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El misterio Stuka: cuando los nazis bombardearon Castellón

Publicado por El hijo del Ahuizote en junio 30th 2018

                                                                       

Cayeron 36 bombas en mayo de 1938. Los vecinos culparon a la Guerra Civil. Pero no: era un ensayo de la Luftwaffe de Hitler para la II Guerra Mundial.

Aquella mañana Pepe fue al barbero, un forastero catalán que había llegado a Vilar de Canes con la navaja y las tacillas buscando algo de paz en plena guerra. Pepe amarró las cabras, se cortó el pelo y se afeitó, y por primera vez le empaparon las mejillas en colonia como si fuera un galán de Hollywood.

Casi a la misma hora pero un día antes Ángel cogía el camino de Vilafranca que le llevaba de su casa en Benassal al campo donde faenaban sus padres. Tenía 15 años cuando oyó aquel ruido y miró hacia el cielo con sus ojos azules como el océano.

Casi a la misma hora pero un día después Milagros se escapaba corriendo a casa para comerse una loncha del jamón que su familia secaba en la buhardilla. «Voy a casa y vuelvo», le dijo a su padre.

Cuando se oyó aquel ruido por primera vez el barbero le suplicó a Pepe que le acompañara al refugio, pero los galanes de Hollywood no se afeitan y se empapan las mejillas en colonia para esconderse en una cueva mugrienta. La primera bomba cayó justo cuando Milagros entraba en casa. «Nos han matado a la chica», adivinó su padre. Milagros tenía 18 años. El cadáver de Pepe lo encontraron acurrucado bajo el hueco de la escalera, sepultado por los escombros. Ángel ya había echado a correr camino arriba.

Hoy tiene 93 años y presume de ser el más viejo de Benassal, un pueblo con no mucho más de 1.000 habitantes en la comarca del Alto Maestrazgo de Castellón. Aún tiene los ojos azules como el océano pero viste de negro de la boina a los pies desde que su consuegro mató de un escopetazo a su hija hace la tira de años, cuando las cosas en los pueblos pasaban porque sí y nadie se preguntaba demasiado los motivos. Como aquella mañana de las bombas.

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El Ejército Imperial Japonés

Publicado por El hijo del Ahuizote en junio 23rd 2018

El Ejército Imperial Japonés del período de 1931 a 1945 era una combinación extraña: una fuerza moderna, bien entrenada y armada, pero imbuida de las tradiciones antiguas y cerradas de un pueblo que acababa de salir de siglos de un autoimpuesto aislamiento del mundo moderno. Las contradicciones de la sociedad japonesa se reflejaban en sus fuerzas armadas, que abrazaban cualquier avance tecnológico militar pero seguían ancladas en las costumbres de una sociedad medieval, esencialmente feudal. Estas contradicciones crearon un ejército que era un enigma para la mayoría de los observadores extranjeros, un ejército que fue fatalmente malinterpretado y menospreciado por sus enemigos en los primeros compases de la guerra, pero que al mismo tiempo fue terriblemente vulnerable a ellos en cuanto mostró sus peculiares debilidades.

La adaptabilidad, las tácticas agresivas, el valor fanático y la obediencia ciega del soldado japonés iban a dar a ese ejército una victoria tras otra durante la guerra contra China en la década de 1930 y en las ofensivas relámpago contra las fuerzas estadounidenses, holandesas, británicas y de la Commonwealth en Asia y el Pacífico en 1941-1942. Sin embargo, estas cualidades humanas no bastaron cuando se enfrentaron al poderío económico, militar e industrial y a la cultura bélica verdaderamente moderna de EE.UU. Desde la perspectiva de hoy, puede decirse que elEjército Imperial Japonés iba ya camino de la derrota cuando empezó a conseguir sus primeras y espectaculares victorias en diciembre de 1941.

A mediados de 1942, las fuerzas armadas imperiales japonesas habían expandido enormemente el Imperio en una espectacular campaña de conquista de 6 meses. Pero casi desde el mismo momento en que cesó su avance por el Pacífico se vieron obligadas a defender sus ganancias frente a las contraofensivas aliadas, que al principio fueron lentas y débiles pero fueron ganando en potencia y confianza. Fue una defensa para la que  Japón estaba preparado en el plano táctico, no así en el estratégico. Tras unos reveses iniciales se estableció una Esfera de Defensa Nacional Absoluta que incluía Birmania, Malasia, las Indias Orientales, Nueva Guinea occidental y las islas Carolinas, Marianas y Kuriles. Durante los 3 años siguientes, los japoneses iban a defenderla con una determinación feroz que sorprendió a sus enemigos, pero con un resultado final incuestionable.

Tanto había conquistado el ejército nipón que ahora se hallaba desplegado en el extremo de unas líneas de suministro extraordinariamente largas. El sistema logístico japonés era inadecuado – e incluso primitivo – a todos los niveles, pero los planes del alto mando para defender un perímetro tan inmenso no parecieron tener esto en cuenta. Con sus fuerzas dispersas en el extremo de unas largas líneas de suministro, amenazadas cada vez más por la supremacía aérea y naval aliada, Japón careció de los medios y el material para abastecer y reforzar sus guarniciones, y los efectos de las escaseces estratégicas de todo tipo empezarían a dejarse sentir entre la población japonesa ya en 1942. El Imperio quedó abrumado por la capacidad de EE.UU. de producir cañones, carros de combate, buques y aviones, y de tripularlos. Japón por su parte carecía de la base industrial necesaria para mantener a sus desperdigadas fuerzas armadas y reemplazar las enormes pérdidas sufridas. En el último año de la guerra, la producción japonesa se vio reducida drásticamente por los bombardeos aéreos aliados. Por ejemplo, en 1940 se fabricaron 1.023 carros de combate, por sólo 94 en 1945, y de modelos totalmente obsoletos.

La disparidad entre la producción de guerra de EE.UU. y Japón queda de manifiesto en una estadística extraordinaria: por cada soldado japonés en el Pacífico había 1 kg. de material, mientras que por cada estadounidense había 4 toneladas. Otro dato: ya en 1941, la producción de aviones estadounidense era 4 veces mayor que la japonesa, una brecha que se iría ampliando de forma imparable. Sin embargo, el carácter único de la milicia japonesa le permitió desafiar esas condiciones tan negativas. Aunque sus fieras batallas defensivas no lograron otra cosa que enormes pérdidas humanas, todavía había 2 millones de soldados dispuestos a defender las islas metropolitanas de la invasión aliada cuando el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, en agosto de 1945, convencieron finalmente al gobierno imperial de la futilidad de seguir resistiendo. Aún así, un grupo de oficiales planeó, sin éxito, sabotear la alocución de rendición del emperador Hirohito.

Para mediados de 1942, el Ejército Imperial Japonés se había ganado la reputación de invencible entre las conmocionadas tropas aliadas, pero en cuanto éstas empezaron a contraatacar – en Guadalcanal y Nueva Guinea – salieron a la luz las deficiencias de dicho ejército y se aprendió a explotarlas. La mayoría de los comandantes japoneses carecían de imaginación más allá de la doctrina de atacar a toda costa: cuando el ataque fallaba, tendían a repetir el intento hasta que sus tropas quedaban diezmadas. En una sociedad fuertemente jerarquizada, el cuerpo de oficiales temía quedar desacreditado si reconocía dificultades, por lo que sus informes tendían a ser optimistas en exceso. Los mandos daban órdenes, pero se tomaban pocas molestias en supervisar su ejecución.

A diferencia de los ejércitos occidentales, el japonés apenas progresó en cuanto a mecanización. Sus unidades siguieron siendo esencialmente fuerzas de infantería apoyadas por artillería media y cuyo transporte seguía dependiendo de caballos y mulas. El ejército nipón andaba escaso de artillería pesada y era incompetente en su uso, pues se ponía todo el énfasis en el apoyo inmediato a la infantería. En esto, como en el uso de los carros de combate, los Aliados le ganaron rápida y decisivamente la partida. Pese al éxito de las unidades blindadas en Malasia a principios de 1942, los tanques fueron dispersados para dar apoyo a la infantería, un poco como si fuesen fortínes móviles (cada división de infantería Tipo A – es decir, la “reforzada” –, solía tener una unidad de carros de combate). Existía poco interés en el uso independiente de masas de carros como medios medios de maniobra (de hecho la primera división acorazada no se formó hasta 1942, y durante la guerra sólo habría un total de 4). Sin embargo, se potenció un tipo de carros de combate que sacrificaban el blindaje y la potencia del armamento en aras de la liviandad y la velocidad, por lo que resultaron extremadamente vulnerables. La calidad de la mayoría del material bélico aliado mejoró sin pausa, mientras que la del japonés se mantuvo mayormente en sus niveles de la década de 1930; en el orden cuantitativo, las diferencias se hicieron enormes.

La planificación y ejecución logística fue mala desde el principio: en el invierno de 1942-43, en Nueva Guinea, decenas de miles de soldados fueron más o menos abandonados a su suerte, y no sería la última vez. Existía una fuerte rivalidad entre el Ejército y la Marina Imperial, lo que tenía unas consecuencias nefastas en unas campañas en las que la cooperación interarmas era vital. La superioridad aérea japonesa de 1941-1942 empezó a ser disputada enseguida, y luego doblegada. Frente al avance estadounidense por el Pacífico, el Alto Mando Japonés fue incapaz de formular una estrategia más prometedora que la de atrincherarse, conservar el territorio hasta el último hombre e infligir al enemigo el mayor número de bajas posibles. Para la mentalidad occidental, ello era fruto de la desesperación, pero para la japonesa, la muerte honorable por el emperador era un premio.

El Ejército Imperial Japonés poseía importantes cualidades tácticas que puso en práctica casi hasta el final. El enemigo más temible es el soldado al que no le importa morir o seguir vivo, y esta cultura permeó en todas las fuerzas imperiales. Los Aliados descubrieron que era casi imposible tomar prisioneros japoneses: “la muerte antes que la rendición”era un principio genuino y no sólo un eslogan. Cuando se quedaban sin posibilidad de seguir resistiendo, se mataban en sus pozos de tirador, sus cuevas, fortines o búnkeres, o se inmolaban en suicidas cargas banzai o arrojándose bajo los tanques con una granada. Antes de 1945, el escaso número de prisioneros hecho entre fuerzas japonesas derrotadas – sobre todo heridos, de entre los miles de muertos en el campo de batalla – no incluía ningún oficial de graduación superior a la de comandante. En consecuencia, en todos los campos de batalla, cada posición japonesa tenía que tomarse individualmente, con fuego de artillería seguido de carros, ametralladoras, cargas explosivas, lanzallamas y granadas de mano. Ello era muy costoso en vidas estadounidenses y no sorprende que, después de haber experimentado este tipo de combate, pocos infantes aliados se tomasen demasiadas molestias en hacer prisioneros japoneses.

Las posiciones de campaña que los japoneses defendían hasta la muerte solían ser numerosas, bien emplazadas y de sólida construcción. Su talento para el camuflaje era de primer orden, y su disciplina de fuego, excelente. Habían aprendido de sus errores. En Tarawa fortificaron todo el perímetro de la isla, por lo que cuando los norteamericanos desembarcaron en el lado opuesto al más esperado, una gran parte del plan defensivo se vino abajo, pues no existía un reducto central desde el que lanzar contraataques en todas direcciones. En Peleliu y en adelante se aplicó esa lección: la mayor parte de guarniciones estaban desplegadas en amplios y complejos sistemas tierra adentro formados por emplazamientos de armas, búnkeres profundos, túneles interconectados y cuevas naturales optimizadas. Aunque básicamente defensivas, las tácticas japonesas implicaban siempre contraataques inmediatos y desesperados para retomar el terreno perdido. Los soldados japoneses eran valientes, disciplinados y tenaces, y muy hábiles en la lucha nocturna, la infiltración, el engaño, las trampas y las emboscadas.

Dado el escaso valor que se daba a la vida del soldado japonés, no es extraño que éste tuviese en una estima aún menor la de los extranjeros. Entrevistas a veteranos han confirmado que era habitual que, al llegar a una unidad en el frente chino, el soldado fuese obligado a demostrar su obediencia y su espíritu matando a bayonetazos a un prisionero o campesino chino (o, si el recién llegado era un oficial, decapitándolo con su espada). Espoleados por sus mandos, estos soldados embrutecidos – producto de una sociedad que se vanagloriaba de su superioridad racial – trataron a los civiles de los territorios conquistados con una crueldad medieval. En China, la pesadilla de los ataques guerrilleros desembocó en la aplicación de la política oficial de los “tres todos”: “quemadlo todo, cogedlo todo, matadlo todo”. Tampoco sorprende que veteranos de China siguiesen comportándose de la misma forma cuando fueron transferidos al sur para “liberar” a otras razas asiáticas, en especial cuando las deficiencias de su sistema logístico los dejó a expensas de lo que pudiesen requisar.

Fuentes:
Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: “El Ejército de Kwantugn y la expansión japonesa” de Philip Jowett
Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: “Los Comandos Suicidas y otras unidades japonesas” de Philip Jowett

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El mundo en guerra Capítulo III

Publicado por El hijo del Ahuizote en junio 10th 2018

El mundo en guerra (The World at War) es una serie documental para televisión emitida entre 1973 y 1974 sobre la Segunda Guerra Mundial y los acontecimientos que condujeron a ella y los que ocurrieron inmediatamente después. Fue producida por Jeremy Isaacs, escrita y coproducida por Peter Batty y narrada por Lawrence Olivier. Carl Davis compuso su banda sonora. Un libro, El mundo en guerra, fue escrito por Mark Arnold-Forster como suplemento de la misma. Fue galardonada con el Premio Emmy.

La serie ha sido considerada a menudo como el mejor y definitivo documental sobre la historia de la Segunda Guerra Mundial hecho para televisión. También presentó raras imágenes de película en color de algunos de los acontecimientos de la guerra.

En una encuesta realizada en 2000 por el British Film Institute, en la que participaron profesionales de los medios de comunicación, sobre los 100 mejores programas emitidos en la televisión británica, The World at War quedó en la 19.ª posición.

Episodio II

El 6 de octubre de 1939 Hitler dio un discurso ante el Reichstag en el que declaro cumplidas la reivindicaciones alemanas respecto a las opresoras imposiciones del Tratado de Versalles, ademas de ofrecer la paz a los aliados y advirtió:: “SERA LA PAZ O LA GUERRA SIN CUARTEL”

 

 

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El mundo en guerra Capítulo II

Publicado por El hijo del Ahuizote en marzo 3rd 2018

El mundo en guerra (The World at War) es una serie documental para televisión emitida entre 1973 y 1974 sobre la Segunda Guerra Mundial y los acontecimientos que condujeron a ella y los que ocurrieron inmediatamente después. Fue producida por Jeremy Isaacs, escrita y coproducida por Peter Batty y narrada por Lawrence Olivier. Carl Davis compuso su banda sonora. Un libro, El mundo en guerra, fue escrito por Mark Arnold-Forster como suplemento de la misma. Fue galardonada con el Premio Emmy.

La serie ha sido considerada a menudo como el mejor y definitivo documental sobre la historia de la Segunda Guerra Mundial hecho para televisión. También presentó raras imágenes de película en color de algunos de los acontecimientos de la guerra.

En una encuesta realizada en 2000 por el British Film Institute, en la que participaron profesionales de los medios de comunicación, sobre los 100 mejores programas emitidos en la televisión británica, The World at War quedó en la 19.ª posición.

Episodio II

Neville Chamberlain dijo en septiembre de 1938: “Es una lastima que tengamos que prepararnos nuevamente para una guerra por culpa de una disputa suscitada en un país lejano entre personas de las que no sabemos nada” Este seguía siendo el sentir un año después frente a la invasión Alemana sobre Polonia…

 

 

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El mundo en guerra Capítulo I

Publicado por El hijo del Ahuizote en enero 14th 2018

El mundo en guerra (The World at War) es una serie documental para televisión emitida entre 1973 y 1974 sobre la Segunda Guerra Mundial y los acontecimientos que condujeron a ella y los que ocurrieron inmediatamente después. Fue producida por Jeremy Isaacs, escrita y coproducida por Peter Batty y narrada por Lawrence Olivier. Carl Davis compuso su banda sonora. Un libro, El mundo en guerra, fue escrito por Mark Arnold-Forster como suplemento de la misma. Fue galardonada con el Premio Emmy.

La serie ha sido considerada a menudo como el mejor y definitivo documental sobre la historia de la Segunda Guerra Mundial hecho para televisión. También presentó raras imágenes de película en color de algunos de los acontecimientos de la guerra.

En una encuesta realizada en 2000 por el British Film Institute, en la que participaron profesionales de los medios de comunicación, sobre los 100 mejores programas emitidos en la televisión británica, The World at War quedó en la 19.ª posición.

 

Episodio I

 

La nueva Alemania – A New Germany (1933–1939)

Alemania, una nación condenada por la humillante derrota en la Primera Guerra Mundial, saliendo de una abrumadora depresión económica, fija su vista en un hombre para el renacer de la esperanza y la dignidad, resultando ese hombre ser Adolf Hitler. La historia de la Segunda Guerra Mundial empieza en los primeros años de la década de 1930, mostrando como Adolf Hitler subió al poder con el pleno soporte de millones de alemanes. Noticieros de la época y películas caseras hechas por Eva Braun, la amante de Hitler, muestran al Führer tal como debió aparecer ante su pueblo. La retrospectiva histórica y el conocimiento de lo que algunos miembros de la jerarquía nazi estaban haciendo, bajo la tapadera de una inteligente propaganda, da un aspecto muy siniestro a estas tomas. Este episodio nos muestra también imágenes del desfile, que el Museo Imperial de la Guerra ha catalogado con el nombre de “Cómo hacer un desfile”. Incluye testimonios de Ewald-Heinrich von Kleist-Schmenzin, Werner Pusch y Christabel Bielenberg.

 

 

 

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Fauld: El día que Inglaterra tembló

Publicado por El hijo del Ahuizote en noviembre 26th 2017

Además de las explosiones de las dos bombas atómicas en Hirosima y Nagasaki, durante la Segunda Guerra Mundial, se produjeron otras enormes deflagraciones, llamémosles convencionales, que incluso podrían rivalizar en potencia e intensidad con aquéllas. Una de las mayores explosiones no nucleares de todos los tiempos, y la mayor ocurrida en suelo británico en toda la historia, fue la ocurrida en Fauld (Inglaterra), que aunque fue de gigantescas proporciones, al ocurrir en tierra firme y en una región relativamente aislada (con lo que la tragedia fue menor de lo que hubiera podido ser), permitió a las autoridades británicas mantener el hecho durante varios años en secreto.
La gran explosión ocurrió en un gran depósito subterráneo de municiones que se extendía en un sector de unos 17.000 metros cuadrados y que la RAF (Royal Air Force) había construído en una mina de yeso abandonada al sur de la pequeña localidad de Fauld, en una zona rural del condado de Staffordshire, en el centro de Inglaterra (en la fotografías que ilustran este post, podéis observar, el interior del depósito de municiones donde se pueden ver las galerías subterráneas repletas de bombas apiladas).

El lunes 27 de noviembre de 1944, exactamente a las 11h11′ de la mañana, se produjo una gigantesca explosión que destruyó el depósito subterráneo de municiones, que en ese momento almacenaba 3.700 toneladas de bombas, municiones y explosivos. El cráter que se formó a consecuencia de la enorme detonación tenía más de 30 metros de profundidad y abarcaba una extensión de 5 hectáreas. Todo quedó completamente arrasado en un área de 1.200 metros (incluida una granja vecina y viviendas de varios pueblos cercanos), formándose dos gigantescas columnas de humo que ascendieron cientos de metros, además de producirse una gran inundación en la zona, al romperse un depósito de agua que contenía cerca de 500.000 metros cúbicos de agua.

La explosión, que pudo escucharse a 30 kms de distancia, acabó con la vida de 78 personas, entre miembros de la RAF, prisioneros italianos y empleados civiles que trabajaban en el almacén y vecinos de los alrededores. Hubo además decenas de heridos y afectados por la inhalación de humo. Sin duda, este trágico balance pudo calificarse de afortunado para el enorme daño que hubiera podido ocasionar la deflagración, de no contar con unas instalaciones tan fortificadas y profundas, y estar en una zona, más o menos aislada y deshabitada.

El accidente se mantuvo en secreto hasta después de la guerra, y no fue hasta el año 1974, es decir, 30 años después, cuando se hizo público, mediante un informe según el cual, la explosión fue causada por unas bombas que fueron sacadas de su almacén sin serles extraídos los detonadores antes de ser manipuladas. En un primer momento, se creyó que se trataba de ataque de bombas volantes V-2 o de un sabotaje a cargo de agentes enemigos, pero pronto se averiguó que se había tratado de un fatal accidente. Aún así, se decidió no hacer público el suceso para no dar una imagen de incompetencia e inseguridad en plena guerra, no afectar a la moral de victoria en un momento en el que esta parecía inminente y para que los alemanes no pudieran atribuirse la autoría de la explosión.

Si hubiese sido en los primeros meses de la guerra, en plena paranoia quintacolumnista, el gobierno británico lo habría tenido más fácil. Como ocurrió en enero de 1940, cuando hubo una serie de explosiones en una fábrica de explosivos en Waltham Abbey y el gobierno echó la culpa a saboteadores enemigos en lugar de reconocer que había sido un accidente. Eso le costó el puesto al jefe del MI-5, por su supuesta incapacidad de evitar las acciones de los agentes alemanes en suelo británico. En cambio, en el caso de Fauld, en su deseo de tapar discretamente el asunto, las autoridades militares no depuraron responsabilidades por ese gravísimo error en el cumplimiento de las medidas de seguridad que debían tomarse. Es más, el responsable del depósito no sólo no fue reprobado sino que incluso sumaría después un ascenso en su carrera.

Pese a los daños causados en las instalaciones, la RAF seguiría utilizando el depósito de munición hasta el año 1966. Entre 1967 y 1973, el recinto fue cedido al Ejército norteamericano para almacenar explosivos, trasladados desde Francia después de que el gobierno galo decidiese abandonar la estructura militar de la OTAN. Después la zona fue abandonada.

Actualmente, el área es de acceso público. Un monolito, en el que están grabados los nombres de las víctimas de la explosión, recuerda al visitante lo ocurrido el 27 de noviembre de 1944. Han crecido árboles en el interior del enorme cráter y éste casi llega a confundirse con el paisaje del condado de Stafforshire, pero todavía hay artefactos explosivos enterrados en el lugar de la explosión, lo que es advertido con las señales de peligro correspondientes. A pesar del incuestionable riesgo que entraña la presencia de esa munición sin estallar, las autoridades han renunciado a extraerla y desactivarla debido al enorme coste económico que ello supondría.

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Erich Von Manstein

Publicado por El hijo del Ahuizote en septiembre 2nd 2017

Los historiadores coinciden en que el Mariscal de Campo Erich Von Manstein fue uno de los mejores estrategas militares de la Segunda Guerra Mundial y uno de los más competentes de los generales alemanes. El mariscal ruso Malinovski escribió de él: “Teníamos al odiado Von Manstein por nuestro oponente más peligroso. Su maestría técnica en cada situación era incomparable”.
Nació como Erich Von Lewinski en Berlín el 24 de noviembre de 1887, siendo uno de los 10 hijos del matrimonio formado por general Eduard von Lewinski, oficial prusiano de artillería, y Helen von Sperling. En 1896, su padre fallece en un accidente militar y es adoptado por su tío Georg von Manstein, de quien heredaría su apellido y alcurnia. Tanto los Lewinskicomo los Manstein eran antiguas familias militares, pero sobre la primera pesaba cierta sospecha de ascendentes judíos, algo que, obviamente, no caía demasiado bien en algunos círculos nazis. Aunque, como muchos otros militares prusianos se vio seducido por el liderazgo de Hitler, nunca se unió al Partido Nazi, si bien, hizo gala de un marcado anticomunismo y antisemitismo.

Así pues, con 13 años se alista en el 3.° Regimiento de Granaderos de a Pie de la Guardia Prusiana y a los 16 años ingresa en la Academia Militar de Plöen, donde alcanza el grado de Alférez, especializándose en táctica militar. Para cuando empezó la Primera Guerra Mundial era ya Teniente del 2.º Regimiento de Granaderos, tomando parte en el Frente Occidental en la Batalla del Marne, donde fue herido de gravedad. Restablecido de sus heridas, en mayo de 1915 fue ascendido a Capitán, sirviendo durante el resto de la contienda como Oficial de Estado Mayor. En 1936 fue ascendido a Generalmajor (Mayor) y se dedicó al desarrollo de carros y cañones de asalto, pero el Ejército fue depurado en 1938 y el fue enviado a mandar una división de infantería en provincias, con el empleo de Generalleutnant (Teniente Coronel).
 
Al estallar la Segunda Guerra Mundial era el Jefe de Estado Mayor del grupo de ejército de Von Rundstedt y con él tomó parte en la Invasión de Polonia, tras la cual se trasladó al oeste. Al mando del XXXVIII Cuerpo de ejército (4 divisiones) en 1940 participa en la Invasión de Francia, donde adopta y perfecciona las tácticas de la “Guerra Relámpago” (Blitzkrieg) del General Heinz Guderian. Propone bajo este concepto una audaz acción en el bosque de las Ardenas, para romper las débiles defensas francesas y sortear la Línea Maginot. Esta idea no gustó en el alto mando del Ejército, que decidió desembarazarse de ese molesto oficial dándole el mando de un cuerpo en el este. Sin embargo, de camino a hacerse cargo de su nuevo destino, pudo cenar con Hitler y exponerle sus planes, que el dictador aceptó. Von Manstein logró un brillante triunfo en la campaña de Francia, lo que en junio de 1940 le vale el ascenso a General de Infantería y la Cruz de Caballero.
 

En 1941 recibe el mando de 56° Cuerpo Panzer asignado al Grupo Panzer de Hoepner como parte del Grupo de Ejército Norte en la Operacion Barbarroja. Mediante hábiles movimientos, avanza rápida y profundamente en el territorio enemigo y en 5 días recorrre 340 km y llega a las puertas de la ciudad de Leningrado. En septiembre de 1941 recibe el mando del 11° Ejercito y mediante un avance relámpago conquista la Península de Crimea, sin lograr rendir a Sebastopol que resiste el embate alemán, pero capturando 430.000 soldados rusos. La resistencia es tan feroz por parte de los rusos que se emplean medios nunca vistos y cantidades ingentes de piezas de artillería para ablandar la plaza. En 1942 por fin conquista Sebastopol y recibe el grado de Mariscal de Campo.
En noviembre de 1942 se le encomienda el mando del recién creado (Grupo de Ejércitos del Don), situado en la margen derecha del río DonVon Manstein era ahora responsable de defender un frente de unos 1.000 kms con una media de 60 divisiones, por lo que controlaba muchos más hombres que cualquier jefe de grupo de ejército aliado durante toda la guerra. Este nombramiento, sin embargo, fue el principio de su declive pues por entonces Hitler había asumido todo el mando militar y Von Mansteinno era de los que se limitaban a obedecer órdenes sin rechistar.
Su problema inmediato fue Stalingrado, ya que se le encomendó la tarea de liberar al VI Ejército de Friedrich Paulus cercado en dicha ciudad. La intención de Manstein iba más allá que la mera función de llevar suministros a los cercados; defendía que Hitler diese la orden de retirada al VI Ejército de StalingradoHitler sólo accedió a que se abriese un pasillo para llevar suministros y que un grupo de combate del VI Ejército saliese al encuentro del IV Ejército Panzer (General Hermann Hoth), el cual se había estancado en su progreso. Hoth logra acercarse a 50 km, pero Paulusno inicia la ruptura argumentando una aguda falta de suministros (según Paulus, el VI Ejército sólo tenía combustible para avanzar 35 km con los cerca de cien tanques que quedaban operativos en la plaza) por lo que se frustra la unión con las tropas de socorro. La contraofensiva rusa (Operación Urano) hace replegarse al IV Ejército Panzer a más de 200 km de la ciudad.

En esta primera fase de Manstein como jefe del Grupo de Ejércitos del Don, su actividad se vio frenada por continuas interferencias del Alto Mando Alemán: se desestimó y atrasó el repliegue del ejército del Cáucaso y se impidió la salida del grueso de los soldados de Stalingrado. A partir del desastre de StalingradoVon Manstein insistió a Hitler en que acortase el frente para conservar recursos humanos, pero ello iba contra el obstinado rechazo del Führer a abandonar territorio. Hitler le criticaba que era un general operacional, incapaz de llevar a cabo una retirada y aún menos una defensa, lo que era una simplificación injusta. La verdad es que las continuas interferencias desde arriba le habían impedido demostrar sus cualidades.
En febrero de 1943 recibe el comando del Grupo de Ejercitos Sur(unión del Grupo de Ejército del Don y el Grupo de Ejércitos A) y recaptura la ciudad de Jarkov el 15 marzo de 1943, seguida de Belgorod,ejecutando una de las mas brillantes ofensivas de la guerra. Participa en la Operacion Zitadelle (también conocida como Batalla de Kursk)donde se suscita la mas grande batalla de tanques en la historia, en el area de Prochorovka; en ella se encuentran el II Cuerpo Panzer SS delGeneral Paul Hausser y el 5° Ejercito de Tanques de la Guardia del Teniente General Pavel Rotmistrov, la cual termina con enormes pérdidas para ambos bandos, pero termina en una larga retirada de la Wehrmacht, que ya no se recuperaría del enorme golpe sufrido. A mediados de 1944 von Manstein desobedeciendo una orden directa de Hitler ordena a los Cuerpos de Ejercito 11° y 42° retirarse de la Bolsa de Cherkassy. En marzo de 1944 es relevado del mando después de agrias discusiones con Hitler, quien, a pesar de todo, le confiere las Hojas de Roble para su Cruz de Caballero.
 
En esos días una severa oftalmopatía contraída por el frío extremo le obliga a pasar al retiro, donde es internado en un hospital. A principios de 1945 evacuó a su familia desde la Prusia Oriental ante la ofensiva rusa hacia el Oeste para evitar que fuera capturada por los rusos, pero fue hecho prisionero por los británicos en mayo de 1945, siendo transferido en el otoño de 1946 a un campo especial para prisioneros de alto rango en Gran Bretaña y transferido de nuevo a Alemania en 1948.
En 1949 fue juzgado por un tribunal británico en Hamburgo por crímenes de guerra y sentenciado a 18 años de prisión. Los cargos eran complicidad en los asesinatos cometidos tras las líneas del frente por pelotones de exterminio de las SS (Einsatzgruppen). Lo curioso del caso es que su defensa fue costeada por un grupo de oficiales británicos que no estaban de acuerdo en que se juzgase al mariscal. Tras una delicada operación ocular, fue puesto en libertad 4 años después. En 1956 ocupó el cargo de Consejero de la Bundeswehr, reconstruyendo el ejército alemán de la posguerra, siendo el único de Mariscales de Campo de Hitler llamado a colaborar en la creacion del nuevo Ejército Alemán.
Durante su retiro escribió sus memorias en dos libros: “Victorias Frustradas” y “Vida de un soldado”. Murió a la edad de 85 años el 9 de junio de 1973, siendo enterrado con todos los honores militares en el cementerio de Dorrmark.

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