Historias de la Historia

Anécdotas y Curiosidades del pasado

¿Cuál fue el destino de los mayas que no fueron conquistados?

Publicado por El hijo del Ahuizote en noviembre 1st 2020

Recientes descubrimientos arqueológicos revelan el pasado de los mayas lacandones, que huyeron de los españoles y sobrevivieron en la selva durante cientos de años.

Hace unos 550 años, las últimas grandes ciudades-estado de la civilización maya que habían prosperado en el continente americano durante siglos llegaron a su fin. Cuando la sequía y la guerra destrozaron el tejido social y político, y los conquistadores españoles se apropiaron de la tierra de los mayas para crear plantaciones subyugando a los mayas para que trabajaran en ellas, muchos de los residentes de las históricas ciudades de piedra, como Yaxchilán y Palenque, huyeron hacia el campo en busca de una vida mejor. Finalmente, fundaron toda una serie de nuevas culturas mayas. Algunos de ellos, los conocidos como los mayas lacandones, se establecieron en los bosques que rodean al lago Mensabak, en Chiapas, un estado del sur de México. Sus descendientes siguen viviendo en esta región. Son los llamados Hach Winik, «verdaderos hombres» en maya yucateco.

Durante décadas, los antropólogos pensaron que los lacandones actuales eran una especie de cápsula del tiempo, un grupo maya que sobrevivió al colapso y a la posterior conquista española, sin sufrir cambios durante cientos de años. Sin embargo, durante la década de 1980, cuando los investigadores aprendieron más cosas sobre los lacandones, empezó a quedar claro que este no era el caso. Aunque incorporan elementos de la cultura maya clásica, la forma de vida lacandona es distintiva.

Durante los últimos 17 años, los arqueólogos Joel Palka, de la Universidad Estatal de Arizona, y Fabiola Sánchez Balderas, presidenta de Xanvil, una organización que estudia y fomenta la cultura maya, han estado colaborando con los mayas lacandones modernos para aprender todo lo posible sobre el nacimiento de esta cultura y comprender cómo se adaptaron sus antepasados a un mundo que fue remodelado drásticamente por fuerzas que estaban fuera de su control. Las excavaciones que realizaron en varios lugares alrededor del lago Mensabak son las primeras que exploran el pasado de los lacandones. La investigación está aportando una imagen detallada de las vidas de los mayas que sobrevivieron al colonialismo y que continuaron con las tradiciones de sus antepasados mientras desarrollaban costumbres, creencias y estrategias de supervivencia propias.

El paisaje sagrado del lago Mensabak contiene docenas de lugares espiritualmente importantes. Uno de los más significativos es un risco de roca caliza que se cree es tanto el hogar de Mensabak (el dios de la agricultura y la lluvia) como la puerta de entrada al cielo de Mensabak, donde van los lacandones cuando mueren.

En la base del risco se encuentra un santuario de huesos que contiene los restos de personas que pudieron ser algunos de los primeros lacandones. Los cráneos tienen frentes aplanadas y se formaron en dos lóbulos separados durante las primeras etapas de la infancia cuando el hueso era aún flexible.

Junto a los huesos se encuentran vasijas de arcilla adornadas con las caras de los dioses. De cada una de estas vasijas rebosa una sustancia alquitranada que se obtiene cuando se quema la resina de las vainas de semillas de los árboles de copal mientras se entonan unas plegarias por encima del humo aromático. Los arqueólogos han trazado una conexión directa entre estas vasijas y los incensarios, una elaborada cerámica que el pueblo maya utilizó para realizar ofrendas a sus dioses durante 3000 años. Este es uno de los muchos ejemplos de continuidad cultural entre los lacandones y los antiguos mayas.

Los lacandones no estaban aislados en esta zona del sur de México; parece ser que lucharon extensamente con grupos mayas vecinos. Las excavaciones realizadas en un sitio llamado Tzibana en el lado este del lago están revelando cómo los lacandones defendieron su territorio. Allí, entre las ruinas de la aldea, los arqueólogos han encontrado rastros de una pared defensiva que se construyó entre dos pirámides que forman un paso estrecho en el paisaje. Construido a base de pedazos de piedra caliza, el muro tiene unos pocos metros de alto. Uno de los miembros del equipo, Josuhé Lozada Toledo, del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México, cree que los guerreros se situaban sobre la pared tras una empalizada de madera más alta que les ofrecía resguardo mientras luchaban con lanzas y jabalinas. En la ladera situada por debajo de la pared se sembraron plantas de piñuela, una especie de maguey que posee espinas agudas en los bordes de sus hojas; formaron así una especie de alambrada de púas natural. Puede que Tzibana fuera la primera línea de defensa contra los atacantes que venían del este.

 

Los residentes de la ciudad se trasladaron al campo, no solo en busca de tierras de cultivo y agua para el riego, sino también de lugares en los que hubiera fuerzas espirituales que creían que les protegerían de un mundo que albergaba enemigos en todas direcciones. «No fueron solo los recursos naturales, sino también los recursos sobrenaturales» lo que condujo a los mayas hasta el lago Mensabak, señala Joel Palka. Aquí se pueden encontrar pruebas de que la religión era una fuerza impulsora en la sociedad de los lacandones. Pinturas rupestres de dioses y de animales espiritualmente significativos adornan los riscos calizos de Tzibana y otros sitios cercanos al lago.

Una serpiente en la base de los riscos de Tzibana se parece a la deidad azteca en forma de serpiente emplumada conocida como Quetzalcoatl, lo que, según Panka, puede ser un reflejo de la influencia de los aztecas sobre los lacandones.

El cerro del Mirador es, según los lacandones, un puente entre el inframundo (representado por el lago), el mundo de los vivos (representado por la tierra) y los cielos (representado por el cielo). Creen que aquí vive el dios Chak Aktun. Palka señala que esta montaña que surge de las aguas de un lago es una versión natural del altépetl («montaña de agua»), un concepto que constituyó la base de las comunidades mayas y aztecas.

Las pirámides-templo que dominaban sus ciudades de piedra eran altepetles creados por el hombre. Hace unos 2000 años, los antiguos mayas aplanaron la cima del Mirador y construyeron allí un enorme templo sobre la plataforma. El equipo también ha encontrado restos de terrazas que pudieron formar parte de una ruta de peregrinaje que subía por la montaña hasta el templo, donde los visitantes hacían ofrendas a Chak Aktun para gozar de buena salud y para obtener cosechas abundantes.

Las familias viven en una aldea en el extremo sur del lago en la que hay dos iglesias, un edifico administrativo donde una pequeña unidad de policía tiene su sede, cuatro tiendas que venden artículos de primera necesidad y snacks y un nuevo centro de información turística. Cultivan alimentos para su propio consumo en los campos cercanos, llamados milpas. Un camino de gravilla conecta la aldea con el mundo exterior más allá de la selva tropical. El Gobierno mexicano catalogó el territorio que rodea el lago como Área de Protección de Flora y Fauna de Metzabok, lo que confiere a la tierra algo de protección legal que ayuda a que el pueblo lacandon mantenga su forma de vida. También reciben un ingreso del Gobierno mexicano para que cuiden el área protegida. Rafael Tarano, al igual que sus antepasados que se asentaron en esta zona después de la llegada de los españoles, cree que la religión es esencial para afrontar cualquier desafío que les depare el futuro. «No sé cuál es el auténtico dios, si Hesuklisto [Jesucristo] o Hachakyum, pero, en los malos tiempos, o crees o mueres», señala.

Tarano aprendió de niño las historias de los dioses Lacandones, desde Mensabak y Chak Aktun hasta Hachakyum (el creador supremo) y Akyantho (dios de los extranjeros y la tecnología). También aprendió cómo realizar las ofrendas tradicionales en los sitios sagrados que rodean el lago. Pero los tiempos han cambiado, y los lacandones han cambiado con ellos. Ya nadie realiza ofrendas, señala Tarano. Toda la comunidad (unas 19 familias en total) o se han convertido al cristianismo evangélico o no practican religión alguna, explica Fabiola Sánchez Balderas.

Zach Zorich

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Publicado en Historia de Mexico | Sin Comentarios »

Hallan cámara funeraria con mural casi intacto de los albores de Palenque

Publicado por El hijo del Ahuizote en septiembre 10th 2012

Palenque, Chis., 9 de septiembre.Arqueólogos e investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) hallaron en la zona arqueológica de Palenque, Chiapas, una cámara funeraria maya con pintura mural, la primera que se descubre casi intacta, asociada muy probablemente a la tumba de un importante personaje.

Vista de la entrada a la cámara, la más antigua que se ha descubierto en la zona. Se observan las paredes con restos del mural y vasijas en el piso

Se trata de la más antigua, de alrededor del año 450 de nuestra era, de los albores de esa majestuosa metrópoli del México prehispánico, hoy considerada patrimonio de la humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

El nuevo descubrimiento cambiará el rumbo de los estudios acerca de la historia y la religión de los antiguos mayas, aseguran los especialistas, quienes sostienen la hipótesis de estar tras la pista de un gran sepulcro de la realeza que gobernó la región hace más de mil 500 años.

La línea de investigación que cobra fuerza es que quizá se trate del enterramiento de alguno de los ajaw(reyes) que iniciaron la dinastía de la que forma parte K’inich Janaab’ Pakal (603-683 dC), conocido también como Pakal II o Pakal El Grande, cuya elaborada y rica tumba es hoy uno de los tesoros arqueológicos más importantes de Mesoamérica.

La cámara funeraria se ubica en el templo XX y fue abierta el pasado martes, después de 13 años de arduos trabajos de investigación y excavaciones realizadas por un equipo encabezado por el arqueólogo Arnoldo Martínez Cruz, el mismo que sacó a la luz el sepulcro de la llamada Reina Roja, en 1994, también en Palenque.

Al retirar la última losa que cubría el vano de la habitación mortuoria, y después de varios minutos de contemplación, los arqueólogos identificaron en el piso una especie de anillo, un colgante y cerca de 50 o 60 cuentas de jade, así como 11 vasijas de cerámica

La recién hallada habitación abovedada fue localizada en 1999 durante las exploraciones que llevaron a cabo los arqueólogos Merle Greene Robertson (fallecida el 22 de abril de 2011) y Alfonso Morales Cleveland, como parte de los trabajos del Instituto de Investigación de Arte Precolombino (organización sin fines de lucro, fundada por Green, que ha financiado importantes investigaciones sobre el arte, la iconografía y la epigrafía mesoamericanas).

A través de un orificio de 10 centímetros, los expertos mayistas lograron entonces tomar una fotografía de una de las figuras del mural, pero, debido a la inestabilidad del sitio y lo intrincado de su ubicación, entre otros motivos, durante casi una década la investigación se interrumpió y no se tenía idea clara de lo que se encontraba en su interior.

Por fin, el martes 4 de septiembre de 2012, al mediodía, en medio de una atmósfera de esperanzada concentración, entusiasmo y un cúmulo de emociones alrededor del profesionalismo y desempeño científico, el equipo de Martínez Cruz, con apoyo del arqueólogo Rogelio Rivero Chong, pudo retirar la última de las losas que cubría el vano de la cámara funeraria.

Al retirar la última losa que cubría el vano de la habitación mortuoria, y después de varios minutos de contemplación, los arqueólogos identificaron en el piso una especie de anillo, un colgante y cerca de 50 o 60 cuentas de jade, así como 11 vasijas de cerámica

Varios minutos se detuvieron a contemplar el esplendor de su interior: paredes y techo en diversas tonalidades de rojo (el color fúnebre de los mayas), y plasmados en los muros figuras humanas ricamente ataviadas; en el piso, esparcidos, una especie de anillo, un colgante y alrededor de 50 o 60 cuentas de jade redondas, grandes, así como 11 vasijas de cerámica.

Las figuras de las pinturas son muy similares a los personajes de estuco que aparecen en relieve en las paredes del aposento de Pakal, en el templo de la Inscripciones. Serían los señores del inframundo, llamados Bolon Tiku, los cuales se mencionan en el libro sagrado de los mayas quichés, el Chilam Balamde Chumayel. Están parados, con tocados de plumas, escudos redondos y cetros con pie de serpiente. Las mejor conservadas son las cuatro figuras que se ubican en la pared del lado poniente y las cuatro del lado oriente; en la pared al norte sólo hay una pequeña porción del mural.

Durante el laborioso proceso de apertura, que en diversas ocasiones tuvo que ser suspendido ante el riesgo de un derrumbe, un detalle casi imperceptible para ojos inexpertos llamó la atención a los arqueólogos: restos de material textil en los alrededores de la entrada, como si hubiera sido forrada con una finísima manta de cielo antes de ser sellada, una suerte de envoltorio-capullo para resguardar el sueño eterno del importante personaje que probablemente ahí reposa. Este es un dato nunca antes apreciado en una tumba maya.

La cámara funeraria es un espacio rectangular de cerca de 3.40 metros de largo, 1.43 de ancho y aproximadamente 2.50 de alto. Está a una profundidad de siete metros desde la parte superior del templo, el cual tiene una altura total de 18 metros

La cámara funeraria es un espacio rectangular de aproximadamente 3.40 metros de largo, 1.43 de ancho y aproximadamente 2.50 de alto. Está a una profundidad de siete metros desde la parte superior del templo, el cual tiene una altura total de 18 metros. Es decir, se ubica casi al centro de la estructura, por lo cual fue muy difícil construir el pozo para llegar a ella.

Se baja por dos escaleras verticales atadas a los muros, una de metal y otra de madera. Abajo, el calor y humedad hacen que se empañen los cristales de quienes usamos anteojos. Un ventilador es encendido cuando los medidores de temperatura se elevan, por ello, en el umbral de la cámara no pueden permanecer más de tres personas durante mucho tiempo.

Arqueólogos, arquitectos, fotógrafos, topógrafos, restauradores, dibujantes y ayudantes que sacan cubetas de arena y pedazos de roca, tienen el privilegio de subir y bajar por turnos a la tumba, pero ninguno con la gran sonrisa de Eugenio Álvaro Jiménez, un trabajador sordomudo, el primero en ingresar al sepulcro de la Reina Roja en 1994 y el primero ahora en ayudar a retirar las lajas que cubrían la entrada de este recinto.

Es tal la experiencia y el contagioso entusiasmo de Eugenio, que con gran rapidez y destreza, sin asomo de cansancio, criba el material que sale de la entrada de la cámara: pedazos minúsculos de mural, estuco aplanado, pequeñas cuentas de piedra verde, restos de lo que parecen huesos de animales y hasta pupas secas de insectos.

Dentro de la cámara

Es en el reducido espacio frente a la recién abierta cámara funeraria del templo XX –en la cual no hay que tocar los muros con la mano desnuda para no contaminar posibles materiales de carbono–, donde los arqueólogos reciben a La Jornada para hablar de la tumba que nos ha costado mucho esfuerzo. La pintura está impresionante, es una pena que no se haya conservado en su totalidad, pero aun así aporta mucha información, explica Arnoldo Martínez.

Por el momento, nadie ha ingresado de lleno a la habitación. Acaso uno o dos pasos, eso sí, con calcetines y mucho cuidado, para colocar los aparatos que miden la humedad y la temperatura.

Lo urgente ahora, añade, es construir una plataforma con tubos de metal y tablones para poder entrar sin dañar el material que se encuentra en el piso y proceder al rescate urgente del mural, el cual se ha desprendido en diversos puntos.

Una vez consolidada y fijada la pintura de muros y bóveda, se procederá a analizar, registrar y remover las piezas de jade y vasijas.

¿Qué hay abajo? ¿Una escalinata? ¿Un sarcófago? ¿Una cripta? ¿Otra cámara? ¿Un esqueleto?

Arnoldo Martínez es prudente al responder: Todavía no lo sabemos. Hasta que empecemos a remover el piso sabremos si hay otro nivel, o si encontramos restos óseos. Lo primero es la conservación de la pintura. En otros templos, como en el XVIII-A, encontramos restos de mural, pero muy pequeños, sólo tres pedacitos en la bóveda. Aquí hay mucho y muy bien (conservado). Es un color rojo probablemente elaborado con hematita, las diferentes gradaciones se lograron al agregarle más o menos cal.

–¿Estamos ante un sepulcro de un alto dignatario maya?

–Es muy probable. La cámara posee atributos que pueden identificarse como un enterramiento de la realeza, aunque no ha sido posible determinar restos óseos por el momento. Si nos apoyamos en la epigrafía conocida y si las fechas de las vasijas son las que pensamos, aquí podría estar el primer gobernante en tiempo histórico real que se conoce de Palenque: K’uk B’alam (que significa quetzal jaguar), el primer ajaw de la casa real palencana, pero hasta que no se excave y explore no podemos afirmar nada, porque no tenemos nada; sería muy arriesgado decir de quién se trata. Hay quienes opinan que esta tumba, por parecerse a la de Pakal, a lo mejor es de la abuela (la señora Olnal, quien gobernó Palenque durante 20 años, desde 583 hasta su muerte en 604 dC), o la mamá, pero son especulaciones. Hasta que no tengamos esto bien trabajado no lo sabremos.

“No hemos tocado nada, porque existe el riesgo de que se colapse la pintura. Es tan delicada que debemos tener un control muy preciso. Nuestro principal problema es lo inestable del relleno, por eso nos llevó bastante tiempo consolidar la estructura para llegar aquí; si no, todo se nos venía abajo.

“Pero estamos ante el único ejemplo de una cámara funeraria con pintura mural que conserva casi todas sus características; por ello será posible hacer comparaciones con otras tumbas mayas de Palenque, como la de la Reina Roja, la del Templo de la Calavera o la tumba III del templo XVIII-A, y también con otras de importantes ciudades mayas como Calakmul, Copán, Tikal y Piedras Negras, lo cual nos permitirá hacer algunas inferencias sobre los antiguos rituales y creencias funerarias de los mayas”.

Detalle de la pintura mural, en la cual prevalece el rojo, color funerario de los mayas

 

En total son aproximadamente 60 las personas que trabajan exclusivamente en la exploración de la tumba del templo XX, en jornadas que se inician a las siete de la mañana y concluyen a las 11 de la noche, porque muchos se quedan picados con la chamba, no por obligación.

No somos cazadores de tumbas

Hacen sólo dos recesos, para ir a desayunar y comer al campamento construido en los años 50 por el arqueólogo Alberto Ruz Lhuillier (1906-1979), descubridor de la tumba de Pakal. En un breve descanso, algunos jóvenes restauradores miran por televisión en el canal National Geographic un documental que muestra la pulcra parafernalia de los hallazgos del egiptólogo Zahi Hawass, sin gota de sudor, en excavaciones de sethollywodense.

¡Qué falso!, dicen y se retiran para seguir trabajando, hombro con hombro, cubiertos de polvo, ayudando a transportar tubos o a retirar lajas, en medio del calor húmedo de una exuberante selva que aún tiene cubierta 70 por ciento de la antigua B’aakal, hoy llamada Palenque.

Si no hubiera esa pasión, puntualiza Rogelio Rivero, nadie aguantaría estar lejos de su familia durante varios meses (esta temporada de trabajos se inició en mayo y debe concluir en diciembre); la tumba se ha hecho del rogar, pero está dando mucha información inédita acerca de Palenque, para entender no sólo el sitio, sino todo el mundo maya… Y lo que nos falta.

El trabajo en el templo XX, ubicado en el área sur de la zona arqueológica, es meticuloso y lento, no obstante la ansiedad que delatan quienes se acercan a preguntar: ¿ya desenterraron al muerto? Los alrededores están cerrados al público. La estructura, orientada al este, se encuentra techada ahora con láminas para permitir que continúen las excavaciones aun bajo las lluvias veraniegas. La cerámica encontrada hasta el momento, da como fecha de edificación del templo los años 500 o 600 dC.

No somos cazadores de tumbas, enfatiza el arqueólogo Arnoldo Martínez, “no tenemos esa escuela. A nosotros nos interesa el rescate integral de Palenque; es decir, también nos preocupamos por su arquitectura (Pakal era un entusiasta de ella); por eso, aquí en el templo XX, no sólo trabajamos en la exploración de la cámara funeraria, nos hace falta consolidar todo el edificio.

Eso es en lo que deben pensar las nuevas generaciones dedicadas a investigar la zona: se trata de una ciudad en la cual sólo está descubierto al público y explorado 20 o 30 por ciento. Por ejemplo, no conocemos sus inicios, nos falta salirnos un poquito del área nuclear de la ciudad; no sabemos dónde se elaboraba la cerámica, dónde se tallaba la escultura (muy abundante en la zona), cómo era la vida cotidiana fuera de donde vivían los gobernantes. En este sentido, podrían encontrarse en el futuro tumbas, edificaciones y piezas más bellas, ricas e interesantes que las que hemos localizado hasta ahora. Hay arqueología para rato. La tumba de Pakal es lo más espectacular que hemos encontrado, y es muy posible que aquí, en la tumba del templo XX, tengamos características similares.

–¿Para verlo ya en los próximos días?

–En las próximas semanas, quizá hasta diciembre. Falta mucho por investigar –concluye el arqueólogo, contento, pero reservando la euforia para lo que aún falta por hallar.

 

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2012/09/10/cultura/a10n1cul

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