Historias de la Historia

Anécdotas y Curiosidades del pasado

Blog de Historias de la Historia, collage de fotos antiguas

Libros para porfiristas

Publicado por El hijo del Ahuizote en febrero 24th 2016

Ahora que están de moda las versiones románticas y heroicas del porfiriato, su paz para los poderosos y su progreso para unos cuantos, su mano dura contra los pobres y su impunidad para los ricos, su eficacia para mantener fuera de la vida pública a las mayorías; ahora que nuestros gobernantes parecen tomarlo de ejemplo (salvo en sus partes más constructivas), vale recordar algunos trabajos acerca de un año, botón de muestra de aquel régimen ­autoritario.

En 1891 estalló en Chihuahua una rebelión que fue conocida de inmediato porque fue plásticamente contada por Heriberto Frías en el diario El Demócrata. Suele enfatizarse su carácter religioso (popular) o vérsele como una revuelta prepolítica contra el autoritarismo; pero ya hace tiempo, un trabajo coordinado por Jesús Vargas Valdés ( Tomóchic: la revolución adelantada) demostró su carácter agrario y político. Entre los afluentes de la rebelión, destaca la reacción de los pueblos contra el despojo perpetrado en Chihuahua por las compañías deslindadoras. Latifundistas mexicanos y compañías extranjeras entraron en conflicto frontal con los pueblos. Cuando los hermanos Limantour quisieron tomar posesión de 200 mil hectáreas de bosques empezaron las protestas que, al coincidir con la arbitrariedad de las autoridades, provocaron la rebelión.

Con toda su fuerza, la rebelión de Tomóchic nos seguía pareciendo un evento aislado, pero hace tres años, Emilio Kourí ( Un pueblo dividido: Comercio, propiedad y comunidad en Papantla, Veracruz) nos reveló otra rebelión que estalló también en 1891, como reacción de los pueblos contra los intentos del gobierno del estado por extinguir el condueñazgo, una forma de propiedad que les había permitido capear la aplicación de las leyes porfiristas que permitían el despojo agrario. No obstante el carácter legal de propiedad privada que tenía el condueñazgo, fue condenado por una ley de 1885 y destruido desde 1891.

Este proceso está directamente vinculado al auge comercial de la vainilla, que hizo mundialmente famoso el nombre de Papantla, y atrajo la ambición de poderosos inversionistas ligados a capitales estadunidenses. El asesinato de quienes se opusieron al despojo por la vía legal desató una revuelta que, en principio, pareció dirigirse contra funcionarios locales, pero que desembocó en una década de violencia intermitente, que no evitaría el despojo de las tierras de los pueblos en beneficio de los capitalistas asociados con el gobernador Juan de la Luz Enríquez y la familia política del presidente.

¿Dos rebeliones aisladas? Hace unos meses, la enorme historiadora Romana Falcón ( El jefe político) publicó un espléndido y exhaustivamente documentado análisis de la dominación política porfirista a nivel distrital y las persistentes revueltas y protestas contra el autoritarismo en el estado de México. Y en 1891, los distritos de Temascaltepec y Sultepec fueron teatro del estallido de una larga serie de motines armados contra las políticas agrarias, particularmente los deslindes de las tierras de los pueblos.

Las revueltas continuarían durante al menos cuatro años, siempre vinculados a los conflictos de tierras y a la acción de las compañías deslindadoras. El libro de Romana pone énfasis en las formas de dominación, pero también en la resistencia popular. Resalta la importancia que los pueblos dieron a los documentos antiguos que probaban sus derechos sobre tierras, bosques y otros bienes. Explica los mecanismos mediante los cuales numerosos indígenas perdieron sus tierras por la presión económica, en el contexto de la aplicación de las leyes liberales, en un proceso enormemente complicado que los indígenas interpretaron como una expoliación y un agravio.

En fin: hace unas semanas el historiador tamaulipeco Carlos Mora García me presentó el borrador de su tesis doctoral (El movimiento revolucionario de Catarino Garza, manuscrito inédito citado con permiso del autor), un exhaustivo análisis de la rebelión encabezada en la frontera de Tamaulipas por Catarino Garza. Sí, adivinó usted, lector: iniciada en 1891. Además de los aspectos políticos y del llamado a derribar a Díaz, los rebeldes denunciaron el despojo agrario y algunos de sus dirigentes buscaron conectarlo con las secuelas de la rebelión de Tomóchic y la rebelión coahuilense contra el gobernador José María Garza Galán. Uno de los dirigentes del movimiento catarinista, que insistió sistemáticamente en la prolongación de la revuelta, fue el periodista Paulino Martínez, quien pasó ocho meses en una prisión de Estados Unidos (1891-1892).

Veinte años después, esas regiones, esas formas de lucha y algunos de estos personajes estarían muy presentes en el estallido de la revolución de 1910. Y por cierto, Catarino Garza, ese interesantísimo personaje que hoy sólo parecen recordar los especialistas y algunos tamaulipecos, está a punto de ser rescatado y dado a conocer por Andrés Manuel López Obrador… ya leeremos su libro y lo estaremos comentando.

Twitter: @HistoriaPedro

Tomado con permiso del Dr. Pedro Salmerón de: http://www.jornada.unam.mx/2016/02/23/opinion/017a2pol#sthash.e0iYrjrE.dpuf

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Explosión de la colecturía de San Andrés

Publicado por El hijo del Ahuizote en marzo 6th 2013

Accidente ocurrido la noche del 6 de marzo de 1862 en San Andrés Chalchicomula, Puebla durante la segunda intervención francesa en México; en él perecieron 1017 soldados, 25 oficiales, 40 vecinos de la población y un incalculable número de mujeres que acompañaban a los soldados (soldaderas) y su hijos; otra fuente cita que fueron 1322 soldados, 460 soldaderas, más de 500 víctimas civiles e innumerables heridos.

Fotografía tomada de la placa para conmemorar la explosión de la Colecturía de los Diezmos de San Andrés Chalchicomula, Puebla, México, en donde pereció la Brigada de Oaxaca, que formaba parte del ejército de Oriente durante la II Intervención Francesa en México

 

Cuando el ejército francés desembarcó en Veracruz y para impedir que se apoderaran de los pertrechos de guerra ahí ubicados y en la fortaleza de San Carlos de Perote, se ordenó su desalojo y traslado a la ciudad de San Andrés Chalchicomula donde por disposición del jefe político José Ma. Velázquez se depositaron en la ex colecturía de los diezmos por ser un edificio adecuado para tal fin y porque ya se había convertido en cuartel del ejército después de la nacionalización de los bienes eclesiásticos. Cuando sucedían estas maniobras llegó a la ciudad un cuerpo de carabineros a caballo enviado por el general Álvarez el cual se alojó en la colecturía y en los mesones de la ciudad. En estas circunstancias se dio a conocer que llegaría, en previsión del ya próximo conflicto, una brigada de Oaxaca al mando del Genaral Ignacio Mejía, la conformaban tres batallones, el 1°, el 2° y el “Patria”, que eran parte de la 3ª División del Ejército de Oriente comandado por el general Ignacio Zaragoza.

Muro exterior y patio de colecturía de los diezmos de San Andrés donde sucedio la explosión del 6 de marzo de 1862

Las autoridades locales consideraron pertinente reubicar los pertrechos de pólvora y fusilería al templo de Guadalupe ubicado a las afueras de la ciudad, para dar espacio en la colecturía a la Primera Brigada de Oaxaca, que se dirigía hacia Puebla para encontrarse con el grueso del Ejército de Oriente, para lo cual se embargaron carretas y animales que comenzaron a trabajar desde la mañana hasta en la tarde de aquel 6 de marzo.
La Brigada estaba compuesta por los Batallones Patria y el 1º y 2º de Oaxaca, sumando más de 1300 soldados e inmensurable número de soldaderas que les acompañaban en campaña.
Los miembros de la brigada llegaron subiendo la pendiente del Citlaltépetl después de una extenuante marcha, iban con ellos las soldaderas compañeras inseparables del ejército Mexicano vestidas con su falda de percal y un bulto de cachivaches a cuestas; al llegar a la plaza de Chalchicomula a las doce del día y a pesar de todos los esfuerzos no se lograba desalojar los pertrechos de la colecturía, la brigada permaneció en espera por más de tres horas hasta que a las cinco de la tarde se dispuso que ingresara al inmueble de la colecturía sin haber desalojado del todo los cajones de pólvora y demás pertrechos; así, mientras entraban y acuartelaban los soldados, salían el resto de la pólvora y fusilería. Ordenadamente se fueron instalando en los dos pisos de la colecturía y en el amplio patio rodeado de gruesos muros colocando sus armas en pabellones, en tanto los arrieros se fueron con las acémilas al aguaje, la mayoría se tiraron al suelo a descansar, los pocos recorrían las calles, y los más agrupados en torno de las fogatas donde las soldaderas recalentaban los sobrantes del día, se disponían a cenar después de la jornada.

 

La tragedia

Una chispa saltó al depósito de pólvora y una explosión hizo cimbrar la tierra y los techos arrojando piedras y escombros. El retumbo se propagó hasta perderse en el horizonte. Se registró la hora: las ocho con doce minutos de la noche.
La colecturía permaneció en pie gracias a sus muros de tres metros de ancho pero las casas próximas se derrumbaron en un instante y las de más allá cuarteadas y bamboleantes quedaron en estado ruinoso, la inmensa nube de polvo no permitió ver la magnitud del siniestro sino mucho después, cuando se empezaron a oír las primeras víctimas sobrevivientes cuyos lamentos se reprodujeron como ecos de entre las piedras, la gente del pueblo y los soldados sobrevivientes se dispusieron a trepar sobre los escombros y a remover las piedras en busca de heridos. Se escuchaban las quejas angustiosas de los soldados y los ayes lastimeros de las soldaderas que servían para llegar a ellos. Se trabajó toda la noche y sin descanso solo para rescatar a unos cuantos de los muchísimos que sucumbieron antes de recibir cualquier auxilio.
Al día siguiente cuando se practicó el recuento de la Brigada, los pocos que quedaban, apenas se podían distinguir unos de otros hechos una verdadera lástima. Murieron 1322 soldados y 460 soldaderas muchos de cuyos cuerpos no se pudieron encontrar y otros resultaron de imposible identificación por las horribles mutilaciones. Salieron heridos, de más o menos gravedad, 250 soldados y perecieron más de 500 habitantes de la población.
No siendo fácil sepultar los despojos de todos, se procedió a la incineración para lo cual se prendieron fogatas de diez en diez varas mientras los persistentes olores hacían imposible el tránsito por las calles y en extremo penosa la tarea de limpieza.

 

Sobre la calle llamada de la explosión se aprecian los daños causados a los muros de la colecturía de los diezmos de San Andrés, Chalchicomula, Puebla, México.

Consecuencias

Esta explosión accidental del depósito del parque de la colecturía privó al ejército de la República de un fuerte e importante contingente en hombres y pertrechos que representaban cerca del 20% de los efectivos que ya no participaron el 5 de mayo, el genaral Zaragoza contó solo con 4700 efectivos contra los 6048 de los franceses, pese a lo cual el resultado fue favorable para México, el mismo Zaragoza ante la desgracia juró que batiría a los franceses, lo cual cumplió 2 meses después en Puebla frente a los Fuertes de Loreto y Guadalupe.
La población de Chalchicomula, olvidada en medio de esta tragedia y sobrepasada por los acontecimientos nacionales se tuvo que valer por sí misma, muchas familias desaparecieron o quedaron incompletas y la traumatizada localidad se concentró en sus víctimas sobrevivientes que tuvo la ardua labor de reconstruir sus calles y casas.

 

Para Saber mas:

http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080018007/1080018007_12.pdf

 

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Tratado de Adams-Onís

Publicado por El hijo del Ahuizote en noviembre 1st 2012

El Tratado de Adams-Onís o Tratado de Transcontinentalidad de 1819-1821 (antiguamente titulado Tratado de amistad, arreglo de diferencias y límites entre su Majestad Católica y los Estados Unidos de América y algunas veces denominado Florida Purchase Treaty o Tratado de La Florida de 1819-1821) fue el resultado de la negociación entre España y Estados Unidos para fijar la frontera entre la nación norteamericana y el entonces virreinato de la Nueva España.

Mapa del tratado español estadounidense

Mapa del Tratado adams onis de 1819

Luis de Onís acudió como representante del rey Fernando VII de España y por los estadounidenses el secretario de estado John Quincy Adams. La negociación se inició en 1819 y aunque se firmó en ese mismo año no fue ratificado hasta el 22 de febrero de 1821 por ambas partes.
La frontera se fijó más allá del río Sabina y Arkansas hasta el paralelo 42°, como consecuencia inmediata España perdió sus posesiones más allá de esa latitud como lo fue el territorio de Oregón, también perdió definitivamente las Floridas, la Luisiana y la posibilidad de navegar el río Misisipi. La Corona Española quedó como única soberana de Texas, territorio que los Estados Unidos reclamaba como parte de la Luisiana y, por lo tanto, comprada a los franceses en 1803 según los estadounidenses.

Territorio político de Norteamérica en el siglo XIX

Mapa de la Nueva España en 1819

El tratado fue beneficioso para las dos partes. En el caso de España, recibía la soberanía de Texas a cambio de una soberanía, que de facto no tenía, en Florida. Además, los territorios del Oregón eran muy remotos y sin ningún valor comercial. Estados Unidos ganó su transcontinentalidad, Florida y el territorio sin fronteras definidas del Oregón, el cual sería un tema de discusión entre Gran Bretaña (en el territorio de Canadá) y los Estados Unidos.
El tratado fue ratificado en 1832 por México y Estados Unidos. Así la frontera quedaría fijada de esta manera hasta que en 1848 cuando tras la guerra de Intervención Norteamericana México perdería definitivamente estos estados por los tratados derivados de esta invasión. Por resultado la frontera mexicano-estadounidense quedaría fijada por el curso del Río Bravo, también llamado Río Grande del Norte.

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RECORDANDO LA MATANZA DE HUITZILAC

Publicado por El hijo del Ahuizote en octubre 3rd 2012

El pasado 3 de octubre se cumplió un aniversario más en la cuenta de una de las matanzas que como sucede en la actualidad, quedaron sin resolver. (Ver Colosio, Digna Ochoa, etc.) Fue un 3 de octubre de 1927 en el poblado de Huitzilac, Mor., los muertos: el General Francisco Serrano, generales Vidal, Peralta y demás acompañantes.

La historia me fue referida por un testigo presencial, ahora ya difunto, el Teniente Coronel de Aviación Francisco Bulnes Rivadeneyra y quien en esa época era subteniente del 12 batallón que se encontraba en Cuernavaca el 2 de octubre de ese año y fue uno de los militares encargados de escoltar a los prisioneros al siguiente día, para traerlos a la ciudad de México.

En sus palabras me dijo que: “Nosotros no tuvimos ninguna orden especial, simplemente mantenerlos vigilados. En la diana del día 3 me tocó recibir la guardia en prevención, del cuartel general de la zona militar en donde se  encontraban los generales Serrano, Vidal, Peralta y otros. Dichos prisioneros mantenían sus armas, lo cual indica que no se consideraban ni de peligro o riesgo. No tenían centinelas lo que demuestra que no eran reos peligrosos, ya que de serlo los habrían tenido desarmados, separados y bajo vigilancia extrema. Inclusive se les dieron catres para dormir, mismos que fueron proporcionados por un amigo del general Serrano, dueño de un hotel. Incluso los detenidos me fueron entregados sin una lista, como era de rigor.”

“En la tarde nos ordenaron subir a los automóviles para acompañar a los prisioneros a México. Ibamos 14 oficiales bajo el mando del entonces capitán primero Baltasar García Alcántara y entre ellos también se encontraba el teniente Fernando Pámanes Escobedo (quien más tarde llegó a general y a Gobernador del estado de Zacatecas). Un poco antes de llegar a Huitzilac, nos encontramos con un regimiento de artillería con 300 soldados armados de rifles Thompson bajo las órdenes del general Claudio Fox. Al ver al general Fox, el general Serrano sacó su pistola y se la entregó al capitán García Alcántara, diciéndole que…la guardara porque ya no la iba a necesitar… Entregamos a los prisioneros y regresamos a Cuernavaca en la confianza que a ellos los llevarían a México. Al día siguiente nos enteramos de la suerte que habían  corrido y no entendimos nada.”

El general Fox en abuso de sus funciones ordenó que se les ataran las manos y al no tener cordeles, lo hicieron con alambre de púas que arrancaron de las cercas. Todos los cadáveres tenían las marcas en las muñecas.

Las autopsias nunca fueron dadas a conocer, pero sus ropas fueron entregadas a sus familiares y estas mostraban no solo las gradaciones causadas por las balas, sino incluso estaban las cortadas causadas por las bayonetas. Al general Serrano se le tomó una mascarilla en la cual destaca la fractura en la mandíbula.

Posteriormente se alegaron que había sido un Juicio sumario y hasta llegó a hablarse de un Consejo de Guerra lo cual fue totalmente falso. El país estaba en paz, solo que el grupo del general Serrano había creído en los principios base de la Revolución: la No Reelección.

Su delito: Haber sido candidato a la presidencia de la República en contra del general Álvaro Obregón, y haber ganado las elecciones. Se le acusó de haber promovido un levantamiento.

En una investigación realizada por la ya fallecida periodista Helia D’Acosta y publicada en un libro de su autoría en 1976, concluyó que el general Plutarco Elías Calles, presionado por un supuesto movimiento subversivo auspiciado por el general Francisco Serrano, lo mandó detener. Álvaro Obregón, valiéndose del entonces gobernador de Morelos, Ambrosio Puente, de José Alvarez jefe del Estado Mayor Presidencial y del fundador del ejército, general Joaquín Amaro en ese entonces Secretario de Guerra y Marina, llevaron a efecto la matanza.

El general Amaro designó a Claudio Fox que en esa época desempeñaba el cargo de Jefe de Operaciones en el estado de Guerrero, donde cometió diversos actos criminales a decir del Lic. Emilio Portes Gil quien lo dio de baja durante su mandato.

 

 Olvera, Juana Eugenia, 2004, “Recordando la matanza de Huitzilac”

 

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Plano de ataque francés; Puebla

Publicado por El hijo del Ahuizote en mayo 30th 2012

Plano de la ciudad de Puebla y sus alrededores, hecho por las fuerzas francesas. Señala los principales puntos donde se ubicaron los frentes de batalla, entre los que destacan Totimehuacan, Zaragoza, Guadalupe y Santa Anita. Otros lugares de relevancia que marca son: Obrajes de Morelos, río Atoyac, Cholula, molino de Guadalupe, Loreto, Cerro de las Navajas, Garita de Tlaxcala, río San Francisco, garita de pulque, la Catedral y el camino a Orizaba.

Plano de ataque francés a Puebla. 1862

Al calce una nota manuscrita escribe: “(I) C´est sur ce fort que fut dirigée l´attaque du Gral. Lorencez le 5 mai 1862”, cuya traducción al español sería: “(I) Es contra este fuerte que fue dirigido el ataque del general Lorencez el 5 de mayo 1862”. La letra I se encuentra añadida en el emplazamiento del fuerte de Guadalupe. En ese sitio se lee “Tranchées du Cinco de Mayo”, “Trincheras del Cinco de Mayo”.

Referencia

Archivo General de la Nación, México, Fondo Reservado Segundo Imperio, 2º estante, caja 4, expediente 3.

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