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Seres y objetos que sobrevivieron a la bomba de Hiroshima

Publicado por El hijo del Ahuizote en 12th agosto 2018

Hiroshima
                                                                                                       La ciudad quedó completamente destruida.

El 6 de agosto de 1945, la mayor parte de la ciudad de Hiroshima se extinguió.

Estados Unidos lanzaba una bomba atómica para obligar a Japón a rendirse. En el camino, más de 140.000 vidas humanas se perdieron. Hiroshima y luego Nagasaki quedaron prácticamente destruidas.

Sin embargo hubo algunos testigos que sobrevivieron para contar en silencio una parte imborrable de la historia. A 70 años de la bomba atómica, les presentamos tres de ellos.

 

1. El bonsái Yamaki

Bonsai

Tiene 400 años y miles de historias que contar. Sin duda la más importante es cómo sobrevivió a una bomba nuclear.

Este Bonsai, originario de la isla de Miyajima, que se cree fue plantado en 1625, para 1945 se encontraba en la villa de la familia Yamaki, a unos tres kilómetros del epicentro de la bomba.

Milagrosamente, este pino blanco enano, con forma de hongo, salvó ileso, al igual que la familia que lo albergaba.

Hoy, sin embargo, no se encuentra en Japón, sino en EE.UU.

El árbol es parte de la colección del Museo Bonsái y Penjing en Washington DC, luego de que el maestro bonsái Masaru Yamaki lo donara al pueblo estadounidense como parte de las celebraciones del bicentenario de EE.UU.

2. Un tranvía llamado Hiroshima

Tranvía

Algún día, fue el vagón 653. Pero luego de que el desastre nuclear golpeara la ciudad, se convirtió en uno de los tres tranvías que sobrevivieron.

Hoy ha sido completamente restaurado y es uno de los testimonios vivientes de aquella época.

Pintado de azul y gris, sus colores originales, su interior mostrará videos de testimonios de los sobrevivientes, a 70 años del lanzamiento de la bomba.

 

3. Los árboles superpoderosos

A-tree
                                                                                          La conservación de los Hibakujumoku es una tarea prioritaria para los locales.

Si usted visita Hiroshima y a su paso se encuentra con un árbol con un delicado cartel amarillo marcado como “A-tree”, está frente a un monumento vivo.

Los A-trees o Hibakujumoku, en el idioma local, son árboles que sobrevivieron al 6 de agosto de 1945. No sólo sobrevivieron, sino que además volvieron a florecer y hoy son parte importante de la identidad local.

A-tree
                                                                                                                  Muchos de ellos están en medio de las casas.

Emplazados en parques, jardines o incluso en medio de casas, su conservación es una de las prioridades de la ciudad.

Hoy existen varios proyectos de conservación. Uno de ellos, bajo el alero del Instituto de Investigación y Desarrollo de la ONU, disemina sus semillas alrededor del mundo, como una manera de esparcir su legado y recordar lo que vivieron estos árboles ancestrales.

Entre los sobrevivientes hay especies tan diversas como sauces llorones, gingkos e incluso higueras.

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Boca Ratón, la ciudad de Estados Unidos que desarrolló un arma secreta clave para derrotar a los nazis en la Segunda Guerra Mundial

Publicado por El hijo del Ahuizote en 2nd agosto 2018

El teniente Manuel J. Chávez dividía su tiempo entre bañarse en el mar transparente de Boca Ratón y pilotar aviones con un arma secreta que ayudó a derrotar a los nazis en la Segunda Guerra Mundial.

Era 1942 cuando Chávez llegó, junto a otros cientos de miles de miembros del ejército estadounidense, a la húmeda ciudad del estado de Florida, donde solo había algo más de 700 residentes y dos semáforos.
El gobierno de Estados Unidos había escogido ese aislado lugar en la costa sureste para instalar una base aérea militar cuya operación era secreta. Ni siquiera podía aparecer en el mapa.
Las tropas estacionadas allí no tenían permitido pronunciar la palabra “radar” fuera de la base ni tomar apuntes en las clases técnicas obligatorias.
Décadas después se sabría que la instalación tuvo un papel clave en la destrucción de submarinos alemanes que asediaban y atacaban las costas británicas y estadounidenses.

Mientras estuvo en plena operación, sin embargo, los habitantes de Boca Ratón se acostumbraron al misterio y adaptaron sus oídos al estruendo de los aviones militares despegando y aterrizando constantemente.

También se habituaron a ver los dos únicos bares de la población repletos de jóvenes soldados disfrutando de una cerveza o de una hamburguesa.
“Todos los de la base estaban formados para vivir en el secreto”, le dice a BBC Mundo Sally Ling, miembro de la Sociedad Histórica y Museo de Boca Ratón.
Ling publicó en 2005 un libro sobre el tema, tras haber pasado año y medio investigando sobre las actividades de la base aérea. Incluso entrevistó a algunos de los militares que ahí trabajaron, como el veterano Manuel “Manny” Chávez.
La cronista describe cómo la pequeña localidad cambió drásticamente y en tiempo récord: entre junio y octubre de 1942, unos 35.000 obreros levantaron 800 edificios, entre los que había hangares, hospitales y residencias.
Pero para comprender qué hizo único a este aeródromo, hay que retroceder dos años para recordar una cena muy especial.
Un potente radar microondas
En un club privado de Washington DC se reunieron científicos británicos y estadounidenses.
Los primeros traían consigo uno de sus “secretos técnicos más preciados y altamente resguardados”, según cuentan en el archivo en línea del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés).
Se trataba del magnetrón, un radar de 10 centímetros que generaba una potente energía de microondas sin requerir de una red nacional de postes que midieran 15 metros.
Los británicos querían instalar el magnetrón en las narices de los aviones con el objetivo de que detectasen la ubicación precisa de los navíos de los alemanes sin que estos tuviesen forma de advertirlo.
Pero no tenían la capacidad de hacerlo solos, en medio de un ambiente de hostiles enfrentamientos con los nazis, quienes bombardeaban Londres y habían estacionado sus submarinos frente a las islas británicas.
Justamente los submarinos se convirtieron en el problema de Inglaterra, que, pese a haber avanzado en la tecnología de radares, no tenía suficiente desarrollo técnico para enfrentarlos. “Los radares no podían detectarlos.
Los alemanes estaban hundiendo los barcos mercantes que llegaban desde Estados Unidos a las costas de Inglaterra”, señaló el académico emérito del MIT, Charles Counselman III, en el documental “Boca Raton: The Secret Weapon That Won World War II” (Boca Ratón: el arma secreta que ganó la Segunda Guerra Mundial), transmitido esta semana en la televisión pública de Florida.
El “Comité Microondas” de científicos estadounidenses que se reunió con los británicos decidió que era necesario abrir un laboratorio para desarrollar una tecnología de radares con el magnetrón como pieza central.
Con el apoyo del gobierno estadounidense, instalaron en el otoño de 1940 un laboratorio secreto en la sede del MIT en Cambridge, que recibió el nombre en clave de “Radiation Laboratory” (Laboratorio de Radiación).
Durante los siguientes cinco años, “el Laboratorio de Radiación hizo contribuciones sobresalientes a la tecnología de radares de microondas”, dice el archivo del MIT.
Años cruciales, pues en diciembre de 1941 Estados Unidos entró a la Segunda Guerra Mundial tras el ataque de Japón a la base naval de Pearl Harbor en el territorio estadounidense de Hawái.
“Fue una verdadera carrera desarrollar ese sistema de radares, porque querían asegurarse de que los alemanes no se les adelantaran”, dijo a BBC Mundo la investigadora de la base aérea de Boca Ratón, Sally Ling.
En marzo de 1941, el laboratorio probó el primer sistema de radar de microondas dentro de un avión.
Pero a medida que avanzaban los meses y se acercaba el invierno, las condiciones del clima hacían más difícil realizar pruebas desde la escuela de entrenamiento de radares que tenía el ejército en Scott Field, Illinois, según contó Ling.
Fue en ese momento que el alcalde de Boca Ratón, J.C. Mitchell, vio una maravillosa oportunidad ante sus ojos.

Bienvenidos a Boca Ratón 

El alcalde convenció a los funcionarios de la fuerza aérea estadounidense de hacer una visita a Boca Ratón.
En la pequeña localidad había un aeropuerto construido en 1930, un exclusivo club para turistas que viajaban en verano desde el norte y plantaciones de vainas.
La cercanía con el océano y el aislamiento del lugar fueron características que gustaron al ejército para establecer el aeródromo, dijo Ling.
El 17 de mayo de 1942, el diario The Miami Herald reportó que familias habían sido ordenadas a desalojar de inmediato todo el territorio al oeste de la vía férrea de Boca Ratón “para poder establecer una estación de entrenamiento técnico de las Fuerzas Aéreas de Palm Beach”.
“El juez John W. Holland firmó una orden otorgando al gobierno federal la inmediata posesión de casi 2.500 hectáreas de terreno”, decía el informe.
El Herald también reseñó que el gobierno federal no hizo ninguna oferta para comprar las tierras a sus dueños originales.
La instalación de Boca Ratón se convirtió en la única en todo Estados Unidos que probaba radares aerotransportados del ejército durante los años de la guerra.
El veterano Manuel “Manny” Chávez detalló en el documental sobre la base aérea que en su grupo había “entre 25 a 30 pilotos con la misión de entrenarnos en el uso de los radares”.
 “La escuela de radares empezaba a las 4 de la mañana hasta al mediodía, y del mediodía hasta la tarde”, dijo Chávez, quien falleció recientemente.
Los esfuerzos de Chávez y sus compañeros de tropas rápidamente resultaron en derribos de submarinos nazis, detalló Ling.
“En noviembre de 1942, los submarinos U-boot alemanes destrozaron 117 embarcaciones de los aliados. Menos de un año después, en septiembre y octubre de 1943, solo 9 barcos de los aliados fueron hundidos y un total de 25 submarinos alemanes fueron destrozados por aviones equipados con radares”, dijo el investigador Robert Buderi en su libro “The Invention that Changed the World” (“El invento que cambió el mundo”, 1996).
Después del suicidio de Adolfo Hitler el 30 de abril de 1945 vino la rendición del Tercer Reich y el 8 de mayo se celebró el Día de la Victoria, que marcó el fin de la guerra.
Tres meses después, Japón se rindió ante los aliados luego de casi seis años de enfrentamientos.
El aeródromo de Boca Ratón continuó funcionando como una instalación militar hasta septiembre de 1947.
Vía | BBC

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La historia de la Licuadora

Publicado por El hijo del Ahuizote en 18th julio 2018

La licuadora, que al principio se conoció como «aparato vibrador», fue inventada por S.J. Poplawski, ciudadano norteamericano del estado de Wisconsin, aunque nacido en Polonia. Su invento obedecía a la obsesión personal de este personaje, que desde su infancia había estado absorbido por hallar el medio más rápido para hacerse su bebida favorita, el batido de leche malteada. Tras siete años de experimentos frustrados, Poplawski consiguió su propósito. Era el año 1922, y había dado con la máquina capaz de elaborar rápidamente sus batidos. La patentó con el poco comercial nombre de «aparato mezclador con agitador montado en el fondo de una taza».

La máquina no estaba pensada, por su inventor, para licuar frutas ni verduras. La ciudad de Racine, donde Poplawski residía, era la sede principal del estado de Wisconsin para la fabricación de malta en polvo. Así, la máquina del ingenioso polaco se vendió fácilmente entre los muchos adictos que el producto tenía, que podían ahora elaborar sus batidos de forma rápida.
La licuadora se vendía también como mezclador en las expendedurías de bebidas no alcohólicas, que exhibían el nuevo invento en sus mostradores. Por aquella época imperaba, además, la famosa Ley seca, en los Estados Unidos, por lo que los batidos, y alguna bebida más, era lo único que podía venderse en público, o consumirse en bares y restaurantes, de manera legal.
Un día de agosto de 1936, el director de la orquesta The Pennsylvanians, el músico Fred Waring, observó con curiosidad una demostración que un amigo le hacía de la licuadora de Poplawski, y pensó en lo útil que sería aquella máquina para prepararse sus daiquiris, bebida favorita del músico. Entusiasmado ante el aparato, hizo la siguiente observación a su amigo: «No dejes de tener en cuenta que este aparatito podría llegar a ser imprescindible en todos los bares de América…». Aquella observación resultó profética.

Licuadora de Poplawski

           Licuadora de Poplawski

Con el respaldo económico de Fred Waring, se procedió a introducir innovaciones en el diseño de aquella licuadora, y en septiembre de aquel mismo año,1936, fue presentada la nueva máquina en el National Restaurant Show de la Feria del Mueble de la ciudad de Chicago. A la máquina, de aquella manera rediseñada, se le llamó con el apellido del músico: Waring blender; se presentaba como la forma más rápida de preparar bebidas heladas. El éxito fue instantáneo. El público se volcó con la licuadora tras las demostraciones que del aparato hizo una compañía distribuidora de ron. Las palabras proféticas del músico se cumplían, y la licuadora aparecía en todos los bares de Norteamérica poco después. Con ella no sólo se mezclaban bebidas, sino batidos de leche malteada. El pequeño aparato empezaba a ser imprescindible.
En 1950 se intentó vender la licuadora como medio eficaz de elaborar salsas, purés e incluso masa para pasteles. No tuvo éxito. Fue entonces cuando el ingenioso y avispado Fred Waring, apóstol de la licuadora, tomó cartas en el asunto, demostrando personalmente cuán útil era su artilugio para hacer mayonesas y salsas holandesas.

La licuadora de Waring

                                          La licuadora de Waring

En 1955 se introdujo una serie de dispositivos adicionales, como la picadora de hielo; y en 1957, el cabezal para moler café. Se dotó al aparato de un mando que controlaba el tiempo, y las ventas se dispararon. Y también se multiplicaron las firmas y marcas, surgiendo gran variedad de máquinas licuadoras y mezcladoras, dado el éxito del artilugio. La compañía Oster lanzó una campaña publicitaria mostrando la manera de preparar comidas enteras con su aparato. Los grandes almacenes dispusieron espacios exclusivos para este tipo de máquinas, y para la demostración de su uso y ventajas, que funcionaban a modo de «escuelas para la introducción del uso de nuevas técnicas aplicadas a la cocina». Se enviaba por correo a las amas de casa folletos explicativos y recetarios. Así, a finales de la década de los 1950, el auge de la licuadora dio lugar a lo que se llamó «la guerra de los botones».

Mientras la primera licuadora sólo tenía dos velocidades, la de la casa Oster tenía cuatro. La competencia, no queriendo quedarse atrás, añadió hasta ocho botones en 1965. La marca Waring, en 1966, dejó el número de botones en nueve, lo que dos años después era rebasado por una nueva generación de licuadoras que tenían nada menos que quince botones en su cuadro de mandos. El frenesí competitivo, la lucha de los botones, se disparó. Las ventas subieron, en medio de estas batallas. Del cuarto de millón de licuadoras y mezcladoras que se vendieron en Norteamérica en 1948, se pasó en 1970 a la increíble cantidad de ciento veintinueve millones de unidades vendidas, bajando los precios a un tercio del que inicialmente tuvieron. Los fabricantes de la ciudad de Racine, en Wisconsin, estaban asombrados ante la acogida de su pequeño electrodoméstico.

Un fabricante, ante el triunfo de la mezcladora-licuadora, exclamó: We are all mixed up…, se habían vuelto todos locos.

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Egipto: el misterioso sarcófago hallado en Alejandría, la ciudad fundada por Alejandro Magno

Publicado por El hijo del Ahuizote en 17th julio 2018

Sarcófago de granito en la ciudad de Alejandría.
                                                                                              Las dimensiones del sarcófago impresionaron a los especialistas.

 

Los especialistas quedaron sorprendidos.

Un grupo de arqueólogos egipcios descubrieron este mes un misterioso sarcófago negro de 2.000 años de antigüedad en la ciudad costera de Alejandría, en el norte de Egipto.

Según las autoridades egipcias, es el sarcófago más grande encontrado en la ciudad: es de granito negro, tiene casi 2 metros de altura y pesa más de 30 toneladas.

“Tiene 265 centímetros de largo, 185 centímetros de alto y 165 centímetros de ancho”, detalló el Ministerio de Antigüedades egipcio en su cuenta oficial de Facebook.

Se cree que el sarcófago pertenece al período Ptolemaico (300-200 a.C.), que arrancó con la muerte de Alejandro Magno, quien fundó la ciudad.

Intriga

El descubrimiento se produjo durante una inspección del terreno previa a la construcción de unas obras en el lugar e intrigó a los expertos por dos aspectos: las dimensiones de la tumba y, sobre todo, el buen estado en el que se encontró.

“Hay una capa de mortero entre la tapa y el cuerpo del sarcófago, indicando que no fue abierto desde que fue sellado en la antigüedad”, señaló Ayman Ashmawy, director del Departamento de Antigüedades de la época antigua, en el anuncio del ministerio en Facebook.

El pesado sarcófago fue encontrado a 5 metros de profundidad.
                                                                                                  El pesado sarcófago fue encontrado a 5 metros de profundidad

 

Se trata de una situación inusual, pues es común que a lo largo de los siglos los sarcófagos del Antiguo Egipto hayan sido saqueados o dañados.

Junto a la tumba, se halló una cabeza de hombre esculpida en alabastro, que podría retratar al dueño de la misma, según las autoridades.

 

 

¿Alejandro Magno?

“El hallazgo ha generado especulación sobre la posibilidad de que sea la tumba perdida de Alejandro Magno, el rey de Macedonia que conquistó gran parte del mundo antiguo”, destaca Richard Hamilton, editor de la región de África del servicio mundial de la BBC.

“Si se trata de la tumba de Alejandro Magno, sería uno de los mayores descubrimientos arqueológicos de todos los tiempos”, añade.

Escultura encontrada en Alejandría.T
                                                                 La pieza encontrada junto al sarcófago posiblemente es la del dueño del mismo, según las autoridades. 

No obstante, el editor explica que las autoridades están tratando de rebajar la emoción al señalar que es más posible que sea la tumba de un noble de Alejandría.

Ahora, el hallazgo está bajo vigilancia mientras los expertos se preparan para descubrir qué es lo que hay exactamente dentro del sarcófago.

Abrirlo por primera vez es un trabajo delicado y por ello posiblemente se hará en el mismo lugar donde se encontró.

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Especialistas del INAH descubren restos de un templo al interior de la pirámide de Teopanzolco, en Morelos

Publicado por El hijo del Ahuizote en 11th julio 2018

Hallazgo
El hallazgo se suscitó tras el sismo del pasado 19 de septiembre, que provocó una inclinación y un hundimiento al centro de la estrura principal del sitio. Foto: Melitón Tapia, INAH.

 

*** El hallazgo se suscitó tras el sismo del pasado 19 de septiembre, que provocó una inclinación y un hundimiento al centro de la edificación piramidal

 

*** Al intervenirla se encontraron muros recubiertos de estuco, una banqueta y restos de una pilastra, elementos de una subestructura posiblemente del periodo Posclásico Medio (1150- 1200 d.C.)

La fuerza de la naturaleza que recientemente generó devastación en diversas entidades de la nación, también ha develado secretos que la historia aún tiene guardados. Ejemplo de ello es el hallazgo de una subestructura localizada por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en el interior de la pirámide de la Zona Arqueológica de Teopanzolco, en Cuernavaca, Morelos, y que posiblemente corresponde a la ocupación más antigua del sitio.

 

En conferencia de prensa, Isabel Campos Goenaga, directora del Centro INAH Morelos, destacó que durante los trabajos de consolidación y restauración de la estructura principal de Teopanzolco —que fue de las más afectadas por el sismo del 19 de septiembre de 2017—, encaminados a reforzar su núcleo, al hacer las calas y pozos de sondeo para llegar al centro y ver las condiciones en las que se encontraba, se descubrió tal vestigio.

 

“A pesar de lo que significó el sismo, hay que agradecer que por este fenómeno natural apareció esta importante estructura que cambia la datación del sitio arqueológico”.

 

Afirmó que Teopanzolco, además de ser considerado uno de los sitios más importantes de los tlahuicas en la región, este hallazgo lo ubica dentro de las primeras etapas de lo que posteriormente sería el periodo mexica.

 

En esta labor, encabezada por la arqueóloga Bárbara Konieczna, del Centro INAH Morelos, con la colaboración de su colega Georgia Yris Bravo López, se descubrieron los muros de un posible templo con una banqueta y restos de una pilastra estucada que sostenía un techo; al parecer, se trata de los vestigios de la primera etapa constructiva de la pirámide de Teopanzolco, cuya antigüedad podría corresponder al periodo Posclásico Medio (1150-1200 d.C.), de acuerdo con las características de su sistema constructivo.

 

“Ese hallazgo cambia la cronología de Teopanzolco, ya que primero fue construido el basamento descubierto y después, a imagen de ese tipo de construcción, se edificó el Templo Mayor en Tenochtitlan. No es que los mexicas hayan aportado ese estilo arquitectónico a esta región, al contrario, las construcciones tlahuicas los inspiraron para construir el Templo Mayor”, aseguró Bárbara Konieczna.

 

Tras el embate de la naturaleza, entre las diversas afectaciones que presentó este sitio patrimonial, cuya cronología principal se ubica en el Posclásico Tardío (1200 a 1521 d.C.), la pirámide sufrió un considerable reacomodo del núcleo de su estructura. El daño más grave se situó en la parte superior, donde se ubican los templos de Tláloc y Huitzilopochtli; ahí, el piso entre ambos adoratorios se hundió e inclinó, lo que puso en peligro su estabilidad.

 

Para verificar los daños en el núcleo de la edificación y realizar los trabajos para su recuperación, se abrieron dos pozos de sondeo, uno en el interior del templo de Tláloc y otro en el pasillo que separa los oratorios. Previamente, se realizaron estudios con un georradar del Laboratorio de Geofísica de la Coordinación Nacional de Arqueología del INAH, encabezado por el doctor José Ortega.

 

Luego de los análisis hechos a la estructura piramidal y en la plataforma de Ehécatl, ubicada en el lado noroeste de la plaza y la cual también resultó dañada, se decidió intervenir el monumento arqueológico.

 

Bárbara Konieczna, responsable de la zona arqueológica, explicó que debido a la humedad acumulada en décadas y a la fuerza del movimiento sísmico, el núcleo de la construcción estaba en muy mal estado de conservación: la tierra se deslavó dejando grandes oquedades entre las piedras, lo que causó su inestabilidad y los daños mencionados.

 

Por su parte, la arqueóloga Georgia Bravo López detalló que aproximadamente a dos metros debajo del nivel del piso que actualmente tiene la parte superior de la pirámide, se localizaron los vestigios de la subestructura, cuyo patrón arquitectónico es muy similar al del templo actual: muros de doble fachada hechos de piedras alargadas, bien cortadas y lajas, recubiertas de estuco al exterior y una banqueta que no es continua.

 

En el pozo ubicado entre los templos se encontró una pilastra recubierta con estuco que presenta una base inclinada, semejante a las que sostenían los techos de los templos exteriores.

 

Sobre este último elemento arquitectónico, la arqueóloga Bárbara Konieczna refirió que los techos pudieron ser de material perecedero, ya que no se ha encontrado ninguna evidencia de la posible cubierta de mampostería, a diferencia de la techumbre de los templos dobles del Templo Mayor, en la Ciudad de México.

 

Debido a la humedad, el estuco de los muros está casi pulverizado, pero se lograron rescatar algunos fragmentos que serán intervenidos. Los pisos estucados del templo están sobre un firme de nivelación hecho de tezontle molido; bajo una parte de éstos se descubrió una delgada capa de carbón.

 

Konieczna manifestó que el posible adoratorio hallado pudo estar dedicado a Tláloc —al igual que el ubicado sobre éste—, cuyo tamaño aproximado sería de seis metros de largo por cuatro de ancho, con la escalinata de acceso del lado oeste. “Posiblemente, del lado derecho estén los restos de otro templo dedicado a Huitzilopochtli”.

 

El acceso al templo es el mismo que conduce a la parte superior de la estructura conocida: la escalinata que se aprecia actualmente sólo fue ampliada cuando se construyeron los nuevos templos de Tláloc y Huitzilopochtli; el frente de ambos adoratorios, el recién descubierto y el expuesto, está orientado hacia el oeste.

 

La arqueóloga mencionó que también se hallaron restos cerámicos y de un incensario con motivos tlahuicas, además de importante cantidad de carbón que podría ser tanto de la actividad ritual que hubo en el templo, como de la posible destrucción del mismo para dar paso a la siguiente etapa constructiva, o tratarse de restos de algún desastre acontecido en el lugar.

 

Georgia Bravo López dijo que hasta el momento no hay evidencias de alguna ofrenda, sólo se han encontrado materiales arqueológicos fragmentados como el incensario, que estaba a 15 centímetros debajo del nivel actual del piso; las piezas serán analizadas por carbono 14 para determinar a qué periodo pertenecen.

 

“No había noticias, hasta ahora, de la existencia de una subestructura al interior de la estructura piramidal. Lo que encontramos podría corresponder al templo más antiguo de Teopanzolco, pero faltan más estudios para ver si está asociado a una fase temprana del periodo Posclásico Medio (1150- 1200 d.C.), lo que lo haría contemporáneo con la primera etapa constructiva de la pirámide de Tenayuca, en Estado de México, que es la primera con escalinata doble de acceso a la parte superior donde se ubican los dos templos”, finalizó la arqueóloga.

 

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La lámpara que salvó a miles de mineros

Publicado por El hijo del Ahuizote en 1st julio 2018

El químico Humphry Davy ideó«lámpara de seguridad» para que los mineros pudieran trabajar sin riesgo de que la llama

provocara una explosión del temido gris

 

 

finales del siglo XVIII, cuando la Revolución Industrial había ya arrancado en Inglaterra, la minería de carbón era una industria masiva en la que trabajaban decenas de miles de personas. Los salarios y las condiciones de trabajo eran pésimos, pero aún más grave era el riesgo que corrían los mineros de morir por una explosión de grisú. Con una concentración de entre un 5 y un 15 por ciento de grisú en el aire, basta una chispa o una llama para que este gas se incendie y se produzca una explosión capaz de extenderse por túneles y pozos en cuestión de segundos.

 

En 1815, la Sociedad para la Prevención de Accidentes en las Minas de Sunderland, en el noreste de Inglaterra, encargó al químico Humphry Davy que buscase la forma de evitar nuevas catástrofes. Davy se dio cuenta enseguida de que el problema no era simplemente de ventilación, como algunos pretendían. El mayor peligro eran las velas o lámparas de aceite que utilizaban los mineros y que hacían explotar el grisú. Como la iluminación artificial era imprescindible para el trabajo en la mina, había que diseñar una «lámpara de seguridad» que pudiera utilizarse sin riesgo de provocar una catástrofe.

 

Uno de los primeros modelos diseñados por Davy, Royal Institution Londres

Uno de los primeros modelos diseñados por Davy,                   Royal Institution Londres

Davy, uno de los grandes pioneros de la química moderna en esos años, empezó por analizar las propiedades del grisú. Mediante numerosos experimentos que realizó en un laboratorio en Londres averiguó que el grisú era metano y que prendía sólo cuando se encontraba en una determinada concentración respecto al aire. También descubrió que las explosiones únicamente se producían cuando el gas alcanzaba una temperatura crítica muy elevada; por debajo de esas temperaturas el gas ardía, pero no explotaba.

 

Ensayos de laboratorio

Davy comprendió entonces que había que crear una especie de cápsula que mantuviera la temperatura de la lámpara por debajo del nivel crítico. Probó primero con contenedores de cristal, pero éstos estallaban. Finalmente lo consiguió con un tubo estrecho de metal, el cual enfriaba la llama de metano e impedía que ésta se incendiase.

UMPHRY DAVY. MEDALLA DE LA ROYAL SOCIETY CON LA IMAGEN DEL QUíMICO

HUMPHRY DAVY. MEDALLA DE LA ROYAL SOCIETY CON LA IMAGEN  DEL QUíMICO

Davy y sus colaboradores hicieron varios prototipos de lámparas de metal, pero no eran totalmente seguros. Lejos de desfallecer, a finales de 1815 Davy tuvo una idea genial: en vez de un tubo de metal colocó en torno a la llama una malla metálica. Cuando el metano la atravesaba, prendía y ardía, dando a la llama un típico tono  azulado,pero los agujeros de la malla eran demasiado pequeños para que la llama se propagara al exterior. La lámpara de Davy servía además para advertir de la presencia de grisú porque la llama se volvía más intensa y de color azul; si se dejaba en el suelo y se apagaba, era señal de que la concentración de dióxido de carbono estaba volviéndose peligrosa.

El ingenioso aparato de Davy fue mejorado en décadas posteriores, con telas metálicas mucho más densas o incorporando un dispositivo de encendido interno que evitaba tener que abrirla para prender la llama.Sin embargo,no era perfecta.La malla reducía la luz en dos tercios y un golpe de aire o un excesivo calentamiento podían desencadenar el desastre. Las explosiones en las que nadie sobrevivía siguieron produciéndose, entre otras cosas porque la misma lámpara indujo a adentrarse en minas que anteriormente se consideraban demasiado peligrosas.El riesgo sólo empezó a controlarse a mediados del siglo XX, con la introducción de lámparas eléctricas, sistemas de ventilación eficientes y detectores de grisú más fiables que el tradicional canario en una jaula

 

 

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El misterio Stuka: cuando los nazis bombardearon Castellón

Publicado por El hijo del Ahuizote en 30th junio 2018

                                                                       

Cayeron 36 bombas en mayo de 1938. Los vecinos culparon a la Guerra Civil. Pero no: era un ensayo de la Luftwaffe de Hitler para la II Guerra Mundial.

Aquella mañana Pepe fue al barbero, un forastero catalán que había llegado a Vilar de Canes con la navaja y las tacillas buscando algo de paz en plena guerra. Pepe amarró las cabras, se cortó el pelo y se afeitó, y por primera vez le empaparon las mejillas en colonia como si fuera un galán de Hollywood.

Casi a la misma hora pero un día antes Ángel cogía el camino de Vilafranca que le llevaba de su casa en Benassal al campo donde faenaban sus padres. Tenía 15 años cuando oyó aquel ruido y miró hacia el cielo con sus ojos azules como el océano.

Casi a la misma hora pero un día después Milagros se escapaba corriendo a casa para comerse una loncha del jamón que su familia secaba en la buhardilla. «Voy a casa y vuelvo», le dijo a su padre.

Cuando se oyó aquel ruido por primera vez el barbero le suplicó a Pepe que le acompañara al refugio, pero los galanes de Hollywood no se afeitan y se empapan las mejillas en colonia para esconderse en una cueva mugrienta. La primera bomba cayó justo cuando Milagros entraba en casa. «Nos han matado a la chica», adivinó su padre. Milagros tenía 18 años. El cadáver de Pepe lo encontraron acurrucado bajo el hueco de la escalera, sepultado por los escombros. Ángel ya había echado a correr camino arriba.

Hoy tiene 93 años y presume de ser el más viejo de Benassal, un pueblo con no mucho más de 1.000 habitantes en la comarca del Alto Maestrazgo de Castellón. Aún tiene los ojos azules como el océano pero viste de negro de la boina a los pies desde que su consuegro mató de un escopetazo a su hija hace la tira de años, cuando las cosas en los pueblos pasaban porque sí y nadie se preguntaba demasiado los motivos. Como aquella mañana de las bombas.

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