Historias de la Historia

Anécdotas y Curiosidades del pasado

Gestapo: la inquisición nazi fundada sobre la delación ciudadana

Publicado por El hijo del Ahuizote en septiembre 17th 2016

El historiador británico Frank McDonough se adentra en los orígenes de la policía secreta del dictador para explicar el régimen nazi desde sus inicios

 

 

Peter Holdenberg vivía solo en un tercer piso de Essen (Renania del Norte). Le gustaba la lectura, los juegos de mesa y disfrutar de la compañía de los suyos. Su vida, rutinaria, tranquila, corriente y similar a la de otros muchos, quedó trastocada el 10 de diciembre de 1941. Aquel día varios agentes de la Gestapo lo sacaron a la fuerza de su casa. Su débil cuerpo apenas pudo defenderse de la violencia y la agresividad que mostraron los enviados del Führer, a los que nada o casi nada les importó que fuera discapacitado. Era un posible enemigo. Nada de trato humano. Dictámenes del protocolo ario.

Detenido e interrogado hasta la extenuación por escuchar «emisoras de radio extranjeras» (el delito que le atribuyó la Gestapo), Peter negó todos y cada uno de los hechos de los que fue inculpado. «Todo esto es una conspiración. He tenido problemas con Stuffel, y Pierce siempre se pone de su parte». Stuffel, de nombre Helen, e Irmgard Pierce, eran sus vecinas, pero también las artífices de dicha acusación. «Agitador» «alarmista» y «muy peligroso» fueron algunos de los adjetivos que empleó Stuffel durante la descripción que hizo de él ante la Gestapo. Unas características que desmintieron tres testigos: Katharina Hein, también vecina del edificio, Klara Vogts, su asistente personal y Anton Ronnig, director de banda, cuyas versiones, distintas y contrarias a las vertidas por sus vecinas, de poco le sirvieron para salvarse.

Rumores convertidos en pruebas judiciales

El 12 de diciembre de aquel año Peter decidió ahorcarse en su celda. Sus constantes vitales aguantaron 24 horas. Después, todo se fundió en negro. Su caso, recogido por Frank McDonough en La Gestapo. Mito y realidad de la policía secreta de Hitler (Crítica, 2016), refleja esa histeria colectiva en la que vivía sumida Alemania a partir de los años 40 y en la que un rumor, una simple hipótesis o suposición se convertía automáticamente en prueba judicial.

La acusación de un vecino bastaba para ir a la cárcel. La vida giraba de conspiración en conspiración. De mirilla en mirilla. Todos eran jueces y verdugos al mismo tiempo. «La gente común ayudó a la Gestapo en la localización de los oponentes. Este libro está basado en los archivos originales de la Gestapo, y se ha estimado que la gran mayoría de los casos de la Gestapo comenzaron por una denuncia de un particular. Tan sólo el 15% provino de las actividades de vigilancia de la Gestapo, que fue utilizada por el público para resolver conflictos personales. Se denunciaba a amigos, a colegas del trabajo, a esposos y vecinos. De hecho, el 80% de las denuncias de la Gestapo provenían del sexo masculino, mientras que las mujeres constituyeron el 20%. Muchas personas denunciaron a otras por comentarios anti nazis después de haber estado bebiendo en cervecerías y restaurantes», explica el mismo autor de la obra.

Creada para amedrentar y perseguir a los enemigos y excluidos por el régimen nazi, en un primer momento la función de la Gestapo fue la de «investigar las actividades políticas en todo el estado que constituyan un peligro para el estado, así como recopilar y evaluar los resultados de dichas indagaciones». Así la definió Hermann Göring en la primera Ley de la Gestapo que promulgó él mismo el 26 de abril de 1933. El año en el que la dictadura del terror y los gritos silenciados bajo los sótanos llevaron a Alemania a la peor de sus desgracias. Los sueños de cruz gamada produjeron monstruos.

La venganza en forma de águila

Dos meses antes de que Göring pronunciara estas palabras tuvo lugar el incendio del Reichstag, el parlamento alemán. Aquel 27 de febrero de 1933, el fuego que supuestamente provocó el comunista Marinus Van der Lubbe ante dicha institución hizo resurgir a Hitler y a los suyos como única opción de seguridad y protección para Alemania. «Ya no habrá misericordia. Todo aquel que se interponga en nuestro camino será eliminado», le espetó el dictador a Rudolf Diels en el mismo lugar del incendio.

La auto anulación individual reformuló los principios de la sociedad y la escala cromática se redujo a dos colores: gris y rojo. Los cristales, las balas y las marchas militares marcaron el paso y el ritmo de los vivos, aunque también el de los muertos. «Los nazis han atragantado a los alemanes con el alcohol de la camaradería, cosa que ellos en parte deseaban, hasta el delirium tremens. Han convertido a todos los alemanes en camaradas y los han aficionado a esa droga desde la edad más temprana: en las Juventudes Hitlerianas, las SA, el ejército del Reich, en miles de campamentos y federaciones, extirpándoles algo irremplazable, algo que no puede ser compensado con la felicidad propia de la camaradería. (…) La camaradería como forma de prostitución con la que los nazis han seducido a los alemanes ha arruinado a este pueblo más que ninguna otra cosa». Así describía ese estado de duermevela Sebastian Haffner en Historia de un alemán. Memorias. (1914-1933), publicado después de su muerte, en 1999.

Entre los nombres destacados que hicieron posible esa militarización de la sociedad y el triunfo de la Gestapo se encuentran Hermann Göring y Rudolf Dielsen en Prusia y Heinrich Himmler y Reinhard Heydrich en Baviera. Estos últimos no sólo fortalecieron dicho cuerpo de seguridad y espionaje, sino que reestructuraron cada uno de los eslabones del sistema policial de la Alemania nazi. De hecho, gran parte de las órdenes de ejecución tenían la firma y sello de ambos.

El respeto y la fortaleza que adquirieron dentro de los distintas instituciones del régimen vino durante la Noche de los Cuchillos Largos (del 30 de junio al 1 de julio de 1934). Una larga noche en la que la mayor parte de la cúpula de las SA y su líder Ernst Röhm (arrestado personalmente por Hitler) fueron detenidos y brutalmente asesinados. Se calcula que durante aquella madrugada fueron arrestadas más de mil personas contrarias al régimen. Las SS (guardia personal de Hitler) y la Gestapo fueron los dos brazos ejecutores de este acto, que a su vez trajo consigo el auge del Partido Nacionalista Obrero Alemán (NSDAP). «Los sujetos indisciplinados y desobedientes y los elementos asociales y enfermos serían inhabilitados», fue la explicación que el propio Führer dio a los suyos sobre lo ocurrido.

Un producto de márketing

Las detenciones arbitrarias, las torturas y las sentencias de muerte comenzaron a hacerse cotidianas, incluso normales, a partir del 27 de septiembre de 1939, fecha en la que la Gestapo, la Orpo, la Kripo y el SD se unificaron en una misma unidad: La Oficina Central de Seguridad del Reich (RSHA), idea de Himmler. El horror ya tenía sede física.

El ensalzamiento y la pompa que se dio a la Gestapo dentro de la propaganda nazi fue clave para la supervivencia de esta organización, cuyos métodos y valía serían cuestionados a posteriori. Publicidad engañosa según McDonough, que no titubea cuando remarca la escasa utilidad de la misma y las carencias que tenía a nivel organizativo. «La Gestapo era una organización muy pequeña . En 1933 tenía 1000 oficiales, que llegaron a 6.700 en 1937 y alcanzaron un máximo de 15.000 durante la Segunda Guerra Mundial. En las principales ciudades había un pequeño número de oficiales. Por ejemplo, en Düsseldorf, con una población de 500.000 habitantes había sólo 126 oficiales de la Gestapo. En Duisburg, con 400.000 habitantes, sólo tenían a 43 oficiales y en Colonia, en la que vivían 750.000 personas sólo había 69 oficiales».

Muchos de sus agentes comunes, divididos en dos categorías: asistente criminal (Kriminalassistent) y secretario criminal (Kriminalskretär), procedían de la clase trabajadora o media baja. «Se estima que un 50% de los antiguos policías de carrera antes de 1933 que se unieron a la Gestapo seguían en su puesto en 1945. En 1939 sólo tres mil agentes tenían un rango adicional a las SS. Durante las investigaciones de la desnazificación tras la guerra, dirigidas por agentes aliados de la ocupación, la gran mayoría de los antiguos dirigentes de la Gestapo fueron clasificados como ‘hombres corrientes’ y ‘desnazificados’ y quedaron exonerados de ser responsables de crímenes contra la humanidad’ «, señala McDonough en las páginas de su libro.

Los perseguidos

Judíos, trabajadores extranjeros, gitanos, homosexuales, comunistas, marginados sociales y cristianos fueron los principales objetivos a perseguir. Es en este último grupo donde McDonough centra una parte importante del libro. Según anota él mismo, durante la época nazi un mínimo de «447 curas alemanes pasaron algún tiempo en el campo de concentración de Dachau». Uno de ellos fue Martin Niemöler, uno de los miembros más destacados de la Iglesia Confesante. Sus críticas a la política religiosa nazi y la protección a su comunidad le llevaron a prisión en 1937. Posteriormente volvería a ser detenido y aislado en el campo de concentración de Sachsenhausen o Dachau. Dicho calvario fue descrito por él mismo en una declaración versada. «Primero vinieron por los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista./ Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista./Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío./ Luego vinieron a por mí, pero para entonces ya no quedaba nadie que dijera nada/»

Como él, muchos cristianos alemanes estuvieron perseguidos por el régimen por no asumir ni apoyar la doctrina nazi. Una actitud que desquiciaba al Führer. «A Hitler no le gustaban los católicos porque 20 millones de ellos eran leales a Roma, no a Alemania. Un tercio de los 25.000 sacerdotes católicos fueron acosados por la Gestapo, que elaboró numerosas listas de sacerdotes considerados como ‘ desleales'», enumera el mismo historiador.

También los intelectuales de izquierda fueron perseguidos, maltratados y asesinados por la Gestapo. El escritor Max Jacob, la fotógrafa Gisèle Freund, el poeta Ernst Toller o el filósofo Walter Benjamin, son algunos de los nombres que figuraban en aquellas listas negras.

El pensamiento crítico y el cuestionarse el porqué de las cosas precipitó el final de muchos de ellos. Como sucedió con Benjamin, que murió de una sobredosis de morfina (para unos fue un suicidio ante el acoso de los nazis, para otros un asesinato) dejando huérfana y en silencio a la Escuela de Frankfurt. «Ni los muertos estarán seguros ante el enemigo si éste vence. Y es ese enemigo que no ha cesado de vencer», escribió en una ocasión ante el peso que llevaba a cuestas y que acabó hundiéndole.

Ese enemigo era distinto según qué bandos. Para los intelectuales era el pensamiento único, el instinto frente a la razón, la violencia frente a la argumentación. Para los nazis era la rebeldía y la insumisión. La libertad. La diferencia frente a la homogeneidad. La cultura. Los libros. «Se cargaron la literatura alemana contemporánea de un plumazo. Ya no iba a ser posible leer los libros publicados durante el último invierno que tuviésemos pendientes desde abril. Sólo estaban los clásicos junto con los representantes de una literatura de sangre y suelo de éxito repentino y una calidad espeluznante y vergonzosa. Los bibliófilos vieron cómo su mundo les era usurpado de la noche a la mañana», denunciaba Haffner en sus memorias.

Un pasado que sigue escrito en presente para muchos alemanes. El historiadorMacDonough explica que el relato histórico actual nada tiene que ver con el de antes de la unificación. Ahora, las carencias y errores se proclaman en voz alta para que las nuevas generaciones conozcan y expongan los hechos sin adornos ni subordinadas.

Hecho y consecuencia, ese es el esquema. «Durante el período del gobierno de Alemania Occidental entre 1948 y 1990 hubo una tendencia clara de no hacer frente al pasado nazi. Hasta 1980, el Holocausto ni siquiera se enseñaba en las escuelas alemanas. Esto se debe a que muchos ex nazis tuvieron importantes posiciones en la sociedad alemana occidental, como Werner Best. Él fue el responsable de reclutar a muchos de los principales funcionarios involucrados en el Holocausto y consideró el asesinato de los judíos una necesidad histórica. Creía en el racismo biológico», aunque también matiza que desde la unificación alemana el tratamiento hacia estas personas ha cambiado por completo. «Ha habido un esfuerzo para hacer frente al pasado nazi. El Museo Judío en Berlín, el Memorial del Holocausto en la ciudad y la transformación de campos de concentración en museos son ejemplos de esto». Al fin y al cabo, como diría Benjamin, la historia es el tiempo-ahora.

* Correción: se ha sustituido la foto que erróneamente nombraba a Ernst Röhm y que pertenecía al oficial nazi Wilhem Klube.

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Diario de Un Piloto Nazi

Publicado por El hijo del Ahuizote en julio 31st 2016

El diario personal del piloto de la Luftwaffe Hans Prenger fue hallado en la Flak Kaserne, cerca de Hilden, en Alemania, el año 1945. Los párrafos entresacados de este diario que siguen a continuación, brindan una visión reveladora de la mente de un aviador nazi. Este diario estaba escrito, en parte, empleando el sistema alemán de taquigrafía Stolze-Schrey.
Hans Prenger era Primer Observador de un bombardero Hein- kel cuando los alemanes lanzaron su ataque de los primeros tiem­pos de la Segunda Guerra Mundial. En aquel entonces, su rango era el de Oberleutnant (teniente primero) y, finalmente, fue Jefe de un Fernkampfgruppe (grupo de combate de largo radio de vuelo).

Mayo 15, 1940: Mi tripulación es de hombres excelentes. Ober- feldwebel (sargento primero), Manfred Schmidt es mi piloto. Mi artillero de cola es Rolf Wegener. El radiotelegrafista es Siegfred Koellmann, Obergefreiter (soldado de primera). Y el artillero, el Feldwebel (sargento) Seuthe.

Mi aparato no pasa de ser un Heinkel. Yo había cifrado mis esperanzas en un JU (Junker). ¡Así sea! Si el Fuhrer me orde­nase volar en una caja para frutas, le obedecería.

Mayo 24, 1940: Despegamos todas las mañanas con una escolta de aviones de caza. Nuestros escoltas son buenos, aunque sean ME (Messerschmits). Misiones regulares de bombardeo a todo lo largo del frente occidental: Rotterdam, Metz, Bruselas y una docena de blancos más. Hoy hemos soltado nuestros huevos en los patios de la estación de ferrocarril de Nancy. Abundancia de fuego antiaéreo, pero ningún impacto en ninguno de nuestros aviones. Fuego antiaéreo hediondamente malo. Los franceses debían estar muy nerviosos.

Messerschmitt Bf 109

                                                                                  Messerschmitt Bf 109

Cada vez que acciono el mecanismo suelta bombas dirijo mentalmente una breve frase a los de allá abajo: «Saludos de la Patria. Un saludo alemán para vosotros.» Me divierte muchísimo. Dudo que a los de allá abajo les divierta. Pero sí les interesa. Me hace reirme por dentro.

Mayo 26, 1940: Hoy ha sido Amsterdam. Bombardeo a muy poca altura. La gente corría despavorida por las calles con sus cochecitos para niños. Muchas bicicletas de pedales. Ametrallamos después de haber soltado las bombas. Es muy cómico. Parecen muñecos, o bien hormigas estúpidas, que corren dando vueltas y se dejan caer aquí y allá cuando les ametrallamos. Muy pronto aprenden que no pueden escapársenos. Esto les enseñará lo que significa atacar al pueblo alemán. Les estamos dando una severa lección.

Mayo 27, 1940: Wegener me inquieta. Objeta contra el ametrallamiento de los civiles. Necesita que le disciplinen. Le expliqué que todos los enemigos del Fuhrer son gente que han nacido para esclavos, que han de doblar la rodilla o bien deberán probar el acero alemán. Mejor será que deje de criticar nuestra táctica. Al fin y al cabo, mi número dentro del Partido Nacional Socialista es de los bajos y, por ende, es mi deber capital corregir los errores de cualquier alemán.

Mayo 28, 1940: Hoy hemos bombardeado un aeródromo francés. Destruidos tres Moranes en tierra. Ni un solo francés pudo levantar el vuelo para disputar con nosotros. Los franceses son una raza decadente. ¡ Y pensar que éste es el pueblo que antaño produjo un Napoleón! Ahora no son buenos más que para servir a la Raza Señora.

Morane alemán

                                                                                                                                   Morane francés reconstruido

 

Ametralladas densas masas de gente en las carreteras francesas. ¿Querían guerra, eh? ¡Pues, guerra les daremos! Ni una sola bala desperdiciada con estas multitudes tan hacinadas de gente. Tantos franceses menos a consumir alimentos que podrán ser de provecho para los alemanes.

Mayo 29, 1940: Hemos visto un descenso de tropas paracaidistas nuestras cerca de Amsterdam. Algunos holandeses dispararon contra nuestros paracaidistas mientras descendían. Conducta democrática típicamene cobarde: disparar a hombres indefensos colgados de su paracaídas. Eso me asquea. Pero ese mismo atardecer les dimos una buena lección a estos holandeses, bombardeando con bombas incendiarias las poblaciones suburbanas. Mayo 30, 1940: Hemos bombardeado Duenkirken (Dunquerque), hoy. Una gran masa de llamas y grandes columnas de humo negro. Una vista maravillosa. Mi avión zarandeóse por efecto de las explosiones que se producían allá abajo, en tierra. ¡ La furia del teutón! ¡Que el mundo vea y se cuide!

Junio 2, 1940: Hacinamientos de tommies * ingleses en las tierras bajas de Dunquerque, hoy. Nos lanzamos contra ellos, pero, súbitamente, hizo su aparición un enjambre de Hurricanes. Grandes combates encarnizados entre nuestros ME y los Hurricanes. Acertamos una embarcación llena de tommies y nuestras bombas la volcaron. El agua estaba llena de tommies que intentaban ganar la costa a nado. Ametrallamos una y otra vez a los que nadaban. Al canal inglés lo hicimos verdaderamente inglés al llenarlo de ingleses muertos.

Junio 4, 1940: Mala suerte. Un tiempo enojosamente malo nos ha impedido atacar hoy a Dunquerque. ¿Qué diablos hacen estos condenados ingleses llevando allí todas sus embarcaciones y todos sus aviones de caza? Han tenido mucha suerte… hasta ahora. Pero no les servirá de nada. Estoy ansioso de que llegue el buen tiempo y una ocasión para matar.

Junio 5, 1940: Ha muerto mi buen amigo el Oberleutnant Wil-helm Steutsel. Su Heinkel fue derribado por un Hurricane, sobre Dunquerque. ¡Grüss Gott, Wilhelm! Un magnífico guerrero alemán ha encontrado la muerte en batalla. Derribaremos muchos británicos para honrar tu memoria, Wilhelm.

Julio 8, 1940: Enviado a la Escuela de Instrumentos de Gatow.

Febrero 16, 1941: El blanco de hoy fue Birmingham. Soltamos nuestros huevos en una gran fábrica que hay allí. Tiempo asquerosamente malo. Lluvia espesa sobre el maldito Canal. Muy desagradable, sin poder ver nada más que las débiles luces verdes del tablero de instrumentos. Diez ME, en formación cerrada debajo nuestro y a nuestros lados, nos han dado escolta. 5,000 metros de altitud y mucho frío. La mayor parte del tiempo estuve atareado con cálculos de navegación.

Los malditos Spitfires nos alcanzaron cuando íbamos de regreso. A la ida el fuego antiaéreo no había sido mucho. A la salida ya fue otro cantar. De entre las nubes salieron aviones ingleses como abejas. Puse el casco de acero en la cabeza de Veit y ordené a los demás que también se lo pusieran. Alrededor nuestro desencadenóse una serie de locas peleas encarnizadas. Perdimos cinco ME y dos Heinkels. Naturalmente, tumbamos quince o veinte de los Spitfires, según el informe del Jefe de Grupo, Vortsmann.

Ahora, al regresar a nuestra base después de cada misión, encontramos gran número de agujeros en nuestro aparato. Hasta ahora nunca nos han dado en ningún punto vital.

Abril 23, 1941: Noto que me siento muy cansado cuando regresamos de alguna misión. Terriblemente cansado. Sólo un poco mientras estamos en vuelo; pero terriblemente cuando regresamos.

Cuando volvemos, después del interrogatorio y los informes, me siento mejor. La abundancia de comida y buenos licores nos hace sentirnos bien. Es un alivio tener libres la noche y el día siguiente.

Nuestra base, cerca de Etampes, a unos treinta y dos kilómetros al Sur de París, es muy cómoda. Abundan el champaña y el coñac. Muy agradable. Pero me siento muy cansado.

Abril 25, 1941: Se habla mucho de la próxima invasión de Inglaterra. El Fuhrer acabará pronto con los ingleses. Tengo entendido que se están construyendo muchos lanchones de poco calado para la invasión.

Mayo 4, 1941: Hoy he descubierto una magnífica pintura en una tienda de París. El vendedor quería un precio muy alto. Tomó lo que le ofrecí, en vales, cuando le sugerí que la Gestapo podría estar interesada en su colección. Envié el cuadro a mi prima Lise.

Mayo 8, 1941: ¡ Bien, bien! Hemos conseguido para nuestros muchachos un grupo de chicas HD, asignadas al pueblo donde estamos. (HD significa Helfrinnen von Dienst, mujeres uniformadas para servicios auxiliares, trabajos de oficina, etc.; su principal función era ayudar y consolar a los soldados alemanes. Más tarde fueron sustituidas con burdeles oficiales, en los cuales se forzaba a las jóvenes de países conquistados a que sirvieran a las tropas alemanas).

 

Como es natural, yo personalmente prefiero las francesas. Se consigue un mayor placer, en especial si hay que violentarlas un poco. Pero, para la mayoría de los soldados alemanes, es mucho mejor tener a mano las muchachas HD; es algo así como un toque hogareño.

El soldado alemán tiene derecho a gozar de las mujeres del país conquistado. Esto constituye un trofeo de guerra muy adecuado. Razas inferiores, como los franceses, polacos y judíos, pueden servir para comodidad y placer de la Raza Superior. Esto es lo que acabarán haciendo: servirnos.

Junio 2, 1941: Mi tripulación está comenzando a sentirse fatigada v en tensión. Algunas disputas. Les oigo por el sistema de intercomunicación. Nervios tirantes, me imagino. ¡ Esos cochinos perros Spitfires! Pero no puedo dejar de admirar a los tommies. Buenos aviadores. Nos lo hacen difícil.

En nuestra incursión de bombardeo de hoy sobre Londres hubo un Spitfire especialmente molesto. Estaba yo mirando por la mira de bombardeo, ordenando «Ata» o «Imi» (correspondientes a los vocablos que empleaban los norteamericanos «Roger» -—derecha— y «Baker» —izquierda— como código fonético utilizado para mayor claridad), cuando Gemeiner gritó que el avión inglés no dejaba de perseguirnos. Después calló súbitamente. Había sido acertado por una bala en la cara. Vivía aún cuando regresamos, pero con el rostro deshecho. Muy perturbador para la tripulación. Demasiada sangre.

Nuestro nuevo cañonero de cola es el cabo Piet Manschfeld. Es ardiente miembro del Partido. Espero que sea tan buen artillero como nacional-socialista.

Junio 26, 1941: Anoche me acosté con una chica HD. Naturalmente, con rango de oficial. Se llama Inge. No es, de veras, bonita, pero sí estaba ansiosa por complacerme. Habló como una conferenciante del Partido. Fue todo un desencanto. Si viene un hijo, el Estado cuidará de él. Al fin y al cabo soy ario puro, y también lo es Inge. Pero me sentí decaído. La buena eugenesia es una cosa, pero este frío apareamiento se parece demasiado a un puesto de remonta. Claro está que, aun siendo así, si Herre Goebbels y el Fuhrer lo aprueban, creo que es algo bueno e inteligente.

 

Si viene un hijo, no sabré si es mío o de otro oficial. Por consiguiente, no siento nada por Inge. Todo eso más bien me confunde.

Julio 2, 1941: Hoy, sobre Manchester, el fuego antiaéreo averió el motor de babor. Descendimos a menos de quinientos metros y luego a menos de cuatrocientos. La nave avanzaba con dificultad. Regresamos, pero Manschfeld vomitó en el puesto de cola. El hedor, era muy fuerte. De todas maneras, el HE está bien. Sólo tenía aplastada una tubería de combustible. El equipo de tierra lo ha arreglado en pocos minutos.

Julio 16, 1941: Tengo entendido que los ingleses son presa del pánico. No me extraña por la forma en que los estamos aplastando. La Luftwaffe les está enseñando quién es el amo. Estoy orgulloso de ser uno de los aviadores de Alemania, uno de los Caballeros del Aire del Tercer Reich.

Julio 23, 1941: Mi solicitud respecto a los nuevos aviones JU ha sido denegada; pero estamos consiguiendo HE nuevos. Así pues, seguiremos volando en nuestros buenos viejos HE. Pronto voy a obtener una licencia y espero asistir a una escuela. Quizá otro ascenso: Hauptmann (capitán) es un buen grado, pero me he ganado algo más. Quizá haya otra promoción. El Fuehrer reconoce los servicios leales. Llevo voladas ya cuarenta misiones. Julio 29, 1941: Escribo esto en el hospital. Nos estrellamos al regreso de una misión contra los buques en la zona del Canal. Al regreso, Veidt estaba manifiestamente nervioso y en tensión, por lo que yo casi esperaba un mal aterrizaje. Mi pierna derecha tiene una fea fractura. Ningún otro herido, aparte de arañazos y magulladuras.

Ahora mi ascenso puede quedar pospuesto. Pero no puedo quejarme del descanso. Las enfermeras son muy atentas y hay, en especial, una que se llama Ana que me interesa. Veremos.

Los médicos dicen que, probablemente, cojearé durante algún tiempo. Servicio de tierra, para mí, cuando salga del hospital. En cierta manera, no lo lamento.

Enero 2, 1942: ¡Con que los norteamericanos también están en guerra! Les enseñaremos a estos decadentes cerdos lo que significa enojar a los alemanes. Tan pronto como terminemos con los ingleses, cosa que puede ocurrir cualquier día, les daremos a los puercos yanquis una buena lección.

Lo ocurrido puede ser de la mayor importancia para mí. Cuando hayamos conquistado los Estados Unidos, habrá abundancia de puestos de Gauleiter (gobernador). Me gustaría ser Gauleiter de uno de los estados de Norteamérica. Y ¿por qué no? Lo tengo bien ganado.

Agosto 3, 1942: Las tripulaciones nuevas son diferentes de las antiguas. Nadie canta, ríe, ni cuenta chascarrillos. En todas las tripulaciones ocurre lo mismo. Muchos viejos amigos se han ido, para no regresar jamás.

Ahora las cosas son diferentes. Estábamos acostumbrados a ser tripulaciones, amigos íntimos. Actualmente, en el avión somos cinco hombres que apenas nos hablamos. Hay algunos que se preguntan cuándo acabará todo eso. Sin embargo, si el Fuhrer lo ordena, seguiremos peleando.

Ayer me llamaron al Gefechtstand (Cuartel General) del propio Reiclismarschall Goering. El castillo no está lejos de Etampes. El Mariscal de Campo en persona prendió la Cruz de Hierro en mi guerrera. «Nuestro Hermann» es un verdadero alemán, cordial y vigoroso; sus maldiciones y su gran apetito son muestra de un ánimo viril.

No hay duda de que Goering comprende que la RAF es un enemigo muy duro. Por los que hemos encontrado hasta ahora, los americanos también son buenos combatientes. El Feldzeitung (Periódico de Campaña, algo así como la publicación norteamericana Stars and Stripes) explica sólo una parte de lo que nosotros sabemos acerca de la fuerza de nuestros enemigos.

Agosto 17, 1942: Los malditos norteamericanos bombardearon hoy los patios del ferrocarril en Rouen. Esta es la primera vez que vemos bombarderos norteamericanos. Hasta ahora teníamos entendido que volaban en aviones ingleses. ¡ Esos cochinos bombardean a sus propios amigos franceses!

Septiembre 1, 1942: Ha aparecido un nuevo avión de caza norteamericano. Se le conoce como el P-38. Muy veloz y maniobrable. Pero de nada les servirá a los estadounidenses cuando se enfrente a los cañones alemanes.

 

otografía del Lockheed P-38 Lightning Yippee de las Fuerzas Aéreas del Ejército de los Estados Unidos

otografía del Lockheed P-38 Lightning Yippee de las Fuerzas Aéreas del Ejército de los Estados Unidos

Septiembre 29, 1942: Hoy hemos tenido invitados a cenar. Tres aviadores americanos que fueron derribados cerca de Le Mans. Varios campesinos franceses que pretendían ocultarlos fueron, como es natural, pasados por las armas. Al interrogarles no dieron información alguna útil.

Gente extraña, los norteamericanos. Dan la impresión de no temernos. Les parece como si una racha de mala suerte hubiese interrumpido sus negocios. Están molestos consigo mismos. Sus modales son muy poco militares. Por la forma en que se repantigaban en los asientos se les hubiese tomado por invitados de verdad. Naturalmente, acabaremos con los norteamericanos y los ingleses. Pero hemos de reconocerles cierto mérito. No serán fáciles de vencer.

Les dijimos que creíamos que los aviadores que capturábamos eran, lo mismo que nosotros, algo mejor que simples soldados de tierra. Uno de los yanquis dijo, riéndose, que se había hecho aviador «porque no le gustaba marchar». No acierto a comprender tan extrañas ideas. Esta gente no es como nosotros. Parece que no ponen el corazón en la guerra, y que ni la gozan ni saben disfrutar el placer de la destrucción del enemigo. Dan la impresión de que lo hacen como si fuese una tarea desagradable.

Quizá por esta razón es por lo que les derrotaremos tan fácilmente. Puedo ver el porqué los alemanes son superiores a ellos y están destinados a gobernarles.

Uno de los norteamericanos vio a una de las muchachas HD cuando entró en nuestro comedor. Le miró las piernas y luego le guiñó el ojo. Ni buena crianza ni buenos modales. Puerco; esto es lo que son los norteamericanos. Les enseñaremos mejores maneras.

Octubre 3, 1942: Me he enterado de que Inge tuvo un hijo la primavera pasada. No he sabido nada de ella ni la he visto. La noticia me deja indiferente. Hay cosas más importantes en las qué pensar y qué hacer. Al menos he cumplido con mi deber para que la Raza Superior subsista.

Enero 28, 1943: Aviones norteamericanos han bombardeado Wil-helmshaven. Más de setenta B-17 bombardearon ayer esa población. ¡ Qué barbaridad, bombardear una ciudad indefensa sin importancia estratégica! Son, en verdad, unos cerdos salvajes que tratan de aplastar una civilización muy superior a todo lo que pueden comprender.

Febrero 11, 1943: Hoy hemos agasajado a un grupo de aviadores del Grupo Pik-A (significa «as de espadas», el escuadrón Richtho-fen primero de los de caza de la Luftvvaffe). Los grandes comandantes von Maltzahan, Wick y Molders no estuvieron presentes.

 

Los del Pick-A han destruido más de mil aviones enemigos en Polonia, Francia, Bélgica, Holanda e Inglaterra.

¡ Qué maravilloso equipo formamos los grupos de cazas como el Pik-A nuestros bombarderos y todos los demás soberbios guerreros alemanes del aire!

Febrero 26, 1943: Desde hace tiempo sabía ya que Nielander es un agente de la Gestapo adscrito a nuestro grupo. En todas partes hay traidores: hasta en la Luftwaffe. El, lo mismo que otros hombres de Himmler están vigilando para extirpar cualquier individuo afectado con el bacilo de la democracia. Desconfía de alguno de los tripulantes, que dice que no es tan entusiasta como debería serlo en la defensa de la patria.

Marzo 25, 1943: En la semana pasada mi hermano Paul murió asesinado por los bombarderos norteamericanos en la Base de Submarinos de Vegesack. ¡ Dios maldiga a los yanquis por haber dado muerte a tan magnífico marino alemán! El comunicado de la muerte de Paul mencionaba su Medalla de Oro al Honor y la Cruz de Plata al Mérito, concedida por el Partido Nacional-Socialista. Añadía que: «el destino no le permitirá el gozo de ver la victoria final».

Estoy profundamente decaído. ¿Cuándo «tendremos el gozo de ver la victoria final»?

Abril 7, 1943: Hoy me han destinado otra vez al servicio de vuelo. Mi pierna mala me hace aun cojear, pero, como por ser jefe de grupo no conduzco el avión, mi pierna no tiene importancia. Pero, si nos derriban, mis movimientos son lentos y torpes. ¿Seré capaz de lanzarme con presteza en paracaídas, si surge tal necesidad? Abril 10, 1943: Hoy, misión sobre el Canal contra la navegación. El cielo estaba atestado de Spitfires y P-38. Nunca había visto tantos; y son persistentes. Los norteamericanos son muy agresivos y difíciles de quitárselos de encima. Perdimos demasiados ME de escolta; verdaderamente demasiados. Fuimos hostigados y atacados sin descanso. Cuando regresamos, me temblaban las manos. Estoy muy fatigado. Me resulta difícil escribir. ¿Qué es lo que me pasa? Cuando, de regreso a la base, vi los agujeros de bala en el avión sudé frío. ¿Es posible que mis nervios estén a punto de estallar?

Abril 12, 1943: ¡Cuántos viejos amigos se han ido! Hoy vi cómo Putzi Hesse se abatía en llamas sobre el Canal. Estuvimos juntos vn la Escuela de Aviación .de Gatow. ¡Cuántos se han ido! ¡ Cuán pocos quedan de los viejos! Me pregunto cuanto más puedo durar. Sesenta misiones cumplidas. ¿Cuántas puede llevar a cabo un hombre?

Los ingleses eran ya bastante duros de por sí, pero los cazas norteamericanos son peores. Parecen fríamente decididos a destruirnos. ¡Tan condenadamente persistentes! Regresé de una misión de rutina a Southampton, temblando como azogado. Los de la tripulación tenían el rostro gris. Perdimos tres de los siete que salimos. Es aterrador pensar en el futuro.

¡Que Dios me ayude! ¡Tengo miedo! Abril 14, 1943: Hoy fui regañado, creo que injustamente, por el Alto Cuartel General. Mi «grupo» de ocho bombarderos iba volando hacia Londres cuando tropezamos con enjambres de Spit-fires y P-38. Enjambres. Conté más de sesenta. Atacaron y derribaron todos y cada uno de nuestros diez ME de escolta. Los diez. Después se lanzaron contra mis bombarderos. Ordené al grupo que virase y regresara a la base ¿qué otro remedio me quedaba? Aun así, los norteamericanos y tommies derribaron dos de mis HE. Fue una suerte que algunos de nosotros regresáramos. Al llegar, apenas podía sostenerme en pie. ¿Es eso cobardía?

¿Pueden regañarle a uno por eso? Abril 16, 1943: En la misión de hoy de rastreo sobre el Canal nada vimos, nada hicimos y regresamos a mediodía.

No me siento bien. No puedo dormir. Los nervios demasiado tensos. Fumo y bebo en demasía.

¿Cuándo acabará todo eso?

 

 

NOTA: En su siguiente misión, todo acabó para Hans Prenger. Indagaciones hechas en los archivos de la Luftwaffe revelaron que su bombardero Heinkel estalló en el aire, en combate sobre el Canal, el día 18 de abril de 1943.

 

 

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Hacia la Guerra: Pacto Ruso-Alemán

Publicado por El hijo del Ahuizote en abril 3rd 2016

Las relaciones diplomáticas crean en ocasiones extraños compañeros de cama. La historia está llena de enemigos íntimos y acuerdos a contranatura, pero pocos fueron tan llamativos como el Pacto Ribbentrop-Mólotov. Aquel 23 de agosto de 1939  Alemania y la Unión Soviética se prometieron lealtad y el reparto de una serie de territorios en Europa Oriental.

El acuerdo se rubricó en Moscú, y adquirió el nombre de los dos ministros firmantes: el alemán Joachim von Ribbentrop y el soviéticoViacheslav Mólotov. En aquella reunión celebrada en el Kremlin participó un sonriente Iósif Stalin, que departió amistosamente con el emisario del III Reich. En consecuencia, muchos fascistas europeos –definidos desde hace años enemigos del comunismo ruso– se mostraron contrarios al acuerdo.

Ribbentrop-Mólotov: 75 años del pacto de no agresión entre Hitler y Stalin

Rúbricas en el tratado de Ribbentrop y Mólotov

El pacto de no agresión contaba con siete cláusulas públicas y cuatro secretas que se conocieron años más tarde. De puertas para afuera, Alemania y Rusia establecían en su artículo IV que «ninguna de las dos participarán en agrupaciones de potencias que de alguna forma estén dirigidas directa o indirectamente contra la otra parte».

Las cláusulas secretas

De puertas para adentro, Alemania y la URSS establecieron una serie de«áreas de influencia». Un reparto futuro de Europa Oriental que empezaría por Polonia, a la que invadieron solo unos días después. Una vez terminada la guerra las cláusulas secretas fueron descubiertas por el ejército británico, que las puso en conocimiento de la opinión pública.

Aun siendo una de las vencedoras del conflicto, la Unión Soviética negó durante décadas la existencia de dichas cláusulas. No fue hasta agosto de 1989 –cincuenta años después de la firma del acuerdo– cuando el gobierno soviético presidido por Gorbachov reconoció que esos artículos ocultos planificaban el «reparto» nazi-soviético de Europa Oriental.

Según el artículo VI, el acuerdo expiraba «en un período de diez años, con la previsión que, en cuanto alguna de las Altas Partes Contratantes no lo denuncie un año antes a la expiración de ese período, la validez del tratado será extendido por otros cinco años». Se prometieron una década de lealtad que saltó por los aires en apenas año y medio con el comienzo –en junio de 1941– de la Operación Barbarroja. No obastante, estaban avisados: Hitler ya mencionó en Mein Kampf su deseo de expandir el Reich por la Unión Soviética.

¿Qué fue de Ribbentrop y Mólotov?

Ribbentrop-Mólotov: 75 años del pacto de no agresión entre Hitler y Stalin

Mólotov

Los ministros de Asuntos Exteriores que dieron nombre al pacto de no agresión tuvieron a partir de entonces trayectorias muy distintas. El diplomático ruso Viacheslav Mólotovpermaneció como Vicepresidente del Consejo de Ministros de la URSS hasta el año 1957, cuando Nikita Jrushchov decidió prescindir de él. Se retiró de forma definitiva en 1961 y falleció en 1986, a la edad de 96 años.

Ribbentrop-Mólotov: 75 años del pacto de no agresión entre Hitler y Stalin

Ribbentrop

Peor suerte corrió el ministro de Asuntos Exteriores alemán Joachim von Ribbentrop, al que después del conflicto acusaron de crímenes de guerra y genocidio. Las potencias vencedoras demostraron que había jugado un papel principal en la deportación de los judíos. Su trabajo consitió en persuadir a países limítrofes (satélites) para que asumieran esa población que después iba a ser exterminada. Por ello decidieron condenarlo a la horca, donde murió el 16 de octubre de 1946.

El pacto de no agresión, punto por punto

 

Molotov, Ribbentrop y Stalin 23 Agosto 1939

Molotov, Ribbentrop y Stalin 23 Agosto 1939

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El gran complot nazi de falsificación

Publicado por El hijo del Ahuizote en febrero 7th 2016

DÍAS DESPUÉS de la rendición de los ejércitos de Adolfo Hitler, un oficial del Servicio de Contraespionaje norteamericano en Austria llamó muy agitado a mi oficina del Cuartel General del Comando Supremo Aliado en Francfort. Informaba que un capitán alemán había hecho entrega de un camión cargado de millones de billetes ingleses. Agregaba que grandes cantidades de billetes aparecían flotando en el Río Enns y que todos los vecinos y las tropas aliadas los estaban pescando.

Alarmado y confuso me trasladé inmediatamente al lugar donde habían capturado al capitán con su camión. Me encontré con 23 grandes cajas del tamaño de ataúdes, llenas de atados de billetes del Banco de Inglaterra. Un rápido inventario de aquel tesoro, hecho con ayuda de nítidos manifiestos pegados en el interior de cada caja, arrojó nada menos que un total de 21 millones de libras esterlinas.

Me resultaba imposible determinar, aun con auxilio de un poderoso lente de aumento, si los billetes eran falsos o auténticos. Llamé a mis colegas ingleses a Francfort, y poco después recibí una llamada telefónica directa del Banco de Inglaterra. Cuando hice la descripción del hallazgo, percibí que quien estaba en el otro extremo del hilo casi perdió el aliento. Poco después llegó de Londres un representante del Banco: un gentleman alto, anguloso y reservado, de nombre Reeves.

Lo llevamos al cuarto donde, fuertemente custodiado, teníamos depositado el tesoro, y él comenzó a examinarlo caja por caja, palpando y manoseando los billetes. Al fin se detuvo, y por unos segundos maldijo lenta y deliberadamente, con su culta voz británica, pero con vehemencia.

—Perdón —dijo al fin—, pero los autores de esta diablura nos han hecho tanto daño…

Desde ese instante Reeves, tres detectives de Scotland Yard y yo trabajamos juntos en la tarea de rastrear y unir la historia completa y fantástica de la Operación Bernhard, la burla más grande que un gobierno le haya hecho jamás a otro.

Para comenzar se me informó que en 1943 una alarmante cantidad de billetes ingleses falsificados se había abierto camino a Londres a través de Zurich, Lisboa, Estocolmo y otras zonas neutrales. Empezaron a llegar en lotes de 100.000 libras esterlinas o más, y la calidad de la falsificación mejoraba siempre. Pronto se hizo evidente para los expertos del Banco que los monederos falsos eran artífices de gran pericia, y que los billetes los ponían en circulación una pandilla muy bien organizada.

Un espía alemán fue arrestado luego en Edimburgo. Lo habían llevado cerca de la costa de Escocia en un hidroavión y había ganado la costa en un bote de caucho. Portaba una maleta atestada de billetes, que eran la más fina falsificación que el Banco de Inglaterra hubiese visto jamás.

El Banco comprendió entonces que el autor de la fechoría era el propio gobierno alemán, y que el crédito mismo de la Gran Bretaña podía correr grave riesgo. Durante muchos años los Bancos del mundo entero han usado los billetes del Banco de Inglaterra casi como oro; y en Europa y Asia gentes miedosas solían atesorarlos para los tiempos malos. Ahora estaban en circulación fuera de Inglaterra centenas de millares de libras en billetes falsificados. Si surgían dudas respecto a la autenticidad de esos billetes, en plena guerra, las consecuencias podían ser sumamente graves, no sólo para Inglaterra sino también para la causa aliada. El Banco tuvo que rendirse, finalmente, ante lo inevitable.

El mundo financiero internacional sufrió una sacudida cuando el Banco anunció que retiraba de la circulación sus billetes de todas las denominaciones y que los cambiaría por billetes de cinco libras de un nuevo diseño. Transcurrido determinado plazo, los antiguos billetes dejarían de tener curso legal.

Ante un Parlamento perfecto, el ministro de Hacienda explicó con cautela que una de las razones que justificaban la medida era la existencia de una extensa falsificación. No dio más detalles, y la prensa británica respetó la consigna de no indagar más.

El hecho es que durante tres años los nazis habían impreso un número incalculable de billetes ingleses falsos que estaban desbaratando fortunas, complicando y enmarañando Bancos e industrias y sangrando a la Tesorería británica millones de libras.

Con estos antecedentes e informaciones iniciamos la cacería de los hombres y de la maquinaria que dirigían y componían la gran empresa de falsificación.

Encontrar la maquinaria no resultó, por suerte, difícil. El capitán que había entregado las cajas de billetes nos dijo que las había recibido de un oficial de las tropas de asalto cuyo camión había sufrido un accidente cerca de la población de Redi Zipf. Había recibido instrucciones de volcarlas en un lago cercano. El capitán no sabía más. Fuimos a Redi Zipf y descubrimos una de las muchas redes subterráneas de corredores de almacenaje y talleres qué formaban parte de la colmena del reducto alpino donde los nazis se proponían hacer la última resistencia. Allí, en la Galería 16 —un túnel de 60 metros que arranca de un gran pozo horadado en el flanco de una montaña— encontramos prensas para imprimir billetes, y otras máquinas. Pero nada de clisés, ni papel, ni archivos.

—Lo único que tenemos que hacer ahora, amigo mío —dijo Reeves— es encontrar a los chicos que hacían funcionar esto.

Investigaciones hechas en Redi Zipf nos revelaron que los hombres que habían trabajado en la fábrica subterránea habían sido conducidos al campo de exterminio de Ebensee, distante 65 kilómetros, pocos días antes de la rendición de Alemania. Nos trasladamos rápidamente a Ebensee. Pero ios falsificadores ya no estaban en el lugar. El comandante del campo, sabedor de que las tropas norteamericanas se hallaban próximas, simuló acatar la orden de matar en las cámaras de gas a los 140 hombres, pero no la cumplió. Cuando el campo fue ocupado los monederos falsos sencillamente salieron de allí y tomaron cada uno por su lado.

Afortunadamente los archivos del campo habían sido conservados y llevados con precisión típicamente alemana, aun durante los últimos días de la trágica derrota del Reich. Los nombres y los lugares de nacimiento de los que componían aquella extraña banda estaban allí registrados. Iniciamos una intensa pesquisa que duró varios meses y nos llevó a los más remotos rincones del antiguo imperio nazi.

Uno por uno, más de 40 de los más importantes falsificadores fueron cayendo en nuestras manos. Poco a poco fuimos verificando y uniendo el conjunto de sus declaraciones, que algunas veces resultaban casi increíbles. Y de pronto, la gran revelación. Por varios de nuestros testigos supimos que un checo de nombre Oscar Skala, prisionero político de los nazis, había sido el jefe contador de la operación. Con ayuda de la policía checoslovaca lo encontramos vendiendo cerveza pacíficamente en una pequeña población cerca de Pilsen. Skala se mostró inclinado a cooperar decididamente. Hombre metódico, había llevado en una libreta la diaria descripción del trabajo de los falsificadores. El trozo final de la historia fantástica de la Operación Bernhard encajaba ahora perfectamente en el hueco vacío del rompecabezas.

A comienzos de la guerra el führer de las tropas de asalto, Heinrich Himmler, había creado en su cuartel general secreto la Oficina 6-F-4, un organismo que se proponía desquiciar la economía de la Gran Bretaña mediante la falsificación en grande escala de sus billetes de banco. El proyecto comenzó en realidad a cristalizar cuando se designó director ejecutivo al comandante Bernhard Krüger en 1942.

Krüger era un joven nazi muy listo que veía en los problemas que retardaban el cabal desarrollo de la 6-F-4 algo así como un resto fascinante. Uno de esos problemas consistía en la dificultad de reclutar el personal que tuviese la pericia y la especialización requeridas para una gran fábrica de falsificación, ya que los peritos del Reischsbank y de la Imprenta Oficial del Reichprobos y viejos funcionarios del servicio civil de Prusia en su mayoría, se rebelaron ante la idea de imprimir billetes de otro país, aun en tiempo de guerra. Krüger tenía una solución: por razones de origen racial se hallaban en los campos de concentración algunos de los mejores técnicos impresores de Alemania; la tarea podría encomendárseles a esos hombres, que al mismo tiempo garantizaban la reserva necesaria.

Bernhard Krüger reunió a esos técnicos, les prometió un trato de excepción para el resto de sus días y los hizo trasladar al campo de concentración de Sachsenhausen en Oranienburgo, cerca de Berlín. Allí, en un compartimiento aislado conocido con el nombre de Bloque 19, rodeado de alambre de púas con carga eléctrica y guardias escogidos de la conocida Brigada de las Calaveras, que juraban absoluto secreto, la Operación Bernhard entró en plena actividad.

Se instaló una maquinaria que era la última palabra en la materia. Con cuidado meticuloso se prepararon las planchas. Un fabricante de prensas interrumpió la producción de guerra para suministrar la maquinaria de precisión requerida. Una famosa empresa manufacturera de papel logró, después de muchas pruebas, reproducir el papel fino y ligero del Banco de Inglaterra, con sus complicadas marcas de agua.

Bernhard Krüger

Bernhard Krüger

La oficina 6-F-4 envió atados del producto Bernhard a los representantes de la Gestapo en las embajadas y consulados de Alemania en Turquía, España, Suiza y Suecia con instrucciones de pasarlo en los Bancos locales. Casi todos los billetes fueron aceptados sin dificultad. Himmler rebosaba de júbilo.

Ahora bien, al salir de las prensas, los billetes eran meticulosamente inspeccionados y clasificados. Los mejores, la primera clase, eran destinados por la 6-F-4 a compras en países neutrales y al fondo de operaciones de los espías y saboteadores de Himmler en el exterior. Los billetes de segunda clase, que tenían leves imperfecciones aunque siempre constituían una imitación excelente, se repartían entre las unidades de la Gestapo en los países ocupados, para pagar información y subsidios a los colaboracionistas, que preferían la salvaguardia de los billetes del Banco de Inglaterra para el caso de que las cosas no marcharan bien.

Los billetes de tercera clase, todavía una excelente falsificación, se acumulaban y guardaban para un fantástico proyecto especial de Himmler : ¡ lanzarlos desde aeroplanos sobre las Islas Británicas! Himmler esperaba que la gente los recogiese y tratase de pasarlos, creándoles al gobierno y a los Bancos el serio problema de separar los buenos de los malos sin causar una bancarrota económica. Afortunadamente, para la época en que estuvieron listos los billetes necesarios, la Luftwaffe había sido expulsada del cielo británico y el proyecto fue abandonado.

Una de las principales víctimas de los billetes de primera clase de Krüger fue el ahora famoso «Cicerón», el espía profesional albanés Eliaza Bazna, que fue criado del embajador británico en Angora durante la guerra y que, según él creía, se convirtió en el espía mejor pagado de la historia al recibir 300.000 libras esterlinas dei Servicio Secreto alemán, por secretos robados de la caja de seguridad del embajador. Otra víctima, más típica, fue un comerciante suizo que aceptó de buena fe 60.000 libras esterlinas de un Banco turco irreprochable. Las libras fueron aceptadas a su vez por un Banco suizo y finalmente se abrieron camino a través de varios países neutrales hasta la oficina principal del Banco de Inglaterra en la calle Threadneedle, en Londres. El producto del comandante Krüger fue descubierto allí por un empleado listo. En algunos casos, sin embargo, los billetes de primera clase salieron de Alemania para un país neutral, de allí para Inglaterra, de nuevo para otro país neutral y finalmente para Alemania una vez más, sin que se descubriera la falsificación en ningún punto del recorrido.

Aun en pleno éxito de la Operación Bernhard, sin embargo, el comandante Krüger no las tenía todas consigo. Su fábrica producía 400.000 billetes por mes y ya pronto se llegaría al total estipulado por Himmler. Por lo que el comandante se puso de acuerdo con sus subalternos para reducir la velocidad de las prensas y desechar grandes cantidades de billetes de primera clase como defectuosos.

 

—Si no rebajamos la producción —le dijo un día a su contador y teniente principal— a mí me mandarán al frente a pelear y a todos ustedes los fusilarán. Sería muy triste.

Fue una fortuna para el Banco de Inglaterra que él llegara a esa conclusión. Varias centenas de millares de billetes de primera clase que hubieran podido circular fueron empacadas y guardadas secretamente en grandes cajas de madera por orden de Krüger.

Un buzo saca billetes del lago Toplitz.

Un buzo saca billetes del lago Toplitz.

Para mantener funcionando a plena capacidad la Operación Bernhard, Krüger se embarcó en otro proyecto que había figurado en su lista por algún tiempo: la falsificación de dólares norteamericanos. Pero él y su equipo advirtieron que este trabajo era más difícil. El papel que se usa en los billetes de las Estados Unidos no ha podido ser imitado con éxito hasta ahora, y las mejores fábricas de papel de Alemania sólo llegaron a producir, después de ensayos agotadores, una mala imitación. Además, los más hábiles peritos de Krüger llegaron a la conclusión de que no podían producir las complicadísimas planchas de grabar y tintas de colores que la obra requería.

En algún lugar de Alemania o en alguno de los países ocupados, razonaba Krüger, debe de haber por lo menos un falsificador profesional con experiencia en billetes norteamericanos, capaz de allanar la dificultad. La Gestapo y los otros servicios secretos de Himmler comenzaron a buscarlo. En una prisión alemana encontraron a Solly Smolia-noff, gitano de nacimiento y falsificador de primera clase. Solly no había estado nunca en los Estados Unidos, pero se había especializado en la producción de billetes «norteamericanos» de tan buena calidad que ya más de una vez habían llamado la atención del Servicio Secreto de los Estados Unidos. Solly había estado preso en varios países europeos por haberlos fabricado.

Solly se encontró como el pez en el agua en el Bloque 19.

—¡Imagínense! —decía a sus colegas—. ¡Una fábrica de falsificación protegida por la policía!

Hacia fines de 1944 Solly tenía listos billetes de 50 y 100 dólares que los expertos de la Imprenta Oficial del Reich y la 6-F-4 reputaban como enteramente satisfactorios. La Operación Bernhard empezó a prepararse para imprimir esos billetes.

 

 

Pero ya la marea de la guerra se estaba volviendo contra el Reich. El bombardeo de Berlín era cada día más intenso, y Sachsenhausen estaba en la zona de ataque. Himmler quiso cerrar la Operación Bernhard, pero Krüger persuadió a su jefe de que lo dejara trasladar la maquinaria y los hombres a una de las nuevas fábricas subterráneas del reducto de los Alpes Austríacos. El comandante sostenía que en caso de un colapso la Oficina 6-F-4 podía ser muy útil a los nazis leales, proveyéndolos de moneda extranjera y credenciales falsificadas de todo género.

El traslado desde Sachsenhausen duró varios meses. La Operación Bernhard quedó lista para poner en movimiento sus prensas en la Galería 16, detrás de Redi Zipf, en abril de 1945. Para entonces, las tropas norteamericanas convergían sobre el reducto. Solly Smolianofí no llegaría a usar las planchas que había fabricado tan diligentemente.

Al final de cierto día, Krüger, manejando un rápido convertible Alfa Romeo, y acompañado de una hermosa rubia, arribó al campo de concentración en la boca de la cueva de Redi Zipf. Transmitió apresuradamente órdenes del propio Himmler: había que hacer desaparecer toda huella de la Operación Bernhard. Los archivos serían destruidos; los billetes y el papel no impreso, quemados; las planchas y troqueles serían arrojados en la parte más honda del cercano Lago Toplitz. Los 140 miembros de la Operación Bernhard serían trasladados al campo de concentración de Ebensee y exterminados.

Krüger, sereno y afable como de costumbre, presentó excusas por no estar en condiciones de intervenir personalmente en los detalles. Dijo que tenía asuntos urgentes a que atender en otra parte. El Alfa Romeo estaba cargado de billetes ingleses y suizos auténticos, adquiridos, según lo supimos después por sus subalternos, mediante operaciones de mercado negro en las capitales ocupadas. En la gaveta del automóvil llevaba pasaportes excelentemente falsificados. El auto arrancó en dirección a Suiza. El gran maestro falsificador Krüger desapareció sin dejar huellas y no se ha vuelto a saber de él desde entonces.

Durante los tres días que siguieron a la partida de Krüger, oficiales de las tropas de asalto y los prisioneros de la Operación Bernhard estuvieron metiendo los archivos y las falsificaciones de inferior calidad en un gran incinerador. Un pelotón arrojó las planchas de imprimir en lo más hondo del Lago Toplitz; pero al final aquellos hombres no pudieron resignarse a la destrucción de los mejores billetes, el tesoro que Krüger había puesto aparte para evitar que hubiera exceso de producción. Colocados en cajas grandes que parecían ataúdes, los billetes fueron trasladados a unos camiones cuyos conductores recibieron la orden de enterrarlos en lugares donde podrían recobrarlos en el futuro.

Fue una de esas camionadas la que nos entregó el capitán alemán. Otras desaparecieron, sencillamente. Otras fueron arrojadas al Río Enns por soldados aterrorizados de las tropas de asalto. En las aguas del turbulento río alpino, henchido por las crecientes primaverales, las cajas que contenían billetes de primera clase fueron rotas por las rocas, y los vecinos de la región comenzaron a pescarlos con entusiasmo.

Terminada nuestra investigación, nos dimos a sacar la cuenta de la producción total de la Operación Bernhard. Era algo espantoso. Según la libreta de Oscar Skala y las declaraciones concurrentes de otros trabajadores de Kriiger, la fábrica de éste produjo casi nueve millones de billetes del Banco de Inglaterra, con un valor par de 140 millones de libras esterlinas, aproximadamente. De esta suma, 1.500.000 libras fueron enviadas a Turquía y al Cercano Oriente; 3.000.000 fueron distribuidas por la 6-F-4 en Francia y los Países Bajos; 7.500.000 pagaron facturas alemanas en España, Portugal, Suiza y los países escandinavos. Otros 62.000.000 de libras escaparon de ser quemados en Redi Zipf y fueron pescadas en el Río Enns por austríacos, rusos, norteamericanos e ingleses, o escondidas por los soldados de las tropas de asalto.

Durante un largo tiempo las obras maestras de Krüger que fueron rescatadas de su tumba acuática y que no fueron entregadas, solían aparecer en los hipódromos ingleses, en los mercados negros de Europa y aun en las casas de cambio extranjero de Nueva York. Pero restaurado ya el prestigio del Banco de Inglaterra, la historia de la Operación Bernhard puede contarse.

Billetes nuevos de cinco libras que llevan a través de ellos un fino hilo metálico, incrustado por un proceso secreto, y que son lo más completamente a prueba de falsificación que una moneda puede ser, han reemplazado los viejos billetes. Con este heroico esfuerzo el Banco de Inglaterra rescató el crédito de la Gran Bretaña. Pero la Operación Bernhard casi llegó a realizar su propósito. Y podría repetirse.

 

 

Por el comandante George J. McNally y Frederic Sondern, hijo

 

George J. McNally and Anthony S. Suglia in Promotion Ceremony for White House Army Signal Agency

George J. McNally and Anthony S. Suglia in Promotion Ceremony for White House Army Signal Agency

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La BBC y la Invasión a Francia: 1944

Publicado por El hijo del Ahuizote en enero 24th 2016

El 14 de agosto de 1944, veinticuatro horas antes de producirse el desem­barco aliado en el sur de Francia, la BBC de Londres, a las 19.30, difundió el siguiente comunicado:

 

«Aquí Londres. Oigan ahora un men­saje del Comandante Supremo Alia­do. Los ejércitos de liberación avan­zan a través de Francia y el enemigo cambia cada hora la disposición de sus tropas y de sus defensas. Es ne­cesario destruir al enemigo donde se encuentre, demoler sus armas y pa­ralizar sus caminos de aprovisiona­miento y de retirada. Vuestra locali­dad puede ser un objetivo, haya o no alemanes en ella. Si veis aviones aliados, acudid al refugio. Pueden verse obligados a tirar cerca del lu­gar donde estáis.
«Evitad las carreteras principales y no os entretengáis en los puentes. Evitad el circular en bicicleta. Si os veis obligados a permanecer en la ciudad, poneos al abrigo. A falta de refugio subterráneo, alejaos de las ventanas y de toda superficie encris­talada. Colgad del cuello de vuestros hijos una etiqueta con su nombre y el vuestro, así como vuestra dirección. Los combates que acarrearán la de­rrota del enemigo común causan aho­ra ia muerte de gran número de hom­bres, soldados y civiles. Es imposible evitarlo. Obedeced las órdenes que se os acaban de dar».

 

Mientras las divisiones alemanas se retiran a lo largo de todo el frente, fuerzas nortea¬mericanas cruzan el Sena en botes livianos para continuar la persecución del enemigo.

Mientras las divisiones alemanas se retiran a lo largo de todo el frente, fuerzas norteamericanas cruzan el Sena en botes livianos para continuar la persecución del enemigo.

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La Carga de la Caballería Polaca en Krojanty

Publicado por El hijo del Ahuizote en agosto 30th 2015

Probablemente la imagen más famosa y persistentemente recordada en el tiempo de la invasión de Polonia por la Alemania nazi (1 de  septiembrede 1939) es la de un escuadrón de osados jinetes polacos cargando a caballo con sus lanzas y sables contra los panzer alemanes. Todo un símbolo de la desesperación de unas gentes valientes, pero abandonadas a su suerte por las potencias aliadas e impotentes ante una tecnología infinitamente superior. En mi caso, uno de los primeros y más vívidos recuerdos de mi infancia en relación con la Segunda Guerra Mundial, es la lectura de un viejo tebeo de «Hazañas Bélicas» en una de cuyas historias se mostraba este episodio. Si no recuerdo mal, uno de aquellos lanceros polacos, se abalanzaba contra un tanque y antes de caer abatido, liquidaba con su lanza a un tripulante del blindado – creo que uno de los ametralladores (o el conductor, quizás) – tras introducir, en una increíble demostración de puntería su lanza por una de las troneras del carro de combate.

Pues bien, la cuestión es que ese osado y suicida ataque nunca se produjo. Ese heroico episodio es uno de los tantos mitos y leyendas existentes en torno a la Segunda Guerra Mundial. No obstante, ello no parece haber menguado la popularidad de la leyenda, incluso entre algunos historiadores e investigadores supuestamente serios. Según el historiador Steven J. Zaloga, la historia parece tener su origen en los primeros días de la campaña, de la mano de corresponsales de guerra italianos destacados en elfrente de Pomerania. Luego fue debidamente engrandecido, embellecido y transformado a su antojo por la poderosa propaganda nazi, siendo más atractivo en cada nueva versión de los hechos. También se ha dicho, de manera bastante insistente, que esa fue la última carga de caballería de la historia en un conflicto armado, a fin de pretender dejar sin argumentos a los defensores de la caballería, para dejar claro que la época del jinete había tocado a su fin, pero eso tampoco es cierto. Así a bote pronto, recuerdo un par de cargas de caballería más durante la Segunda Guerra Mundial – la delRegimiento «Savoia» italiano en Isbuschensky (Rusia) en agosto de 1942 y la del 26th Cavalry Regiment estadounidense en Morong (Filipinas) enfebrero de 1942 – y lo cierto es que las unidades de caballería continuaron teniendo un papel importante durante la guerra (precisamente los alemanes las utilizaron a menudo en la lucha antipartisana).

La fuente original está en una escaramuza cerca de la aldea de Krojantyen la tarde del 1 de septiembre de 1939 (es decir, el mismo día de la invasión). El Corredor de Pomerania, (también llamado «corredor polaco»)  uno de los principales objetivos de Hitler, ya que garantizaba el acceso almar Báltico, estaba guardado por varias divisiones polacas de infantería y por la Brigada de Caballería «Pomorska». El área era indefendible, pero esas fuerzas estaban estacionadas ahí para impedir al menos que laWehrmacht la tomase sin oposición, como había ocurrido en los Sudetes. Al estallar la guerra, esas tropas debían retirarse inmediatamente hacia el sur. Cubriendo el repliegue estaría el coronel Kazimierz Mastalerz (en la fotografía bajo estas líneas) con su 18º Regimiento de Lanceros Ulanos «Pomorskich» y unos regimientos de infantería.

A primera hora del 1 de septiembre, la y 20ª División de Infantería Motorizada del XIX Cuerpo de Ejército alemán al mando del generalHeinz Guderian empezaron a presionar a las fuerzas polacas del bosque de Tuchola. La caballería y la infantería consiguieron  contenerlas hasta primera hora de la tarde, pero finalmente se vieron obligadas a retroceder. Al atardecer, estaba amenazado el empalme ferroviario y viario clave que había al otro lado del bosque, así que Mastarlerz ordenó que se rechazara a los alemanes a toda costa. El coronel polaco contaba con su propio regimiento, alguna infantería y las tanquetas de la brigada. Las tanquetas TK eran viejas y estaban muy gastadas, así que fueron dejadas con una parte del regimiento para que sostuvieran las posiciones. Dos escuadrones de lanceros, unos 250 hombres, montaron en sus caballos y empezaron a rodear el flanco germano para atacar por detrás.

A primera hora de la tarde habían localizado un batallón de infantería alemán expuesto en un claro del bosque de Tuchola. Los escuadrones de caballería polacos estaban a unos cientos de metros, por lo que era factible lanzar una carga a sable. En unos instantes, los dos escuadrones habían salido del bosque y caído sobre la atónita infantería enemiga, a la que lograron dispersar causandole unas 20 bajas, sin que los polacos tuvieran apenas pérdidas. Cuando los jinetes se estaban reagrupando, aparecieron en el lugar unos cuantos vehículos blindados ligeros alemanes – probablemente del tipo Schewerer Panzerspähwagen y Leichter Panzerspähwagen – armados con cañones automáticos de 20 mm y ametralladoras, y abrieron fuego de inmediato sobre los jinetes polacos, que totalmente expuestos, empezaron a galopar intentando llegar al abrigo de una colina cercana. El propio coronel Mastarlerz y su estado mayor cayeron muertos, y las bajas fueron terribles (se habla de unos 20 muertos y otros 60 heridos o prisioneros, es decir, los dos escuadrones de la caballería polaca intervinientes en la escaramuza perdieron un tercio de sus jinetes). Sin embargo, gracias a su decidida acción los lanceros consiguieron ganar tiempo para la retirada de dos batallones polacos que estaban siendo atacados en la cercana batalla de Chojnice.

La evidencia de esta matanza fue descubierta al día siguiente por unos corresponsales de guerra italianos, a quienes unos soldados alemanes dijeron que aquello era consecuencia de que los jinetes polacos habían cargado contra los carros de combate. Los alemanes, impresionados por el fuerte y osado ataque, se las arreglaron para transformar una derrota táctica en una victoria propagandística, presentando así el ejército polaco como obsoleto y caduco. Y así nació la leyenda. Lo que ya no interesó tanto resaltar a los nazis fue que esa misma tarde Guderian tuviese que intervenir personalmente para impedir que el comandante de la 20ª División de Infantería Motorizada alemana retirase dicha unidad «frente a una intensa presión de caballería». Semejante presión procedía de ese mismo 18º Regimiento de Lanceros Ulanos, una unidad que había perdido el 60% de sus efectivos en los combates de ese día y cuyo tamaño no era ni el 10% de la unidad alemana a la que estaban empujando.

Los polacos también aceptaron la mentira pues ensalzaba el valor de su caballería, que dicho sea de paso, fueron las unidades del ejército polaco que más problemas dieron a los alemanes en su avance (incluso, llegaron a derrotarles en la batalla de Mokra). Eso sí, los enfrentamientos entre la caballería polaca y las unidades blindadas germanas se produjeron con los jinetes polacos luchando a pie, o atrincherados en posiciones fijas (más el apoyo de tanquetas, blindados y artillería), es decir, como infantería, y utilizando sólo la caballería para desplazarse rápidamente a otros lugares del frente. Pero todos sabemos el gran valor que tienen los símbolos y lo de las lanzas contra los tanques es una imagen muy poderosa sobre un pueblo que fue abandonado a su suerte cuando se vieron atacados por la tiranía y la sinrazón.


Fuentes:

Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: «El Ejército Polaco» de Stephen J. Zaloga

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Investigador francés halla, en frascos, restos de víctimas de los nazis

Publicado por El hijo del Ahuizote en julio 20th 2015

Los restos encontrados pertenecen a varias de las 86 víctimas de un proyecto de colección de esqueletos judíos que quería completar el anatomista nazi Hirt.
campo concentracion

Restos de parte de 86 víctimas ligadas a un proyecto de colección de esqueletos judíos del anatomista nazi August Hirt fueron hallados en frascos en el Instituto de Medicina Forense de Estrasburgo, dijeron hoy fuentes ligadas a la investigación.

El hallazgo de los restos conservados en probetas y frascos fue hecho el 9 de julio por el historiador Raphael Toledano, autor del documental “El hombre de los 86”, pero sólo fue dado a conocer este domingo por decisión de las autoridades.

La emisora Radio Francia Internacional indicó que los investigadores del instituto forenseignoraban la existencia de estos restos, que conforme a una decisión del ayuntamiento de la ciudad, serán entregados a la comunidad judía local.

Con apoyo del director del Instituto de Medicina Forense de Estrasburgo, Jean-Sébastien Raul, el historiador Toledano logró identificar varias piezas, entre ellas un frasco con fragmentos de piel de una víctima de las cámaras de gas.

De igual forma, encontró dos probetas con el intestino y el estómago de una víctima, así como objetos usados durante la incineración de cuerpos en el campo de concentración alsaciano de Natzweiler-Struthof.

La mayoría de los restos, casi todos cortados en trozos, fueron hallados luego de la liberación de Estrasburgo por los aliados en 1944, y rápidamente inhumados en un cementerio judío.

Los fragmentos hallados ahora forman parte de los elementos conservados por el profesor de medicina forense de la Facultad de Medicina de Estrasburgo, Camille Simonin, en el marco de una investigación sobre los crímenes del doctor Hirt.

Las autoridades militares encargaron a Simonin las autopsias, para determinar las condiciones que condujeron a la muerte de las víctimas.

En el curso de sus investigaciones, una carta de Hirt fechada en 1952 puso sobre la pista de los restos al historiador Toledano.

En la misiva, el anatomista nazi refiere la existencia de frascos con muestras tomadasdurante las autopsias practicadas a las víctimas judías de la cámara de gas de Struthof.

Las etiquetas identifican cada fragmento con precisión y hacen referencia especialmente a la matrícula 107969, que corresponde al número tatuado en el Campo de Auschwitz en el antebrazo de Menachen Taffel, una de las 86 víctimas.

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