Historias de la Historia

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Gestapo: la inquisición nazi fundada sobre la delación ciudadana

Publicado por El hijo del Ahuizote en septiembre 17th 2016

El historiador británico Frank McDonough se adentra en los orígenes de la policía secreta del dictador para explicar el régimen nazi desde sus inicios

 

 

Peter Holdenberg vivía solo en un tercer piso de Essen (Renania del Norte). Le gustaba la lectura, los juegos de mesa y disfrutar de la compañía de los suyos. Su vida, rutinaria, tranquila, corriente y similar a la de otros muchos, quedó trastocada el 10 de diciembre de 1941. Aquel día varios agentes de la Gestapo lo sacaron a la fuerza de su casa. Su débil cuerpo apenas pudo defenderse de la violencia y la agresividad que mostraron los enviados del Führer, a los que nada o casi nada les importó que fuera discapacitado. Era un posible enemigo. Nada de trato humano. Dictámenes del protocolo ario.

Detenido e interrogado hasta la extenuación por escuchar “emisoras de radio extranjeras” (el delito que le atribuyó la Gestapo), Peter negó todos y cada uno de los hechos de los que fue inculpado. “Todo esto es una conspiración. He tenido problemas con Stuffel, y Pierce siempre se pone de su parte”. Stuffel, de nombre Helen, e Irmgard Pierce, eran sus vecinas, pero también las artífices de dicha acusación. “Agitador” “alarmista” y “muy peligroso” fueron algunos de los adjetivos que empleó Stuffel durante la descripción que hizo de él ante la Gestapo. Unas características que desmintieron tres testigos: Katharina Hein, también vecina del edificio, Klara Vogts, su asistente personal y Anton Ronnig, director de banda, cuyas versiones, distintas y contrarias a las vertidas por sus vecinas, de poco le sirvieron para salvarse.

Rumores convertidos en pruebas judiciales

El 12 de diciembre de aquel año Peter decidió ahorcarse en su celda. Sus constantes vitales aguantaron 24 horas. Después, todo se fundió en negro. Su caso, recogido por Frank McDonough en La Gestapo. Mito y realidad de la policía secreta de Hitler (Crítica, 2016), refleja esa histeria colectiva en la que vivía sumida Alemania a partir de los años 40 y en la que un rumor, una simple hipótesis o suposición se convertía automáticamente en prueba judicial.

La acusación de un vecino bastaba para ir a la cárcel. La vida giraba de conspiración en conspiración. De mirilla en mirilla. Todos eran jueces y verdugos al mismo tiempo. “La gente común ayudó a la Gestapo en la localización de los oponentes. Este libro está basado en los archivos originales de la Gestapo, y se ha estimado que la gran mayoría de los casos de la Gestapo comenzaron por una denuncia de un particular. Tan sólo el 15% provino de las actividades de vigilancia de la Gestapo, que fue utilizada por el público para resolver conflictos personales. Se denunciaba a amigos, a colegas del trabajo, a esposos y vecinos. De hecho, el 80% de las denuncias de la Gestapo provenían del sexo masculino, mientras que las mujeres constituyeron el 20%. Muchas personas denunciaron a otras por comentarios anti nazis después de haber estado bebiendo en cervecerías y restaurantes”, explica el mismo autor de la obra.

Creada para amedrentar y perseguir a los enemigos y excluidos por el régimen nazi, en un primer momento la función de la Gestapo fue la de “investigar las actividades políticas en todo el estado que constituyan un peligro para el estado, así como recopilar y evaluar los resultados de dichas indagaciones”. Así la definió Hermann Göring en la primera Ley de la Gestapo que promulgó él mismo el 26 de abril de 1933. El año en el que la dictadura del terror y los gritos silenciados bajo los sótanos llevaron a Alemania a la peor de sus desgracias. Los sueños de cruz gamada produjeron monstruos.

La venganza en forma de águila

Dos meses antes de que Göring pronunciara estas palabras tuvo lugar el incendio del Reichstag, el parlamento alemán. Aquel 27 de febrero de 1933, el fuego que supuestamente provocó el comunista Marinus Van der Lubbe ante dicha institución hizo resurgir a Hitler y a los suyos como única opción de seguridad y protección para Alemania. “Ya no habrá misericordia. Todo aquel que se interponga en nuestro camino será eliminado”, le espetó el dictador a Rudolf Diels en el mismo lugar del incendio.

La auto anulación individual reformuló los principios de la sociedad y la escala cromática se redujo a dos colores: gris y rojo. Los cristales, las balas y las marchas militares marcaron el paso y el ritmo de los vivos, aunque también el de los muertos. “Los nazis han atragantado a los alemanes con el alcohol de la camaradería, cosa que ellos en parte deseaban, hasta el delirium tremens. Han convertido a todos los alemanes en camaradas y los han aficionado a esa droga desde la edad más temprana: en las Juventudes Hitlerianas, las SA, el ejército del Reich, en miles de campamentos y federaciones, extirpándoles algo irremplazable, algo que no puede ser compensado con la felicidad propia de la camaradería. (…) La camaradería como forma de prostitución con la que los nazis han seducido a los alemanes ha arruinado a este pueblo más que ninguna otra cosa”. Así describía ese estado de duermevela Sebastian Haffner en Historia de un alemán. Memorias. (1914-1933), publicado después de su muerte, en 1999.

Entre los nombres destacados que hicieron posible esa militarización de la sociedad y el triunfo de la Gestapo se encuentran Hermann Göring y Rudolf Dielsen en Prusia y Heinrich Himmler y Reinhard Heydrich en Baviera. Estos últimos no sólo fortalecieron dicho cuerpo de seguridad y espionaje, sino que reestructuraron cada uno de los eslabones del sistema policial de la Alemania nazi. De hecho, gran parte de las órdenes de ejecución tenían la firma y sello de ambos.

El respeto y la fortaleza que adquirieron dentro de los distintas instituciones del régimen vino durante la Noche de los Cuchillos Largos (del 30 de junio al 1 de julio de 1934). Una larga noche en la que la mayor parte de la cúpula de las SA y su líder Ernst Röhm (arrestado personalmente por Hitler) fueron detenidos y brutalmente asesinados. Se calcula que durante aquella madrugada fueron arrestadas más de mil personas contrarias al régimen. Las SS (guardia personal de Hitler) y la Gestapo fueron los dos brazos ejecutores de este acto, que a su vez trajo consigo el auge del Partido Nacionalista Obrero Alemán (NSDAP). “Los sujetos indisciplinados y desobedientes y los elementos asociales y enfermos serían inhabilitados”, fue la explicación que el propio Führer dio a los suyos sobre lo ocurrido.

Un producto de márketing

Las detenciones arbitrarias, las torturas y las sentencias de muerte comenzaron a hacerse cotidianas, incluso normales, a partir del 27 de septiembre de 1939, fecha en la que la Gestapo, la Orpo, la Kripo y el SD se unificaron en una misma unidad: La Oficina Central de Seguridad del Reich (RSHA), idea de Himmler. El horror ya tenía sede física.

El ensalzamiento y la pompa que se dio a la Gestapo dentro de la propaganda nazi fue clave para la supervivencia de esta organización, cuyos métodos y valía serían cuestionados a posteriori. Publicidad engañosa según McDonough, que no titubea cuando remarca la escasa utilidad de la misma y las carencias que tenía a nivel organizativo. “La Gestapo era una organización muy pequeña . En 1933 tenía 1000 oficiales, que llegaron a 6.700 en 1937 y alcanzaron un máximo de 15.000 durante la Segunda Guerra Mundial. En las principales ciudades había un pequeño número de oficiales. Por ejemplo, en Düsseldorf, con una población de 500.000 habitantes había sólo 126 oficiales de la Gestapo. En Duisburg, con 400.000 habitantes, sólo tenían a 43 oficiales y en Colonia, en la que vivían 750.000 personas sólo había 69 oficiales”.

Muchos de sus agentes comunes, divididos en dos categorías: asistente criminal (Kriminalassistent) y secretario criminal (Kriminalskretär), procedían de la clase trabajadora o media baja. “Se estima que un 50% de los antiguos policías de carrera antes de 1933 que se unieron a la Gestapo seguían en su puesto en 1945. En 1939 sólo tres mil agentes tenían un rango adicional a las SS. Durante las investigaciones de la desnazificación tras la guerra, dirigidas por agentes aliados de la ocupación, la gran mayoría de los antiguos dirigentes de la Gestapo fueron clasificados como ‘hombres corrientes’ y ‘desnazificados’ y quedaron exonerados de ser responsables de crímenes contra la humanidad’ “, señala McDonough en las páginas de su libro.

Los perseguidos

Judíos, trabajadores extranjeros, gitanos, homosexuales, comunistas, marginados sociales y cristianos fueron los principales objetivos a perseguir. Es en este último grupo donde McDonough centra una parte importante del libro. Según anota él mismo, durante la época nazi un mínimo de “447 curas alemanes pasaron algún tiempo en el campo de concentración de Dachau”. Uno de ellos fue Martin Niemöler, uno de los miembros más destacados de la Iglesia Confesante. Sus críticas a la política religiosa nazi y la protección a su comunidad le llevaron a prisión en 1937. Posteriormente volvería a ser detenido y aislado en el campo de concentración de Sachsenhausen o Dachau. Dicho calvario fue descrito por él mismo en una declaración versada. “Primero vinieron por los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista./ Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista./Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío./ Luego vinieron a por mí, pero para entonces ya no quedaba nadie que dijera nada/”

Como él, muchos cristianos alemanes estuvieron perseguidos por el régimen por no asumir ni apoyar la doctrina nazi. Una actitud que desquiciaba al Führer. “A Hitler no le gustaban los católicos porque 20 millones de ellos eran leales a Roma, no a Alemania. Un tercio de los 25.000 sacerdotes católicos fueron acosados por la Gestapo, que elaboró numerosas listas de sacerdotes considerados como ‘ desleales'”, enumera el mismo historiador.

También los intelectuales de izquierda fueron perseguidos, maltratados y asesinados por la Gestapo. El escritor Max Jacob, la fotógrafa Gisèle Freund, el poeta Ernst Toller o el filósofo Walter Benjamin, son algunos de los nombres que figuraban en aquellas listas negras.

El pensamiento crítico y el cuestionarse el porqué de las cosas precipitó el final de muchos de ellos. Como sucedió con Benjamin, que murió de una sobredosis de morfina (para unos fue un suicidio ante el acoso de los nazis, para otros un asesinato) dejando huérfana y en silencio a la Escuela de Frankfurt. “Ni los muertos estarán seguros ante el enemigo si éste vence. Y es ese enemigo que no ha cesado de vencer”, escribió en una ocasión ante el peso que llevaba a cuestas y que acabó hundiéndole.

Ese enemigo era distinto según qué bandos. Para los intelectuales era el pensamiento único, el instinto frente a la razón, la violencia frente a la argumentación. Para los nazis era la rebeldía y la insumisión. La libertad. La diferencia frente a la homogeneidad. La cultura. Los libros. “Se cargaron la literatura alemana contemporánea de un plumazo. Ya no iba a ser posible leer los libros publicados durante el último invierno que tuviésemos pendientes desde abril. Sólo estaban los clásicos junto con los representantes de una literatura de sangre y suelo de éxito repentino y una calidad espeluznante y vergonzosa. Los bibliófilos vieron cómo su mundo les era usurpado de la noche a la mañana”, denunciaba Haffner en sus memorias.

Un pasado que sigue escrito en presente para muchos alemanes. El historiadorMacDonough explica que el relato histórico actual nada tiene que ver con el de antes de la unificación. Ahora, las carencias y errores se proclaman en voz alta para que las nuevas generaciones conozcan y expongan los hechos sin adornos ni subordinadas.

Hecho y consecuencia, ese es el esquema. “Durante el período del gobierno de Alemania Occidental entre 1948 y 1990 hubo una tendencia clara de no hacer frente al pasado nazi. Hasta 1980, el Holocausto ni siquiera se enseñaba en las escuelas alemanas. Esto se debe a que muchos ex nazis tuvieron importantes posiciones en la sociedad alemana occidental, como Werner Best. Él fue el responsable de reclutar a muchos de los principales funcionarios involucrados en el Holocausto y consideró el asesinato de los judíos una necesidad histórica. Creía en el racismo biológico”, aunque también matiza que desde la unificación alemana el tratamiento hacia estas personas ha cambiado por completo. “Ha habido un esfuerzo para hacer frente al pasado nazi. El Museo Judío en Berlín, el Memorial del Holocausto en la ciudad y la transformación de campos de concentración en museos son ejemplos de esto”. Al fin y al cabo, como diría Benjamin, la historia es el tiempo-ahora.

* Correción: se ha sustituido la foto que erróneamente nombraba a Ernst Röhm y que pertenecía al oficial nazi Wilhem Klube.

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El Hundimiento del Lancastria

Publicado por El hijo del Ahuizote en noviembre 14th 2015

La evacuación de las tropas de la Fuerza Expedicionaria Británica(BEF: British Expeditionary Force) en Francia, no terminó con “el bendito milagro de Dunkerque”. Dos semanas después de iniciada la Operación Dynamo, todavía se seguían evacuando los restos de la BEF, fuerzas polacas, checoslovacas y francesas en el marco de la Operación Ariel.
El 17 de junio de 1940, el trasatlántico británico RMS Lancastria (en la foto superior), barco de pasajeros de la Línea Cunard de 16.243 toneladas, que para entonces era usado como transporte de tropas, había rescatado a más de 6.000 soldados y civiles de las playas francesas. En esos momentos la RAF estaba prácticamente fuera de combate y la superioridad aérea de laLuftwaffe era casi insultante.
Mientras el Lancastria esperaba frente a las costas francesas de Saint Nazarie la llegada de más efectivos para evacuar, a las 15:48 horas, fue bombardeado por la aviación alemana. Un sólo bombardero Junkers 88lanzó cuatro bombas: una entró en la escotilla de carga #2, otra bomba probablemente se coló por la chimenea hasta las entrañas del buque, una tercera cayó en la escotilla #3 destrozando los tanques de petróleo y la cuarta bomba hizo explosión en el agua pero abrió un enorme boquete en el costado. El pánico y la confusión en la nave fue indescriptible, y muchos de arrojaron al mar en busca de la salvación, mientras las llamas de apoderaban del barco. Los tres impactos directos fueron suficientes para que el buque comenzara a escorarse y finalmente se fuera a pique en tan solo 20 minutos.
Los destructores británicos HMS Highlander y HMS Havelock, que se utilizaban como ferry para evacuar las tropas rescatadas en Saint Nazarie y transbordarlas al Lancastria anclado mar adentro, debido a que por su calado no podía acercarse a la playa, fueron los únicos testigos del desastre. No es posible saber con exactitud cuántas personas murieron – aunque cabe la posibilidad de que hubieran subido a bordo del transatlántico hasta 9.000 personas o más – y menos aún conocer su identidad. En cualquier caso, de las más de 6.000 personas a bordo del RMS Lancastria en el momento del ataque, lograron salvar la vida 2.477.
La noticia se supo varios días después de la tragedia, el 26 de julio de 1940. El periódico New York Times mostró las fotografías que fueron tomadas por un fotógrafo aficionado llamado Frank Clements que se encontraba a bordo del HMS Highlander como rescatista voluntario. Días después la prensa londinense reproducía el artículo del New York Times. Por orden expresa del Almirantazgo Británico, el personal naval no podía llevar consigo cámaras fotográficas, pero Clements, como civil, se las arregló para portar una que escapó a la inspección. Una vez en Inglaterra le dio las fotos a una persona que luego las vendió a la prensa estadounidense. De no haber sido por esas fotografías, lo ocurrido con el RMS Lancastria quizás no se hubiera hecho público nunca.
No se sabe, por qué el Capitán Rudolph Sharp – comandante del navío, que se salvó de morir en el naufragio – un hombre con amplia experiencia aceptó la orden de cargar el mayor número de rescatados que fuera posible, contraviniendo las normas de la marina mercante (su barco no podía exceder los 3.000). Tampoco se sabe, quién le dio la orden, ni por qué no zarpó antes, por qué no recibió cobertura de uno de los destructores o protección aérea cuando triplicaba la capacidad de personas embarcadas, ni tampoco por qué el Lancastria se hundió tan rápidamente. El hecho es que ese día miles de personas murieron y la catástrofe fue mantenida en secreto por el Almirantazgo Británico, siguiendo una orden expresa de Winston Churchill de no mencionar nada sobre la catástrofe “para no mellar la moral británica”. Dos años después, el Gabinete de Guerra británicoordenó archivar toda la documentación sobre el RMS Lancastriaprohibiendo que se hicieran públicos los pormenores de la tragedia hasta el año 2042.
El Capitán Sharp (en la foto de aquí arriba) fue interrogado sobre los hechos en el cuartel general londinense del Almirantazgo, pero nunca se supo qué es lo que declaró ni cuáles fueron las circunstancias de la tragedia. Al comandante del buque le ordenaron no mencionar absolutamente nada sobre el hundimiento del transatlántico y continuó siendo apto para el servicio. De hecho, la naviera Cunard le dio el mando de otra nave, el RMS Antonia y posteriormente fue transferido a otro buque de la misma compañía, el RMS Laconia. El 12 de septiembre de 1942, el RMS Laconia fue torpedeado por el submarino alemán U-156 y el CapitánSharp, murió hundiéndose con su barco.

 

 

En el libro “Forgotten Voices of the Second World War”, publicado en el 2004 por el Imperial War Museum, hay varios testimonios de supervivientes como Dick Copperhead que dijo que “recibieron órdenes de cargar tantas personas como fuera posible.” Donald Draycott por su parte dijo: “Fuimos los últimos en embarcar en el Lancastria. En esos momentos ya habían unas 6000 tropas del ejército, más personal de la RAF a bordo”. Otro superviviente, Peter Vinicombe manifestó que ”el barco se inclinó a un lado, entonces desde el puente nos ordenaron movernos hacia la otra banda y se enderezó, pero luego se volvió a inclinar hacia el otro lado, por el peso de todos los que ibamos de un lado a otro. Los vehículos y demás material se deslizaban en la cubierta y arrastraban con ellos gente al mar. Por último recuerdo ver el mastil del barco paralelo al agua”. Frank Brogden recordaba que “Había miles de miles de personas en el agua cubierta de petróleo y estuvimos flotando durante cinco horas.”
Artículo tomado de la web: http://blitzkrieg2gm.blogspot.mx/2011/12/el-hundimiento-del-lancastria.html

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La Carga de la Caballería Polaca en Krojanty

Publicado por El hijo del Ahuizote en agosto 30th 2015

Probablemente la imagen más famosa y persistentemente recordada en el tiempo de la invasión de Polonia por la Alemania nazi (1 de  septiembrede 1939) es la de un escuadrón de osados jinetes polacos cargando a caballo con sus lanzas y sables contra los panzer alemanes. Todo un símbolo de la desesperación de unas gentes valientes, pero abandonadas a su suerte por las potencias aliadas e impotentes ante una tecnología infinitamente superior. En mi caso, uno de los primeros y más vívidos recuerdos de mi infancia en relación con la Segunda Guerra Mundial, es la lectura de un viejo tebeo de “Hazañas Bélicas” en una de cuyas historias se mostraba este episodio. Si no recuerdo mal, uno de aquellos lanceros polacos, se abalanzaba contra un tanque y antes de caer abatido, liquidaba con su lanza a un tripulante del blindado – creo que uno de los ametralladores (o el conductor, quizás) – tras introducir, en una increíble demostración de puntería su lanza por una de las troneras del carro de combate.

Pues bien, la cuestión es que ese osado y suicida ataque nunca se produjo. Ese heroico episodio es uno de los tantos mitos y leyendas existentes en torno a la Segunda Guerra Mundial. No obstante, ello no parece haber menguado la popularidad de la leyenda, incluso entre algunos historiadores e investigadores supuestamente serios. Según el historiador Steven J. Zaloga, la historia parece tener su origen en los primeros días de la campaña, de la mano de corresponsales de guerra italianos destacados en elfrente de Pomerania. Luego fue debidamente engrandecido, embellecido y transformado a su antojo por la poderosa propaganda nazi, siendo más atractivo en cada nueva versión de los hechos. También se ha dicho, de manera bastante insistente, que esa fue la última carga de caballería de la historia en un conflicto armado, a fin de pretender dejar sin argumentos a los defensores de la caballería, para dejar claro que la época del jinete había tocado a su fin, pero eso tampoco es cierto. Así a bote pronto, recuerdo un par de cargas de caballería más durante la Segunda Guerra Mundial – la delRegimiento “Savoia” italiano en Isbuschensky (Rusia) en agosto de 1942 y la del 26th Cavalry Regiment estadounidense en Morong (Filipinas) enfebrero de 1942 – y lo cierto es que las unidades de caballería continuaron teniendo un papel importante durante la guerra (precisamente los alemanes las utilizaron a menudo en la lucha antipartisana).

La fuente original está en una escaramuza cerca de la aldea de Krojantyen la tarde del 1 de septiembre de 1939 (es decir, el mismo día de la invasión). El Corredor de Pomerania, (también llamado “corredor polaco”)  uno de los principales objetivos de Hitler, ya que garantizaba el acceso almar Báltico, estaba guardado por varias divisiones polacas de infantería y por la Brigada de Caballería “Pomorska”. El área era indefendible, pero esas fuerzas estaban estacionadas ahí para impedir al menos que laWehrmacht la tomase sin oposición, como había ocurrido en los Sudetes. Al estallar la guerra, esas tropas debían retirarse inmediatamente hacia el sur. Cubriendo el repliegue estaría el coronel Kazimierz Mastalerz (en la fotografía bajo estas líneas) con su 18º Regimiento de Lanceros Ulanos “Pomorskich” y unos regimientos de infantería.

A primera hora del 1 de septiembre, la y 20ª División de Infantería Motorizada del XIX Cuerpo de Ejército alemán al mando del generalHeinz Guderian empezaron a presionar a las fuerzas polacas del bosque de Tuchola. La caballería y la infantería consiguieron  contenerlas hasta primera hora de la tarde, pero finalmente se vieron obligadas a retroceder. Al atardecer, estaba amenazado el empalme ferroviario y viario clave que había al otro lado del bosque, así que Mastarlerz ordenó que se rechazara a los alemanes a toda costa. El coronel polaco contaba con su propio regimiento, alguna infantería y las tanquetas de la brigada. Las tanquetas TK eran viejas y estaban muy gastadas, así que fueron dejadas con una parte del regimiento para que sostuvieran las posiciones. Dos escuadrones de lanceros, unos 250 hombres, montaron en sus caballos y empezaron a rodear el flanco germano para atacar por detrás.

A primera hora de la tarde habían localizado un batallón de infantería alemán expuesto en un claro del bosque de Tuchola. Los escuadrones de caballería polacos estaban a unos cientos de metros, por lo que era factible lanzar una carga a sable. En unos instantes, los dos escuadrones habían salido del bosque y caído sobre la atónita infantería enemiga, a la que lograron dispersar causandole unas 20 bajas, sin que los polacos tuvieran apenas pérdidas. Cuando los jinetes se estaban reagrupando, aparecieron en el lugar unos cuantos vehículos blindados ligeros alemanes – probablemente del tipo Schewerer Panzerspähwagen y Leichter Panzerspähwagen – armados con cañones automáticos de 20 mm y ametralladoras, y abrieron fuego de inmediato sobre los jinetes polacos, que totalmente expuestos, empezaron a galopar intentando llegar al abrigo de una colina cercana. El propio coronel Mastarlerz y su estado mayor cayeron muertos, y las bajas fueron terribles (se habla de unos 20 muertos y otros 60 heridos o prisioneros, es decir, los dos escuadrones de la caballería polaca intervinientes en la escaramuza perdieron un tercio de sus jinetes). Sin embargo, gracias a su decidida acción los lanceros consiguieron ganar tiempo para la retirada de dos batallones polacos que estaban siendo atacados en la cercana batalla de Chojnice.

La evidencia de esta matanza fue descubierta al día siguiente por unos corresponsales de guerra italianos, a quienes unos soldados alemanes dijeron que aquello era consecuencia de que los jinetes polacos habían cargado contra los carros de combate. Los alemanes, impresionados por el fuerte y osado ataque, se las arreglaron para transformar una derrota táctica en una victoria propagandística, presentando así el ejército polaco como obsoleto y caduco. Y así nació la leyenda. Lo que ya no interesó tanto resaltar a los nazis fue que esa misma tarde Guderian tuviese que intervenir personalmente para impedir que el comandante de la 20ª División de Infantería Motorizada alemana retirase dicha unidad “frente a una intensa presión de caballería”. Semejante presión procedía de ese mismo 18º Regimiento de Lanceros Ulanos, una unidad que había perdido el 60% de sus efectivos en los combates de ese día y cuyo tamaño no era ni el 10% de la unidad alemana a la que estaban empujando.

Los polacos también aceptaron la mentira pues ensalzaba el valor de su caballería, que dicho sea de paso, fueron las unidades del ejército polaco que más problemas dieron a los alemanes en su avance (incluso, llegaron a derrotarles en la batalla de Mokra). Eso sí, los enfrentamientos entre la caballería polaca y las unidades blindadas germanas se produjeron con los jinetes polacos luchando a pie, o atrincherados en posiciones fijas (más el apoyo de tanquetas, blindados y artillería), es decir, como infantería, y utilizando sólo la caballería para desplazarse rápidamente a otros lugares del frente. Pero todos sabemos el gran valor que tienen los símbolos y lo de las lanzas contra los tanques es una imagen muy poderosa sobre un pueblo que fue abandonado a su suerte cuando se vieron atacados por la tiranía y la sinrazón.


Fuentes:

Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: “El Ejército Polaco” de Stephen J. Zaloga

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“La Bestia de Omaha” : Heinrich Severloh

Publicado por El hijo del Ahuizote en junio 17th 2015

Heinrich Severloh  fue un soldado alemán de la 352ª División de Infantería de la Wehrmacht destacado en Normandía durante el desembarco aliado llevado a cabo el 6 de junio de 1944, que ganó notoriedad como servidor de una ametralladora MG 42 en el “Nido de Resistencia 62” (WN62 o Widerstandnest 62) en  Omaha Beach, donde mantuvo un fuego ininterrumpido desde las 6 de la mañana hasta las 3 de la tarde, con efectos devastadores sobre las tropas norteamericanas que desembarcaron en la playa  francesa, acciones que le ganaron el sobrenombre de “La Bestia de Omaha”.

Nacido el 23 de junio de 1923 en la localidad germana Metzingen – la actualEldingen -, “Hein” Severloh se incorporó al servicio militar en julio de 1942, con la edad de 19 años. Asignado a la 19ª División de Artillería Ligera, el 9 de agosto de ese mismo año fue enviado en Francia, sirviendo en la 3ª Batería del 321º Regimiento de Artillería, donde fue entrenado como mensajero motorizado. En diciembre de 1942 fue transferido alFrente del Este, donde fue asignado a la retaguardia conduciendo un trineo tirado por caballos. En marzo de 1943, como castigo por haber expresado opiniones críticas, fue sometido a realizar trabajos forzados que le dejaron secuelas físicas permanentes en su salud, teniendo que ser internado en un hospital militar hasta junio de 1943. En octubre de 1943 asistió a clases de entrenamiento en Braunschweig, para formarse como oficial subalternopero tuvo que dejarlo sin haber terminado su instrucción, ya que su unidad, que había sufrido enormes bajas en el frente ruso, fue transferida de nuevo a Francia en diciembre de 1943, siendo reclasificada como parte de la reactivada 352ª División de Infantería, que fue estacionada en Normandía .


El 6 de junio de 1944, Severloh se encontraba en el “Nido de Resistencia 62” (WN62), un emplazamiento de búnkeres, casamatas, fortines y nidos de ametralladora,  rodeado por alambre de púas y una fosa antitanque, además de un complejo de túneles fortificados, situado enColeville-sur-Mer (uno de los muchos puntos fuertes alemanes existentes a lo largo de Omaha Beach). Su posición sobre las amplias arenas le daban una visión y una línea de fuego perfectas. Estaba a 25 metros sobre la playa, y a una distancia de 600 a 150 metros de la orilla, según la marea. En total había unos 30 hombres en el WN62, incluyendo su armamento dos cañones de 75 mm, dos ametralladoras MG 42, un cañon antitanque  y dos morteros de 50 mm.


Los aviones aliados fueron asignados para bombardear la playa a las 5,00 horas de la mañana, pero debido a la poca visibilidad las bombas cayeron tierra adentro y apenas causaron daños en las defensas alemanas. A las 6,00 horas de la mañana las primeras lanchas de desembarco aparecieron frente la playa dominada por el WN62, que era el sector de Omaha Beach designado por los aliados con el nombre clave de “Easy Red”. ElTeniente Frerking, que se encargaba de coordinar por radio el fuego de las baterías del  del regimiento de artillería la división, le indicó a que no abriera fuego hasta que los soldados norteamericanos que desembarcaban – fundamentalmente de la 1ª División de Infantería (16º Regimiento),más algunas compañías del 116º Regimiento de la 29ª División de Infantería que se desviaron de sus objetivos – tuvieran el agua hasta las rodillas.


Severloh abrió fuego con su ametralladora MG 42 (como la de la foto de aquí abajo) y permanecería disparando sin descanso desde su puesto hasta casi las 3 de la tarde. Durante el curso del día, uno a uno los hombres delWN62 fueron heridos y evacuados, o abandonaron su puesto. En dos ocasiones Severloh tuvo que refugiarse en el búnker fortificado debido a ataques con granadas, y en una ocasión la fuerza de una explosión lo sacó del emplazamiento. La segunda ametralladora en el WN62 fue dañada por fragmentos de granada durante la mañana, por lo que Severloh manejó la única MG 42 en dicho sector la mayor parte del tiempo. Solamente contaba con un cañón de reemplazo, por lo que mientras esperaba que los cañones de la ametralladora se enfriaran, disparaba con un fusil de cerrojo Mauser Kar 98k, que se calentó tanto, que se dañó y tuvo que ser remplazado. Durante la última hora, sólo quedaban tres hombres en el Widerstandnest 62: el Teniente Frerking, Severloh y otro soldado que ayudaba a cargar la ametralladora y cambiar los cañones cuando estos se calentaban.


El soldado germano dijo que la razón por la que permaneció en su puesto hasta el final, a pesar de estar herido levemente en la cara, no fue por fanatismo, sino por lealtad a su oficial, al que no quería dejar solo y a quien describió como un oficial honorable. Cerca de las 3 de la tarde,   Frerkingse dio cuenta de que las tropas americanas ya estaban disparando desde los flancos y que estaban prácticamente rodeados, por lo que ordenó que se retiraran. Mientras corrían por un campo abierto, el Teniente fue alcanzado por las balas y cayó muerto. El otro soldado moriría también más tarde, tierra adentro. Severloh fue capturado por tropas americanas en la madrugada del 7 de junio.


El “Nido de Resistencia 62” (WN62) – cuyo emplazamiento podéis ver en las imágenes de aquí arriba y allá abajo. Y si  lo deseáis podéis daros unavueltecita por el mismo en este vídeo – fue uno de los últimos, y posiblemente el último, punto de resistencia alemana sobre la playa deOmaha.

La ametralladora de Severloh contaba con una munición de 12.000 balas. Se ignora sí en el curso del día recibió más munición, pero es de suponer que la que aún quedaba de la segunda MG 42 que fue dañada por granadas durante la mañana, fue también utilizada por Severloh. En todo caso, disparó un mínimo de 12.000 balas, pues cuando su oficial dio la orden de retirarse ya no quedaba munición para la ametralladora. También disparó unas 400 balas con la carabina Ka98k mientras esperaba que se enfriara el cañón de la MG 42. Los cálculos sobre las bajas causadas por el ametrallador alemán durante estas 9 horas varían grandemente, pero aun los más conservadores le atribuyen más de 1.000 bajas aliadas, incluyendo cientos de muertos (aún con todo, a un servidor le parece una auténtica barbaridad). Otros cálculos, menos plausibles, le atribuyen haber causado hasta 2.000 bajas en los soldados americanos.

Severloh fue trasladado como prisionero de guerra a los EEUU,concretamente a Boston, donde estuvo recogiendo algodón y patatas. Temiendo represalias, el soldado germano mantuvo en secreto sus acciones en el WN62 durante su cautiverio. En mayo de 1946 fue trasladado a Inglaterra donde trabajó en la construcción de caminos y carreteras. Finalmente fue repatriado a Alemania en 1947. Heinrich Severloh sufrió pesadillas recurrentes durante el resto de su vida por sus acciones en “Bloody Omaha”; durante años mantuvo el secreto sobre lo que hizo el día 6 de junio de 1944, y sólo se lo contó a su esposa, después de años casados.

Leyendo el libro “El día más largo” de Cornelius Ryan, 13 años después de su regreso a Alemania, y oyó el nombre de David Silva, un soldado norteamericano que había sido gravemente herido en el sector “Easy Red” (recibió 3 balazos, probablemente disparados por Severloh) y decidió escribirle una carta. Por casualidad, desde finales de los 50, Silva estaba destinado en Karlsruhe (Alemania) como capellán militar, por lo que trataron de conocerse y desde entonces permanecieron más o menos en contacto. Su último encuentro tuvo lugar durante las celebraciones del 60 Aniversario del Día D, en el año 2004, en Normandía.

Severloh (en la foto de abajo) mantuvo en secreto sus acciones Omaha Beach hasta una edad avanzada, cuando un reportero de investigación le preguntó directamente si él era la llamada “Bestia de Omaha”. Colaboró con el reportero, y ello dio como resultado un libro sobre el WN62.Heinrich Severloh murió en un asilo de ancianos en Lachendorf el 14 deenero de 2006.

Como complemento a la historia, os dejo a continuación el extracto de una entrevista concedida por el soldado alemán, sobre su experiencia en la playa normanda: “Recuerdo el primero en morir. El hombre salió del mar y estaba buscando un sitio donde esconderse. Le apunté al pecho pero el disparo fue alto y el dio en la frente. Vi su caso de acero rodando hacia la orilla y entonces se desplomó. Sabía que estaba muerto. Aún sigo soñando con ese muchacho y me pongo enfermo cuando pienso en él ¿qué podía hacer? ellos o yo, eso era lo único que pensaba. 


Éramos 30 hombres, cada uno con un único pensamiento en la cabeza: ¿saldríamos vivos de allí? Yo no quería estar en esta guerra, no quería estar en Francia y no quería estar disparando con una ametralladora a chavales de mi edad. Pero ahí estábamos, sirviendo en una guerra que ya estaba perdida y obedeciendo las órdenes de nuestro teniente de abrir fuego tan pronto como el agua les llegara por las rodillas. Empecé a disparar a las 5 de la mañana y estaba aún disparando 9 horas más tarde. No sentía pánico, ni odio, uno hacía lo que tenía que hacer y sabía que ellos, tan cierto como que el infierno existe, te harían lo mismo a ti si tuvieran la oportunidad. Al principio los cuerpos estaban a 500 metros, luego a 400, más tarde a 150. Había sangre por todos lados, gritos, muertos y moribundos. El oleaje mecía más cuerpos en la orilla. Habían pequeñas pausas, cuando ningún vehículo anfibio llegaba, durante las que podía enfriar mi ametralladora.


Era consciente de que algunos de mis camaradas se habían largado, pero tenía miedo de la terrible perspectiva de entrentarme a la mirada de mi oficial, así que me mantuve en el puesto. Al final de la tarde me di cuenta de que era la única persona que aún disparaba. Podía ver a los tanques maniobrando en la playa y sabía que no podría contenerlos yo solo. Oí la orden del teniente Bernhard Frerking, un buen hombre (una vez castigó a un soldado durante 10 días a regar la hierba que camuflaba los nidos de ametralladoras por no haber ayudado a una anciana francesa con sus bolsas de la compra) y con 32 años ya un veterano, de que debíamos retirarnos. Corrí de cráter en cráter tras nuestros complejos de búnkeres. Lo esperé pero nunca llegó. Visité su tumba en Normandía 10 años después. Recibió un disparo en la cabeza de uno de los americanos cuando intentaba alcanzarme. Fui hecho prisionero esa noche. No creo que hubiera sobrevivido si me hubieran capturado en mi puesto. Sabían lo que les había hecho a sus compañeros. No creo que esas tropas de vanguardia me hubieran mostrado ninguna piedad.”

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Junio de 1940, invasión de Francia

Publicado por El hijo del Ahuizote en octubre 26th 2014

Después de uno de los mayores éxodos en masa de la historia contemporánea, los parisienses que quedaron vieron un espectáculo convincente, de que nada de !o que se dijo del ejército alemán es fantasía.

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Coches alemanes desfilando por los Campos Elíseos

Cada soldado alemán, cada pieza de material del ejército, es de la mejor calidad. El corresponsal recorrió en .bicicleta las columnas alemanas que eran dirigidas a través de la ciudad por soldados corpulentos, que llevaban discos de señales, blancos y rojos.

Desde las primeras horas de la mañana, cuando las tropas comenzaron a entrar, el pueblo los contempló silenciosamente y en actitud hostil, aunque las muchachas cambiaban saludos con los soldados. El corresponsal pudo ver a dos muchachas rubias sentadas junto con soldados sobre un pequeño cañón. Los soldados alemanes ordenaban a la población, en tono cortés pero firme, que circulara. Los gendarmes franceses, que ahora se hallan desarmados y no llevan ya máscaras contra los gases, recibieron instrucciones del gobernador militar francés, general Dentz, en el sentido de ser corteses y no demostrar antagonismo, y encuentran-, como es lógico, grandes dificultades para cumplir con esas órdenes. Esos gendarmes forman pequeños grupos en las esquinas, donde hablan entre ellos en voz baja, mientras dirigen el tránsito soldados en uniforme gris de campaña. El viernes, el general Dentz había publicado una proclama en la que exhortaba a la población a dominar cualquier pensamiento hostil y a no resistir a las tropas en circunstancia alguna. Ya por la tarde, cuando más de 30.000 soldados alemanes habían atravesado la ciudad, el pueblo arrojó la máscara de la animosidad y se veía con frecuencia a particulares que abandonaban su camino para ayudar a los alemanes a orientarse en la gran urbe.

Simbólica fotografía: Hitler y su comitiva en la amanecida del 23 de junio de 1940 posan tras la torre Eiffel de París.

Simbólica fotografía: Hitler y su comitiva en la amanecida del 23 de junio de 1940 posan tras la torre Eiffel de París.

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WEHRMACHT

Publicado por El hijo del Ahuizote en septiembre 7th 2014

La minuciosa organización que ca­racterizó al ejército alemán, fue uno de los principales factores que con­tribuyeron a forjar sus victorias en los años iniciales de la guerra, y a prolongar su resistencia en el momento de la derrota. Se deta­llan, a continuación, algunos datos de interés sobre la organización de la Wehrmacht.

Símbolo de la Wehrmacht

Símbolo de la Wehrmacht

 

Heridos.

Al abandonar los hospita­les militares, los soldados heridos eran clasificados de la siguiente forma.-

  • Aptos para la lucha (se los des­tinaba a los batallones de reem­plazo de las unidades del frente).
  • Aptos como combatientes luego de cumplir un período determinado de convalescencia.
  • Aptos para el servicio en unida­des de retaguardia.
  • Licenciados temporariamente en sus hogares.
  • No aptos para el servicio mili­tar.

Cada soldado llevaba ceñida con un cordel al cuello, una placa de identificación, dividida en dos mi­tades, en la cuaf estaban consig­nados los siguientes datos: nombre y apellido, número de enrolamiento y grupo sanguíneo. Al morir el sol­dado, una mitad de la placa que­daba en el cadáver y se retiraba la otra mitad para confeccionar las pla­nillas de bajas.

La experiencia de la lucha, permitió establecer que, proporcionalmente, las bajas de oficiales y suboficiales eran mucho más elevadas que las de soldados (4, 2 y 1, respectiva­mente). Por lo tanto, todas las grandes unidades de la Wehrmacht (ejércitos, grupos de ejército) or­ganizaron una “Reserva de oficiales superiores y jefes”, integrada gene­ralmente por oficiales heridos que regresaban del frente, y no podían ya reincorporarse a sus antiguas unidades por haber sido designados reemplazantes. Estos oficiales per­manecían en la reserva y substi­tuían, llegado el momento, a los co­mandantes que perecían en la lu­cha o resultaban gravemente heri­dos.

Uniformes.

Los francotiradores y guerrilleros soviéticos se especiali­zaban en hacer fuego sobre ios ofi­ciales y suboficiales alemanes, iden­tificándolos por sus uniformes y botas de jinete. Para dificultar su acción, los oficiales, suboficiales y soldados de la Wehrmacht utiliza­ron en combate el mismo uniforme camuflado, y el mismo tipo de bo­tas, cascos y correajes. Los jefes, además, ocultaban dentro de sus chaquetas sus anteojos larga vistas.

De esta forma se confundían con la masa de los soldados.

Gorra usada por los oficiales de la Wehrmacht

 

Alimentación.

En situaciones de nor­mal abastecimiento, la alimentación del soldado alemán era la siguien­te: Al amanecer tomaba un desayu­no de té o café acompañado por un sandwich de pan de centeno, man­teca y fiambre. Al metticdía se con­sumía una comida caliente, gene­ralmente el “Eintopf” (olla común). Consistía en un guiso de carne, pa­pas, verduras y a veces avena arro­llada, que se cocía en una mar­mita o en la cocina rodante. Era llevada hasta las posiciones del frente en recipientes de 30 litros (para 20 hombres), y allí se la re­calentaba. Al anochecer se comía pan, manteca, queso o salchicha y, a veces, los restos del “Eintopf*. La ración diaria del soldado incluía 6 cigarrillos.

El ejército alemán uti­lizaba un solo tipo de ración ali­menticia para jefes, oficiales y sol­dados. Los jefes, sin embargo, re­cibían una mayor cantidad que variaba entre 3 y 20 raciones, según su jerarquía, para atender a los vi­sitantes de sus comandos.

Condecoraciones.

En el transcurso de la segunda Guerra Mundial, la Wehrmacht concedió las siguientes condecoraciones:

1) Cruz de hierro de primera y segunda clase;

2) Cruz alemana de oro, se otorgó a cerca de 3.000 oficiales y soldados;

3) Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro, concedida a un número que oscila entre los 1.500 y 3.000 hombres;

4) Hojas de roble para la Cruz de Caballero, 250 a 300 condecoracio­nes;

5) Hojas de roble con espadas, entre 80 y 100;

6) Hojas de roble con espadas y diamantes, unos 30.

 

Deutsches Kreuz im Gold (Cruz Alemana en oro)

 

Castigos

Por transgresiones menores a la disciplina, los soldados reci­bían penalidades leves en el seno de sus unidades. Por faltas graves como la cobardía en acción de guerra, desobediencia, pillaje, etc., los in­fractores, al principio de la guerra, eran fusilados o castigados con va­rios años de trabajos forzados. Pos­teriormente, la falta de soldados hizo que los reos fuesen incorpora­dos durante un período que oscilaba entre los seis meses y dos años, a los denominados “Batallones de Cas­tigo”. Estas unidades estaban coman­dadas por jefes y oficiales extrema­damente enérgicos, que imponían un régimen de severísima disciplina. Todas las misiones de peligro, difí­ciles o repugnantes eran cumplidas en primer lugar por los “Batallones de Castigo”. Así, era frecuente que dichas unidades sufriesen en com­bate hasta más de 50% de pérdidas en su personal.

Miembros de la Wehrmacht en el Frente oriental en 1942.

Miembros de la Wehrmacht en el Frente oriental en 1942.

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El Absolutismo Monárquico

Publicado por El hijo del Ahuizote en febrero 14th 2013

El tercer componente del Antiguo Régimen, después del sistema señorial y la sociedad estamental, era el absolutismo monárquico. La forma predominante de gobierno en toda Europa era la monarquía absoluta, en la que el poder del monarca destacaba por encima de todos los demás estamentos. El absolutismo era el resultado del fortalecimiento del poder real por encima de la nobleza, iniciado a finales de la Baja Edad Media. Había, sin embargo, muchas diferencias entre los diversos reinos y, en algunos, la monarquía se veía limitada por la intromisión de la nobleza o por el control de las Cortes.

 

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La monarquía de derecho divino

La estructura piramidal y jerarquizada de la sociedad estamental tenía su cúspide en el monarca absoluto. Él estaba por encima de todos los habitantes de su reino y todos eran sus súbditos, a él sometidos y por él gobernados. Así, el eje central del sistema político del Antiguo Régimen era la monarquía absoluta de derecho divino, según la cual la autoridad del monarca provenía de Dios, en nombre de quien ejercía el poder.

Como reflejo del poder divino, el monarca poseía un poder absoluto: nombraba a los magistrados, administraba justicia y dirigía la política exterior. No se sometía a ningún control y no compartía la soberanía con nadie. Todo el Estado residía en él, y la voluntad de sus súbditos estaba englobada en la suya. El ejemplo más completo y conocido de la fórmula política de monarquía absoluta fue la monarquía francesa de los Borbones.

imagesCAGTHK1MA pesar de que, desde un punto de vista formal, todo el poder residía en el monarca, en la práctica estaba auxiliado por unas instituciones que lo asesoraban y ejecutaban sus mandatos. El principal órgano de gobierno era el Consejo de Estado, cuyos miembros habían de ser designados por el rey. La complejidad creciente de los asuntos de gobierno, sobre todo en los siglos XVII y XVIII, hizo que se subdividiera en secciones especializadas: Consejos de Finanzas, de Justicia, de Guerra, etc. También había Negociados (secciones especializadas en el tratamiento de asuntos más concretos) y se hizo habitual la designación de Secretarios de Estado, comparables a los actuales ministros.

La administración local estaba en manos de gobernadores o intendentes, u otros tipos de cargos que tenían atribuciones para aplicar las leyes, mantener el orden, dirigir las obras públicas, la industria, el comercio, o cualquier asunto de gobierno territorial. Estos cargos dependían del monarca y eran revocables a su voluntad.

Por último, una legión de funcionarios y de burócratas se encargaba de ejecutar las órdenes reales, de administrar justicia, de recaudar los impuestos, etc. Su trabajo y su presencia en todo el territorio eran indispensables para hacer funcionar la compleja maquinaria estatal.

El poder del soberano estaba restringido, no obstante, por la ley divina, a la que estaba sometido como cualquier otro; por el derecho natural, conjunto de normas formadas por la costumbre y la tradición, y por las leyes fundamentales de cada reino, que expresaban un mínimo pacto entre el monarca y sus súbditos, que el monarca debía aceptar en el momento de su coronación. Este último caso comprende las limitaciones que los Parlamentos, las Cortes o los Estados Generales imponían al monarca.img_MonarquiaAbsoluta

Desde la Baja Edad Media fue frecuente que a la Corte formada por nobles y clérigos que aconsejaban al rey, se uniesen los representantes de las ciudades (burgueses). Estos tres grupos constituían las Cortes o Parlamentos. Su papel era muy limitado y no se deben confundir con los Parlamentos modernos. Cada estamento deliberaba separadamente y votaba como grupo ante las propuestas del monarca. Sólo tenían ciertas atribuciones en materia fiscal; suplían al monarca en situaciones excepcionales y ratificaban a los nuevos reyes. Pero aún así, los monarcas absolutos intentaron marginar a los Parlamentos que podían obstaculizar el ejercicio del poder absoluto, y sólo recurrían a convocarlos en situaciones externas, para pedir aumento de impuestos o ayudas económicas.

 

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