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El mundo en guerra Capítulo II

Publicado por El hijo del Ahuizote en marzo 3rd 2018

El mundo en guerra (The World at War) es una serie documental para televisión emitida entre 1973 y 1974 sobre la Segunda Guerra Mundial y los acontecimientos que condujeron a ella y los que ocurrieron inmediatamente después. Fue producida por Jeremy Isaacs, escrita y coproducida por Peter Batty y narrada por Lawrence Olivier. Carl Davis compuso su banda sonora. Un libro, El mundo en guerra, fue escrito por Mark Arnold-Forster como suplemento de la misma. Fue galardonada con el Premio Emmy.

La serie ha sido considerada a menudo como el mejor y definitivo documental sobre la historia de la Segunda Guerra Mundial hecho para televisión. También presentó raras imágenes de película en color de algunos de los acontecimientos de la guerra.

En una encuesta realizada en 2000 por el British Film Institute, en la que participaron profesionales de los medios de comunicación, sobre los 100 mejores programas emitidos en la televisión británica, The World at War quedó en la 19.ª posición.

Episodio II

Neville Chamberlain dijo en septiembre de 1938: “Es una lastima que tengamos que prepararnos nuevamente para una guerra por culpa de una disputa suscitada en un país lejano entre personas de las que no sabemos nada” Este seguía siendo el sentir un año después frente a la invasión Alemana sobre Polonia…

 

 

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El mundo en guerra Capítulo I

Publicado por El hijo del Ahuizote en enero 14th 2018

El mundo en guerra (The World at War) es una serie documental para televisión emitida entre 1973 y 1974 sobre la Segunda Guerra Mundial y los acontecimientos que condujeron a ella y los que ocurrieron inmediatamente después. Fue producida por Jeremy Isaacs, escrita y coproducida por Peter Batty y narrada por Lawrence Olivier. Carl Davis compuso su banda sonora. Un libro, El mundo en guerra, fue escrito por Mark Arnold-Forster como suplemento de la misma. Fue galardonada con el Premio Emmy.

La serie ha sido considerada a menudo como el mejor y definitivo documental sobre la historia de la Segunda Guerra Mundial hecho para televisión. También presentó raras imágenes de película en color de algunos de los acontecimientos de la guerra.

En una encuesta realizada en 2000 por el British Film Institute, en la que participaron profesionales de los medios de comunicación, sobre los 100 mejores programas emitidos en la televisión británica, The World at War quedó en la 19.ª posición.

 

Episodio I

 

La nueva Alemania – A New Germany (1933–1939)

Alemania, una nación condenada por la humillante derrota en la Primera Guerra Mundial, saliendo de una abrumadora depresión económica, fija su vista en un hombre para el renacer de la esperanza y la dignidad, resultando ese hombre ser Adolf Hitler. La historia de la Segunda Guerra Mundial empieza en los primeros años de la década de 1930, mostrando como Adolf Hitler subió al poder con el pleno soporte de millones de alemanes. Noticieros de la época y películas caseras hechas por Eva Braun, la amante de Hitler, muestran al Führer tal como debió aparecer ante su pueblo. La retrospectiva histórica y el conocimiento de lo que algunos miembros de la jerarquía nazi estaban haciendo, bajo la tapadera de una inteligente propaganda, da un aspecto muy siniestro a estas tomas. Este episodio nos muestra también imágenes del desfile, que el Museo Imperial de la Guerra ha catalogado con el nombre de “Cómo hacer un desfile”. Incluye testimonios de Ewald-Heinrich von Kleist-Schmenzin, Werner Pusch y Christabel Bielenberg.

 

 

 

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Fauld: El día que Inglaterra tembló

Publicado por El hijo del Ahuizote en noviembre 26th 2017

Además de las explosiones de las dos bombas atómicas en Hirosima y Nagasaki, durante la Segunda Guerra Mundial, se produjeron otras enormes deflagraciones, llamémosles convencionales, que incluso podrían rivalizar en potencia e intensidad con aquéllas. Una de las mayores explosiones no nucleares de todos los tiempos, y la mayor ocurrida en suelo británico en toda la historia, fue la ocurrida en Fauld (Inglaterra), que aunque fue de gigantescas proporciones, al ocurrir en tierra firme y en una región relativamente aislada (con lo que la tragedia fue menor de lo que hubiera podido ser), permitió a las autoridades británicas mantener el hecho durante varios años en secreto.
La gran explosión ocurrió en un gran depósito subterráneo de municiones que se extendía en un sector de unos 17.000 metros cuadrados y que la RAF (Royal Air Force) había construído en una mina de yeso abandonada al sur de la pequeña localidad de Fauld, en una zona rural del condado de Staffordshire, en el centro de Inglaterra (en la fotografías que ilustran este post, podéis observar, el interior del depósito de municiones donde se pueden ver las galerías subterráneas repletas de bombas apiladas).

El lunes 27 de noviembre de 1944, exactamente a las 11h11′ de la mañana, se produjo una gigantesca explosión que destruyó el depósito subterráneo de municiones, que en ese momento almacenaba 3.700 toneladas de bombas, municiones y explosivos. El cráter que se formó a consecuencia de la enorme detonación tenía más de 30 metros de profundidad y abarcaba una extensión de 5 hectáreas. Todo quedó completamente arrasado en un área de 1.200 metros (incluida una granja vecina y viviendas de varios pueblos cercanos), formándose dos gigantescas columnas de humo que ascendieron cientos de metros, además de producirse una gran inundación en la zona, al romperse un depósito de agua que contenía cerca de 500.000 metros cúbicos de agua.

La explosión, que pudo escucharse a 30 kms de distancia, acabó con la vida de 78 personas, entre miembros de la RAF, prisioneros italianos y empleados civiles que trabajaban en el almacén y vecinos de los alrededores. Hubo además decenas de heridos y afectados por la inhalación de humo. Sin duda, este trágico balance pudo calificarse de afortunado para el enorme daño que hubiera podido ocasionar la deflagración, de no contar con unas instalaciones tan fortificadas y profundas, y estar en una zona, más o menos aislada y deshabitada.

El accidente se mantuvo en secreto hasta después de la guerra, y no fue hasta el año 1974, es decir, 30 años después, cuando se hizo público, mediante un informe según el cual, la explosión fue causada por unas bombas que fueron sacadas de su almacén sin serles extraídos los detonadores antes de ser manipuladas. En un primer momento, se creyó que se trataba de ataque de bombas volantes V-2 o de un sabotaje a cargo de agentes enemigos, pero pronto se averiguó que se había tratado de un fatal accidente. Aún así, se decidió no hacer público el suceso para no dar una imagen de incompetencia e inseguridad en plena guerra, no afectar a la moral de victoria en un momento en el que esta parecía inminente y para que los alemanes no pudieran atribuirse la autoría de la explosión.

Si hubiese sido en los primeros meses de la guerra, en plena paranoia quintacolumnista, el gobierno británico lo habría tenido más fácil. Como ocurrió en enero de 1940, cuando hubo una serie de explosiones en una fábrica de explosivos en Waltham Abbey y el gobierno echó la culpa a saboteadores enemigos en lugar de reconocer que había sido un accidente. Eso le costó el puesto al jefe del MI-5, por su supuesta incapacidad de evitar las acciones de los agentes alemanes en suelo británico. En cambio, en el caso de Fauld, en su deseo de tapar discretamente el asunto, las autoridades militares no depuraron responsabilidades por ese gravísimo error en el cumplimiento de las medidas de seguridad que debían tomarse. Es más, el responsable del depósito no sólo no fue reprobado sino que incluso sumaría después un ascenso en su carrera.

Pese a los daños causados en las instalaciones, la RAF seguiría utilizando el depósito de munición hasta el año 1966. Entre 1967 y 1973, el recinto fue cedido al Ejército norteamericano para almacenar explosivos, trasladados desde Francia después de que el gobierno galo decidiese abandonar la estructura militar de la OTAN. Después la zona fue abandonada.

Actualmente, el área es de acceso público. Un monolito, en el que están grabados los nombres de las víctimas de la explosión, recuerda al visitante lo ocurrido el 27 de noviembre de 1944. Han crecido árboles en el interior del enorme cráter y éste casi llega a confundirse con el paisaje del condado de Stafforshire, pero todavía hay artefactos explosivos enterrados en el lugar de la explosión, lo que es advertido con las señales de peligro correspondientes. A pesar del incuestionable riesgo que entraña la presencia de esa munición sin estallar, las autoridades han renunciado a extraerla y desactivarla debido al enorme coste económico que ello supondría.

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El Milagro de Dunkerque

Publicado por El hijo del Ahuizote en agosto 5th 2017

La milagrosa evacuación de las tropas aliadas en Dunkerque – una ciudad portuaria francesa cercana a la frontera con Bélgica – llevada a cabo entre el 26 de Mayo y el 4 de Junio de 1940, puede considerarse no sólo la primera victoria moral de los Aliados durante la Segunda Guerra Mundial, sino también uno de los mayores errores estratégicos por parte del bando alemán durante el conflicto.

Aunque puede parecer un poco aventurado calificar una retirada como una victoria – el propio Churchill, pese a congratularse del éxito obtenido, dijo en un discurso ante la Cámara de los Comunes que “las guerras no se ganan con evacuaciones” -, lo cierto es que la proeza de conseguir evacuar más de 300.000 soldados, la mayoría de ellos británicos, supuso un evidente alivio para los Aliados, levantando la moral de las tropas. No en vano, muchos de los soldados evacuados en Dunkerque, regresarían 4 años más tarde a Francia, iniciando la liberación del país y del resto de Europa Occidental.

Tras el irresistible empuje alemán en Bélgica, y previendo las dificultades de un posible repliegue hacia Francia, el comandante en jefe de la Fuerza Expedicionaria Británica, el mariscal John Gort esbozó un plan para evacuar sus tropas de regreso hacia su patria. Los preparativos de la citada evacuación comenzaron el día 19 de Mayo de 1940, pero los británicos quedaron a la espera del resultado del proyectado contraataque francés contra el flanco norte de las tropas alemanas. El contraataque nunca se produjo, y el día 24 de Mayo se dio desde Londres la autorización para dar comienzo a la Operación Dynamo, que es el nombre que recibiría el plan ideado por Gort.

Un día antes, el 23 de Mayo, los blindados del Grupo de Ejércitos A de la Wehrmacht al mando del general Gerd von Rundstedt, recibieron de Hitler la orden de detenerse a escasos 30 kms. de Dunkerque. Rundstedt protestó formalmente contra dicha orden, por considerarla totalmente inconcebible militar y estratégicamente hablando, pero fue confirmada por telegrama, ordenando el Führer que se cumpliese al pie de la letra. Esta decisión sería crucial para el éxito de la evacuación aliada, ya que concedió un respiro de tres días a las exhaustas tropas aliadas para fortificar las últimas líneas de defensa destinadas a contener a los alemanes mientras se producía la evacuación.

No sólo von Rundstedt expresó su enfado, otros generales como Von Kluge, Von Kleist o Guderian, lamentaron que se les ordenase detenerse cuando estaba tan cerca la posibilidad de aplastar a los Aliados, que se encontraban en una precaria situación. El Führer para justificar su decisión argumentó que el terreno que rodeaba a Dunkerque, al ser húmedo, blando y con numerosos setos en los campos, era desfavorable para el uso de blindados, que además no podían contar con el adecuado apoyo de la infantería que en aquel momento se encontraba algo más retrasada. Por otra parte, afirmaba que el número de unidades panzerhabía disminuido en el curso de la campaña, de manera que continuar el avance podría perjudicar la segunda fase de la operación, hacia el sur de Francia.

Sin embargo, estas razones no convencieron en modo alguno a los generales de las divisiones blindadas, pues aunque coincidían en que los alrededores de Dunkerque no eran los más favorables para los tanques, terrenos mucho más difíciles no habían supuesto ningún obstáculo para los panzerdurante la invasión de Polonia. Y en cuanto a la disminución de efectivos debido al vertiginoso avance, la mayoría de bajas se debían tan sólo a contratiempos de carácter técnico que podían ser reparados en un plazo máximo de 24 horas.

Por eso se barajan otros motivos para que Hitler adoptara esa inexplicable decisión. En primer lugar se especula con que el dictador germano no quiso humillar excesivamente a los británicos, con vistas a obtener un futuro tratado de paz con esta nación, con la que no deseaba la guerra. Esta explicación fue ofrecida por el propio von Rundstedt en los Juicios de Nuremberg. Otros generales alemanes indicaron que la causa final de la decisión de Hitler estuvo en que, Hermann Göring, el comandante en jefe de la Luftwaffe aseguró que podía aniquilar completamente a las fuerzas aliadas que se habían concentrado en la costa a la espera de ser evacuados con el empleo de la aviación. Así, el general Warlimont, jefe de operaciones del Cuartel General de la Wehrmacht comentó: “A mi me comentaron otra razón, según la cual Hermann Göring dio seguridad al Führer de que sus fuerzas aéreas completarían el cerco”. El general Heinz Guderian también coincidiría con esta apreciación al estimar que “fue la vanidad de Göring la causa de la fatal decisión de Hitler.”

Otra opción barajada, aunque nunca confirmada, es el hipotético deseo de Hitler de esperar a su división favorita, la SS Leibstandarte Adolf Hitler, para evitar que la Wehrmacht acaparase todos los honores de la captura. Pero la más reciente investigación histórica sostiene que el avance no prosiguió por razones exclusivamente militares y no políticas.

A las 23:30 horas del 26 de Mayo comenzó oficialmente la Operación Dynamo. Bajo un intenso fuego de artillería de las baterías alemanas y bombardeos de los aviones Luftwaffe – entre los que se encontraban los temibles bombarderos en picado Stuka – miles de soldados ingleses, franceses y belgas aguardaban su turno en la playa de Dunkerque para embarcar, mientras 7 divisiones francesas ofrecían resistencia en los 80 km del frente y un batallón de infantería británico resistía en las paredes de la bolsa.

La Royal Navy había preparado una flota con 40 destructores y 130 barcos mercantes y de pasajeros, que debían embarcar las tropas en condiciones muy precarias: el puerto de Dunkerque había sido devastado por la Luftwaffe y las aguas de la zona son muy bajas, por lo que sólo estaba practicable la zona exterior durante la marea alta. Así que durante la operación se utilizó un gran número de barcos de poco calado – lanchas, pesqueros o barcas de recreo – para transportar a los soldados desde la playa hasta los barcos de la Marina Inglesa, que permanecían en alta mar defendiéndose de los bombardeos de la aviación alemana con sus propias baterías antiaéreas. Las pequeñas embarcaciones atracaban en improvisados muelles y espigones formados por vehículos y chatarra de todo tipo, que era colocada en fila, adentrándose en el mar. En sus viajes desde la playa a los barcos y viceversa, estos little ships debían sortear todo tipo de desperdicios, equipamientos, chatarra y barcos hundidos, así como cadáveres y restos humanos, todo ello bajo el constante hostigamiento de la artillería y aviación nazis (sin olvidar las minas alemanas y los submarinos y lanchas torpedera enemigas).

En las playas se vivieron escenas dramáticas, cundiendo el pánico y la desesperación entre los soldados aliados, produciéndose incluso discusiones entre los mandos británico y francés sobre la preferencia de unas tropas sobre otras a la hora de embarcar. El mariscal Gort, dado que los barcos eran fundamentalmente británicos, consideró que sus soldados debían ser embarcados primero, mientras que los franceses debían luchar para mantener el perímetro defensivo. Ello dio lugar a que se acuñara la célebre frase: “los ingleses resistirán hasta el último francés”.

El 1 de Junio, el intenso castigo al que estaban siendo sometidos los puntos de embarque de las tropas aliadas marcaron el final de la Operación Dynamo, que concluyó oficialmente en la noche del 2 de Junio. No obstante, las labores de evacuación continuarían hasta las 15:00 horas del día 4, cuando el destructor Shikari partió de Dunkerque con los últimos evacuados que habían estado encargados de resistir frente a los alemanes.

La operación, que en un principio estaba ideada para evacuar 50.000 hombres en 5 días, había superado las expectativas. Las cifras de evacuados fueron realmente espectaculares: un total de 338.872 soldados, de los cuales 215.787 eran británicos de la Fuerza Expedicionaria y el resto franceses y belgas. El resto de las tropas británicas que quedaron en Dunkerque decidieron rendirse a los alemanes, mientras que las tropas francesas optaron por abrirse paso hacia el Sur, pero finalmente tuvieron que rendirse. En total, los alemanes capturaron unos 22.000 prisioneros.

No obstante, pese al éxito de la evacuación, las pérdidas materiales de los Aliados fueron cuantiosas: 700 tanques – incluyendo 100 de los nuevos tanques británicos Mathilda Mk I -, 2.400 cañones y 50.000 vehículos de todo tipo, quedaron abandonados o destruidos en Dunkerque. Por lo que respecta a la flota aliada, los británicos perdieron en la Operación Dynamo 5 destructores, 30 buques diversos y 170 embarcaciones menores, mientras que los franceses perdieron otros 5 destructores y 60 barcos de todo tipo.

La operación, bautizada por la prensa británica como “El Bendito Milagro de Dunkerque“, supuso una luz de esperanza en medio del estrepitoso fracaso en la defensa de Francia y permitió a los británicos mantenerse vivos en el conflicto. La decisión alemana de destruir a los Aliadosmediante la aviación fue un grave error de cálculo. Aunque el blanco del ataque parecía fácil (un número ingente de soldados, agrupados o en largas filas aguardando para embarcar en una superficie reducida) lo cierto es que las profundas arenas de las playas, capaces de engullir las bombas y absorber tanto la metralla como la onda expansiva, fueron fundamentales para minimizar los muertos y heridos. Por otra parte los aviones alemanes no disponían de bombas precisas para llevar a cabo un ataque efectivo contra los buques de rescate.

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Babi Yar, la trastienda del Holocausto

Publicado por El hijo del Ahuizote en mayo 14th 2017

El 26 de septiembre los nazis decidieron exterminar a la población judía de Kiev. Más de 33.000 personas fueron asesinadas en dos días

Eran llevados al borde del barranco desnudados y asesinados. Ucrania y otros territorios soviéticos fueron el ‘laboratorio’ de la Solución Final

Un judío asesinado en Vinittsa, Ucrania, en 1941.

Un judío asesinado en Vinittsa, Ucrania, en 1941.

Babi Yar es una herida ucraniana, una hemorragia de hasta 100.000 almas que ya no pueden ser vengadas. Fue el primer plato del Holocausto judío, cocinado con macabra eficiencia por los comandos de ejecución nazis en sólo dos días a las afueras de Kiev, la capital de la actual Ucrania. Este lugar será siempre un hoyo silencioso, donde entre hierbas salvajes el genocidio se alió con la orografía: todavía se abre el mismo vacío que entonces al borde de este barranco, el justo para que el cuerpo recién ametrallado ruede cuesta abajo con el resto de infelices.

El 22 de junio de 1941 las tropas de la Alemania nazi y sus aliados invadieron la Unión Soviética en la denominada Operación Barbarroja: hay fotos de judíos ucranianos cavando sus propias tumbas en Storow, Ucrania, ya en el mes de julio. El horror a partir de entonces no dejó de ir en aumento.

Babi Yar significa “barranco de la abuela” y cerca de él estaban situados un psiquiátrico y una cárcel. Imposible hallar un lugar mejor no lejos del centro de Kiev: sin testigos, sin interrupciones. El aperitivo llegó el 27 de septiembre, cuando fueron asesinados 752 pacientes de la clínica psiquiátrica: “Basura humana”, fue la etiqueta que se les puso. El general Kurt Eberhard y el comandante de la policía del ejército del Grupo Sur, Friedrich Jeckeln, tomaron la decisión de borrar del mapa a los judíos de los alrededores.

La Shoah de las balas

En 1939 había 175.000 judíos en Kiev, representaban el 20% de la población, aunque cuando llegaron los alemanes ya habían huido muchos, dejando la cifra en algo más de 50.000. El autor ruso Vasily Grossman escribió que hubo dos Shoah: la perpetrada mediante las balas y la segunda mediante el gas. Babi Yar fue la puesta de largo del genocidio a través del plomo. Ahí fueron claves los 3.000 hombres Einsatzgruppen, los conjuntos de escuadrones de ejecución itinerantes especiales formados por miembros de las SS, y otros integrantes de la policía secreta de la Alemania nazi. Había cuatro en total, el Einsatzgruppe C fue asignado a Ucrania con el Grupo de Ejércitos Sur. Contaba con los Sonderkommandos 4a y 4b, que se encargaban de concentrar a la población que había que ejecutar, y los Einsatzkommandos 5 y 6, que fusilaban a destajo. Las otras formaciones, las de primera línea, no solían tomar parte en las masacres.

Con la guerra en marcha, el objetivo era la limpieza étnica para asegurar la “seguridad política” de los territorios conquistados. Los criterios se fueron ampliando desde la invasión de Polonia, y cuando los ejércitos alemanes cruzaron la frontera el 22 de junio de 1941 comenzó el exterminio de varones judíos. El 16 de julio de 1941 Hitler reunió a sus colaboradores para explicarles que Ucrania sería una joya del imperio nazi, administrada por las SS y otros cuerpos de seguridad.

A finales de agosto de 1941 estaba ya bastante claro que Kiev acabaría en manos de los alemanes. Tras muchas dudas por parte de Stalin, Mijail Kirponov, general a cargo de la zona, recibió la orden de retirarse de Kiev el 17 de septiembre. El 19 los nazis habían llegado a las afueras de la ciudad y algunos barrios cercanos al centro, y el día 21 los ciudadanos escucharon por radio una voz de la Sovinformbureau, la oficina de información, diciendo que las tropas soviéticas dejaban la ciudad. Llevaban semanas diciéndoles que eso jamás ocurriría.

En la capital muchos tenían familiares en el Ejército rojo. Pero también muchas familias habían sido diezmadas por las hambrunas y la colectivización forzada de los años 30, que habían causado más de tres millones de muertos. La situación entre los soldados del Ejército rojo a cargo de la defensa de la ciudad era muchas veces de desamparo, conduciendo a autolesiones que, años después, llaman la atención entre tanta estadística: de casi 500 heridos en varios hospitales de Kiev, nada menos que 460 presentaban un balazo en el brazo izquierdo.

De la concentración a la eliminación

Había un antibolchevismo notable y muchos ciudadanos de la capital dieron la bienvenida a los alemanes. Pensaron que les librarían de la opresión del estalinismo. Otros se alegraron de que por fin alguien pusiese ‘en su sitio’ a sus vecinos judíos, a los que la propaganda soviética había acusado mediante rumores de ser los causantes de las hambrunas que había provocado la colectivización agraria.

También jugaba a favor de los nazis el recuerdo de lo ocurrido durante la Primera Guerra Mundial, cuando los alemanes ocuparon la ciudad y emitieron una orden para intentar evitar el ataque a cualquier minoría, incluida la judía: “Alemania era una ‘nación europea’, y por eso pensaban que una ocupación de los nazis no podía ser peor que la de los bolcheviques“, explica Victoria Khiterer, especialista en historia de los judíos.

La inquietud había subido sin cesar desde el anuncio de la incursión nazi. Pero las víctimas difícilmente podían imaginar el calibre de lo que se avecinaba. “Babi Yar es la mayor masacre en un periodo de tiempo tan corto”, explica el historiador Per Anders Rudling. Los especialistas se han preguntado por qué con el avance sobre Ucrania cambió la política de los nazis respecto a los judíos: se pasó de concentrarlos a asesinarlos a marchas forzadas. Una de las razones que se apuntan es que al alcanzar la guerra una escala global los planes de enviar los judíos lejos de Alemania (Madagascar era una de las opciones) se tornaron muy complicados.

Ucrania, Bielorrusia y otros territorios soviéticos fueron así el ‘laboratorio’ del Holocausto. Se decidió matar a todos: hombres, mujeres y viejos. Y niños también, porque de lo contrario después de haber contemplado aquello podrían volver para vengarse cuando fuesen mayores. En Kaunas (Lituania) se había aniquilado a 3.800 judíos. Después, en Ucrania occidental, les llegaría el turno a 24.000.

Las víctimas eran obligadas a cavar su propia tumba. Si era una fosa común, debían ir acostándose desnudos sobre los cadáveres fusilados anteriormente pero en sentido contrario: la cabeza coincidiendo con los pies de los de abajo. Los nazis lo llamaban “formación lata de sardinas”.

Pero en el caso de Kiev el barranco de Babi Yar el relieve aportaba una solución perfecta. Los guardias les conducirían hasta el punto exacto donde los iban a matar y les ordenarían que se quitasen la ropa. Mucha sería confiscada, aunque también los desnudarían para comprobar que no llevaban consigo dinero o algún objeto valioso.

La orden del exterminio

La impresión generalizada, y errónea, era que se estaba preparando una deportación masiva. Así que a la mañana siguiente, decenas de miles de judíos se presentaron en el lugar indicado. Algunos llegaron con mucha anticipación para asegurarse de que no les quitaban el sitio.

Las dos calles confluyen cerca de un cementerio: allí los niños lloraban y los adultos los intentaban tranquilizar. La gran masa de gente se movía muy despacio, algunos se impacientaban. A la altura de la verja del cementerio judío, unos pocos metros después, había que dejar el equipaje: como si fuese a ir en un vagón especial. Pero desde esa distancia ya se oían las ametralladoras, lo que levantaba las primeras sospechas. Pero en la cara interior de la verja se había colocado un puesto de control donde se pedía la identificación a todo el que intentase volver afuera. Si era judío, debía regresar con el resto.

Cada persona que llegaba a la primera línea era colocada con otros formando grupos de diez. Había que pasar por un pasillo formado por soldados alemanes que llevaban garrotes en las manos. Muchos estaban medio borrachos para poder cumplir así su lúgubre tarea: matar a sangre fría a civiles indefensos.

Desnudados al borde del barranco

“Schnell, schnell!”, [¡rápido, rápido!] gritaban, conduciendo a la gente hasta una zona de hierba. Allí se pedía al cada uno de los miembros de grupo que se desnudase y si alguien se mostraba reticente era apaleado de nuevo. Los guardias estaban borrachos de furia, poseídos por el sadismo.

Ante ellos sólo quedaba el destino final, el barranco de Babi Yar. Los judíos eran colocados en el borde y se les disparaba sin contemplaciones. Sus cuerpos rodaban hacia el fondo del barranco. Anatoly Kuznetsov, en su libro ‘Un documento en forma de novela’, recuerda el testimonio de una mujer judía que logró escapar y pudo describir después la escena: “Miró hacia abajo y sintió un mareo, tenía la sensación de estar muy alto. Bajo ella había un mar de cuerpos cubiertos de sangre”.

Hay un informe de situación, el 101, del Einsatzgruppe destacado en Kiev. Entre el 29 y el 30 de septiembre 33.771 judíos fueron ejecutados. Pero las matanzas fueron mayores, hasta 50.000 judíos por lo menos durante esos días. Y seguirían en los meses siguientes con otras minorías.

A mediados de 1943 los alemanes estaban en retirada. Los soviéticos avanzaban por el oeste, y los nazis pensaron en esconder su culpa. Se escogió a 100 prisioneros del campo de concentración de Syretsk, situado cerca de Babi Yar. Caminando rumbo al barranco, estaban seguros de que los iban a matar. En lugar de eso, les sirvieron la cena.

Rebuscar entre los muertos de la fosa

Les esperaba la labor más desagradable. Primero excavar en la fosa común, en la que se habían alternado varias capas de basura y las de muertos. Después, sacar los cadáveres (la mayoría de los cuales llevaba dos años enterrados), que en algunos casos estaban enredados y eran difíciles de separar: los nazis diseñaron un arpón especial que los enganchaba tirando de la barbilla, pero algunas veces salían tres unidos que había que cortar con hachas. Las capas de gente enterrada abajo del todo tuvieron que ser dinamitadas. Después había que buscar si llevaban algo de oro o si todavía llevaban alguna prenda puesta, pues la norma de desnudar a los que se iba a fusilar se había relajado en los últimos grupos.

Después los quemaron, hasta 2.000 cada vez, con los cuerpos colocados en capas. Los pies de los de arriba coincidiendo con las cabezas de los de abajo. Cada dos capas de cuerpos, una de leña. De todo el proceso todavía quedaron huesos de gran tamaño que fueron machacados con losas del cementerio judío cercano. Había que destruir cualquier evidencia, pero las llamas se veían desde el centro de Kiev. Una generación entera las recordaría para siempre.

Tras seis semanas trabajando, los prisioneros encargados de esta tarea decidieron fugarse. Conservaron algunos objetos que encontraron entre las ropas de los muertos que podían servir para abrir los cierres de los grilletes y para atacar a los guardias. Prepararon la fuga durante un tiempo, hasta que una noche un guardia les dijo que al día siguiente iban a ser ejecutados. En la oscuridad de la noche, corrieron en masa sin que el guardia que estaba a cargo de la ametralladora se atreviese a disparar, puesto que sus propios compañeros estaban entre medias. Según ha detallado Jennifer Rosenberg, historiadora especializada en el siglo XX, sólo 15 lograron escapar.

La matanza de prisioneros de guerra, gitanos, enfermos

Babi Yar fue un sumidero que se fue tragando todo lo que los nazis detestaban. Tras la masacre los nazis siguieron matando en ese barranco hasta casi el día en el que se marcharon: prisioneros de guerra soviéticos, gitanos, enfermos mentales y también integrantes de la ‘resistencia’ ucraniana.

Se calcula que pudieron haber muerto allí entre 70.000 y 120.000 personas, aunque algunos elevan la cifra hasta 200.000. El autor Ilya Ehrenburg describió el dramatismo de aquellos días en su novela ‘La tormenta’ en 1947: una niña suplicando sin éxito que la dejasen vivir, un abuelo ametrallado por no entender bien las explicaciones, familias despidiéndose de rodillas en el suelo, heridos enterrados vivos

En 1959 Viktor Nekrasov se lamentaba en las páginas de ‘Literaturnaya Gazeta’ de que no se hiciese nada por recordar lo ocurrido en Babi Yar. Las autoridades barajaban por aquellas fechas transformar el barranco en un estadio de deportes. “Quisieron edificar, pero Dios protege esto”, explica Vera, una anciana de 70 años que cuida de una iglesia ortodoxa situada en la zona. Al fondo del camino hay una sinagoga que ha sido víctima de actos vandálicos varias veces: “Han dibujado esvásticas y cosas peores”, dice meneando la cabeza.

Moscú siempre esquivó la dimensión antisemita de la matanza. Pero un poema, titulado precisamente ‘Babi Yar’ y escrito por Yevgeny Yevtushenko, denunció en 1961 que las autoridades estaban mirando para otro lado mientras la generación que lo había vivido se hacía vieja rumiando en silencio.

A continuación llegó Dimitri Shostakovich con su 13ª sinfonía, una vibrante pieza musical que, usando esa misma poesía, estaba consagrada a inmortalizar esa tragedia. Se escuchó por primera vez en Moscú en 1962. Tanto Yevtushenko como Shostakovich fueron reprendidos por las autoridades soviéticas por su “cosmopolitismo”. El gobierno de la URSS erigió por fin un monumento en 1976 para recordar a “los ciudadanos soviéticos” que perdieron sus vidas. Hubo que esperar a 1991, con la URSS ya finiquitada, para que se recordase allí, 50 años después de la tragedia, la masacre de judíos.

La ayuda ucraniana

Todavía hoy existe controversia. “Recientemente el presidente ucraniano, Petro Poroshenko, ha rendido homenaje a los judíos y los nacionalistas ucranianos, pero mientras que los primeros murieron por miles los otros murieron por decenas, tal vez centenas, y además jugaron un importante papel ayudando a perpetrar aquellos crímenes”, critica Per Anders Rudling, que ha dedicado parte de su vida a estudiar el nacionalismo ucraniano. Natalia Antonova, que perdió a familias de sus abuelo, opina en un café de Kiev: “Hay una ola de revisionismo imparable”:

Jessica Milstein es nieta de supervivientes del holocausto. Anna Tsesarsky su abuela, logró sobrevivir a las atrocidades de aquel septiembre negro y todavía hoy le resulta muy amargo remover aquellos recuerdos. Su hermano, su padre y su tío se presentaron en el lugar señalado por los nazis, las noticias sobre las brutales matanzas de judíos todavía no habían llegado a Kiev. En Kiev, recuerda, los asesinatos se llevaron a cabo “con la ayuda de ucranianos“. En algunos casos era nacionalistas que creían así poder echar a los soviéticos, aunque Hitler rechazaba de plano una Ucrania independiente. En otros casos era solamente por la promesa de los guardias alemanes de que podrían robar las pertenencias de los fusilados. Y mientras tanto la policía ucraniana ayudaba a vigilar a los judíos que iban de camino a este matadero.

Babi Yar fue un lugar de ejecución durante meses. Hasta el día de la liberación de Kiev por el Ejército rojo, el 6 de noviembre de 1943, unos 200.000 murieron en Babi Yar y sus alrededores. No quedaron más que unos pocos centenares de judíos en la ciudad. Y muchos se marcharon lejos. Anna Tsesarsky acabó en Estados Unidos.

En Denver, cada año se conmemora la matanza junto a un monumento. Jessica Milstein, su nieta, ha heredado una misión en nombre de todos esos cuerpos inertes enredados desnudos bajo la arena: la memoria. “Como adolescente”, explica mientras cuida a la matriarca, “pasé noches enteras hablando de Babi Yar con mi abuela, cómo y por qué sucedió, por qué no hay que olvidar ni dejar que suceda, y creo que la necesidad de contarlo es hoy más fuerte que nunca”. En el fondo de este barranco la tierra todavía parece removida, agitada por todo lo que esconde.

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Los Comandos “Brandenburg”

Publicado por El hijo del Ahuizote en marzo 26th 2017

El origen de esta unidad alemana de comandos de élite debemos buscarlo en las ideas de Theodor von Hippel, un especialista en operaciones especiales durante la Primera Guerra Mundial, quien durante dicho conflicto acumuló una gran experiencia en la realización de ataques sorpresa tras las líneas enemigas, particularmente en Sudáfrica Oriental. Von Hippel (en la fotografía de aquí abajo) había estudiado profundamente las tácticas de guerrilla de T. H. Lawrence, que consistían atacar y escapar rápidamente. Tras la Gran Guerra, von Hippel ingresó en los servicios de inteligencia alemanes y presentó a sus superiores una serie de innovadoras ideas y tácticas, entre ellas, la formación de una unidad de élite entrenada especialmente para adentrarse en territorio enemigo antes de una ofensiva para asegurar objetivos estratégicos; sin embargo, sus proyectos no fueron tenidos en cuenta. La idea colisionaba con el protocolario sentido prusiano del honor. Tales unidades, creían la mayoría, serían una infracción de las reglas de la guerra y, además, tales saboteadores no serían dignos de ser llamados soldados.

Con la creación del Abwehr, el servicio de inteligencia militar de la Alemania nazi bajo el mando del almirante Wilhelm Canaris, las ideas de von Hippel fueron recibidas con los brazos abiertos y se le autorizó a formar un grupo de “soldados especiales” al cual debía entrenar de manera acorde a las operaciones que  proponía (sabotaje, captura de puentes y cruces carreteras, aseguramiento de objetivos estratégicos, demolición y eliminación selectiva de personas). Von Hippel rastreó las fronteras de Alemania para encontrar individuos de origen alemán (volkedeustche), eslavos u otros grupos étnicos. Cada miembro de la unidad tenía que hablar con fluidez una lengua extranjera, ya sea checo, ruso, letón, lituano, finés, estonio, polaco, ucraniano o rutenio, y tenían que conocer bien las costumbres del país o región donde se infiltrarían y los hábitos locales y comportamientos de los nativos.

En octubre de 1939, se dio a la unidad el inocente nombre de Bau-Lehr-Kompanie 800 (800ª Compañía de Demostración de Construcciones). En enero de 1940 fue reestructurada como Bau-Lehr-Bataillon zbV 800 (Batallón 800 de Demostración de Construcciones para Aplicaciones Especiales). El batallón estaba formado por 4 compañías, un pelotón de motocicletas, otro paracaidista y otros pelotones especializados. Dado que tenían su cuartel general en Branderburgo, la unidad fue conocida como “Brandenburg” y sus efectivos recibieron el apelativo de “brandenburgers”.

Los “Branderburgers” tuvieron una intervención destacada en la campaña del oeste. Así por ejemplo, dos noche antes de la invasión de Bélgica y Holanda, el 8 de mayo, vistiendo uniformes holandeses, cruzaron secretamente la frontera. Uno de sus objetivos era el puente sobre el río Mosa en la ciudad de Gennep (Holanda). A las 2:00 horas del 10 de mayo, el teniente Wilhelm Walther dirigió a su destacamento de 8 hombres en un intento de capturar el puente intacto tras obtener información sobre donde habían sido situadas las cargas de demolición. Disfrazados como policías militares holandeses escoltando a varios “prisioneros alemanes”, los “Brandenburgers” sorprendieron a los defensores del puente. Dos puestos de guardia fueron inmediatamente destruidos, pero tres hombres fueron heridos, y los puestos al otro lado del puente aún no estaban bajo control alemán. Vestido con un uniforme holandés, Walther avanzó atrevidamente, y los defensores vacilaron. Sacando provecho de este error, el resto de los comandos destruyeron los puestos de guardia restantes y cogieron el detonador conforme los primeros panzer rodaron por el puente.

Los comandos “Brandenburg” (en la foto, vistiendo uniformes belgas) combatieron en prácticamente todas las campañas de todos los frentes. En el batallón estaban representadas muy diversas capacidades y habilidades lingüísticas, y se pretendía utilizar a los miembros de la unidad angloparlantes, con uniforme británico, como avanzada de la fuera de invasión si se llevaba a cabo la “Operación León Marino”. Cuando Hitler volvió su atención al sur, hacia los Balcanes, durante la “Operación Marita”, de nuevo, los “brandenburgers” –ahora organizados como un regimiento- abrieron el camino a sus ejércitos. El 5 de abril de 1941, un día antes de la invasión de Grecia y Yugoslavia, un destacamento de 54 hombres aseguraron los muelles en Orsova, en el río Danubio. Otra unidad capturó el puente sobre el río Vardar en Grecia, cerca a Salónica durante la ofensiva alemana. También estuvieron en Atenas antes que llegaran las fuerzas alemanas, procediendo luego a izar la bandera con la esvástica sobre la Acrópolis.

Después de la invasión de la URSS en junio de 1941, miembros de la unidad disfrazados con uniformes soviéticos (en las imágenes de aquí arriba) se infiltraron en las columnas de heridos enemigos que se retiraban del frente para poder moverse libremente por la retaguardia enemiga y tomar el vital puente sobre el Daugawa en Dünaburg (Daugavpils, Letonia). El regimiento rara vez operaba como una unidad, pues su particular naturaleza obligaba a destacar sus elementos para realizar operaciones especiales en varios frentes. A comienzos de agosto de 1941, un destacamento  de 62 bálticos y sudetes alemanes dirigido por el barónAdrian von Fölkersam (en la fotografía bajo este párrafo) penetró más lejos en territorio enemigo que ninguna otra unidad Brandenburgo,  con el fin de capturar y asegurar los campos petrolíferos de Maikop. Utilizando camiones del Ejército Rojo y los uniformes del NKVD, Fölkersam se infiltró en las líneas soviéticas. Inmediatamente se toparon con un gran grupo de desertores soviéticos, y Fölkersam vio una oportunidad para utilizarlos. Persuadiéndolos de retornar a la causa soviética, fue capaz de unirse a ellos y moverse casi a voluntad a través de las líneas rusas hasta llegar a Maikop.

Una vez allí, haciéndose pasar por el mayor Truchin de la NKVD, se entrevistó con el comandante del puesto y lo convenció para que lo guiara en un recorrido para inspeccionar las defensas de la ciudad. Este, muy contento por complacer a un alto oficial de la NKVD aceptó de buen grado, discutiendo incluso las ventajas y desventajas de los sistemas de defensa. El 8 de agosto, la Wehrmacht estaba sólo a 20 kms, por lo que los “brandenburgers” hicieron su jugada. Usando granadas para simular un ataque de artillería, destruyeron el centro de comunicaciones de la ciudad. Fölkersam fue a los diferentes puestos de  mando de la ciudad informando a los oficiales soviéticos que se estaba realizando una retirada general. Como lo habían visto con su propio comandante visitándolos, y careciendo de comunicaciones para refutar o confirmar su declaración, los soviéticos comenzaron a evacuar Maikop. El Ejército Alemán entró en la ciudad sin pegar un solo tiro el 9 de agosto de 1942.

En 1942 la unidad madre fue aumentada hasta las dimensiones de una división, y entre los elementos añadidos había un destacamento de incursión costera (Kuestenjaegerabteilung) formado con voluntarios de la Kriegsmarine que operó en la costa del Mar Negro y del Mar de Azov, y un batallón de voluntarios ucranianos. Sus destacamentos operaron nuevamente en los Balcanes a finales de 1943, donde se vieron envueltos en acciones contra los partisanos en Grecia y Yugoslavia y tuvieron una intervención destacada en la captura de las islas de Kos y Leros a los británicos. Elementos de la división tomaron parte en la ocupación de Budapest en marzo de 1944, y también, muy activamente, en la “Operación Rösselsprung”, el intento de capturar a Tito en su cuartel general de Dvar. 

Durante la investigación del intento de asesinato de Hitler el 20 de julio de 1944 se reveló la implicación de varios miembros de la unidad. Habiendo perdido la confianza en esos comandos de élite, Hitler transfirió la responsabilidad de las operaciones especiales, que siempre habían quedado en manos de los “brandenburgers”, a unidades de comandos de las SS bajo el mando del SS-Obersturmbannführer Otto Skorzeny. Aunque muchos decidieron ingresar en los comandos de Skorzeny, otros permanecieron en la División “Branderburg”, que en octubre de 1944 fue convertida en una Panzergrenadier-Division ordinaria, y quedó lista para entrar en acción en su nueva función en diciembre de 1944. Tras entrar en combate en el Frente Oriental, que se desmoronaba rápidamente, sus efectivos fueron cayendo de manera continua y la guerra acabó para la división en Moravia. Muchos de sus supervivientes fueron hechos prisioneros por el Ejército Rojo o murieron a manos de checos ávidos de venganza; pero algunos, recurriendo a su antigua habilidad para las operaciones especiales, consiguieron escapar al oeste haciéndose pasar por refugiados.

Algunos terminaron prestando sus servicios en otros países. Los servicios de información de las potencias vencedoras estaban dispuestos a emplear a los “brandenburgers” que estuvieran dispuestos a adoctrinarse. Estadounidenses y rusos emplearon sin duda a algunos de ellos. Los nuevos estados africanos se sirvieron para los sucesivos golpes de estado de muchos profesionales de la unidad. El jefe de los servicios de seguridad del presidente de Indonesia, Achmed Sukarno, era un “brandenburger”.Mao Tse-tung y el separatista congoleño Tshombé fueron asesorados por “brandenburgers” y muchos otros terminaron en Egipto luchando contra los judíos.

 

Fuentes:
Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: “La ‘Panzer Lehr’ y otras unidades de élite alemanas” de Gordon Williamson
http://www.exordio.com/1939-1945/militaris/fuerzas-armadas-GER/brandenburg1.html
http://www.exordio.com/1939-1945/militaris/fuerzas-armadas-GER/brandenburg2.html
http://www.forosegundaguerra.com/viewtopic.php?t=199

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Coreanos en Normandía

Publicado por El hijo del Ahuizote en febrero 5th 2017

Cuando la Wehrmacht invadió la URSS (“Operación Barbarroja”), se enorgullecía de su “pureza racial”. Sin embargo, pronto se encontró con la imperiosa necesidad de incorporar tropas de reemplazo, debido al gran número de bajas y al enorme territorio que tenía que conquistar, ocupar y controlar, lo que hizo que los alemanes abandonaran radicalmente esa clase de conceptos. Inicialmente, los denominados Volksdeutsche (alemanes raciales o étnicos) de Polonia y los de los Balcanes fueron forzados a presentarse “voluntarios”. Su clasificación exacta era la de Abteilung 3 der Deutschen Volkklits (Sección 3 de la lista de la raza alemana); significaba que a las personas así clasificadas se les concedía la ciudadanía alemana por un período de 10 años, siendo susceptibles de ser llamados a filas aunque sin poder ascender en el escalafón de mando.
Entre 1942 y 1943, se llevó a cabo un agresivo reclutamiento en los territorios ocupados de la Unión Soviética para la lucha contra el comunismo: las llamada Ostlegionen (también conocidas como Osttruppen y Ostbataillonen); cabe decir a este respecto que la validez de los reclutas que se presentaron voluntarios, al principio era bastante fiable, ya que los hombres procedentes de las repúblicas occidentales del imperio soviético suscribían la lucha contra el régimen de Stalin. Al iniciarse la retirada alemana, el número de voluntarios (Freiwilligen) decreció ostensiblemente a favor de la presencia de auxiliares (Hilfswilligen, comunmente conocidos como Hiwis) procedentes de los territorios ocupados y de los enormes contingentes de prisioneros de guerra capturados al Ejército Rojo. A principios de 1944, la Wehrmacht tenía “voluntarios” de Croacia, Hungría, Rumanía, Polonia, Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania, la Rusia Asiática, Rusia, Ucrania, Rutenia, las repúblicas musulmanas de la URSS, así como Cosacos del Volga, Tártaros de Crimea e incluso indios. Los llamados Ostbattalionen (o “Batallones del Este”), perdieron eficacia a marchas forzadas después de la derrota alemana en la crucial Batalla de Kursk. Posteriormente, fueron enviados a Francia para sustituir a las necesarias tropas alemanas allí destacadas.
En la playa Utah, el día del Desembarco de Normandía, el teniente Robert Brewer del 506º Regimiento de Infantería Paracaidista de la101ª División Aerotransportada norteamericana, capturó cuatro asiáticos que vestían el uniforme de la Wehrmacht. Nadie comprendía su idioma ni sabía que diablos hacían allí. Finalmente se supo que eran coreanos. Nada más y nada menos. Pero ¿cómo era posible que soldados coreanos estuvieran peleando en Francia, en la otra punta del planeta, en el bando de Hitler para defender las costas normandas de la invasión aliada? Cuenta Stephen E. Ambrose en su libro  “El Día D” que lo más probable es que hubieran sido reclutados forzosamente en el ejército  japonés en 1938 – Corea era entonces una colonia japonesa -, después capturados por el Ejército Rojo durante las guerras fronterizas contra Japón en 1939, y forzados a entrar al ejército ruso. Capturados después por la Wehrmacht en diciembre de 1941, en las afueras de Moscú, su periplo terminó en Francia, donde se les encomendó la defensa de la Muralla Atlántica.
No andaba nada desencaminado Ambrose. El soldado de la fotografía de aquí arriba es Yang Kyoungjong, nacido en Shin Wuijoo, en el norte de Corea, el 3 de marzo de 1920. Como he dicho antes, Corea era entonces una colonia japonesa – y Yang, como muchos otros jóvenes coreanos fue reclutado a la fuerza por el ejército japonés, el Kwantung, en 1938 y enviado a Manchuria. Durante la Batalla de Khalkin Gol, la poco conocida (pero fundamental) batalla entre los japoneses y los soviéticos en Mongolia en 1939, fue capturado por el Ejército Rojo y enviado a un gulag. No obstante, no pasó mucho tiempo hasta que se vio involucrado en otra guerra, cuando los alemanes invadieron la URSS en 1941 y el ejército soviético, necesitado de tropas, lo reclutó forzosamente junto a otros miles de prisioneros, enviándolo a luchar contra los alemanes. En 1943 fue capturado de nuevo, esta vez por los alemanes en Ucrania durante la 3ª Batalla de Jarkov, y pasó a formar parte de las Osttruppen de la Wehrmacht que fueron destinados en Francia, en la península de Cotentin, para defender las costas francesas de las fuerzas aliadas de invasión. Su última derrota la vivió, vistiendo un uniforme alemán, cuando fue hecho prisionero por los americanos en Utah Beach, el 6 de junio de 1944. Después de pasar un tiempo en un campo de prisioneros en Gran Bretaña, emigró hacia los Estados Unidos, estableciéndose en Illinois, donde vivió el resto de su vida. Murió en 1992.
Por cierto, hay una película coreana, “My Way” (2012) que cuenta la historia de Yang Kyoungjong.

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