Historias de la Historia

Anécdotas y Curiosidades del pasado

Hacia la Guerra: Pacto Ruso-Alemán

Publicado por El hijo del Ahuizote en abril 3rd 2016

Las relaciones diplomáticas crean en ocasiones extraños compañeros de cama. La historia está llena de enemigos íntimos y acuerdos a contranatura, pero pocos fueron tan llamativos como el Pacto Ribbentrop-Mólotov. Aquel 23 de agosto de 1939  Alemania y la Unión Soviética se prometieron lealtad y el reparto de una serie de territorios en Europa Oriental.

El acuerdo se rubricó en Moscú, y adquirió el nombre de los dos ministros firmantes: el alemán Joachim von Ribbentrop y el soviéticoViacheslav Mólotov. En aquella reunión celebrada en el Kremlin participó un sonriente Iósif Stalin, que departió amistosamente con el emisario del III Reich. En consecuencia, muchos fascistas europeos –definidos desde hace años enemigos del comunismo ruso– se mostraron contrarios al acuerdo.

Ribbentrop-Mólotov: 75 años del pacto de no agresión entre Hitler y Stalin

Rúbricas en el tratado de Ribbentrop y Mólotov

El pacto de no agresión contaba con siete cláusulas públicas y cuatro secretas que se conocieron años más tarde. De puertas para afuera, Alemania y Rusia establecían en su artículo IV que «ninguna de las dos participarán en agrupaciones de potencias que de alguna forma estén dirigidas directa o indirectamente contra la otra parte».

Las cláusulas secretas

De puertas para adentro, Alemania y la URSS establecieron una serie de«áreas de influencia». Un reparto futuro de Europa Oriental que empezaría por Polonia, a la que invadieron solo unos días después. Una vez terminada la guerra las cláusulas secretas fueron descubiertas por el ejército británico, que las puso en conocimiento de la opinión pública.

Aun siendo una de las vencedoras del conflicto, la Unión Soviética negó durante décadas la existencia de dichas cláusulas. No fue hasta agosto de 1989 –cincuenta años después de la firma del acuerdo– cuando el gobierno soviético presidido por Gorbachov reconoció que esos artículos ocultos planificaban el «reparto» nazi-soviético de Europa Oriental.

Según el artículo VI, el acuerdo expiraba «en un período de diez años, con la previsión que, en cuanto alguna de las Altas Partes Contratantes no lo denuncie un año antes a la expiración de ese período, la validez del tratado será extendido por otros cinco años». Se prometieron una década de lealtad que saltó por los aires en apenas año y medio con el comienzo –en junio de 1941– de la Operación Barbarroja. No obastante, estaban avisados: Hitler ya mencionó en Mein Kampf su deseo de expandir el Reich por la Unión Soviética.

¿Qué fue de Ribbentrop y Mólotov?

Ribbentrop-Mólotov: 75 años del pacto de no agresión entre Hitler y Stalin

Mólotov

Los ministros de Asuntos Exteriores que dieron nombre al pacto de no agresión tuvieron a partir de entonces trayectorias muy distintas. El diplomático ruso Viacheslav Mólotovpermaneció como Vicepresidente del Consejo de Ministros de la URSS hasta el año 1957, cuando Nikita Jrushchov decidió prescindir de él. Se retiró de forma definitiva en 1961 y falleció en 1986, a la edad de 96 años.

Ribbentrop-Mólotov: 75 años del pacto de no agresión entre Hitler y Stalin

Ribbentrop

Peor suerte corrió el ministro de Asuntos Exteriores alemán Joachim von Ribbentrop, al que después del conflicto acusaron de crímenes de guerra y genocidio. Las potencias vencedoras demostraron que había jugado un papel principal en la deportación de los judíos. Su trabajo consitió en persuadir a países limítrofes (satélites) para que asumieran esa población que después iba a ser exterminada. Por ello decidieron condenarlo a la horca, donde murió el 16 de octubre de 1946.

El pacto de no agresión, punto por punto

 

Molotov, Ribbentrop y Stalin 23 Agosto 1939

Molotov, Ribbentrop y Stalin 23 Agosto 1939

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El gran complot nazi de falsificación

Publicado por El hijo del Ahuizote en febrero 7th 2016

DÍAS DESPUÉS de la rendición de los ejércitos de Adolfo Hitler, un oficial del Servicio de Contraespionaje norteamericano en Austria llamó muy agitado a mi oficina del Cuartel General del Comando Supremo Aliado en Francfort. Informaba que un capitán alemán había hecho entrega de un camión cargado de millones de billetes ingleses. Agregaba que grandes cantidades de billetes aparecían flotando en el Río Enns y que todos los vecinos y las tropas aliadas los estaban pescando.

Alarmado y confuso me trasladé inmediatamente al lugar donde habían capturado al capitán con su camión. Me encontré con 23 grandes cajas del tamaño de ataúdes, llenas de atados de billetes del Banco de Inglaterra. Un rápido inventario de aquel tesoro, hecho con ayuda de nítidos manifiestos pegados en el interior de cada caja, arrojó nada menos que un total de 21 millones de libras esterlinas.

Me resultaba imposible determinar, aun con auxilio de un poderoso lente de aumento, si los billetes eran falsos o auténticos. Llamé a mis colegas ingleses a Francfort, y poco después recibí una llamada telefónica directa del Banco de Inglaterra. Cuando hice la descripción del hallazgo, percibí que quien estaba en el otro extremo del hilo casi perdió el aliento. Poco después llegó de Londres un representante del Banco: un gentleman alto, anguloso y reservado, de nombre Reeves.

Lo llevamos al cuarto donde, fuertemente custodiado, teníamos depositado el tesoro, y él comenzó a examinarlo caja por caja, palpando y manoseando los billetes. Al fin se detuvo, y por unos segundos maldijo lenta y deliberadamente, con su culta voz británica, pero con vehemencia.

—Perdón —dijo al fin—, pero los autores de esta diablura nos han hecho tanto daño…

Desde ese instante Reeves, tres detectives de Scotland Yard y yo trabajamos juntos en la tarea de rastrear y unir la historia completa y fantástica de la Operación Bernhard, la burla más grande que un gobierno le haya hecho jamás a otro.

Para comenzar se me informó que en 1943 una alarmante cantidad de billetes ingleses falsificados se había abierto camino a Londres a través de Zurich, Lisboa, Estocolmo y otras zonas neutrales. Empezaron a llegar en lotes de 100.000 libras esterlinas o más, y la calidad de la falsificación mejoraba siempre. Pronto se hizo evidente para los expertos del Banco que los monederos falsos eran artífices de gran pericia, y que los billetes los ponían en circulación una pandilla muy bien organizada.

Un espía alemán fue arrestado luego en Edimburgo. Lo habían llevado cerca de la costa de Escocia en un hidroavión y había ganado la costa en un bote de caucho. Portaba una maleta atestada de billetes, que eran la más fina falsificación que el Banco de Inglaterra hubiese visto jamás.

El Banco comprendió entonces que el autor de la fechoría era el propio gobierno alemán, y que el crédito mismo de la Gran Bretaña podía correr grave riesgo. Durante muchos años los Bancos del mundo entero han usado los billetes del Banco de Inglaterra casi como oro; y en Europa y Asia gentes miedosas solían atesorarlos para los tiempos malos. Ahora estaban en circulación fuera de Inglaterra centenas de millares de libras en billetes falsificados. Si surgían dudas respecto a la autenticidad de esos billetes, en plena guerra, las consecuencias podían ser sumamente graves, no sólo para Inglaterra sino también para la causa aliada. El Banco tuvo que rendirse, finalmente, ante lo inevitable.

El mundo financiero internacional sufrió una sacudida cuando el Banco anunció que retiraba de la circulación sus billetes de todas las denominaciones y que los cambiaría por billetes de cinco libras de un nuevo diseño. Transcurrido determinado plazo, los antiguos billetes dejarían de tener curso legal.

Ante un Parlamento perfecto, el ministro de Hacienda explicó con cautela que una de las razones que justificaban la medida era la existencia de una extensa falsificación. No dio más detalles, y la prensa británica respetó la consigna de no indagar más.

El hecho es que durante tres años los nazis habían impreso un número incalculable de billetes ingleses falsos que estaban desbaratando fortunas, complicando y enmarañando Bancos e industrias y sangrando a la Tesorería británica millones de libras.

Con estos antecedentes e informaciones iniciamos la cacería de los hombres y de la maquinaria que dirigían y componían la gran empresa de falsificación.

Encontrar la maquinaria no resultó, por suerte, difícil. El capitán que había entregado las cajas de billetes nos dijo que las había recibido de un oficial de las tropas de asalto cuyo camión había sufrido un accidente cerca de la población de Redi Zipf. Había recibido instrucciones de volcarlas en un lago cercano. El capitán no sabía más. Fuimos a Redi Zipf y descubrimos una de las muchas redes subterráneas de corredores de almacenaje y talleres qué formaban parte de la colmena del reducto alpino donde los nazis se proponían hacer la última resistencia. Allí, en la Galería 16 —un túnel de 60 metros que arranca de un gran pozo horadado en el flanco de una montaña— encontramos prensas para imprimir billetes, y otras máquinas. Pero nada de clisés, ni papel, ni archivos.

—Lo único que tenemos que hacer ahora, amigo mío —dijo Reeves— es encontrar a los chicos que hacían funcionar esto.

Investigaciones hechas en Redi Zipf nos revelaron que los hombres que habían trabajado en la fábrica subterránea habían sido conducidos al campo de exterminio de Ebensee, distante 65 kilómetros, pocos días antes de la rendición de Alemania. Nos trasladamos rápidamente a Ebensee. Pero ios falsificadores ya no estaban en el lugar. El comandante del campo, sabedor de que las tropas norteamericanas se hallaban próximas, simuló acatar la orden de matar en las cámaras de gas a los 140 hombres, pero no la cumplió. Cuando el campo fue ocupado los monederos falsos sencillamente salieron de allí y tomaron cada uno por su lado.

Afortunadamente los archivos del campo habían sido conservados y llevados con precisión típicamente alemana, aun durante los últimos días de la trágica derrota del Reich. Los nombres y los lugares de nacimiento de los que componían aquella extraña banda estaban allí registrados. Iniciamos una intensa pesquisa que duró varios meses y nos llevó a los más remotos rincones del antiguo imperio nazi.

Uno por uno, más de 40 de los más importantes falsificadores fueron cayendo en nuestras manos. Poco a poco fuimos verificando y uniendo el conjunto de sus declaraciones, que algunas veces resultaban casi increíbles. Y de pronto, la gran revelación. Por varios de nuestros testigos supimos que un checo de nombre Oscar Skala, prisionero político de los nazis, había sido el jefe contador de la operación. Con ayuda de la policía checoslovaca lo encontramos vendiendo cerveza pacíficamente en una pequeña población cerca de Pilsen. Skala se mostró inclinado a cooperar decididamente. Hombre metódico, había llevado en una libreta la diaria descripción del trabajo de los falsificadores. El trozo final de la historia fantástica de la Operación Bernhard encajaba ahora perfectamente en el hueco vacío del rompecabezas.

A comienzos de la guerra el führer de las tropas de asalto, Heinrich Himmler, había creado en su cuartel general secreto la Oficina 6-F-4, un organismo que se proponía desquiciar la economía de la Gran Bretaña mediante la falsificación en grande escala de sus billetes de banco. El proyecto comenzó en realidad a cristalizar cuando se designó director ejecutivo al comandante Bernhard Krüger en 1942.

Krüger era un joven nazi muy listo que veía en los problemas que retardaban el cabal desarrollo de la 6-F-4 algo así como un resto fascinante. Uno de esos problemas consistía en la dificultad de reclutar el personal que tuviese la pericia y la especialización requeridas para una gran fábrica de falsificación, ya que los peritos del Reischsbank y de la Imprenta Oficial del Reichprobos y viejos funcionarios del servicio civil de Prusia en su mayoría, se rebelaron ante la idea de imprimir billetes de otro país, aun en tiempo de guerra. Krüger tenía una solución: por razones de origen racial se hallaban en los campos de concentración algunos de los mejores técnicos impresores de Alemania; la tarea podría encomendárseles a esos hombres, que al mismo tiempo garantizaban la reserva necesaria.

Bernhard Krüger reunió a esos técnicos, les prometió un trato de excepción para el resto de sus días y los hizo trasladar al campo de concentración de Sachsenhausen en Oranienburgo, cerca de Berlín. Allí, en un compartimiento aislado conocido con el nombre de Bloque 19, rodeado de alambre de púas con carga eléctrica y guardias escogidos de la conocida Brigada de las Calaveras, que juraban absoluto secreto, la Operación Bernhard entró en plena actividad.

Se instaló una maquinaria que era la última palabra en la materia. Con cuidado meticuloso se prepararon las planchas. Un fabricante de prensas interrumpió la producción de guerra para suministrar la maquinaria de precisión requerida. Una famosa empresa manufacturera de papel logró, después de muchas pruebas, reproducir el papel fino y ligero del Banco de Inglaterra, con sus complicadas marcas de agua.

Bernhard Krüger

Bernhard Krüger

La oficina 6-F-4 envió atados del producto Bernhard a los representantes de la Gestapo en las embajadas y consulados de Alemania en Turquía, España, Suiza y Suecia con instrucciones de pasarlo en los Bancos locales. Casi todos los billetes fueron aceptados sin dificultad. Himmler rebosaba de júbilo.

Ahora bien, al salir de las prensas, los billetes eran meticulosamente inspeccionados y clasificados. Los mejores, la primera clase, eran destinados por la 6-F-4 a compras en países neutrales y al fondo de operaciones de los espías y saboteadores de Himmler en el exterior. Los billetes de segunda clase, que tenían leves imperfecciones aunque siempre constituían una imitación excelente, se repartían entre las unidades de la Gestapo en los países ocupados, para pagar información y subsidios a los colaboracionistas, que preferían la salvaguardia de los billetes del Banco de Inglaterra para el caso de que las cosas no marcharan bien.

Los billetes de tercera clase, todavía una excelente falsificación, se acumulaban y guardaban para un fantástico proyecto especial de Himmler : ¡ lanzarlos desde aeroplanos sobre las Islas Británicas! Himmler esperaba que la gente los recogiese y tratase de pasarlos, creándoles al gobierno y a los Bancos el serio problema de separar los buenos de los malos sin causar una bancarrota económica. Afortunadamente, para la época en que estuvieron listos los billetes necesarios, la Luftwaffe había sido expulsada del cielo británico y el proyecto fue abandonado.

Una de las principales víctimas de los billetes de primera clase de Krüger fue el ahora famoso «Cicerón», el espía profesional albanés Eliaza Bazna, que fue criado del embajador británico en Angora durante la guerra y que, según él creía, se convirtió en el espía mejor pagado de la historia al recibir 300.000 libras esterlinas dei Servicio Secreto alemán, por secretos robados de la caja de seguridad del embajador. Otra víctima, más típica, fue un comerciante suizo que aceptó de buena fe 60.000 libras esterlinas de un Banco turco irreprochable. Las libras fueron aceptadas a su vez por un Banco suizo y finalmente se abrieron camino a través de varios países neutrales hasta la oficina principal del Banco de Inglaterra en la calle Threadneedle, en Londres. El producto del comandante Krüger fue descubierto allí por un empleado listo. En algunos casos, sin embargo, los billetes de primera clase salieron de Alemania para un país neutral, de allí para Inglaterra, de nuevo para otro país neutral y finalmente para Alemania una vez más, sin que se descubriera la falsificación en ningún punto del recorrido.

Aun en pleno éxito de la Operación Bernhard, sin embargo, el comandante Krüger no las tenía todas consigo. Su fábrica producía 400.000 billetes por mes y ya pronto se llegaría al total estipulado por Himmler. Por lo que el comandante se puso de acuerdo con sus subalternos para reducir la velocidad de las prensas y desechar grandes cantidades de billetes de primera clase como defectuosos.

 

—Si no rebajamos la producción —le dijo un día a su contador y teniente principal— a mí me mandarán al frente a pelear y a todos ustedes los fusilarán. Sería muy triste.

Fue una fortuna para el Banco de Inglaterra que él llegara a esa conclusión. Varias centenas de millares de billetes de primera clase que hubieran podido circular fueron empacadas y guardadas secretamente en grandes cajas de madera por orden de Krüger.

Un buzo saca billetes del lago Toplitz.

Un buzo saca billetes del lago Toplitz.

Para mantener funcionando a plena capacidad la Operación Bernhard, Krüger se embarcó en otro proyecto que había figurado en su lista por algún tiempo: la falsificación de dólares norteamericanos. Pero él y su equipo advirtieron que este trabajo era más difícil. El papel que se usa en los billetes de las Estados Unidos no ha podido ser imitado con éxito hasta ahora, y las mejores fábricas de papel de Alemania sólo llegaron a producir, después de ensayos agotadores, una mala imitación. Además, los más hábiles peritos de Krüger llegaron a la conclusión de que no podían producir las complicadísimas planchas de grabar y tintas de colores que la obra requería.

En algún lugar de Alemania o en alguno de los países ocupados, razonaba Krüger, debe de haber por lo menos un falsificador profesional con experiencia en billetes norteamericanos, capaz de allanar la dificultad. La Gestapo y los otros servicios secretos de Himmler comenzaron a buscarlo. En una prisión alemana encontraron a Solly Smolia-noff, gitano de nacimiento y falsificador de primera clase. Solly no había estado nunca en los Estados Unidos, pero se había especializado en la producción de billetes «norteamericanos» de tan buena calidad que ya más de una vez habían llamado la atención del Servicio Secreto de los Estados Unidos. Solly había estado preso en varios países europeos por haberlos fabricado.

Solly se encontró como el pez en el agua en el Bloque 19.

—¡Imagínense! —decía a sus colegas—. ¡Una fábrica de falsificación protegida por la policía!

Hacia fines de 1944 Solly tenía listos billetes de 50 y 100 dólares que los expertos de la Imprenta Oficial del Reich y la 6-F-4 reputaban como enteramente satisfactorios. La Operación Bernhard empezó a prepararse para imprimir esos billetes.

 

 

Pero ya la marea de la guerra se estaba volviendo contra el Reich. El bombardeo de Berlín era cada día más intenso, y Sachsenhausen estaba en la zona de ataque. Himmler quiso cerrar la Operación Bernhard, pero Krüger persuadió a su jefe de que lo dejara trasladar la maquinaria y los hombres a una de las nuevas fábricas subterráneas del reducto de los Alpes Austríacos. El comandante sostenía que en caso de un colapso la Oficina 6-F-4 podía ser muy útil a los nazis leales, proveyéndolos de moneda extranjera y credenciales falsificadas de todo género.

El traslado desde Sachsenhausen duró varios meses. La Operación Bernhard quedó lista para poner en movimiento sus prensas en la Galería 16, detrás de Redi Zipf, en abril de 1945. Para entonces, las tropas norteamericanas convergían sobre el reducto. Solly Smolianofí no llegaría a usar las planchas que había fabricado tan diligentemente.

Al final de cierto día, Krüger, manejando un rápido convertible Alfa Romeo, y acompañado de una hermosa rubia, arribó al campo de concentración en la boca de la cueva de Redi Zipf. Transmitió apresuradamente órdenes del propio Himmler: había que hacer desaparecer toda huella de la Operación Bernhard. Los archivos serían destruidos; los billetes y el papel no impreso, quemados; las planchas y troqueles serían arrojados en la parte más honda del cercano Lago Toplitz. Los 140 miembros de la Operación Bernhard serían trasladados al campo de concentración de Ebensee y exterminados.

Krüger, sereno y afable como de costumbre, presentó excusas por no estar en condiciones de intervenir personalmente en los detalles. Dijo que tenía asuntos urgentes a que atender en otra parte. El Alfa Romeo estaba cargado de billetes ingleses y suizos auténticos, adquiridos, según lo supimos después por sus subalternos, mediante operaciones de mercado negro en las capitales ocupadas. En la gaveta del automóvil llevaba pasaportes excelentemente falsificados. El auto arrancó en dirección a Suiza. El gran maestro falsificador Krüger desapareció sin dejar huellas y no se ha vuelto a saber de él desde entonces.

Durante los tres días que siguieron a la partida de Krüger, oficiales de las tropas de asalto y los prisioneros de la Operación Bernhard estuvieron metiendo los archivos y las falsificaciones de inferior calidad en un gran incinerador. Un pelotón arrojó las planchas de imprimir en lo más hondo del Lago Toplitz; pero al final aquellos hombres no pudieron resignarse a la destrucción de los mejores billetes, el tesoro que Krüger había puesto aparte para evitar que hubiera exceso de producción. Colocados en cajas grandes que parecían ataúdes, los billetes fueron trasladados a unos camiones cuyos conductores recibieron la orden de enterrarlos en lugares donde podrían recobrarlos en el futuro.

Fue una de esas camionadas la que nos entregó el capitán alemán. Otras desaparecieron, sencillamente. Otras fueron arrojadas al Río Enns por soldados aterrorizados de las tropas de asalto. En las aguas del turbulento río alpino, henchido por las crecientes primaverales, las cajas que contenían billetes de primera clase fueron rotas por las rocas, y los vecinos de la región comenzaron a pescarlos con entusiasmo.

Terminada nuestra investigación, nos dimos a sacar la cuenta de la producción total de la Operación Bernhard. Era algo espantoso. Según la libreta de Oscar Skala y las declaraciones concurrentes de otros trabajadores de Kriiger, la fábrica de éste produjo casi nueve millones de billetes del Banco de Inglaterra, con un valor par de 140 millones de libras esterlinas, aproximadamente. De esta suma, 1.500.000 libras fueron enviadas a Turquía y al Cercano Oriente; 3.000.000 fueron distribuidas por la 6-F-4 en Francia y los Países Bajos; 7.500.000 pagaron facturas alemanas en España, Portugal, Suiza y los países escandinavos. Otros 62.000.000 de libras escaparon de ser quemados en Redi Zipf y fueron pescadas en el Río Enns por austríacos, rusos, norteamericanos e ingleses, o escondidas por los soldados de las tropas de asalto.

Durante un largo tiempo las obras maestras de Krüger que fueron rescatadas de su tumba acuática y que no fueron entregadas, solían aparecer en los hipódromos ingleses, en los mercados negros de Europa y aun en las casas de cambio extranjero de Nueva York. Pero restaurado ya el prestigio del Banco de Inglaterra, la historia de la Operación Bernhard puede contarse.

Billetes nuevos de cinco libras que llevan a través de ellos un fino hilo metálico, incrustado por un proceso secreto, y que son lo más completamente a prueba de falsificación que una moneda puede ser, han reemplazado los viejos billetes. Con este heroico esfuerzo el Banco de Inglaterra rescató el crédito de la Gran Bretaña. Pero la Operación Bernhard casi llegó a realizar su propósito. Y podría repetirse.

 

 

Por el comandante George J. McNally y Frederic Sondern, hijo

 

George J. McNally and Anthony S. Suglia in Promotion Ceremony for White House Army Signal Agency

George J. McNally and Anthony S. Suglia in Promotion Ceremony for White House Army Signal Agency

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La BBC y la Invasión a Francia: 1944

Publicado por El hijo del Ahuizote en enero 24th 2016

El 14 de agosto de 1944, veinticuatro horas antes de producirse el desem­barco aliado en el sur de Francia, la BBC de Londres, a las 19.30, difundió el siguiente comunicado:

 

«Aquí Londres. Oigan ahora un men­saje del Comandante Supremo Alia­do. Los ejércitos de liberación avan­zan a través de Francia y el enemigo cambia cada hora la disposición de sus tropas y de sus defensas. Es ne­cesario destruir al enemigo donde se encuentre, demoler sus armas y pa­ralizar sus caminos de aprovisiona­miento y de retirada. Vuestra locali­dad puede ser un objetivo, haya o no alemanes en ella. Si veis aviones aliados, acudid al refugio. Pueden verse obligados a tirar cerca del lu­gar donde estáis.
«Evitad las carreteras principales y no os entretengáis en los puentes. Evitad el circular en bicicleta. Si os veis obligados a permanecer en la ciudad, poneos al abrigo. A falta de refugio subterráneo, alejaos de las ventanas y de toda superficie encris­talada. Colgad del cuello de vuestros hijos una etiqueta con su nombre y el vuestro, así como vuestra dirección. Los combates que acarrearán la de­rrota del enemigo común causan aho­ra ia muerte de gran número de hom­bres, soldados y civiles. Es imposible evitarlo. Obedeced las órdenes que se os acaban de dar».

 

Mientras las divisiones alemanas se retiran a lo largo de todo el frente, fuerzas nortea¬mericanas cruzan el Sena en botes livianos para continuar la persecución del enemigo.

Mientras las divisiones alemanas se retiran a lo largo de todo el frente, fuerzas norteamericanas cruzan el Sena en botes livianos para continuar la persecución del enemigo.

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La Carga de la Caballería Polaca en Krojanty

Publicado por El hijo del Ahuizote en agosto 30th 2015

Probablemente la imagen más famosa y persistentemente recordada en el tiempo de la invasión de Polonia por la Alemania nazi (1 de  septiembrede 1939) es la de un escuadrón de osados jinetes polacos cargando a caballo con sus lanzas y sables contra los panzer alemanes. Todo un símbolo de la desesperación de unas gentes valientes, pero abandonadas a su suerte por las potencias aliadas e impotentes ante una tecnología infinitamente superior. En mi caso, uno de los primeros y más vívidos recuerdos de mi infancia en relación con la Segunda Guerra Mundial, es la lectura de un viejo tebeo de «Hazañas Bélicas» en una de cuyas historias se mostraba este episodio. Si no recuerdo mal, uno de aquellos lanceros polacos, se abalanzaba contra un tanque y antes de caer abatido, liquidaba con su lanza a un tripulante del blindado – creo que uno de los ametralladores (o el conductor, quizás) – tras introducir, en una increíble demostración de puntería su lanza por una de las troneras del carro de combate.

Pues bien, la cuestión es que ese osado y suicida ataque nunca se produjo. Ese heroico episodio es uno de los tantos mitos y leyendas existentes en torno a la Segunda Guerra Mundial. No obstante, ello no parece haber menguado la popularidad de la leyenda, incluso entre algunos historiadores e investigadores supuestamente serios. Según el historiador Steven J. Zaloga, la historia parece tener su origen en los primeros días de la campaña, de la mano de corresponsales de guerra italianos destacados en elfrente de Pomerania. Luego fue debidamente engrandecido, embellecido y transformado a su antojo por la poderosa propaganda nazi, siendo más atractivo en cada nueva versión de los hechos. También se ha dicho, de manera bastante insistente, que esa fue la última carga de caballería de la historia en un conflicto armado, a fin de pretender dejar sin argumentos a los defensores de la caballería, para dejar claro que la época del jinete había tocado a su fin, pero eso tampoco es cierto. Así a bote pronto, recuerdo un par de cargas de caballería más durante la Segunda Guerra Mundial – la delRegimiento «Savoia» italiano en Isbuschensky (Rusia) en agosto de 1942 y la del 26th Cavalry Regiment estadounidense en Morong (Filipinas) enfebrero de 1942 – y lo cierto es que las unidades de caballería continuaron teniendo un papel importante durante la guerra (precisamente los alemanes las utilizaron a menudo en la lucha antipartisana).

La fuente original está en una escaramuza cerca de la aldea de Krojantyen la tarde del 1 de septiembre de 1939 (es decir, el mismo día de la invasión). El Corredor de Pomerania, (también llamado «corredor polaco»)  uno de los principales objetivos de Hitler, ya que garantizaba el acceso almar Báltico, estaba guardado por varias divisiones polacas de infantería y por la Brigada de Caballería «Pomorska». El área era indefendible, pero esas fuerzas estaban estacionadas ahí para impedir al menos que laWehrmacht la tomase sin oposición, como había ocurrido en los Sudetes. Al estallar la guerra, esas tropas debían retirarse inmediatamente hacia el sur. Cubriendo el repliegue estaría el coronel Kazimierz Mastalerz (en la fotografía bajo estas líneas) con su 18º Regimiento de Lanceros Ulanos «Pomorskich» y unos regimientos de infantería.

A primera hora del 1 de septiembre, la y 20ª División de Infantería Motorizada del XIX Cuerpo de Ejército alemán al mando del generalHeinz Guderian empezaron a presionar a las fuerzas polacas del bosque de Tuchola. La caballería y la infantería consiguieron  contenerlas hasta primera hora de la tarde, pero finalmente se vieron obligadas a retroceder. Al atardecer, estaba amenazado el empalme ferroviario y viario clave que había al otro lado del bosque, así que Mastarlerz ordenó que se rechazara a los alemanes a toda costa. El coronel polaco contaba con su propio regimiento, alguna infantería y las tanquetas de la brigada. Las tanquetas TK eran viejas y estaban muy gastadas, así que fueron dejadas con una parte del regimiento para que sostuvieran las posiciones. Dos escuadrones de lanceros, unos 250 hombres, montaron en sus caballos y empezaron a rodear el flanco germano para atacar por detrás.

A primera hora de la tarde habían localizado un batallón de infantería alemán expuesto en un claro del bosque de Tuchola. Los escuadrones de caballería polacos estaban a unos cientos de metros, por lo que era factible lanzar una carga a sable. En unos instantes, los dos escuadrones habían salido del bosque y caído sobre la atónita infantería enemiga, a la que lograron dispersar causandole unas 20 bajas, sin que los polacos tuvieran apenas pérdidas. Cuando los jinetes se estaban reagrupando, aparecieron en el lugar unos cuantos vehículos blindados ligeros alemanes – probablemente del tipo Schewerer Panzerspähwagen y Leichter Panzerspähwagen – armados con cañones automáticos de 20 mm y ametralladoras, y abrieron fuego de inmediato sobre los jinetes polacos, que totalmente expuestos, empezaron a galopar intentando llegar al abrigo de una colina cercana. El propio coronel Mastarlerz y su estado mayor cayeron muertos, y las bajas fueron terribles (se habla de unos 20 muertos y otros 60 heridos o prisioneros, es decir, los dos escuadrones de la caballería polaca intervinientes en la escaramuza perdieron un tercio de sus jinetes). Sin embargo, gracias a su decidida acción los lanceros consiguieron ganar tiempo para la retirada de dos batallones polacos que estaban siendo atacados en la cercana batalla de Chojnice.

La evidencia de esta matanza fue descubierta al día siguiente por unos corresponsales de guerra italianos, a quienes unos soldados alemanes dijeron que aquello era consecuencia de que los jinetes polacos habían cargado contra los carros de combate. Los alemanes, impresionados por el fuerte y osado ataque, se las arreglaron para transformar una derrota táctica en una victoria propagandística, presentando así el ejército polaco como obsoleto y caduco. Y así nació la leyenda. Lo que ya no interesó tanto resaltar a los nazis fue que esa misma tarde Guderian tuviese que intervenir personalmente para impedir que el comandante de la 20ª División de Infantería Motorizada alemana retirase dicha unidad «frente a una intensa presión de caballería». Semejante presión procedía de ese mismo 18º Regimiento de Lanceros Ulanos, una unidad que había perdido el 60% de sus efectivos en los combates de ese día y cuyo tamaño no era ni el 10% de la unidad alemana a la que estaban empujando.

Los polacos también aceptaron la mentira pues ensalzaba el valor de su caballería, que dicho sea de paso, fueron las unidades del ejército polaco que más problemas dieron a los alemanes en su avance (incluso, llegaron a derrotarles en la batalla de Mokra). Eso sí, los enfrentamientos entre la caballería polaca y las unidades blindadas germanas se produjeron con los jinetes polacos luchando a pie, o atrincherados en posiciones fijas (más el apoyo de tanquetas, blindados y artillería), es decir, como infantería, y utilizando sólo la caballería para desplazarse rápidamente a otros lugares del frente. Pero todos sabemos el gran valor que tienen los símbolos y lo de las lanzas contra los tanques es una imagen muy poderosa sobre un pueblo que fue abandonado a su suerte cuando se vieron atacados por la tiranía y la sinrazón.


Fuentes:

Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: «El Ejército Polaco» de Stephen J. Zaloga

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Investigador francés halla, en frascos, restos de víctimas de los nazis

Publicado por El hijo del Ahuizote en julio 20th 2015

Los restos encontrados pertenecen a varias de las 86 víctimas de un proyecto de colección de esqueletos judíos que quería completar el anatomista nazi Hirt.
campo concentracion

Restos de parte de 86 víctimas ligadas a un proyecto de colección de esqueletos judíos del anatomista nazi August Hirt fueron hallados en frascos en el Instituto de Medicina Forense de Estrasburgo, dijeron hoy fuentes ligadas a la investigación.

El hallazgo de los restos conservados en probetas y frascos fue hecho el 9 de julio por el historiador Raphael Toledano, autor del documental “El hombre de los 86”, pero sólo fue dado a conocer este domingo por decisión de las autoridades.

La emisora Radio Francia Internacional indicó que los investigadores del instituto forenseignoraban la existencia de estos restos, que conforme a una decisión del ayuntamiento de la ciudad, serán entregados a la comunidad judía local.

Con apoyo del director del Instituto de Medicina Forense de Estrasburgo, Jean-Sébastien Raul, el historiador Toledano logró identificar varias piezas, entre ellas un frasco con fragmentos de piel de una víctima de las cámaras de gas.

De igual forma, encontró dos probetas con el intestino y el estómago de una víctima, así como objetos usados durante la incineración de cuerpos en el campo de concentración alsaciano de Natzweiler-Struthof.

La mayoría de los restos, casi todos cortados en trozos, fueron hallados luego de la liberación de Estrasburgo por los aliados en 1944, y rápidamente inhumados en un cementerio judío.

Los fragmentos hallados ahora forman parte de los elementos conservados por el profesor de medicina forense de la Facultad de Medicina de Estrasburgo, Camille Simonin, en el marco de una investigación sobre los crímenes del doctor Hirt.

Las autoridades militares encargaron a Simonin las autopsias, para determinar las condiciones que condujeron a la muerte de las víctimas.

En el curso de sus investigaciones, una carta de Hirt fechada en 1952 puso sobre la pista de los restos al historiador Toledano.

En la misiva, el anatomista nazi refiere la existencia de frascos con muestras tomadasdurante las autopsias practicadas a las víctimas judías de la cámara de gas de Struthof.

Las etiquetas identifican cada fragmento con precisión y hacen referencia especialmente a la matrícula 107969, que corresponde al número tatuado en el Campo de Auschwitz en el antebrazo de Menachen Taffel, una de las 86 víctimas.

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Segunda Guerra Mundial: Las Raciones K

Publicado por El hijo del Ahuizote en junio 19th 2015

Las Raciones K

La Ración K era el kit de alimentación diaria soldado norteamericano que fue introducida por el ejército de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. Su creador fue Ancel Keys, profesor de la Universidad de Minnesota, un renombrado experto en dietética. Doctorado en Berkeleyy Cambrigde, asesoró al Departamento de Defensa de EEUU durante la guerra y contribuyó a mejorar el valor nutritivo de las raciones de combate del ejército norteamericano, desarrollando la llamada «ración K».
Estas raciones de combate fueron pensadas para un día y estaban compuestas de tres partes o unidades distribuidas en otras tantas cajas o paquetes: desayuno (breakfast), comida (dinner) y cena (supper), siendo el color de los envases rojo, azul y verde, respectivamente. Dichos envases o embalajes eran parafinados, para ser resistentes al agua y al gas de combate.

La composición varió regularmente durante la guerra, pero generalmente estaban compuestas de dos paquetes de galletas, cigarrillos, chicles, azúcar (granulada, en cubitos o comprimida), café instantáneo y una llave para abrir las latas de conservas (las cuales podían ser de carne, huevos, fruta, queso, jugo de limón, naranja o uva). Ademas incluían papel higiénico, cerillas, tabletas para purificar agua, sal en tabletas, un paquete de caldo, chocolates, dulces, caramelos o barras de cereal. Las últimas comidas que salieron de la cadena de producción contenían una cuchara de madera y un abrelatas plegable (que sustituía a la llave original). Por ejemplo, un desayuno típico contenía huevos mezclados con jamón en una lata, galletas secas, una barra de frutas secas y otra de cereales, café soluble, azucarillos, cigarrillos (cuatro), chicles y tabletas de purificación de agua.

La Ración K no es sino el perfeccionamiento de un invento militar ya mencionado en el ejército imperial romano. Así, los legionarios recibían una ración diaria de un kilo y medio que totalizaba unas 3.500 kilocalorías, compuesta básicamente de una galleta, el bucellatum, a base de trigo, sal y aceite de oliva. Todo esto se complementaba con verduras, legumbres, frutas y carne seca o salada, así como aceite de oliva (sin contar, por supuesto, los víveres frescos comprados o saqueados). Para purificar el agua se utilizaba vinagre, un antibacteriano relativamente eficaz.

La ración aportaba al combatiente entre 2.800 y 3.000 kilocalorías diarias y estaba pensada para períodos de 2 o 3 días, como mucho. Evaluado por soldados en entrenamiento en los Estados Unidos o en condiciones poco realistas, este aporte se rebela insuficiente para cubrir las necesidades sobre el terreno real, estimadas en unas 3.600 kcal, sobre todo en los trópicos. Pero la fórmula es tan práctica y simplifica de manera tan eficaz la logística que es adoptada por todas las unidades y se convierte el avituallamiento“estándar” de las unidades en movimiento. Hasta tal punto el US Armyabusa de la fórmula, dejando a los hombres sin otra alimentación durante semanas acarreando problemas de malnutrición crónicos. Por ejemplo, alimentados en un 80% por Raciones K, los Merril’s Marauders que operaban detrás de las líneas japonesas en Birmania perdían de media 16 kg de peso en cinco meses.

Fueron producidas entre 1942 y 1945 por R&D Laboratory’s. El primer pedido de Raciones K es solicitado en mayo de 1942, la producción alcanza un pico de 105 millones en 1944 (el total de la producción parece ser desconocido, pero debe rondar alrededor de 250 a 300 millones). La producción está asegurada por los grandes especialistas de la industria agroalimentaria: Cracker Jack ( Chicago, Michigan), Chattem ( Chattanooga, Tennessee) Kellogg (Battle Creek, Michigan), etc. El ejército consciente de los límites de la fórmula, recomienda su abandono en 1946. Los stocks restantes serán distribuidos para la alimentación de los civiles de los países ocupados.

Las Raciones K no eran las únicas destinadas a alimentar las tropas en campaña. Con preferencia a la ración K, reservada principalmente en casos urgentes, los soldados reciben raciones frescas elaboradas por las cocinas de campaña (víveres frescos: Raciones A, víveres en lata: Raciones B) o distribuidas individualmente en latas (Raciones C, estas últimas, sustituyen progresivamente a las raciones K) La Ración D compacta y llena de energía (1800 kcal en tres barras de 113 gr) para el combate y la supervivencia, era fabricada por Hershey’s a base de chocolate, azúcar, harina de avena, manteca de cacao, leche en polvo y aroma artificial amargo destinado a impedir sus consumo como golosina (el conjunto no se fundía a menos de 50 grados). También existían otras raciones especiales, destinadas a las operaciones en la jungla, a las tripulaciones de avión, balsas de salvamento, tropas de asalto (Ración X).

Las Raciones K eran poco apreciadas por los soldados, parece ser por resultar excesivamente salado su contenido. Por ejemplo, Antony Beevor, en su libro «El Día D: La Batalla de Normandía», cuenta por ejemplo, como durante la campaña normanda «se popularizó un chiste que decía que los prisioneros de guerra alemanes se quejaba de que obligarles a comer las raciones K era una violación de la Convención de Ginebra». Dicho autor cuenta, incluso como la limonada en polvo con vitamina C se utilizaba para limpiar y fregar los platos.

Quizás por ello, y pese a su practicidad y su valor nutritivo, fueron remplazadas después de 1946 por las Raciones C, algo más sabrosas. ElUS Army introdujo en 1958 la ración Meal Combat Individual (MCI)más elaborada y equilibrada, ancestro de la actual Meal Ready to Eat (MRE) – ración de combate de las tropas americanas desde 1981 – que ofrece 3600 kcal diarias en tres comidas (con un consumo limitado a 21 días).

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«La Bestia de Omaha» : Heinrich Severloh

Publicado por El hijo del Ahuizote en junio 17th 2015

Heinrich Severloh  fue un soldado alemán de la 352ª División de Infantería de la Wehrmacht destacado en Normandía durante el desembarco aliado llevado a cabo el 6 de junio de 1944, que ganó notoriedad como servidor de una ametralladora MG 42 en el «Nido de Resistencia 62» (WN62 o Widerstandnest 62) en  Omaha Beach, donde mantuvo un fuego ininterrumpido desde las 6 de la mañana hasta las 3 de la tarde, con efectos devastadores sobre las tropas norteamericanas que desembarcaron en la playa  francesa, acciones que le ganaron el sobrenombre de «La Bestia de Omaha».

Nacido el 23 de junio de 1923 en la localidad germana Metzingen – la actualEldingen -, «Hein» Severloh se incorporó al servicio militar en julio de 1942, con la edad de 19 años. Asignado a la 19ª División de Artillería Ligera, el 9 de agosto de ese mismo año fue enviado en Francia, sirviendo en la 3ª Batería del 321º Regimiento de Artillería, donde fue entrenado como mensajero motorizado. En diciembre de 1942 fue transferido alFrente del Este, donde fue asignado a la retaguardia conduciendo un trineo tirado por caballos. En marzo de 1943, como castigo por haber expresado opiniones críticas, fue sometido a realizar trabajos forzados que le dejaron secuelas físicas permanentes en su salud, teniendo que ser internado en un hospital militar hasta junio de 1943. En octubre de 1943 asistió a clases de entrenamiento en Braunschweig, para formarse como oficial subalternopero tuvo que dejarlo sin haber terminado su instrucción, ya que su unidad, que había sufrido enormes bajas en el frente ruso, fue transferida de nuevo a Francia en diciembre de 1943, siendo reclasificada como parte de la reactivada 352ª División de Infantería, que fue estacionada en Normandía .


El 6 de junio de 1944, Severloh se encontraba en el «Nido de Resistencia 62» (WN62), un emplazamiento de búnkeres, casamatas, fortines y nidos de ametralladora,  rodeado por alambre de púas y una fosa antitanque, además de un complejo de túneles fortificados, situado enColeville-sur-Mer (uno de los muchos puntos fuertes alemanes existentes a lo largo de Omaha Beach). Su posición sobre las amplias arenas le daban una visión y una línea de fuego perfectas. Estaba a 25 metros sobre la playa, y a una distancia de 600 a 150 metros de la orilla, según la marea. En total había unos 30 hombres en el WN62, incluyendo su armamento dos cañones de 75 mm, dos ametralladoras MG 42, un cañon antitanque  y dos morteros de 50 mm.


Los aviones aliados fueron asignados para bombardear la playa a las 5,00 horas de la mañana, pero debido a la poca visibilidad las bombas cayeron tierra adentro y apenas causaron daños en las defensas alemanas. A las 6,00 horas de la mañana las primeras lanchas de desembarco aparecieron frente la playa dominada por el WN62, que era el sector de Omaha Beach designado por los aliados con el nombre clave de «Easy Red». ElTeniente Frerking, que se encargaba de coordinar por radio el fuego de las baterías del  del regimiento de artillería la división, le indicó a que no abriera fuego hasta que los soldados norteamericanos que desembarcaban – fundamentalmente de la 1ª División de Infantería (16º Regimiento),más algunas compañías del 116º Regimiento de la 29ª División de Infantería que se desviaron de sus objetivos – tuvieran el agua hasta las rodillas.


Severloh abrió fuego con su ametralladora MG 42 (como la de la foto de aquí abajo) y permanecería disparando sin descanso desde su puesto hasta casi las 3 de la tarde. Durante el curso del día, uno a uno los hombres delWN62 fueron heridos y evacuados, o abandonaron su puesto. En dos ocasiones Severloh tuvo que refugiarse en el búnker fortificado debido a ataques con granadas, y en una ocasión la fuerza de una explosión lo sacó del emplazamiento. La segunda ametralladora en el WN62 fue dañada por fragmentos de granada durante la mañana, por lo que Severloh manejó la única MG 42 en dicho sector la mayor parte del tiempo. Solamente contaba con un cañón de reemplazo, por lo que mientras esperaba que los cañones de la ametralladora se enfriaran, disparaba con un fusil de cerrojo Mauser Kar 98k, que se calentó tanto, que se dañó y tuvo que ser remplazado. Durante la última hora, sólo quedaban tres hombres en el Widerstandnest 62: el Teniente Frerking, Severloh y otro soldado que ayudaba a cargar la ametralladora y cambiar los cañones cuando estos se calentaban.


El soldado germano dijo que la razón por la que permaneció en su puesto hasta el final, a pesar de estar herido levemente en la cara, no fue por fanatismo, sino por lealtad a su oficial, al que no quería dejar solo y a quien describió como un oficial honorable. Cerca de las 3 de la tarde,   Frerkingse dio cuenta de que las tropas americanas ya estaban disparando desde los flancos y que estaban prácticamente rodeados, por lo que ordenó que se retiraran. Mientras corrían por un campo abierto, el Teniente fue alcanzado por las balas y cayó muerto. El otro soldado moriría también más tarde, tierra adentro. Severloh fue capturado por tropas americanas en la madrugada del 7 de junio.


El «Nido de Resistencia 62» (WN62) – cuyo emplazamiento podéis ver en las imágenes de aquí arriba y allá abajo. Y si  lo deseáis podéis daros unavueltecita por el mismo en este vídeo – fue uno de los últimos, y posiblemente el último, punto de resistencia alemana sobre la playa deOmaha.

La ametralladora de Severloh contaba con una munición de 12.000 balas. Se ignora sí en el curso del día recibió más munición, pero es de suponer que la que aún quedaba de la segunda MG 42 que fue dañada por granadas durante la mañana, fue también utilizada por Severloh. En todo caso, disparó un mínimo de 12.000 balas, pues cuando su oficial dio la orden de retirarse ya no quedaba munición para la ametralladora. También disparó unas 400 balas con la carabina Ka98k mientras esperaba que se enfriara el cañón de la MG 42. Los cálculos sobre las bajas causadas por el ametrallador alemán durante estas 9 horas varían grandemente, pero aun los más conservadores le atribuyen más de 1.000 bajas aliadas, incluyendo cientos de muertos (aún con todo, a un servidor le parece una auténtica barbaridad). Otros cálculos, menos plausibles, le atribuyen haber causado hasta 2.000 bajas en los soldados americanos.

Severloh fue trasladado como prisionero de guerra a los EEUU,concretamente a Boston, donde estuvo recogiendo algodón y patatas. Temiendo represalias, el soldado germano mantuvo en secreto sus acciones en el WN62 durante su cautiverio. En mayo de 1946 fue trasladado a Inglaterra donde trabajó en la construcción de caminos y carreteras. Finalmente fue repatriado a Alemania en 1947. Heinrich Severloh sufrió pesadillas recurrentes durante el resto de su vida por sus acciones en «Bloody Omaha»; durante años mantuvo el secreto sobre lo que hizo el día 6 de junio de 1944, y sólo se lo contó a su esposa, después de años casados.

Leyendo el libro «El día más largo» de Cornelius Ryan, 13 años después de su regreso a Alemania, y oyó el nombre de David Silva, un soldado norteamericano que había sido gravemente herido en el sector «Easy Red» (recibió 3 balazos, probablemente disparados por Severloh) y decidió escribirle una carta. Por casualidad, desde finales de los 50, Silva estaba destinado en Karlsruhe (Alemania) como capellán militar, por lo que trataron de conocerse y desde entonces permanecieron más o menos en contacto. Su último encuentro tuvo lugar durante las celebraciones del 60 Aniversario del Día D, en el año 2004, en Normandía.

Severloh (en la foto de abajo) mantuvo en secreto sus acciones Omaha Beach hasta una edad avanzada, cuando un reportero de investigación le preguntó directamente si él era la llamada «Bestia de Omaha». Colaboró con el reportero, y ello dio como resultado un libro sobre el WN62.Heinrich Severloh murió en un asilo de ancianos en Lachendorf el 14 deenero de 2006.

Como complemento a la historia, os dejo a continuación el extracto de una entrevista concedida por el soldado alemán, sobre su experiencia en la playa normanda: «Recuerdo el primero en morir. El hombre salió del mar y estaba buscando un sitio donde esconderse. Le apunté al pecho pero el disparo fue alto y el dio en la frente. Vi su caso de acero rodando hacia la orilla y entonces se desplomó. Sabía que estaba muerto. Aún sigo soñando con ese muchacho y me pongo enfermo cuando pienso en él ¿qué podía hacer? ellos o yo, eso era lo único que pensaba. 


Éramos 30 hombres, cada uno con un único pensamiento en la cabeza: ¿saldríamos vivos de allí? Yo no quería estar en esta guerra, no quería estar en Francia y no quería estar disparando con una ametralladora a chavales de mi edad. Pero ahí estábamos, sirviendo en una guerra que ya estaba perdida y obedeciendo las órdenes de nuestro teniente de abrir fuego tan pronto como el agua les llegara por las rodillas. Empecé a disparar a las 5 de la mañana y estaba aún disparando 9 horas más tarde. No sentía pánico, ni odio, uno hacía lo que tenía que hacer y sabía que ellos, tan cierto como que el infierno existe, te harían lo mismo a ti si tuvieran la oportunidad. Al principio los cuerpos estaban a 500 metros, luego a 400, más tarde a 150. Había sangre por todos lados, gritos, muertos y moribundos. El oleaje mecía más cuerpos en la orilla. Habían pequeñas pausas, cuando ningún vehículo anfibio llegaba, durante las que podía enfriar mi ametralladora.


Era consciente de que algunos de mis camaradas se habían largado, pero tenía miedo de la terrible perspectiva de entrentarme a la mirada de mi oficial, así que me mantuve en el puesto. Al final de la tarde me di cuenta de que era la única persona que aún disparaba. Podía ver a los tanques maniobrando en la playa y sabía que no podría contenerlos yo solo. Oí la orden del teniente Bernhard Frerking, un buen hombre (una vez castigó a un soldado durante 10 días a regar la hierba que camuflaba los nidos de ametralladoras por no haber ayudado a una anciana francesa con sus bolsas de la compra) y con 32 años ya un veterano, de que debíamos retirarnos. Corrí de cráter en cráter tras nuestros complejos de búnkeres. Lo esperé pero nunca llegó. Visité su tumba en Normandía 10 años después. Recibió un disparo en la cabeza de uno de los americanos cuando intentaba alcanzarme. Fui hecho prisionero esa noche. No creo que hubiera sobrevivido si me hubieran capturado en mi puesto. Sabían lo que les había hecho a sus compañeros. No creo que esas tropas de vanguardia me hubieran mostrado ninguna piedad.»

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