Historias de la Historia

Anécdotas y Curiosidades del pasado

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Junio de 1940, invasión de Francia

Publicado por El hijo del Ahuizote en octubre 26th 2014

Después de uno de los mayores éxodos en masa de la historia contemporánea, los parisienses que quedaron vieron un espectáculo convincente, de que nada de !o que se dijo del ejército alemán es fantasía.

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Coches alemanes desfilando por los Campos Elíseos

Cada soldado alemán, cada pieza de material del ejército, es de la mejor calidad. El corresponsal recorrió en .bicicleta las columnas alemanas que eran dirigidas a través de la ciudad por soldados corpulentos, que llevaban discos de señales, blancos y rojos.

Desde las primeras horas de la mañana, cuando las tropas comenzaron a entrar, el pueblo los contempló silenciosamente y en actitud hostil, aunque las muchachas cambiaban saludos con los soldados. El corresponsal pudo ver a dos muchachas rubias sentadas junto con soldados sobre un pequeño cañón. Los soldados alemanes ordenaban a la población, en tono cortés pero firme, que circulara. Los gendarmes franceses, que ahora se hallan desarmados y no llevan ya máscaras contra los gases, recibieron instrucciones del gobernador militar francés, general Dentz, en el sentido de ser corteses y no demostrar antagonismo, y encuentran-, como es lógico, grandes dificultades para cumplir con esas órdenes. Esos gendarmes forman pequeños grupos en las esquinas, donde hablan entre ellos en voz baja, mientras dirigen el tránsito soldados en uniforme gris de campaña. El viernes, el general Dentz había publicado una proclama en la que exhortaba a la población a dominar cualquier pensamiento hostil y a no resistir a las tropas en circunstancia alguna. Ya por la tarde, cuando más de 30.000 soldados alemanes habían atravesado la ciudad, el pueblo arrojó la máscara de la animosidad y se veía con frecuencia a particulares que abandonaban su camino para ayudar a los alemanes a orientarse en la gran urbe.

Simbólica fotografía: Hitler y su comitiva en la amanecida del 23 de junio de 1940 posan tras la torre Eiffel de París.

Simbólica fotografía: Hitler y su comitiva en la amanecida del 23 de junio de 1940 posan tras la torre Eiffel de París.

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WEHRMACHT

Publicado por El hijo del Ahuizote en septiembre 7th 2014

La minuciosa organización que ca­racterizó al ejército alemán, fue uno de los principales factores que con­tribuyeron a forjar sus victorias en los años iniciales de la guerra, y a prolongar su resistencia en el momento de la derrota. Se deta­llan, a continuación, algunos datos de interés sobre la organización de la Wehrmacht.

Símbolo de la Wehrmacht

Símbolo de la Wehrmacht

 

Heridos.

Al abandonar los hospita­les militares, los soldados heridos eran clasificados de la siguiente forma.-

  • Aptos para la lucha (se los des­tinaba a los batallones de reem­plazo de las unidades del frente).
  • Aptos como combatientes luego de cumplir un período determinado de convalescencia.
  • Aptos para el servicio en unida­des de retaguardia.
  • Licenciados temporariamente en sus hogares.
  • No aptos para el servicio mili­tar.

Cada soldado llevaba ceñida con un cordel al cuello, una placa de identificación, dividida en dos mi­tades, en la cuaf estaban consig­nados los siguientes datos: nombre y apellido, número de enrolamiento y grupo sanguíneo. Al morir el sol­dado, una mitad de la placa que­daba en el cadáver y se retiraba la otra mitad para confeccionar las pla­nillas de bajas.

La experiencia de la lucha, permitió establecer que, proporcionalmente, las bajas de oficiales y suboficiales eran mucho más elevadas que las de soldados (4, 2 y 1, respectiva­mente). Por lo tanto, todas las grandes unidades de la Wehrmacht (ejércitos, grupos de ejército) or­ganizaron una «Reserva de oficiales superiores y jefes», integrada gene­ralmente por oficiales heridos que regresaban del frente, y no podían ya reincorporarse a sus antiguas unidades por haber sido designados reemplazantes. Estos oficiales per­manecían en la reserva y substi­tuían, llegado el momento, a los co­mandantes que perecían en la lu­cha o resultaban gravemente heri­dos.

Uniformes.

Los francotiradores y guerrilleros soviéticos se especiali­zaban en hacer fuego sobre ios ofi­ciales y suboficiales alemanes, iden­tificándolos por sus uniformes y botas de jinete. Para dificultar su acción, los oficiales, suboficiales y soldados de la Wehrmacht utiliza­ron en combate el mismo uniforme camuflado, y el mismo tipo de bo­tas, cascos y correajes. Los jefes, además, ocultaban dentro de sus chaquetas sus anteojos larga vistas.

De esta forma se confundían con la masa de los soldados.

Gorra usada por los oficiales de la Wehrmacht

 

Alimentación.

En situaciones de nor­mal abastecimiento, la alimentación del soldado alemán era la siguien­te: Al amanecer tomaba un desayu­no de té o café acompañado por un sandwich de pan de centeno, man­teca y fiambre. Al metticdía se con­sumía una comida caliente, gene­ralmente el «Eintopf» (olla común). Consistía en un guiso de carne, pa­pas, verduras y a veces avena arro­llada, que se cocía en una mar­mita o en la cocina rodante. Era llevada hasta las posiciones del frente en recipientes de 30 litros (para 20 hombres), y allí se la re­calentaba. Al anochecer se comía pan, manteca, queso o salchicha y, a veces, los restos del «Eintopf*. La ración diaria del soldado incluía 6 cigarrillos.

El ejército alemán uti­lizaba un solo tipo de ración ali­menticia para jefes, oficiales y sol­dados. Los jefes, sin embargo, re­cibían una mayor cantidad que variaba entre 3 y 20 raciones, según su jerarquía, para atender a los vi­sitantes de sus comandos.

Condecoraciones.

En el transcurso de la segunda Guerra Mundial, la Wehrmacht concedió las siguientes condecoraciones:

1) Cruz de hierro de primera y segunda clase;

2) Cruz alemana de oro, se otorgó a cerca de 3.000 oficiales y soldados;

3) Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro, concedida a un número que oscila entre los 1.500 y 3.000 hombres;

4) Hojas de roble para la Cruz de Caballero, 250 a 300 condecoracio­nes;

5) Hojas de roble con espadas, entre 80 y 100;

6) Hojas de roble con espadas y diamantes, unos 30.

 

Deutsches Kreuz im Gold (Cruz Alemana en oro)

 

Castigos

Por transgresiones menores a la disciplina, los soldados reci­bían penalidades leves en el seno de sus unidades. Por faltas graves como la cobardía en acción de guerra, desobediencia, pillaje, etc., los in­fractores, al principio de la guerra, eran fusilados o castigados con va­rios años de trabajos forzados. Pos­teriormente, la falta de soldados hizo que los reos fuesen incorpora­dos durante un período que oscilaba entre los seis meses y dos años, a los denominados «Batallones de Cas­tigo». Estas unidades estaban coman­dadas por jefes y oficiales extrema­damente enérgicos, que imponían un régimen de severísima disciplina. Todas las misiones de peligro, difí­ciles o repugnantes eran cumplidas en primer lugar por los «Batallones de Castigo». Así, era frecuente que dichas unidades sufriesen en com­bate hasta más de 50% de pérdidas en su personal.

Miembros de la Wehrmacht en el Frente oriental en 1942.

Miembros de la Wehrmacht en el Frente oriental en 1942.

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El Absolutismo Monárquico

Publicado por El hijo del Ahuizote en febrero 14th 2013

El tercer componente del Antiguo Régimen, después del sistema señorial y la sociedad estamental, era el absolutismo monárquico. La forma predominante de gobierno en toda Europa era la monarquía absoluta, en la que el poder del monarca destacaba por encima de todos los demás estamentos. El absolutismo era el resultado del fortalecimiento del poder real por encima de la nobleza, iniciado a finales de la Baja Edad Media. Había, sin embargo, muchas diferencias entre los diversos reinos y, en algunos, la monarquía se veía limitada por la intromisión de la nobleza o por el control de las Cortes.

 

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La monarquía de derecho divino

La estructura piramidal y jerarquizada de la sociedad estamental tenía su cúspide en el monarca absoluto. Él estaba por encima de todos los habitantes de su reino y todos eran sus súbditos, a él sometidos y por él gobernados. Así, el eje central del sistema político del Antiguo Régimen era la monarquía absoluta de derecho divino, según la cual la autoridad del monarca provenía de Dios, en nombre de quien ejercía el poder.

Como reflejo del poder divino, el monarca poseía un poder absoluto: nombraba a los magistrados, administraba justicia y dirigía la política exterior. No se sometía a ningún control y no compartía la soberanía con nadie. Todo el Estado residía en él, y la voluntad de sus súbditos estaba englobada en la suya. El ejemplo más completo y conocido de la fórmula política de monarquía absoluta fue la monarquía francesa de los Borbones.

imagesCAGTHK1MA pesar de que, desde un punto de vista formal, todo el poder residía en el monarca, en la práctica estaba auxiliado por unas instituciones que lo asesoraban y ejecutaban sus mandatos. El principal órgano de gobierno era el Consejo de Estado, cuyos miembros habían de ser designados por el rey. La complejidad creciente de los asuntos de gobierno, sobre todo en los siglos XVII y XVIII, hizo que se subdividiera en secciones especializadas: Consejos de Finanzas, de Justicia, de Guerra, etc. También había Negociados (secciones especializadas en el tratamiento de asuntos más concretos) y se hizo habitual la designación de Secretarios de Estado, comparables a los actuales ministros.

La administración local estaba en manos de gobernadores o intendentes, u otros tipos de cargos que tenían atribuciones para aplicar las leyes, mantener el orden, dirigir las obras públicas, la industria, el comercio, o cualquier asunto de gobierno territorial. Estos cargos dependían del monarca y eran revocables a su voluntad.

Por último, una legión de funcionarios y de burócratas se encargaba de ejecutar las órdenes reales, de administrar justicia, de recaudar los impuestos, etc. Su trabajo y su presencia en todo el territorio eran indispensables para hacer funcionar la compleja maquinaria estatal.

El poder del soberano estaba restringido, no obstante, por la ley divina, a la que estaba sometido como cualquier otro; por el derecho natural, conjunto de normas formadas por la costumbre y la tradición, y por las leyes fundamentales de cada reino, que expresaban un mínimo pacto entre el monarca y sus súbditos, que el monarca debía aceptar en el momento de su coronación. Este último caso comprende las limitaciones que los Parlamentos, las Cortes o los Estados Generales imponían al monarca.img_MonarquiaAbsoluta

Desde la Baja Edad Media fue frecuente que a la Corte formada por nobles y clérigos que aconsejaban al rey, se uniesen los representantes de las ciudades (burgueses). Estos tres grupos constituían las Cortes o Parlamentos. Su papel era muy limitado y no se deben confundir con los Parlamentos modernos. Cada estamento deliberaba separadamente y votaba como grupo ante las propuestas del monarca. Sólo tenían ciertas atribuciones en materia fiscal; suplían al monarca en situaciones excepcionales y ratificaban a los nuevos reyes. Pero aún así, los monarcas absolutos intentaron marginar a los Parlamentos que podían obstaculizar el ejercicio del poder absoluto, y sólo recurrían a convocarlos en situaciones externas, para pedir aumento de impuestos o ayudas económicas.

 

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