Historias de la Historia

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El Milagro de Dunkerque

Publicado por El hijo del Ahuizote en agosto 5th 2017

La milagrosa evacuación de las tropas aliadas en Dunkerque – una ciudad portuaria francesa cercana a la frontera con Bélgica – llevada a cabo entre el 26 de Mayo y el 4 de Junio de 1940, puede considerarse no sólo la primera victoria moral de los Aliados durante la Segunda Guerra Mundial, sino también uno de los mayores errores estratégicos por parte del bando alemán durante el conflicto.

Aunque puede parecer un poco aventurado calificar una retirada como una victoria – el propio Churchill, pese a congratularse del éxito obtenido, dijo en un discurso ante la Cámara de los Comunes que “las guerras no se ganan con evacuaciones” -, lo cierto es que la proeza de conseguir evacuar más de 300.000 soldados, la mayoría de ellos británicos, supuso un evidente alivio para los Aliados, levantando la moral de las tropas. No en vano, muchos de los soldados evacuados en Dunkerque, regresarían 4 años más tarde a Francia, iniciando la liberación del país y del resto de Europa Occidental.

Tras el irresistible empuje alemán en Bélgica, y previendo las dificultades de un posible repliegue hacia Francia, el comandante en jefe de la Fuerza Expedicionaria Británica, el mariscal John Gort esbozó un plan para evacuar sus tropas de regreso hacia su patria. Los preparativos de la citada evacuación comenzaron el día 19 de Mayo de 1940, pero los británicos quedaron a la espera del resultado del proyectado contraataque francés contra el flanco norte de las tropas alemanas. El contraataque nunca se produjo, y el día 24 de Mayo se dio desde Londres la autorización para dar comienzo a la Operación Dynamo, que es el nombre que recibiría el plan ideado por Gort.

Un día antes, el 23 de Mayo, los blindados del Grupo de Ejércitos A de la Wehrmacht al mando del general Gerd von Rundstedt, recibieron de Hitler la orden de detenerse a escasos 30 kms. de Dunkerque. Rundstedt protestó formalmente contra dicha orden, por considerarla totalmente inconcebible militar y estratégicamente hablando, pero fue confirmada por telegrama, ordenando el Führer que se cumpliese al pie de la letra. Esta decisión sería crucial para el éxito de la evacuación aliada, ya que concedió un respiro de tres días a las exhaustas tropas aliadas para fortificar las últimas líneas de defensa destinadas a contener a los alemanes mientras se producía la evacuación.

No sólo von Rundstedt expresó su enfado, otros generales como Von Kluge, Von Kleist o Guderian, lamentaron que se les ordenase detenerse cuando estaba tan cerca la posibilidad de aplastar a los Aliados, que se encontraban en una precaria situación. El Führer para justificar su decisión argumentó que el terreno que rodeaba a Dunkerque, al ser húmedo, blando y con numerosos setos en los campos, era desfavorable para el uso de blindados, que además no podían contar con el adecuado apoyo de la infantería que en aquel momento se encontraba algo más retrasada. Por otra parte, afirmaba que el número de unidades panzerhabía disminuido en el curso de la campaña, de manera que continuar el avance podría perjudicar la segunda fase de la operación, hacia el sur de Francia.

Sin embargo, estas razones no convencieron en modo alguno a los generales de las divisiones blindadas, pues aunque coincidían en que los alrededores de Dunkerque no eran los más favorables para los tanques, terrenos mucho más difíciles no habían supuesto ningún obstáculo para los panzerdurante la invasión de Polonia. Y en cuanto a la disminución de efectivos debido al vertiginoso avance, la mayoría de bajas se debían tan sólo a contratiempos de carácter técnico que podían ser reparados en un plazo máximo de 24 horas.

Por eso se barajan otros motivos para que Hitler adoptara esa inexplicable decisión. En primer lugar se especula con que el dictador germano no quiso humillar excesivamente a los británicos, con vistas a obtener un futuro tratado de paz con esta nación, con la que no deseaba la guerra. Esta explicación fue ofrecida por el propio von Rundstedt en los Juicios de Nuremberg. Otros generales alemanes indicaron que la causa final de la decisión de Hitler estuvo en que, Hermann Göring, el comandante en jefe de la Luftwaffe aseguró que podía aniquilar completamente a las fuerzas aliadas que se habían concentrado en la costa a la espera de ser evacuados con el empleo de la aviación. Así, el general Warlimont, jefe de operaciones del Cuartel General de la Wehrmacht comentó: “A mi me comentaron otra razón, según la cual Hermann Göring dio seguridad al Führer de que sus fuerzas aéreas completarían el cerco”. El general Heinz Guderian también coincidiría con esta apreciación al estimar que “fue la vanidad de Göring la causa de la fatal decisión de Hitler.”

Otra opción barajada, aunque nunca confirmada, es el hipotético deseo de Hitler de esperar a su división favorita, la SS Leibstandarte Adolf Hitler, para evitar que la Wehrmacht acaparase todos los honores de la captura. Pero la más reciente investigación histórica sostiene que el avance no prosiguió por razones exclusivamente militares y no políticas.

A las 23:30 horas del 26 de Mayo comenzó oficialmente la Operación Dynamo. Bajo un intenso fuego de artillería de las baterías alemanas y bombardeos de los aviones Luftwaffe – entre los que se encontraban los temibles bombarderos en picado Stuka – miles de soldados ingleses, franceses y belgas aguardaban su turno en la playa de Dunkerque para embarcar, mientras 7 divisiones francesas ofrecían resistencia en los 80 km del frente y un batallón de infantería británico resistía en las paredes de la bolsa.

La Royal Navy había preparado una flota con 40 destructores y 130 barcos mercantes y de pasajeros, que debían embarcar las tropas en condiciones muy precarias: el puerto de Dunkerque había sido devastado por la Luftwaffe y las aguas de la zona son muy bajas, por lo que sólo estaba practicable la zona exterior durante la marea alta. Así que durante la operación se utilizó un gran número de barcos de poco calado – lanchas, pesqueros o barcas de recreo – para transportar a los soldados desde la playa hasta los barcos de la Marina Inglesa, que permanecían en alta mar defendiéndose de los bombardeos de la aviación alemana con sus propias baterías antiaéreas. Las pequeñas embarcaciones atracaban en improvisados muelles y espigones formados por vehículos y chatarra de todo tipo, que era colocada en fila, adentrándose en el mar. En sus viajes desde la playa a los barcos y viceversa, estos little ships debían sortear todo tipo de desperdicios, equipamientos, chatarra y barcos hundidos, así como cadáveres y restos humanos, todo ello bajo el constante hostigamiento de la artillería y aviación nazis (sin olvidar las minas alemanas y los submarinos y lanchas torpedera enemigas).

En las playas se vivieron escenas dramáticas, cundiendo el pánico y la desesperación entre los soldados aliados, produciéndose incluso discusiones entre los mandos británico y francés sobre la preferencia de unas tropas sobre otras a la hora de embarcar. El mariscal Gort, dado que los barcos eran fundamentalmente británicos, consideró que sus soldados debían ser embarcados primero, mientras que los franceses debían luchar para mantener el perímetro defensivo. Ello dio lugar a que se acuñara la célebre frase: “los ingleses resistirán hasta el último francés”.

El 1 de Junio, el intenso castigo al que estaban siendo sometidos los puntos de embarque de las tropas aliadas marcaron el final de la Operación Dynamo, que concluyó oficialmente en la noche del 2 de Junio. No obstante, las labores de evacuación continuarían hasta las 15:00 horas del día 4, cuando el destructor Shikari partió de Dunkerque con los últimos evacuados que habían estado encargados de resistir frente a los alemanes.

La operación, que en un principio estaba ideada para evacuar 50.000 hombres en 5 días, había superado las expectativas. Las cifras de evacuados fueron realmente espectaculares: un total de 338.872 soldados, de los cuales 215.787 eran británicos de la Fuerza Expedicionaria y el resto franceses y belgas. El resto de las tropas británicas que quedaron en Dunkerque decidieron rendirse a los alemanes, mientras que las tropas francesas optaron por abrirse paso hacia el Sur, pero finalmente tuvieron que rendirse. En total, los alemanes capturaron unos 22.000 prisioneros.

No obstante, pese al éxito de la evacuación, las pérdidas materiales de los Aliados fueron cuantiosas: 700 tanques – incluyendo 100 de los nuevos tanques británicos Mathilda Mk I -, 2.400 cañones y 50.000 vehículos de todo tipo, quedaron abandonados o destruidos en Dunkerque. Por lo que respecta a la flota aliada, los británicos perdieron en la Operación Dynamo 5 destructores, 30 buques diversos y 170 embarcaciones menores, mientras que los franceses perdieron otros 5 destructores y 60 barcos de todo tipo.

La operación, bautizada por la prensa británica como “El Bendito Milagro de Dunkerque“, supuso una luz de esperanza en medio del estrepitoso fracaso en la defensa de Francia y permitió a los británicos mantenerse vivos en el conflicto. La decisión alemana de destruir a los Aliadosmediante la aviación fue un grave error de cálculo. Aunque el blanco del ataque parecía fácil (un número ingente de soldados, agrupados o en largas filas aguardando para embarcar en una superficie reducida) lo cierto es que las profundas arenas de las playas, capaces de engullir las bombas y absorber tanto la metralla como la onda expansiva, fueron fundamentales para minimizar los muertos y heridos. Por otra parte los aviones alemanes no disponían de bombas precisas para llevar a cabo un ataque efectivo contra los buques de rescate.

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Maniobras de Artillería en San Lázaro. Ciudad de México 1902

Publicado por El hijo del Ahuizote en junio 17th 2017

                                     Soldados de artillería emplazando las piezas antes de iniciarse los tiros.


La Secretaría de Guerra y Marina abrió un concurso y nombró a una comisión para estudiar y conocer cuál era el cañón de campaña de tiro rápido que reuniera las mejores condiciones para dotar al Ejército Nacional.

El coronel Manuel Mondragón había traído de Europa cañones fabricados por tres casas: la Krupp, la Schnier-Canetvy y la Saint Chaumond-Mondragón.

                      Un cañón Saint Chaumond-Mondragón, efectuando sus disparos de prueba


La comisión que tenía que dictaminar la eficiencia de dichas piezas de artillería estaba formada por el general Juan Villegas, jefe del Departamento de Artillería, el mayor Rafael Eguía Liz, los capitanes Víctor Fernández Covarrubias y Francisco Nar-váez y los tenientes Enrique Ruiz, Fernández y Serna.

Después de un largo estudio, la comisión rindió su informe y la Secretaría de Guerra y Marina, resolvió adoptar el cañón Saint Chaumond-Mondragón, haciendo un pedido de importancia. El cañón de referencia, color gris oscuro, permite fácilmente confundirse con el terreno y tiene además un sistema de cierre de tornillo, frenos hidráulicos y recuperador con resortes de acero para el movimiento de retroceso.

                                   Después del éxito de las maniobras, las dotaciones recogen las piezas.

El 18 de abril de 1902, el presidente de la República, general Porfirio Díaz, concurrió a la demostración de estas piezas, acompañado de los generales Eugenio Rascón, Juan Villegas, Joaquín Beltrán y otros altos jefes y oficiales. Se hicieron disparos alternados de 500 a mil metros; el Primer Magistrado y sus acompañantes quedaron satisfechos de estas pruebas, así como numerosa concurrencia que se agregó para contemplar con admiración la efectividad de los disparos del nuevo cañón.

 

 

El general Porfirio Díaz, altos jefes del Ejército y sus estados mayores durante las demostraciones del cañón adoptado para el Ejército Nacional.

 

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Misión de la Marina Alemana – Einsatz der Deutschen Kriegsmarine

Publicado por El hijo del Ahuizote en enero 21st 2017

Cartel de propaganda en favor de la Kriegsmarine. La marina alemana no había tenido su Göring; los programas de construcción naval fueron sacrificados a menudo en favor de los programas de construcciones aeronáuticas y de equipamiento de la Wehrmacht. Dos figuras dominarían la Kriegsmarine: el gran almirante Raeder de concepciones militares clásicas, y el almirante Dönitz campeón de la guerra submarina.

Cartel Nazi Kriegsmarine

Cartel Nazi Kriegsmarine

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La Carga de la Caballería Polaca en Krojanty

Publicado por El hijo del Ahuizote en agosto 30th 2015

Probablemente la imagen más famosa y persistentemente recordada en el tiempo de la invasión de Polonia por la Alemania nazi (1 de  septiembrede 1939) es la de un escuadrón de osados jinetes polacos cargando a caballo con sus lanzas y sables contra los panzer alemanes. Todo un símbolo de la desesperación de unas gentes valientes, pero abandonadas a su suerte por las potencias aliadas e impotentes ante una tecnología infinitamente superior. En mi caso, uno de los primeros y más vívidos recuerdos de mi infancia en relación con la Segunda Guerra Mundial, es la lectura de un viejo tebeo de “Hazañas Bélicas” en una de cuyas historias se mostraba este episodio. Si no recuerdo mal, uno de aquellos lanceros polacos, se abalanzaba contra un tanque y antes de caer abatido, liquidaba con su lanza a un tripulante del blindado – creo que uno de los ametralladores (o el conductor, quizás) – tras introducir, en una increíble demostración de puntería su lanza por una de las troneras del carro de combate.

Pues bien, la cuestión es que ese osado y suicida ataque nunca se produjo. Ese heroico episodio es uno de los tantos mitos y leyendas existentes en torno a la Segunda Guerra Mundial. No obstante, ello no parece haber menguado la popularidad de la leyenda, incluso entre algunos historiadores e investigadores supuestamente serios. Según el historiador Steven J. Zaloga, la historia parece tener su origen en los primeros días de la campaña, de la mano de corresponsales de guerra italianos destacados en elfrente de Pomerania. Luego fue debidamente engrandecido, embellecido y transformado a su antojo por la poderosa propaganda nazi, siendo más atractivo en cada nueva versión de los hechos. También se ha dicho, de manera bastante insistente, que esa fue la última carga de caballería de la historia en un conflicto armado, a fin de pretender dejar sin argumentos a los defensores de la caballería, para dejar claro que la época del jinete había tocado a su fin, pero eso tampoco es cierto. Así a bote pronto, recuerdo un par de cargas de caballería más durante la Segunda Guerra Mundial – la delRegimiento “Savoia” italiano en Isbuschensky (Rusia) en agosto de 1942 y la del 26th Cavalry Regiment estadounidense en Morong (Filipinas) enfebrero de 1942 – y lo cierto es que las unidades de caballería continuaron teniendo un papel importante durante la guerra (precisamente los alemanes las utilizaron a menudo en la lucha antipartisana).

La fuente original está en una escaramuza cerca de la aldea de Krojantyen la tarde del 1 de septiembre de 1939 (es decir, el mismo día de la invasión). El Corredor de Pomerania, (también llamado “corredor polaco”)  uno de los principales objetivos de Hitler, ya que garantizaba el acceso almar Báltico, estaba guardado por varias divisiones polacas de infantería y por la Brigada de Caballería “Pomorska”. El área era indefendible, pero esas fuerzas estaban estacionadas ahí para impedir al menos que laWehrmacht la tomase sin oposición, como había ocurrido en los Sudetes. Al estallar la guerra, esas tropas debían retirarse inmediatamente hacia el sur. Cubriendo el repliegue estaría el coronel Kazimierz Mastalerz (en la fotografía bajo estas líneas) con su 18º Regimiento de Lanceros Ulanos “Pomorskich” y unos regimientos de infantería.

A primera hora del 1 de septiembre, la y 20ª División de Infantería Motorizada del XIX Cuerpo de Ejército alemán al mando del generalHeinz Guderian empezaron a presionar a las fuerzas polacas del bosque de Tuchola. La caballería y la infantería consiguieron  contenerlas hasta primera hora de la tarde, pero finalmente se vieron obligadas a retroceder. Al atardecer, estaba amenazado el empalme ferroviario y viario clave que había al otro lado del bosque, así que Mastarlerz ordenó que se rechazara a los alemanes a toda costa. El coronel polaco contaba con su propio regimiento, alguna infantería y las tanquetas de la brigada. Las tanquetas TK eran viejas y estaban muy gastadas, así que fueron dejadas con una parte del regimiento para que sostuvieran las posiciones. Dos escuadrones de lanceros, unos 250 hombres, montaron en sus caballos y empezaron a rodear el flanco germano para atacar por detrás.

A primera hora de la tarde habían localizado un batallón de infantería alemán expuesto en un claro del bosque de Tuchola. Los escuadrones de caballería polacos estaban a unos cientos de metros, por lo que era factible lanzar una carga a sable. En unos instantes, los dos escuadrones habían salido del bosque y caído sobre la atónita infantería enemiga, a la que lograron dispersar causandole unas 20 bajas, sin que los polacos tuvieran apenas pérdidas. Cuando los jinetes se estaban reagrupando, aparecieron en el lugar unos cuantos vehículos blindados ligeros alemanes – probablemente del tipo Schewerer Panzerspähwagen y Leichter Panzerspähwagen – armados con cañones automáticos de 20 mm y ametralladoras, y abrieron fuego de inmediato sobre los jinetes polacos, que totalmente expuestos, empezaron a galopar intentando llegar al abrigo de una colina cercana. El propio coronel Mastarlerz y su estado mayor cayeron muertos, y las bajas fueron terribles (se habla de unos 20 muertos y otros 60 heridos o prisioneros, es decir, los dos escuadrones de la caballería polaca intervinientes en la escaramuza perdieron un tercio de sus jinetes). Sin embargo, gracias a su decidida acción los lanceros consiguieron ganar tiempo para la retirada de dos batallones polacos que estaban siendo atacados en la cercana batalla de Chojnice.

La evidencia de esta matanza fue descubierta al día siguiente por unos corresponsales de guerra italianos, a quienes unos soldados alemanes dijeron que aquello era consecuencia de que los jinetes polacos habían cargado contra los carros de combate. Los alemanes, impresionados por el fuerte y osado ataque, se las arreglaron para transformar una derrota táctica en una victoria propagandística, presentando así el ejército polaco como obsoleto y caduco. Y así nació la leyenda. Lo que ya no interesó tanto resaltar a los nazis fue que esa misma tarde Guderian tuviese que intervenir personalmente para impedir que el comandante de la 20ª División de Infantería Motorizada alemana retirase dicha unidad “frente a una intensa presión de caballería”. Semejante presión procedía de ese mismo 18º Regimiento de Lanceros Ulanos, una unidad que había perdido el 60% de sus efectivos en los combates de ese día y cuyo tamaño no era ni el 10% de la unidad alemana a la que estaban empujando.

Los polacos también aceptaron la mentira pues ensalzaba el valor de su caballería, que dicho sea de paso, fueron las unidades del ejército polaco que más problemas dieron a los alemanes en su avance (incluso, llegaron a derrotarles en la batalla de Mokra). Eso sí, los enfrentamientos entre la caballería polaca y las unidades blindadas germanas se produjeron con los jinetes polacos luchando a pie, o atrincherados en posiciones fijas (más el apoyo de tanquetas, blindados y artillería), es decir, como infantería, y utilizando sólo la caballería para desplazarse rápidamente a otros lugares del frente. Pero todos sabemos el gran valor que tienen los símbolos y lo de las lanzas contra los tanques es una imagen muy poderosa sobre un pueblo que fue abandonado a su suerte cuando se vieron atacados por la tiranía y la sinrazón.


Fuentes:

Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: “El Ejército Polaco” de Stephen J. Zaloga

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Batalla de Hastings

Publicado por El hijo del Ahuizote en abril 13th 2014

Batalla de Hastings, una de las más trascendentales batallas en la historia de Inglaterra, tuvo lugar el 14 de octubre de 1066 entre el ejército dirigido por Harold II, rey sajón de Inglaterra y una fuerza invasora capitaneada por el duque de Normandía, el futuro Guillermo I (el Conquistador). Éste reclamaba el trono de Inglaterra por sostener que su primo Eduardo el Confesor se lo había prometido con anterioridad. Guillermo cuestionó la elección de Harold como rey tras la muerte de Eduardo y, con la bendición del papa Alejandro II (1061-1073), preparó la invasión de Inglaterra. Sus tropas, en las que había soldados ballesteros de infantería y caballería pesada, desembarcaron en la costa inglesa cerca de Hastings el 28 de septiembre de 1066.

Tapiz de Bayeux  El tapiz de Bayeux (Francia), que en realidad es un bordado, es una de las mayores labores de costura que existen. Mide 70 m de largo por 49,5 cm de ancho. Las escenas que aparecen representan la conquista normanda de Inglaterra y los acontecimientos relacionados con ella. El bordado, que se inició en 1073 y concluyó en 1083, está hecho en lana sobre lona o lino.

Tapiz de Bayeux
El tapiz de Bayeux (Francia), que en realidad es un bordado, es una de las mayores labores de costura que existen. Mide 70 m de largo por 49,5 cm de ancho. Las escenas que aparecen representan la conquista normanda de Inglaterra y los acontecimientos relacionados con ella. El bordado, que se inició en 1073 y concluyó en 1083, está hecho en lana sobre lona o lino

Tras una marcha apresurada desde Yorkshire, donde Harold acababa de derrotar y matar a su hermano rebelde Tostig, conde de Northumbria, en la batalla de Stamford Bridge, el ejército inglés compuesto por unos 7.000 soldados, ocupó una altura (conocida posteriormente como Senlac Hill, o colina de Senlac) cerca de la vía Hastings-Londres, aproximadamente a 10,5 km al noroeste de Hastings. El ejército real estaba formado exclusivamente por infantería armada con lanzas, espadas y hachas de combate.

 

El 28 de septiembre de 1066, Guillermo, duque de Normandía, desembarcó con su ejército en las costas de Inglaterra para hacer efectivas sus pretensiones al trono inglés. Guillermo ya había demostrado su efectividad en el arte de la guerra tras derrotar en 1054 y 1058 a las fuerzas francesas de Enrique I. En la batalla de Hastings, librada el 14 de octubre de aquel año 1066, Guillermo venció a las tropas de Harold II, último soberano sajón inglés, lo que le permitió convertirse en el primer monarca normando de Inglaterra. Esta efigie de Guillermo I el Conquistador se encuentra en la catedral de Wells (Somerset, Inglaterra).

El 28 de septiembre de 1066, Guillermo, duque de Normandía, desembarcó con su ejército en las costas de Inglaterra para hacer efectivas sus pretensiones al trono inglés. Guillermo ya había demostrado su efectividad en el arte de la guerra tras derrotar en 1054 y 1058 a las fuerzas francesas de Enrique I. En la batalla de Hastings, librada el 14 de octubre de aquel año 1066, Guillermo venció a las tropas de Harold II, último soberano sajón inglés, lo que le permitió convertirse en el primer monarca normando de Inglaterra. Esta efigie de Guillermo I el Conquistador se encuentra en la catedral de Wells (Somerset, Inglaterra).

El ataque inicial de los normandos no pudo desalojar a los ingleses, los cuales hicieron frente a la descarga de las flechas enemigas entrelazando sus escudos. La infantería inglesa, armada con hachas, rechazó una carga de la caballería normanda, tras lo cual una sección de la infantería normanda emprendió la fuga. En ese momento, diversas unidades del ejército inglés rompieron la formación, en contra de las órdenes de Harold y persiguieron a los normandos, pero fueron rápidamente aniquiladas por otras tropas normandas. Guillermo aprovechó la falta de disciplina de los soldados ingleses y ordenó fingir una retirada. Esta estratagema permitió entrampar a otra buena parte de las tropas inglesas. Seriamente debilitados por estos reveses y desmoralizados por la mortal herida de flecha que sufrió Harold, los ingleses se vieron forzados a abandonar su posición estratégica en la cima de la colina de Senlac. Sólo pequeños grupos del ejército defensor sobrevivieron a las posteriores cargas de la caballería normanda. La victoria de Guillermo en Hastings allanó el camino para el dominio normando de toda Inglaterra.

 

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Primera Guerra Mundial

Publicado por El hijo del Ahuizote en marzo 16th 2014

Primera Guerra Mundial

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INTRODUCCIÓN

Primera Guerra Mundial, conflicto militar que comenzó el 28 de julio de 1914 como un enfrentamiento localizado en el Imperio Austro-Húngaro y Serbia; se transformó en un enfrentamiento armado a escala europea cuando la declaración de guerra austro-húngara se extendió a Rusia el 1 de agosto de 1914; y finalmente pasó a ser una guerra mundial, en la que participaron 32 naciones, finalizada en 1918. Veintiocho de ellas, denominadas ‘aliadas’ o ‘potencias asociadas’ y entre las que se encontraban Gran Bretaña, Francia, Rusia, Italia y Estados Unidos, lucharon contra la coalición de los llamados Imperios Centrales, integrada por Alemania, Austria-Hungría, el Imperio otomano y Bulgaria. La causa inmediata del inicio de las hostilidades entre Austria-Hungría y Serbia fue el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Habsburgo, heredero del trono austro-húngaro, cometido en Sarajevo (Bosnia, entonces parte del Imperio Austro-Húngaro; en la actualidad Bosnia-Herzegovina) el 28 de junio de 1914 por el nacionalista serbio Gavrilo Princip. No obstante, las causas profundas del conflicto remiten a la historia europea del siglo XIX, concretamente a las tendencias económicas y políticas que imperaron en Europa desde 1871, año en el fue fundado y emergió como gran potencia el II Imperio Alemán.

Tras la I Guerra Mundial, el mapa de Europa experimentó importantes modificaciones. De acuerdo con lo establecido en el Tratado de Versalles, Alemania cedió parte de su territorio a Bélgica, Checoslovaquia, Dinamarca, Francia y Polonia. Estos países, así como Rumania y el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, aumentaron su extensión con regiones de Austria-Hungría. Las restantes zonas del Imperio otomano también se disgregaron, y la mayoría de los estados que se constituyeron pasaron a ser mandatos franceses y británicos por decisión de la Sociedad de Naciones

Tras la I Guerra Mundial, el mapa de Europa experimentó importantes modificaciones. De acuerdo con lo establecido en el Tratado de Versalles, Alemania cedió parte de su territorio a Bélgica, Checoslovaquia, Dinamarca, Francia y Polonia. Estos países, así como Rumania y el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, aumentaron su extensión con regiones de Austria-Hungría. Las restantes zonas del Imperio otomano también se disgregaron, y la mayoría de los estados que se constituyeron pasaron a ser mandatos franceses y británicos por decisión de la Sociedad de Naciones

 

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LAS CAUSAS DE LA GUERRA

Los verdaderos factores que desencadenaron la I Guerra Mundial fueron el intenso espíritu nacionalista que se extendió por Europa a lo largo del siglo XIX y comienzos del XX, la rivalidad económica y política entre las distintas naciones y el proceso de militarización y de vertiginosa carrera armamentística que caracterizó a la sociedad internacional durante el último tercio del siglo XIX, a partir de la creación de dos sistemas de alianzas enfrentadas.

2.1

El nacionalismo

La Revolución Francesa y las Guerras Napoleónicas habían difundido por la mayor parte del continente europeo el concepto de democracia, extendiéndose así la idea de que las poblaciones que compartían un origen étnico, una lengua y unos mismos ideales políticos tenían derecho a formar estados independientes. Sin embargo, el principio de la autodeterminación nacional fue totalmente ignorado por las fuerzas dinásticas y reaccionarias que decidieron el destino de los asuntos europeos en el Congreso de Viena (1815). Muchos de los pueblos que deseaban su autonomía quedaron sometidos a dinastías locales o a otras naciones. Por ejemplo, los estados alemanes, integrados en la Confederación Germánica, quedaron divididos en numerosos ducados, principados y reinos de acuerdo con los términos del Congreso de Viena; Italia también fue repartida en varias unidades políticas, algunas de las cuales estaban bajo control extranjero; los belgas flamencos y franceses de los Países Bajos austriacos quedaron supeditados al dominio holandés por decisión del Congreso. Las revoluciones y los fuertes movimientos nacionalistas del siglo XIX consiguieron anular gran parte de las imposiciones reaccionarias acordadas en Viena. Bélgica obtuvo la independencia de los Países Bajos en 1830; la unificación de Italia fue culminada en 1861, y la de Alemania en 1871. Sin embargo, los conflictos nacionalistas seguían sin resolverse en otras áreas de Europa a comienzos del siglo XX, lo que provocó tensiones en las regiones implicadas y entre diversas naciones europeas. Una de las más importantes corrientes nacionalistas, el paneslavismo, desempeñó un papel fundamental en los acontecimientos que precedieron a la guerra.

2.2

El imperialismo

El espíritu nacionalista también se puso de manifiesto en el terreno económico. La Revolución Industrial, iniciada en Gran Bretaña a finales del siglo XVIII, en Francia a comienzos del XIX y en Alemania a partir de 1870, provocó un gran incremento de productos manufacturados, por lo que estos países se vieron obligados a buscar nuevos mercados en el exterior. El área en la que se desarrolló principalmente la política europea de expansión económica fue África, donde los respectivos intereses coloniales entraron en conflicto con cierta frecuencia. La rivalidad económica por el dominio del territorio africano entre Francia, Alemania y Gran Bretaña estuvo a punto, desde 1898 hasta 1914, de provocar una guerra en Europa en varias ocasiones.

2.3

La expansión militar

Como consecuencia de estas tensiones, las naciones europeas adoptaron medidas tanto en política interior como exterior entre 1871 y 1914 que, a su vez, aumentaron el peligro de un conflicto; mantuvieron numerosos ejércitos permanentes, que ampliaban constantemente mediante reclutamientos realizados en tiempo de paz, y construyeron naves de guerra de mayor tamaño. Gran Bretaña, influida por el desarrollo de la Armada alemana, que se inició en 1900, y por el curso de la Guerra Ruso-japonesa, modernizó su flota bajo la dirección del almirante sir John Fisher. El conflicto bélico que tuvo lugar entre Rusia y Japón había demostrado la eficacia del armamento naval de largo alcance. Los avances en otras áreas de la tecnología y organización militar estimularon la constitución de estados mayores capaces de elaborar planes de movilización y ataque muy precisos, integrados a menudo en programas que no podían anularse una vez iniciados.

Los dirigentes de todos los países tomaron conciencia de que los crecientes gastos de armamento desembocarían con el tiempo en quiebras nacionales o en una guerra; por este motivo se intentó favorecer el desarme mundial en varias ocasiones, especialmente en las Conferencias de La Haya de 1899 y 1907. Sin embargo, la rivalidad internacional había llegado a tal punto que no fue posible alcanzar ningún acuerdo efectivo para decidir el desarme internacional.

De forma paralela al proceso armamentístico, los estados europeos establecieron alianzas con otras potencias para no quedar aisladas en el caso de que estallara una guerra. Esta actitud generó un fenómeno que, en sí mismo, incrementó enormemente las posibilidades de un conflicto generalizado: el alineamiento de las grandes potencias europeas en dos alianzas militares hostiles, la Triple Alianza, formada por Alemania, Austria-Hungría e Italia, y la Triple Entente, integrada por Gran Bretaña, Francia y Rusia. Los propios cambios que se produjeron en el seno de estas asociaciones contribuyeron a crear una atmósfera de crisis latente por la cual el periodo fue denominado de la ‘paz armada’.

2.4

Las crisis anteriores a la guerra (1905-1914)

Al encontrarse Europa dividida en dos sistemas de alianzas hostiles, cualquier alteración de la situación política o militar en Europa, África o en cualquier otro lugar provocaría un incidente internacional. Desde 1905 hasta 1914 tuvieron lugar varias crisis internacionales y dos guerras locales, y todos ellas estuvieron a punto de desencadenar una guerra general en Europa. El primer conflicto se produjo en Marruecos, donde Alemania combatió en 1905 y 1906 para apoyar al país en su lucha por la independencia y para evitar el dominio del área por Francia y España. Francia amenazó a Alemania con declararle la guerra, pero el incidente se solucionó finalmente en una conferencia internacional celebrada en Algeciras (España) en 1906. Los Balcanes fueron el escenario de un nuevo enfrentamiento en 1908, motivado por la anexión de Bosnia-Herzegovina por parte de Austria-Hungría. Entre los distintos tipos de paneslavismo se encontraba el panserbianismo o movimiento para la creación de una Gran Serbia, uno de cuyos objetivos era que esta región adquiriera la zona meridional de Bosnia, por lo que los serbios amenazaron a Austria con declararle la guerra. No se inició ninguna campaña debido a que los serbios no podían emprender la lucha sin el apoyo de Rusia, y ésta no se encontraba en condiciones de intervenir en la contienda. En 1911 estalló una nueva crisis en Marruecos, cuando el gobierno alemán envió un buque de guerra a Agadir en protesta por los intentos franceses para conseguir la supremacía en esta zona. Hubo amenazas de guerra por ambas partes, pero el conflicto se solventó en la Conferencia de Agadir. Italia, aprovechando la preocupación de las grandes potencias por la cuestión marroquí, declaró la guerra al Imperio otomano en 1911, con la esperanza de poder anexionarse la región de Tripolitania, situada al norte de África. Dado que Alemania se había visto obligada a entablar relaciones amistosas con el Imperio otomano a causa de su política de Drang nach Osten (‘Expansión hacia el Este’), el ataque de Italia debilitó a la Triple Alianza y alentó a sus enemigos. Las Guerras Balcánicas de 1912-1913 aumentaron el interés de Serbia por obtener el control de las áreas del Imperio Austro-Húngaro habitadas por pueblos eslavos, agudizó el recelo del Imperio Austro-Húngaro hacia los serbios y generó en Bulgaria y el Imperio otomano un deseo de revancha tras su derrota en dichos conflictos. Alemania, irritada por el hecho de que el Imperio otomano hubiera perdido sus territorios en Europa como consecuencia del conflicto balcánico, formó un Ejército más numeroso. Francia respondió con la ampliación del servicio militar obligatorio de dos a tres años en tiempo de paz. Las demás naciones europeas siguieron el ejemplo de estas potencias y asignaron en 1913 y 1914 enormes cantidades al presupuesto destinado a gastos militares.

3

LAS OPERACIONES MILITARES

El asesinato del archiduque austriaco tuvo una repercusión catastrófica en una Europa armada y desgarrada por las rivalidades nacionales.

El 28 de junio de 1914, tuvo lugar en Sarajevo (la actual capital de Bosnia-Herzegovina) el asesinato del archiduque de Austria Francisco Fernando de Habsburgo y de su esposa. El atentado mortal contra el heredero de la corona austro-húngara, a manos de un nacionalista serbio, terminó por desencadenar la I Guerra Mundial, aunque no fue sino la acción de un fanático. La imagen muestra el instante en que resultó detenido el autor del asesinato, el joven serbio Gavrilo Princip.

El 28 de junio de 1914, tuvo lugar en Sarajevo (la actual capital de Bosnia-Herzegovina) el asesinato del archiduque de Austria Francisco Fernando de Habsburgo y de su esposa. El atentado mortal contra el heredero de la corona austro-húngara, a manos de un nacionalista serbio, terminó por desencadenar la I Guerra Mundial, aunque no fue sino la acción de un fanático. La imagen muestra el instante en que resultó detenido el autor del asesinato, el joven serbio Gavrilo Princip.

 

3.1

Las gestiones diplomáticas

El gobierno austro-húngaro, que consideraba que el asesinato había sido obra del movimiento de la Gran Serbia, decidió suprimir esta agrupación enviando una expedición militar a Serbia. El 23 de julio, Austria-Hungría envió un ultimátum a Serbia que contenía diez condiciones concretas, la mayoría de las cuales estaban relacionadas con la eliminación de la propaganda antiaustriaca en Serbia. Ésta, alentada por Gran Bretaña y Rusia, aceptó las exigencias austro-húngaras salvo dos de ellas el 25 de julio, pero Austria replicó que la respuesta serbia no era satisfactoria. Los rusos intentaron convencer a Austria para que modificara los términos exigidos, y declararon que si los austriacos atacaban Serbia, ellos se movilizarían contra Austria. El ministro de Asuntos Exteriores británico, sir Edward Grey, primer vizconde Grey de Fallodon, propuso el 26 de julio que Gran Bretaña, Francia, Alemania e Italia se reunieran en una conferencia para arbitrar en la disputa austro-serbia, pero Alemania declinó dicha oferta.

3.2

Las declaraciones de guerra

Austria declaró la guerra a Serbia el 28 de julio, ya fuera porque creía que Rusia no llegaría a unirse a Serbia o porque estaba dispuesta a correr el riesgo de un conflicto europeo general con tal de poner fin al movimiento nacionalista serbio. Rusia respondió movilizándose contra Austria. Alemania advirtió a Rusia de que si persistía en su actitud le declararía la guerra, y consiguió que Austria accediera a discutir con Rusia una posible modificación del ultimátum enviado a los serbios. No obstante, Alemania insistió en que los rusos retiraran sus tropas inmediatamente. Rusia se negó a hacerlo y Alemania le declaró la guerra el 1 de agosto.

Los franceses comenzaron la movilización de sus fuerzas ese mismo día; las tropas alemanas cruzaron la frontera de Luxemburgo el 2 de agosto y Alemania declaró la guerra a Francia al día siguiente. El día anterior, el gobierno alemán había informado al gobierno belga de su intención de marchar sobre Francia cruzando Bélgica, a fin de evitar que los franceses utilizaran esta ruta para atacar Alemania. Las autoridades belgas se negaron a permitir el paso por su territorio de las tropas alemanas y recurrieron a los países firmantes del Tratado de 1839 —en el que se garantizaba la neutralidad de Bélgica en el caso de un conflicto en el que estuvieran implicados Gran Bretaña, Francia y Alemania— para que se cumpliera lo establecido en dicho acuerdo. Gran Bretaña, uno de los países signatarios del Tratado de 1839, envió un ultimátum a Alemania el 4 de agosto en el que se exigía que se respetara la neutralidad de Bélgica; Alemania rechazó la petición y el gobierno británico le declaró la guerra ese mismo día. Italia permaneció neutral hasta el 23 de mayo de 1915, cuando rompió su pacto con la Triple Alianza para satisfacer sus aspiraciones territoriales y declaró la guerra a Austria-Hungría. La unidad de los aliados se fortaleció en septiembre de 1914 a través del Pacto de Londres, firmado por Francia, Gran Bretaña y Rusia. A medida que avanzaba la contienda, fueron sumándose al conflicto países como el Imperio otomano, Japón, Estados Unidos y otras naciones del continente americano. Japón, que había firmado una alianza con Gran Bretaña en 1902, declaró la guerra a Alemania el 23 de agosto de 1914, y el 6 de abril de 1917 lo hizo Estados Unidos.

Alberto I de Bélgica  Vestido de uniforme militar, esta fotografía reproduce la imagen de Alberto I, rey de los belgas entre 1909 y 1934, quien permaneció junto a sus tropas durante toda la I Guerra Mundial (1914-1918), en el territorio de su país que los alemanes no habían logrado ocupar.

Alberto I de Bélgica
Vestido de uniforme militar, esta fotografía reproduce la imagen de Alberto I, rey de los belgas entre 1909 y 1934, quien permaneció junto a sus tropas durante toda la I Guerra Mundial (1914-1918), en el territorio de su país que los alemanes no habían logrado ocupar.

 

3.3

1914-1915: la guerra de trincheras

Las operaciones militares comenzaron a desarrollarse en Europa en tres frentes: el occidental o franco-belga, el oriental o ruso y el meridional o serbio. El Imperio otomano intervino en noviembre de 1914 como aliado de los Imperios Centrales, por lo que la lucha se extendió al estrecho de los Dardanelos y a Mesopotamia. A finales de 1915 se habían abierto dos nuevos frentes: el austro-italiano, después de que Italia entrase en la guerra en apoyo del bando aliado (es decir, el bando enfrentado a los denominados Imperios Centrales) en mayo de 1915, y el de la frontera griega situada al norte de Salónica, tras adherirse en octubre de 1915 Bulgaria a la causa de los Imperios Centrales.

 

En la I Guerra Mundial se cavaban trincheras a lo largo del frente del campo de batalla para proteger a las tropas del fuego mortífero de la artillería y las ametralladoras. Detrás de las trincheras de primera línea se encontraban las trincheras cubiertas, que proporcionaban una segunda línea defensiva en el caso de que el enemigo asaltara la primera. Su anchura era de 1,8 a 2,5 metros. Las tropas que no estaban de servicio vivían en los refugios subterráneos de las trincheras de apoyo. Los suministros, alimentos y las tropas de reemplazo eran trasladados al frente a través de una red de trincheras de reserva y comunicaciones. El área que se encontraba entre las trincheras de ambos combatientes era tierra de nadie; intentar cruzar este terreno solía acarrear la muerte, puesto que estaba cubierto de alambradas y los soldados pasaban a ser un blanco fácil para el enemigo Microsoft ® Encarta ® 2007. © 1993-2006 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

En la I Guerra Mundial se cavaban trincheras a lo largo del frente del campo de batalla para proteger a las tropas del fuego mortífero de la artillería y las ametralladoras. Detrás de las trincheras de primera línea se encontraban las trincheras cubiertas, que proporcionaban una segunda línea defensiva en el caso de que el enemigo asaltara la primera. Su anchura era de 1,8 a 2,5 metros. Las tropas que no estaban de servicio vivían en los refugios subterráneos de las trincheras de apoyo. Los suministros, alimentos y las tropas de reemplazo eran trasladados al frente a través de una red de trincheras de reserva y comunicaciones. El área que se encontraba entre las trincheras de ambos combatientes era tierra de nadie; intentar cruzar este terreno solía acarrear la muerte, puesto que estaba cubierto de alambradas y los soldados pasaban a ser un blanco fácil para el enemigo

3.3.1

El frente occidental

Mapa del frente occidental en 1917

El plan inicial de la estrategia alemana era derrotar a Francia en el oeste en poco tiempo, mientras una pequeña parte del Ejército alemán y todas las fuerzas austro-húngaras contenían la invasión rusa que se esperaba por el este. Se confiaba en vencer a Francia rápidamente gracias a la estrategia de la ‘guerra relámpago’ contenida en el Plan Schlieffen, elaborado por el conde Alfred von Schlieffen, jefe del Estado Mayor alemán desde 1891 hasta 1907. El proyecto previsto era el siguiente: las tropas alemanas debían conquistar Bélgica, rodear a los franceses mediante movimientos veloces y, a continuación, cambiar de frente y derrotarlos de forma rápida y contundente. Cuando se aplicó este plan en el otoño de 1914 parecía haber sido un éxito. La veloz incursión de los alemanes a comienzos de agosto aniquiló al Ejército belga, que abandonó las plazas fuertes de Lieja y Namur y se refugió en la fortaleza de Amberes. Las tropas alemanas, que avanzaban a gran velocidad, derrotaron a los franceses en Charleroi y a la Fuerza Expedicionaria británica en Mons, lo que provocó la retirada de Bélgica de toda la línea aliada. Al mismo tiempo, los alemanes expulsaron a los franceses de Lorena, que había sido invadida, y les obligaron a retirarse de la frontera de Luxemburgo. Los contingentes británicos y franceses no tardaron en retroceder hasta el río Marne, pero tres ejércitos alemanes se dirigieron rápidamente hacia su posición, por lo que tuvieron que cruzarlo. La caída de la capital francesa parecía tan inminente que el gobierno galo se trasladó a Burdeos. Sin embargo, una vez que los alemanes habían atravesado el Marne, los franceses, dirigidos por el general Joseph Joffre, rodearon París y atacaron al I Ejército alemán, mandado por el general Alexander von Kluck, situado a la derecha de los tres ejércitos que avanzaban hacia la capital francesa.

En la primera batalla del Marne, que se desarrolló desde el 6 hasta el 9 de septiembre, los franceses consiguieron detener al ejército de Kluck, que se había distanciado de las otras dos fuerzas alemanas y no pudo recibir refuerzos. Además, los alemanes habían perdido una parte de sus tropas el 25 de agosto, cuando el general Helmuth Johan von Moltke, jefe del Estado Mayor alemán, pensando que ya se había alcanzado la victoria en el frente occidental, envió seis de estas unidades al oriental. La presión francesa sobre el flanco derecho alemán obligó al ejército de Kluck a retirarse, y posteriormente todas las fuerzas alemanas retrocedieron hasta el río Aisne. Los franceses avanzaron e intentaron expulsar a los alemanes del territorio próximo a dicho río, lo que provocó las batallas del Aisne, del Somme y la de Arras. Sin embargo, no les fue posible desalojar a los alemanes de esta posición y éstos extendieron sus líneas por el este hacia el Mosa, al norte de Verdún. Ambos contendientes intentaron entonces alcanzar el mar del Norte, donde se encontraban los puertos del canal. Los alemanes no pudieron alcanzarlo debido a que los belgas habían inundado la región del río Yser. La parte occidental de las líneas aliadas estaba ocupada por los británicos, que se hallaban ya en Ypres (situado en el extremo suroccidental de Bélgica) en la carrera hacia el Canal. Los alemanes, después de tomar Amberes el 10 de octubre, intentaron atravesar las posiciones de los británicos en Bélgica, pero no pudieron cumplir su objetivo tras las denominadas batallas de Flandes. En diciembre, los aliados lanzaron una serie de ofensivas a lo largo de todo el frente, desde Niewpoort por el oeste hasta Verdún en el este, pero no consiguieron conquistas territoriales significativas.

A finales de 1914, ambos bandos se encontraban atrincherados en sendas líneas que se extendían a lo largo de 800 kilómetros, desde Suiza hasta el mar del Norte. Apenas se produjeron cambios en este frente durante casi tres años.

Las batallas de Flandes representaron el final de la guerra de movimientos en el frente occidental. Desde finales de 1914 hasta casi el final de la contienda, ésta se convirtió en una guerra de trincheras o de ‘desgaste’. El frente estaba formado por numerosas líneas paralelas de trincheras comunicadas y protegidas por alambres de púas y cada bando intentaba atravesar las líneas enemigas esporádicamente. Los británicos intentaron romper el frente enemigo en marzo de 1915, pero sólo capturaron la línea delantera de los alemanes. Éstos lanzaron un asalto fallido sobre Ypres en el mes de abril empleando gas de cloro; ésta fue la primera vez que la guerra química se practicaba a gran escala. La ofensiva conjunta lanzada por los británicos y franceses a lo largo del frente situado entre Neuve Chapelle y Arras en mayo y junio permitió que sus tropas avanzaran 4 km en el sistema de trincheras alemán, pero no se consiguió atravesarlo. Los británicos asediaron en varias ocasiones la ciudad de Lens durante el mes de septiembre, mientras los franceses atacaban la cresta de Vimy. Ese mismo mes, los franceses lanzaron un asalto a gran escala sobre un frente que se extendía desde Reims hasta la región boscosa de Argonne y consiguieron tomar la primera línea de trincheras alemanas, pero no pudieron avanzar hasta la segunda. En términos generales, puede decirse que durante 1915 no se produjo ninguna modificación en las posiciones establecidas a finales de 1914.

3.3.2

El frente oriental

 

Frente Oriental y alianzas militares

Los rusos asumieron la ofensiva en el frente oriental desde el comienzo de la guerra, de acuerdo con los planes de los aliados. En agosto de 1914, dos ejércitos rusos se adentraron en Prusia oriental y otros cuatro ejércitos invadieron la provincia austriaca de Galitzia. Tras una serie de victorias rusas, la evacuación de Prusia oriental parecía inminente; sin embargo, las tropas de refuerzo alemanas, dirigidas por el general Paul von Hindenburg, derrotaron definitivamente a los rusos en la batalla de Tannenberg, librada del 26 al 30 de agosto de 1914. Los cuatro ejércitos rusos que habían invadido territorio austriaco avanzaron incesantemente a través de Galitzia; conquistaron Przemysl y Bucovina, y se encontraban en situación de adentrarse en Hungría a finales de marzo de 1915. No obstante, una fuerza conjunta austro-alemana les hizo retirarse de la cordillera de los Cárpatos. En mayo, los ejércitos austro-alemanes iniciaron una gran ofensiva en la zona central de Polonia; hacia septiembre de 1915, habían conseguido expulsar a los rusos de Polonia y Lituania y tomado todas las fortalezas fronterizas de Rusia. Los rusos abandonaron Galitzia para hacer frente a la ofensiva; cuando ésta cesó, las líneas rusas se encontraban detrás del río Dvina Occidental, entre Riga y Daugavpils, y los alemanes se dirigieron hacia el río Dniéster. Aunque los Imperios Centrales no realizaron ninguna operación decisiva en el frente oriental entre 1914 y 1915, Rusia había perdido tantos hombres y tal cantidad de suministros que a partir de ese momento no pudo emprender acciones importantes. Este frente fue el escenario de notables combates durante 1914 y 1915, librados concretamente en la región de Masuria, entre los que destacan la primera (del 7 al 14 de septiembre de 1914) y la segunda (del 7 al 21 de febrero de 1915) batallas de los Lagos Masurios; ambas concluyeron con la victoria de los alemanes.

3.3.3

La guerra en Serbia

Los austriacos invadieron Serbia en tres ocasiones a lo largo de 1914 y fueron rechazados en todas ellas. El frente permaneció estabilizado hasta octubre de 1915, fecha en la que tropas británicas y francesas llegaron a Salónica gracias a un acuerdo establecido con el gobierno de Grecia, que se mantenía neutral; los aliados se anticiparon así a la entrada en el conflicto de Bulgaria en apoyo de los Imperios Centrales; su propósito era ayudar a Serbia, que sería el objetivo del ataque búlgaro. Cuando Bulgaria declaró la guerra a Serbia el 14 de octubre de 1915, las fuerzas aliadas se internaron en Serbia. Los búlgaros derrotaron al Ejército serbio y también a los británicos y franceses procedentes de Salónica. Asimismo, el 6 de octubre, las tropas austro-alemanas, dirigidas por el general August von Mackensen, lanzaron un fuerte ataque sobre Serbia desde Austria-Hungría. A finales de 1915, los Imperios Centrales habían conquistado toda Serbia; las tropas serbias supervivientes se refugiaron en Montenegro, Albania y en la isla griega de Corfú, ocupada por los franceses en enero de 1916. Las tropas británicas y francesas que se encontraban en Serbia se retiraron a Salónica, posición en la que permanecieron preparados para nuevas acciones.

3.3.4

El frente otomano

El Imperio otomano entró en la guerra el 29 de octubre de 1914, fecha en la que sus naves colaboraron con las alemanas en el bombardeo naval de los puertos rusos del mar Negro; Rusia le declaró la guerra oficialmente el 2 de noviembre, y Gran Bretaña y Francia lo hicieron a su vez el 5 de noviembre. Los turcos (otomanos) comenzaron la invasión de la zona rusa de la cordillera del Cáucaso en diciembre, pero el escaso territorio que conquistaron se vio reducido considerablemente en agosto de 1915. No obstante, la presión turca en esta región había obligado al gobierno ruso a solicitar a comienzos de 1915 que los británicos llevaran a cabo una maniobra de distracción en el estrecho de los Dardanelos. En respuesta, la fuerza naval británica, capitaneada por el general sir Ian Hamilton bombardeó los fuertes turcos de los Estrechos en febrero de ese año, y entre abril y agosto se produjeron dos desembarcos de tropas aliadas en la península de Gallípoli; el primero, efectuado en abril, fue llevado a cabo por tropas británicas, australianas y francesas; en agosto acudieron más divisiones británicas. El objetivo de los aliados era conquistar los Dardanelos; sin embargo, la campaña de Gallípoli resultó un completo fracaso para las tropas aliadas, que en diciembre de 1915 y enero de 1916 se retiraron.

Mientras tanto, las fuerzas británicas de la India derrotaron a los turcos en varias batallas libradas en el valle de Mesopotamia durante 1914 y 1915, especialmente en la de Kutal-’Amara; pero los turcos frenaron el avance de los británicos hacia Bagdad con la batalla de Ctesifonte y les obligaron a retirarse a Kutal-’Amara en noviembre de 1915. Las tropas otomanas sitiaron esta ciudad el 7 de diciembre.

Tropas otomanas en la I Guerra Mundial  El Imperio otomano entró en la I Guerra Mundial al unirse, en octubre de 1914, a los denominados Imperios Centrales (Alemania y Austria-Hungría). Sus tropas lucharon contra las rusas en la cordillera del Cáucaso y contra las británicas en Oriente Próximo

Tropas otomanas en la I Guerra Mundial
El Imperio otomano entró en la I Guerra Mundial al unirse, en octubre de 1914, a los denominados Imperios Centrales (Alemania y Austria-Hungría). Sus tropas lucharon contra las rusas en la cordillera del Cáucaso y contra las británicas en Oriente Próximo

 

3.3.5

El frente italiano

Italia declaró la guerra a Austria-Hungría el 23 de mayo de 1915. Los principales enfrentamientos militares que tuvieron lugar en el frente austro-italiano durante ese año fueron cuatro batallas libradas entre sus respectivos ejércitos en el río Isonzo. El objetivo de los ataques italianos era romper las líneas austriacas y conquistar Trieste.

3.4

1916: continuación del estancamiento

El triunfo obtenido por los alemanes en 1915 al conseguir que los rusos retrocedieran en Prusia oriental, Galitzia y Polonia les permitió centrar sus operaciones en el frente occidental para intentar concluir en 1916 la campaña en esta zona.

3.4.1

Verdún y el Somme

El plan de los alemanes, concebido por Erich von Falkenhayn, jefe del Estado Mayor del Ejército alemán, era lanzar un ataque sobre Verdún para conseguir debilitar a las derrotadas fuerzas de los franceses causando el mayor número de bajas posible. El plan de los aliados en 1916, establecido por el mariscal del Ejército francés, Joseph Joffre, y el general del Ejército británico sir Douglas Haig, consistía en intentar romper las líneas de los alemanes en el oeste mediante una ofensiva masiva en la región del río Somme. Los alemanes iniciaron la batalla de Verdún el 21 de febrero; tras una lucha encarnizada, tomaron los fuertes de Douaumont (25 de febrero), Vaux (2 de junio) y Thiaumont (23 de junio), pero no lograron conquistar Verdún gracias a la defensa que de esta ciudad hizo el general Henri Philippe Pétain. Debido a las numerosas bajas sufridas en la batalla, los franceses redujeron su aportación a la ofensiva aliada del Somme, que comenzó el 1 de julio y se prolongó hasta mediados de noviembre, y cuya responsabilidad recayó sobre los británicos. En la batalla del Somme, los británicos utilizaron por primera vez carros de combate modernos en el ataque lanzado sobre Courcelette el 15 de septiembre. Los franceses emprendieron un contraataque sobre Verdún en octubre y reconquistaron los fuertes de Douaumont y Vaux (2 de noviembre), restableciendo la situación existente antes de febrero. Hindenburg destituyó a Falkenhayn como jefe del Estado Mayor alemán y nombró a Erich Ludendorff en agosto. El general Robert Georges Nivelle reemplazó a Joffre como comandante general de los ejércitos franceses del Norte y del Noreste en el mes de diciembre.

3.4.2

Las bajas de los rusos y la derrota de los rumanos

Por lo que respecta a la situación del frente oriental en 1916, los rusos lanzaron una ofensiva sobre la región del lago Narocz, al Noreste de Vilna. Esta acción, cuyo propósito era obligar a los alemanes a trasladar sus tropas de Verdún a la región del lago Narocz, fracasó estrepitosamente. La operación que emprendieron en junio resultó más satisfactoria. Los italianos solicitaron que se llevara a cabo alguna acción para aliviar la presión de la ofensiva austriaca en la región de Trentino-Alto Adigio; los rusos, en respuesta a su petición, atacaron a los austriacos en un frente que se extendía desde el sur de Pinsk hasta Chernovtsi. Hacia el mes de septiembre, cuando los numerosos refuerzos alemanes procedentes del frente occidental detuvieron el avance de los rusos, éstos habían hecho retroceder unos 65 km a las tropas austro-alemanas a lo largo de todo el frente y habían capturado alrededor de 500.000 prisioneros. Pese a no conseguir tomar sus principales objetivos, las ciudades de Kovel y Lvov, el ataque ruso persuadió a Rumania para intervenir en la guerra en apoyo del bando aliado (27 de agosto de 1916). Rumania lanzó inmediatamente una invasión sobre la provincia austro-húngara de Transilvania (agosto y septiembre), pero las fuerzas austro-alemanas expulsaron a los rumanos de la región. Estas tropas, junto con soldados búlgaros y turcos, invadieron Rumania (noviembre y diciembre), que a mediados de enero de 1917 había sido completamente conquistada, con lo que los Imperios Centrales se habían asegurado importantes reservas de trigo y petróleo.

3.4.3

Italia y los Balcanes

La actividad en el frente italiano durante 1916 se centró en la quinta batalla del río Isonzo y en la ofensiva austriaca en el Trentino, cuyo objetivo era llegar hasta la retaguardia de la posición italiana en el Isonzo. Los austriacos conquistaron un territorio considerable en el Trentino, pero la contraofensiva de los italianos les permitió recuperar la mayor parte del terreno cedido. Desde agosto a noviembre tuvieron lugar cuatro nuevas batallas en el Isonzo, de las que sólo cabe destacar la conquista de Gorizia por parte de los italianos el 9 de agosto.

En los Balcanes, las potencias aliadas interfirieron en la vida política de Grecia durante 1916 alegando que el gobierno griego, dirigido por el rey Constantino I, favorecía a los Imperios Centrales a pesar de su declarada neutralidad. La intervención de los aliados provocó el establecimiento de un gobierno provisional en Salónica (29 de septiembre), presidido por Eleuterios Venizelos, que declaró la guerra a Alemania y Bulgaria el 3 de noviembre. El rey Constantino seguía ejerciendo el poder en Atenas y gran parte de Grecia, lo que generó conflictos con los aliados, que recurrieron al bloqueo de Grecia. Gran Bretaña reconoció oficialmente al gobierno provisional griego el 19 de diciembre.

Se produjeron dos contiendas en los Balcanes durante 1916. En agosto el Ejército serbio, reorganizado en Corfú, se trasladó a Salónica, donde se unió a las tropas rusas e italianas para lanzar una ofensiva conjunta contra las fuerzas búlgaras y alemanas. Tras las primeras victorias, se vieron obligados a retroceder debido a un fuerte contraataque. Los aliados lanzaron una ofensiva a gran escala sobre Macedonia a principios de octubre; sus tropas capturaron Monastir (en la actualidad Bitola) el 19 de noviembre y llegaron hasta el lago Ohrid (situado en la frontera entre Albania y Macedonia) a mediados de diciembre.

3.4.4

Los dominios otomanos

Durante 1916 se desplegó una considerable actividad militar en tres zonas del Imperio otomano: Mesopotamia, Arabia y Palestina. En Mesopotamia, la ciudad sitiada de Kutal-’Amara fue tomada por los turcos el 29 de abril de 1916 y en febrero de 1917 los británicos la reconquistaron. En Arabia, Husayn ibn Alí, jerife de La Meca, dirigió junto con su hijo, Abdullah ibn Husayn, la rebelión del Hiyaz (en la actualidad Arabia Saudí) contra el dominio otomano en junio de 1916. Husayn ibn Alí contó con la ayuda de los británicos, que le reconocieron como rey del Hiyaz en diciembre de 1916. A fin de favorecer la revuelta árabe, los ingleses destacados en Egipto comenzaron a avanzar hacia la península del Sinaí y Palestina, y a principios de enero de 1917 habían conquistado varias fortificaciones.

3.4.5

Los intentos de negociación

En 1916, Thomas Woodrow Wilson, presidente de Estados Unidos, país que en esos momentos era una potencia neutral, intentó que las naciones beligerantes entablaran negociaciones que condujeran a la paz. Como resultado de sus esfuerzos, el gobierno alemán comunicó a Estados Unidos en el mes de diciembre que los Imperios Centrales estaban dispuestos a iniciar las negociaciones de paz. Cuando Estados Unidos informó de esta noticia a los aliados, Gran Bretaña rechazó la oferta: Alemania no había establecido cláusulas concretas para la paz y en esos momentos Rumania acababa de ser conquistada por los Imperios Centrales, por lo que no era de esperar que éstos aceptaran unos términos razonables. Finalmente, Wilson consiguió que cada uno de los bandos comunicara sus peticiones concretas, pero éstas resultaron ser irreconciliables.

3.5

1917: la entrada de Estados Unidos y la retirada de Rusia

La política de neutralidad estadounidense quedó modificada cuando Alemania anunció en enero de 1917 que a partir del 1 de febrero recurriría a la guerra submarina sin restricciones contra la flota británica y todas las embarcaciones que se dirigieran a esta nación. Los expertos civiles y militares alemanes habían calculado que esta estrategia provocaría la derrota de Gran Bretaña en seis meses. Estados Unidos ya había expresado su fuerte oposición a la guerra submarina sin restricciones porque violaba sus derechos como potencia neutral, e incluso había amenazado a Alemania con la ruptura de relaciones diplomáticas si se llegaba a aplicar esta estrategia, de manera que interrumpió sus gestiones en favor de la paz. El 3 de febrero, Estados Unidos rompió relaciones diplomáticas con Alemania; varias naciones latinoamericanas, entre ellas Perú, Bolivia y Brasil, secundaron esta acción. Estados Unidos declaró la guerra a Alemania el 6 de abril.

3.5.1

Batallas de Arras e Ypres

En 1917 los aliados lanzaron dos ofensivas a gran escala para romper las líneas alemanas en el frente occidental. El primer intento tuvo lugar cerca de Arras entre el 9 de abril y el 21 de mayo. Mientras los altos mandos británico y francés planeaban la estrategia, los alemanes se retiraron de la línea del Aisne y se trasladaron a la denominada Línea Hindenburg, contra la que los aliados dirigieron su ataque. En esta operación se libraron la tercera batalla de Arras y fuertes enfrentamientos en el Aisne y en la región de Champaña, que concluyeron con pequeñas conquistas por parte de los franceses, pero a costa de tal número de bajas que provocó el amotinamiento de las tropas. Tras el fracaso de esta acción, el general Nivelle fue reemplazado por el general Henri Philippe Pétain el 15 de mayo.

La segunda gran ofensiva comenzó en junio, cuando la Fuerza Expedicionaria británica mandada por Haig intentó atravesar el flanco derecho de las posiciones alemanas en Flandes. La batalla de Messines y la tercera batalla de Ypres concluyeron sin ningún progreso para los aliados.

 

Máscaras antigás de la I Guerra Mundial  En la segunda batalla de Ypres (mayo de 1915), durante la I Guerra Mundial, los alemanes comenzaron a utilizar gas tóxico contra el enemigo. A partir de ese momento, los contendientes de ambos bandos hicieron uso bélico de este tipo de sustancias, que causaban ceguera, quemaduras cutáneas y lesiones pulmonares. Para protegerse, los combatientes incorporaron a su pertrecho máscaras antigás como las que se pueden ver en la imagen.

Máscaras antigás de la I Guerra Mundial
En la segunda batalla de Ypres (mayo de 1915), durante la I Guerra Mundial, los alemanes comenzaron a utilizar gas tóxico contra el enemigo. A partir de ese momento, los contendientes de ambos bandos hicieron uso bélico de este tipo de sustancias, que causaban ceguera, quemaduras cutáneas y lesiones pulmonares. Para protegerse, los combatientes incorporaron a su pertrecho máscaras antigás como las que se pueden ver en la imagen.

3.5.2

El empleo de los carros de combate

Entre los ataques que emprendieron los aliados en el frente occidental durante 1917 destaca una batalla en Verdún, en la que los franceses consiguieron recuperar los territorios que habían perdido en los años anteriores, y la batalla de Cambrai (del 20 de noviembre al 3 de diciembre), en la que los británicos atacaron con 400 tanques. Ésta fue la primera acción de la historia militar en la que se utilizaron carros de combate a gran escala, y pudo haber concluido con la ruptura de las líneas enemigas de no ser por la falta de reservas de los atacantes, lo que provocó que los alemanes terminaran reconquistando el territorio cedido a los británicos.

Tras su entrada en la guerra el 17 de abril, Estados Unidos trasladó a Europa la denominada Fuerza Expedicionaria Estadounidense (AEF), al frente de la cual se encontraba el general John Pershing. Hacia junio de 1917, más de 175.000 soldados estadounidenses estaban adiestrándose en Francia, y una división se encontraba ya en las líneas del sector aliado próximo a Belfort; las tropas de la AEF contaban en noviembre de 1918 casi con dos millones de hombres.

3.5.3

La guerra submarina

Durante 1917 la guerra submarina alemana fracasó en su intento de provocar la rendición de Gran Bretaña mediante la destrucción de la flota aliada, de la que los británicos dependían para la obtención de alimentos y suministros. La campaña submarina alemana parecía eficaz en sus comienzos; hacia finales de 1916 los alemanes hundían mensualmente alrededor de 300 toneladas de embarcaciones británicas y aliadas en el Atlántico norte; la cifra ascendió a 875.000 toneladas en el mes de abril, por lo que los alemanes estaban seguros de conseguir la victoria en breve. Sin embargo, Gran Bretaña consiguió, desde el verano, restar eficacia a la estrategia alemana siguiendo varios métodos: adoptó un sistema de convoyes en el que las flotas mercantes eran protegidas por destructores y cazasubmarinos, utilizó hidroaviones para detectar a los submarinos y empleó cargas de profundidad para destruirlos. Al llegar el otoño, los alemanes comenzaron a perder numerosos submarinos, a pesar de que seguían hundiéndose una gran cantidad de barcos aliados. A su vez, las naciones aliadas, especialmente Estados Unidos, construían rápidamente nuevas embarcaciones. El intento alemán de poner fin al conflicto a través de la guerra submarina había fracasado.

3.5.4

La retirada de Rusia

En marzo de 1917 la primera fase de la Revolución Rusa culminó con el establecimiento de un gobierno provisional y la abdicación del zar Nicolás II. El nuevo régimen prosiguió con la guerra; en julio las tropas rusas, al frente de las cuales se encontraba el general Alexéi Alexéievich Brusílov, avanzaron con cierto éxito en el frente de Galitzia, pero posteriormente perdieron gran parte del territorio conquistado. En septiembre los alemanes tomaron Riga, defendida por las fuerzas rusas del general Lavr Gueórguievich Kornílov, y un mes más tarde ocuparon la mayor parte de Letonia y un gran número de islas rusas del mar Báltico. Uno de los puntos programáticos del partido bolchevique, que tomó el poder el 7 de noviembre, era la retirada de Rusia del conflicto; el 20 de noviembre el nuevo gobierno ofreció a Alemania la suspensión de las hostilidades. Los representantes de Rusia, Austria y Alemania firmaron el armisticio el 15 de diciembre, con lo que cesó la lucha en el frente oriental.

3.5.5

Las derrotas italianas

Los aliados sufrieron varios reveses en el frente italiano en 1917. Durante los ocho primeros meses del año, las fuerzas italianas dirigidas por el general Luigi Cadorna siguieron intentando franquear las líneas austriacas establecidas en el río Isonzo para llegar a Trieste, pero sus esfuerzos, tras la décima y la undécima batalla de Isonzo, fracasaron. Lo más destacable de los últimos meses del año fue la firme ofensiva austro-alemana iniciada en el curso alto del Isonzo, cerca de la ciudad de Caporetto, por la que las fuerzas italianas se vieron obligadas a retirarse a sus posiciones del río Piave. La batalla de Caporetto resultó trágica para las tropas italianas; refuerzos británicos y franceses llegaron en su auxilio en el mes de noviembre y el nuevo comandante general italiano, el general Armando Diaz, reemplazó al general Cadorna.

3.5.6

La entrada de Grecia en la guerra

Por lo que respecta a la actividad en el frente de los Balcanes durante 1917, los aliados libraron diversos enfrentamientos en Monastir, en el lago Presba y en el río Vardar que concluyeron sin la victoria de ningún bando; intentaron expulsar al rey griego Constantino I, alegando que su colaboración con los Imperios Centrales impedía a los aliados culminar con éxito las operaciones de la región de los Balcanes. Los aliados comenzaron la invasión de Grecia en el mes de junio y presionaron al monarca griego por medios diplomáticos para conseguir su abdicación. Éste renunció a la corona el 12 de junio; Venizelos se convirtió en presidente del gobierno formado bajo la autoridad de Alejandro, hijo de Constantino. Tras estas transformaciones internas, Grecia declaró la guerra a los Imperios Centrales el 27 de junio.

3.5.7

Oriente Próximo

Los británicos intentaron conquistar Gaza (Palestina) en dos ocasiones (marzo y abril) durante 1917. Dirigidos por el general Edmund Allenby, los británicos atravesaron las líneas turcas en Beersheva (noviembre), obligándoles a evacuar Gaza; el 9 de diciembre las tropas de Allenby tomaron Jerusalén. Fue también en ese año cuando el coronel británico Thomas Edward Lawrence (más conocido como Lawrence de Arabia), dirigió la rebelión árabe contra los turcos; tras tomar la ciudad turca de al-Aqaba en julio, sus tropas llevaron a cabo numerosos asaltos en la red ferroviaria del Hiyaz durante el resto del año. También vencieron los británicos en Mesopotamia; conquistaron Bagdad en marzo, y hacia septiembre habían avanzado hasta Ramadi, a orillas del río Éufrates, y Tikrīt, a orillas del Tigris.

3.6

1918: el año final

Los primeros meses de 1918 no resultaron favorables para las potencias aliadas. Rusia firmó el 3 de marzo la Paz de Brest-Litovsk, por la que se ponía fin oficialmente a la guerra entre esta nación y los Imperios Centrales; el 7 de mayo Rumania firmó el Tratado de Bucarest, según el cual debía ceder la región de Dobrudja a Bulgaria, los pasos de la cordillera de los Cárpatos a Austria-Hungría y conceder a Alemania un arrendamiento a largo plazo de los pozos de petróleo rumanos.

3.6.1

La retirada de Bulgaria y Austria-Hungría

Sin embargo, el resultado de la lucha en el frente de los Balcanes durante 1918 fue catastrófico para los Imperios Centrales. Una fuerza de unos 700.000 soldados aliados, compuesta por franceses, británicos, griegos, serbios e italianos, comenzó una ofensiva a gran escala contra las tropas alemanas, austriacas y búlgaras en Serbia. El éxito del ataque fue tal que a finales de mes los búlgaros estaban completamente derrotados y firmaron un armisticio con los aliados. Rumania volvió a intervenir en el conflicto en noviembre en favor de la causa aliada, apoyada por las tropas aliadas que habían entrado en el país tras la capitulación de Bulgaria. Los soldados serbios del Ejército aliado continuaron avanzando después de que se firmara la tregua con los búlgaros y ocuparon Belgrado el 1 de noviembre; el Ejército italiano invadió y ocupó Albania.

Tras una fallida ofensiva austriaca sobre el Piave, los aliados obtuvieron la victoria definitiva en el frente italiano durante octubre y noviembre, cuando derrotaron a los austriacos en la batalla de Vittorio Veneto (del 24 de octubre al 4 de noviembre). Los italianos tomaron finalmente Trieste el 3 de noviembre y ocuparon Fiume (actual Rijeka) el 5 de noviembre. La conmoción de la derrota provocó alzamientos revolucionarios en el Imperio Austro-Húngaro. Los checos y los eslovacos ya habían constituido en octubre un Estado independiente, Checoslovaquia; los eslavos del Sur proclamaron su independencia en octubre y fundaron en diciembre el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, que más tarde pasaría a denominarse Yugoslavia (en la actualidad Croacia, Eslovenia, Bosnia-Herzegovina, Ex-República Yugoslava de Macedonia y República Federal de Yugoslavia). Los húngaros establecieron un gobierno independiente en noviembre. Las autoridades austro-húngaras establecidas en Viena firmaron un armisticio con los aliados el 3 de noviembre y Carlos I, el último emperador de los Habsburgo, abdicó días después; al día siguiente se proclamó la República de Austria.

3.6.2

La retirada de Turquía

Los aliados también pusieron fin a la guerra en el frente turco de forma satisfactoria en 1918. Las fuerzas británicas rompieron las líneas turcas en Meguido y derrotaron a los destacamentos alemanes que las apoyaban en el mes de septiembre; los británicos, después de unirse a las tropas árabes lideradas por Lawrence, tomaron Líbano y Siria. En octubre conquistaron Damasco, Alepo y otros puntos estratégicos; a su vez, la Marina francesa ocupó Beirut y el gobierno otomano solicitó un armisticio que se firmó el 30 de octubre. Según las condiciones establecidas, el Imperio otomano debía retirar sus ejércitos, romper relaciones con los Imperios Centrales y permitir a los buques de guerra aliados cruzar el estrecho de los Dardanelos.

3.6.3

El último esfuerzo de los alemanes

A pesar de las victorias de los alemanes sobre los rusos y los rumanos en 1917, los aliados formularon unos objetivos de guerra a comienzos de 1918 radicalmente opuestos a los expresados por los Imperios Centrales. La política de pacificación del presidente estadounidense Wilson comprendía catorce puntos cuyo objetivo era alcanzar una paz justa e indujo a los Imperios Centrales a cesar las hostilidades algunos meses después. A comienzos de 1918, los alemanes decidieron llevar a cabo un esfuerzo supremo en la primavera de ese año para romper las líneas aliadas en el frente occidental y llegar así hasta París. Esta poderosa ofensiva, que comenzó el 21 de marzo, fue dirigida contra el frente británico situado al sur de Arras. El temor a que los alemanes consiguieran atravesar las líneas aliadas se fue extendiendo debido al éxito de la ofensiva durante la primera semana; por este motivo, los aliados encargaron al general Ferdinand Foch la coordinación de las operaciones aliadas, nombrándole comandante general de los ejércitos aliados en Francia —formados por franceses, belgas, británicos y estadounidenses— al mes siguiente. De abril a junio los alemanes emprendieron un segundo avance, lo que les permitió llegar hasta un punto del Marne que se hallaba tan sólo a 60 km de París, pero las tropas francesas y la II División estadounidense detuvieron el avance alemán en la batalla de Château-Thierry (4 de junio) y la fuerza de la ofensiva alemana decayó enormemente a mediados de julio. Pese al avance logrado en la segunda batalla del Marne, sus progresos se vieron frenados inmediatamente por las tropas francesas y estadounidenses. El general Foch, que advirtió que la ofensiva alemana carecía de fuerza, ordenó un contraataque el 18 de julio. Los alemanes se vieron obligados a replegarse sobre el Marne y los aliados tomaron la iniciativa en el frente occidental y siguieron en esta línea hasta que concluyó el conflicto.

3.6.4

El final de la guerra en Europa

Los aliados emprendieron una ofensiva sobre las líneas alemanas establecidas en Amiens (del 8 al 11 de agosto); los alemanes se rindieron tres meses después. Las fuerzas británicas y francesas ganaron la segunda batalla del Somme y la quinta batalla de Arras durante la última semana de agosto y los primeros días de septiembre, e hicieron retroceder a los alemanes hasta la Línea Hindenburg. El resto de las tropas alemanas fue reducido por los estadounidenses en la batalla de Saint-Mihiel (12 y 13 de septiembre). Los británicos avanzaron hacia Cambrai en octubre y principios de noviembre, y los estadounidenses atravesaron la boscosa región de Argonne. El último ataque logró romper las líneas alemanas establecidas entre Metz y Sedan. Como resultado de estas ofensivas, Ludendorff pidió al gobierno alemán que solicitara un armisticio al enemigo. El gobierno alemán inició las conversaciones con los aliados en octubre, pero éstas fracasaron cuando el presidente Wilson insistió en negociar únicamente con regímenes democráticos. Mientras tanto, los británicos realizaban importantes progresos en el norte de Francia y a lo largo de la costa belga, y las tropas francesas y estadounidenses llegaron a Sedan el 10 de noviembre. La Línea Hindenburg había sido completamente aniquilada a comienzos de este mes, y los alemanes se retiraban con rapidez de todo el frente occidental. La derrota del Ejército alemán tuvo repercusiones en el interior del país q

Firma del armisticio de la I Guerra Mundial  El 11 de noviembre de 1918, representantes de los gobiernos de Francia, Alemania y Gran Bretaña se reunieron en un vagón de un tren, en los alrededores de la ciudad francesa de Rethondes, y firmaron el armisticio que puso fin a la I Guerra Mundial. Con la rendición incondicional alemana concluyó una de los conflictos bélicos más cruentos de la historia de la humanidad. Precisamente en ese mismo vagón, 22 años más tarde, tuvo lugar la rendición francesa a la Alemania nacionalsocialista de Adolf Hitler en el transcurso de la II Guerra Mundial

Firma del armisticio de la I Guerra Mundial
El 11 de noviembre de 1918, representantes de los gobiernos de Francia, Alemania y Gran Bretaña se reunieron en un vagón de un tren, en los alrededores de la ciudad francesa de Rethondes, y firmaron el armisticio que puso fin a la I Guerra Mundial. Con la rendición incondicional alemana concluyó una de los conflictos bélicos más cruentos de la historia de la humanidad. Precisamente en ese mismo vagón, 22 años más tarde, tuvo lugar la rendición francesa a la Alemania nacionalsocialista de Adolf Hitler en el transcurso de la II Guerra Mundial

ue afectaron de forma muy negativa al gobierno establecido. La flota alemana se amotinó, el rey de Baviera fue destronado por un levantamiento y el emperador Guillermo II abdicó en noviembre y huyó a los Países Bajos. El día 9 de ese mismo mes se proclamó la República de Weimar en Alemania, cuyo gobierno envió una comisión para negociar con los aliados. A las cinco de la mañana del 11 de noviembre tuvo lugar en el bosque de Compiègne la firma del armisticio entre Alemania y los aliados; este documento estaba basado en las condiciones establecidas por los vencedores; esa misma mañana cesaron las hostilidades en el frente occidental.

 

 

3.7

La guerra en las colonias

Las fuerzas destacadas en las colonias alemanas de África y el océano Pacífico, a excepción de las que se encontraban en África oriental a finales de 1917 y durante 1918, lucharon a la defensiva la mayor parte del tiempo. Fueron derrotadas con rapidez en unos casos y gradualmente en otros, pero prácticamente todas se habían rendido a los aliados hacia el final de la guerra.

3.7.1

África

Los territorios africanos colonizados por los alemanes en 1914 eran Togo, Camerún, el África Suroccidental Alemana (actual Namibia) y el África Oriental Alemana. Una fuerza anglo-francesa tomó posesión de Togo en agosto de 1914. En septiembre de ese año los británicos invadieron Camerún desde Nigeria, y los franceses se internaron en el este y el sur de esta región desde el África Ecuatorial Francesa. Después de muchas campañas, la resistencia alemana fue superada definitivamente en febrero de 1916. El África Suroccidental Alemana fue conquistada entre septiembre de 1914 y julio de 1915 por tropas de la Unión Sudafricana (actual República de Sudáfrica). La más importante de las posesiones alemanas, el África Oriental Alemana, fue la que ofreció más oposición a los aliados. Los primeros ataques emprendidos por las tropas británicas e indias (noviembre de 1914) fueron repelidos por las fuerzas alemanas dirigidas por el general Paul von Lettow-Vorbeck. En noviembre de 1915 las unidades navales de los británicos se apoderaron del lago Tanganica, y el general Jan Christiaan Smuts recibió el mando de las fuerzas aliadas (formadas por británicos, sudafricanos y portugueses) que se encargarían de la invasión del África Oriental Alemana al año siguiente. Los aliados tomaron en 1916 sus principales ciudades: Tanga, Bagamoyo, Dar es-Salaam y Tabora, por lo que las tropas de Lettow-Vorbeck se retiraron hacia el sureste de esta región. Sin embargo, las fuerzas alemanas iniciaron una ofensiva a finales de 1917 e invadieron el África Portuguesa. Cuando se firmó el armisticio en Europa en 1918, las tropas alemanas del África Occidental Alemana seguían aún luchando, a pesar de que la mayor parte de la colonia se encontraba en poder de los aliados. Lettow-Vorbeck se rindió tres días después de que se terminara la guerra en Europa.

3.7.2

El Pacífico

En el Pacífico, una fuerza neozelandesa conquistó la zona alemana de Samoa en agosto de 1914, y los archipiélagos alemanes de Bismarck y Nueva Guinea fueron ocupados por tropas australianas en septiembre. Las fuerzas japonesas tomaron la fortaleza de Qingdao, un puerto alemán situado en la provincia china de Shandong, en noviembre de 1914, y las islas Marshall, las islas Marianas, el archipiélago de Palau y las islas Carolinas entre agosto y noviembre de ese año. Cuando la guerra terminó, Japón conservó Qingdao hasta 1922 y consiguió un mandato sobre las islas Marshall, Marianas, Palau y Carolinas.

3.8

La guerra marítima

A comienzos de la guerra, el grueso de la flota británica, la Gran Flota, contaba con veinte acorazados y numerosos cruceros y destructores; estaba ubicada en la base de Scapa Flow, situada en las islas Orcadas, mientras que una segunda flota protegía el canal de la Mancha. La Flota de Altamar alemana estaba compuesta por trece acorazados y tenía sus bases en los puertos alemanes de mar del Norte.

Submarino alemán  Los submarinos alemanes iniciaron un bloqueo sobre las islas Británicas en febrero de 1915. El hundimiento de las naves aliadas causó un gran número de bajas, al abandonarse el principio por el cual se permitía la evacuación de las naves civiles antes de su hundimiento. En mayo, un submarino alemán torpedeó al Lusitania, un vapor de pasajeros británico. Éste se hundió en menos de 20 minutos frente a la costa meridional de Irlanda, y fallecieron 1.198 civiles, entre los que se encontraban 128 estadounidenses. El incidente estuvo a punto de anticipar la intervención de Estados Unidos en el conflicto mundial, que se produjo en 1917.

Submarino alemán
Los submarinos alemanes iniciaron un bloqueo sobre las islas Británicas en febrero de 1915. El hundimiento de las naves aliadas causó un gran número de bajas, al abandonarse el principio por el cual se permitía la evacuación de las naves civiles antes de su hundimiento. En mayo, un submarino alemán torpedeó al Lusitania, un vapor de pasajeros británico. Éste se hundió en menos de 20 minutos frente a la costa meridional de Irlanda, y fallecieron 1.198 civiles, entre los que se encontraban 128 estadounidenses. El incidente estuvo a punto de anticipar la intervención de Estados Unidos en el conflicto mundial, que se produjo en 1917.

 

3.8.1

Las primeras operaciones

En la batalla que tuvo lugar en la ensenada de Helgoland (1914) los británicos atacaron la base naval alemana de la isla de Helgoland y hundieron tres naves enemigas; los submarinos alemanes hundieron el superacorazado Audacious (27 de octubre) e intentaron atacar Scapa Flow, por lo que las naves británicas allí fondeadas hubieron de zarpar en busca de refugio a la costa occidental de Escocia.

Una escuadra de cruceros alemanes destacada en el Pacífico sur, al mando de la cual se hallaba el almirante Maximilian Spee, causó importantes daños en las instalaciones francesas de Papeete y en las islas Fanning (de posesión británica) en septiembre y octubre de 1914; el 1 de noviembre derrotó a una escuadra británica en la batalla de Coronel, pero fue vencida el 8 de diciembre por una escuadra británica a las órdenes del almirante Frederick Sturdee en la batalla de las islas Malvinas, en la que perdió cuatro de sus cinco naves. Durante 1914 y los primeros meses de 1915, los cruceros alemanes produjeron graves daños a los buques británicos del océano Índico y otras zonas.

La acción más destacable de 1915 fue el bloqueo submarino impuesto por Alemania a Gran Bretaña. El hundimiento del transatlántico de pasajeros Lusitania a manos de un submarino alemán el 7 de mayo costó la vida a muchos súbditos estadounidenses, lo que originó una polémica que estuvo a punto de provocar la guerra entre Estados Unidos y Alemania, modificando ésta última sus métodos de guerra submarina para satisfacer al gobierno estadounidense. Sin embargo, en marzo de 1916, el hundimiento por un submarino alemán del buque de vapor francés Sussex en el canal de la Mancha y la existencia de víctimas estadounidenses hizo estallar un nuevo conflicto diplomático entre estos países.

3.8.2

1916 y los años siguientes

El enfrentamiento naval más importante de la guerra fue la batalla de Jutlandia, librada el 31 de mayo y el 1 de junio de 1916 entre la Gran Flota británica y la Flota de Altamar alemana, y tras la cual Gran Bretaña pudo conservar su supremacía naval. No obstante, los alemanes consiguieron romper el bloqueo británico y reanudaron la guerra submarina sin restricciones en 1917, persuadidos de que éste era el único método con el que podrían derrotar a Gran Bretaña; esta estrategia no condujo a la rendición de los británicos, sino que motivó que Estados Unidos declarara la guerra a Alemania. Los ataques de los submarinos alemanes a los convoyes británicos en el océano Atlántico y en el mar del Norte ocasionaron la destrucción de numerosas embarcaciones. Por este motivo, los británicos intentaron bloquear, con escaso éxito, las bases submarinas alemanas de Ostende y Zeebrugge (ambas en Bélgica) en abril de 1918; finalmente, las fuerzas terrestres británicas marcharon sobre Bélgica en octubre y tomaron ambas bases y otros puertos belgas.

3.8.3

El hundimiento de la flota alemana

De acuerdo con los términos del armisticio, los alemanes debían entregar a los aliados la mayor parte de su flota, compuesta por 10 acorazados, 17 cruceros, 50 lanchas torpederas y más de 100 submarinos. Salvo estos últimos, toda la flota, incluidos capitanes y tripulaciones, estaba retenida en Scapa Flow en noviembre de 1918. El Tratado de Versalles (1919), que puso fin a la guerra, estipulaba que todas las naves retenidas pasaban a ser propiedad de los aliados; los alemanes habían de entregar los restantes buques de guerra que se encontraran en su poder; además, el tamaño de la futura flota alemana quedaba drásticamente reducido. Como represalia ante estas condiciones, los alemanes hundieron el 21 de junio de 1919 sus propias naves de Scapa Flow.

El tonelaje total de naves aliadas hundidas por los submarinos, embarcaciones y minas alemanas fue de casi 13 millones; el mayor tonelaje hundido en un solo año (1917) alcanzó los 6 millones.

3.9

La guerra aérea

La I Guerra Mundial estimuló enormemente la fabricación de aeronaves, su uso con fines militares y el desarrollo de la guerra aérea; se construyeron dirigibles, globos y aviones. Éstos últimos se utilizaban principalmente para dos tipos de misiones: la observación y el bombardeo. La exploración de los frentes de batalla fijos se llevaba a cabo mediante pequeños globos con cuerdas; los dirigibles servían para realizar reconocimientos en el mar, y los aeroplanos para sobrevolar las zonas costeras. Con respecto a las operaciones militares terrestres, los aeroplanos se empleaban para observar la disposición de las tropas y defensas del enemigo y bombardear sus líneas o a sus fuerzas cuando entraban en combate.

Los alemanes bombardearon por primera vez París desde el aire el 30 de agosto de 1914 y Dover (Gran Bretaña) el 21 de diciembre de 1914. Durante 1915 y 1916, los dirigibles alemanes, conocidos como zepelines, atacaron el este de Inglaterra y Londres en sesenta ocasiones. El primer ataque con aviones se produjo el 28 noviembre de 1916, y estas acciones se repitieron con frecuencia durante el resto de la guerra.

Desde mediados de 1915 se hicieron frecuentes los combates aéreos entre aviones o escuadrones enemigos. Los alemanes disfrutaron de la supremacía aérea en el frente occidental desde octubre de 1915 hasta julio de 1916, año en el que los británicos demostraron su superioridad. Entre los más importantes aviadores, cabe destacar al estadounidense Eddie Rickenbacker, al canadiense William Avery Bishop y al barón alemán Manfred von Richthofen.

4

RESUMEN DE LA GUERRA

La I Guerra Mundial duró cuatro años, tres meses y catorce días. El conflicto representó un coste de 186.000 millones de dólares para los países beligerantes. Las bajas en los combates terrestres ascendieron a 37 millones, y casi diez millones de personas pertenecientes a la población civil fallecieron indirectamente a causa de la contienda. A pesar de que todas las naciones confiaban en que los acuerdos alcanzados después del conflicto restablecerían la paz mundial sobre unas bases estables, las condiciones impuestas promovieron un conflicto aún más destructivo (que se inició en 1939 y que, no en vano, fue denominado II Guerra Mundial). Los Imperios Centrales aceptaron los catorce puntos elaborados por el presidente Wilson como fundamento del armisticio, esperando que los aliados los adoptaran como referencia básica en los tratados de paz. Sin embargo, la mayor parte de las potencias aliadas acudieron a la Conferencia de Paz de París (celebrada en Versalles) con la determinación de obtener indemnizaciones en concepto de reparaciones de guerra equivalentes al coste total de la misma y de repartirse los territorios y posesiones de las naciones derrotadas según acuerdos secretos. Durante las negociaciones de paz, el presidente estadounidense Wilson insistió en que la Conferencia de Paz de París aceptara su programa completo organizado en catorce puntos, pero finalmente desistió de su propósito inicial y se centró en conseguir el apoyo de los aliados para la formación de la Sociedad de Naciones.

Las potencias vencedoras permitieron que se incumplieran ciertos términos establecidos en los tratados de paz de Versalles, Saint-Germain-en-Laye, Trianón, Neuilly-sur-Seine y Sèvres, lo que provocó el resurgimiento del militarismo y de un nacionalismo agresivo en Alemania y desórdenes sociales en gran parte de Europa.

Periódicos anuncian el fin del a Gran Guerra

 

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Temas nucleares

Publicado por El hijo del Ahuizote en marzo 6th 2014

El uso de las armas atómicas en agosto de 1945 dividió a los militares estadunidenses, a los funcionarios del gobierno del presidente Harry S. Truman y, sobre todo, a los científicos. Albert Einstein manifestó que había sido un error lanzar las bombas en Hiroshima y Nagasaki, y años después confesó que su carta al presidente Franklin D. Roosevelt en 1939 había sido un error, aunque la amenaza de Alemania era real. También dijo que Roosevelt no hubiera utilizado las bombas atómicas contra Japón.

Harry Truman

Harry Truman

 

El almirante William D. Leahy, quien fue el jefe del gabinete militar del presidente Roosevelt y luego del presidente Truman, se opuso vigorosamente al uso de las armas atómicas. En sus memorias, publicadas en 1950, escribió que Truman se equivocó, ya que los japoneses ya habían sido derrotados mediante un eficaz bloqueo de sus puertos y una exitosa campaña de bombardeos con armas convencionales. Y observó que al ser Estados Unidos el primero en utilizar las armas atómicas habíamos adoptado un estándar ético común a los bárbaros de la Edad Media, agregando: No me enseñaron a hacer guerras de esa manera, y que las guerras no se pueden ganar mediante la destrucción de las mujeres y los niños.

Otros militares estadunidenses compartían la opinión de Leahy. Los generales Dwight David Eisenhower y Douglas MacArthur se manifestaron en contra del uso de las armas atómicas. Ninguno de los dos fue consultado por Truman y ambos estaban convencidos de que a principios de agosto de 1945 Japón estaba a punto de rendirse. Tokio sólo quería que permaneciera el emperador.

En 1953 Eisenhower sucedería a Truman en la presidencia y su actitud hacia el creciente arsenal nuclear estadunidense reveló un astuto manejo político que hoy ha sido documentado y reconocido. De ello hablaremos más adelante.

Eisenhower

Eisenhower

Cabe recordar que durante la Segunda Guerra Mundial ambos bandos recurrieron a los llamados bombardeos de saturación. Ensayados por la Legión Cóndor de Alemania durante la Guerra Civil Española, fueron utilizados indiscriminadamente en Europa y luego por Estados Unidos en Japón en 1945. Un ejemplo: en la noche del 9 al 10 de marzo de ese año, un intenso bombardeo aéreo con armas incendiarias causó la muerte de 100 mil habitantes de Tokio. Mucho antes de Hiroshima y Nagasaki, Washington ya había recurrido a una estrategia de destrucción de la población civil.

Al igual que los políticos y militares estadunidenses, los científicos que habían trabajado en el Proyecto Manhattan estaban divididos acerca del uso de las armas atómicas. Algunos no objetaron su uso inicial pero luego abrigaron serias dudas, y unos cuantos, incluyendo a J. Robert Oppenheimer, sufrieron una grave crisis de conciencia.

Oppenheimer

Oppenheimer

 

Abrumado por el remordimiento, sobre todo a raíz de la destrucción de Nagasaki, que consideró injustificada por innecesaria, Oppenheimer abandonó Los Álamos en octubre de 1945. Pocos días después visitó a Truman y le dijo que sentía que tenía sangre en sus manos. El presidente se enojó y más tarde comentaría que Oppenheimer era un bebé llorón y que no quería volver a ver a ese hijo de puta.

Por esas fechas el gobierno de Truman ya había aceptado que las armas nucleares constituían un instrumento legítimo de guerra. Su producción permitiría reducir las fuerzas armadas convencionales y serviría además para amedrentar a la Unión Soviética (el nuevo rival de Estados Unidos).

A finales de 1945 Truman autorizó un programa para seguir desarrollando la energía nuclear con fines militares e iniciar otro para promover sus usos pacíficos. Se decidió poner ambos bajo una única autoridad civil, la Comisión de Energía Atómica (AEC, por sus siglas en inglés), que inició sus trabajos en 1947.

Logo de la AEC

Logo de la AEC

La AEC tuvo a su cargo desarrollar el minúsculo arsenal nuclear, asegurando su mejoramiento constante: bombas más eficaces y potentes. También se decidió desarrollar nuevos sistemas para transportarlas. Así nació la proliferación vertical de las armas nucleares y sus vectores.

Pero también se vislumbraba la adquisición de las armas nucleares a otros estados, la llamada proliferación horizontal. Ello ocurrió en 1949 cuando la Unión Soviética se convirtió en el segundo país en detonar un artefacto nuclear. Para entonces Estados Unidos tenía un arsenal de 235 bombas. Ahí empezó una desenfrenada carrera entre las dos principales potencias, cuyos arsenales nucleares se emparejarían en unas 25 mil bombas hacia finales de los años 70.

En los años que mediaron entre 1945 y 1949 Estados Unidos tuvo la oportunidad de cambiar el rumbo de la historia de la era nuclear, pero no lo hizo. Inicialmente propuso un sistema para el control internacional de la energía atómica. La idea central de ese sistema, sugerida por Oppenheimer, era la de supervisar todo el proceso para la obtención de material fisionable. Esto fue en los primeros meses de 1946.

En un principio la Unión Soviética estuvo de acuerdo y aceptó discutirla en la recién creada Organización de las Naciones Unidas. De hecho la primera resolución aprobada por la Asamblea General de la ONU fue precisamente sobre los problemas que planteaba la aparición de la energía atómica.

Pero muy pronto surgieron diferencias entre Washington y Moscú. El gabinete de Truman estaba dividido: había un grupo que sabía que el secreto nuclear no podría mantenerse por mucho tiempo, que la energía nuclear debía ponerse bajo un régimen de control y verificación internacionales y que Estados Unidos debería deshacerse de su arsenal nuclear; otro grupo insistía en que Estados Unidos mantuviera y ampliara su arsenal nuclear para así subyugar a la URSS.

Prevaleció la opinión del segundo grupo y la presentación de la propuesta estadunidense en la ONU estuvo a cargo del financiero Bernard Baruch. Éste introdujo ciertos cambios al texto original: el país que violara lo que se acordara sería penalizado con medidas que no podrían ser vetadas en el Consejo de Seguridad; la URSS sería objeto de inspecciones ilimitadas, y Estados Unidos sólo empezaría a desmantelar su arsenal nuclear cuando tuviera la certeza del buen funcionamiento del sistema internacional de control de la energía atómica. Esos cambios aseguraron el fracaso de la propuesta.

 

Caricatura de la guerra fria

Caricatura de la guerra fria

Artículo de opinión tomado de: http://www.jornada.unam.mx/2014/03/06/opinion/030a1pol

 

Autor:  Miguel Marín Bosch

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