Historias de la Historia

Anécdotas y Curiosidades del pasado

¿EL LLAMADO “PENACHO DE MOCTEZUMA” PERTENECE A AUSTRIA O A MÉXICO?

Publicado por El hijo del Ahuizote en 7th febrero 2020

 

Esta pieza que se encuentra en el Museo Etnológico de Viena, Austria, formada por plumas de aves y adornos de oro, ha creado una situación especial entre México y Austria. Deseo expresar mi posición ante el tema, en virtud de que nuestro país ha iniciado una serie de trámites tendientes al préstamo, por parte de Austria, de la pieza en cuestión. Los términos del préstamo harían que el penacho viniera a México y después regresara a Viena. Sobre el particular manifiesto lo siguiente: la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, vigente desde 1972, en el capítulo III que trata “De los monumentos arqueológicos, artísticos e históricos”, señala lo siguiente:

Penacho de Moctezuma, actualmente en Austria

Penacho de Moctezuma, actualmente en Austria

Artículo 27. Son propiedad de la Nación, inalienables e imprescriptibles, los monumentos arqueológicos muebles e inmuebles.

Artículo 28. Son monumentos arqueológicos los bienes muebles e inmuebles, producto de culturas anteriores al establecimiento de la hispánica en el territorio nacional, así como los restos humanos, de la flora y de la fauna, relacionados con estas culturas.

Con base en estos artículos no cabe duda que el penacho es de propiedad nacional. Por lo tanto, no importa si fue un regalo de Moctezuma a Cortés en 1519 o si se trata de una pieza robada, vendida o que saliera del país por cualquier otro medio. Lo importante es que al salir al extranjero no pierde su carácter de ser propiedad de la nación, como lo indica la ley vigente.

Actualmente el INAH y la Secretaría de Relaciones Exteriores han promovido una serie de acciones tendientes a que Austria “preste” a México en forma temporal el “penacho de Moctezuma” para regresárselo posteriormente. Se ha presentado a la Cámara de Senadores un documento en el que, según notas en
la prensa, no se contempla la propiedad del bien, sino únicamente
la ida y vuelta del mismo, entre
otras cosas. Lo anterior, de ser aceptado por el Parlamento austriaco y llevarse a cabo la acción de “préstamo”, crearía un precedente negativo, ya que los países que han estado solicitando el regreso de sus bienes arqueológicos extraídos de su territorio se verían expuestos a que los museos europeos y norteamericanos, principales poseedores de esos bienes, ya por la acción colonialista, especialmente durante el siglo XIX, ya por saqueos ilícitos en tiempos más recientes, vean la salida fácil de “prestar” a esos países temporalmente sus bienes con la condición de que sean regresados. México sería el país que abrió esa puerta que en última instancia reconoce implícitamente la propiedad de esos museos sobre los bienes en cuestión. Cabe agregar que la UNESCO ha apoyado la posición de los países que pugnan por que sus bienes arqueológicos sean restituidos a los mismos.

En México tenemos precedentes de bienes arqueológicos que han sido regresados al país. Recordemos que uno de los primeros casos ocurrió, paradójicamente, cuando Maximiliano de Habsburgo llega a México y regresa una pieza prehispánica (un chimalli o escudo) como acto de buena fe. Según me informa el Dr. Aurelio de los Reyes, en el House, Hof und Staatsarchive de Viena, bajo el apartado de “Max von Mexiko”, existe una carta fechada alrededor de 1865 en la que el archiduque Francisco José autoriza la devolución de varios objetos, y entre ellos se encuentra una carta de Cortés y el penacho en cuestión, lo que nunca ocurre en el caso de este último. Ya en el siglo XX tenemos varios actos del mismo tipo: en 1982 un individuo roba de la Biblioteca Nacional de Francia el códice Tonalámatl de Aubin, motivo por el cual surge una tensa situación entre ambos países y México sostiene que el documento es parte del patrimonio mexicano. De otro carácter es la entrega que hace el papa Juan Pablo II del Códice de la Cruz-Badiano, que si bien se trata de un documento de herbolaria colonial depositado en la Biblioteca Apostólica Vaticana, vuelve a su lugar de origen por un acto de buena fe. En los años noventa y más recientemente, se han presentado diversos casos de los que sería interesante conocer el contenido de los acuerdos que hicieron posible el retorno de esos materiales al país.

Finalmente, cabe agregar que los monumentos arqueológicos son parte fundamental de nuestra historia. Por medio de ellos conocemos lo que fueron las sociedades que nos antecedieron en el proceso de desarrollo de lo que hoy es México, de ahí que se les considere como propiedad de la Nación, carácter que no pierden por ser “inalienables e imprescriptibles”, como bien lo señala la ley.

 

 

Eduardo Matos Moctezuma. Maestro en ciencias antropológicas, especializado en arqueología. Fue director del Museo del Templo Mayor, INAH. Miembro de El Colegio Nacional. Profesor emérito del INAH.

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LA MASACRE DE CHINOS EN TORREÓN

Publicado por El hijo del Ahuizote en 28th enero 2020

 

 

 

RACISMO Y XENOFOBIA EN EL MÉXICO DE 1911

Pedro Salmerón

 

Torreón se convirtió en el Porfiriato en una de las ciudades más prósperas del país, en buena parte gracias a la llegada del ferrocarril. Los chinos tenían varios negocios en el norte de México y el sur de Estados Unidos, desde bancos hasta lavanderías. Su presencia era notable e incluso incomodaba a algunos locales que consideraban que eran un obstáculo para su progreso.

FOTOGRAFÍA ANÓNIMA, CHINOS ASESINADOS EN TORREÓN, MAYO/1911. BIBLIOTECA DEGOLYER, UNIVERSIDAD METODISTA DEL SUR, EUA

FOTOGRAFÍA ANÓNIMA, CHINOS ASESINADOS EN TORREÓN, MAYO/1911. BIBLIOTECA DEGOLYER, UNIVERSIDAD METODISTA DEL SUR, EUA

 

 

La Comarca Lagunera de Coahuila y Durango fue un escaparate de la modernización porfirista: ninguna región del país creció a ritmos tan acelerados durante la dictadura, ninguna tampoco mostró de manera tan evidente los desequilibrios del modelo modernizador, y a la vez, en muy pocas (de hecho, solo el occidente de Chihuahua) respondieron con tal entusiasmo al llamado a las armas hecho en 1910 por Francisco I. Madero, quien, no en vano, se formó como empresario y político, y escribió La sucesión presidencial, en esa región.

Torreón, ciudad de migrantes surgida prácticamente de la nada con la llegada del ferrocarril, atrajo no solo a mexicanos procedentes de estados como Zacatecas o Guanajuato, también una relativamente importante población extranjera. Entre esas colonias destacaba la china, una de las más numerosas y prósperas del país. Los chinos constituían quizá el cuatro por ciento de la ciudad lagunera y eran visibles por su vestimenta, su religión y por ser una minoría con éxito en los negocios restauranteros, tiendas, planchadurías y hortalizas.

Esa colonia, aislada y casi totalmente masculina, se involucraba lo menos posible en la política mexicana y, de una u otra manera, era víctima de discriminación xenofóbica: el país vivió fuertes y recurrentes campañas antichinas entre 1905 y 1931, por lo menos. Pero ninguna de las comunidades chinas sufrió lo que la de Torreón. Porque no obstante su aislamiento, los hombres más prominentes de dicha comunidad en esa ciudad hicieron público su respaldo al gobierno de Porfirio Díaz durante la rebelión maderista y algunas de sus acciones dieron pretexto o justificación a quienes perpetraron el crimen del 15 de mayo de 1911.

 

El jefe revolucionario Benjamín Argumedo, uno de los que encabezaron la toma de Torreón en mayo de 1911, fue llevado a juicio por la matanza de chinos, aunque al final fue exculpado.

El jefe revolucionario Benjamín Argumedo, uno de los que encabezaron la toma de Torreón en mayo de 1911, fue llevado a juicio por la matanza de chinos, aunque al final fue exculpado.

 

 

REVOLUCIÓN EN LA LAGUNA

A principios de mayo de 1911, los rebeldes maderistas de La Laguna: peones de campo, rancheros, mineros, empleados urbanos, obreros, artesanos, habían tomado todas las poblaciones de la región y pusieron cerco a las tres ciudades vecinas que constituían la segunda concentración urbana e industrial del norte del país: Torreón, Lerdo y Gómez Palacio.

Desde el oriente llegaron unos 2,000 jinetes mandados por Benjamín Argumedo y Enrique Adame Macías, que habían tomado y defendido Parras y Matamoros en cruentos combates; de las montañas de Mapimí bajó Jesús Agustín Castro con 1,200 soldados; de la zona de Tlahualilo llegó Orestes Pereyra con un nutrido contingente. Un par de semanas antes había llegado a la región Emilio Madero González, hermano de don Pancho, con el nombramiento de jefe de la revolución en Coahuila y Durango. Castro, Pereyra y Sixto Ugalde –otro de los líderes– reconocieron rápidamente su autoridad. Había que aceptar un mando único y acabar pronto con la revuelta porque se acercaba una fecha fatal para los laguneros: si no empezaba a prepararse la siembra, se perdería la cosecha de algodón.

El 4 de mayo Gómez Palacio cayó en manos de los rebeldes: los federales evacuaron la plaza para concentrarse en Torreón, que quedó sitiada el día 12. Luego de tres días de recios combates, los defensores, menos de mil, evacuaron la plaza silenciosamente en la madrugada del 15 de mayo. Emilio Madero, Jesús Agustín Castro, Orestes Pereyra, Sixto Ugalde y Gregorio García habían pasado la noche en Gómez Palacio; acampados frente a Torreón, con sus hombres, solo estaban algunos jefes secundarios.

 

FOTOGRAFÍA DE CHARLES B. WHITE, ENTRONQUE FERROVIARIO EN TORREÓN, CA. 1910. BIBLIOTECA DEGOLYER, UNIVERSIDAD METODISTA DEL SUR, EUA

FOTOGRAFÍA DE CHARLES B. WHITE, ENTRONQUE FERROVIARIO EN TORREÓN, CA. 1910. BIBLIOTECA DEGOLYER, UNIVERSIDAD METODISTA DEL SUR, EUA

 

LA MATANZA

Tan pronto como los rebeldes notaron la ausencia de los federales, algunos grupos empezaron a entrar a la plaza y, unidos a los habitantes más pobres de Torreón, notoriamente bebidos unos y otros, saquearon los principales comercios y perpetraron una terrible matanza de chinos. El único jefe de cierta significación que estuvo presente fue Benjamín Argumedo, a quien después quiso usarse como chivo expiatorio, pero que terminó exonerado por los jueces de la causa. Aunque tarde para los chinos, Orestes Pereyra y Emilio Madero lograron poner fin a los desmanes.

La más detallada narración de la matanza de chinos, escrita por Juan Puig, resulta extremadamente confusa, porque confusa es la realidad que relata. Los que no son confusos son el horror y la xenofobia: “Al tiempo que saqueaban, buscaban a los chinos y los mataban a tiros en sus escondites –y a algunos también, según parece, a machetazos: entre los cadáveres llegó a verse muchos mutilados– o los sacaban a la calle a empellones para abatirlos allí […] Los cadáveres de los tenderos y empleados chinos eran arrastrados afuera o arrojados por encima de las bardas, y se les dejaba tendidos en la calle. Un testigo de la matanza declaró haber visto incluso cómo unos niños pequeños, mexicanos, venían a patear en la cabeza dos de esos cadáveres”.

Al llegar los desordenados rebeldes al centro de la ciudad, la matanza se volvió ordenada: “Con la orden de matar a los chinos y con el pueblo que clamaba por ello, los soldados de Argumedo irrumpieron en el edificio Wah Yick. Ninguno de sus ocupantes quedó con vida. El crimen se perpetró en las mismas habitaciones donde se habían querido refugiar. Los cadáveres, veinticuatro cadáveres, quedaron amontonados en la calle y la gente corrió a descalzarlos; hubo jinetes de la fuerza revolucionaria que lazaron algunos de ellos –entre los que no faltaban mutilados– por los pies, y se los llevaron arrastrando al galope a muchas cuadras de ahí […] A través de una de las ventanas del edificio, alguien arrojó a la calle una cabeza humana: la cabeza de un chino”. También “vejaron horriblemente” a las que quizá eran las dos únicas mujeres de una inmigración de varones.

Otras escenas, tan dantescas como estas, ocurrieron en diversos puntos de la ciudad. En lugar de abundar vale la pena insertar un contraste: en la mayor lavandería china de la ciudad fueron asesinados a tiros el gerente Wong Nong Jum y cuatro de sus dependientes, pero otros lavanderos y planchadores, así como otros chinos que se habían refugiado ahí, saltaron la barda que dividía ese negocio de la fábrica de muebles La Vizcaína, cuyo dueño, don José Cadena, y un mozo mexicano llamado Clemente escondieron a los chinos, con riesgo de perder su propia vida, durante catorce horas y media. Otros vecinos de Torreón también se opusieron al crimen colectivo, como el ranchero Francisco Almaraz, “un señor Escobar, dependiente del licenciado Joaquín Garza Farías” y “un vecino de mi quinta”, declaró el doctor Lim, que salvó la vida.

 

 

FOTOGRAFÍA ANÓNIMA, CARRETA CON CUERPOS DE CHINOS, MAYO/1911. FONDO HAROLD H. MILLER, ARCHIVO MUNICIPAL DE TORREÓN

 

VÍCTIMAS Y CULPABLES

Cuando Emilio Madero logró restablecer el orden y deslindar responsabilidades (lo que se hizo solo por encima y de cara a la galería), contó 249 chinos asesinados. Tres meses después, la legación china en México presentó los nombres de 303 víctimas.

Juan Puig comenta que estos terribles hechos resultaron de trasladar y concentrar los agravios de los sectores más humildes de La Laguna en un sector fácilmente identificable y muy vulnerable. Concluye certeramente: “A los chinos de Torreón los mató el pueblo. El pueblo menesteroso: ese fue su verdugo, lo mismo si cayeron bajo las balas de los guerrilleros maderistas que bajo los machetes y cuchillos de obreros y campesinos de La Laguna”. Los asesinos fueron los humildes, los olvidados. Sus iras se volcaron contra los chinos, tan distintos de ellos en apariencia, pero tan iguales a la mayoría que trabajaban doce o catorce horas diarias para apenas vivir.

En 1912 la colonia china de Torreón era un recuerdo: los sobrevivientes habían huido. No quedaba Banco Chino, ni Club Chino, ni lavanderías, almacenes o restaurantes chinos. La gente interrogada por el juez Antonio Ramos Pedrueza señaló a los culpables. Los jefes subalternos, a quienes tan fácilmente se podía acusar, como Benjamín Argumedo y Sabino Flores, culparon a su vez al pueblo de Torreón. Como dice Juan Puig: “Nadie castigó a unos ni a otros: fue una Fuenteovejuna que mató al igual y perdonó al tirano”.

FOTOGRAFÍA DE ANÓNIMA, MADERISTAS, 1911. © (INV. 373823) SECRETARÍADE CULTURA.INAH.SINAFO.FN.MX

FOTOGRAFÍA DE ANÓNIMA, MADERISTAS, 1911. © (INV. 373823) SECRETARÍADE CULTURA.INAH.SINAFO.FN.MX

 

 

 

RACISMO QUE PERSISTE

Este genocidio, porque sin importar su dimensión o el número de muertos fue un genocidio (de acuerdo con la definición de la Real Academia Española: “Exterminio o eliminación sistemática de un grupo humano por motivo de raza, etnia, religión, política o nacionalidad”), ha sido usado para descalificar la revolución popular. Algunos lo personalizan y culpan a Francisco Villa, que en ese momento estaba a 835 kilómetros de ahí y aún no tenía mando ni presencia en La Laguna.

Sin embargo, esta “Fuenteovejuna” es el momento simbólico y culminante de una enfermedad nacional de la época, una enfermedad que persiste: el racismo. Un racismo y una xenofobia comunes a muchos mexicanos de aquel tiempo, incluidos personajes como Pancho Villa y Plutarco Elías Calles. No encuentro mayor testimonio de la generalización de ese racismo, que su presencia en el Manifiesto del Partido Liberal Mexicano del 1º de julio de 1906, en el que se presenta el magonismo como corriente ideológica y política autónoma. Dice ahí, a la letra:

“La prohibición de la inmigración china es, ante todo, una medida de protección a los trabajadores de otras nacionalidades, principalmente a los mexicanos. El chino, dispuesto por lo general a trabajar por el más bajo salario, sumiso, mezquino en aspiraciones, es un gran obstáculo para la prosperidad de otros trabajadores. Su competencia es funesta y hay que evitarla en México. En general, la inmigración china no produce a México el menor beneficio.

FOTOGRAFÍA ANÓNIMA, CHINOS PROPIETARIOS DE LAVANDERÍA, 1911. BIBLIOTECA DEGOLYER, UNIVERSIDAD METODISTA DEL SUR, EUA

FOTOGRAFÍA ANÓNIMA, CHINOS PROPIETARIOS DE LAVANDERÍA, 1911. BIBLIOTECA DEGOLYER, UNIVERSIDAD METODISTA DEL SUR, EUA

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Maquizcohuatl, la serpiente de turquesa

Publicado por El hijo del Ahuizote en 11th enero 2020


Las serpientes de dos cabezas, una donde suele estar, la segunda en la cola, no existieron únicamente en Europa. Existen multitud de indicios que prueban que hace muchos siglos habitaron en distintos puntos del planeta. La variedad más famosa de todas ellas, la anfisbena, fue vista en Europa: su figura desconcertante inspiró diversos relatos e interpretaciones. En el continente que hoy llamamos América, la serpiente bicéfala vivió amparada por climas semitropicales. El muy grande emperador Moctezuma tuvo en su zoológico personal un magnífico ejemplar de esta víbora. Solía impresionar a cortesanos y los visitantes, a quienes les mostraba, orgulloso, sus tesoros. Una hermosa escultura de ese reptil es conservada en el British Museum. Permanece en la sala destinada a la cultura azteca y es considerada una de las obras maestras del célebre recinto.
Según la ficha, la pieza, cubierta por pequeñas placas de turquesa, data de 1500 luego de Cristo. Era parte del complejo y poco estudiado rito religioso destinado a Quetzalcóatl. Su origen, precisa el catálogo, es azteca/mixteca. No hay más información, la obra prehispánica se defiende sólo con su notable belleza y aparece tanto en el inventario como en un disco compacto, en cuya portada luce espléndido el extraño reptante.
Está prácticamente intacta: bien conservada; sus cuatro inquietos y luminosos ojos miran la eternidad. Existen múltiples máscaras, vasijas, esculturas y collares de varias culturas prehispánicas en diversos países del mundo. El museo británico de Londres, conserva la escultura de una serpiente de dos cabezas, que ha llegado a convertirse en el emblema del museo, figura muy representativa de los mexicanos. Siendo este un símbolo fundacional: La serpiente, como esta de dos cabezas en turquesa, era un animal mítico para los aztecas. Junto con el mito fundacional de Tenochtitlán, el águila sobre un nopal, el carácter simbólico del reptil resistió los siglos de colonización y pasó a integrar el escudo nacio
nal de México. Sin lugar a dudas una excelsa pieza que muestra la conjunción de tranquilidad y concepción estética de un artesano mixteco que laboro en la corte de Moctezuma II.

 

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HALLAZGO DE UNA LÁPIDA DEL SIGLO XVI EN LA CATEDRAL DE MÉXICO

Publicado por El hijo del Ahuizote en 7th enero 2020

El gobierno de la ciudad de México, a través del Fideicomiso del Centro Histórico, realiza trabajos desde el pasado 22 de febrero para la colocación de luminarias en los costados sur y este de la Catedral Metropolitana.

Fuera del atrio y frente a la fachada principal de la catedral, la empresa Taller de Restauración, S.A de C.V., lleva a cabo la excavación de ocho pozos de 1.60 m por lado y 1.20 m de profundidad, así como algunas zanjas para la colocación de cableado eléctrico.

 

Estos trabajos se hacen a solicitud que hizo el Fideicomiso del Centro Histórico de la Ciudad de México a la Dirección de Salvamento Arqueológico del INAH, petición que fue canalizada al Programa de Arqueología Urbana del Museo del Templo Mayor, por quedar dentro de su ámbito de estudio.

Así, durante los trabajos de rescate arqueológico se han identificado diversos restos arquitectónicos correspondientes a la iglesia mayor, también conocida como primera catedral, construida por encargo del conquistador Hernán Cortés hacia 1524. Además del hallazgo de los restos de una cimentación de piedra unida con argamasa de cal y arena, con una orientación de oriente a poniente –que puede tener relación con el muro almenado construido hacia la segunda mitad del siglo XVII y que servía de límite del atrio de la actual Catedral Metropolitana frente a su fachada principal–, también se recuperaron dos entierros del periodo virreinal, excavados por la P.A. Mariel de Lourdes Mera Cázares en el pozo 2, ubicado a la altura de la esquina exterior suroeste del atrio de la Catedral Metropolitana.

El hallazgo de mayor relevancia ocurrió en el pozo identificado con el núm. 3, donde se localizó –a una profundidad de 1.25 m desde la superficie del nivel de piso actual– una impresionante lápida de toba volcánica comúnmente conocida como piedra chiluca, de color verde, de 1.87 m de longitud, 90 cm de ancho y cerca de 30 cm de espesor, con una orientación de oriente a poniente.

La lápida, localizada el 15 de marzo pasado, presenta en sus márgenes superiores (en sus cuatro lados) un epitafio en castellano antiguo que, hasta donde ha sido posible descifrar dice: “Aquí yace el canónigo Miguel de Palomares, canónigo que + fue de los primeros en esta santa iglesia”. Después se ve el signo alfa, la frase “Natalicio año de…” (fecha en griego), y cierra la leyenda el símbolo omega. El grabado de la lápida está acompañado por un escudo al centro, que enmarca tres flores de lis, similar al que usaba el prelado promotor Alonso de Burgos, obispo de Cuenca (1482-1485). El avance de la lectura es preliminar. Nos encontramos en la etapa de trabajo de campo y proseguiremos con la investigación de gabinete y en su oportunidad acudiremos a especialistas en distintas disciplinas, a quienes solicitaremos su colaboración para profundizar en la vida del canónigo Miguel de Palomares.

 

 

Cabe señalar que la lápida se encontró fragmentada en dos partes. Esto seguramente fue provocado por un orificio de aproximadamente 20 cm de diámetro, que debió haber sido realizado algunos años después para introducir un poste de madera, posiblemente de una cruz. El orificio atravesó también la huella del primer peldaño de toba volcánica (chiluca) de lo que al parecer eran unos escalones tal vez de un altar con vista hacia el poniente.

Dada la importancia del personaje, los posibles restos óseos y la lápida debieron encontrarse en el interior de la nave de la antigua catedral, la cual fue destruida hacia 1552 por órdenes del rey Felipe II de España. Después fue reconstruida de manera provisional y finalmente fue demolida hacia 1626. Durante la excavación nos percatamos que para la colocación de la lápida se hizo una fosa rompiendo un piso del periodo virreinal temprano, que presenta un núcleo de adobes. Después sigue un firme de argamasa al parecer de una superficie de una plataforma mexica, por lo que consideramos que esta antigua catedral fue construida aprovechando como cimiento el límite sur del recinto sagrado de Tenochtitlan.

En días recientes, los dos fragmentos que integran la lápida fueron trasladados al Museo del Templo Mayor, donde la restauradora Diana Medellín y su equipo de colaboradores han iniciado su limpieza y conservación.

Por ahora continuamos con los trabajos de excavación sistemática, con el apoyo de la maestra Ximena Chávez Balderas, con el propósito de identificar los restos óseos del canónigo Miguel de Palomares. Éste ocupó una canonjía en el primer cabildo eclesiástico de la incipiente Diócesis de México, entre 1536 y 1542, fecha en la que ocurre su deceso. Fue el primero de dicho cuerpo capitular en morir en la iglesia mayor o primitiva catedral de México. Al parecer, nuestro personaje arribó a la Nueva España proveniente de la región de Cuenca, y se sabe que estuvo en Veracruz y que oficiaba misa en ese curato hacia 1530. En 1532 se trasladó a la ciudad de México con la instrucción del emperador Carlos I e Isabel de Portugal para que se le nombrase canónigo de la iglesia catedral de México.

De encontrarse los restos de Miguel de Palomares, se tendrá una oportunidad única para la arqueología mexicana de profundizar en la historia de su vida, desde su nacimiento hasta su muerte. De esa manera, con el apoyo de especialistas de la UNAM y de otras instituciones de México y del extranjero, aunado a la investigación que desarrollaremos en archivos históricos, se realizarán a los restos óseos estudios de paleodieta, de isótopos de estroncio para conocer la migración del personaje, aspectos de genética poblacional, además de conocer la edad, la estatura, enfermedades y actividades ocupacionales que desempeñó a lo largo de su vida, primero en Europa y finalmente en la Nueva España.

 

 

Raúl Barrera Rodríguez, José María García Guerrero

Noticia aparecida en Arqueología Mexicana núm. 140 pp. 8-10

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Palacio de Cristal: Londres

Publicado por El hijo del Ahuizote en 29th diciembre 2019

El famoso Palacio de Cristal fue la atracción estelar de la gran Exhibición Internacional de Londres en 1851. Estaba hecho de 92 900 metros cuadrados de  cristal, 33 000 columnas, y 2 300 tirantes, todo prefabricado, y casi todo intercambiable. Contenía 100 000 piezas de exhibición y fue visitado por 6 000 000 de personas durante el año. El edificio fue mudado en 1854 a Sydenham.

 

Fue dañado por el fuego en 1936, y en 1941 fue ordenada su demolición porque podía servir como guía visible en tierra para los bombarderos nazis.

 


Palacio de Cristal Londres

                                                             Palacio de Cristal Londres









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¿Cómo se despertaban los ingleses antes de que tuvieran reloj?

Publicado por El hijo del Ahuizote en 6th diciembre 2019

Un método original pero eficaz para no llegar tarde al trabajo

Imagen de un golpeador o Knocker-up ejerciendo su trabajo

¿Qué haríamos ahora sin ningún aparato que nos permitiera medir el tiempo? Seguro que la vida sería un caos, pero gracias a los avances tecnológicos contamos con un sinfín de dispositivos que nos hacen la vida más fácil como son: los relojessmartphonespulseras de actividad, etc. Éstos nos ayudan a contabilizar los minutos que nos quedan antes de llegar al trabajo e incluso nos comunican mediante alarmas, vibraciones, etc. que la hora se acerca.

 

Pero, ¿qué hacían los ingleses e irlandeses cuando querían llegar a tiempo al trabajo? A raíz de la Revolución Industrial apareció la figura del golpeador o ‘knocker-up’. Su trabajo consistía en despertar a la gente que solicitaba sus servicios a cambio de una paga semanal. Los golpeadores se encargaban de despertar a sus clientes golpeando en la ventana de sus dormitorios con un palo o una vara larga ya que la gente todavía no se fiaba de los relojes que se comercializaban por aquellos entonces ni tampoco eran demasiado asequibles.

Los golpeadores tenían un ciclo de sueño diferente al del resto de las personas, ellos vivían de noche y dormían de día para asegurar que los trabajadores llegaran a tiempo a sus puestos de trabajo.

Los golpeadores no sólo golpeaban las ventanas de sus clientes con un palo para despertarlos si no que esperaban en la puerta de sus viviendas hasta que éstos estuvieran completamente despiertos para asegurarse de que no se volvieran a quedar dormidos.

La herramienta más usada por los golpeadores era el palo o la vara larga pero también, había otros, que se decantaron por el uso del tirachinas o de una cerbatana cargada con guisantes.

Esta curiosa profesión fue extendiéndose por todo el país pero sobre todo en las ciudades industriales donde vivía la gente con menos recursos y con turnos complicados.

Finalmente, el papel de los golpeadores desapareció en los años 20, cuando los relojes se hicieron más precisos y económicos. No obstante, esta tradición perduró en otras zonas de la ciudad londinense donde los trabajadores seguían con turnos irregulares y complejos.

¿Te imaginas que no existiera un aparato que midiera el tiempo?, ¿Cómo lo harías?

Autora| Rosa Mª Huertas Franco

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Hipatia de Alejandría

Publicado por El hijo del Ahuizote en 27th octubre 2019

Introducción a Hipatia de Alejandría

Hipatia de Alejandría es una de las científicas, filósofas y astrónomas más famosas de la Antigüedad, y sus conocimientos y logros todavía hoy nos fascinan. Para ubicarla tenemos que viajar a la ciudad de Alejandría, fundada por Alejandro Magno, en la provincia romana de Egipto durante el siglo IV. Aunque Alejandría era un lugar donde convivían personas de distintos orígenes y religiones, fue famosa sobretodo por albergar dos de las maravillas del mundo antiguo, su faro y su biblioteca, siendo Hipatia una de las últimas personas que trabajó en ésta última. Durante los siglos IV y V, Alejandría sufrió una crisis social, política y económica, lo que condujo al choque entre individuos de distintas creencias por el poder en la ciudad. Esta decadencia del mundo antiguo marcó la vida de nuestra protagonista.

                                                                                             Detalle de La escuela de Atenas de Rafael Sanzio en el que se puede ver un retrato imaginario de Hipatia de Alejandría
                                                 Detalle de La escuela de Atenas de Rafael Sanzio en el que se puede ver un retrato imaginario de Hipatia de Alejandría

Biografía de Hipatia de Alejandría

La vida de Hipatia de Alejandría está documentada en distintas fuentes: las cartas de Sinesio de Cirene, obras posteriores como la de Sócrates el EscolásticoDasmacioJuan de Nikiu, o enciclopedias como la Suda. No sabemos la fecha exacta de nacimiento de Hipatia de Alejandría. Según algunas fuentes nació en torno al año 370, aunque otros autores la sitúan en el 355.

Su padre fue Teón de Alejandría, un famoso filósofo, matemático y astrónomo que trabajaba en la Biblioteca del Serapeum, la sucesora de la gran biblioteca de Alejandría. Fue él quien instruyó a su hija, enseñándole filosofía, oratoria, teología, etc. Esto es algo muy llamativo para el momento debido a que el destino de la mujer era ser esposa y madre. Es posible que además tuviera al menos un hermano, pero no lo sabemos con seguridad porque sobre ella o su círculo más privado apenas hay referencias claras.

                                                                   Reconstrucción de la Gran Biblioteca de Alejandría
                                                                  Reconstrucción de la Gran Biblioteca de Alejandría (Fuente: Ancient Vine)

Algunos autores apuntan a posibles viajes de Hipatia de Alejandría por Grecia e Italia, pero realmente no hay noticias fiables que confirmen que alguna vez dejara Alejandría. Si hay un aspecto sobre el que se ha discutido es el relativo a su estado civil, ya que hay fuentes que nos dicen que era casta, mientras que otras, posiblemente buscando el descrédito de la científica, decían que estaba casada y era adúltera. No obstante, son varios los autores que apuntan a esa castidad, siguiendo los preceptos platónicos que ella enseñaba del control de uno mismo. Así, en distintos episodios de su vida se da ejemplo de que anteponía la sabiduría a la belleza, como cuando respondió a un alumno enamorado lanzándole un paño con su sangre menstrual.

Logros de Hipatia de Alejandría

Conocemos bastante bien los aportes y logros de Hipatia de Alejandría. Para empezar sabemos que enseñó filosofía, matemáticas o mecánica. Posiblemente también ostentó la cátedra municipal de filosofía, ya que Hipatia fue una de las personas que lideraban la escuela Platónica en Alejandría y tenía autoridad para divulgar la doctrina de Platón. Pertenecía a la rama del neoplatonismo, por lo que recibió las influencias de Plotino. Esta corriente filosófica se unía con la ciencia en la astronomía, ya que esta disciplina podía servir para ayudar a desentrañar algunas de las preguntas filosóficas más importantes. Además de dedicarse a la enseñanza publicó varios libros que servían para enriquecer los conocimientos de sus estudiante, aunque de ellos sólo nos han llegado algunas referencias.

                                                                                                   Hipatia de Alejandría, obra del pintor inglés Charles William Mitchell hecha a finales del siglo XIX
                                                                             Hypatia, obra del pintor inglés Charles William Mitchell hecha a finales del siglo XIX

Por el contrario, sí se conoce bastante bien su labor como comentarista, realizada a veces junto a su padre. Destacan, por ejemplo, algunos comentarios contenidos en las once partes de La Aritmética de Diofanto, a través de los que impulsaba nuevos problemas y soluciones. Aunque también destaca su aporte a la obra sobre geometría Las Cónicas de Apolonio, el más relevante es el que proporcionó en la Syntaxis Mathematica de Ptolomeo, que fue el libro más importante sobre matemáticas y astronomía hasta la llegada de Nicolas Copérnico (siglo XV). Vemos por tanto como muchos de aquellos comentarios enriquecían enormemente los originales mejorándolos, perfeccionándolos y actualizandolos.

A toda esta producción escrita hay que añadir que Hipatia de Alejandría, como experta en mecánica y tecnología, diseñó algunos instrumentos: un astrolabio, un hidrómetro, un aerómetro y un instrumento llamado “hydroskópion”, entre otros. Siempre se movió en círculos de intelectuales y a su domicilio llegaban estudiosos de distintas ramas, transformando su hogar en un centro de tertulias sobre los más diversos saberes.

 

La muerte de Hipatia de Alejandría

La muerte de Hipatia de Alejandría está bien recogida por distintas fuentes, principalmente Sócrates el Escolástico, Dasmacio y Juan de Nikiu, aunque también encontramos que otros autores como Filostorgio Juan Malalas se hicieron eco de esta noticia. En aquel momento de crisis y luchas de poder, una parte de los cristianos más fanatizados veían a los paganos como sus enemigos y asociaban el conocimiento científico griego al mal. Con la ascensión de Cirilo como Patriarca de Alejandría en el año 412, el sector más radical del cristianismo comenzó a hacerse con el control de la ciudad, luchando contra las herejías cristianas y el resto de las religiones.

                                                                         Grabado del siglo XIX en el que se representa la muerte de Hipatia de Alejandría
                                                                    Grabado del siglo XIX en el que se representa   la muerte de Hipatia de Alejandría (Fuente: National Geographic)

En este contexto, la actitud neutral de Hipatia respecto a todas las religiones, que según algunas fuentes fuera pagana, o que según otras hubiera pertenecido a las herejías cristianas arriana o nestoriana, provocaron que estuviera en el punto de mira de los cristianos más fanatizados.

A lo anterior hay que añadir la influencia de Hipatia sobre el prefecto romano Orestes, representante del poder político que chocaba con el patriarca Cirilo en la pugna por el liderazgo de la ciudad. Por ello, se cree que los partidarios del patriarca iniciaron una campaña de desprestigio contra Hipatia acusándola de brujería y de usar la magia negra contra Orestes. Por su parte, el gramático Hesiquio apunta a que el origen de la envidia y malas relaciones entre Cirilo e Hipatia se debía a los celos del primero respecto a los conocimientos de la científica.

En cualquier caso, el clima de la ciudad comenzaba a ser propicio para el trágico final de Hipatia, cuya terrible muerte conocemos a través de las fuentes anteriormente citadas. En la Pascua del año 415, un grupo de fanáticos cristianos conocidos como los parabalanos, usados por Cirilo para imponer su voluntad por la fuerza, encontraron a Hipatia. Acto seguido la desnudaron, golpearon y arrastraron por la ciudad hasta un lugar conocido como el Cesareo, donde la torturaron, la descuartizaron y quemaron sus restos.

                                                                                  Estatua de Cirilo de Alejandría, autor intelectual de la muerte de Hipatia de Alejandría, en Portugal
                                                                                       Estatua de Cirilo de Alejandría en Portugal

Tras la muerte de Hipatia de Alejandría no sabemos nada de Orestes y tampoco conocemos si hubo alguna actuación por parte de las autoridades imperiales. Lo que sí sabemos es que es muy posible que la muerte de Hipatia se debiera más a un conflicto de intereses políticos que a un conflicto religioso. Éste vendría determinado por el apoyo de Hipatia a Orestes, que pretendía crear una alianza entre judíos, paganos y cristianos que se opusieran a las formas de Cirilo.

Hipatia de Alejandría ha llegado a nosotros convertida en mito, tanto por sus conocimientos, sus logros y su excepcionalidad como una de las pocas mujeres científicas del mundo antiguo, como por su trágica muerte. Este último aspecto ha hecho que sean muchos los autores que la hayan convertido en una mártir de la lucha contra el fanatismo religioso, de la fe contra la ciencia. Sin embargo, tal y como hemos visto, la muerte de Hipatia pudo deberse a múltiples causas. De cualquier modo, lo que sí podemos afirmar es que Hipatia de Alejandría es una de las figuras históricas de la Antigüedad cuya existencia y méritos nos hacen recordarla y valorarla en la actualidad.

Bibliografía

GRANT, H. (2009): «Who’s Hypatia? Whose Hypatia do you mean?», en Math Horizon, vol. 16, nº 4, pp. 11-15.

MARTINEZ MAZA, C. (2009): «Hipatia: ciencia y filosofía en la Alejandría tardoantigua», en Uciencia: revista de divulgación científica de la Universidad de Málaga, nº 2, pp. 26-29.

MARTINEZ MAZA, C. (2009): Hipatia. La estremecedora historia de la última gran filósofa de la Antigüedad y la fascinante ciudad de Alejandría. Madrid: La esfera de los libros.

MAYOR FERRÁNDIZ, M. T. (2013): «Hipatia de Alejandría. El ocaso del paganismo», en Revista de Calseshistoria, nº 12, pp. 1-33.

Artículo escrito por Laura Wagner Tinoco, graduada en Historia.

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