientras que otras, posiblemente buscando el descrédito de la científica, decían que estaba casada y era adúltera. No obstante, son varios los autores que apuntan a esa castidad, siguiendo los preceptos platónicos que ella enseñaba del control de uno mismo. Así, en distintos episodios de su vida se da ejemplo de que anteponía la sabiduría a la belleza, como cuando respondió a un alumno enamorado lanzándole un paño con su sangre menstrual.

Logros de Hipatia de Alejandría

Conocemos bastante bien los aportes y logros de Hipatia de Alejandría. Para empezar sabemos que enseñó filosofía, matemáticas o mecánica. Posiblemente también ostentó la cátedra municipal de filosofía, ya que Hipatia fue una de las personas que lideraban la escuela Platónica en Alejandría y tenía autoridad para divulgar la doctrina de Platón. Pertenecía a la rama del neoplatonismo, por lo que recibió las influencias de Plotino. Esta corriente filosófica se unía con la ciencia en la astronomía, ya que esta disciplina podía servir para ayudar a desentrañar algunas de las preguntas filosóficas más importantes. Además de dedicarse a la enseñanza publicó varios libros que servían para enriquecer los conocimientos de sus estudiante, aunque de ellos sólo nos han llegado algunas referencias.

                                                                                                   Hipatia de Alejandría, obra del pintor inglés Charles William Mitchell hecha a finales del siglo XIX
                                                                             Hypatia, obra del pintor inglés Charles William Mitchell hecha a finales del siglo XIX

Por el contrario, sí se conoce bastante bien su labor como comentarista, realizada a veces junto a su padre. Destacan, por ejemplo, algunos comentarios contenidos en las once partes de La Aritmética de Diofanto, a través de los que impulsaba nuevos problemas y soluciones. Aunque también destaca su aporte a la obra sobre geometría Las Cónicas de Apolonio, el más relevante es el que proporcionó en la Syntaxis Mathematica de Ptolomeo, que fue el libro más importante sobre matemáticas y astronomía hasta la llegada de Nicolas Copérnico (siglo XV). Vemos por tanto como muchos de aquellos comentarios enriquecían enormemente los originales mejorándolos, perfeccionándolos y actualizandolos.

A toda esta producción escrita hay que añadir que Hipatia de Alejandría, como experta en mecánica y tecnología, diseñó algunos instrumentos: un astrolabio, un hidrómetro, un aerómetro y un instrumento llamado “hydroskópion”, entre otros. Siempre se movió en círculos de intelectuales y a su domicilio llegaban estudiosos de distintas ramas, transformando su hogar en un centro de tertulias sobre los más diversos saberes.

 

La muerte de Hipatia de Alejandría

La muerte de Hipatia de Alejandría está bien recogida por distintas fuentes, principalmente Sócrates el Escolástico, Dasmacio y Juan de Nikiu, aunque también encontramos que otros autores como Filostorgio Juan Malalas se hicieron eco de esta noticia. En aquel momento de crisis y luchas de poder, una parte de los cristianos más fanatizados veían a los paganos como sus enemigos y asociaban el conocimiento científico griego al mal. Con la ascensión de Cirilo como Patriarca de Alejandría en el año 412, el sector más radical del cristianismo comenzó a hacerse con el control de la ciudad, luchando contra las herejías cristianas y el resto de las religiones.

                                                                         Grabado del siglo XIX en el que se representa la muerte de Hipatia de Alejandría
                                                                    Grabado del siglo XIX en el que se representa   la muerte de Hipatia de Alejandría (Fuente: National Geographic)

En este contexto, la actitud neutral de Hipatia respecto a todas las religiones, que según algunas fuentes fuera pagana, o que según otras hubiera pertenecido a las herejías cristianas arriana o nestoriana, provocaron que estuviera en el punto de mira de los cristianos más fanatizados.

A lo anterior hay que añadir la influencia de Hipatia sobre el prefecto romano Orestes, representante del poder político que chocaba con el patriarca Cirilo en la pugna por el liderazgo de la ciudad. Por ello, se cree que los partidarios del patriarca iniciaron una campaña de desprestigio contra Hipatia acusándola de brujería y de usar la magia negra contra Orestes. Por su parte, el gramático Hesiquio apunta a que el origen de la envidia y malas relaciones entre Cirilo e Hipatia se debía a los celos del primero respecto a los conocimientos de la científica.

En cualquier caso, el clima de la ciudad comenzaba a ser propicio para el trágico final de Hipatia, cuya terrible muerte conocemos a través de las fuentes anteriormente citadas. En la Pascua del año 415, un grupo de fanáticos cristianos conocidos como los parabalanos, usados por Cirilo para imponer su voluntad por la fuerza, encontraron a Hipatia. Acto seguido la desnudaron, golpearon y arrastraron por la ciudad hasta un lugar conocido como el Cesareo, donde la torturaron, la descuartizaron y quemaron sus restos.

                                                                                  Estatua de Cirilo de Alejandría, autor intelectual de la muerte de Hipatia de Alejandría, en Portugal
                                                                                       Estatua de Cirilo de Alejandría en Portugal

Tras la muerte de Hipatia de Alejandría no sabemos nada de Orestes y tampoco conocemos si hubo alguna actuación por parte de las autoridades imperiales. Lo que sí sabemos es que es muy posible que la muerte de Hipatia se debiera más a un conflicto de intereses políticos que a un conflicto religioso. Éste vendría determinado por el apoyo de Hipatia a Orestes, que pretendía crear una alianza entre judíos, paganos y cristianos que se opusieran a las formas de Cirilo.

Hipatia de Alejandría ha llegado a nosotros convertida en mito, tanto por sus conocimientos, sus logros y su excepcionalidad como una de las pocas mujeres científicas del mundo antiguo, como por su trágica muerte. Este último aspecto ha hecho que sean muchos los autores que la hayan convertido en una mártir de la lucha contra el fanatismo religioso, de la fe contra la ciencia. Sin embargo, tal y como hemos visto, la muerte de Hipatia pudo deberse a múltiples causas. De cualquier modo, lo que sí podemos afirmar es que Hipatia de Alejandría es una de las figuras históricas de la Antigüedad cuya existencia y méritos nos hacen recordarla y valorarla en la actualidad.

Bibliografía

GRANT, H. (2009): «Who’s Hypatia? Whose Hypatia do you mean?», en Math Horizon, vol. 16, nº 4, pp. 11-15.

MARTINEZ MAZA, C. (2009): «Hipatia: ciencia y filosofía en la Alejandría tardoantigua», en Uciencia: revista de divulgación científica de la Universidad de Málaga, nº 2, pp. 26-29.

MARTINEZ MAZA, C. (2009): Hipatia. La estremecedora historia de la última gran filósofa de la Antigüedad y la fascinante ciudad de Alejandría. Madrid: La esfera de los libros.

MAYOR FERRÁNDIZ, M. T. (2013): «Hipatia de Alejandría. El ocaso del paganismo», en Revista de Calseshistoria, nº 12, pp. 1-33.

Artículo escrito por Laura Wagner Tinoco, graduada en Historia.

Tags: , ,
Publicado en Historia Clásica | Sin Comentarios »

La Catedral de Chartres

Publicado por El hijo del Ahuizote en octubre 26th 2019

La Catedral de Notre-Dame de Chartes, ciudad cercana a París, se considera una de las mejores obras arquitectónicas del gótico. De sus portadas destaca el Pórtico Real, con bellísimas esculturas medievales sobre santos y profetas del Antiguo Testamento, aunque sin duda la figura más recordada es la del Cristo en Majestad del tímpano. Otra puerta famosa en el Pórtico de la Virgen, de la misma categoría artística. Un segundo foco de atención lo constituye el magnífico conjunto de vidrieras que adorna la nave central. Es uno de los escasos conjuntos medievales que han llegado íntegros y lo integran 173 ventanas. Con sus nueve portadas esculpidas, únicas en el mundo, sus 2.600 metros cuadrados de vidrieras de los Siglos XII y XIII, es una verdadera enciclopedia cristiana de piedra y cristal, hecha para una población que no sabía leer ni escribir.
En 1194 se comenzó la reconstrucción de la antigua catedral románica del siglo XI que había sido devastada por un incendio. El arquitecto de la nueva catedral, cuyo nombre desconocemos, decidió conservar el pórtico principal o fachada de occidente, realizado en 1140, y la cripta, lo que en cierta manera determinó todas las medidas básicas importantes de la nueva construcción, incluso en parte la localización de los pilares y de los tramos de la bóveda. La planta reúne elementos de la iglesia cruciforme de peregrinación románica, aunque con modificaciones que serán seguidas por las catedrales francesas del siglo XIII.
La catedral consta de un cuerpo longitudinal inicialmente de tres naves con estrechos tramos de bóveda cuatripartita, ampliado a cinco naves en la parte del coro. La fachada antigua, respetada por el incendio, impidió su prolongación. Posee una girola doble con cinco absidiolos y un transepto centrado y no muy sobresaliente de tres naves con fachadas y pórticos en ambas alas.
La cabecera junto con el transepto tenía por primera vez una amplitud de la que no se conocía otro ejemplo. En este inmenso presbiterio se podía sentir la majestad del Santo Sacrificio que celebraba el obispo rodeado de sus canónigos.
El espacio interno se define por el aumento de la verticalidad y la simplificación de los pisos. El alzado antiguo tenía cuatro pisos. Desaparecen las tribunas, con lo que el espacio vertical queda dividido sólo en tres pisos desiguales: la arcada de la nave lateral, un pequeño triforio sencillo y un gran ventanal. El primero y el tercero de los pisos son de las mismas dimensiones, mientras que el triforio es aproximadamente un tercio de los anteriores. La supresión de las tribunas representó dos ventajas: permitió elevar más las naves laterales y aumentó la iluminación al hacer mayores las ventanas.
La pared de la nave central se articula verticalmente a través del pilar y de las columnas adosadas del mismo que reciben los arcos de las ojivas diagonales de las bóvedas cuatripartitas y del arco fajón que compartimenta de tramo en tramo la bóveda central y al llegar al piso inferior los arcos formeros de la nave lateral. El pilar circular inferior sólo esta guarnecido por cuatro columnas adosadas desde la misma base que acentúan el movimiento ascendente.
Las ventanas del piso bajo son todavía abocinadas y dejando gran parte del muro. Sin embargo, las ventanas de la zona alta ocupan por primera vez toda la pared, desapareciendo el macizo en el piso superior. Posee dos grandes ventanas ojivales, separadas sólo por una jamba y un rosetón de ocho lóbulos por encima, rodeado de una corona de otros ocho intermedios y ocho pequeños, que dejan todavía mucha piedra al descubierto.
Todas las bóvedas que se levantan son de crucería cuatripartitas que llegan a los 37 metros de altura. El exterior muestra también gran claridad compositiva y austeridad decorativa. Todavía carece de la multitud de elementos decorativos góticos que tienen otras construcciones hechas a partir del siglo XIII.
Las tres fachadas de entrada se conciben de igual manera en horizontal que en vertical. Tres pisos claramente diferenciados: el de la puerta de entrada y el de los ventanales y el del rosetón superior. Tres calles verticales: la central más ancha que corresponde al espacio de la nave central, las laterales con sobresalientes contrafuertes donde levantar dos torres paralelas.
Las torres de la entrada del transepto, que están proyectadas en planta, no se llegaron a levantar posiblemente para no restar protagonismo a las de la entrada principal. Éstas, no obstante, se terminaron en épocas distintas y le dan un toque asimétrico que dota de originalidad a esta catedral. La del sur es la más antigua, se levantó entre 1140-70 en un estilo de transición entre románico y gótico. Se remató con un tejado cónico en forma de aguja, que potenció la intención vertical del gótico, hasta alcanzar los 105,5 metros. Este remate no es frecuente entre las catedrales de esta zona de Francia. La segunda torre, la norte, es de una complejidad decorativa plenamente gótica flamígera de comienzos del siglo XVI, obra de Jean de Beauce. El chapitel está perforado con una tracería de filigrana que alcanza algunos metros más que su compañera.

Los pórticos aún recuerdan la temática y los rasgos artísticos románicos. El de la fachada principal o Pórtico Real, de 1140, representa a Cristo Pantocrátor en el tímpano de la puerta, entre los tetramorfos de los evangelistas y en las jambas los apóstoles representados con gran rigidez como las típicas estatuas y columnas del románico. Sin embargo, las figuras de las arquivoltas se disponen a lo largo del arco, como en el gótico, y en las otras dos puertas se representan dos temas típicos del nuevo espíritu: la Ascensión del Señor y escenas de la vida de la Virgen. Los pórticos del crucero son también de puerta triple. Se encuentran bajo un tejadillo de gablete. Son ya del siglo XIII en estilo y temática.
En la catedral de Chartres encontramos por primera vez que el sistema de descarga exterior de las bóvedas se muestra al descubierto a través del sistema de arbotantes de doble arquería que transmiten el peso entre los contrafuertes de la nave central y el contrafuerte exterior, sin embargo aún no se ha inventado el pináculo que asiente el contrafuerte y le dote de decoración.

El laberinto

El laberinto del pavimento situado en la nave de la catedral siempre ha sido una parte muy particular de la catedral de Chartres. No es sorprendente que la información publicada acerca de este laberinto esté llena de confusión, suposiciones y fantasías, probablemente más que sobre cualquier otro laberinto.
En realidad nadie sabe cuándo fue construido, porque ningún documento de esa época contiene esa información, aunque varios autores han publicado las fechas de 1200, 1220 y 1235, incluso tan tarde como 1240, todos los dan como si se tratara de fechas comprobables de la instalación.
Las especulaciones de que el laberinto actual sustituyó a un laberinto previo es totalmente infundada. Los laberintos con diseños medievales en el suelo usados como decoración aparecieron por primera vez en las iglesias y catedrales de Italia durante el siglo XII y parece que la idea no se extendió hacia el norte de Francia hasta la última década de ese siglo como muy pronto.
En las fuentes históricas, al laberinto de la catedral se le denomina “El Camino de Jerusalén”, ya que el acto de recorrer el laberinto de rodillas, recitando el Miserere, era considerado una penitencia que otorgaba indulgencias. El tiempo invertido en recorrerlo era aproximadamente una hora, justo lo que se tarda en caminar una legua (5 kms), que fue la distancia que recorrió Jesús hasta el Monte Calvario. Así, popularmente también es conocido este laberinto como “La legua”.

Fuentes:
http://megaconstrucciones.net/?construccion=catedral-chartres
http://www.labolab.net/historia/iglesias-y-catedrales/el_laberinto_de_chartres/
http://losimprescindiblesdelarte.blogspot.com.es/2011/12/catedral-de-chartres.html
http://www.viajeuniversal.com/francia/chartres/catedral/historiacatedralchartres.htm

Tags: , , , ,
Publicado en Edad Media, Sitios Históricos | Sin Comentarios »

Kohima, la agónica batalla que impidió a los japoneses invadir la India

Publicado por El hijo del Ahuizote en octubre 12th 2019

«Caminante, ve y dile a Esparta que sus hijos yacen aquí por cumplir sus leyes». Esa espléndida frase de Simónides que, en sus múltiples traducciones, constituye el epígrafe del monumento a Leónidas en las Termópilas, es demasiado jugosa como para no aprovecharla en otros memoriales bélicos con los cambios correspondientes. Es lo que pasa, por ejemplo, con el que figura como epitafio en honor de los 1.420 caídos de la 2ª División Británica cuyos restos descansan en un cementerio de guerra de la India y que reza así: «Cuando regreses a casa, cuenta de nuestra parte que por su mañana dimos nuestro hoy». Recuerda la dura Batalla de Kohima.

En la primavera de 1944 Japón, al igual que Alemania, estaba perdiendo terreno continuamente ante el implacable avance Aliado. Desde las contundentes derrotas en el Mar del Coral y Midway, auténtico punto de inflexión, perdió el control del mar y del aire. En tierra, la infantería aún era capaz de batirse por su extraordinario espíritu combativo y por eso mantendría su presencia en el sudeste asiático hasta septiembre de 1945.

Memorial de Kohima en Nagaland/Imagen: Isaxar en Wikimedia Commons

Sin embargo, los británicos estaban empeñados en recuperar Birmania y lanzaron una ofensiva desde dos puntos: el norte, con ayuda de la X-Force china, y el sur. Los japoneses se resistieron denodadamente y contaron con la ayuda del monzón pero era cuestión de tiempo que terminaran perdiendo lo ganado, así que diseñaron un ambicioso plan que no sólo debería frenar al enemigo sino desviarlo de su objetivo. Se llamó Operación U-Go y consistía en invadir la India para mantener ocupado al IV Cuerpo Británico y, paralelamente, animar al Azad Hind Fauj (Ejército Nacional Indio) a iniciar una insurrección independentista.

El INA, como también se lo conocía, se había fundado durante la invasión nipona de Birmania y se consideraba el brazo armado del Arzi Hukumat-e-Azad Hind, es decir, el Gobierno Provisional de la India Libre. Lo lideraba el nacionalista Subhas Chandra Bose, de quien ya hablamos aquí en el artículo dedicado a Saraswathi Rajamani, la espía más joven de la Historia, y estaba formado por unos 12.000 prisioneros de guerra indios caídos en manos de los japoneses y equipados por éstos; no muy bien y por eso nunca pasaron de practicar acciones guerrilleras menores.

Subhas Chandra Bose con Gandhi en los años 30/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

La Operación U-Go se basaba en atacar Imfal y Kohima, capitales de los estados de Manipur y Nagaland respectivamente. La captura de esas dos urbes, puntos estratégicos clave en las comunicaciones entre la India y Birmania, interrumpiría de paso el abastecimiento estadounidense a Chiang Kai Sek. El encargado de ponerla en práctica fue el teniente general Renya Mutaguchi, comandante del 15º Ejército y veterano de la guerra contra el Ejército Rojo en Siberia que además había sido agregado militar en Francia y gobernador militar de Pekín, antes de tomar parte en la invasión de Malasia, Filipinas y Birmania.

Pero Mutaguchi amplió el plan a una posible invasión de la India que animase a los nacionalistas locales a levantarse en armas. Aunque la idea no gustó a todo el Estado Mayor, finalmente fue aprobada a principios de 1944, destinándose a ella la 31ª División (formada por los regimientos 58º, 124º, 38º y 31º de Artillería de Montaña) que mandaba el teniente general Kotoku Sato. Este militar, que también había combatido a los soviéticos, no sólo no estaba contento con el papel que había tenido hasta entonces en la guerra sino que se hallaba enfrentado a su superior y consideraba que la Operación U-Go tenía todos los números para acabar en fracaso.

Renya Mutaguchi (segundo por la izquierda) con varios oficiales/Imagen: Amazon

De todas formas, obedeció las órdenes. Su misión era tomar Kohima, empujando a los británicos hacia el norte, a Dimapur. Así, el 15 de marzo la 31ª División cruzó el río Chindwin y avanzó a través de la selva durante casi un centenar de kilómetros para luego desplegarse en tres alas. La izquierda, que estaba a cargo del general Shigesaburo Miyazaki, se encontró con la 50ª Brigada Paracaidista india del brigadier Maxwell Hope-Thompson, entablando batalla durante seis días y forzando su retirada con cientos de bajas por ambas partes. Pese a la victoria, aquello supuso un retraso de una semana hacia su objetivo, que era Kohima.

 

Los británicos estaban enterados de los planes japoneses por unos documentos capturados pero pensaban que, dada la frondosidad selvática, el enemigo sólo enviaría un regimiento, cuando, como hemos visto, se trataba de toda una división. Ése fue el desagradable descubrimiento que hizo sobre el terreno el teniente general William Slim, que apenas contaba con un batallón, un regimiento y varios pelotones sueltos de paramilitares. Apresuradamente, pidió refuerzos para proteger Imfal; únicamente recibió parte de la 5ª División de Infantería India, pues la 161ª Brigada y el 24ª de Artillería de Montaña se atrincheraron en Dimapur, ciudad considerada más importante.

Kotoku Sato y Shigesaburo Miyazaki/Imagen: 1-Nippon News – 2-Forum Valka

De hecho, consideraban que el ataque a Kohima sólo se trataba de una diversión y que el principal objetivo era Dimapur, por lo que Slim sólo tendría que enfrentarse a un destacamento menor. Sin embargo, Sato puso sitio a Kohima el 6 de abril desoyendo la orden de Mutaguchi de continuar hacia Dimapur y Slim, que había enviado a buena parte de sus hombres de refuerzo a Imfal y se encontró en manifiesta inferioridad numérica. Los intentos de enviar ayuda fracasaron al dominar los nipones las alturas del entorno y Slim tuvo que afrontar la situación con apenas 2.500 efectivos, de los que un millar ni siquiera eran soldados.

William Slim en Birmania, 1945/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

La artillería japonesa machacó con dureza la posición y la infantería capturó los depósitos de agua, por lo que los defensores sólo podían aprovisionarse por la noche, en un manantial cercano. Los combates fueron brutales, con las trincheras tan cerca unas de otras que se podían arrojar bombas de mano directamente en ellas, obligando a los nipones a ganar cada metro a un alto coste, a veces en lucha cuerpo a cuerpo; por ejemplo, la Batalla de Tennis Court se llamó así porque ambos bandos estaban separados sólo por una cancha de tenis. No extraña que a Kohima se la conociera luego como el Stalingrado de Oriente.

También se comparó la batalla con la de Rorke’s Drift de 1879 ante los zulúes, por la feroz y tenaz defensa entre cadáveres en descomposición, de la que buena muestra podría ser la actuación heroica del cabo John Harman: pese a tener sólo diecinueve años, liberó sin ayuda los hornos -punto estratégico vital para evitar la caída de la posición- y acabó con 44 atacantes antes de ser también alcanzado y perder la vida, recibiendo la Cruz Victoria póstumamente. Todos cumplieron abnegadamente la orden de su comandante en jefe de no rendirse, conscientes de que la derrota significaba una puerta abierta a la invasión de la India.

 

Tennis Court arrasado por los combates/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Estuvo cerca. Por suerte, el 11 de abril llegaron refuerzos para Slim que igualaron las fuerzas y permitieron no sólo aliviar la presión enemiga y relevar a los defensores sino también lanzar un contraataque. La noche del 26 de abril se recuperó la importante posición de Garrison Hill y a continuación la ayuda de la RAF fue determinante, tanto para bombardear al enemigo como para avituallar a los suyos y meter efectivos (hasta 12.000 hombres). Miyazaki construyó búnkeres y tuvo a su favor que la selva y el barro (había empezado el monzón) obligaban a los tanques del adversario a moverse con lentitud, pero ya había perdido la iniciativa.

Los papeles se invirtieron y ahora fueron los británicos los que tuvieron que recuperar terreno a precio de sangre. No obstante, a lo largo de una semana fueron cayendo una tras otra las crestas que ocupaban los japoneses. De nuevo la cancha de tenis se convirtió en la tierra de nadie que, ante el fracaso de su conquista al asalto, tuvo que ser arrasada a cañonazos por un tanque, desalojando a sus defensores el 13 de mayo. Los testigos contaron que el espectáculo era dantesco, con cadáveres destrozados, pasto de ratas y moscas, más un suelo quemado y lleno de socavones que recordaba a un paisaje de la Primera Guerra Mundial.

La Batalla de Koshima (Terence Tenison Cuneo)/Imagen: Art UK

Y siguieron llegando refuerzos para apuntalar la contraofensiva mientras los japoneses se atrincheraban en Naga Village y Aradura Spur. Allí resistieron hasta finales de mayo, cuando la carencia de provisiones resultó decisiva: se suponía que debía ser una campaña relámpago, por lo que a Sato únicamente se le entregaron víveres para tres semanas, debiendo completarlos con lo arrebatado a los británicos; pero éstos, percatándose de la jugada, bombardearon sus propios almacenes cuando cayeron en manos niponas.

Los convoyes de abastecimiento enviados por Mutaguchi sólo llevaron municiones y Sato consideró que sus superiores no eran conscientes de la dramática situación por la que pasaban, así que considerando que les habían dejado abandonados a su suerte, desobedeció la orden -para él absurda- de incorporarse a las fuerzas que atacaban Imfal y optó por la retirada el 1 de junio. Eso dejaba al descubierto a Miyazaki, que también tuvo que retroceder penosamente, volando puentes tras de sí.

Las defensas británicas en Kohima/Imagen: Warfare History Network

A medida que, perseguidos por los indo-británicos, volvían sobre sus pasos esperando encontrar las líneas de suministros organizadas previamente, se toparon con una terrible realidad: las unidades habían consumido todo lo disponible, tanto en comida como en medicinas. Así, las bajas japonesas ascendieron a 5.764 hombres sólo en combate, sin contar los heridos muchos de ellos rematados por sus compañeros ante la imposibilidad de darles tratamiento médico, en cumplimiento del bushido– y enfermos que murieron después de malaria y beriberi. El enemigo registró una cantidad importante también: un total de 4.064 soldados. La toma de Kohima había fracasado y el cerco de Imfal se rompió el 22 de junio; el resultado de la Operación U-Go fue un desastre, tal como había pronosticado Sato.

Éste fue depuesto por Mutaguchi, que le acusó de traición premeditada y le entregó inequívocamente un revólver y una banda blanca. Sato, indignado, se negó a suicidarse, aduciendo que había salvado a sus hombres de «una aniquilación sin sentido» y exigiendo un consejo de guerra en el que esperaba justificarse y denunciar la torpeza de los mandos. No pudo porque el teniente general de la 31ª División, Masakazu Kawabe, ordenó que le declarasen incapacitado por colapso mental a principios de julio. Le devolvieron al servicio activo meses después y, al acabar la guerra, se dedicó a ayudar a los hombres que tuvo a sus órdenes. Miyazaki, en cambio, fue ascendido y puesto al frente de la 54º División.

Eaquema de la operación U-Go/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

En cuanto a Mutaguchi, las enormes pérdidas de la Operación U-Go, tanto humanas como materiales (no pudo salvar un solo tanque ni un cañón) provocaron el efecto contrario al esperado y precipitaron la caída de Birmania en 1945. La derrota, considerada la mayor de la historia de Japón (incluso provocó la dimisión del primer ministro Tojo), llevó a su destitución, siendo obligado a un retiro forzoso en diciembre de 1944, si bien luego se le puso al frente de una academia militar. Al término de la contienda le extraditaron a Singapur para ser juzgado por crímenes de guerra; cumplió tres años de prisión, saliendo libre en 1948. Falleció en 1966.

Finalmente, cabe reseñar que Slim, muy apreciado por sus soldados, logró que los indios se mantuvieran leales y obtuvo una victoria brillante que él atribuía en parte a la falta de entusiasmo de Sato (incluso contaba con sorna que prohibió bombardear su puesto de mando para que siguiera vivo). Participó en la reconquista de Birmania, fue ascendido a general y luego nombrado Jefe de Estado Mayor, colmándosele de honores, entre ellos el ser Caballero de la Gran Cruz del Imperio Británico y Caballero de la Orden del Baño. Se retiró de la vida militar en 1952 pero aún sería gobernador de Australia (con una oscura denuncia de abusos sexuales a niños) hasta su jubilación definitiva. Murió en 1970.

 

Fuentes: La tormenta de la guerra (Andrew Roberts)/Kohima (Arthur Swinson)/The Burma Campaign. Disaster into triumph, 1942-45 (Frank McLynn)/Burma victory. Imphal, Kohima and the Chindits March 1944 to May 1945 (David Rooney)/Fighting through to Kohima. A memoir of war in India and Burma (Michael Lowry)/The trees are all young on Garrison Hill (Gordon Graham)/Not ordinary men. The story of the Battle of Kohima (John Colvin)/Wikipedia

Tags: , , , ,
Publicado en Eventos bélicos, Segunda Guerra Mundial | Sin Comentarios »

Así se vivía a bordo de un submarino alemán en la II Guerra Mundial

Publicado por El hijo del Ahuizote en octubre 6th 2019

 

La propaganda nazi ensalzó al U-Boot (abreviatura de Unterseeboot, «submarino») como ejemplo de arma invencible, los tripulantes de los submarinos alemanes estaban rodeados de un halo de prestigio y romanticismo. Se les consideraba héroes; una mezcla de soldados y aventureros, que vivían peligros combatiendo en alta mar dentro de un sofisticado buque, y eran recibidos con honores a su llegada a puerto. Es cierto que dormían y comían caliente todos los días, recibían buenas pagas y disponían de bastante tiempo libre, sobre todo en comparación con sus camaradas de infantería. Sin embargo, todos esos privilegios tenían un precio.
Las condiciones en las que vivían los tripulantes de un U-Boot distaban mucho de ser bucólicas. El medio centenar de hombres que servían en un submarino, la mayoría jóvenes voluntarios con un cierto nivel de preparación (de marineros a especialistas como maquinistas, torpedistas o radiofonistas), convivían apiñados en un espacio angosto y atestado de maquinaria, provisiones y armamento. Las primeras semanas, hasta que entraban en combate, los buques iban tan llenos de torpedos que ni siquiera había espacio para desplegar todas las hamacas y literas que llevaban, obligando a algunos marineros a dormir encima de los proyectiles. Normalmente, en los submarinos solo había una cama para cada dos hombres, por lo que se turnaban para ocuparla.
La sensación de claustrofobia provocada por la falta de espacio se incrementaba por el ambiente enrarecido que se formaba en el interior. Una mezcla de hedor a humedad, gasolina, comida, sudor (los hombres apenas podían lavarse ni cambiarse de ropa durante las travesías), letrina (había únicamente dos, aunque la de cubierta apenas se usaba) y una colonia de limón llamada Kolibri que se utilizaba para eliminar el salitre del cuerpo y disimular el olor corporal. A todo ello hay que añadir la falta de luz natural, la ausencia de privacidad, el ruido constante de la maquinaria y el asfixiante calor que desprendían los motores, que podía llegar hasta casi los cincuenta grados.

 

 

Para amenizar las largas jornadas de monotonía y relajar las tensiones provocadas por los combates y la estrecha convivencia, se organizaban competiciones (de ajedrez, damas, cartas), se ponía a determinadas horas música en un tocadiscos o se cantaban canciones acompañadas de instrumentos, normalmente un acordeón. En fechas señaladas o cuando se hundía algún barco, se organizaban pequeñas celebraciones en las que toda la tripulación se vestía para la ocasión, se repartían exquisiteces como fruta fresca o chocolate y se permitían las bebidas alcohólicas.
Los tripulantes de un submarino estaban expuestos a una enorme tensión psicológica. Cuando un buque enemigo los encontraba, se sumergían a muchos metros para evitar ser alcanzados por las cargas de profundidad de aquél. El problema es que esos ataques podían durar días. Los marineros pasaban largas horas en silencio para no ser detectados por los sonares, atentos a su característico sonido y al ruido de las explosiones de las cargas, y muchas veces a oscuras por efecto de la onda expansiva. Algunos no lo soportaban. La tensión continuada, la falta de oxígeno y el miedo a ser hundidos y quedar atrapados en el buque les provocaba lo que llamaban Blechkoller, o «síndrome de lata de conservas», un tipo de neurosis caracterizada por violentos ataques de histeria.
Al final de la guerra, el mito se resquebrajó y la realidad se impuso: los submarinos alemanes fueron, proporcionalmente, los que más bajas sufrieron de toda la Wehrmacht. Tres de cada cuatro hombres que sirvieron en los aproximadamente novecientos submarinos que se botaron durante la contienda no vieron el final de la guerra. A menudo morían de forma lenta. Cuando los submarinos se hundían, si la presión rompía el casco, los marinos morían ahogados. Si no, si la profundidad no era suficiente, permanecían atrapados en el buque hasta quedarse sin aire.

Fuente:
* Carlos Joric, «Vivir bajo el agua». Revista Historia y Vida Nº 611, pág. 12-13

Tags: , , ,
Publicado en Segunda Guerra Mundial | Sin Comentarios »

 
A %d blogueros les gusta esto: