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Kohima, la agónica batalla que impidió a los japoneses invadir la India

Publicado por El hijo del Ahuizote en octubre 12th 2019

«Caminante, ve y dile a Esparta que sus hijos yacen aquí por cumplir sus leyes». Esa espléndida frase de Simónides que, en sus múltiples traducciones, constituye el epígrafe del monumento a Leónidas en las Termópilas, es demasiado jugosa como para no aprovecharla en otros memoriales bélicos con los cambios correspondientes. Es lo que pasa, por ejemplo, con el que figura como epitafio en honor de los 1.420 caídos de la 2ª División Británica cuyos restos descansan en un cementerio de guerra de la India y que reza así: «Cuando regreses a casa, cuenta de nuestra parte que por su mañana dimos nuestro hoy». Recuerda la dura Batalla de Kohima.

En la primavera de 1944 Japón, al igual que Alemania, estaba perdiendo terreno continuamente ante el implacable avance Aliado. Desde las contundentes derrotas en el Mar del Coral y Midway, auténtico punto de inflexión, perdió el control del mar y del aire. En tierra, la infantería aún era capaz de batirse por su extraordinario espíritu combativo y por eso mantendría su presencia en el sudeste asiático hasta septiembre de 1945.

Memorial de Kohima en Nagaland/Imagen: Isaxar en Wikimedia Commons

Sin embargo, los británicos estaban empeñados en recuperar Birmania y lanzaron una ofensiva desde dos puntos: el norte, con ayuda de la X-Force china, y el sur. Los japoneses se resistieron denodadamente y contaron con la ayuda del monzón pero era cuestión de tiempo que terminaran perdiendo lo ganado, así que diseñaron un ambicioso plan que no sólo debería frenar al enemigo sino desviarlo de su objetivo. Se llamó Operación U-Go y consistía en invadir la India para mantener ocupado al IV Cuerpo Británico y, paralelamente, animar al Azad Hind Fauj (Ejército Nacional Indio) a iniciar una insurrección independentista.

El INA, como también se lo conocía, se había fundado durante la invasión nipona de Birmania y se consideraba el brazo armado del Arzi Hukumat-e-Azad Hind, es decir, el Gobierno Provisional de la India Libre. Lo lideraba el nacionalista Subhas Chandra Bose, de quien ya hablamos aquí en el artículo dedicado a Saraswathi Rajamani, la espía más joven de la Historia, y estaba formado por unos 12.000 prisioneros de guerra indios caídos en manos de los japoneses y equipados por éstos; no muy bien y por eso nunca pasaron de practicar acciones guerrilleras menores.

Subhas Chandra Bose con Gandhi en los años 30/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

La Operación U-Go se basaba en atacar Imfal y Kohima, capitales de los estados de Manipur y Nagaland respectivamente. La captura de esas dos urbes, puntos estratégicos clave en las comunicaciones entre la India y Birmania, interrumpiría de paso el abastecimiento estadounidense a Chiang Kai Sek. El encargado de ponerla en práctica fue el teniente general Renya Mutaguchi, comandante del 15º Ejército y veterano de la guerra contra el Ejército Rojo en Siberia que además había sido agregado militar en Francia y gobernador militar de Pekín, antes de tomar parte en la invasión de Malasia, Filipinas y Birmania.

Pero Mutaguchi amplió el plan a una posible invasión de la India que animase a los nacionalistas locales a levantarse en armas. Aunque la idea no gustó a todo el Estado Mayor, finalmente fue aprobada a principios de 1944, destinándose a ella la 31ª División (formada por los regimientos 58º, 124º, 38º y 31º de Artillería de Montaña) que mandaba el teniente general Kotoku Sato. Este militar, que también había combatido a los soviéticos, no sólo no estaba contento con el papel que había tenido hasta entonces en la guerra sino que se hallaba enfrentado a su superior y consideraba que la Operación U-Go tenía todos los números para acabar en fracaso.

Renya Mutaguchi (segundo por la izquierda) con varios oficiales/Imagen: Amazon

De todas formas, obedeció las órdenes. Su misión era tomar Kohima, empujando a los británicos hacia el norte, a Dimapur. Así, el 15 de marzo la 31ª División cruzó el río Chindwin y avanzó a través de la selva durante casi un centenar de kilómetros para luego desplegarse en tres alas. La izquierda, que estaba a cargo del general Shigesaburo Miyazaki, se encontró con la 50ª Brigada Paracaidista india del brigadier Maxwell Hope-Thompson, entablando batalla durante seis días y forzando su retirada con cientos de bajas por ambas partes. Pese a la victoria, aquello supuso un retraso de una semana hacia su objetivo, que era Kohima.

 

Los británicos estaban enterados de los planes japoneses por unos documentos capturados pero pensaban que, dada la frondosidad selvática, el enemigo sólo enviaría un regimiento, cuando, como hemos visto, se trataba de toda una división. Ése fue el desagradable descubrimiento que hizo sobre el terreno el teniente general William Slim, que apenas contaba con un batallón, un regimiento y varios pelotones sueltos de paramilitares. Apresuradamente, pidió refuerzos para proteger Imfal; únicamente recibió parte de la 5ª División de Infantería India, pues la 161ª Brigada y el 24ª de Artillería de Montaña se atrincheraron en Dimapur, ciudad considerada más importante.

Kotoku Sato y Shigesaburo Miyazaki/Imagen: 1-Nippon News – 2-Forum Valka

De hecho, consideraban que el ataque a Kohima sólo se trataba de una diversión y que el principal objetivo era Dimapur, por lo que Slim sólo tendría que enfrentarse a un destacamento menor. Sin embargo, Sato puso sitio a Kohima el 6 de abril desoyendo la orden de Mutaguchi de continuar hacia Dimapur y Slim, que había enviado a buena parte de sus hombres de refuerzo a Imfal y se encontró en manifiesta inferioridad numérica. Los intentos de enviar ayuda fracasaron al dominar los nipones las alturas del entorno y Slim tuvo que afrontar la situación con apenas 2.500 efectivos, de los que un millar ni siquiera eran soldados.

William Slim en Birmania, 1945/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

La artillería japonesa machacó con dureza la posición y la infantería capturó los depósitos de agua, por lo que los defensores sólo podían aprovisionarse por la noche, en un manantial cercano. Los combates fueron brutales, con las trincheras tan cerca unas de otras que se podían arrojar bombas de mano directamente en ellas, obligando a los nipones a ganar cada metro a un alto coste, a veces en lucha cuerpo a cuerpo; por ejemplo, la Batalla de Tennis Court se llamó así porque ambos bandos estaban separados sólo por una cancha de tenis. No extraña que a Kohima se la conociera luego como el Stalingrado de Oriente.

También se comparó la batalla con la de Rorke’s Drift de 1879 ante los zulúes, por la feroz y tenaz defensa entre cadáveres en descomposición, de la que buena muestra podría ser la actuación heroica del cabo John Harman: pese a tener sólo diecinueve años, liberó sin ayuda los hornos -punto estratégico vital para evitar la caída de la posición- y acabó con 44 atacantes antes de ser también alcanzado y perder la vida, recibiendo la Cruz Victoria póstumamente. Todos cumplieron abnegadamente la orden de su comandante en jefe de no rendirse, conscientes de que la derrota significaba una puerta abierta a la invasión de la India.

 

Tennis Court arrasado por los combates/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Estuvo cerca. Por suerte, el 11 de abril llegaron refuerzos para Slim que igualaron las fuerzas y permitieron no sólo aliviar la presión enemiga y relevar a los defensores sino también lanzar un contraataque. La noche del 26 de abril se recuperó la importante posición de Garrison Hill y a continuación la ayuda de la RAF fue determinante, tanto para bombardear al enemigo como para avituallar a los suyos y meter efectivos (hasta 12.000 hombres). Miyazaki construyó búnkeres y tuvo a su favor que la selva y el barro (había empezado el monzón) obligaban a los tanques del adversario a moverse con lentitud, pero ya había perdido la iniciativa.

Los papeles se invirtieron y ahora fueron los británicos los que tuvieron que recuperar terreno a precio de sangre. No obstante, a lo largo de una semana fueron cayendo una tras otra las crestas que ocupaban los japoneses. De nuevo la cancha de tenis se convirtió en la tierra de nadie que, ante el fracaso de su conquista al asalto, tuvo que ser arrasada a cañonazos por un tanque, desalojando a sus defensores el 13 de mayo. Los testigos contaron que el espectáculo era dantesco, con cadáveres destrozados, pasto de ratas y moscas, más un suelo quemado y lleno de socavones que recordaba a un paisaje de la Primera Guerra Mundial.

La Batalla de Koshima (Terence Tenison Cuneo)/Imagen: Art UK

Y siguieron llegando refuerzos para apuntalar la contraofensiva mientras los japoneses se atrincheraban en Naga Village y Aradura Spur. Allí resistieron hasta finales de mayo, cuando la carencia de provisiones resultó decisiva: se suponía que debía ser una campaña relámpago, por lo que a Sato únicamente se le entregaron víveres para tres semanas, debiendo completarlos con lo arrebatado a los británicos; pero éstos, percatándose de la jugada, bombardearon sus propios almacenes cuando cayeron en manos niponas.

Los convoyes de abastecimiento enviados por Mutaguchi sólo llevaron municiones y Sato consideró que sus superiores no eran conscientes de la dramática situación por la que pasaban, así que considerando que les habían dejado abandonados a su suerte, desobedeció la orden -para él absurda- de incorporarse a las fuerzas que atacaban Imfal y optó por la retirada el 1 de junio. Eso dejaba al descubierto a Miyazaki, que también tuvo que retroceder penosamente, volando puentes tras de sí.

Las defensas británicas en Kohima/Imagen: Warfare History Network

A medida que, perseguidos por los indo-británicos, volvían sobre sus pasos esperando encontrar las líneas de suministros organizadas previamente, se toparon con una terrible realidad: las unidades habían consumido todo lo disponible, tanto en comida como en medicinas. Así, las bajas japonesas ascendieron a 5.764 hombres sólo en combate, sin contar los heridos muchos de ellos rematados por sus compañeros ante la imposibilidad de darles tratamiento médico, en cumplimiento del bushido– y enfermos que murieron después de malaria y beriberi. El enemigo registró una cantidad importante también: un total de 4.064 soldados. La toma de Kohima había fracasado y el cerco de Imfal se rompió el 22 de junio; el resultado de la Operación U-Go fue un desastre, tal como había pronosticado Sato.

Éste fue depuesto por Mutaguchi, que le acusó de traición premeditada y le entregó inequívocamente un revólver y una banda blanca. Sato, indignado, se negó a suicidarse, aduciendo que había salvado a sus hombres de «una aniquilación sin sentido» y exigiendo un consejo de guerra en el que esperaba justificarse y denunciar la torpeza de los mandos. No pudo porque el teniente general de la 31ª División, Masakazu Kawabe, ordenó que le declarasen incapacitado por colapso mental a principios de julio. Le devolvieron al servicio activo meses después y, al acabar la guerra, se dedicó a ayudar a los hombres que tuvo a sus órdenes. Miyazaki, en cambio, fue ascendido y puesto al frente de la 54º División.

Eaquema de la operación U-Go/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

En cuanto a Mutaguchi, las enormes pérdidas de la Operación U-Go, tanto humanas como materiales (no pudo salvar un solo tanque ni un cañón) provocaron el efecto contrario al esperado y precipitaron la caída de Birmania en 1945. La derrota, considerada la mayor de la historia de Japón (incluso provocó la dimisión del primer ministro Tojo), llevó a su destitución, siendo obligado a un retiro forzoso en diciembre de 1944, si bien luego se le puso al frente de una academia militar. Al término de la contienda le extraditaron a Singapur para ser juzgado por crímenes de guerra; cumplió tres años de prisión, saliendo libre en 1948. Falleció en 1966.

Finalmente, cabe reseñar que Slim, muy apreciado por sus soldados, logró que los indios se mantuvieran leales y obtuvo una victoria brillante que él atribuía en parte a la falta de entusiasmo de Sato (incluso contaba con sorna que prohibió bombardear su puesto de mando para que siguiera vivo). Participó en la reconquista de Birmania, fue ascendido a general y luego nombrado Jefe de Estado Mayor, colmándosele de honores, entre ellos el ser Caballero de la Gran Cruz del Imperio Británico y Caballero de la Orden del Baño. Se retiró de la vida militar en 1952 pero aún sería gobernador de Australia (con una oscura denuncia de abusos sexuales a niños) hasta su jubilación definitiva. Murió en 1970.

 

Fuentes: La tormenta de la guerra (Andrew Roberts)/Kohima (Arthur Swinson)/The Burma Campaign. Disaster into triumph, 1942-45 (Frank McLynn)/Burma victory. Imphal, Kohima and the Chindits March 1944 to May 1945 (David Rooney)/Fighting through to Kohima. A memoir of war in India and Burma (Michael Lowry)/The trees are all young on Garrison Hill (Gordon Graham)/Not ordinary men. The story of the Battle of Kohima (John Colvin)/Wikipedia

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Así se vivía a bordo de un submarino alemán en la II Guerra Mundial

Publicado por El hijo del Ahuizote en octubre 6th 2019

 

La propaganda nazi ensalzó al U-Boot (abreviatura de Unterseeboot, «submarino») como ejemplo de arma invencible, los tripulantes de los submarinos alemanes estaban rodeados de un halo de prestigio y romanticismo. Se les consideraba héroes; una mezcla de soldados y aventureros, que vivían peligros combatiendo en alta mar dentro de un sofisticado buque, y eran recibidos con honores a su llegada a puerto. Es cierto que dormían y comían caliente todos los días, recibían buenas pagas y disponían de bastante tiempo libre, sobre todo en comparación con sus camaradas de infantería. Sin embargo, todos esos privilegios tenían un precio.
Las condiciones en las que vivían los tripulantes de un U-Boot distaban mucho de ser bucólicas. El medio centenar de hombres que servían en un submarino, la mayoría jóvenes voluntarios con un cierto nivel de preparación (de marineros a especialistas como maquinistas, torpedistas o radiofonistas), convivían apiñados en un espacio angosto y atestado de maquinaria, provisiones y armamento. Las primeras semanas, hasta que entraban en combate, los buques iban tan llenos de torpedos que ni siquiera había espacio para desplegar todas las hamacas y literas que llevaban, obligando a algunos marineros a dormir encima de los proyectiles. Normalmente, en los submarinos solo había una cama para cada dos hombres, por lo que se turnaban para ocuparla.
La sensación de claustrofobia provocada por la falta de espacio se incrementaba por el ambiente enrarecido que se formaba en el interior. Una mezcla de hedor a humedad, gasolina, comida, sudor (los hombres apenas podían lavarse ni cambiarse de ropa durante las travesías), letrina (había únicamente dos, aunque la de cubierta apenas se usaba) y una colonia de limón llamada Kolibri que se utilizaba para eliminar el salitre del cuerpo y disimular el olor corporal. A todo ello hay que añadir la falta de luz natural, la ausencia de privacidad, el ruido constante de la maquinaria y el asfixiante calor que desprendían los motores, que podía llegar hasta casi los cincuenta grados.

 

 

Para amenizar las largas jornadas de monotonía y relajar las tensiones provocadas por los combates y la estrecha convivencia, se organizaban competiciones (de ajedrez, damas, cartas), se ponía a determinadas horas música en un tocadiscos o se cantaban canciones acompañadas de instrumentos, normalmente un acordeón. En fechas señaladas o cuando se hundía algún barco, se organizaban pequeñas celebraciones en las que toda la tripulación se vestía para la ocasión, se repartían exquisiteces como fruta fresca o chocolate y se permitían las bebidas alcohólicas.
Los tripulantes de un submarino estaban expuestos a una enorme tensión psicológica. Cuando un buque enemigo los encontraba, se sumergían a muchos metros para evitar ser alcanzados por las cargas de profundidad de aquél. El problema es que esos ataques podían durar días. Los marineros pasaban largas horas en silencio para no ser detectados por los sonares, atentos a su característico sonido y al ruido de las explosiones de las cargas, y muchas veces a oscuras por efecto de la onda expansiva. Algunos no lo soportaban. La tensión continuada, la falta de oxígeno y el miedo a ser hundidos y quedar atrapados en el buque les provocaba lo que llamaban Blechkoller, o «síndrome de lata de conservas», un tipo de neurosis caracterizada por violentos ataques de histeria.
Al final de la guerra, el mito se resquebrajó y la realidad se impuso: los submarinos alemanes fueron, proporcionalmente, los que más bajas sufrieron de toda la Wehrmacht. Tres de cada cuatro hombres que sirvieron en los aproximadamente novecientos submarinos que se botaron durante la contienda no vieron el final de la guerra. A menudo morían de forma lenta. Cuando los submarinos se hundían, si la presión rompía el casco, los marinos morían ahogados. Si no, si la profundidad no era suficiente, permanecían atrapados en el buque hasta quedarse sin aire.

Fuente:
* Carlos Joric, «Vivir bajo el agua». Revista Historia y Vida Nº 611, pág. 12-13

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Antes de ejecutar a diez polacos, un masaje

Publicado por El hijo del Ahuizote en septiembre 29th 2019

Heinrich Himmler en primer plano y Adolf Hitler en una imagen de archivo.

Ven la luz nuevos fragmentos de los diarios personales del jefe de la SS Heinrich Himmler

 

Unos documentos que revelan nuevos detalles escalofriantes de la barbarie nazi han salido a la luz en Rusia. Los diarios de Heinrich Himmler, jefe de la SS nazi y mano derecha de Adolf Hitler, fueron descubiertos en un archivo de la ciudad de Podolsk. El monstruo del nazismo, que orquestó el Holocausto y comandó el aparato del terror alemán, apuntó en estos cuadernos fechas, lugares, reuniones, así como detalles sobre la decisión de enviar a millones de personas a la muerte.

El líder de las SS nazi resaltó, por ejemplo, la «efectividad» de los motores diésel utilizados para gasear prisioneros en el campo de exterminio de Sobibor, donde fueron asesinadas unas 250.000 personas, la mayoría de ellas pocas horas después de su llegada. En otra anotación, Himmler apremia a sus colegas de las SS a emplear perros «capaces de desgarrar a todo el mundo menos a sus adiestradores» en el campo de concentración de Auschwitz.

Especialmente crueles son las notas de la vida cotidiana que rodeaba la masacre nazi. Por ejemplo, describe cómo su terapeuta Felix Kersten le dio un masaje justo antes de ordenar la ejecución de 10 polacos, o lo sabroso del tentempié que se tomó en el casino de las SS en el campo de concentración de Buchenwald. Otra nota revela que Himmler, que al parecer era muy aprensivo ante la visión de la sangre, casi se desmaya cuando un trozo de sesos de una mujer judía le salpicó la capa. La mujer fue una de las víctimas de las ejecuciones masivas a las afueras de la ciudad de Minsk, en lo que hoy es Bielorrusia.

Desde ayer, el diario alemán Bild publica pasajes de los diarios de Himmler, que se componen de cerca de 1.000 páginas correspondientes a los años 1938, 1943 y 1944. Los documentos desaparecieron al final de la Segunda Guerra Mundial y salen ahora a la luz, 71 años después.

El director del Instituto Histórico Alemán en Moscú (DHI), el profesor Nikolaus Katzer, lo describió como «un documento histórico estremecedor y de excepcional importancia», recoge el diario alemán Die Welt. Esta institución prepara para el próximo año la publicación de un libro con los documentos en una edición científica con notas de los historiadores. El diario está además salpicado de referencias a Puppi, apodo con el que se refería a su hija Gudrun, así como a Margarethe Sieghroth, la madre de ésta, con la que se casó en 1928. También menciona a su hijo adoptivo Gerhard. Estas notas revelan además que Heinrich Himmler ocultó a su esposa y a su amante el programa de exterminio judío en masa que él dirigía por temor a que les molestara.

Heinrich Himmler fue capturado por las tropas británicas tras la caída de Alemania cuando caminaba por el norte del país vestido de soldado raso y con documentación falsa. Fue identificado tras ser sometido a un interrogatorio, pero se suicidó con una cápsula de cianuro antes de que pudiera ser juzgado. El capo de la SS fue el responsable de todo el aparato de terror y seguridad nazi, que abarcaba desde el servicio secreto de la Gestapo hasta la administración de las plantas de exterminio y los campos de concentración.

Con la excepción de Joseph Goebbels, jefe del aparato de propaganda nazi que tomó notas durante más de 20 años, no hay ningún general nazi tan prolífico en sus diarios personales como Himmler. El descubrimiento de los diarios se produce dos años después de que se descubrieran en Israel cartas a su esposa e hija, fotos e incluso un libro de recetas. Anteriormente se descubrieron los diarios de los años 1940, 1941 y 1942, por lo que los documentos que salen ahora a luz vienen a completar sus documentos personales en los años clave de la II Guerra Mundial y el Holocausto.

Los historiadores pasaron tres años estudiando los documentos, que estaban en manos de un judío, antes de llegar a la conclusión de que era auténtico.

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Muere Joachim Ronneberg, jefe del comando que saboteó la bomba atómica nazi

Publicado por El hijo del Ahuizote en octubre 31st 2018

Ya no quedan héroes de Telemark, y el mundo está más vacío de valor y de aventura. El legendario Joachim Ronnenberg, el último de los miembros del famoso grupo de comandos que saboteó las instalaciones de fabricación de agua pesada de Vermok, en Rjukan, en la región de Telemark (Noruega), fundamentales para el proyecto de bomba atómica nazi, ha fallecido el pasado día 21 en su localidad natal noruega de Aalesund a los 99 años. Ronnenberg, entonces con 23 años y teniente, era el jefe de la pequeña fuerza de valientes que asaltó la planta hidroeléctrica de la empresa Norsk Hydro el 27 de febrero de 1943 y voló con explosivos su equipo para fabricar agua pesada, alejando los sueños de Hitler de conseguir un arma nuclear, a Dios gracias.

Eran nueve, llegaron en una helada noche de invierno vistiendo ropa blanca de camuflaje, enterrados en nieve hasta la cintura, armados con metralletas Thompson, pistolas y granadas, cargados con los explosivos y portando cada uno una ampolla con cianuro just in case —como les dijeron los instructores ingleses—, por si acababan en manos de los alemanes, previsiblemente poco comprensivos con los saboteadores aunque llevaran debajo uniforme militar británico.

La osada operación en la Noruega ocupada, una de las más famosas y exitosas de comandos en la Segunda Guerra Mundial y una verdadera lección de supervivencia en condiciones drásticas, fue recreada de manera bastante libre —demasiado, según el propio Ronneberg— en la famosa película Los héroes de Telemark (1965), de Anthony Mann, con Kirk Douglas y Richard Harris. La reciente serie noruega La guerra del agua pesada (2015), explica los hechos de manera mucho más ajustada a la realidad histórica. No hubo disparos y los comandos no sufrieron bajas ni tuvieron que matar a nadie.

Joachim Ronneberg, en la época de la operación contra la fábrica de agua pesada en Telemark.
Joachim Ronneberg, en la época de la operación contra la fábrica de agua pesada en Telemark.

El ataque de Ronnenberg y su grupo, la denominada Operación Gunnerside, montada por las fuerzas especiales británicas del SOE (Special Operations Executive) y la resistencia noruega, era en realidad la culminación de una serie de frenéticos y desesperados intentos para acabar con la amenaza que suponía el agua pesada —óxido de deuterio, moderador de la reacción en cadena para fabricar una bomba de plutonio— que se obtenía, antes de la guerra, al producir fertilizante, en la pequeña localidad del centro de Noruega. En el curso de un intento anterior, la Operación Freshmann, habían muerto, al estrellarse los dos planeadores Horsa que los transportaban para infiltrarlos en la Noruega ocupada o fusilados tras capturarlos los nazis, una treintena de paracaidistas británicos.

La introducción del comando noruego —formado por exiliados en Gran Bretaña— en una de las regiones más salvajes y frías del país escandinavo requirió a sus miembros enormes dosis de coraje y aguante. Un primer grupo de tres (Swallow) se adelantó para preparar una pequeña base en una cabaña aislada. Ronnenberg llegó en paracaídas en el segundo grupo de seis. Tardaron cinco días en encontrarse. Esquiaron (no en balde eran noruegos) hasta el objetivo. A la fábrica (hoy visitable como museo) solo se podía acceder por un vertiginoso puente sobre el río Mana muy vigilado por los alemanes. Los comandos descendieron por uno de los lados de la garganta, cruzaron la corriente por un puente de hielo y treparon esforzadamente por el otro lado. Mientras los demás los cubrían, Ronneberg y Fredrik Kayser, a los que se unieron después otros dos miembros del equipo de demolición, entraron en la factoría, pusieron las cargas y salieron pitando. Una operación limpia. Quien firma estas líneas tuvo el privilegio de revivir la acción durante el rodaje in situ en febrero de 2014 de la serie noruega.Durante unos segundos, en un descanso, en medio de la nieve en el barranco, incluso pude sostenerle la metralleta al actor Tobias Santelmann, que encarnaba a Ronneberg, mientras se comía un bocadillo.

Mientras los demás los cubrían, Ronneberg y Fredrik Kayser, a los que se unieron después otros dos miembros del equipo de demolición, entraron en la factoría, pusieron las cargas y salieron pitando. Una operación limpia.

Ronneberg, un hombre alto y en su madurez con aspecto de Clint Eastwood, decía que solo había entendido la importancia de lo que sus comandos y él hicieron después del lanzamiento de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki. Pensó que, de haber fallado ellos, Londres podía haber quedado como las ciudades japonesas. Sabían que era una misión casi suicida. “A menudo pensábamos que era un viaje solo de ida”. También señalaba que la huida de 320 kilómetros a Suecia tras el sabotaje, con millares de alemanes enfurecidos persiguiéndolos a través de la Noruega cubierta de nieve, había sido “el mejor fin de semana de esquí de mi vida”. Así hablan los valientes. Se salvaron todos, alguno, como Knut Haugland, para luego formar parte de la expedición de la Kon-Tiki, nada menos. Ronneberg, que había escapado a Escocia en un bote tras la invasión alemana en 1940 y se había alistado para regresar a luchar, realizó otras misiones durante la guerra. Recibió numerosa condecoraciones, entre ellas la Cruz de Guerra con espadas noruega y la DSO (Orden de Servicios Distinguidos) británica (sin duda todo el equipo mereció la Cruz Victoria). Tras la guerra trabajó en la radio pública de su país. Siempre se mostró reservado y modesto sobre su papel en la operación en Telemark y advirtió a los jóvenes que hay que estar dispuestos en todo momento a luchar por la paz y la libertad.

La primera ministra de Noruega, Erna Solberg manifestó al conocer la noticia de la muerte de Ronneberg: “Era uno de nuestros grandes héroes. La última de las grandes figuras de la Resistencia”. En 2014 se le había dedicado una estatua (que lo mostraba de manera muy realista y ataviado de comando) en su ciudad.

El esfuerzo de los héroes de Telemark sirvió para detener la producción de agua pesada varios meses, seguramente decisivos para que Hitler no tuviera su bomba. Pero luego, por si acaso, los aliados decidieron bombardear la planta (algo que se había descartado para evitar la muerte de civiles). El ataque masivo de 160 bombarderos estadounidenses en noviembre de 1943 causó la muerte de 22 noruegos. Posteriormente, en febrero de 1944, la resistencia hundió en el vecino lago Tinn el transbordador que partía para llevar a Alemania las últimas existencias de agua pesada. Murieron otros 14 civiles noruegos. Todo lo cual hace más notable la gesta incruenta de Ronneberg y los suyos, esos hombres valientes, inolvidables.

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LOS UNIFORMES DE GALA DE LA WEHRMACHT

Publicado por El hijo del Ahuizote en septiembre 15th 2018

En la era de la Republica de Weimar ya se disponía de una tunica blanca en el Reichwehr la denominada de viejo estilo o “Old Style”, el 9 de julio de 1937 fue presentada una nueva tunica blanca o de verano con unas pequeñas diferencia la cual pasaría a denominarse “Weisser Rock Neuer Art”.

Corte de la tunica blanca "Rock Neuer Art"

Corte de la tunica blanca «Rock Neuer Art»

Estas túnicas blancas eran de compra opcional para oficiales y solo se podían llevar durante un periodo del año, desde 1 de abril al 30 de septiembre, aunque se pueden encontrar fotografías de la época donde se percibe por la vestimenta de otros sujetos que es invierno, por lo cual se puede deducir que se utilizo en otras estaciones del año. La tunica de viejo estilo se podía llevar en la guarnición dentro del cuartel para entrenamientos o algunos eventos deportivos, mientras el nuevo estilo solo se utilizo como uniforme de gala o para participar en algunos eventos deportivos.

Los oficiales y ciertos rangos mayores de NCO’s eran responsables de la compra de sus propios uniformes y por lo consiguiente fueron asignados a un régimen en la vestimenta. Al poder hacer sus compras en sastres privados, se pueden encontrar diferencias entre el mismo modelo de tunica, como puede ser el tipo de tejido de construcción, el sistema de sujeción de las hombreras y otras características mínimas como el agujero para la daga de gala etc. Aunque el corte de la tunica seguía siendo la misma.

Este tipo de tunica se uso en todas las ramas del ejecito alemán (Wehrmacht) durante el régimen del III Reich, Heer, Luftwaffe, Kriegsmarine y las SS, su principal diferencia fue el cuello y el color de los adornos metálicos, los cuales eran plateados para los ejércitos de tierra y aire y dorados para los de marina aunque también utilizaron el dorado para las ramas mas altas del ejercito de tierra como eran los generales.

Tunica blanca de 8 botone de general

Tunica blanca de 8 botone de general

La tunica blanca o “Weisser Rock neuer Art”, se confeccionaba de un tejido de algodón, pero como hemos indicado anteriormente su tejido podían variar según su procedencia, se forma de una sola capa de tela sin forros interiores, a la cual van adheridos 4 bolsillos con solapa dos frontales en el pecho y dos inferiores a cada lado de la cadera los cuales iban un poco ladeados, las mangas terminan con el doblete de tipo francés, su sistema de cierre consta de 8 botones en vertical anclados a la tunica por pasadores metálicos y nunca cosidos.

Interior de una tunica blanca (Weisser Rock)
Interior de una tunica blanca (Weisser Rock)
Águila metalica de una tunica blanca
Águila metalica de una tunica blanca
Bolsillo inclinado tipico de una (Weisser Rock)
Bolsillo inclinado tipico de una (Weisser Rock)
Bocamanga francesa tipica de uniformes de oficial
Bocamanga francesa tipica de uniformes de oficial
Variante de tejido de una tunica blanca
2 Variante de tejido de una tunica blanca
Variante de tejido de una tunica blanca
1 Variante de tejido de una tunica blanca
Sistema de sujeción para hombreras de lengueta
Sistema de sujeción para hombreras de lengueta
Sistema de sujeción para hombreras de tipo "T"
Sistema de sujeción para hombreras de tipo «T»

En el bolsillo derecho justo antes de la costura de la solapa se encuentra el águila nacional fabricada en metal y sujeta a la tunica por un alfiler y gancho metálicos adheridos al emblema, en su parte trasera (espalda) se pueden observar 3 líneas de unión en vertical y dos botones metálicos a la altura de la cintura.

Águila de pecho para Weisser rock
Águila de pecho para Weisser rock
Águila de pecho para Weisser rock (Sistema de enganche)
Águila de pecho para Weisser rock (Sistema de enganche)
Hombreras sistema T para Weisser rock (Infanteria)
Hombreras sistema «T» para Weisser rock (Infantería)
Hombreras sistema T para Weisser rock (Infanteria)
Hombreras sistema «T» para Weisser rock (Infantería)

El cuello típico de solapa terminada en punta no llevan ningún tipo de adornos o parches identificativos de la rama militar, aunque se pueden encontrar fotografías de época con parches añadidos y otras modificaciones.

Hoy en día se pueden encontrar estas túnicas en muy buenas condiciones ya que al entrar en guerra casi se dejaron de utilizar en el momento. También hay que ser precavido ya que en la actualidad hay fabricantes que reproducen este tipo de tunica para su uso en recreaciones históricas.

Tunica blanca modificada con aguila de tela.(Otto Carius)

Túnica blanca modificada con aguila de tela – Wehrmacht

Túnica blanca modificada con parches de cuello. (SS)
Túnica blanca con parches de cuello – SS
Túnica blanca modificada con aguila y parches. (WH)

Túnica blanca modificada con aguila y parches – Wehrmacht
Túnica blanca otras ramas.
Túnica blanca otras ramas.
Túnica blanca con parches. (LW)
Túnica blanca con parches – Luftwaffe
Túnica blanca - Kriegsmarine
Túnica blanca – Kriegsmarine

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La Infame Brigada SS «Dirlewanger»

Publicado por El hijo del Ahuizote en agosto 16th 2018

La Infame Brigada SS «Dirlewanger»

Las matanzas perpetradas por las Waffen-SS en el frente oriental fueron de una brutalidad extrema, pero hubo una unidad cuyos excesos lograrían incluso escandalizar al cuartel general de Hitler: la SS Sturmbrigade «Dirlewanger». La extrema barbarie y depravación de esta unidad de las SS sólo fue comparable a la del R.O.N.A. de Bronislav Kaminski(también conocida como «Brigada Kaminski»).

Sus orígenes están en una estrambótica sugerencia que le hicieron a Hitler, en el sentido de que una unidad formada con cazadores furtivos convictos tendría los conocimientos de la vida al aire libre idóneos para la lucha antipartisana. El dictador nazi aprobó la idea, y el 15 de junio de 1940 se formó una pequeña compañía penitenciaria llamada «Mando de Furtivos Oranienburg», constituida por criminales civiles y militares comunes (no presos políticos) de toda ralea reclutados en varias prisiones y campos de concentración. En septiembre, con unos 300 efectivos, recibió material de la SS-Totenkopfverbände y fue rebautizada como «Batallón Especial de las SS Dirlewanger», llamado así por el comandante al que se le había encargado su formación, el SS-OberführerOskar Dirlewanger.

Nacido en la ciudad bávara de Würzburgo en 1895, este infame tipejo (la prueba evidente de que la cara es el espejo del alma, como se puede observar en la fotografía de aquí arriba) había luchado en la Primera Guerra Mundial, donde fue herido y condecorado. Luego se doctoró en Ciencias Políticas, y en 1923 se afilió al NSDAP. Aunque trabajaba como maestro, era un completo degenerado, dado a la bebida y a los escándalos. Los historiadores e investigadores coinciden en describirlo como un asesino psicópata, sádico, pedófilo y con tendencias necrófilas.  Así, Chris Bishop, lo define como «el hombre más malvado de las SS», mientras que de acuerdo con Timothy Snyder«en todos los teatros de operaciones de la Segunda Guerra Mundial, muy pocos pudieron rivalizar en crueldad con Oskar Dirlewanger». Lo que viene a ser un grandísimohijodelagranputa de marca mayor, vamos.

En 1934 fue condenado a dos años de cárcel por violar a una menor de 14 años, perdiendo su trabajo, su título de doctor, sus condecoraciones honores militares y siendo además expulsado del Partido Nazi. Reincidió a las primeras de cambio en cuanto salió en libertad, siendo acusado de cargos similares y fue enviado a un campo de concentración. Sin embargo, contaba con la protección de un antiguo camarada de la Gran Guerra y delFreikorps ahora muy bien situado, el jefe de reclutamiento de las SS, el SS-Obergruppenführer Gottlob Berger (que además era íntimo amigo deHeinrich Himmler), quien salió en su rescate, logró que lo reinstauraran en la reserva de las SS y le envió a España a luchar en las filas de la Legión Condor, donde permaneció entre 1936-1939. Después, Berger (en la fotografía sobre éste párrafo) le consiguió que fuese nombrado Obersturmführer (teniente) en las Waffen-SS. Igualmente, consiguió que fuera readmitido en el NSDAP, le fuera devuelto su título de doctor, así como la autorización para formar esa unidad de «furtivos» en Oranienburg, el cuartel general de la SS-Totenkopfverbände.

En octubre de 1940, la unidad fue enviada a la Polonia ocupada para tareas de seguridad; los informes de atrocidades empezaron casi de inmediato y continuaron durante todo 1941, año en que la unidad fue empleada para luchar contra los partisanos. El batallón convirtió la ciudad polaca de Lublin en habitual escenario de saqueos, incendios, asesinatos, violaciones y atrocidades sin límite. Cientos de aldeas y poblados fueron incendiadas y sus habitantes aniquilados. Entre las barbaridades cometidas por la chusma de Dirlewanger – quien al parecer se paseaba con su mascota, un pequeño primate, sobre los hombros, mientras dirigía sus matanzas – estaba inyectar estricnina a sus víctimas femeninas, tras haberlas desnudado y golpeado previamente, y observarlas, junto a sus oficiales, convulsionar hasta la muerte como simple entretenimiento. Los informes sobre su lucro personal y las barbaridades cometidas en Polonia incluso atrajeron la atención de un fiscal de las SS, Conrad Morgen, que inició una investigación sobre sus siniestras actividades, pero su amistad con Gottlob Berger, le protegió incluso del SS-Obergruppenführer Friedich Krüger, jefe superior de las SS y la Policíaen Polonia.

Así que, gracias a sus amigos de alto rango, Dirlewanger y su banda de criminales – ahora un «Regimiento Especial de las SS» – fueron transferidos a Bielorrusia en enero de 1942. Nada más llegar se pusieron a reclutar personal local para las operaciones contra los partisanos, en las que serían empleados exclusivamente hasta noviembre de 1943, cimentando la bárbara y cruel reputación que traían de Polonia. Se estima que el regimiento asesinó al menos a 30.000 civiles durante su estancia en Bielorrusia, aunque otras estimaciones hablan de 120.000 muertos y 200 aldeas incendiadas. Parece ser que el modus operandi preferido de estos malnacidos (algunos de cuyos miembros parece ser que se ocultaban bajo máscaras, como se puede ver en la imagen bajo este párrafo) era entrar en los pueblos, reunir a todos sus habitantes y encerrarlos en un granero, para después incendiarlo, acribillando con  ametralladoras a todo aquel que tratara de escapar de las llamas y el humo. También utilizaron a civiles como escudos humanos o los hacían caminar sobre campos minados.

Pese a su pésima notoriedad, la unidad fue expandida a dos batallones en agosto de 1942, y Dirlewanger, «para más inri», fue condecorado por su «valor», en mayo y octubre. En mayo de 1943, la unidad fue autorizada a llevar parches de cuello y divisas de empleo (algo insólito en unidades penitenciarias). El concepto original de ser una formación de cazadores furtivos había desaparecido para siempre: ahora se aceptaba a granujas de todo pelaje y de la peor calaña – psicópatas, violadores, asesinos… bien fueran alemanes o extranjeros, militares o civiles – y en marzo de 1943 se ofreció el servicio en la unidad como medio de redimir y conmutar penas. Con semejante personal entre sus filas no es raro que llegase a haber tiroteos entre «soldados» rusos y lituanos, teniéndose que imponer la disciplina por los métodos más brutales, incluso con los oficiales. En ocasiones, las operaciones antiguerrilla a gran escala costaron a la unidad muchas bajas (unas 300 entre febrero agosto de 1943), y se autorizó la formación de un tercer batallón.

Entre noviembre y diciembre de 1943, el regimiento se vio en primera línea de fuego, encuadrado en el Grupo de Ejércitos Centro, y padeció todavía más bajas, quedando reducido a 260 hombres. Dirlewanger fue nuevamente «recompensado» con la Cruz Alemana en Oro, la segunda condecoración en importancia después de la Cruz de Caballero. Su regimiento de presidiarios fue reconstituido a primeros de 1944 con convictos sacados de los penales militares alemanes y para febrero tenía 1.200 hombres, a los que se sumaron otros 800 en abril. A las misiones contra los partisanos en Bielorrusia, en mayo y junio, siguieron combates de retaguardia durante la retirada a Polonia en julio, a resultas de la Operación Bagration del Ejército Rojo.

En agosto de 1944, como había sucedido con los renegados rusos de Kaminski, los incontrolables convictos de Dirlewanger escalaron las más altas cumbres de la abyección cuando fueron requeridos para aplastarla sublevación de Varsovia. Participaron en la masacre de Wola, en la que, en tan sólo 2 días, al menos 40.000 civiles fueron asesinados. En ese distrito de la capital polaca, quemaron tres hospitales con sus pacientes dentro, mientras que a las enfermeras, las golpearon y violaron brutalmente, ahorcándolas después desnudas, junto a los médicos y doctores. Completamente borrachos se abrieron paso por la Ciudad Viejabebiendo, violando y asesinando, ensañándose con combatientes y civiles por igual, sin distinciones de edad o sexo. Irrumpieron en otro hospital en el que los pacientes fueron acribillados y abrasados con lanzallamas y las enfermeras, violadas y asesinadas. La «Brigada Dirlewanger» quemó vivos a prisioneros (incluso menores de edad) – se dice, que a veces les cortaban los brazos, los empapaban de gasolina y tras prenderles fuego, se divertían viéndolos correr por las calles de Varsovia -, violó a niños, empalaban bebés con bayonetas o los tiraban por las ventanas, colgaban a mujeres en los balcones de las casas…. Se dijo que un oficial de estado mayor enviado a llevar a Dirlewanger ante el general en jefe de la operación, el SS-Obergruppenführer Von dem Bach-Zelewski, fue despachado a punta de pistola. Al menos otros 30.000 civiles fueron masacrados en la Ciudad Vieja. Pero, a diferencia de KaminskiDirlewanger no fue ejecutado por sus atrocidades, sino que le fue concedida la Cruz de Caballero.

A finales de agosto estalló una revuelta en Eslovaquia; en septiembreBerger fue nombrado jefe superior de las SS y la Policía en ese territorio, y en octubre logró que le transfiriesen la unidad de su protegido. El regimiento de Dirlewanger (debilitado por los ataques aéreos de camino a Eslovaquia) entró en combate contra los rebeldes eslovacos en Biely Potok, Liptovska Osada Treicy y, aunque tuvo éxito, empezó a sufrir deserciones. En noviembre de 1944, se permitió que algunos de sus miembros pudiesen pasar a otras unidades de las Waffen-SS, al tiempo que el regimiento fue convertido en una brigada mediante la incorporación de más criminales.

En febrero de 1945, mientras estaba estacionada en Hungría, la unidad fue rebautizada «36. Waffen Grenadier Division der SS», aunque en realidad nunca tuvo los efectivos, ni de lejos, para ser una división. Ese mes, Dirlewanger regresó a Alemania para someterse a tratamiento hospitalario y fue sustituido por Fritz Schmedes. La división se vino abajo durante la ofensiva soviética de primavera, en abril de 1945, y muchos hombres desertaron antes de quedar atrapados en la Bolsa de Halbe. El 29 de abril, algunos elementos de la división fueron capturados por los soviéticos al sureste de Berlín, y pasados por las armas de forma sumaria. Unos pocos lograron entregarse a las fuerzas estadounidenses.

Cuando acabó la guerra, los franceses detuvieron a Dirlewanger enAltshausen (Alemania), mientras vestía con ropas de civil y se ocultaba bajo una identidad falsa. Al parecer, lo entregaron a unos soldados polacos, quienes, al descubrir su identidad, le dieron a probar de su propia medicina: lo torturaron durante varios días y acabaron a golpes con su miserable vida en torno al 4-5 de junio de 1945. Aunque corrieron muchos rumores acerca de su suerte – se pensó que había conseguido huir – el análisis de sus restos en 1960 confirmó su muerte.

Fuentes:

Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: «Las Legiones de Voluntarios y otras Divisiones de las SS: de la 24ª a la 38ª» de Gordon Williamson

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Seres y objetos que sobrevivieron a la bomba de Hiroshima

Publicado por El hijo del Ahuizote en agosto 12th 2018

Hiroshima
                                                                                                       La ciudad quedó completamente destruida.

El 6 de agosto de 1945, la mayor parte de la ciudad de Hiroshima se extinguió.

Estados Unidos lanzaba una bomba atómica para obligar a Japón a rendirse. En el camino, más de 140.000 vidas humanas se perdieron. Hiroshima y luego Nagasaki quedaron prácticamente destruidas.

Sin embargo hubo algunos testigos que sobrevivieron para contar en silencio una parte imborrable de la historia. A 70 años de la bomba atómica, les presentamos tres de ellos.

 

1. El bonsái Yamaki

Bonsai

Tiene 400 años y miles de historias que contar. Sin duda la más importante es cómo sobrevivió a una bomba nuclear.

Este Bonsai, originario de la isla de Miyajima, que se cree fue plantado en 1625, para 1945 se encontraba en la villa de la familia Yamaki, a unos tres kilómetros del epicentro de la bomba.

Milagrosamente, este pino blanco enano, con forma de hongo, salvó ileso, al igual que la familia que lo albergaba.

Hoy, sin embargo, no se encuentra en Japón, sino en EE.UU.

El árbol es parte de la colección del Museo Bonsái y Penjing en Washington DC, luego de que el maestro bonsái Masaru Yamaki lo donara al pueblo estadounidense como parte de las celebraciones del bicentenario de EE.UU.

2. Un tranvía llamado Hiroshima

Tranvía

Algún día, fue el vagón 653. Pero luego de que el desastre nuclear golpeara la ciudad, se convirtió en uno de los tres tranvías que sobrevivieron.

Hoy ha sido completamente restaurado y es uno de los testimonios vivientes de aquella época.

Pintado de azul y gris, sus colores originales, su interior mostrará videos de testimonios de los sobrevivientes, a 70 años del lanzamiento de la bomba.

 

3. Los árboles superpoderosos

A-tree
                                                                                          La conservación de los Hibakujumoku es una tarea prioritaria para los locales.

Si usted visita Hiroshima y a su paso se encuentra con un árbol con un delicado cartel amarillo marcado como «A-tree», está frente a un monumento vivo.

Los A-trees o Hibakujumoku, en el idioma local, son árboles que sobrevivieron al 6 de agosto de 1945. No sólo sobrevivieron, sino que además volvieron a florecer y hoy son parte importante de la identidad local.

A-tree
                                                                                                                  Muchos de ellos están en medio de las casas.

Emplazados en parques, jardines o incluso en medio de casas, su conservación es una de las prioridades de la ciudad.

Hoy existen varios proyectos de conservación. Uno de ellos, bajo el alero del Instituto de Investigación y Desarrollo de la ONU, disemina sus semillas alrededor del mundo, como una manera de esparcir su legado y recordar lo que vivieron estos árboles ancestrales.

Entre los sobrevivientes hay especies tan diversas como sauces llorones, gingkos e incluso higueras.

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