Historias de la Historia

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El gran complot nazi de falsificación

Publicado por El hijo del Ahuizote en febrero 7th 2016

DÍAS DESPUÉS de la rendición de los ejércitos de Adolfo Hitler, un oficial del Servicio de Contraespionaje norteamericano en Austria llamó muy agitado a mi oficina del Cuartel General del Comando Supremo Aliado en Francfort. Informaba que un capitán alemán había hecho entrega de un camión cargado de millones de billetes ingleses. Agregaba que grandes cantidades de billetes aparecían flotando en el Río Enns y que todos los vecinos y las tropas aliadas los estaban pescando.

Alarmado y confuso me trasladé inmediatamente al lugar donde habían capturado al capitán con su camión. Me encontré con 23 grandes cajas del tamaño de ataúdes, llenas de atados de billetes del Banco de Inglaterra. Un rápido inventario de aquel tesoro, hecho con ayuda de nítidos manifiestos pegados en el interior de cada caja, arrojó nada menos que un total de 21 millones de libras esterlinas.

Me resultaba imposible determinar, aun con auxilio de un poderoso lente de aumento, si los billetes eran falsos o auténticos. Llamé a mis colegas ingleses a Francfort, y poco después recibí una llamada telefónica directa del Banco de Inglaterra. Cuando hice la descripción del hallazgo, percibí que quien estaba en el otro extremo del hilo casi perdió el aliento. Poco después llegó de Londres un representante del Banco: un gentleman alto, anguloso y reservado, de nombre Reeves.

Lo llevamos al cuarto donde, fuertemente custodiado, teníamos depositado el tesoro, y él comenzó a examinarlo caja por caja, palpando y manoseando los billetes. Al fin se detuvo, y por unos segundos maldijo lenta y deliberadamente, con su culta voz británica, pero con vehemencia.

—Perdón —dijo al fin—, pero los autores de esta diablura nos han hecho tanto daño…

Desde ese instante Reeves, tres detectives de Scotland Yard y yo trabajamos juntos en la tarea de rastrear y unir la historia completa y fantástica de la Operación Bernhard, la burla más grande que un gobierno le haya hecho jamás a otro.

Para comenzar se me informó que en 1943 una alarmante cantidad de billetes ingleses falsificados se había abierto camino a Londres a través de Zurich, Lisboa, Estocolmo y otras zonas neutrales. Empezaron a llegar en lotes de 100.000 libras esterlinas o más, y la calidad de la falsificación mejoraba siempre. Pronto se hizo evidente para los expertos del Banco que los monederos falsos eran artífices de gran pericia, y que los billetes los ponían en circulación una pandilla muy bien organizada.

Un espía alemán fue arrestado luego en Edimburgo. Lo habían llevado cerca de la costa de Escocia en un hidroavión y había ganado la costa en un bote de caucho. Portaba una maleta atestada de billetes, que eran la más fina falsificación que el Banco de Inglaterra hubiese visto jamás.

El Banco comprendió entonces que el autor de la fechoría era el propio gobierno alemán, y que el crédito mismo de la Gran Bretaña podía correr grave riesgo. Durante muchos años los Bancos del mundo entero han usado los billetes del Banco de Inglaterra casi como oro; y en Europa y Asia gentes miedosas solían atesorarlos para los tiempos malos. Ahora estaban en circulación fuera de Inglaterra centenas de millares de libras en billetes falsificados. Si surgían dudas respecto a la autenticidad de esos billetes, en plena guerra, las consecuencias podían ser sumamente graves, no sólo para Inglaterra sino también para la causa aliada. El Banco tuvo que rendirse, finalmente, ante lo inevitable.

El mundo financiero internacional sufrió una sacudida cuando el Banco anunció que retiraba de la circulación sus billetes de todas las denominaciones y que los cambiaría por billetes de cinco libras de un nuevo diseño. Transcurrido determinado plazo, los antiguos billetes dejarían de tener curso legal.

Ante un Parlamento perfecto, el ministro de Hacienda explicó con cautela que una de las razones que justificaban la medida era la existencia de una extensa falsificación. No dio más detalles, y la prensa británica respetó la consigna de no indagar más.

El hecho es que durante tres años los nazis habían impreso un número incalculable de billetes ingleses falsos que estaban desbaratando fortunas, complicando y enmarañando Bancos e industrias y sangrando a la Tesorería británica millones de libras.

Con estos antecedentes e informaciones iniciamos la cacería de los hombres y de la maquinaria que dirigían y componían la gran empresa de falsificación.

Encontrar la maquinaria no resultó, por suerte, difícil. El capitán que había entregado las cajas de billetes nos dijo que las había recibido de un oficial de las tropas de asalto cuyo camión había sufrido un accidente cerca de la población de Redi Zipf. Había recibido instrucciones de volcarlas en un lago cercano. El capitán no sabía más. Fuimos a Redi Zipf y descubrimos una de las muchas redes subterráneas de corredores de almacenaje y talleres qué formaban parte de la colmena del reducto alpino donde los nazis se proponían hacer la última resistencia. Allí, en la Galería 16 —un túnel de 60 metros que arranca de un gran pozo horadado en el flanco de una montaña— encontramos prensas para imprimir billetes, y otras máquinas. Pero nada de clisés, ni papel, ni archivos.

—Lo único que tenemos que hacer ahora, amigo mío —dijo Reeves— es encontrar a los chicos que hacían funcionar esto.

Investigaciones hechas en Redi Zipf nos revelaron que los hombres que habían trabajado en la fábrica subterránea habían sido conducidos al campo de exterminio de Ebensee, distante 65 kilómetros, pocos días antes de la rendición de Alemania. Nos trasladamos rápidamente a Ebensee. Pero ios falsificadores ya no estaban en el lugar. El comandante del campo, sabedor de que las tropas norteamericanas se hallaban próximas, simuló acatar la orden de matar en las cámaras de gas a los 140 hombres, pero no la cumplió. Cuando el campo fue ocupado los monederos falsos sencillamente salieron de allí y tomaron cada uno por su lado.

Afortunadamente los archivos del campo habían sido conservados y llevados con precisión típicamente alemana, aun durante los últimos días de la trágica derrota del Reich. Los nombres y los lugares de nacimiento de los que componían aquella extraña banda estaban allí registrados. Iniciamos una intensa pesquisa que duró varios meses y nos llevó a los más remotos rincones del antiguo imperio nazi.

Uno por uno, más de 40 de los más importantes falsificadores fueron cayendo en nuestras manos. Poco a poco fuimos verificando y uniendo el conjunto de sus declaraciones, que algunas veces resultaban casi increíbles. Y de pronto, la gran revelación. Por varios de nuestros testigos supimos que un checo de nombre Oscar Skala, prisionero político de los nazis, había sido el jefe contador de la operación. Con ayuda de la policía checoslovaca lo encontramos vendiendo cerveza pacíficamente en una pequeña población cerca de Pilsen. Skala se mostró inclinado a cooperar decididamente. Hombre metódico, había llevado en una libreta la diaria descripción del trabajo de los falsificadores. El trozo final de la historia fantástica de la Operación Bernhard encajaba ahora perfectamente en el hueco vacío del rompecabezas.

A comienzos de la guerra el führer de las tropas de asalto, Heinrich Himmler, había creado en su cuartel general secreto la Oficina 6-F-4, un organismo que se proponía desquiciar la economía de la Gran Bretaña mediante la falsificación en grande escala de sus billetes de banco. El proyecto comenzó en realidad a cristalizar cuando se designó director ejecutivo al comandante Bernhard Krüger en 1942.

Krüger era un joven nazi muy listo que veía en los problemas que retardaban el cabal desarrollo de la 6-F-4 algo así como un resto fascinante. Uno de esos problemas consistía en la dificultad de reclutar el personal que tuviese la pericia y la especialización requeridas para una gran fábrica de falsificación, ya que los peritos del Reischsbank y de la Imprenta Oficial del Reichprobos y viejos funcionarios del servicio civil de Prusia en su mayoría, se rebelaron ante la idea de imprimir billetes de otro país, aun en tiempo de guerra. Krüger tenía una solución: por razones de origen racial se hallaban en los campos de concentración algunos de los mejores técnicos impresores de Alemania; la tarea podría encomendárseles a esos hombres, que al mismo tiempo garantizaban la reserva necesaria.

Bernhard Krüger reunió a esos técnicos, les prometió un trato de excepción para el resto de sus días y los hizo trasladar al campo de concentración de Sachsenhausen en Oranienburgo, cerca de Berlín. Allí, en un compartimiento aislado conocido con el nombre de Bloque 19, rodeado de alambre de púas con carga eléctrica y guardias escogidos de la conocida Brigada de las Calaveras, que juraban absoluto secreto, la Operación Bernhard entró en plena actividad.

Se instaló una maquinaria que era la última palabra en la materia. Con cuidado meticuloso se prepararon las planchas. Un fabricante de prensas interrumpió la producción de guerra para suministrar la maquinaria de precisión requerida. Una famosa empresa manufacturera de papel logró, después de muchas pruebas, reproducir el papel fino y ligero del Banco de Inglaterra, con sus complicadas marcas de agua.

Bernhard Krüger

Bernhard Krüger

La oficina 6-F-4 envió atados del producto Bernhard a los representantes de la Gestapo en las embajadas y consulados de Alemania en Turquía, España, Suiza y Suecia con instrucciones de pasarlo en los Bancos locales. Casi todos los billetes fueron aceptados sin dificultad. Himmler rebosaba de júbilo.

Ahora bien, al salir de las prensas, los billetes eran meticulosamente inspeccionados y clasificados. Los mejores, la primera clase, eran destinados por la 6-F-4 a compras en países neutrales y al fondo de operaciones de los espías y saboteadores de Himmler en el exterior. Los billetes de segunda clase, que tenían leves imperfecciones aunque siempre constituían una imitación excelente, se repartían entre las unidades de la Gestapo en los países ocupados, para pagar información y subsidios a los colaboracionistas, que preferían la salvaguardia de los billetes del Banco de Inglaterra para el caso de que las cosas no marcharan bien.

Los billetes de tercera clase, todavía una excelente falsificación, se acumulaban y guardaban para un fantástico proyecto especial de Himmler : ¡ lanzarlos desde aeroplanos sobre las Islas Británicas! Himmler esperaba que la gente los recogiese y tratase de pasarlos, creándoles al gobierno y a los Bancos el serio problema de separar los buenos de los malos sin causar una bancarrota económica. Afortunadamente, para la época en que estuvieron listos los billetes necesarios, la Luftwaffe había sido expulsada del cielo británico y el proyecto fue abandonado.

Una de las principales víctimas de los billetes de primera clase de Krüger fue el ahora famoso “Cicerón”, el espía profesional albanés Eliaza Bazna, que fue criado del embajador británico en Angora durante la guerra y que, según él creía, se convirtió en el espía mejor pagado de la historia al recibir 300.000 libras esterlinas dei Servicio Secreto alemán, por secretos robados de la caja de seguridad del embajador. Otra víctima, más típica, fue un comerciante suizo que aceptó de buena fe 60.000 libras esterlinas de un Banco turco irreprochable. Las libras fueron aceptadas a su vez por un Banco suizo y finalmente se abrieron camino a través de varios países neutrales hasta la oficina principal del Banco de Inglaterra en la calle Threadneedle, en Londres. El producto del comandante Krüger fue descubierto allí por un empleado listo. En algunos casos, sin embargo, los billetes de primera clase salieron de Alemania para un país neutral, de allí para Inglaterra, de nuevo para otro país neutral y finalmente para Alemania una vez más, sin que se descubriera la falsificación en ningún punto del recorrido.

Aun en pleno éxito de la Operación Bernhard, sin embargo, el comandante Krüger no las tenía todas consigo. Su fábrica producía 400.000 billetes por mes y ya pronto se llegaría al total estipulado por Himmler. Por lo que el comandante se puso de acuerdo con sus subalternos para reducir la velocidad de las prensas y desechar grandes cantidades de billetes de primera clase como defectuosos.

 

—Si no rebajamos la producción —le dijo un día a su contador y teniente principal— a mí me mandarán al frente a pelear y a todos ustedes los fusilarán. Sería muy triste.

Fue una fortuna para el Banco de Inglaterra que él llegara a esa conclusión. Varias centenas de millares de billetes de primera clase que hubieran podido circular fueron empacadas y guardadas secretamente en grandes cajas de madera por orden de Krüger.

Un buzo saca billetes del lago Toplitz.

Un buzo saca billetes del lago Toplitz.

Para mantener funcionando a plena capacidad la Operación Bernhard, Krüger se embarcó en otro proyecto que había figurado en su lista por algún tiempo: la falsificación de dólares norteamericanos. Pero él y su equipo advirtieron que este trabajo era más difícil. El papel que se usa en los billetes de las Estados Unidos no ha podido ser imitado con éxito hasta ahora, y las mejores fábricas de papel de Alemania sólo llegaron a producir, después de ensayos agotadores, una mala imitación. Además, los más hábiles peritos de Krüger llegaron a la conclusión de que no podían producir las complicadísimas planchas de grabar y tintas de colores que la obra requería.

En algún lugar de Alemania o en alguno de los países ocupados, razonaba Krüger, debe de haber por lo menos un falsificador profesional con experiencia en billetes norteamericanos, capaz de allanar la dificultad. La Gestapo y los otros servicios secretos de Himmler comenzaron a buscarlo. En una prisión alemana encontraron a Solly Smolia-noff, gitano de nacimiento y falsificador de primera clase. Solly no había estado nunca en los Estados Unidos, pero se había especializado en la producción de billetes “norteamericanos” de tan buena calidad que ya más de una vez habían llamado la atención del Servicio Secreto de los Estados Unidos. Solly había estado preso en varios países europeos por haberlos fabricado.

Solly se encontró como el pez en el agua en el Bloque 19.

—¡Imagínense! —decía a sus colegas—. ¡Una fábrica de falsificación protegida por la policía!

Hacia fines de 1944 Solly tenía listos billetes de 50 y 100 dólares que los expertos de la Imprenta Oficial del Reich y la 6-F-4 reputaban como enteramente satisfactorios. La Operación Bernhard empezó a prepararse para imprimir esos billetes.

 

 

Pero ya la marea de la guerra se estaba volviendo contra el Reich. El bombardeo de Berlín era cada día más intenso, y Sachsenhausen estaba en la zona de ataque. Himmler quiso cerrar la Operación Bernhard, pero Krüger persuadió a su jefe de que lo dejara trasladar la maquinaria y los hombres a una de las nuevas fábricas subterráneas del reducto de los Alpes Austríacos. El comandante sostenía que en caso de un colapso la Oficina 6-F-4 podía ser muy útil a los nazis leales, proveyéndolos de moneda extranjera y credenciales falsificadas de todo género.

El traslado desde Sachsenhausen duró varios meses. La Operación Bernhard quedó lista para poner en movimiento sus prensas en la Galería 16, detrás de Redi Zipf, en abril de 1945. Para entonces, las tropas norteamericanas convergían sobre el reducto. Solly Smolianofí no llegaría a usar las planchas que había fabricado tan diligentemente.

Al final de cierto día, Krüger, manejando un rápido convertible Alfa Romeo, y acompañado de una hermosa rubia, arribó al campo de concentración en la boca de la cueva de Redi Zipf. Transmitió apresuradamente órdenes del propio Himmler: había que hacer desaparecer toda huella de la Operación Bernhard. Los archivos serían destruidos; los billetes y el papel no impreso, quemados; las planchas y troqueles serían arrojados en la parte más honda del cercano Lago Toplitz. Los 140 miembros de la Operación Bernhard serían trasladados al campo de concentración de Ebensee y exterminados.

Krüger, sereno y afable como de costumbre, presentó excusas por no estar en condiciones de intervenir personalmente en los detalles. Dijo que tenía asuntos urgentes a que atender en otra parte. El Alfa Romeo estaba cargado de billetes ingleses y suizos auténticos, adquiridos, según lo supimos después por sus subalternos, mediante operaciones de mercado negro en las capitales ocupadas. En la gaveta del automóvil llevaba pasaportes excelentemente falsificados. El auto arrancó en dirección a Suiza. El gran maestro falsificador Krüger desapareció sin dejar huellas y no se ha vuelto a saber de él desde entonces.

Durante los tres días que siguieron a la partida de Krüger, oficiales de las tropas de asalto y los prisioneros de la Operación Bernhard estuvieron metiendo los archivos y las falsificaciones de inferior calidad en un gran incinerador. Un pelotón arrojó las planchas de imprimir en lo más hondo del Lago Toplitz; pero al final aquellos hombres no pudieron resignarse a la destrucción de los mejores billetes, el tesoro que Krüger había puesto aparte para evitar que hubiera exceso de producción. Colocados en cajas grandes que parecían ataúdes, los billetes fueron trasladados a unos camiones cuyos conductores recibieron la orden de enterrarlos en lugares donde podrían recobrarlos en el futuro.

Fue una de esas camionadas la que nos entregó el capitán alemán. Otras desaparecieron, sencillamente. Otras fueron arrojadas al Río Enns por soldados aterrorizados de las tropas de asalto. En las aguas del turbulento río alpino, henchido por las crecientes primaverales, las cajas que contenían billetes de primera clase fueron rotas por las rocas, y los vecinos de la región comenzaron a pescarlos con entusiasmo.

Terminada nuestra investigación, nos dimos a sacar la cuenta de la producción total de la Operación Bernhard. Era algo espantoso. Según la libreta de Oscar Skala y las declaraciones concurrentes de otros trabajadores de Kriiger, la fábrica de éste produjo casi nueve millones de billetes del Banco de Inglaterra, con un valor par de 140 millones de libras esterlinas, aproximadamente. De esta suma, 1.500.000 libras fueron enviadas a Turquía y al Cercano Oriente; 3.000.000 fueron distribuidas por la 6-F-4 en Francia y los Países Bajos; 7.500.000 pagaron facturas alemanas en España, Portugal, Suiza y los países escandinavos. Otros 62.000.000 de libras escaparon de ser quemados en Redi Zipf y fueron pescadas en el Río Enns por austríacos, rusos, norteamericanos e ingleses, o escondidas por los soldados de las tropas de asalto.

Durante un largo tiempo las obras maestras de Krüger que fueron rescatadas de su tumba acuática y que no fueron entregadas, solían aparecer en los hipódromos ingleses, en los mercados negros de Europa y aun en las casas de cambio extranjero de Nueva York. Pero restaurado ya el prestigio del Banco de Inglaterra, la historia de la Operación Bernhard puede contarse.

Billetes nuevos de cinco libras que llevan a través de ellos un fino hilo metálico, incrustado por un proceso secreto, y que son lo más completamente a prueba de falsificación que una moneda puede ser, han reemplazado los viejos billetes. Con este heroico esfuerzo el Banco de Inglaterra rescató el crédito de la Gran Bretaña. Pero la Operación Bernhard casi llegó a realizar su propósito. Y podría repetirse.

 

 

Por el comandante George J. McNally y Frederic Sondern, hijo

 

George J. McNally and Anthony S. Suglia in Promotion Ceremony for White House Army Signal Agency

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“La Bestia de Omaha” : Heinrich Severloh

Publicado por El hijo del Ahuizote en junio 17th 2015

Heinrich Severloh  fue un soldado alemán de la 352ª División de Infantería de la Wehrmacht destacado en Normandía durante el desembarco aliado llevado a cabo el 6 de junio de 1944, que ganó notoriedad como servidor de una ametralladora MG 42 en el “Nido de Resistencia 62” (WN62 o Widerstandnest 62) en  Omaha Beach, donde mantuvo un fuego ininterrumpido desde las 6 de la mañana hasta las 3 de la tarde, con efectos devastadores sobre las tropas norteamericanas que desembarcaron en la playa  francesa, acciones que le ganaron el sobrenombre de “La Bestia de Omaha”.

Nacido el 23 de junio de 1923 en la localidad germana Metzingen – la actualEldingen -, “Hein” Severloh se incorporó al servicio militar en julio de 1942, con la edad de 19 años. Asignado a la 19ª División de Artillería Ligera, el 9 de agosto de ese mismo año fue enviado en Francia, sirviendo en la 3ª Batería del 321º Regimiento de Artillería, donde fue entrenado como mensajero motorizado. En diciembre de 1942 fue transferido alFrente del Este, donde fue asignado a la retaguardia conduciendo un trineo tirado por caballos. En marzo de 1943, como castigo por haber expresado opiniones críticas, fue sometido a realizar trabajos forzados que le dejaron secuelas físicas permanentes en su salud, teniendo que ser internado en un hospital militar hasta junio de 1943. En octubre de 1943 asistió a clases de entrenamiento en Braunschweig, para formarse como oficial subalternopero tuvo que dejarlo sin haber terminado su instrucción, ya que su unidad, que había sufrido enormes bajas en el frente ruso, fue transferida de nuevo a Francia en diciembre de 1943, siendo reclasificada como parte de la reactivada 352ª División de Infantería, que fue estacionada en Normandía .


El 6 de junio de 1944, Severloh se encontraba en el “Nido de Resistencia 62” (WN62), un emplazamiento de búnkeres, casamatas, fortines y nidos de ametralladora,  rodeado por alambre de púas y una fosa antitanque, además de un complejo de túneles fortificados, situado enColeville-sur-Mer (uno de los muchos puntos fuertes alemanes existentes a lo largo de Omaha Beach). Su posición sobre las amplias arenas le daban una visión y una línea de fuego perfectas. Estaba a 25 metros sobre la playa, y a una distancia de 600 a 150 metros de la orilla, según la marea. En total había unos 30 hombres en el WN62, incluyendo su armamento dos cañones de 75 mm, dos ametralladoras MG 42, un cañon antitanque  y dos morteros de 50 mm.


Los aviones aliados fueron asignados para bombardear la playa a las 5,00 horas de la mañana, pero debido a la poca visibilidad las bombas cayeron tierra adentro y apenas causaron daños en las defensas alemanas. A las 6,00 horas de la mañana las primeras lanchas de desembarco aparecieron frente la playa dominada por el WN62, que era el sector de Omaha Beach designado por los aliados con el nombre clave de “Easy Red”. ElTeniente Frerking, que se encargaba de coordinar por radio el fuego de las baterías del  del regimiento de artillería la división, le indicó a que no abriera fuego hasta que los soldados norteamericanos que desembarcaban – fundamentalmente de la 1ª División de Infantería (16º Regimiento),más algunas compañías del 116º Regimiento de la 29ª División de Infantería que se desviaron de sus objetivos – tuvieran el agua hasta las rodillas.


Severloh abrió fuego con su ametralladora MG 42 (como la de la foto de aquí abajo) y permanecería disparando sin descanso desde su puesto hasta casi las 3 de la tarde. Durante el curso del día, uno a uno los hombres delWN62 fueron heridos y evacuados, o abandonaron su puesto. En dos ocasiones Severloh tuvo que refugiarse en el búnker fortificado debido a ataques con granadas, y en una ocasión la fuerza de una explosión lo sacó del emplazamiento. La segunda ametralladora en el WN62 fue dañada por fragmentos de granada durante la mañana, por lo que Severloh manejó la única MG 42 en dicho sector la mayor parte del tiempo. Solamente contaba con un cañón de reemplazo, por lo que mientras esperaba que los cañones de la ametralladora se enfriaran, disparaba con un fusil de cerrojo Mauser Kar 98k, que se calentó tanto, que se dañó y tuvo que ser remplazado. Durante la última hora, sólo quedaban tres hombres en el Widerstandnest 62: el Teniente Frerking, Severloh y otro soldado que ayudaba a cargar la ametralladora y cambiar los cañones cuando estos se calentaban.


El soldado germano dijo que la razón por la que permaneció en su puesto hasta el final, a pesar de estar herido levemente en la cara, no fue por fanatismo, sino por lealtad a su oficial, al que no quería dejar solo y a quien describió como un oficial honorable. Cerca de las 3 de la tarde,   Frerkingse dio cuenta de que las tropas americanas ya estaban disparando desde los flancos y que estaban prácticamente rodeados, por lo que ordenó que se retiraran. Mientras corrían por un campo abierto, el Teniente fue alcanzado por las balas y cayó muerto. El otro soldado moriría también más tarde, tierra adentro. Severloh fue capturado por tropas americanas en la madrugada del 7 de junio.


El “Nido de Resistencia 62” (WN62) – cuyo emplazamiento podéis ver en las imágenes de aquí arriba y allá abajo. Y si  lo deseáis podéis daros unavueltecita por el mismo en este vídeo – fue uno de los últimos, y posiblemente el último, punto de resistencia alemana sobre la playa deOmaha.

La ametralladora de Severloh contaba con una munición de 12.000 balas. Se ignora sí en el curso del día recibió más munición, pero es de suponer que la que aún quedaba de la segunda MG 42 que fue dañada por granadas durante la mañana, fue también utilizada por Severloh. En todo caso, disparó un mínimo de 12.000 balas, pues cuando su oficial dio la orden de retirarse ya no quedaba munición para la ametralladora. También disparó unas 400 balas con la carabina Ka98k mientras esperaba que se enfriara el cañón de la MG 42. Los cálculos sobre las bajas causadas por el ametrallador alemán durante estas 9 horas varían grandemente, pero aun los más conservadores le atribuyen más de 1.000 bajas aliadas, incluyendo cientos de muertos (aún con todo, a un servidor le parece una auténtica barbaridad). Otros cálculos, menos plausibles, le atribuyen haber causado hasta 2.000 bajas en los soldados americanos.

Severloh fue trasladado como prisionero de guerra a los EEUU,concretamente a Boston, donde estuvo recogiendo algodón y patatas. Temiendo represalias, el soldado germano mantuvo en secreto sus acciones en el WN62 durante su cautiverio. En mayo de 1946 fue trasladado a Inglaterra donde trabajó en la construcción de caminos y carreteras. Finalmente fue repatriado a Alemania en 1947. Heinrich Severloh sufrió pesadillas recurrentes durante el resto de su vida por sus acciones en “Bloody Omaha”; durante años mantuvo el secreto sobre lo que hizo el día 6 de junio de 1944, y sólo se lo contó a su esposa, después de años casados.

Leyendo el libro “El día más largo” de Cornelius Ryan, 13 años después de su regreso a Alemania, y oyó el nombre de David Silva, un soldado norteamericano que había sido gravemente herido en el sector “Easy Red” (recibió 3 balazos, probablemente disparados por Severloh) y decidió escribirle una carta. Por casualidad, desde finales de los 50, Silva estaba destinado en Karlsruhe (Alemania) como capellán militar, por lo que trataron de conocerse y desde entonces permanecieron más o menos en contacto. Su último encuentro tuvo lugar durante las celebraciones del 60 Aniversario del Día D, en el año 2004, en Normandía.

Severloh (en la foto de abajo) mantuvo en secreto sus acciones Omaha Beach hasta una edad avanzada, cuando un reportero de investigación le preguntó directamente si él era la llamada “Bestia de Omaha”. Colaboró con el reportero, y ello dio como resultado un libro sobre el WN62.Heinrich Severloh murió en un asilo de ancianos en Lachendorf el 14 deenero de 2006.

Como complemento a la historia, os dejo a continuación el extracto de una entrevista concedida por el soldado alemán, sobre su experiencia en la playa normanda: “Recuerdo el primero en morir. El hombre salió del mar y estaba buscando un sitio donde esconderse. Le apunté al pecho pero el disparo fue alto y el dio en la frente. Vi su caso de acero rodando hacia la orilla y entonces se desplomó. Sabía que estaba muerto. Aún sigo soñando con ese muchacho y me pongo enfermo cuando pienso en él ¿qué podía hacer? ellos o yo, eso era lo único que pensaba. 


Éramos 30 hombres, cada uno con un único pensamiento en la cabeza: ¿saldríamos vivos de allí? Yo no quería estar en esta guerra, no quería estar en Francia y no quería estar disparando con una ametralladora a chavales de mi edad. Pero ahí estábamos, sirviendo en una guerra que ya estaba perdida y obedeciendo las órdenes de nuestro teniente de abrir fuego tan pronto como el agua les llegara por las rodillas. Empecé a disparar a las 5 de la mañana y estaba aún disparando 9 horas más tarde. No sentía pánico, ni odio, uno hacía lo que tenía que hacer y sabía que ellos, tan cierto como que el infierno existe, te harían lo mismo a ti si tuvieran la oportunidad. Al principio los cuerpos estaban a 500 metros, luego a 400, más tarde a 150. Había sangre por todos lados, gritos, muertos y moribundos. El oleaje mecía más cuerpos en la orilla. Habían pequeñas pausas, cuando ningún vehículo anfibio llegaba, durante las que podía enfriar mi ametralladora.


Era consciente de que algunos de mis camaradas se habían largado, pero tenía miedo de la terrible perspectiva de entrentarme a la mirada de mi oficial, así que me mantuve en el puesto. Al final de la tarde me di cuenta de que era la única persona que aún disparaba. Podía ver a los tanques maniobrando en la playa y sabía que no podría contenerlos yo solo. Oí la orden del teniente Bernhard Frerking, un buen hombre (una vez castigó a un soldado durante 10 días a regar la hierba que camuflaba los nidos de ametralladoras por no haber ayudado a una anciana francesa con sus bolsas de la compra) y con 32 años ya un veterano, de que debíamos retirarnos. Corrí de cráter en cráter tras nuestros complejos de búnkeres. Lo esperé pero nunca llegó. Visité su tumba en Normandía 10 años después. Recibió un disparo en la cabeza de uno de los americanos cuando intentaba alcanzarme. Fui hecho prisionero esa noche. No creo que hubiera sobrevivido si me hubieran capturado en mi puesto. Sabían lo que les había hecho a sus compañeros. No creo que esas tropas de vanguardia me hubieran mostrado ninguna piedad.”

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La catadora de alimentos de Adolf Hitler

Publicado por El hijo del Ahuizote en junio 7th 2015

Margot Wölk era una de las 15 jóvenes que debían probar la comida del tercer reich para asegurarse que ésta no estuviera envenenada. Con 96 años, Margot cuenta el terror psicológico al que tanto ella como sus compañeras fueron sometidas constantemente.

Catadora a la fuerza

Margot Wölk nació en 1917 en Wilmersdorf, Alemania. Ella se define como anti Nazi y afirma que fue forzada a unirse a la League of German Girls y a trabajar como catadora de la comida de Hitler. En el año 1941 mientras el esposo de Margot estaba en la guerra, ésta tuvo que abandonar su hogar en Berlín para evitar ser una víctima más de la guerra, ya que los continuos bombardeos estaban destruyendo la ciudad por completo.

Fue así como decidió trasladarse hasta la casa de su suegra en Partsch (actualmente Parcz, Polonia), una pequeña ciudad ubicada a 400 kilómetros de Berlín. Allí, el alcalde de la ciudad, quien se distinguía por ser un fiel miembro del partido Nazi, la obligó a formar parte del grupo de catadoras de comida del Führer.

Hitler temía por su vida y sus miedos no eran injustificados, sus enemigos se multiplicaban e inclusive un grupo de soldados alemanes intentaron asesinarlo colocando una bomba en la Guarida del Lobo, hay registros de que más de 5.000 alemanes fueron ejecutados por este hecho. Por esta razón Hitler sospechaba hasta de su sombra, por lo cual tenía a este grupo de jóvenes mujeres cuyo único trabajo era probar la comida y así descubrir si había algún veneno en la misma.

La seguridad alrededor de Hitler era tan extrema que Margot asegura que nunca llegó a verlo en persona, solamente conoció a su famoso perro, un pastor alemán llamado “Blondi”.

Miedo a morir

Las 15 jóvenes catadoras lloraban y temblaban de miedo cada vez que les tocaba probar los alimentos del Dictador, sabían que quizás esa comida podía ser la última de sus vidas, ya que había constantes rumores que indicaban que los británicos querían envenenar al Führer.

En este sentido, Margot relata:

“Teníamos que terminar la comida. Después, nos tocaba esperar una hora, y siempre teníamos miedo de ponernos enfermas. Llorábamos por la alegría de haber sobrevivido”

Entre algunas curiosidades, Margot recuerda que Hitler debió ser vegetariano, ya que nunca les dieron de probar ningún tipo de carne, siempre era arroz, fideos, coliflor, guisantes, pimientos, entre otros.

A finales del año 1944 cuando el ejército de los aliados avanzaba firmemente sobre un debilitado ejército Nazi, un oficial de la SS ayudó a Margot a escapar, salvándola de una muerte segura. El resto de sus compañeras fueron fusiladas en 1945, por lo cual Margot se convirtió en la única catadora sobreviviente de aquellos oscuros años de guerra.

Una época marcada por el horror y la muerte, en la que ocurrieron todo tipo de abusos y vejaciones. Lahistoria de Margot deja una vez más en evidencia lo terrible de un régimen que llevó a la muerte a millones de personas y utilizó su poder para pisar a todo aquel que estuviera por debajo.

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Primera Guerra Mundial

Publicado por El hijo del Ahuizote en marzo 16th 2014

Primera Guerra Mundial

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INTRODUCCIÓN

Primera Guerra Mundial, conflicto militar que comenzó el 28 de julio de 1914 como un enfrentamiento localizado en el Imperio Austro-Húngaro y Serbia; se transformó en un enfrentamiento armado a escala europea cuando la declaración de guerra austro-húngara se extendió a Rusia el 1 de agosto de 1914; y finalmente pasó a ser una guerra mundial, en la que participaron 32 naciones, finalizada en 1918. Veintiocho de ellas, denominadas ‘aliadas’ o ‘potencias asociadas’ y entre las que se encontraban Gran Bretaña, Francia, Rusia, Italia y Estados Unidos, lucharon contra la coalición de los llamados Imperios Centrales, integrada por Alemania, Austria-Hungría, el Imperio otomano y Bulgaria. La causa inmediata del inicio de las hostilidades entre Austria-Hungría y Serbia fue el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Habsburgo, heredero del trono austro-húngaro, cometido en Sarajevo (Bosnia, entonces parte del Imperio Austro-Húngaro; en la actualidad Bosnia-Herzegovina) el 28 de junio de 1914 por el nacionalista serbio Gavrilo Princip. No obstante, las causas profundas del conflicto remiten a la historia europea del siglo XIX, concretamente a las tendencias económicas y políticas que imperaron en Europa desde 1871, año en el fue fundado y emergió como gran potencia el II Imperio Alemán.

Tras la I Guerra Mundial, el mapa de Europa experimentó importantes modificaciones. De acuerdo con lo establecido en el Tratado de Versalles, Alemania cedió parte de su territorio a Bélgica, Checoslovaquia, Dinamarca, Francia y Polonia. Estos países, así como Rumania y el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, aumentaron su extensión con regiones de Austria-Hungría. Las restantes zonas del Imperio otomano también se disgregaron, y la mayoría de los estados que se constituyeron pasaron a ser mandatos franceses y británicos por decisión de la Sociedad de Naciones

Tras la I Guerra Mundial, el mapa de Europa experimentó importantes modificaciones. De acuerdo con lo establecido en el Tratado de Versalles, Alemania cedió parte de su territorio a Bélgica, Checoslovaquia, Dinamarca, Francia y Polonia. Estos países, así como Rumania y el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, aumentaron su extensión con regiones de Austria-Hungría. Las restantes zonas del Imperio otomano también se disgregaron, y la mayoría de los estados que se constituyeron pasaron a ser mandatos franceses y británicos por decisión de la Sociedad de Naciones

 

2

LAS CAUSAS DE LA GUERRA

Los verdaderos factores que desencadenaron la I Guerra Mundial fueron el intenso espíritu nacionalista que se extendió por Europa a lo largo del siglo XIX y comienzos del XX, la rivalidad económica y política entre las distintas naciones y el proceso de militarización y de vertiginosa carrera armamentística que caracterizó a la sociedad internacional durante el último tercio del siglo XIX, a partir de la creación de dos sistemas de alianzas enfrentadas.

2.1

El nacionalismo

La Revolución Francesa y las Guerras Napoleónicas habían difundido por la mayor parte del continente europeo el concepto de democracia, extendiéndose así la idea de que las poblaciones que compartían un origen étnico, una lengua y unos mismos ideales políticos tenían derecho a formar estados independientes. Sin embargo, el principio de la autodeterminación nacional fue totalmente ignorado por las fuerzas dinásticas y reaccionarias que decidieron el destino de los asuntos europeos en el Congreso de Viena (1815). Muchos de los pueblos que deseaban su autonomía quedaron sometidos a dinastías locales o a otras naciones. Por ejemplo, los estados alemanes, integrados en la Confederación Germánica, quedaron divididos en numerosos ducados, principados y reinos de acuerdo con los términos del Congreso de Viena; Italia también fue repartida en varias unidades políticas, algunas de las cuales estaban bajo control extranjero; los belgas flamencos y franceses de los Países Bajos austriacos quedaron supeditados al dominio holandés por decisión del Congreso. Las revoluciones y los fuertes movimientos nacionalistas del siglo XIX consiguieron anular gran parte de las imposiciones reaccionarias acordadas en Viena. Bélgica obtuvo la independencia de los Países Bajos en 1830; la unificación de Italia fue culminada en 1861, y la de Alemania en 1871. Sin embargo, los conflictos nacionalistas seguían sin resolverse en otras áreas de Europa a comienzos del siglo XX, lo que provocó tensiones en las regiones implicadas y entre diversas naciones europeas. Una de las más importantes corrientes nacionalistas, el paneslavismo, desempeñó un papel fundamental en los acontecimientos que precedieron a la guerra.

2.2

El imperialismo

El espíritu nacionalista también se puso de manifiesto en el terreno económico. La Revolución Industrial, iniciada en Gran Bretaña a finales del siglo XVIII, en Francia a comienzos del XIX y en Alemania a partir de 1870, provocó un gran incremento de productos manufacturados, por lo que estos países se vieron obligados a buscar nuevos mercados en el exterior. El área en la que se desarrolló principalmente la política europea de expansión económica fue África, donde los respectivos intereses coloniales entraron en conflicto con cierta frecuencia. La rivalidad económica por el dominio del territorio africano entre Francia, Alemania y Gran Bretaña estuvo a punto, desde 1898 hasta 1914, de provocar una guerra en Europa en varias ocasiones.

2.3

La expansión militar

Como consecuencia de estas tensiones, las naciones europeas adoptaron medidas tanto en política interior como exterior entre 1871 y 1914 que, a su vez, aumentaron el peligro de un conflicto; mantuvieron numerosos ejércitos permanentes, que ampliaban constantemente mediante reclutamientos realizados en tiempo de paz, y construyeron naves de guerra de mayor tamaño. Gran Bretaña, influida por el desarrollo de la Armada alemana, que se inició en 1900, y por el curso de la Guerra Ruso-japonesa, modernizó su flota bajo la dirección del almirante sir John Fisher. El conflicto bélico que tuvo lugar entre Rusia y Japón había demostrado la eficacia del armamento naval de largo alcance. Los avances en otras áreas de la tecnología y organización militar estimularon la constitución de estados mayores capaces de elaborar planes de movilización y ataque muy precisos, integrados a menudo en programas que no podían anularse una vez iniciados.

Los dirigentes de todos los países tomaron conciencia de que los crecientes gastos de armamento desembocarían con el tiempo en quiebras nacionales o en una guerra; por este motivo se intentó favorecer el desarme mundial en varias ocasiones, especialmente en las Conferencias de La Haya de 1899 y 1907. Sin embargo, la rivalidad internacional había llegado a tal punto que no fue posible alcanzar ningún acuerdo efectivo para decidir el desarme internacional.

De forma paralela al proceso armamentístico, los estados europeos establecieron alianzas con otras potencias para no quedar aisladas en el caso de que estallara una guerra. Esta actitud generó un fenómeno que, en sí mismo, incrementó enormemente las posibilidades de un conflicto generalizado: el alineamiento de las grandes potencias europeas en dos alianzas militares hostiles, la Triple Alianza, formada por Alemania, Austria-Hungría e Italia, y la Triple Entente, integrada por Gran Bretaña, Francia y Rusia. Los propios cambios que se produjeron en el seno de estas asociaciones contribuyeron a crear una atmósfera de crisis latente por la cual el periodo fue denominado de la ‘paz armada’.

2.4

Las crisis anteriores a la guerra (1905-1914)

Al encontrarse Europa dividida en dos sistemas de alianzas hostiles, cualquier alteración de la situación política o militar en Europa, África o en cualquier otro lugar provocaría un incidente internacional. Desde 1905 hasta 1914 tuvieron lugar varias crisis internacionales y dos guerras locales, y todos ellas estuvieron a punto de desencadenar una guerra general en Europa. El primer conflicto se produjo en Marruecos, donde Alemania combatió en 1905 y 1906 para apoyar al país en su lucha por la independencia y para evitar el dominio del área por Francia y España. Francia amenazó a Alemania con declararle la guerra, pero el incidente se solucionó finalmente en una conferencia internacional celebrada en Algeciras (España) en 1906. Los Balcanes fueron el escenario de un nuevo enfrentamiento en 1908, motivado por la anexión de Bosnia-Herzegovina por parte de Austria-Hungría. Entre los distintos tipos de paneslavismo se encontraba el panserbianismo o movimiento para la creación de una Gran Serbia, uno de cuyos objetivos era que esta región adquiriera la zona meridional de Bosnia, por lo que los serbios amenazaron a Austria con declararle la guerra. No se inició ninguna campaña debido a que los serbios no podían emprender la lucha sin el apoyo de Rusia, y ésta no se encontraba en condiciones de intervenir en la contienda. En 1911 estalló una nueva crisis en Marruecos, cuando el gobierno alemán envió un buque de guerra a Agadir en protesta por los intentos franceses para conseguir la supremacía en esta zona. Hubo amenazas de guerra por ambas partes, pero el conflicto se solventó en la Conferencia de Agadir. Italia, aprovechando la preocupación de las grandes potencias por la cuestión marroquí, declaró la guerra al Imperio otomano en 1911, con la esperanza de poder anexionarse la región de Tripolitania, situada al norte de África. Dado que Alemania se había visto obligada a entablar relaciones amistosas con el Imperio otomano a causa de su política de Drang nach Osten (‘Expansión hacia el Este’), el ataque de Italia debilitó a la Triple Alianza y alentó a sus enemigos. Las Guerras Balcánicas de 1912-1913 aumentaron el interés de Serbia por obtener el control de las áreas del Imperio Austro-Húngaro habitadas por pueblos eslavos, agudizó el recelo del Imperio Austro-Húngaro hacia los serbios y generó en Bulgaria y el Imperio otomano un deseo de revancha tras su derrota en dichos conflictos. Alemania, irritada por el hecho de que el Imperio otomano hubiera perdido sus territorios en Europa como consecuencia del conflicto balcánico, formó un Ejército más numeroso. Francia respondió con la ampliación del servicio militar obligatorio de dos a tres años en tiempo de paz. Las demás naciones europeas siguieron el ejemplo de estas potencias y asignaron en 1913 y 1914 enormes cantidades al presupuesto destinado a gastos militares.

3

LAS OPERACIONES MILITARES

El asesinato del archiduque austriaco tuvo una repercusión catastrófica en una Europa armada y desgarrada por las rivalidades nacionales.

El 28 de junio de 1914, tuvo lugar en Sarajevo (la actual capital de Bosnia-Herzegovina) el asesinato del archiduque de Austria Francisco Fernando de Habsburgo y de su esposa. El atentado mortal contra el heredero de la corona austro-húngara, a manos de un nacionalista serbio, terminó por desencadenar la I Guerra Mundial, aunque no fue sino la acción de un fanático. La imagen muestra el instante en que resultó detenido el autor del asesinato, el joven serbio Gavrilo Princip.

El 28 de junio de 1914, tuvo lugar en Sarajevo (la actual capital de Bosnia-Herzegovina) el asesinato del archiduque de Austria Francisco Fernando de Habsburgo y de su esposa. El atentado mortal contra el heredero de la corona austro-húngara, a manos de un nacionalista serbio, terminó por desencadenar la I Guerra Mundial, aunque no fue sino la acción de un fanático. La imagen muestra el instante en que resultó detenido el autor del asesinato, el joven serbio Gavrilo Princip.

 

3.1

Las gestiones diplomáticas

El gobierno austro-húngaro, que consideraba que el asesinato había sido obra del movimiento de la Gran Serbia, decidió suprimir esta agrupación enviando una expedición militar a Serbia. El 23 de julio, Austria-Hungría envió un ultimátum a Serbia que contenía diez condiciones concretas, la mayoría de las cuales estaban relacionadas con la eliminación de la propaganda antiaustriaca en Serbia. Ésta, alentada por Gran Bretaña y Rusia, aceptó las exigencias austro-húngaras salvo dos de ellas el 25 de julio, pero Austria replicó que la respuesta serbia no era satisfactoria. Los rusos intentaron convencer a Austria para que modificara los términos exigidos, y declararon que si los austriacos atacaban Serbia, ellos se movilizarían contra Austria. El ministro de Asuntos Exteriores británico, sir Edward Grey, primer vizconde Grey de Fallodon, propuso el 26 de julio que Gran Bretaña, Francia, Alemania e Italia se reunieran en una conferencia para arbitrar en la disputa austro-serbia, pero Alemania declinó dicha oferta.

3.2

Las declaraciones de guerra

Austria declaró la guerra a Serbia el 28 de julio, ya fuera porque creía que Rusia no llegaría a unirse a Serbia o porque estaba dispuesta a correr el riesgo de un conflicto europeo general con tal de poner fin al movimiento nacionalista serbio. Rusia respondió movilizándose contra Austria. Alemania advirtió a Rusia de que si persistía en su actitud le declararía la guerra, y consiguió que Austria accediera a discutir con Rusia una posible modificación del ultimátum enviado a los serbios. No obstante, Alemania insistió en que los rusos retiraran sus tropas inmediatamente. Rusia se negó a hacerlo y Alemania le declaró la guerra el 1 de agosto.

Los franceses comenzaron la movilización de sus fuerzas ese mismo día; las tropas alemanas cruzaron la frontera de Luxemburgo el 2 de agosto y Alemania declaró la guerra a Francia al día siguiente. El día anterior, el gobierno alemán había informado al gobierno belga de su intención de marchar sobre Francia cruzando Bélgica, a fin de evitar que los franceses utilizaran esta ruta para atacar Alemania. Las autoridades belgas se negaron a permitir el paso por su territorio de las tropas alemanas y recurrieron a los países firmantes del Tratado de 1839 —en el que se garantizaba la neutralidad de Bélgica en el caso de un conflicto en el que estuvieran implicados Gran Bretaña, Francia y Alemania— para que se cumpliera lo establecido en dicho acuerdo. Gran Bretaña, uno de los países signatarios del Tratado de 1839, envió un ultimátum a Alemania el 4 de agosto en el que se exigía que se respetara la neutralidad de Bélgica; Alemania rechazó la petición y el gobierno británico le declaró la guerra ese mismo día. Italia permaneció neutral hasta el 23 de mayo de 1915, cuando rompió su pacto con la Triple Alianza para satisfacer sus aspiraciones territoriales y declaró la guerra a Austria-Hungría. La unidad de los aliados se fortaleció en septiembre de 1914 a través del Pacto de Londres, firmado por Francia, Gran Bretaña y Rusia. A medida que avanzaba la contienda, fueron sumándose al conflicto países como el Imperio otomano, Japón, Estados Unidos y otras naciones del continente americano. Japón, que había firmado una alianza con Gran Bretaña en 1902, declaró la guerra a Alemania el 23 de agosto de 1914, y el 6 de abril de 1917 lo hizo Estados Unidos.

Alberto I de Bélgica  Vestido de uniforme militar, esta fotografía reproduce la imagen de Alberto I, rey de los belgas entre 1909 y 1934, quien permaneció junto a sus tropas durante toda la I Guerra Mundial (1914-1918), en el territorio de su país que los alemanes no habían logrado ocupar.

Alberto I de Bélgica
Vestido de uniforme militar, esta fotografía reproduce la imagen de Alberto I, rey de los belgas entre 1909 y 1934, quien permaneció junto a sus tropas durante toda la I Guerra Mundial (1914-1918), en el territorio de su país que los alemanes no habían logrado ocupar.

 

3.3

1914-1915: la guerra de trincheras

Las operaciones militares comenzaron a desarrollarse en Europa en tres frentes: el occidental o franco-belga, el oriental o ruso y el meridional o serbio. El Imperio otomano intervino en noviembre de 1914 como aliado de los Imperios Centrales, por lo que la lucha se extendió al estrecho de los Dardanelos y a Mesopotamia. A finales de 1915 se habían abierto dos nuevos frentes: el austro-italiano, después de que Italia entrase en la guerra en apoyo del bando aliado (es decir, el bando enfrentado a los denominados Imperios Centrales) en mayo de 1915, y el de la frontera griega situada al norte de Salónica, tras adherirse en octubre de 1915 Bulgaria a la causa de los Imperios Centrales.

 

En la I Guerra Mundial se cavaban trincheras a lo largo del frente del campo de batalla para proteger a las tropas del fuego mortífero de la artillería y las ametralladoras. Detrás de las trincheras de primera línea se encontraban las trincheras cubiertas, que proporcionaban una segunda línea defensiva en el caso de que el enemigo asaltara la primera. Su anchura era de 1,8 a 2,5 metros. Las tropas que no estaban de servicio vivían en los refugios subterráneos de las trincheras de apoyo. Los suministros, alimentos y las tropas de reemplazo eran trasladados al frente a través de una red de trincheras de reserva y comunicaciones. El área que se encontraba entre las trincheras de ambos combatientes era tierra de nadie; intentar cruzar este terreno solía acarrear la muerte, puesto que estaba cubierto de alambradas y los soldados pasaban a ser un blanco fácil para el enemigo Microsoft ® Encarta ® 2007. © 1993-2006 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

En la I Guerra Mundial se cavaban trincheras a lo largo del frente del campo de batalla para proteger a las tropas del fuego mortífero de la artillería y las ametralladoras. Detrás de las trincheras de primera línea se encontraban las trincheras cubiertas, que proporcionaban una segunda línea defensiva en el caso de que el enemigo asaltara la primera. Su anchura era de 1,8 a 2,5 metros. Las tropas que no estaban de servicio vivían en los refugios subterráneos de las trincheras de apoyo. Los suministros, alimentos y las tropas de reemplazo eran trasladados al frente a través de una red de trincheras de reserva y comunicaciones. El área que se encontraba entre las trincheras de ambos combatientes era tierra de nadie; intentar cruzar este terreno solía acarrear la muerte, puesto que estaba cubierto de alambradas y los soldados pasaban a ser un blanco fácil para el enemigo

3.3.1

El frente occidental

Mapa del frente occidental en 1917

El plan inicial de la estrategia alemana era derrotar a Francia en el oeste en poco tiempo, mientras una pequeña parte del Ejército alemán y todas las fuerzas austro-húngaras contenían la invasión rusa que se esperaba por el este. Se confiaba en vencer a Francia rápidamente gracias a la estrategia de la ‘guerra relámpago’ contenida en el Plan Schlieffen, elaborado por el conde Alfred von Schlieffen, jefe del Estado Mayor alemán desde 1891 hasta 1907. El proyecto previsto era el siguiente: las tropas alemanas debían conquistar Bélgica, rodear a los franceses mediante movimientos veloces y, a continuación, cambiar de frente y derrotarlos de forma rápida y contundente. Cuando se aplicó este plan en el otoño de 1914 parecía haber sido un éxito. La veloz incursión de los alemanes a comienzos de agosto aniquiló al Ejército belga, que abandonó las plazas fuertes de Lieja y Namur y se refugió en la fortaleza de Amberes. Las tropas alemanas, que avanzaban a gran velocidad, derrotaron a los franceses en Charleroi y a la Fuerza Expedicionaria británica en Mons, lo que provocó la retirada de Bélgica de toda la línea aliada. Al mismo tiempo, los alemanes expulsaron a los franceses de Lorena, que había sido invadida, y les obligaron a retirarse de la frontera de Luxemburgo. Los contingentes británicos y franceses no tardaron en retroceder hasta el río Marne, pero tres ejércitos alemanes se dirigieron rápidamente hacia su posición, por lo que tuvieron que cruzarlo. La caída de la capital francesa parecía tan inminente que el gobierno galo se trasladó a Burdeos. Sin embargo, una vez que los alemanes habían atravesado el Marne, los franceses, dirigidos por el general Joseph Joffre, rodearon París y atacaron al I Ejército alemán, mandado por el general Alexander von Kluck, situado a la derecha de los tres ejércitos que avanzaban hacia la capital francesa.

En la primera batalla del Marne, que se desarrolló desde el 6 hasta el 9 de septiembre, los franceses consiguieron detener al ejército de Kluck, que se había distanciado de las otras dos fuerzas alemanas y no pudo recibir refuerzos. Además, los alemanes habían perdido una parte de sus tropas el 25 de agosto, cuando el general Helmuth Johan von Moltke, jefe del Estado Mayor alemán, pensando que ya se había alcanzado la victoria en el frente occidental, envió seis de estas unidades al oriental. La presión francesa sobre el flanco derecho alemán obligó al ejército de Kluck a retirarse, y posteriormente todas las fuerzas alemanas retrocedieron hasta el río Aisne. Los franceses avanzaron e intentaron expulsar a los alemanes del territorio próximo a dicho río, lo que provocó las batallas del Aisne, del Somme y la de Arras. Sin embargo, no les fue posible desalojar a los alemanes de esta posición y éstos extendieron sus líneas por el este hacia el Mosa, al norte de Verdún. Ambos contendientes intentaron entonces alcanzar el mar del Norte, donde se encontraban los puertos del canal. Los alemanes no pudieron alcanzarlo debido a que los belgas habían inundado la región del río Yser. La parte occidental de las líneas aliadas estaba ocupada por los británicos, que se hallaban ya en Ypres (situado en el extremo suroccidental de Bélgica) en la carrera hacia el Canal. Los alemanes, después de tomar Amberes el 10 de octubre, intentaron atravesar las posiciones de los británicos en Bélgica, pero no pudieron cumplir su objetivo tras las denominadas batallas de Flandes. En diciembre, los aliados lanzaron una serie de ofensivas a lo largo de todo el frente, desde Niewpoort por el oeste hasta Verdún en el este, pero no consiguieron conquistas territoriales significativas.

A finales de 1914, ambos bandos se encontraban atrincherados en sendas líneas que se extendían a lo largo de 800 kilómetros, desde Suiza hasta el mar del Norte. Apenas se produjeron cambios en este frente durante casi tres años.

Las batallas de Flandes representaron el final de la guerra de movimientos en el frente occidental. Desde finales de 1914 hasta casi el final de la contienda, ésta se convirtió en una guerra de trincheras o de ‘desgaste’. El frente estaba formado por numerosas líneas paralelas de trincheras comunicadas y protegidas por alambres de púas y cada bando intentaba atravesar las líneas enemigas esporádicamente. Los británicos intentaron romper el frente enemigo en marzo de 1915, pero sólo capturaron la línea delantera de los alemanes. Éstos lanzaron un asalto fallido sobre Ypres en el mes de abril empleando gas de cloro; ésta fue la primera vez que la guerra química se practicaba a gran escala. La ofensiva conjunta lanzada por los británicos y franceses a lo largo del frente situado entre Neuve Chapelle y Arras en mayo y junio permitió que sus tropas avanzaran 4 km en el sistema de trincheras alemán, pero no se consiguió atravesarlo. Los británicos asediaron en varias ocasiones la ciudad de Lens durante el mes de septiembre, mientras los franceses atacaban la cresta de Vimy. Ese mismo mes, los franceses lanzaron un asalto a gran escala sobre un frente que se extendía desde Reims hasta la región boscosa de Argonne y consiguieron tomar la primera línea de trincheras alemanas, pero no pudieron avanzar hasta la segunda. En términos generales, puede decirse que durante 1915 no se produjo ninguna modificación en las posiciones establecidas a finales de 1914.

3.3.2

El frente oriental

 

Frente Oriental y alianzas militares

Los rusos asumieron la ofensiva en el frente oriental desde el comienzo de la guerra, de acuerdo con los planes de los aliados. En agosto de 1914, dos ejércitos rusos se adentraron en Prusia oriental y otros cuatro ejércitos invadieron la provincia austriaca de Galitzia. Tras una serie de victorias rusas, la evacuación de Prusia oriental parecía inminente; sin embargo, las tropas de refuerzo alemanas, dirigidas por el general Paul von Hindenburg, derrotaron definitivamente a los rusos en la batalla de Tannenberg, librada del 26 al 30 de agosto de 1914. Los cuatro ejércitos rusos que habían invadido territorio austriaco avanzaron incesantemente a través de Galitzia; conquistaron Przemysl y Bucovina, y se encontraban en situación de adentrarse en Hungría a finales de marzo de 1915. No obstante, una fuerza conjunta austro-alemana les hizo retirarse de la cordillera de los Cárpatos. En mayo, los ejércitos austro-alemanes iniciaron una gran ofensiva en la zona central de Polonia; hacia septiembre de 1915, habían conseguido expulsar a los rusos de Polonia y Lituania y tomado todas las fortalezas fronterizas de Rusia. Los rusos abandonaron Galitzia para hacer frente a la ofensiva; cuando ésta cesó, las líneas rusas se encontraban detrás del río Dvina Occidental, entre Riga y Daugavpils, y los alemanes se dirigieron hacia el río Dniéster. Aunque los Imperios Centrales no realizaron ninguna operación decisiva en el frente oriental entre 1914 y 1915, Rusia había perdido tantos hombres y tal cantidad de suministros que a partir de ese momento no pudo emprender acciones importantes. Este frente fue el escenario de notables combates durante 1914 y 1915, librados concretamente en la región de Masuria, entre los que destacan la primera (del 7 al 14 de septiembre de 1914) y la segunda (del 7 al 21 de febrero de 1915) batallas de los Lagos Masurios; ambas concluyeron con la victoria de los alemanes.

3.3.3

La guerra en Serbia

Los austriacos invadieron Serbia en tres ocasiones a lo largo de 1914 y fueron rechazados en todas ellas. El frente permaneció estabilizado hasta octubre de 1915, fecha en la que tropas británicas y francesas llegaron a Salónica gracias a un acuerdo establecido con el gobierno de Grecia, que se mantenía neutral; los aliados se anticiparon así a la entrada en el conflicto de Bulgaria en apoyo de los Imperios Centrales; su propósito era ayudar a Serbia, que sería el objetivo del ataque búlgaro. Cuando Bulgaria declaró la guerra a Serbia el 14 de octubre de 1915, las fuerzas aliadas se internaron en Serbia. Los búlgaros derrotaron al Ejército serbio y también a los británicos y franceses procedentes de Salónica. Asimismo, el 6 de octubre, las tropas austro-alemanas, dirigidas por el general August von Mackensen, lanzaron un fuerte ataque sobre Serbia desde Austria-Hungría. A finales de 1915, los Imperios Centrales habían conquistado toda Serbia; las tropas serbias supervivientes se refugiaron en Montenegro, Albania y en la isla griega de Corfú, ocupada por los franceses en enero de 1916. Las tropas británicas y francesas que se encontraban en Serbia se retiraron a Salónica, posición en la que permanecieron preparados para nuevas acciones.

3.3.4

El frente otomano

El Imperio otomano entró en la guerra el 29 de octubre de 1914, fecha en la que sus naves colaboraron con las alemanas en el bombardeo naval de los puertos rusos del mar Negro; Rusia le declaró la guerra oficialmente el 2 de noviembre, y Gran Bretaña y Francia lo hicieron a su vez el 5 de noviembre. Los turcos (otomanos) comenzaron la invasión de la zona rusa de la cordillera del Cáucaso en diciembre, pero el escaso territorio que conquistaron se vio reducido considerablemente en agosto de 1915. No obstante, la presión turca en esta región había obligado al gobierno ruso a solicitar a comienzos de 1915 que los británicos llevaran a cabo una maniobra de distracción en el estrecho de los Dardanelos. En respuesta, la fuerza naval británica, capitaneada por el general sir Ian Hamilton bombardeó los fuertes turcos de los Estrechos en febrero de ese año, y entre abril y agosto se produjeron dos desembarcos de tropas aliadas en la península de Gallípoli; el primero, efectuado en abril, fue llevado a cabo por tropas británicas, australianas y francesas; en agosto acudieron más divisiones británicas. El objetivo de los aliados era conquistar los Dardanelos; sin embargo, la campaña de Gallípoli resultó un completo fracaso para las tropas aliadas, que en diciembre de 1915 y enero de 1916 se retiraron.

Mientras tanto, las fuerzas británicas de la India derrotaron a los turcos en varias batallas libradas en el valle de Mesopotamia durante 1914 y 1915, especialmente en la de Kutal-’Amara; pero los turcos frenaron el avance de los británicos hacia Bagdad con la batalla de Ctesifonte y les obligaron a retirarse a Kutal-’Amara en noviembre de 1915. Las tropas otomanas sitiaron esta ciudad el 7 de diciembre.

Tropas otomanas en la I Guerra Mundial  El Imperio otomano entró en la I Guerra Mundial al unirse, en octubre de 1914, a los denominados Imperios Centrales (Alemania y Austria-Hungría). Sus tropas lucharon contra las rusas en la cordillera del Cáucaso y contra las británicas en Oriente Próximo

Tropas otomanas en la I Guerra Mundial
El Imperio otomano entró en la I Guerra Mundial al unirse, en octubre de 1914, a los denominados Imperios Centrales (Alemania y Austria-Hungría). Sus tropas lucharon contra las rusas en la cordillera del Cáucaso y contra las británicas en Oriente Próximo

 

3.3.5

El frente italiano

Italia declaró la guerra a Austria-Hungría el 23 de mayo de 1915. Los principales enfrentamientos militares que tuvieron lugar en el frente austro-italiano durante ese año fueron cuatro batallas libradas entre sus respectivos ejércitos en el río Isonzo. El objetivo de los ataques italianos era romper las líneas austriacas y conquistar Trieste.

3.4

1916: continuación del estancamiento

El triunfo obtenido por los alemanes en 1915 al conseguir que los rusos retrocedieran en Prusia oriental, Galitzia y Polonia les permitió centrar sus operaciones en el frente occidental para intentar concluir en 1916 la campaña en esta zona.

3.4.1

Verdún y el Somme

El plan de los alemanes, concebido por Erich von Falkenhayn, jefe del Estado Mayor del Ejército alemán, era lanzar un ataque sobre Verdún para conseguir debilitar a las derrotadas fuerzas de los franceses causando el mayor número de bajas posible. El plan de los aliados en 1916, establecido por el mariscal del Ejército francés, Joseph Joffre, y el general del Ejército británico sir Douglas Haig, consistía en intentar romper las líneas de los alemanes en el oeste mediante una ofensiva masiva en la región del río Somme. Los alemanes iniciaron la batalla de Verdún el 21 de febrero; tras una lucha encarnizada, tomaron los fuertes de Douaumont (25 de febrero), Vaux (2 de junio) y Thiaumont (23 de junio), pero no lograron conquistar Verdún gracias a la defensa que de esta ciudad hizo el general Henri Philippe Pétain. Debido a las numerosas bajas sufridas en la batalla, los franceses redujeron su aportación a la ofensiva aliada del Somme, que comenzó el 1 de julio y se prolongó hasta mediados de noviembre, y cuya responsabilidad recayó sobre los británicos. En la batalla del Somme, los británicos utilizaron por primera vez carros de combate modernos en el ataque lanzado sobre Courcelette el 15 de septiembre. Los franceses emprendieron un contraataque sobre Verdún en octubre y reconquistaron los fuertes de Douaumont y Vaux (2 de noviembre), restableciendo la situación existente antes de febrero. Hindenburg destituyó a Falkenhayn como jefe del Estado Mayor alemán y nombró a Erich Ludendorff en agosto. El general Robert Georges Nivelle reemplazó a Joffre como comandante general de los ejércitos franceses del Norte y del Noreste en el mes de diciembre.

3.4.2

Las bajas de los rusos y la derrota de los rumanos

Por lo que respecta a la situación del frente oriental en 1916, los rusos lanzaron una ofensiva sobre la región del lago Narocz, al Noreste de Vilna. Esta acción, cuyo propósito era obligar a los alemanes a trasladar sus tropas de Verdún a la región del lago Narocz, fracasó estrepitosamente. La operación que emprendieron en junio resultó más satisfactoria. Los italianos solicitaron que se llevara a cabo alguna acción para aliviar la presión de la ofensiva austriaca en la región de Trentino-Alto Adigio; los rusos, en respuesta a su petición, atacaron a los austriacos en un frente que se extendía desde el sur de Pinsk hasta Chernovtsi. Hacia el mes de septiembre, cuando los numerosos refuerzos alemanes procedentes del frente occidental detuvieron el avance de los rusos, éstos habían hecho retroceder unos 65 km a las tropas austro-alemanas a lo largo de todo el frente y habían capturado alrededor de 500.000 prisioneros. Pese a no conseguir tomar sus principales objetivos, las ciudades de Kovel y Lvov, el ataque ruso persuadió a Rumania para intervenir en la guerra en apoyo del bando aliado (27 de agosto de 1916). Rumania lanzó inmediatamente una invasión sobre la provincia austro-húngara de Transilvania (agosto y septiembre), pero las fuerzas austro-alemanas expulsaron a los rumanos de la región. Estas tropas, junto con soldados búlgaros y turcos, invadieron Rumania (noviembre y diciembre), que a mediados de enero de 1917 había sido completamente conquistada, con lo que los Imperios Centrales se habían asegurado importantes reservas de trigo y petróleo.

3.4.3

Italia y los Balcanes

La actividad en el frente italiano durante 1916 se centró en la quinta batalla del río Isonzo y en la ofensiva austriaca en el Trentino, cuyo objetivo era llegar hasta la retaguardia de la posición italiana en el Isonzo. Los austriacos conquistaron un territorio considerable en el Trentino, pero la contraofensiva de los italianos les permitió recuperar la mayor parte del terreno cedido. Desde agosto a noviembre tuvieron lugar cuatro nuevas batallas en el Isonzo, de las que sólo cabe destacar la conquista de Gorizia por parte de los italianos el 9 de agosto.

En los Balcanes, las potencias aliadas interfirieron en la vida política de Grecia durante 1916 alegando que el gobierno griego, dirigido por el rey Constantino I, favorecía a los Imperios Centrales a pesar de su declarada neutralidad. La intervención de los aliados provocó el establecimiento de un gobierno provisional en Salónica (29 de septiembre), presidido por Eleuterios Venizelos, que declaró la guerra a Alemania y Bulgaria el 3 de noviembre. El rey Constantino seguía ejerciendo el poder en Atenas y gran parte de Grecia, lo que generó conflictos con los aliados, que recurrieron al bloqueo de Grecia. Gran Bretaña reconoció oficialmente al gobierno provisional griego el 19 de diciembre.

Se produjeron dos contiendas en los Balcanes durante 1916. En agosto el Ejército serbio, reorganizado en Corfú, se trasladó a Salónica, donde se unió a las tropas rusas e italianas para lanzar una ofensiva conjunta contra las fuerzas búlgaras y alemanas. Tras las primeras victorias, se vieron obligados a retroceder debido a un fuerte contraataque. Los aliados lanzaron una ofensiva a gran escala sobre Macedonia a principios de octubre; sus tropas capturaron Monastir (en la actualidad Bitola) el 19 de noviembre y llegaron hasta el lago Ohrid (situado en la frontera entre Albania y Macedonia) a mediados de diciembre.

3.4.4

Los dominios otomanos

Durante 1916 se desplegó una considerable actividad militar en tres zonas del Imperio otomano: Mesopotamia, Arabia y Palestina. En Mesopotamia, la ciudad sitiada de Kutal-’Amara fue tomada por los turcos el 29 de abril de 1916 y en febrero de 1917 los británicos la reconquistaron. En Arabia, Husayn ibn Alí, jerife de La Meca, dirigió junto con su hijo, Abdullah ibn Husayn, la rebelión del Hiyaz (en la actualidad Arabia Saudí) contra el dominio otomano en junio de 1916. Husayn ibn Alí contó con la ayuda de los británicos, que le reconocieron como rey del Hiyaz en diciembre de 1916. A fin de favorecer la revuelta árabe, los ingleses destacados en Egipto comenzaron a avanzar hacia la península del Sinaí y Palestina, y a principios de enero de 1917 habían conquistado varias fortificaciones.

3.4.5

Los intentos de negociación

En 1916, Thomas Woodrow Wilson, presidente de Estados Unidos, país que en esos momentos era una potencia neutral, intentó que las naciones beligerantes entablaran negociaciones que condujeran a la paz. Como resultado de sus esfuerzos, el gobierno alemán comunicó a Estados Unidos en el mes de diciembre que los Imperios Centrales estaban dispuestos a iniciar las negociaciones de paz. Cuando Estados Unidos informó de esta noticia a los aliados, Gran Bretaña rechazó la oferta: Alemania no había establecido cláusulas concretas para la paz y en esos momentos Rumania acababa de ser conquistada por los Imperios Centrales, por lo que no era de esperar que éstos aceptaran unos términos razonables. Finalmente, Wilson consiguió que cada uno de los bandos comunicara sus peticiones concretas, pero éstas resultaron ser irreconciliables.

3.5

1917: la entrada de Estados Unidos y la retirada de Rusia

La política de neutralidad estadounidense quedó modificada cuando Alemania anunció en enero de 1917 que a partir del 1 de febrero recurriría a la guerra submarina sin restricciones contra la flota británica y todas las embarcaciones que se dirigieran a esta nación. Los expertos civiles y militares alemanes habían calculado que esta estrategia provocaría la derrota de Gran Bretaña en seis meses. Estados Unidos ya había expresado su fuerte oposición a la guerra submarina sin restricciones porque violaba sus derechos como potencia neutral, e incluso había amenazado a Alemania con la ruptura de relaciones diplomáticas si se llegaba a aplicar esta estrategia, de manera que interrumpió sus gestiones en favor de la paz. El 3 de febrero, Estados Unidos rompió relaciones diplomáticas con Alemania; varias naciones latinoamericanas, entre ellas Perú, Bolivia y Brasil, secundaron esta acción. Estados Unidos declaró la guerra a Alemania el 6 de abril.

3.5.1

Batallas de Arras e Ypres

En 1917 los aliados lanzaron dos ofensivas a gran escala para romper las líneas alemanas en el frente occidental. El primer intento tuvo lugar cerca de Arras entre el 9 de abril y el 21 de mayo. Mientras los altos mandos británico y francés planeaban la estrategia, los alemanes se retiraron de la línea del Aisne y se trasladaron a la denominada Línea Hindenburg, contra la que los aliados dirigieron su ataque. En esta operación se libraron la tercera batalla de Arras y fuertes enfrentamientos en el Aisne y en la región de Champaña, que concluyeron con pequeñas conquistas por parte de los franceses, pero a costa de tal número de bajas que provocó el amotinamiento de las tropas. Tras el fracaso de esta acción, el general Nivelle fue reemplazado por el general Henri Philippe Pétain el 15 de mayo.

La segunda gran ofensiva comenzó en junio, cuando la Fuerza Expedicionaria británica mandada por Haig intentó atravesar el flanco derecho de las posiciones alemanas en Flandes. La batalla de Messines y la tercera batalla de Ypres concluyeron sin ningún progreso para los aliados.

 

Máscaras antigás de la I Guerra Mundial  En la segunda batalla de Ypres (mayo de 1915), durante la I Guerra Mundial, los alemanes comenzaron a utilizar gas tóxico contra el enemigo. A partir de ese momento, los contendientes de ambos bandos hicieron uso bélico de este tipo de sustancias, que causaban ceguera, quemaduras cutáneas y lesiones pulmonares. Para protegerse, los combatientes incorporaron a su pertrecho máscaras antigás como las que se pueden ver en la imagen.

Máscaras antigás de la I Guerra Mundial
En la segunda batalla de Ypres (mayo de 1915), durante la I Guerra Mundial, los alemanes comenzaron a utilizar gas tóxico contra el enemigo. A partir de ese momento, los contendientes de ambos bandos hicieron uso bélico de este tipo de sustancias, que causaban ceguera, quemaduras cutáneas y lesiones pulmonares. Para protegerse, los combatientes incorporaron a su pertrecho máscaras antigás como las que se pueden ver en la imagen.

3.5.2

El empleo de los carros de combate

Entre los ataques que emprendieron los aliados en el frente occidental durante 1917 destaca una batalla en Verdún, en la que los franceses consiguieron recuperar los territorios que habían perdido en los años anteriores, y la batalla de Cambrai (del 20 de noviembre al 3 de diciembre), en la que los británicos atacaron con 400 tanques. Ésta fue la primera acción de la historia militar en la que se utilizaron carros de combate a gran escala, y pudo haber concluido con la ruptura de las líneas enemigas de no ser por la falta de reservas de los atacantes, lo que provocó que los alemanes terminaran reconquistando el territorio cedido a los británicos.

Tras su entrada en la guerra el 17 de abril, Estados Unidos trasladó a Europa la denominada Fuerza Expedicionaria Estadounidense (AEF), al frente de la cual se encontraba el general John Pershing. Hacia junio de 1917, más de 175.000 soldados estadounidenses estaban adiestrándose en Francia, y una división se encontraba ya en las líneas del sector aliado próximo a Belfort; las tropas de la AEF contaban en noviembre de 1918 casi con dos millones de hombres.

3.5.3

La guerra submarina

Durante 1917 la guerra submarina alemana fracasó en su intento de provocar la rendición de Gran Bretaña mediante la destrucción de la flota aliada, de la que los británicos dependían para la obtención de alimentos y suministros. La campaña submarina alemana parecía eficaz en sus comienzos; hacia finales de 1916 los alemanes hundían mensualmente alrededor de 300 toneladas de embarcaciones británicas y aliadas en el Atlántico norte; la cifra ascendió a 875.000 toneladas en el mes de abril, por lo que los alemanes estaban seguros de conseguir la victoria en breve. Sin embargo, Gran Bretaña consiguió, desde el verano, restar eficacia a la estrategia alemana siguiendo varios métodos: adoptó un sistema de convoyes en el que las flotas mercantes eran protegidas por destructores y cazasubmarinos, utilizó hidroaviones para detectar a los submarinos y empleó cargas de profundidad para destruirlos. Al llegar el otoño, los alemanes comenzaron a perder numerosos submarinos, a pesar de que seguían hundiéndose una gran cantidad de barcos aliados. A su vez, las naciones aliadas, especialmente Estados Unidos, construían rápidamente nuevas embarcaciones. El intento alemán de poner fin al conflicto a través de la guerra submarina había fracasado.

3.5.4

La retirada de Rusia

En marzo de 1917 la primera fase de la Revolución Rusa culminó con el establecimiento de un gobierno provisional y la abdicación del zar Nicolás II. El nuevo régimen prosiguió con la guerra; en julio las tropas rusas, al frente de las cuales se encontraba el general Alexéi Alexéievich Brusílov, avanzaron con cierto éxito en el frente de Galitzia, pero posteriormente perdieron gran parte del territorio conquistado. En septiembre los alemanes tomaron Riga, defendida por las fuerzas rusas del general Lavr Gueórguievich Kornílov, y un mes más tarde ocuparon la mayor parte de Letonia y un gran número de islas rusas del mar Báltico. Uno de los puntos programáticos del partido bolchevique, que tomó el poder el 7 de noviembre, era la retirada de Rusia del conflicto; el 20 de noviembre el nuevo gobierno ofreció a Alemania la suspensión de las hostilidades. Los representantes de Rusia, Austria y Alemania firmaron el armisticio el 15 de diciembre, con lo que cesó la lucha en el frente oriental.

3.5.5

Las derrotas italianas

Los aliados sufrieron varios reveses en el frente italiano en 1917. Durante los ocho primeros meses del año, las fuerzas italianas dirigidas por el general Luigi Cadorna siguieron intentando franquear las líneas austriacas establecidas en el río Isonzo para llegar a Trieste, pero sus esfuerzos, tras la décima y la undécima batalla de Isonzo, fracasaron. Lo más destacable de los últimos meses del año fue la firme ofensiva austro-alemana iniciada en el curso alto del Isonzo, cerca de la ciudad de Caporetto, por la que las fuerzas italianas se vieron obligadas a retirarse a sus posiciones del río Piave. La batalla de Caporetto resultó trágica para las tropas italianas; refuerzos británicos y franceses llegaron en su auxilio en el mes de noviembre y el nuevo comandante general italiano, el general Armando Diaz, reemplazó al general Cadorna.

3.5.6

La entrada de Grecia en la guerra

Por lo que respecta a la actividad en el frente de los Balcanes durante 1917, los aliados libraron diversos enfrentamientos en Monastir, en el lago Presba y en el río Vardar que concluyeron sin la victoria de ningún bando; intentaron expulsar al rey griego Constantino I, alegando que su colaboración con los Imperios Centrales impedía a los aliados culminar con éxito las operaciones de la región de los Balcanes. Los aliados comenzaron la invasión de Grecia en el mes de junio y presionaron al monarca griego por medios diplomáticos para conseguir su abdicación. Éste renunció a la corona el 12 de junio; Venizelos se convirtió en presidente del gobierno formado bajo la autoridad de Alejandro, hijo de Constantino. Tras estas transformaciones internas, Grecia declaró la guerra a los Imperios Centrales el 27 de junio.

3.5.7

Oriente Próximo

Los británicos intentaron conquistar Gaza (Palestina) en dos ocasiones (marzo y abril) durante 1917. Dirigidos por el general Edmund Allenby, los británicos atravesaron las líneas turcas en Beersheva (noviembre), obligándoles a evacuar Gaza; el 9 de diciembre las tropas de Allenby tomaron Jerusalén. Fue también en ese año cuando el coronel británico Thomas Edward Lawrence (más conocido como Lawrence de Arabia), dirigió la rebelión árabe contra los turcos; tras tomar la ciudad turca de al-Aqaba en julio, sus tropas llevaron a cabo numerosos asaltos en la red ferroviaria del Hiyaz durante el resto del año. También vencieron los británicos en Mesopotamia; conquistaron Bagdad en marzo, y hacia septiembre habían avanzado hasta Ramadi, a orillas del río Éufrates, y Tikrīt, a orillas del Tigris.

3.6

1918: el año final

Los primeros meses de 1918 no resultaron favorables para las potencias aliadas. Rusia firmó el 3 de marzo la Paz de Brest-Litovsk, por la que se ponía fin oficialmente a la guerra entre esta nación y los Imperios Centrales; el 7 de mayo Rumania firmó el Tratado de Bucarest, según el cual debía ceder la región de Dobrudja a Bulgaria, los pasos de la cordillera de los Cárpatos a Austria-Hungría y conceder a Alemania un arrendamiento a largo plazo de los pozos de petróleo rumanos.

3.6.1

La retirada de Bulgaria y Austria-Hungría

Sin embargo, el resultado de la lucha en el frente de los Balcanes durante 1918 fue catastrófico para los Imperios Centrales. Una fuerza de unos 700.000 soldados aliados, compuesta por franceses, británicos, griegos, serbios e italianos, comenzó una ofensiva a gran escala contra las tropas alemanas, austriacas y búlgaras en Serbia. El éxito del ataque fue tal que a finales de mes los búlgaros estaban completamente derrotados y firmaron un armisticio con los aliados. Rumania volvió a intervenir en el conflicto en noviembre en favor de la causa aliada, apoyada por las tropas aliadas que habían entrado en el país tras la capitulación de Bulgaria. Los soldados serbios del Ejército aliado continuaron avanzando después de que se firmara la tregua con los búlgaros y ocuparon Belgrado el 1 de noviembre; el Ejército italiano invadió y ocupó Albania.

Tras una fallida ofensiva austriaca sobre el Piave, los aliados obtuvieron la victoria definitiva en el frente italiano durante octubre y noviembre, cuando derrotaron a los austriacos en la batalla de Vittorio Veneto (del 24 de octubre al 4 de noviembre). Los italianos tomaron finalmente Trieste el 3 de noviembre y ocuparon Fiume (actual Rijeka) el 5 de noviembre. La conmoción de la derrota provocó alzamientos revolucionarios en el Imperio Austro-Húngaro. Los checos y los eslovacos ya habían constituido en octubre un Estado independiente, Checoslovaquia; los eslavos del Sur proclamaron su independencia en octubre y fundaron en diciembre el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, que más tarde pasaría a denominarse Yugoslavia (en la actualidad Croacia, Eslovenia, Bosnia-Herzegovina, Ex-República Yugoslava de Macedonia y República Federal de Yugoslavia). Los húngaros establecieron un gobierno independiente en noviembre. Las autoridades austro-húngaras establecidas en Viena firmaron un armisticio con los aliados el 3 de noviembre y Carlos I, el último emperador de los Habsburgo, abdicó días después; al día siguiente se proclamó la República de Austria.

3.6.2

La retirada de Turquía

Los aliados también pusieron fin a la guerra en el frente turco de forma satisfactoria en 1918. Las fuerzas británicas rompieron las líneas turcas en Meguido y derrotaron a los destacamentos alemanes que las apoyaban en el mes de septiembre; los británicos, después de unirse a las tropas árabes lideradas por Lawrence, tomaron Líbano y Siria. En octubre conquistaron Damasco, Alepo y otros puntos estratégicos; a su vez, la Marina francesa ocupó Beirut y el gobierno otomano solicitó un armisticio que se firmó el 30 de octubre. Según las condiciones establecidas, el Imperio otomano debía retirar sus ejércitos, romper relaciones con los Imperios Centrales y permitir a los buques de guerra aliados cruzar el estrecho de los Dardanelos.

3.6.3

El último esfuerzo de los alemanes

A pesar de las victorias de los alemanes sobre los rusos y los rumanos en 1917, los aliados formularon unos objetivos de guerra a comienzos de 1918 radicalmente opuestos a los expresados por los Imperios Centrales. La política de pacificación del presidente estadounidense Wilson comprendía catorce puntos cuyo objetivo era alcanzar una paz justa e indujo a los Imperios Centrales a cesar las hostilidades algunos meses después. A comienzos de 1918, los alemanes decidieron llevar a cabo un esfuerzo supremo en la primavera de ese año para romper las líneas aliadas en el frente occidental y llegar así hasta París. Esta poderosa ofensiva, que comenzó el 21 de marzo, fue dirigida contra el frente británico situado al sur de Arras. El temor a que los alemanes consiguieran atravesar las líneas aliadas se fue extendiendo debido al éxito de la ofensiva durante la primera semana; por este motivo, los aliados encargaron al general Ferdinand Foch la coordinación de las operaciones aliadas, nombrándole comandante general de los ejércitos aliados en Francia —formados por franceses, belgas, británicos y estadounidenses— al mes siguiente. De abril a junio los alemanes emprendieron un segundo avance, lo que les permitió llegar hasta un punto del Marne que se hallaba tan sólo a 60 km de París, pero las tropas francesas y la II División estadounidense detuvieron el avance alemán en la batalla de Château-Thierry (4 de junio) y la fuerza de la ofensiva alemana decayó enormemente a mediados de julio. Pese al avance logrado en la segunda batalla del Marne, sus progresos se vieron frenados inmediatamente por las tropas francesas y estadounidenses. El general Foch, que advirtió que la ofensiva alemana carecía de fuerza, ordenó un contraataque el 18 de julio. Los alemanes se vieron obligados a replegarse sobre el Marne y los aliados tomaron la iniciativa en el frente occidental y siguieron en esta línea hasta que concluyó el conflicto.

3.6.4

El final de la guerra en Europa

Los aliados emprendieron una ofensiva sobre las líneas alemanas establecidas en Amiens (del 8 al 11 de agosto); los alemanes se rindieron tres meses después. Las fuerzas británicas y francesas ganaron la segunda batalla del Somme y la quinta batalla de Arras durante la última semana de agosto y los primeros días de septiembre, e hicieron retroceder a los alemanes hasta la Línea Hindenburg. El resto de las tropas alemanas fue reducido por los estadounidenses en la batalla de Saint-Mihiel (12 y 13 de septiembre). Los británicos avanzaron hacia Cambrai en octubre y principios de noviembre, y los estadounidenses atravesaron la boscosa región de Argonne. El último ataque logró romper las líneas alemanas establecidas entre Metz y Sedan. Como resultado de estas ofensivas, Ludendorff pidió al gobierno alemán que solicitara un armisticio al enemigo. El gobierno alemán inició las conversaciones con los aliados en octubre, pero éstas fracasaron cuando el presidente Wilson insistió en negociar únicamente con regímenes democráticos. Mientras tanto, los británicos realizaban importantes progresos en el norte de Francia y a lo largo de la costa belga, y las tropas francesas y estadounidenses llegaron a Sedan el 10 de noviembre. La Línea Hindenburg había sido completamente aniquilada a comienzos de este mes, y los alemanes se retiraban con rapidez de todo el frente occidental. La derrota del Ejército alemán tuvo repercusiones en el interior del país q

Firma del armisticio de la I Guerra Mundial  El 11 de noviembre de 1918, representantes de los gobiernos de Francia, Alemania y Gran Bretaña se reunieron en un vagón de un tren, en los alrededores de la ciudad francesa de Rethondes, y firmaron el armisticio que puso fin a la I Guerra Mundial. Con la rendición incondicional alemana concluyó una de los conflictos bélicos más cruentos de la historia de la humanidad. Precisamente en ese mismo vagón, 22 años más tarde, tuvo lugar la rendición francesa a la Alemania nacionalsocialista de Adolf Hitler en el transcurso de la II Guerra Mundial

Firma del armisticio de la I Guerra Mundial
El 11 de noviembre de 1918, representantes de los gobiernos de Francia, Alemania y Gran Bretaña se reunieron en un vagón de un tren, en los alrededores de la ciudad francesa de Rethondes, y firmaron el armisticio que puso fin a la I Guerra Mundial. Con la rendición incondicional alemana concluyó una de los conflictos bélicos más cruentos de la historia de la humanidad. Precisamente en ese mismo vagón, 22 años más tarde, tuvo lugar la rendición francesa a la Alemania nacionalsocialista de Adolf Hitler en el transcurso de la II Guerra Mundial

ue afectaron de forma muy negativa al gobierno establecido. La flota alemana se amotinó, el rey de Baviera fue destronado por un levantamiento y el emperador Guillermo II abdicó en noviembre y huyó a los Países Bajos. El día 9 de ese mismo mes se proclamó la República de Weimar en Alemania, cuyo gobierno envió una comisión para negociar con los aliados. A las cinco de la mañana del 11 de noviembre tuvo lugar en el bosque de Compiègne la firma del armisticio entre Alemania y los aliados; este documento estaba basado en las condiciones establecidas por los vencedores; esa misma mañana cesaron las hostilidades en el frente occidental.

 

 

3.7

La guerra en las colonias

Las fuerzas destacadas en las colonias alemanas de África y el océano Pacífico, a excepción de las que se encontraban en África oriental a finales de 1917 y durante 1918, lucharon a la defensiva la mayor parte del tiempo. Fueron derrotadas con rapidez en unos casos y gradualmente en otros, pero prácticamente todas se habían rendido a los aliados hacia el final de la guerra.

3.7.1

África

Los territorios africanos colonizados por los alemanes en 1914 eran Togo, Camerún, el África Suroccidental Alemana (actual Namibia) y el África Oriental Alemana. Una fuerza anglo-francesa tomó posesión de Togo en agosto de 1914. En septiembre de ese año los británicos invadieron Camerún desde Nigeria, y los franceses se internaron en el este y el sur de esta región desde el África Ecuatorial Francesa. Después de muchas campañas, la resistencia alemana fue superada definitivamente en febrero de 1916. El África Suroccidental Alemana fue conquistada entre septiembre de 1914 y julio de 1915 por tropas de la Unión Sudafricana (actual República de Sudáfrica). La más importante de las posesiones alemanas, el África Oriental Alemana, fue la que ofreció más oposición a los aliados. Los primeros ataques emprendidos por las tropas británicas e indias (noviembre de 1914) fueron repelidos por las fuerzas alemanas dirigidas por el general Paul von Lettow-Vorbeck. En noviembre de 1915 las unidades navales de los británicos se apoderaron del lago Tanganica, y el general Jan Christiaan Smuts recibió el mando de las fuerzas aliadas (formadas por británicos, sudafricanos y portugueses) que se encargarían de la invasión del África Oriental Alemana al año siguiente. Los aliados tomaron en 1916 sus principales ciudades: Tanga, Bagamoyo, Dar es-Salaam y Tabora, por lo que las tropas de Lettow-Vorbeck se retiraron hacia el sureste de esta región. Sin embargo, las fuerzas alemanas iniciaron una ofensiva a finales de 1917 e invadieron el África Portuguesa. Cuando se firmó el armisticio en Europa en 1918, las tropas alemanas del África Occidental Alemana seguían aún luchando, a pesar de que la mayor parte de la colonia se encontraba en poder de los aliados. Lettow-Vorbeck se rindió tres días después de que se terminara la guerra en Europa.

3.7.2

El Pacífico

En el Pacífico, una fuerza neozelandesa conquistó la zona alemana de Samoa en agosto de 1914, y los archipiélagos alemanes de Bismarck y Nueva Guinea fueron ocupados por tropas australianas en septiembre. Las fuerzas japonesas tomaron la fortaleza de Qingdao, un puerto alemán situado en la provincia china de Shandong, en noviembre de 1914, y las islas Marshall, las islas Marianas, el archipiélago de Palau y las islas Carolinas entre agosto y noviembre de ese año. Cuando la guerra terminó, Japón conservó Qingdao hasta 1922 y consiguió un mandato sobre las islas Marshall, Marianas, Palau y Carolinas.

3.8

La guerra marítima

A comienzos de la guerra, el grueso de la flota británica, la Gran Flota, contaba con veinte acorazados y numerosos cruceros y destructores; estaba ubicada en la base de Scapa Flow, situada en las islas Orcadas, mientras que una segunda flota protegía el canal de la Mancha. La Flota de Altamar alemana estaba compuesta por trece acorazados y tenía sus bases en los puertos alemanes de mar del Norte.

Submarino alemán  Los submarinos alemanes iniciaron un bloqueo sobre las islas Británicas en febrero de 1915. El hundimiento de las naves aliadas causó un gran número de bajas, al abandonarse el principio por el cual se permitía la evacuación de las naves civiles antes de su hundimiento. En mayo, un submarino alemán torpedeó al Lusitania, un vapor de pasajeros británico. Éste se hundió en menos de 20 minutos frente a la costa meridional de Irlanda, y fallecieron 1.198 civiles, entre los que se encontraban 128 estadounidenses. El incidente estuvo a punto de anticipar la intervención de Estados Unidos en el conflicto mundial, que se produjo en 1917.

Submarino alemán
Los submarinos alemanes iniciaron un bloqueo sobre las islas Británicas en febrero de 1915. El hundimiento de las naves aliadas causó un gran número de bajas, al abandonarse el principio por el cual se permitía la evacuación de las naves civiles antes de su hundimiento. En mayo, un submarino alemán torpedeó al Lusitania, un vapor de pasajeros británico. Éste se hundió en menos de 20 minutos frente a la costa meridional de Irlanda, y fallecieron 1.198 civiles, entre los que se encontraban 128 estadounidenses. El incidente estuvo a punto de anticipar la intervención de Estados Unidos en el conflicto mundial, que se produjo en 1917.

 

3.8.1

Las primeras operaciones

En la batalla que tuvo lugar en la ensenada de Helgoland (1914) los británicos atacaron la base naval alemana de la isla de Helgoland y hundieron tres naves enemigas; los submarinos alemanes hundieron el superacorazado Audacious (27 de octubre) e intentaron atacar Scapa Flow, por lo que las naves británicas allí fondeadas hubieron de zarpar en busca de refugio a la costa occidental de Escocia.

Una escuadra de cruceros alemanes destacada en el Pacífico sur, al mando de la cual se hallaba el almirante Maximilian Spee, causó importantes daños en las instalaciones francesas de Papeete y en las islas Fanning (de posesión británica) en septiembre y octubre de 1914; el 1 de noviembre derrotó a una escuadra británica en la batalla de Coronel, pero fue vencida el 8 de diciembre por una escuadra británica a las órdenes del almirante Frederick Sturdee en la batalla de las islas Malvinas, en la que perdió cuatro de sus cinco naves. Durante 1914 y los primeros meses de 1915, los cruceros alemanes produjeron graves daños a los buques británicos del océano Índico y otras zonas.

La acción más destacable de 1915 fue el bloqueo submarino impuesto por Alemania a Gran Bretaña. El hundimiento del transatlántico de pasajeros Lusitania a manos de un submarino alemán el 7 de mayo costó la vida a muchos súbditos estadounidenses, lo que originó una polémica que estuvo a punto de provocar la guerra entre Estados Unidos y Alemania, modificando ésta última sus métodos de guerra submarina para satisfacer al gobierno estadounidense. Sin embargo, en marzo de 1916, el hundimiento por un submarino alemán del buque de vapor francés Sussex en el canal de la Mancha y la existencia de víctimas estadounidenses hizo estallar un nuevo conflicto diplomático entre estos países.

3.8.2

1916 y los años siguientes

El enfrentamiento naval más importante de la guerra fue la batalla de Jutlandia, librada el 31 de mayo y el 1 de junio de 1916 entre la Gran Flota británica y la Flota de Altamar alemana, y tras la cual Gran Bretaña pudo conservar su supremacía naval. No obstante, los alemanes consiguieron romper el bloqueo británico y reanudaron la guerra submarina sin restricciones en 1917, persuadidos de que éste era el único método con el que podrían derrotar a Gran Bretaña; esta estrategia no condujo a la rendición de los británicos, sino que motivó que Estados Unidos declarara la guerra a Alemania. Los ataques de los submarinos alemanes a los convoyes británicos en el océano Atlántico y en el mar del Norte ocasionaron la destrucción de numerosas embarcaciones. Por este motivo, los británicos intentaron bloquear, con escaso éxito, las bases submarinas alemanas de Ostende y Zeebrugge (ambas en Bélgica) en abril de 1918; finalmente, las fuerzas terrestres británicas marcharon sobre Bélgica en octubre y tomaron ambas bases y otros puertos belgas.

3.8.3

El hundimiento de la flota alemana

De acuerdo con los términos del armisticio, los alemanes debían entregar a los aliados la mayor parte de su flota, compuesta por 10 acorazados, 17 cruceros, 50 lanchas torpederas y más de 100 submarinos. Salvo estos últimos, toda la flota, incluidos capitanes y tripulaciones, estaba retenida en Scapa Flow en noviembre de 1918. El Tratado de Versalles (1919), que puso fin a la guerra, estipulaba que todas las naves retenidas pasaban a ser propiedad de los aliados; los alemanes habían de entregar los restantes buques de guerra que se encontraran en su poder; además, el tamaño de la futura flota alemana quedaba drásticamente reducido. Como represalia ante estas condiciones, los alemanes hundieron el 21 de junio de 1919 sus propias naves de Scapa Flow.

El tonelaje total de naves aliadas hundidas por los submarinos, embarcaciones y minas alemanas fue de casi 13 millones; el mayor tonelaje hundido en un solo año (1917) alcanzó los 6 millones.

3.9

La guerra aérea

La I Guerra Mundial estimuló enormemente la fabricación de aeronaves, su uso con fines militares y el desarrollo de la guerra aérea; se construyeron dirigibles, globos y aviones. Éstos últimos se utilizaban principalmente para dos tipos de misiones: la observación y el bombardeo. La exploración de los frentes de batalla fijos se llevaba a cabo mediante pequeños globos con cuerdas; los dirigibles servían para realizar reconocimientos en el mar, y los aeroplanos para sobrevolar las zonas costeras. Con respecto a las operaciones militares terrestres, los aeroplanos se empleaban para observar la disposición de las tropas y defensas del enemigo y bombardear sus líneas o a sus fuerzas cuando entraban en combate.

Los alemanes bombardearon por primera vez París desde el aire el 30 de agosto de 1914 y Dover (Gran Bretaña) el 21 de diciembre de 1914. Durante 1915 y 1916, los dirigibles alemanes, conocidos como zepelines, atacaron el este de Inglaterra y Londres en sesenta ocasiones. El primer ataque con aviones se produjo el 28 noviembre de 1916, y estas acciones se repitieron con frecuencia durante el resto de la guerra.

Desde mediados de 1915 se hicieron frecuentes los combates aéreos entre aviones o escuadrones enemigos. Los alemanes disfrutaron de la supremacía aérea en el frente occidental desde octubre de 1915 hasta julio de 1916, año en el que los británicos demostraron su superioridad. Entre los más importantes aviadores, cabe destacar al estadounidense Eddie Rickenbacker, al canadiense William Avery Bishop y al barón alemán Manfred von Richthofen.

4

RESUMEN DE LA GUERRA

La I Guerra Mundial duró cuatro años, tres meses y catorce días. El conflicto representó un coste de 186.000 millones de dólares para los países beligerantes. Las bajas en los combates terrestres ascendieron a 37 millones, y casi diez millones de personas pertenecientes a la población civil fallecieron indirectamente a causa de la contienda. A pesar de que todas las naciones confiaban en que los acuerdos alcanzados después del conflicto restablecerían la paz mundial sobre unas bases estables, las condiciones impuestas promovieron un conflicto aún más destructivo (que se inició en 1939 y que, no en vano, fue denominado II Guerra Mundial). Los Imperios Centrales aceptaron los catorce puntos elaborados por el presidente Wilson como fundamento del armisticio, esperando que los aliados los adoptaran como referencia básica en los tratados de paz. Sin embargo, la mayor parte de las potencias aliadas acudieron a la Conferencia de Paz de París (celebrada en Versalles) con la determinación de obtener indemnizaciones en concepto de reparaciones de guerra equivalentes al coste total de la misma y de repartirse los territorios y posesiones de las naciones derrotadas según acuerdos secretos. Durante las negociaciones de paz, el presidente estadounidense Wilson insistió en que la Conferencia de Paz de París aceptara su programa completo organizado en catorce puntos, pero finalmente desistió de su propósito inicial y se centró en conseguir el apoyo de los aliados para la formación de la Sociedad de Naciones.

Las potencias vencedoras permitieron que se incumplieran ciertos términos establecidos en los tratados de paz de Versalles, Saint-Germain-en-Laye, Trianón, Neuilly-sur-Seine y Sèvres, lo que provocó el resurgimiento del militarismo y de un nacionalismo agresivo en Alemania y desórdenes sociales en gran parte de Europa.

Periódicos anuncian el fin del a Gran Guerra

 

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Levantamiento de los bóxers

Publicado por El hijo del Ahuizote en marzo 5th 2012

Fue un movimiento contra la influencia comercial, política, religiosa y tecnológica foránea en China durante los últimos años del siglo XIX, desde noviembre de 1899 hasta el 7 de septiembre de 1901. Para agosto de 1900, cerca de 230 extranjeros, miles de chinos cristianos, un número desconocido (entre 50 000 y 100 000) de rebeldes, sus simpatizantes y otros chinos habían muerto en la revuelta y su represión.

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Horst Wessel Lied

Publicado por El hijo del Ahuizote en enero 23rd 2012

Horst Wessel Lied (‘Canción de Horst Wessel’), también conocida como Die Fahne hoch (‘La bandera en alto’), era el Himno del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán. La letra, de 1929, es obra de Horst Ludwig Wessel, miembro del partido de los primeros tiempos y la música es una vieja cancion del folklor del Norte (el himno del soldado).

Horst Ludwig Wessel murió en 1930 a consecuencia de un disparo de bala hecho por alemanes comunistas, el suceso no tenía que ver con la política sino a causa de una deuda que tenia Wessel, sin embargo Goebbels aprovechó la ocasión para elevarlo a mártir y de paso usar la letra del poema que había escrito en 1929 para formar el Himno del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán. Lea el resto de esta entrada »

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¡Auf Wiedersehen hasta mejores Días!

Publicado por El hijo del Ahuizote en enero 8th 2012

Un escuadrón de cruceros hace vapor a gran velocidad doblando el extremo mas septentrional de Jutlandia para internarse en el Mar del Norte. Los cuatro majestuosos barcos de guerra, con los blancos mostachos de espuma bajo la nariz de sus proas, constituyen una fiesta para los ojos. Es un espectáculo hermoso y triste a la vez, pues aquí van los únicos barcos principales que restan de la Kriegsmarine alemana; después de cinco años y medio de guerra contra un enemigo superior, solo quedan el crucero pesado Prinz Eugen y el crucero ligero Nürnberg.

Es el mes de mayo de 1945, pocos días después de la rendición alemana; este último viaje, de Copenhage a Wilhelmsafen, lo hacen “escoltados” por dos cruceros británicos. Y cuando apenas se ha internado el escuadrón en las aguas del Mar del Norte, el buque del comandante inglés, el Dido da la orden de separarse : el Prinz Eugen y el Nürnberg deberán proseguir hacia Wilhelmsafen, al cautiverio. El Dido se detiene, con las máquinas inmóviles, y los cruceros germanos pasan a su lado por última vez.

De pronto, cuando los barcos están más próximos, un marinero de señales se destaca en el puente inglés y comienza a enviar un mensaje: “Del Comandante al Comandante”. No son docenas sino centenares de ojos alemanes los que se clavan fijamente en las banderolas, y cientos de roncas voces de marinos repiten, en voz baja y trabajosamente, cada una de las letras que componen el último mensaje del enemigo, los buenos deseos del vencedor para el vencido:

¡Auf Wiedersehen -hasta- mejores Días!

Todos ellos aprietan los dientes y comprenden que este mensjae no es tan solo un gesto de cortesía : en él se revela algo del espíritu caballeroso que, con raras excepciones, animó a su adversario en el mar, implacable y leal, durante todo el período de la despiadad guerra “total”.

 

 El Prinz Eugen en Kiel 1941

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