Historias de la Historia

Anécdotas y Curiosidades del pasado

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Entrada triunfal en El Cairo

Publicado por El hijo del Ahuizote en mayo 2nd 2015

Mientras Francia languidecía bajo la opresión nazi, las fuerzas germanas continuaban extendiéndose, no solo por Europa, sino también por el norte de Africa. En el verano de 1942, nada hacia pensar que los alemanes, liderados por el mariscal Erwin Rommel, pudieran ser detenidos en su camino hacia El Cairo.
Tras la caída de Tobruk, el Afrika Korps y las tropas italianas tenían aparentemente via libre hacia el Canal de Suez. El pánico que se desató en la capital de Egipto ante la inminente llegada de los panzer fue tal que los británicos iniciaron la quema de toda la documentación oficial para que no cayera en manos de sus enemigos.
Mussolini asistía a estos momentos cruciales con un sentimiento agridulce. Por un lado, se sentía feliz porque estaba a punto de conseguir su ansiado objetivo de expulsar a los británicos del norte de Africa. Pero, por otro, era consciente de que el mérito de la conquista de Egipto se anotaría en el haber de Rommel, convirtiéndose así la campaña en un éxito alemán.
De todos modos, el Duce no estaba dispuesto a dejarse arrebatar fácilmente los laureles del triunfo; embriagado por sus ensoñaciones imperiales, decidió hacer su entrada en la capital egipcia a lomos de un caballo blanco. La música que acompañaría a los italianos en esa marcha triunfal sería la de la más célebre ópera de Verdi: Aida.

Infantería de las fuerzas aliadas en posición defensiva cerca del El Alamein, 17 de julio de 1942

Infantería de las fuerzas aliadas en posición defensiva cerca del El Alamein, 17 de julio de 1942

Sin embargo, los británicos, pese a su temor ante el incontenible avance de Rommel, no estaban dispuestos a entregar El Cairo sin lucha. Así que, apostados en la pequeña aldea de El Alamein, resistieron las furiosas embestidas de las tropas del Eje hasta que el Zorro del Desierto se vio obligado a colocarse a la defensiva, alejándose para siempre la posibilidad de tomar la capital egipcia.
Entre los italianos capturados durante estos combates se encontraban los encargados de organizar la entrada triunfal en El Cairo. Los británicos se quedaron muy sorprendidos al encontrar la partitura, los instrumentos y hasta los trajes de ceremonia que pensaban usar en esa representación que, pese a los intensos preparativos, sería finalmente cancelada.

 

 

Giuseppe Verdi, Aida. !Gloria a Egipto¡

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La Gioconda del Prado se pintó junto a la original

Publicado por El hijo del Ahuizote en febrero 1st 2015

El retrato del Museo del Prado fue pintado por un discípulo de Leonardo da Vinci mientras éste realizaba su famosa obra

En las colecciones del Museo del Prado se conservaba, desde su fundación en 1819, una copia de la Gioconda, el famoso retrato pintado por Leonardo da Vinci hacia 1503. Hasta hoy, la obra constaba en el catálogo del Museo como «obra de autor desconocido», y era considerada una copia más, no muy afortunada, de la famosa obra de Leonardo. Pero su restauración ha desencadenado un verdadero terremoto en el tranquilo mundo de la historia del arte. Según explica Ana González Mozo, miembro del gabinete técnico de la pinacoteca, el trabajo de los especialistas ha permitido descubrir que el lienzo fue pintado en el taller de Leonardo mientras el maestro realizaba el original; así lo demuestra el hecho de que la copia del Prado fuera objeto de los mismos arrepentimientos o retoques que se detectan en la obra firmada por Leonardo. Muy posiblemente, su autor sea uno de los discípulos favoritos del artista florentino: Andrea Salai o Francesco Melzi. De esta manera, la obra se ha convertido en la copia más antigua conocida de la Gioconda.

La pintura del Museo del Prado proviene de las colecciones reales españolas, pero se desconocen la fecha exacta de su ingreso en la pinacoteca y las circunstancias de su adquisición; tal vez se trate de una obra que aparecía citada en 1666 como un retrato femenino realizado por Leonardo. El Museo español decidió restaurar la pieza de cara a su exhibición en el Museo del Louvre de París, durante una exposición que tuvo lugar entre el 29 de marzo y el 25 de junio del año 2014. En la muestra, la obra del Prado se presentará junto con el retrato original de Leonardo, que se conserva en el museo parisino.

 

Mona Lisa (Restaurada) Anónimo, 1503 — 1516 Óleo sobre tabla de nogal • Renacimiento 76 cm × 57 cm Museo del Prado, Madrid, España

Mona Lisa (Restaurada)
Anónimo, 1503 — 1516
Óleo sobre tabla de nogal • Renacimiento
76 cm × 57 cm
Museo del Prado, Madrid, España

Una comparación fructífera

Ahora vemos la obra del Prado bajo una luz muy distinta, que nos revela multitud de detalles. La Gioconda del Prado, por ejemplo, mostraba un fondo opaco detrás de la mujer retratada, pero la restauración ha permitido recuperar el hermoso paisaje toscano que yacía bajo aquella pátina oscura. Este y otros elementos, como los ejes de la silla en que está sentada la enigmática dama o los adornos de la tela que cubren su pe -cho y sus hombros, proporcionarán a los especialistas un mayor conocimiento sobre la pintura original.

 

 

Mona Lisa (Original) Leonardo Da Vinci

Mona Lisa (Original)
Leonardo Da Vinci

 

 

Aspecto de la copia anterior a la restauración, con el fondo cubierto por el repinte oscuro.

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¡Orden de no tirar!

Publicado por El hijo del Ahuizote en mayo 3rd 2014

Salerno, 13 de Septiembre de 1943

 

La 82 división aerotransportada norteamericana se dispone a lanzar sus efectivos detrás de las líneas del general Clark, en un supremo intento por reforzar sus defensas y detener el ataque alemán. El general Ridgway, en un mensaje dirigido a Clark, le anuncia la decisión y además le dice
“Es de importancia vital que se ordene cesar el fuego esta noche a todas las fuerzas terrestres y navales de su zona y del Golfo de Salerno; un control estricto del fuego antiaéreo es absolutamente esencial para el éxito”.

Clark, en cumplimiento del pedido de Ridgway, tras impartir por escrito las órdenes correspondientes, decide reiterar verbalmente la disposición y, reuniendo a un grupo de oficiales de su Estado Mayor, les explica la misión y los envía a recorrer batería por batería, con el fin de comprobar que el fuego será interrumpido a partir de la medianoche, momento fijado para el lanzamiento.
Clark sabía que durante la invasión de Sicilia, los soldados de Ridgwa habían sido blanco del fuego antiaéreo de los artilleros aliados. Muchos hombres habían caído así, muertos por el fuego de sus propios camaradas. Clark sabía que el incidente no debería repetirse. Y todas las medidas que se-tomaran para evitarlo serían pocas.

Insignia de hombro de la 82 división aerotransportada

Insignia de hombro de la 82 división aerotransportada

Al llegar la medianoche, todas las bocas de fuego quedan silenciadas. La orden es terminante. No se debe hacer fuego contra nadie, sea quien fuere. En medio de la oscuridad, en silencio, las dotaciones de los antiaéreos escuchan atentamente los mil rumores que trae la noche. De pronto, inesperadamente, un sordo rugir de motores comienza a acercarse. Son diez, doce, quince aviones que se aproximan, regulando sus- motores. Los vigías, atentos, descubren en seguida una variante en la situación que altera los planes previstos. En efecto, las máquinas que se aproximan no pueden ser las que conducen a los efectivos de la 82 división. El rumor llega, precisamente, del lado opuesto… Son, indudablemente, los alemanes.
La formación germana sobrevuela las playas. Las primeras bombas comienzan a caer. Bengalas de iluminación descienden lentamente, provistas de paracaídas. Trazadoras de colores disparadas contra las baterías señalan los blancos. Y rápidamente se desata un verdadero infierno. Explosiones, repiqueteo de ametralladoras, rugir de motores lanzados a toda gas y ayes de heridos se entremezclan en trágica confusión. Pero las baterías permanecen silenciosas. Los hombres de las dotaciones, ciegamente aferrados a la orden recibida, resisten el deseo incontenible de oprimir los disparadores de sus armas. Y la incursión termina, al fin, cuando las máquinas germanas, sin una pérdida, se alejan del lugar.
Minutos después, rugiendo en lo alto, los motores de los aviones de transporte de la 82  aerotransportada sobrevuelan el lugar. Por escaso margen se ha evitado una verdadera matanza.

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