Historias de la Historia

Anécdotas y Curiosidades del pasado

Blog de Historias de la Historia, collage de fotos antiguas

Maniobras de Artillería en San Lázaro. Ciudad de México 1902

Publicado por El hijo del Ahuizote en junio 17th 2017

                                     Soldados de artillería emplazando las piezas antes de iniciarse los tiros.


La Secretaría de Guerra y Marina abrió un concurso y nombró a una comisión para estudiar y conocer cuál era el cañón de campaña de tiro rápido que reuniera las mejores condiciones para dotar al Ejército Nacional.

El coronel Manuel Mondragón había traído de Europa cañones fabricados por tres casas: la Krupp, la Schnier-Canetvy y la Saint Chaumond-Mondragón.

                      Un cañón Saint Chaumond-Mondragón, efectuando sus disparos de prueba


La comisión que tenía que dictaminar la eficiencia de dichas piezas de artillería estaba formada por el general Juan Villegas, jefe del Departamento de Artillería, el mayor Rafael Eguía Liz, los capitanes Víctor Fernández Covarrubias y Francisco Nar-váez y los tenientes Enrique Ruiz, Fernández y Serna.

Después de un largo estudio, la comisión rindió su informe y la Secretaría de Guerra y Marina, resolvió adoptar el cañón Saint Chaumond-Mondragón, haciendo un pedido de importancia. El cañón de referencia, color gris oscuro, permite fácilmente confundirse con el terreno y tiene además un sistema de cierre de tornillo, frenos hidráulicos y recuperador con resortes de acero para el movimiento de retroceso.

                                   Después del éxito de las maniobras, las dotaciones recogen las piezas.

El 18 de abril de 1902, el presidente de la República, general Porfirio Díaz, concurrió a la demostración de estas piezas, acompañado de los generales Eugenio Rascón, Juan Villegas, Joaquín Beltrán y otros altos jefes y oficiales. Se hicieron disparos alternados de 500 a mil metros; el Primer Magistrado y sus acompañantes quedaron satisfechos de estas pruebas, así como numerosa concurrencia que se agregó para contemplar con admiración la efectividad de los disparos del nuevo cañón.

 

 

El general Porfirio Díaz, altos jefes del Ejército y sus estados mayores durante las demostraciones del cañón adoptado para el Ejército Nacional.

 

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Libros para porfiristas

Publicado por El hijo del Ahuizote en febrero 24th 2016

Ahora que están de moda las versiones románticas y heroicas del porfiriato, su paz para los poderosos y su progreso para unos cuantos, su mano dura contra los pobres y su impunidad para los ricos, su eficacia para mantener fuera de la vida pública a las mayorías; ahora que nuestros gobernantes parecen tomarlo de ejemplo (salvo en sus partes más constructivas), vale recordar algunos trabajos acerca de un año, botón de muestra de aquel régimen ­autoritario.

En 1891 estalló en Chihuahua una rebelión que fue conocida de inmediato porque fue plásticamente contada por Heriberto Frías en el diario El Demócrata. Suele enfatizarse su carácter religioso (popular) o vérsele como una revuelta prepolítica contra el autoritarismo; pero ya hace tiempo, un trabajo coordinado por Jesús Vargas Valdés ( Tomóchic: la revolución adelantada) demostró su carácter agrario y político. Entre los afluentes de la rebelión, destaca la reacción de los pueblos contra el despojo perpetrado en Chihuahua por las compañías deslindadoras. Latifundistas mexicanos y compañías extranjeras entraron en conflicto frontal con los pueblos. Cuando los hermanos Limantour quisieron tomar posesión de 200 mil hectáreas de bosques empezaron las protestas que, al coincidir con la arbitrariedad de las autoridades, provocaron la rebelión.

Con toda su fuerza, la rebelión de Tomóchic nos seguía pareciendo un evento aislado, pero hace tres años, Emilio Kourí ( Un pueblo dividido: Comercio, propiedad y comunidad en Papantla, Veracruz) nos reveló otra rebelión que estalló también en 1891, como reacción de los pueblos contra los intentos del gobierno del estado por extinguir el condueñazgo, una forma de propiedad que les había permitido capear la aplicación de las leyes porfiristas que permitían el despojo agrario. No obstante el carácter legal de propiedad privada que tenía el condueñazgo, fue condenado por una ley de 1885 y destruido desde 1891.

Este proceso está directamente vinculado al auge comercial de la vainilla, que hizo mundialmente famoso el nombre de Papantla, y atrajo la ambición de poderosos inversionistas ligados a capitales estadunidenses. El asesinato de quienes se opusieron al despojo por la vía legal desató una revuelta que, en principio, pareció dirigirse contra funcionarios locales, pero que desembocó en una década de violencia intermitente, que no evitaría el despojo de las tierras de los pueblos en beneficio de los capitalistas asociados con el gobernador Juan de la Luz Enríquez y la familia política del presidente.

¿Dos rebeliones aisladas? Hace unos meses, la enorme historiadora Romana Falcón ( El jefe político) publicó un espléndido y exhaustivamente documentado análisis de la dominación política porfirista a nivel distrital y las persistentes revueltas y protestas contra el autoritarismo en el estado de México. Y en 1891, los distritos de Temascaltepec y Sultepec fueron teatro del estallido de una larga serie de motines armados contra las políticas agrarias, particularmente los deslindes de las tierras de los pueblos.

Las revueltas continuarían durante al menos cuatro años, siempre vinculados a los conflictos de tierras y a la acción de las compañías deslindadoras. El libro de Romana pone énfasis en las formas de dominación, pero también en la resistencia popular. Resalta la importancia que los pueblos dieron a los documentos antiguos que probaban sus derechos sobre tierras, bosques y otros bienes. Explica los mecanismos mediante los cuales numerosos indígenas perdieron sus tierras por la presión económica, en el contexto de la aplicación de las leyes liberales, en un proceso enormemente complicado que los indígenas interpretaron como una expoliación y un agravio.

En fin: hace unas semanas el historiador tamaulipeco Carlos Mora García me presentó el borrador de su tesis doctoral (El movimiento revolucionario de Catarino Garza, manuscrito inédito citado con permiso del autor), un exhaustivo análisis de la rebelión encabezada en la frontera de Tamaulipas por Catarino Garza. Sí, adivinó usted, lector: iniciada en 1891. Además de los aspectos políticos y del llamado a derribar a Díaz, los rebeldes denunciaron el despojo agrario y algunos de sus dirigentes buscaron conectarlo con las secuelas de la rebelión de Tomóchic y la rebelión coahuilense contra el gobernador José María Garza Galán. Uno de los dirigentes del movimiento catarinista, que insistió sistemáticamente en la prolongación de la revuelta, fue el periodista Paulino Martínez, quien pasó ocho meses en una prisión de Estados Unidos (1891-1892).

Veinte años después, esas regiones, esas formas de lucha y algunos de estos personajes estarían muy presentes en el estallido de la revolución de 1910. Y por cierto, Catarino Garza, ese interesantísimo personaje que hoy sólo parecen recordar los especialistas y algunos tamaulipecos, está a punto de ser rescatado y dado a conocer por Andrés Manuel López Obrador… ya leeremos su libro y lo estaremos comentando.

Twitter: @HistoriaPedro

Tomado con permiso del Dr. Pedro Salmerón de: http://www.jornada.unam.mx/2016/02/23/opinion/017a2pol#sthash.e0iYrjrE.dpuf

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¿Genocidio en México?

Publicado por El hijo del Ahuizote en octubre 10th 2013

Hace poco apareció en el periódico “La Jornada” un interesante ensayo del Dr Pedro Salmerón, lo reproducimos íntegro a continuación:

El término genocidio, adoptado por la ONU en 1948 para efectos jurídicos, significa, según el diccionario: Exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por motivo de raza, etnia, religión, política o nacionalidad; aunque se ha abusado del término, muchas veces con afanes políticos, para los analistas más serios el término implica la voluntad (llevada a la práctica) de eliminar a una colectividad humana.

Por ello se discute si puede aplicarse a la conquista española, pues si bien parece difícil encontrar una voluntad explícita de exterminio, sí existe la voluntad de destruir la identidad cultural (religiosa) de las naciones indígenas. En realidad, el genocidio, como voluntad de exterminio del diferente, está ligado íntimamente al concepto científico deraza originado en el siglo XIX. Las masacres y exterminios anteriores responden a otras pulsiones y merecen otros nombres.

Una serie de argumentos con pretensiones científicas –cientificidad refutada sistemáticamente por la antropología de la segunda mitad del siglo XX– fundaba la superioridad de losblancos en argumentos biologicistas, organicistas y evolucionistas, y hablaba de la división de la humanidad en razas, y de razas puras y razas superiores. En El asalto a la razón, G. Lukács fundamentó la construcción ideológica del concepto científico de raza y su uso por los imperialismos europeos decimonónicos y cómo de ahí sólo había un paso a la justificación científica del exterminio de gitanos y judíos, y la sumisión de los eslavos subhumanospor parte de los nazis.

Simultáneo al ejercicio imperialista de esos conceptos raciales y organicistas fue, en México, el porfiriato, que convirtió las guerras endémicas contra apaches, yaquis y mayas en guerras de exterminio fundadas en el mismo tipo de argumentos científicos con los que el imperialismo británico justificaba las atrocidades que perpetraba en África ecuatorial o del sur; el francés en Argelia o la corona belga en el Congo (los mismos argumentos de las leyes de segregación vigentes en Estados Unidos hasta bien entrado el siglo XX, segregación que aún se practica). En ese aspecto, como en otros, el porfirista fue un régimen cipayo al servicio de los intereses económicos de las grandes potencias, cuyo lenguaje repetía.

En el porfiriato se hablaba abiertamente de civilizar o exterminar a apaches, comanches, yaquis y mayas. Ese genocidio, oculto bajo otras palabras, está siendo develado por los trabajos de autores como Martha Rodríguez, Víctor Orozco, Victoria Reifler, Cuauhtémoc Velasco y muy recientemente para el caso yaqui, Paco Ignacio Taibo II, quien devela el genocidio y su justificación científica.

Ese discurso pretendidamente científico fue absorbido por importantes sectores de las clases medias y populares y persiste hasta nuestros días: en México lo vemos presente en la actitud de muchos sectores frente al EZLN, disfrazado de clasismo frente a la disidencia magisterial, en los brotes de antisemitismo que hemos venido denunciando. Regresando a la historia, la difusión del racismo permitió otros dos genocidios: consustanciales al carácter del régimen porfirista son las campañas de exterminio contra zapatistas entre 1911 y 1914; campañas que continuaron por mano de los carrancistas, como ha mostrado Francisco Pineda, quien no duda en llamar genocidas a estas campañas y ha desenmascarado su lenguaje cientificista en Ejército Libertador: 1915.

Fueron revolucionarios de extracción popular quienes exterminaron a los chinos de Torreón, en mayo de 1911. Juan Puig ha explicado la matanza por la transpolación de los agravios de los sectores más humildes en un grupo vulnerable y fácilmente. A los chinos de Torreón los mató el pueblo, los asesinos fueron los humildes, los olvidados. Sus iras se volcaron contra los chinos, tan distintos aparentemente. No se castigó a nadie: fue una Fuenteovejuna que mató al igual y perdonó al tirano ( Entre el río Perla y el río Nazas, pp. 311 y 312).

No se castigó a nadie: Ramón Corral y los artífices del genocidio yaqui murieron en sus camas, y, como los genocidas de apaches Bernardo Reyes y Luis Terrazas, eran consentidos de Porfirio Díaz. Y si se castigó a Victoriano Huerta no fue por su participación en el genocidio de mayas y zapatistas. Genocidios o matanzas posteriores quedan en la misma impunidad: Díaz Ordaz murió en cama, y quien era secretario de Gobernación cuando las matanzas de Acteal y Aguas Blancas es ahora secretario de Educación Pública y se le insta (y parece que por sus ganas no queda) a repetir semejantes acciones contra los maestros disidentes a quienes el régimen jamás escuchó, como sus predecesores jamás escucharon a apaches, yaquis, mayas ni chinos.

Fuente:
http://www.jornada.unam.mx/2013/10/08/politica/019a2pol

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