Historias de la Historia

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El mundo en guerra Capítulo I

Publicado por El hijo del Ahuizote en enero 14th 2018

El mundo en guerra (The World at War) es una serie documental para televisión emitida entre 1973 y 1974 sobre la Segunda Guerra Mundial y los acontecimientos que condujeron a ella y los que ocurrieron inmediatamente después. Fue producida por Jeremy Isaacs, escrita y coproducida por Peter Batty y narrada por Lawrence Olivier. Carl Davis compuso su banda sonora. Un libro, El mundo en guerra, fue escrito por Mark Arnold-Forster como suplemento de la misma. Fue galardonada con el Premio Emmy.

La serie ha sido considerada a menudo como el mejor y definitivo documental sobre la historia de la Segunda Guerra Mundial hecho para televisión. También presentó raras imágenes de película en color de algunos de los acontecimientos de la guerra.

En una encuesta realizada en 2000 por el British Film Institute, en la que participaron profesionales de los medios de comunicación, sobre los 100 mejores programas emitidos en la televisión británica, The World at War quedó en la 19.ª posición.

 

Episodio I

 

La nueva Alemania – A New Germany (1933–1939)

Alemania, una nación condenada por la humillante derrota en la Primera Guerra Mundial, saliendo de una abrumadora depresión económica, fija su vista en un hombre para el renacer de la esperanza y la dignidad, resultando ese hombre ser Adolf Hitler. La historia de la Segunda Guerra Mundial empieza en los primeros años de la década de 1930, mostrando como Adolf Hitler subió al poder con el pleno soporte de millones de alemanes. Noticieros de la época y películas caseras hechas por Eva Braun, la amante de Hitler, muestran al Führer tal como debió aparecer ante su pueblo. La retrospectiva histórica y el conocimiento de lo que algunos miembros de la jerarquía nazi estaban haciendo, bajo la tapadera de una inteligente propaganda, da un aspecto muy siniestro a estas tomas. Este episodio nos muestra también imágenes del desfile, que el Museo Imperial de la Guerra ha catalogado con el nombre de “Cómo hacer un desfile”. Incluye testimonios de Ewald-Heinrich von Kleist-Schmenzin, Werner Pusch y Christabel Bielenberg.

 

 

 

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Fauld: El día que Inglaterra tembló

Publicado por El hijo del Ahuizote en noviembre 26th 2017

Además de las explosiones de las dos bombas atómicas en Hirosima y Nagasaki, durante la Segunda Guerra Mundial, se produjeron otras enormes deflagraciones, llamémosles convencionales, que incluso podrían rivalizar en potencia e intensidad con aquéllas. Una de las mayores explosiones no nucleares de todos los tiempos, y la mayor ocurrida en suelo británico en toda la historia, fue la ocurrida en Fauld (Inglaterra), que aunque fue de gigantescas proporciones, al ocurrir en tierra firme y en una región relativamente aislada (con lo que la tragedia fue menor de lo que hubiera podido ser), permitió a las autoridades británicas mantener el hecho durante varios años en secreto.
La gran explosión ocurrió en un gran depósito subterráneo de municiones que se extendía en un sector de unos 17.000 metros cuadrados y que la RAF (Royal Air Force) había construído en una mina de yeso abandonada al sur de la pequeña localidad de Fauld, en una zona rural del condado de Staffordshire, en el centro de Inglaterra (en la fotografías que ilustran este post, podéis observar, el interior del depósito de municiones donde se pueden ver las galerías subterráneas repletas de bombas apiladas).

El lunes 27 de noviembre de 1944, exactamente a las 11h11′ de la mañana, se produjo una gigantesca explosión que destruyó el depósito subterráneo de municiones, que en ese momento almacenaba 3.700 toneladas de bombas, municiones y explosivos. El cráter que se formó a consecuencia de la enorme detonación tenía más de 30 metros de profundidad y abarcaba una extensión de 5 hectáreas. Todo quedó completamente arrasado en un área de 1.200 metros (incluida una granja vecina y viviendas de varios pueblos cercanos), formándose dos gigantescas columnas de humo que ascendieron cientos de metros, además de producirse una gran inundación en la zona, al romperse un depósito de agua que contenía cerca de 500.000 metros cúbicos de agua.

La explosión, que pudo escucharse a 30 kms de distancia, acabó con la vida de 78 personas, entre miembros de la RAF, prisioneros italianos y empleados civiles que trabajaban en el almacén y vecinos de los alrededores. Hubo además decenas de heridos y afectados por la inhalación de humo. Sin duda, este trágico balance pudo calificarse de afortunado para el enorme daño que hubiera podido ocasionar la deflagración, de no contar con unas instalaciones tan fortificadas y profundas, y estar en una zona, más o menos aislada y deshabitada.

El accidente se mantuvo en secreto hasta después de la guerra, y no fue hasta el año 1974, es decir, 30 años después, cuando se hizo público, mediante un informe según el cual, la explosión fue causada por unas bombas que fueron sacadas de su almacén sin serles extraídos los detonadores antes de ser manipuladas. En un primer momento, se creyó que se trataba de ataque de bombas volantes V-2 o de un sabotaje a cargo de agentes enemigos, pero pronto se averiguó que se había tratado de un fatal accidente. Aún así, se decidió no hacer público el suceso para no dar una imagen de incompetencia e inseguridad en plena guerra, no afectar a la moral de victoria en un momento en el que esta parecía inminente y para que los alemanes no pudieran atribuirse la autoría de la explosión.

Si hubiese sido en los primeros meses de la guerra, en plena paranoia quintacolumnista, el gobierno británico lo habría tenido más fácil. Como ocurrió en enero de 1940, cuando hubo una serie de explosiones en una fábrica de explosivos en Waltham Abbey y el gobierno echó la culpa a saboteadores enemigos en lugar de reconocer que había sido un accidente. Eso le costó el puesto al jefe del MI-5, por su supuesta incapacidad de evitar las acciones de los agentes alemanes en suelo británico. En cambio, en el caso de Fauld, en su deseo de tapar discretamente el asunto, las autoridades militares no depuraron responsabilidades por ese gravísimo error en el cumplimiento de las medidas de seguridad que debían tomarse. Es más, el responsable del depósito no sólo no fue reprobado sino que incluso sumaría después un ascenso en su carrera.

Pese a los daños causados en las instalaciones, la RAF seguiría utilizando el depósito de munición hasta el año 1966. Entre 1967 y 1973, el recinto fue cedido al Ejército norteamericano para almacenar explosivos, trasladados desde Francia después de que el gobierno galo decidiese abandonar la estructura militar de la OTAN. Después la zona fue abandonada.

Actualmente, el área es de acceso público. Un monolito, en el que están grabados los nombres de las víctimas de la explosión, recuerda al visitante lo ocurrido el 27 de noviembre de 1944. Han crecido árboles en el interior del enorme cráter y éste casi llega a confundirse con el paisaje del condado de Stafforshire, pero todavía hay artefactos explosivos enterrados en el lugar de la explosión, lo que es advertido con las señales de peligro correspondientes. A pesar del incuestionable riesgo que entraña la presencia de esa munición sin estallar, las autoridades han renunciado a extraerla y desactivarla debido al enorme coste económico que ello supondría.

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Erich Von Manstein

Publicado por El hijo del Ahuizote en septiembre 2nd 2017

Los historiadores coinciden en que el Mariscal de Campo Erich Von Manstein fue uno de los mejores estrategas militares de la Segunda Guerra Mundial y uno de los más competentes de los generales alemanes. El mariscal ruso Malinovski escribió de él: “Teníamos al odiado Von Manstein por nuestro oponente más peligroso. Su maestría técnica en cada situación era incomparable”.
Nació como Erich Von Lewinski en Berlín el 24 de noviembre de 1887, siendo uno de los 10 hijos del matrimonio formado por general Eduard von Lewinski, oficial prusiano de artillería, y Helen von Sperling. En 1896, su padre fallece en un accidente militar y es adoptado por su tío Georg von Manstein, de quien heredaría su apellido y alcurnia. Tanto los Lewinskicomo los Manstein eran antiguas familias militares, pero sobre la primera pesaba cierta sospecha de ascendentes judíos, algo que, obviamente, no caía demasiado bien en algunos círculos nazis. Aunque, como muchos otros militares prusianos se vio seducido por el liderazgo de Hitler, nunca se unió al Partido Nazi, si bien, hizo gala de un marcado anticomunismo y antisemitismo.

Así pues, con 13 años se alista en el 3.° Regimiento de Granaderos de a Pie de la Guardia Prusiana y a los 16 años ingresa en la Academia Militar de Plöen, donde alcanza el grado de Alférez, especializándose en táctica militar. Para cuando empezó la Primera Guerra Mundial era ya Teniente del 2.º Regimiento de Granaderos, tomando parte en el Frente Occidental en la Batalla del Marne, donde fue herido de gravedad. Restablecido de sus heridas, en mayo de 1915 fue ascendido a Capitán, sirviendo durante el resto de la contienda como Oficial de Estado Mayor. En 1936 fue ascendido a Generalmajor (Mayor) y se dedicó al desarrollo de carros y cañones de asalto, pero el Ejército fue depurado en 1938 y el fue enviado a mandar una división de infantería en provincias, con el empleo de Generalleutnant (Teniente Coronel).
 
Al estallar la Segunda Guerra Mundial era el Jefe de Estado Mayor del grupo de ejército de Von Rundstedt y con él tomó parte en la Invasión de Polonia, tras la cual se trasladó al oeste. Al mando del XXXVIII Cuerpo de ejército (4 divisiones) en 1940 participa en la Invasión de Francia, donde adopta y perfecciona las tácticas de la “Guerra Relámpago” (Blitzkrieg) del General Heinz Guderian. Propone bajo este concepto una audaz acción en el bosque de las Ardenas, para romper las débiles defensas francesas y sortear la Línea Maginot. Esta idea no gustó en el alto mando del Ejército, que decidió desembarazarse de ese molesto oficial dándole el mando de un cuerpo en el este. Sin embargo, de camino a hacerse cargo de su nuevo destino, pudo cenar con Hitler y exponerle sus planes, que el dictador aceptó. Von Manstein logró un brillante triunfo en la campaña de Francia, lo que en junio de 1940 le vale el ascenso a General de Infantería y la Cruz de Caballero.
 

En 1941 recibe el mando de 56° Cuerpo Panzer asignado al Grupo Panzer de Hoepner como parte del Grupo de Ejército Norte en la Operacion Barbarroja. Mediante hábiles movimientos, avanza rápida y profundamente en el territorio enemigo y en 5 días recorrre 340 km y llega a las puertas de la ciudad de Leningrado. En septiembre de 1941 recibe el mando del 11° Ejercito y mediante un avance relámpago conquista la Península de Crimea, sin lograr rendir a Sebastopol que resiste el embate alemán, pero capturando 430.000 soldados rusos. La resistencia es tan feroz por parte de los rusos que se emplean medios nunca vistos y cantidades ingentes de piezas de artillería para ablandar la plaza. En 1942 por fin conquista Sebastopol y recibe el grado de Mariscal de Campo.
En noviembre de 1942 se le encomienda el mando del recién creado (Grupo de Ejércitos del Don), situado en la margen derecha del río DonVon Manstein era ahora responsable de defender un frente de unos 1.000 kms con una media de 60 divisiones, por lo que controlaba muchos más hombres que cualquier jefe de grupo de ejército aliado durante toda la guerra. Este nombramiento, sin embargo, fue el principio de su declive pues por entonces Hitler había asumido todo el mando militar y Von Mansteinno era de los que se limitaban a obedecer órdenes sin rechistar.
Su problema inmediato fue Stalingrado, ya que se le encomendó la tarea de liberar al VI Ejército de Friedrich Paulus cercado en dicha ciudad. La intención de Manstein iba más allá que la mera función de llevar suministros a los cercados; defendía que Hitler diese la orden de retirada al VI Ejército de StalingradoHitler sólo accedió a que se abriese un pasillo para llevar suministros y que un grupo de combate del VI Ejército saliese al encuentro del IV Ejército Panzer (General Hermann Hoth), el cual se había estancado en su progreso. Hoth logra acercarse a 50 km, pero Paulusno inicia la ruptura argumentando una aguda falta de suministros (según Paulus, el VI Ejército sólo tenía combustible para avanzar 35 km con los cerca de cien tanques que quedaban operativos en la plaza) por lo que se frustra la unión con las tropas de socorro. La contraofensiva rusa (Operación Urano) hace replegarse al IV Ejército Panzer a más de 200 km de la ciudad.

En esta primera fase de Manstein como jefe del Grupo de Ejércitos del Don, su actividad se vio frenada por continuas interferencias del Alto Mando Alemán: se desestimó y atrasó el repliegue del ejército del Cáucaso y se impidió la salida del grueso de los soldados de Stalingrado. A partir del desastre de StalingradoVon Manstein insistió a Hitler en que acortase el frente para conservar recursos humanos, pero ello iba contra el obstinado rechazo del Führer a abandonar territorio. Hitler le criticaba que era un general operacional, incapaz de llevar a cabo una retirada y aún menos una defensa, lo que era una simplificación injusta. La verdad es que las continuas interferencias desde arriba le habían impedido demostrar sus cualidades.
En febrero de 1943 recibe el comando del Grupo de Ejercitos Sur(unión del Grupo de Ejército del Don y el Grupo de Ejércitos A) y recaptura la ciudad de Jarkov el 15 marzo de 1943, seguida de Belgorod,ejecutando una de las mas brillantes ofensivas de la guerra. Participa en la Operacion Zitadelle (también conocida como Batalla de Kursk)donde se suscita la mas grande batalla de tanques en la historia, en el area de Prochorovka; en ella se encuentran el II Cuerpo Panzer SS delGeneral Paul Hausser y el 5° Ejercito de Tanques de la Guardia del Teniente General Pavel Rotmistrov, la cual termina con enormes pérdidas para ambos bandos, pero termina en una larga retirada de la Wehrmacht, que ya no se recuperaría del enorme golpe sufrido. A mediados de 1944 von Manstein desobedeciendo una orden directa de Hitler ordena a los Cuerpos de Ejercito 11° y 42° retirarse de la Bolsa de Cherkassy. En marzo de 1944 es relevado del mando después de agrias discusiones con Hitler, quien, a pesar de todo, le confiere las Hojas de Roble para su Cruz de Caballero.
 
En esos días una severa oftalmopatía contraída por el frío extremo le obliga a pasar al retiro, donde es internado en un hospital. A principios de 1945 evacuó a su familia desde la Prusia Oriental ante la ofensiva rusa hacia el Oeste para evitar que fuera capturada por los rusos, pero fue hecho prisionero por los británicos en mayo de 1945, siendo transferido en el otoño de 1946 a un campo especial para prisioneros de alto rango en Gran Bretaña y transferido de nuevo a Alemania en 1948.
En 1949 fue juzgado por un tribunal británico en Hamburgo por crímenes de guerra y sentenciado a 18 años de prisión. Los cargos eran complicidad en los asesinatos cometidos tras las líneas del frente por pelotones de exterminio de las SS (Einsatzgruppen). Lo curioso del caso es que su defensa fue costeada por un grupo de oficiales británicos que no estaban de acuerdo en que se juzgase al mariscal. Tras una delicada operación ocular, fue puesto en libertad 4 años después. En 1956 ocupó el cargo de Consejero de la Bundeswehr, reconstruyendo el ejército alemán de la posguerra, siendo el único de Mariscales de Campo de Hitler llamado a colaborar en la creacion del nuevo Ejército Alemán.
Durante su retiro escribió sus memorias en dos libros: “Victorias Frustradas” y “Vida de un soldado”. Murió a la edad de 85 años el 9 de junio de 1973, siendo enterrado con todos los honores militares en el cementerio de Dorrmark.

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El Milagro de Dunkerque

Publicado por El hijo del Ahuizote en agosto 5th 2017

La milagrosa evacuación de las tropas aliadas en Dunkerque – una ciudad portuaria francesa cercana a la frontera con Bélgica – llevada a cabo entre el 26 de Mayo y el 4 de Junio de 1940, puede considerarse no sólo la primera victoria moral de los Aliados durante la Segunda Guerra Mundial, sino también uno de los mayores errores estratégicos por parte del bando alemán durante el conflicto.

Aunque puede parecer un poco aventurado calificar una retirada como una victoria – el propio Churchill, pese a congratularse del éxito obtenido, dijo en un discurso ante la Cámara de los Comunes que “las guerras no se ganan con evacuaciones” -, lo cierto es que la proeza de conseguir evacuar más de 300.000 soldados, la mayoría de ellos británicos, supuso un evidente alivio para los Aliados, levantando la moral de las tropas. No en vano, muchos de los soldados evacuados en Dunkerque, regresarían 4 años más tarde a Francia, iniciando la liberación del país y del resto de Europa Occidental.

Tras el irresistible empuje alemán en Bélgica, y previendo las dificultades de un posible repliegue hacia Francia, el comandante en jefe de la Fuerza Expedicionaria Británica, el mariscal John Gort esbozó un plan para evacuar sus tropas de regreso hacia su patria. Los preparativos de la citada evacuación comenzaron el día 19 de Mayo de 1940, pero los británicos quedaron a la espera del resultado del proyectado contraataque francés contra el flanco norte de las tropas alemanas. El contraataque nunca se produjo, y el día 24 de Mayo se dio desde Londres la autorización para dar comienzo a la Operación Dynamo, que es el nombre que recibiría el plan ideado por Gort.

Un día antes, el 23 de Mayo, los blindados del Grupo de Ejércitos A de la Wehrmacht al mando del general Gerd von Rundstedt, recibieron de Hitler la orden de detenerse a escasos 30 kms. de Dunkerque. Rundstedt protestó formalmente contra dicha orden, por considerarla totalmente inconcebible militar y estratégicamente hablando, pero fue confirmada por telegrama, ordenando el Führer que se cumpliese al pie de la letra. Esta decisión sería crucial para el éxito de la evacuación aliada, ya que concedió un respiro de tres días a las exhaustas tropas aliadas para fortificar las últimas líneas de defensa destinadas a contener a los alemanes mientras se producía la evacuación.

No sólo von Rundstedt expresó su enfado, otros generales como Von Kluge, Von Kleist o Guderian, lamentaron que se les ordenase detenerse cuando estaba tan cerca la posibilidad de aplastar a los Aliados, que se encontraban en una precaria situación. El Führer para justificar su decisión argumentó que el terreno que rodeaba a Dunkerque, al ser húmedo, blando y con numerosos setos en los campos, era desfavorable para el uso de blindados, que además no podían contar con el adecuado apoyo de la infantería que en aquel momento se encontraba algo más retrasada. Por otra parte, afirmaba que el número de unidades panzerhabía disminuido en el curso de la campaña, de manera que continuar el avance podría perjudicar la segunda fase de la operación, hacia el sur de Francia.

Sin embargo, estas razones no convencieron en modo alguno a los generales de las divisiones blindadas, pues aunque coincidían en que los alrededores de Dunkerque no eran los más favorables para los tanques, terrenos mucho más difíciles no habían supuesto ningún obstáculo para los panzerdurante la invasión de Polonia. Y en cuanto a la disminución de efectivos debido al vertiginoso avance, la mayoría de bajas se debían tan sólo a contratiempos de carácter técnico que podían ser reparados en un plazo máximo de 24 horas.

Por eso se barajan otros motivos para que Hitler adoptara esa inexplicable decisión. En primer lugar se especula con que el dictador germano no quiso humillar excesivamente a los británicos, con vistas a obtener un futuro tratado de paz con esta nación, con la que no deseaba la guerra. Esta explicación fue ofrecida por el propio von Rundstedt en los Juicios de Nuremberg. Otros generales alemanes indicaron que la causa final de la decisión de Hitler estuvo en que, Hermann Göring, el comandante en jefe de la Luftwaffe aseguró que podía aniquilar completamente a las fuerzas aliadas que se habían concentrado en la costa a la espera de ser evacuados con el empleo de la aviación. Así, el general Warlimont, jefe de operaciones del Cuartel General de la Wehrmacht comentó: “A mi me comentaron otra razón, según la cual Hermann Göring dio seguridad al Führer de que sus fuerzas aéreas completarían el cerco”. El general Heinz Guderian también coincidiría con esta apreciación al estimar que “fue la vanidad de Göring la causa de la fatal decisión de Hitler.”

Otra opción barajada, aunque nunca confirmada, es el hipotético deseo de Hitler de esperar a su división favorita, la SS Leibstandarte Adolf Hitler, para evitar que la Wehrmacht acaparase todos los honores de la captura. Pero la más reciente investigación histórica sostiene que el avance no prosiguió por razones exclusivamente militares y no políticas.

A las 23:30 horas del 26 de Mayo comenzó oficialmente la Operación Dynamo. Bajo un intenso fuego de artillería de las baterías alemanas y bombardeos de los aviones Luftwaffe – entre los que se encontraban los temibles bombarderos en picado Stuka – miles de soldados ingleses, franceses y belgas aguardaban su turno en la playa de Dunkerque para embarcar, mientras 7 divisiones francesas ofrecían resistencia en los 80 km del frente y un batallón de infantería británico resistía en las paredes de la bolsa.

La Royal Navy había preparado una flota con 40 destructores y 130 barcos mercantes y de pasajeros, que debían embarcar las tropas en condiciones muy precarias: el puerto de Dunkerque había sido devastado por la Luftwaffe y las aguas de la zona son muy bajas, por lo que sólo estaba practicable la zona exterior durante la marea alta. Así que durante la operación se utilizó un gran número de barcos de poco calado – lanchas, pesqueros o barcas de recreo – para transportar a los soldados desde la playa hasta los barcos de la Marina Inglesa, que permanecían en alta mar defendiéndose de los bombardeos de la aviación alemana con sus propias baterías antiaéreas. Las pequeñas embarcaciones atracaban en improvisados muelles y espigones formados por vehículos y chatarra de todo tipo, que era colocada en fila, adentrándose en el mar. En sus viajes desde la playa a los barcos y viceversa, estos little ships debían sortear todo tipo de desperdicios, equipamientos, chatarra y barcos hundidos, así como cadáveres y restos humanos, todo ello bajo el constante hostigamiento de la artillería y aviación nazis (sin olvidar las minas alemanas y los submarinos y lanchas torpedera enemigas).

En las playas se vivieron escenas dramáticas, cundiendo el pánico y la desesperación entre los soldados aliados, produciéndose incluso discusiones entre los mandos británico y francés sobre la preferencia de unas tropas sobre otras a la hora de embarcar. El mariscal Gort, dado que los barcos eran fundamentalmente británicos, consideró que sus soldados debían ser embarcados primero, mientras que los franceses debían luchar para mantener el perímetro defensivo. Ello dio lugar a que se acuñara la célebre frase: “los ingleses resistirán hasta el último francés”.

El 1 de Junio, el intenso castigo al que estaban siendo sometidos los puntos de embarque de las tropas aliadas marcaron el final de la Operación Dynamo, que concluyó oficialmente en la noche del 2 de Junio. No obstante, las labores de evacuación continuarían hasta las 15:00 horas del día 4, cuando el destructor Shikari partió de Dunkerque con los últimos evacuados que habían estado encargados de resistir frente a los alemanes.

La operación, que en un principio estaba ideada para evacuar 50.000 hombres en 5 días, había superado las expectativas. Las cifras de evacuados fueron realmente espectaculares: un total de 338.872 soldados, de los cuales 215.787 eran británicos de la Fuerza Expedicionaria y el resto franceses y belgas. El resto de las tropas británicas que quedaron en Dunkerque decidieron rendirse a los alemanes, mientras que las tropas francesas optaron por abrirse paso hacia el Sur, pero finalmente tuvieron que rendirse. En total, los alemanes capturaron unos 22.000 prisioneros.

No obstante, pese al éxito de la evacuación, las pérdidas materiales de los Aliados fueron cuantiosas: 700 tanques – incluyendo 100 de los nuevos tanques británicos Mathilda Mk I -, 2.400 cañones y 50.000 vehículos de todo tipo, quedaron abandonados o destruidos en Dunkerque. Por lo que respecta a la flota aliada, los británicos perdieron en la Operación Dynamo 5 destructores, 30 buques diversos y 170 embarcaciones menores, mientras que los franceses perdieron otros 5 destructores y 60 barcos de todo tipo.

La operación, bautizada por la prensa británica como “El Bendito Milagro de Dunkerque“, supuso una luz de esperanza en medio del estrepitoso fracaso en la defensa de Francia y permitió a los británicos mantenerse vivos en el conflicto. La decisión alemana de destruir a los Aliadosmediante la aviación fue un grave error de cálculo. Aunque el blanco del ataque parecía fácil (un número ingente de soldados, agrupados o en largas filas aguardando para embarcar en una superficie reducida) lo cierto es que las profundas arenas de las playas, capaces de engullir las bombas y absorber tanto la metralla como la onda expansiva, fueron fundamentales para minimizar los muertos y heridos. Por otra parte los aviones alemanes no disponían de bombas precisas para llevar a cabo un ataque efectivo contra los buques de rescate.

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Descubren detrás de un muro el mayor tesoro de artefactos nazis jamás hallado en Argentina

Publicado por El hijo del Ahuizote en junio 24th 2017

Busto de Adolfo Hitler
                                                                                                      Había varias efigies de Adolfo Hitler, incluyendo este busto en metal plateado.

Un busto de Adolfo Hitler, la escultura de una águila imperial, un macabro instrumento para medir la dimensión de cráneos estampado con una esvástica están entre la mayor colección de artefactos nazi jamás encontrados en Argentina, según las autoridades.

Unos 75 objetos estaban escondidos en la residencia de un coleccionista en Beccar, un suburbio a unos 21 kilómetros al norte de Buenos Aires, y fueron recuperados por la Policía Federal Argentina (PFA).

Águilas, esvásticas y bustos de Hitler: la inquietante colección de objetos nazis que estaba escondida en Buenos Aires

Las autoridades sospechan que se trata de piezas originales que pertenecían a altos funcionarios del régimen nazi en Alemania, durante la Segunda Guerra Mundial.Eso les agregaría mayor interés y valor histórico. “Sería una manera de comercializarlos, demostrando que fueron utilizados… por el Führer. Hay fotos de él con los objetos”, declaró Bullrich.

Objetos nazi incautados
                                                                                Los objetos nazi fueron incautados en una redada a una residencia al norte de Buenos Aires.

 

Además del busto y una escultura en relieve de Hitler, se encontraron varios instrumentos de uso médico dentro de elegantes estuches, incluyendo uno para medir el cráneo.

Entre otros objetos inquietantes había juguetes que Bullrich describió como artículos para adoctrinar niños y una estatua del águila imperial nazi sobre una esvástica.

“Estamos conmovidos, es muy impresionante el hallazgo de estas piezas originales con simbología nazi, emblemas de una trágica época de la historia”, declaró la ministra.

La funcionaria agregó que “ya no estarán más circulando o a la venta”, y precisamente sobre las piezas con simbología nazi, adelantó que “serán llevadas al Museo del Holocausto“.

 

Instrumento médico de la época nazi
                                                                                                 Dentro de la colección hay un instrumento médico para medir cráneos.
Cruz nazi
                                                                                           Se sospecha que son piezas originales que pertenecían a altos funcionarios de la Alemania nazi.

El hallazgo fue el resultado de una larga investigación que terminó con el allanamiento, el viernes 9 de junio, de dos locales de un centro comercial en Vicente López y de una residencia en Beccar.

Los objetos se encontraban guardados en habitaciones ocultas detrás de una pared falsa.

Se está tratando de determinar cómo llegaron esos objetos al país, pero una de las hipótesis es que fueron traídas por oficiales nazis que buscaron refugio en Argentina después de la Segunda Guerra Mundial.

También se incautó una gran cantidad de antigüedades de origen alemán, japonés, chino y egipcio, ingresadas ilegalmente al país y que “están dentro de la lista roja de la Unesco”.

Así lo explicó la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, añadiendo que muchos de los objetos venían acompañados de antiguas fotografías que podían establecer la procedencia de los artefactos.

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La astrología, un arma contra Hitler

Publicado por El hijo del Ahuizote en mayo 20th 2017

Según unos documentos secretos desclasificados por los Archivos Nacionales del Reino Unido en marzo de 2008, el espionaje británico llegó a recurrir a la astrología para adivinar los planes militares de Adolf Hitler. Concretamente, los británicos recurrieron a un astrólogo berlinés, que decía proceder de una familia aristocrática alemana, aficionado a los cigarros habanos y a disfrazarse de mujer, y con fama de charlatán. Su nombre era Louis De Wohl, pero según los documentos sacados a la luz su verdadero nombre era Lajos Mucsinyi Wohl.

Louis De Wohl

Nacido en Berlín de padre húngaro y madre austríaca el 24 de enero de 1903, De Wohl vivió en Alemania hasta 1935. Como tenía antepasados judíos y era enemigo del nacionalsocialismo, la llegada de Hitler al poder le impulsó a iniciar una nueva vida en Inglaterra. De Wohl tenía un alto concepto de sí mismo, puesto que se decía descendiente del poeta alemán Heine, ostentaba el título de Caballero del Santo Sepulcro y no dudaba en presentarse como el «Nostradamus moderno». Podía mantener un alto nivel de vida gracias a que se dedicaba a confeccionar los horóscopos de la alta sociedad londinense, entre la que tenía mucho éxito.
Al revisar esa documentación por parte de la prensa, se comprobó que el gobierno de Londres fue convencido por De Wohl de sacar partido del hecho de que Hitler, cuyo signo astrológico era Tauro, era muy supersticioso, y que muchas veces actuaba según lo que le decían sus propios astrólogos. Adolf Hitler decía en voz alta que guiarse del consejo de los astros era «una estupidez propia de mentes infantiles», pero en la práctica disponía de los servicios de un astrólogo, Karl Ernst Krafft[1], y hay historiadores que creen que el dictador cronometró el inicio de algunas de sus campañas de manera que los planetas estuvieran convenientemente alineados, aunque la mayoría de expertos cree que la astrología no afectaba sus decisiones.

HITLER

Pero De Wohl aseguraba entonces que Hitler confiaba mucho en las predicciones de Krafft y sostenía que, más allá de creer o no en lo que decían las estrellas, lo que importaba era tomar en consideración las creencias del Führer. El astrólogo aseguró a los responsables de los servicios de espionaje británicos: «He observado que todas las grandes empresas de Hitler han sido efectuadas bajo buenos auspicios y estoy convencido de que las intuiciones divinas de Hitler no son más que un simple conocimiento de las conjunciones planetarias».
La Dirección de Operaciones Especiales británica (SOE), unidad creada por Churchill durante la guerra para ayudar a la resistencia en los países ocupados y perpetrar actos de sabotaje, fue la encargada de utilizar las supuestas habilidades del astrólogo. Al parecer, los movimientos militares alemanes eran tan desconcertantes que altos funcionarios de la Inteligencia británica decidieron recurrir al húngaro para intentar descifrar lo que las estrellas le recomendaban al Führer, lo que les permitiría conocer los próximos movimientos de los nazis.
El SOE lo reclutó para que trabajara en la sección de propaganda. Se le dio rango de capitán del Ejército británico, lo que al parecer molestó a muchos oficiales, y cuentan que se le veía pasear por las calles de Londres muy orgulloso de llevar su uniforme. Pero esta apuesta por la carta astral como método para vencer a Hitler fue recibida con sorna en los servicios de Inteligencia británicos, que consideraban a los miembros del SOE como adversarios más que como colaboradores. El MI5[2], según los documentos secretos desclasificados, consideró la fe en el astrólogo una «idiotez supina», e intentó minar la imagen del aristócrata como «un hombre afeminado de vanidad desmesurada, un propagandista nato cuya afición a los uniformes nazis sólo es superada por la afición a disfrazarse de travesti».

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Los miembros del MI6 se mostraron igualmente horrorizados con la decisión de contratar los servicios del astrólogo húngaro; un comunicado de este organismo, también desclasificado, señalaba: «Uno de nuestros altos funcionarios comenta que no puede creer que alguien quiera emplear a este charlatán peligroso». Otro funcionario subrayaba que ninguna de las predicciones de De Wohl se habían concretado, con excepción de la entrada de Italia en la guerra, que anticipó —según el funcionario— «cuando había quedado clara para todo el mundo con un mínimo conocimiento sobre asuntos internacionales».
Algunos jefes del MI5 advirtieron que De Wohl era un charlatán y algunos militares con los que se reunió señalaron que se trataba de un bufón y un impostor. Pero el astrólogo supo contrarrestar esas opiniones desfavorables gracias a su innegable poder de persuasión, convenciendo a los que quisieran oírle de que Hitler creía firmemente en la astrología, y que no tomaba ninguna decisión sin antes consultar su horóscopo. Entre sus partidarios se encontraba el director de la Inteligencia naval, John Godffrey, al que convenció de la importancia de adivinar, en función del horóscopo, si Hitler estaba eufórico o pesimista al emprender una determinada ofensiva.
El astrólogo logró incluso residir en un departamento del Gobierno británico en Grosvernor House, un lujoso barrio del oeste de Londres, al que bautizó Oficina de Investigación Psicológica. Allí, pese al carácter oficial del departamento, seguía leyendo la carta astral de muchos clientes de las altas esferas londinenses que pagaban por saber lo que les tenían reservado los astros, tal y como había venido haciendo desde que se instaló en Londres. Siempre según los documentos desclasificados en marzo de 2008, entre los clientes del estrafalario astrólogo se contaban varios oficiales británicos.
Los jefes de la Dirección de Operaciones Especiales estaban tan persuadidos de que tenían en los astros un arma importante para derrotar a los nazis que enviaron a De Wohl a Estados Unidos en 1941 para impulsar la entrada del gobierno de Washington en la guerra. Con ese objetivo pronosticó una invasión de Sudamérica por parte del Tercer Reich. Además, intentó convencer a los estadounidenses de que la obsesión de Hitler con la astrología lo volvía vulnerable.

                          MI6

La gira del astrólogo por Estados Unidos resultó todo un éxito, puesto que sus discursos y entrevistas recibieron una amplia cobertura de los medios estadounidenses, lo que ayudó a obtener el apoyo de la ciudadanía estadounidense a la entrada en la guerra. Por ejemplo, el rotativo New York Sun dedicó páginas enteras a las predicciones de De Wohl, destacando la de que «Hitler estaría derrotado antes de un año». Según revelaron los documentos, incluso el Comité de Inteligencia de las Fuerzas Armadas tomó en cuenta las afirmaciones del astrólogo.
Tras la contienda, De Wohl se dedicaría a escribir novelas, con las que alcanzaría cierto éxito. Sus primeras obras fueron historias de suspense o de aventuras, hasta que decidió poner sus cualidades de escritor al servicio de sus convicciones católicas. Escribió en inglés y sus obras disfrutaron de especial acogida en Estados Unidos; en ellas aparecían personajes históricos como Juana de Arco, Juliano el Apóstata, San Francisco de Asís o Atila. Fueron traducidas a doce idiomas y dieron origen a guiones para películas. La novela Fundada sobre roca surgió por un encargo del papa Pío XII, lo mismo que su libro sobre santo Tomás de Aquino, La luz apacible, fruto de la sugerencia que el mismo Papa le hizo durante una audiencia privada en 1948.
Louis De Wohl falleció el 2 de junio de 1961 en la ciudad suiza de Lucerna, extinguiéndose así la vida de uno de los personajes más estrafalarios, a la vez que enigmáticos, de la Segunda Guerra Mundial.

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Babi Yar, la trastienda del Holocausto

Publicado por El hijo del Ahuizote en mayo 14th 2017

El 26 de septiembre los nazis decidieron exterminar a la población judía de Kiev. Más de 33.000 personas fueron asesinadas en dos días

Eran llevados al borde del barranco desnudados y asesinados. Ucrania y otros territorios soviéticos fueron el ‘laboratorio’ de la Solución Final

Un judío asesinado en Vinittsa, Ucrania, en 1941.

Un judío asesinado en Vinittsa, Ucrania, en 1941.

Babi Yar es una herida ucraniana, una hemorragia de hasta 100.000 almas que ya no pueden ser vengadas. Fue el primer plato del Holocausto judío, cocinado con macabra eficiencia por los comandos de ejecución nazis en sólo dos días a las afueras de Kiev, la capital de la actual Ucrania. Este lugar será siempre un hoyo silencioso, donde entre hierbas salvajes el genocidio se alió con la orografía: todavía se abre el mismo vacío que entonces al borde de este barranco, el justo para que el cuerpo recién ametrallado ruede cuesta abajo con el resto de infelices.

El 22 de junio de 1941 las tropas de la Alemania nazi y sus aliados invadieron la Unión Soviética en la denominada Operación Barbarroja: hay fotos de judíos ucranianos cavando sus propias tumbas en Storow, Ucrania, ya en el mes de julio. El horror a partir de entonces no dejó de ir en aumento.

Babi Yar significa “barranco de la abuela” y cerca de él estaban situados un psiquiátrico y una cárcel. Imposible hallar un lugar mejor no lejos del centro de Kiev: sin testigos, sin interrupciones. El aperitivo llegó el 27 de septiembre, cuando fueron asesinados 752 pacientes de la clínica psiquiátrica: “Basura humana”, fue la etiqueta que se les puso. El general Kurt Eberhard y el comandante de la policía del ejército del Grupo Sur, Friedrich Jeckeln, tomaron la decisión de borrar del mapa a los judíos de los alrededores.

La Shoah de las balas

En 1939 había 175.000 judíos en Kiev, representaban el 20% de la población, aunque cuando llegaron los alemanes ya habían huido muchos, dejando la cifra en algo más de 50.000. El autor ruso Vasily Grossman escribió que hubo dos Shoah: la perpetrada mediante las balas y la segunda mediante el gas. Babi Yar fue la puesta de largo del genocidio a través del plomo. Ahí fueron claves los 3.000 hombres Einsatzgruppen, los conjuntos de escuadrones de ejecución itinerantes especiales formados por miembros de las SS, y otros integrantes de la policía secreta de la Alemania nazi. Había cuatro en total, el Einsatzgruppe C fue asignado a Ucrania con el Grupo de Ejércitos Sur. Contaba con los Sonderkommandos 4a y 4b, que se encargaban de concentrar a la población que había que ejecutar, y los Einsatzkommandos 5 y 6, que fusilaban a destajo. Las otras formaciones, las de primera línea, no solían tomar parte en las masacres.

Con la guerra en marcha, el objetivo era la limpieza étnica para asegurar la “seguridad política” de los territorios conquistados. Los criterios se fueron ampliando desde la invasión de Polonia, y cuando los ejércitos alemanes cruzaron la frontera el 22 de junio de 1941 comenzó el exterminio de varones judíos. El 16 de julio de 1941 Hitler reunió a sus colaboradores para explicarles que Ucrania sería una joya del imperio nazi, administrada por las SS y otros cuerpos de seguridad.

A finales de agosto de 1941 estaba ya bastante claro que Kiev acabaría en manos de los alemanes. Tras muchas dudas por parte de Stalin, Mijail Kirponov, general a cargo de la zona, recibió la orden de retirarse de Kiev el 17 de septiembre. El 19 los nazis habían llegado a las afueras de la ciudad y algunos barrios cercanos al centro, y el día 21 los ciudadanos escucharon por radio una voz de la Sovinformbureau, la oficina de información, diciendo que las tropas soviéticas dejaban la ciudad. Llevaban semanas diciéndoles que eso jamás ocurriría.

En la capital muchos tenían familiares en el Ejército rojo. Pero también muchas familias habían sido diezmadas por las hambrunas y la colectivización forzada de los años 30, que habían causado más de tres millones de muertos. La situación entre los soldados del Ejército rojo a cargo de la defensa de la ciudad era muchas veces de desamparo, conduciendo a autolesiones que, años después, llaman la atención entre tanta estadística: de casi 500 heridos en varios hospitales de Kiev, nada menos que 460 presentaban un balazo en el brazo izquierdo.

De la concentración a la eliminación

Había un antibolchevismo notable y muchos ciudadanos de la capital dieron la bienvenida a los alemanes. Pensaron que les librarían de la opresión del estalinismo. Otros se alegraron de que por fin alguien pusiese ‘en su sitio’ a sus vecinos judíos, a los que la propaganda soviética había acusado mediante rumores de ser los causantes de las hambrunas que había provocado la colectivización agraria.

También jugaba a favor de los nazis el recuerdo de lo ocurrido durante la Primera Guerra Mundial, cuando los alemanes ocuparon la ciudad y emitieron una orden para intentar evitar el ataque a cualquier minoría, incluida la judía: “Alemania era una ‘nación europea’, y por eso pensaban que una ocupación de los nazis no podía ser peor que la de los bolcheviques“, explica Victoria Khiterer, especialista en historia de los judíos.

La inquietud había subido sin cesar desde el anuncio de la incursión nazi. Pero las víctimas difícilmente podían imaginar el calibre de lo que se avecinaba. “Babi Yar es la mayor masacre en un periodo de tiempo tan corto”, explica el historiador Per Anders Rudling. Los especialistas se han preguntado por qué con el avance sobre Ucrania cambió la política de los nazis respecto a los judíos: se pasó de concentrarlos a asesinarlos a marchas forzadas. Una de las razones que se apuntan es que al alcanzar la guerra una escala global los planes de enviar los judíos lejos de Alemania (Madagascar era una de las opciones) se tornaron muy complicados.

Ucrania, Bielorrusia y otros territorios soviéticos fueron así el ‘laboratorio’ del Holocausto. Se decidió matar a todos: hombres, mujeres y viejos. Y niños también, porque de lo contrario después de haber contemplado aquello podrían volver para vengarse cuando fuesen mayores. En Kaunas (Lituania) se había aniquilado a 3.800 judíos. Después, en Ucrania occidental, les llegaría el turno a 24.000.

Las víctimas eran obligadas a cavar su propia tumba. Si era una fosa común, debían ir acostándose desnudos sobre los cadáveres fusilados anteriormente pero en sentido contrario: la cabeza coincidiendo con los pies de los de abajo. Los nazis lo llamaban “formación lata de sardinas”.

Pero en el caso de Kiev el barranco de Babi Yar el relieve aportaba una solución perfecta. Los guardias les conducirían hasta el punto exacto donde los iban a matar y les ordenarían que se quitasen la ropa. Mucha sería confiscada, aunque también los desnudarían para comprobar que no llevaban consigo dinero o algún objeto valioso.

La orden del exterminio

La impresión generalizada, y errónea, era que se estaba preparando una deportación masiva. Así que a la mañana siguiente, decenas de miles de judíos se presentaron en el lugar indicado. Algunos llegaron con mucha anticipación para asegurarse de que no les quitaban el sitio.

Las dos calles confluyen cerca de un cementerio: allí los niños lloraban y los adultos los intentaban tranquilizar. La gran masa de gente se movía muy despacio, algunos se impacientaban. A la altura de la verja del cementerio judío, unos pocos metros después, había que dejar el equipaje: como si fuese a ir en un vagón especial. Pero desde esa distancia ya se oían las ametralladoras, lo que levantaba las primeras sospechas. Pero en la cara interior de la verja se había colocado un puesto de control donde se pedía la identificación a todo el que intentase volver afuera. Si era judío, debía regresar con el resto.

Cada persona que llegaba a la primera línea era colocada con otros formando grupos de diez. Había que pasar por un pasillo formado por soldados alemanes que llevaban garrotes en las manos. Muchos estaban medio borrachos para poder cumplir así su lúgubre tarea: matar a sangre fría a civiles indefensos.

Desnudados al borde del barranco

“Schnell, schnell!”, [¡rápido, rápido!] gritaban, conduciendo a la gente hasta una zona de hierba. Allí se pedía al cada uno de los miembros de grupo que se desnudase y si alguien se mostraba reticente era apaleado de nuevo. Los guardias estaban borrachos de furia, poseídos por el sadismo.

Ante ellos sólo quedaba el destino final, el barranco de Babi Yar. Los judíos eran colocados en el borde y se les disparaba sin contemplaciones. Sus cuerpos rodaban hacia el fondo del barranco. Anatoly Kuznetsov, en su libro ‘Un documento en forma de novela’, recuerda el testimonio de una mujer judía que logró escapar y pudo describir después la escena: “Miró hacia abajo y sintió un mareo, tenía la sensación de estar muy alto. Bajo ella había un mar de cuerpos cubiertos de sangre”.

Hay un informe de situación, el 101, del Einsatzgruppe destacado en Kiev. Entre el 29 y el 30 de septiembre 33.771 judíos fueron ejecutados. Pero las matanzas fueron mayores, hasta 50.000 judíos por lo menos durante esos días. Y seguirían en los meses siguientes con otras minorías.

A mediados de 1943 los alemanes estaban en retirada. Los soviéticos avanzaban por el oeste, y los nazis pensaron en esconder su culpa. Se escogió a 100 prisioneros del campo de concentración de Syretsk, situado cerca de Babi Yar. Caminando rumbo al barranco, estaban seguros de que los iban a matar. En lugar de eso, les sirvieron la cena.

Rebuscar entre los muertos de la fosa

Les esperaba la labor más desagradable. Primero excavar en la fosa común, en la que se habían alternado varias capas de basura y las de muertos. Después, sacar los cadáveres (la mayoría de los cuales llevaba dos años enterrados), que en algunos casos estaban enredados y eran difíciles de separar: los nazis diseñaron un arpón especial que los enganchaba tirando de la barbilla, pero algunas veces salían tres unidos que había que cortar con hachas. Las capas de gente enterrada abajo del todo tuvieron que ser dinamitadas. Después había que buscar si llevaban algo de oro o si todavía llevaban alguna prenda puesta, pues la norma de desnudar a los que se iba a fusilar se había relajado en los últimos grupos.

Después los quemaron, hasta 2.000 cada vez, con los cuerpos colocados en capas. Los pies de los de arriba coincidiendo con las cabezas de los de abajo. Cada dos capas de cuerpos, una de leña. De todo el proceso todavía quedaron huesos de gran tamaño que fueron machacados con losas del cementerio judío cercano. Había que destruir cualquier evidencia, pero las llamas se veían desde el centro de Kiev. Una generación entera las recordaría para siempre.

Tras seis semanas trabajando, los prisioneros encargados de esta tarea decidieron fugarse. Conservaron algunos objetos que encontraron entre las ropas de los muertos que podían servir para abrir los cierres de los grilletes y para atacar a los guardias. Prepararon la fuga durante un tiempo, hasta que una noche un guardia les dijo que al día siguiente iban a ser ejecutados. En la oscuridad de la noche, corrieron en masa sin que el guardia que estaba a cargo de la ametralladora se atreviese a disparar, puesto que sus propios compañeros estaban entre medias. Según ha detallado Jennifer Rosenberg, historiadora especializada en el siglo XX, sólo 15 lograron escapar.

La matanza de prisioneros de guerra, gitanos, enfermos

Babi Yar fue un sumidero que se fue tragando todo lo que los nazis detestaban. Tras la masacre los nazis siguieron matando en ese barranco hasta casi el día en el que se marcharon: prisioneros de guerra soviéticos, gitanos, enfermos mentales y también integrantes de la ‘resistencia’ ucraniana.

Se calcula que pudieron haber muerto allí entre 70.000 y 120.000 personas, aunque algunos elevan la cifra hasta 200.000. El autor Ilya Ehrenburg describió el dramatismo de aquellos días en su novela ‘La tormenta’ en 1947: una niña suplicando sin éxito que la dejasen vivir, un abuelo ametrallado por no entender bien las explicaciones, familias despidiéndose de rodillas en el suelo, heridos enterrados vivos

En 1959 Viktor Nekrasov se lamentaba en las páginas de ‘Literaturnaya Gazeta’ de que no se hiciese nada por recordar lo ocurrido en Babi Yar. Las autoridades barajaban por aquellas fechas transformar el barranco en un estadio de deportes. “Quisieron edificar, pero Dios protege esto”, explica Vera, una anciana de 70 años que cuida de una iglesia ortodoxa situada en la zona. Al fondo del camino hay una sinagoga que ha sido víctima de actos vandálicos varias veces: “Han dibujado esvásticas y cosas peores”, dice meneando la cabeza.

Moscú siempre esquivó la dimensión antisemita de la matanza. Pero un poema, titulado precisamente ‘Babi Yar’ y escrito por Yevgeny Yevtushenko, denunció en 1961 que las autoridades estaban mirando para otro lado mientras la generación que lo había vivido se hacía vieja rumiando en silencio.

A continuación llegó Dimitri Shostakovich con su 13ª sinfonía, una vibrante pieza musical que, usando esa misma poesía, estaba consagrada a inmortalizar esa tragedia. Se escuchó por primera vez en Moscú en 1962. Tanto Yevtushenko como Shostakovich fueron reprendidos por las autoridades soviéticas por su “cosmopolitismo”. El gobierno de la URSS erigió por fin un monumento en 1976 para recordar a “los ciudadanos soviéticos” que perdieron sus vidas. Hubo que esperar a 1991, con la URSS ya finiquitada, para que se recordase allí, 50 años después de la tragedia, la masacre de judíos.

La ayuda ucraniana

Todavía hoy existe controversia. “Recientemente el presidente ucraniano, Petro Poroshenko, ha rendido homenaje a los judíos y los nacionalistas ucranianos, pero mientras que los primeros murieron por miles los otros murieron por decenas, tal vez centenas, y además jugaron un importante papel ayudando a perpetrar aquellos crímenes”, critica Per Anders Rudling, que ha dedicado parte de su vida a estudiar el nacionalismo ucraniano. Natalia Antonova, que perdió a familias de sus abuelo, opina en un café de Kiev: “Hay una ola de revisionismo imparable”:

Jessica Milstein es nieta de supervivientes del holocausto. Anna Tsesarsky su abuela, logró sobrevivir a las atrocidades de aquel septiembre negro y todavía hoy le resulta muy amargo remover aquellos recuerdos. Su hermano, su padre y su tío se presentaron en el lugar señalado por los nazis, las noticias sobre las brutales matanzas de judíos todavía no habían llegado a Kiev. En Kiev, recuerda, los asesinatos se llevaron a cabo “con la ayuda de ucranianos“. En algunos casos era nacionalistas que creían así poder echar a los soviéticos, aunque Hitler rechazaba de plano una Ucrania independiente. En otros casos era solamente por la promesa de los guardias alemanes de que podrían robar las pertenencias de los fusilados. Y mientras tanto la policía ucraniana ayudaba a vigilar a los judíos que iban de camino a este matadero.

Babi Yar fue un lugar de ejecución durante meses. Hasta el día de la liberación de Kiev por el Ejército rojo, el 6 de noviembre de 1943, unos 200.000 murieron en Babi Yar y sus alrededores. No quedaron más que unos pocos centenares de judíos en la ciudad. Y muchos se marcharon lejos. Anna Tsesarsky acabó en Estados Unidos.

En Denver, cada año se conmemora la matanza junto a un monumento. Jessica Milstein, su nieta, ha heredado una misión en nombre de todos esos cuerpos inertes enredados desnudos bajo la arena: la memoria. “Como adolescente”, explica mientras cuida a la matriarca, “pasé noches enteras hablando de Babi Yar con mi abuela, cómo y por qué sucedió, por qué no hay que olvidar ni dejar que suceda, y creo que la necesidad de contarlo es hoy más fuerte que nunca”. En el fondo de este barranco la tierra todavía parece removida, agitada por todo lo que esconde.

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