Historias de la Historia

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El Milagro de Dunkerque

Publicado por El hijo del Ahuizote en agosto 5th 2017

La milagrosa evacuación de las tropas aliadas en Dunkerque – una ciudad portuaria francesa cercana a la frontera con Bélgica – llevada a cabo entre el 26 de Mayo y el 4 de Junio de 1940, puede considerarse no sólo la primera victoria moral de los Aliados durante la Segunda Guerra Mundial, sino también uno de los mayores errores estratégicos por parte del bando alemán durante el conflicto.

Aunque puede parecer un poco aventurado calificar una retirada como una victoria – el propio Churchill, pese a congratularse del éxito obtenido, dijo en un discurso ante la Cámara de los Comunes que “las guerras no se ganan con evacuaciones” -, lo cierto es que la proeza de conseguir evacuar más de 300.000 soldados, la mayoría de ellos británicos, supuso un evidente alivio para los Aliados, levantando la moral de las tropas. No en vano, muchos de los soldados evacuados en Dunkerque, regresarían 4 años más tarde a Francia, iniciando la liberación del país y del resto de Europa Occidental.

Tras el irresistible empuje alemán en Bélgica, y previendo las dificultades de un posible repliegue hacia Francia, el comandante en jefe de la Fuerza Expedicionaria Británica, el mariscal John Gort esbozó un plan para evacuar sus tropas de regreso hacia su patria. Los preparativos de la citada evacuación comenzaron el día 19 de Mayo de 1940, pero los británicos quedaron a la espera del resultado del proyectado contraataque francés contra el flanco norte de las tropas alemanas. El contraataque nunca se produjo, y el día 24 de Mayo se dio desde Londres la autorización para dar comienzo a la Operación Dynamo, que es el nombre que recibiría el plan ideado por Gort.

Un día antes, el 23 de Mayo, los blindados del Grupo de Ejércitos A de la Wehrmacht al mando del general Gerd von Rundstedt, recibieron de Hitler la orden de detenerse a escasos 30 kms. de Dunkerque. Rundstedt protestó formalmente contra dicha orden, por considerarla totalmente inconcebible militar y estratégicamente hablando, pero fue confirmada por telegrama, ordenando el Führer que se cumpliese al pie de la letra. Esta decisión sería crucial para el éxito de la evacuación aliada, ya que concedió un respiro de tres días a las exhaustas tropas aliadas para fortificar las últimas líneas de defensa destinadas a contener a los alemanes mientras se producía la evacuación.

No sólo von Rundstedt expresó su enfado, otros generales como Von Kluge, Von Kleist o Guderian, lamentaron que se les ordenase detenerse cuando estaba tan cerca la posibilidad de aplastar a los Aliados, que se encontraban en una precaria situación. El Führer para justificar su decisión argumentó que el terreno que rodeaba a Dunkerque, al ser húmedo, blando y con numerosos setos en los campos, era desfavorable para el uso de blindados, que además no podían contar con el adecuado apoyo de la infantería que en aquel momento se encontraba algo más retrasada. Por otra parte, afirmaba que el número de unidades panzerhabía disminuido en el curso de la campaña, de manera que continuar el avance podría perjudicar la segunda fase de la operación, hacia el sur de Francia.

Sin embargo, estas razones no convencieron en modo alguno a los generales de las divisiones blindadas, pues aunque coincidían en que los alrededores de Dunkerque no eran los más favorables para los tanques, terrenos mucho más difíciles no habían supuesto ningún obstáculo para los panzerdurante la invasión de Polonia. Y en cuanto a la disminución de efectivos debido al vertiginoso avance, la mayoría de bajas se debían tan sólo a contratiempos de carácter técnico que podían ser reparados en un plazo máximo de 24 horas.

Por eso se barajan otros motivos para que Hitler adoptara esa inexplicable decisión. En primer lugar se especula con que el dictador germano no quiso humillar excesivamente a los británicos, con vistas a obtener un futuro tratado de paz con esta nación, con la que no deseaba la guerra. Esta explicación fue ofrecida por el propio von Rundstedt en los Juicios de Nuremberg. Otros generales alemanes indicaron que la causa final de la decisión de Hitler estuvo en que, Hermann Göring, el comandante en jefe de la Luftwaffe aseguró que podía aniquilar completamente a las fuerzas aliadas que se habían concentrado en la costa a la espera de ser evacuados con el empleo de la aviación. Así, el general Warlimont, jefe de operaciones del Cuartel General de la Wehrmacht comentó: “A mi me comentaron otra razón, según la cual Hermann Göring dio seguridad al Führer de que sus fuerzas aéreas completarían el cerco”. El general Heinz Guderian también coincidiría con esta apreciación al estimar que “fue la vanidad de Göring la causa de la fatal decisión de Hitler.”

Otra opción barajada, aunque nunca confirmada, es el hipotético deseo de Hitler de esperar a su división favorita, la SS Leibstandarte Adolf Hitler, para evitar que la Wehrmacht acaparase todos los honores de la captura. Pero la más reciente investigación histórica sostiene que el avance no prosiguió por razones exclusivamente militares y no políticas.

A las 23:30 horas del 26 de Mayo comenzó oficialmente la Operación Dynamo. Bajo un intenso fuego de artillería de las baterías alemanas y bombardeos de los aviones Luftwaffe – entre los que se encontraban los temibles bombarderos en picado Stuka – miles de soldados ingleses, franceses y belgas aguardaban su turno en la playa de Dunkerque para embarcar, mientras 7 divisiones francesas ofrecían resistencia en los 80 km del frente y un batallón de infantería británico resistía en las paredes de la bolsa.

La Royal Navy había preparado una flota con 40 destructores y 130 barcos mercantes y de pasajeros, que debían embarcar las tropas en condiciones muy precarias: el puerto de Dunkerque había sido devastado por la Luftwaffe y las aguas de la zona son muy bajas, por lo que sólo estaba practicable la zona exterior durante la marea alta. Así que durante la operación se utilizó un gran número de barcos de poco calado – lanchas, pesqueros o barcas de recreo – para transportar a los soldados desde la playa hasta los barcos de la Marina Inglesa, que permanecían en alta mar defendiéndose de los bombardeos de la aviación alemana con sus propias baterías antiaéreas. Las pequeñas embarcaciones atracaban en improvisados muelles y espigones formados por vehículos y chatarra de todo tipo, que era colocada en fila, adentrándose en el mar. En sus viajes desde la playa a los barcos y viceversa, estos little ships debían sortear todo tipo de desperdicios, equipamientos, chatarra y barcos hundidos, así como cadáveres y restos humanos, todo ello bajo el constante hostigamiento de la artillería y aviación nazis (sin olvidar las minas alemanas y los submarinos y lanchas torpedera enemigas).

En las playas se vivieron escenas dramáticas, cundiendo el pánico y la desesperación entre los soldados aliados, produciéndose incluso discusiones entre los mandos británico y francés sobre la preferencia de unas tropas sobre otras a la hora de embarcar. El mariscal Gort, dado que los barcos eran fundamentalmente británicos, consideró que sus soldados debían ser embarcados primero, mientras que los franceses debían luchar para mantener el perímetro defensivo. Ello dio lugar a que se acuñara la célebre frase: “los ingleses resistirán hasta el último francés”.

El 1 de Junio, el intenso castigo al que estaban siendo sometidos los puntos de embarque de las tropas aliadas marcaron el final de la Operación Dynamo, que concluyó oficialmente en la noche del 2 de Junio. No obstante, las labores de evacuación continuarían hasta las 15:00 horas del día 4, cuando el destructor Shikari partió de Dunkerque con los últimos evacuados que habían estado encargados de resistir frente a los alemanes.

La operación, que en un principio estaba ideada para evacuar 50.000 hombres en 5 días, había superado las expectativas. Las cifras de evacuados fueron realmente espectaculares: un total de 338.872 soldados, de los cuales 215.787 eran británicos de la Fuerza Expedicionaria y el resto franceses y belgas. El resto de las tropas británicas que quedaron en Dunkerque decidieron rendirse a los alemanes, mientras que las tropas francesas optaron por abrirse paso hacia el Sur, pero finalmente tuvieron que rendirse. En total, los alemanes capturaron unos 22.000 prisioneros.

No obstante, pese al éxito de la evacuación, las pérdidas materiales de los Aliados fueron cuantiosas: 700 tanques – incluyendo 100 de los nuevos tanques británicos Mathilda Mk I -, 2.400 cañones y 50.000 vehículos de todo tipo, quedaron abandonados o destruidos en Dunkerque. Por lo que respecta a la flota aliada, los británicos perdieron en la Operación Dynamo 5 destructores, 30 buques diversos y 170 embarcaciones menores, mientras que los franceses perdieron otros 5 destructores y 60 barcos de todo tipo.

La operación, bautizada por la prensa británica como “El Bendito Milagro de Dunkerque“, supuso una luz de esperanza en medio del estrepitoso fracaso en la defensa de Francia y permitió a los británicos mantenerse vivos en el conflicto. La decisión alemana de destruir a los Aliadosmediante la aviación fue un grave error de cálculo. Aunque el blanco del ataque parecía fácil (un número ingente de soldados, agrupados o en largas filas aguardando para embarcar en una superficie reducida) lo cierto es que las profundas arenas de las playas, capaces de engullir las bombas y absorber tanto la metralla como la onda expansiva, fueron fundamentales para minimizar los muertos y heridos. Por otra parte los aviones alemanes no disponían de bombas precisas para llevar a cabo un ataque efectivo contra los buques de rescate.

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Babi Yar, la trastienda del Holocausto

Publicado por El hijo del Ahuizote en mayo 14th 2017

El 26 de septiembre los nazis decidieron exterminar a la población judía de Kiev. Más de 33.000 personas fueron asesinadas en dos días

Eran llevados al borde del barranco desnudados y asesinados. Ucrania y otros territorios soviéticos fueron el ‘laboratorio’ de la Solución Final

Un judío asesinado en Vinittsa, Ucrania, en 1941.

Un judío asesinado en Vinittsa, Ucrania, en 1941.

Babi Yar es una herida ucraniana, una hemorragia de hasta 100.000 almas que ya no pueden ser vengadas. Fue el primer plato del Holocausto judío, cocinado con macabra eficiencia por los comandos de ejecución nazis en sólo dos días a las afueras de Kiev, la capital de la actual Ucrania. Este lugar será siempre un hoyo silencioso, donde entre hierbas salvajes el genocidio se alió con la orografía: todavía se abre el mismo vacío que entonces al borde de este barranco, el justo para que el cuerpo recién ametrallado ruede cuesta abajo con el resto de infelices.

El 22 de junio de 1941 las tropas de la Alemania nazi y sus aliados invadieron la Unión Soviética en la denominada Operación Barbarroja: hay fotos de judíos ucranianos cavando sus propias tumbas en Storow, Ucrania, ya en el mes de julio. El horror a partir de entonces no dejó de ir en aumento.

Babi Yar significa “barranco de la abuela” y cerca de él estaban situados un psiquiátrico y una cárcel. Imposible hallar un lugar mejor no lejos del centro de Kiev: sin testigos, sin interrupciones. El aperitivo llegó el 27 de septiembre, cuando fueron asesinados 752 pacientes de la clínica psiquiátrica: “Basura humana”, fue la etiqueta que se les puso. El general Kurt Eberhard y el comandante de la policía del ejército del Grupo Sur, Friedrich Jeckeln, tomaron la decisión de borrar del mapa a los judíos de los alrededores.

La Shoah de las balas

En 1939 había 175.000 judíos en Kiev, representaban el 20% de la población, aunque cuando llegaron los alemanes ya habían huido muchos, dejando la cifra en algo más de 50.000. El autor ruso Vasily Grossman escribió que hubo dos Shoah: la perpetrada mediante las balas y la segunda mediante el gas. Babi Yar fue la puesta de largo del genocidio a través del plomo. Ahí fueron claves los 3.000 hombres Einsatzgruppen, los conjuntos de escuadrones de ejecución itinerantes especiales formados por miembros de las SS, y otros integrantes de la policía secreta de la Alemania nazi. Había cuatro en total, el Einsatzgruppe C fue asignado a Ucrania con el Grupo de Ejércitos Sur. Contaba con los Sonderkommandos 4a y 4b, que se encargaban de concentrar a la población que había que ejecutar, y los Einsatzkommandos 5 y 6, que fusilaban a destajo. Las otras formaciones, las de primera línea, no solían tomar parte en las masacres.

Con la guerra en marcha, el objetivo era la limpieza étnica para asegurar la “seguridad política” de los territorios conquistados. Los criterios se fueron ampliando desde la invasión de Polonia, y cuando los ejércitos alemanes cruzaron la frontera el 22 de junio de 1941 comenzó el exterminio de varones judíos. El 16 de julio de 1941 Hitler reunió a sus colaboradores para explicarles que Ucrania sería una joya del imperio nazi, administrada por las SS y otros cuerpos de seguridad.

A finales de agosto de 1941 estaba ya bastante claro que Kiev acabaría en manos de los alemanes. Tras muchas dudas por parte de Stalin, Mijail Kirponov, general a cargo de la zona, recibió la orden de retirarse de Kiev el 17 de septiembre. El 19 los nazis habían llegado a las afueras de la ciudad y algunos barrios cercanos al centro, y el día 21 los ciudadanos escucharon por radio una voz de la Sovinformbureau, la oficina de información, diciendo que las tropas soviéticas dejaban la ciudad. Llevaban semanas diciéndoles que eso jamás ocurriría.

En la capital muchos tenían familiares en el Ejército rojo. Pero también muchas familias habían sido diezmadas por las hambrunas y la colectivización forzada de los años 30, que habían causado más de tres millones de muertos. La situación entre los soldados del Ejército rojo a cargo de la defensa de la ciudad era muchas veces de desamparo, conduciendo a autolesiones que, años después, llaman la atención entre tanta estadística: de casi 500 heridos en varios hospitales de Kiev, nada menos que 460 presentaban un balazo en el brazo izquierdo.

De la concentración a la eliminación

Había un antibolchevismo notable y muchos ciudadanos de la capital dieron la bienvenida a los alemanes. Pensaron que les librarían de la opresión del estalinismo. Otros se alegraron de que por fin alguien pusiese ‘en su sitio’ a sus vecinos judíos, a los que la propaganda soviética había acusado mediante rumores de ser los causantes de las hambrunas que había provocado la colectivización agraria.

También jugaba a favor de los nazis el recuerdo de lo ocurrido durante la Primera Guerra Mundial, cuando los alemanes ocuparon la ciudad y emitieron una orden para intentar evitar el ataque a cualquier minoría, incluida la judía: “Alemania era una ‘nación europea’, y por eso pensaban que una ocupación de los nazis no podía ser peor que la de los bolcheviques“, explica Victoria Khiterer, especialista en historia de los judíos.

La inquietud había subido sin cesar desde el anuncio de la incursión nazi. Pero las víctimas difícilmente podían imaginar el calibre de lo que se avecinaba. “Babi Yar es la mayor masacre en un periodo de tiempo tan corto”, explica el historiador Per Anders Rudling. Los especialistas se han preguntado por qué con el avance sobre Ucrania cambió la política de los nazis respecto a los judíos: se pasó de concentrarlos a asesinarlos a marchas forzadas. Una de las razones que se apuntan es que al alcanzar la guerra una escala global los planes de enviar los judíos lejos de Alemania (Madagascar era una de las opciones) se tornaron muy complicados.

Ucrania, Bielorrusia y otros territorios soviéticos fueron así el ‘laboratorio’ del Holocausto. Se decidió matar a todos: hombres, mujeres y viejos. Y niños también, porque de lo contrario después de haber contemplado aquello podrían volver para vengarse cuando fuesen mayores. En Kaunas (Lituania) se había aniquilado a 3.800 judíos. Después, en Ucrania occidental, les llegaría el turno a 24.000.

Las víctimas eran obligadas a cavar su propia tumba. Si era una fosa común, debían ir acostándose desnudos sobre los cadáveres fusilados anteriormente pero en sentido contrario: la cabeza coincidiendo con los pies de los de abajo. Los nazis lo llamaban “formación lata de sardinas”.

Pero en el caso de Kiev el barranco de Babi Yar el relieve aportaba una solución perfecta. Los guardias les conducirían hasta el punto exacto donde los iban a matar y les ordenarían que se quitasen la ropa. Mucha sería confiscada, aunque también los desnudarían para comprobar que no llevaban consigo dinero o algún objeto valioso.

La orden del exterminio

La impresión generalizada, y errónea, era que se estaba preparando una deportación masiva. Así que a la mañana siguiente, decenas de miles de judíos se presentaron en el lugar indicado. Algunos llegaron con mucha anticipación para asegurarse de que no les quitaban el sitio.

Las dos calles confluyen cerca de un cementerio: allí los niños lloraban y los adultos los intentaban tranquilizar. La gran masa de gente se movía muy despacio, algunos se impacientaban. A la altura de la verja del cementerio judío, unos pocos metros después, había que dejar el equipaje: como si fuese a ir en un vagón especial. Pero desde esa distancia ya se oían las ametralladoras, lo que levantaba las primeras sospechas. Pero en la cara interior de la verja se había colocado un puesto de control donde se pedía la identificación a todo el que intentase volver afuera. Si era judío, debía regresar con el resto.

Cada persona que llegaba a la primera línea era colocada con otros formando grupos de diez. Había que pasar por un pasillo formado por soldados alemanes que llevaban garrotes en las manos. Muchos estaban medio borrachos para poder cumplir así su lúgubre tarea: matar a sangre fría a civiles indefensos.

Desnudados al borde del barranco

“Schnell, schnell!”, [¡rápido, rápido!] gritaban, conduciendo a la gente hasta una zona de hierba. Allí se pedía al cada uno de los miembros de grupo que se desnudase y si alguien se mostraba reticente era apaleado de nuevo. Los guardias estaban borrachos de furia, poseídos por el sadismo.

Ante ellos sólo quedaba el destino final, el barranco de Babi Yar. Los judíos eran colocados en el borde y se les disparaba sin contemplaciones. Sus cuerpos rodaban hacia el fondo del barranco. Anatoly Kuznetsov, en su libro ‘Un documento en forma de novela’, recuerda el testimonio de una mujer judía que logró escapar y pudo describir después la escena: “Miró hacia abajo y sintió un mareo, tenía la sensación de estar muy alto. Bajo ella había un mar de cuerpos cubiertos de sangre”.

Hay un informe de situación, el 101, del Einsatzgruppe destacado en Kiev. Entre el 29 y el 30 de septiembre 33.771 judíos fueron ejecutados. Pero las matanzas fueron mayores, hasta 50.000 judíos por lo menos durante esos días. Y seguirían en los meses siguientes con otras minorías.

A mediados de 1943 los alemanes estaban en retirada. Los soviéticos avanzaban por el oeste, y los nazis pensaron en esconder su culpa. Se escogió a 100 prisioneros del campo de concentración de Syretsk, situado cerca de Babi Yar. Caminando rumbo al barranco, estaban seguros de que los iban a matar. En lugar de eso, les sirvieron la cena.

Rebuscar entre los muertos de la fosa

Les esperaba la labor más desagradable. Primero excavar en la fosa común, en la que se habían alternado varias capas de basura y las de muertos. Después, sacar los cadáveres (la mayoría de los cuales llevaba dos años enterrados), que en algunos casos estaban enredados y eran difíciles de separar: los nazis diseñaron un arpón especial que los enganchaba tirando de la barbilla, pero algunas veces salían tres unidos que había que cortar con hachas. Las capas de gente enterrada abajo del todo tuvieron que ser dinamitadas. Después había que buscar si llevaban algo de oro o si todavía llevaban alguna prenda puesta, pues la norma de desnudar a los que se iba a fusilar se había relajado en los últimos grupos.

Después los quemaron, hasta 2.000 cada vez, con los cuerpos colocados en capas. Los pies de los de arriba coincidiendo con las cabezas de los de abajo. Cada dos capas de cuerpos, una de leña. De todo el proceso todavía quedaron huesos de gran tamaño que fueron machacados con losas del cementerio judío cercano. Había que destruir cualquier evidencia, pero las llamas se veían desde el centro de Kiev. Una generación entera las recordaría para siempre.

Tras seis semanas trabajando, los prisioneros encargados de esta tarea decidieron fugarse. Conservaron algunos objetos que encontraron entre las ropas de los muertos que podían servir para abrir los cierres de los grilletes y para atacar a los guardias. Prepararon la fuga durante un tiempo, hasta que una noche un guardia les dijo que al día siguiente iban a ser ejecutados. En la oscuridad de la noche, corrieron en masa sin que el guardia que estaba a cargo de la ametralladora se atreviese a disparar, puesto que sus propios compañeros estaban entre medias. Según ha detallado Jennifer Rosenberg, historiadora especializada en el siglo XX, sólo 15 lograron escapar.

La matanza de prisioneros de guerra, gitanos, enfermos

Babi Yar fue un sumidero que se fue tragando todo lo que los nazis detestaban. Tras la masacre los nazis siguieron matando en ese barranco hasta casi el día en el que se marcharon: prisioneros de guerra soviéticos, gitanos, enfermos mentales y también integrantes de la ‘resistencia’ ucraniana.

Se calcula que pudieron haber muerto allí entre 70.000 y 120.000 personas, aunque algunos elevan la cifra hasta 200.000. El autor Ilya Ehrenburg describió el dramatismo de aquellos días en su novela ‘La tormenta’ en 1947: una niña suplicando sin éxito que la dejasen vivir, un abuelo ametrallado por no entender bien las explicaciones, familias despidiéndose de rodillas en el suelo, heridos enterrados vivos

En 1959 Viktor Nekrasov se lamentaba en las páginas de ‘Literaturnaya Gazeta’ de que no se hiciese nada por recordar lo ocurrido en Babi Yar. Las autoridades barajaban por aquellas fechas transformar el barranco en un estadio de deportes. “Quisieron edificar, pero Dios protege esto”, explica Vera, una anciana de 70 años que cuida de una iglesia ortodoxa situada en la zona. Al fondo del camino hay una sinagoga que ha sido víctima de actos vandálicos varias veces: “Han dibujado esvásticas y cosas peores”, dice meneando la cabeza.

Moscú siempre esquivó la dimensión antisemita de la matanza. Pero un poema, titulado precisamente ‘Babi Yar’ y escrito por Yevgeny Yevtushenko, denunció en 1961 que las autoridades estaban mirando para otro lado mientras la generación que lo había vivido se hacía vieja rumiando en silencio.

A continuación llegó Dimitri Shostakovich con su 13ª sinfonía, una vibrante pieza musical que, usando esa misma poesía, estaba consagrada a inmortalizar esa tragedia. Se escuchó por primera vez en Moscú en 1962. Tanto Yevtushenko como Shostakovich fueron reprendidos por las autoridades soviéticas por su “cosmopolitismo”. El gobierno de la URSS erigió por fin un monumento en 1976 para recordar a “los ciudadanos soviéticos” que perdieron sus vidas. Hubo que esperar a 1991, con la URSS ya finiquitada, para que se recordase allí, 50 años después de la tragedia, la masacre de judíos.

La ayuda ucraniana

Todavía hoy existe controversia. “Recientemente el presidente ucraniano, Petro Poroshenko, ha rendido homenaje a los judíos y los nacionalistas ucranianos, pero mientras que los primeros murieron por miles los otros murieron por decenas, tal vez centenas, y además jugaron un importante papel ayudando a perpetrar aquellos crímenes”, critica Per Anders Rudling, que ha dedicado parte de su vida a estudiar el nacionalismo ucraniano. Natalia Antonova, que perdió a familias de sus abuelo, opina en un café de Kiev: “Hay una ola de revisionismo imparable”:

Jessica Milstein es nieta de supervivientes del holocausto. Anna Tsesarsky su abuela, logró sobrevivir a las atrocidades de aquel septiembre negro y todavía hoy le resulta muy amargo remover aquellos recuerdos. Su hermano, su padre y su tío se presentaron en el lugar señalado por los nazis, las noticias sobre las brutales matanzas de judíos todavía no habían llegado a Kiev. En Kiev, recuerda, los asesinatos se llevaron a cabo “con la ayuda de ucranianos“. En algunos casos era nacionalistas que creían así poder echar a los soviéticos, aunque Hitler rechazaba de plano una Ucrania independiente. En otros casos era solamente por la promesa de los guardias alemanes de que podrían robar las pertenencias de los fusilados. Y mientras tanto la policía ucraniana ayudaba a vigilar a los judíos que iban de camino a este matadero.

Babi Yar fue un lugar de ejecución durante meses. Hasta el día de la liberación de Kiev por el Ejército rojo, el 6 de noviembre de 1943, unos 200.000 murieron en Babi Yar y sus alrededores. No quedaron más que unos pocos centenares de judíos en la ciudad. Y muchos se marcharon lejos. Anna Tsesarsky acabó en Estados Unidos.

En Denver, cada año se conmemora la matanza junto a un monumento. Jessica Milstein, su nieta, ha heredado una misión en nombre de todos esos cuerpos inertes enredados desnudos bajo la arena: la memoria. “Como adolescente”, explica mientras cuida a la matriarca, “pasé noches enteras hablando de Babi Yar con mi abuela, cómo y por qué sucedió, por qué no hay que olvidar ni dejar que suceda, y creo que la necesidad de contarlo es hoy más fuerte que nunca”. En el fondo de este barranco la tierra todavía parece removida, agitada por todo lo que esconde.

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Los Comandos “Brandenburg”

Publicado por El hijo del Ahuizote en marzo 26th 2017

El origen de esta unidad alemana de comandos de élite debemos buscarlo en las ideas de Theodor von Hippel, un especialista en operaciones especiales durante la Primera Guerra Mundial, quien durante dicho conflicto acumuló una gran experiencia en la realización de ataques sorpresa tras las líneas enemigas, particularmente en Sudáfrica Oriental. Von Hippel (en la fotografía de aquí abajo) había estudiado profundamente las tácticas de guerrilla de T. H. Lawrence, que consistían atacar y escapar rápidamente. Tras la Gran Guerra, von Hippel ingresó en los servicios de inteligencia alemanes y presentó a sus superiores una serie de innovadoras ideas y tácticas, entre ellas, la formación de una unidad de élite entrenada especialmente para adentrarse en territorio enemigo antes de una ofensiva para asegurar objetivos estratégicos; sin embargo, sus proyectos no fueron tenidos en cuenta. La idea colisionaba con el protocolario sentido prusiano del honor. Tales unidades, creían la mayoría, serían una infracción de las reglas de la guerra y, además, tales saboteadores no serían dignos de ser llamados soldados.

Con la creación del Abwehr, el servicio de inteligencia militar de la Alemania nazi bajo el mando del almirante Wilhelm Canaris, las ideas de von Hippel fueron recibidas con los brazos abiertos y se le autorizó a formar un grupo de “soldados especiales” al cual debía entrenar de manera acorde a las operaciones que  proponía (sabotaje, captura de puentes y cruces carreteras, aseguramiento de objetivos estratégicos, demolición y eliminación selectiva de personas). Von Hippel rastreó las fronteras de Alemania para encontrar individuos de origen alemán (volkedeustche), eslavos u otros grupos étnicos. Cada miembro de la unidad tenía que hablar con fluidez una lengua extranjera, ya sea checo, ruso, letón, lituano, finés, estonio, polaco, ucraniano o rutenio, y tenían que conocer bien las costumbres del país o región donde se infiltrarían y los hábitos locales y comportamientos de los nativos.

En octubre de 1939, se dio a la unidad el inocente nombre de Bau-Lehr-Kompanie 800 (800ª Compañía de Demostración de Construcciones). En enero de 1940 fue reestructurada como Bau-Lehr-Bataillon zbV 800 (Batallón 800 de Demostración de Construcciones para Aplicaciones Especiales). El batallón estaba formado por 4 compañías, un pelotón de motocicletas, otro paracaidista y otros pelotones especializados. Dado que tenían su cuartel general en Branderburgo, la unidad fue conocida como “Brandenburg” y sus efectivos recibieron el apelativo de “brandenburgers”.

Los “Branderburgers” tuvieron una intervención destacada en la campaña del oeste. Así por ejemplo, dos noche antes de la invasión de Bélgica y Holanda, el 8 de mayo, vistiendo uniformes holandeses, cruzaron secretamente la frontera. Uno de sus objetivos era el puente sobre el río Mosa en la ciudad de Gennep (Holanda). A las 2:00 horas del 10 de mayo, el teniente Wilhelm Walther dirigió a su destacamento de 8 hombres en un intento de capturar el puente intacto tras obtener información sobre donde habían sido situadas las cargas de demolición. Disfrazados como policías militares holandeses escoltando a varios “prisioneros alemanes”, los “Brandenburgers” sorprendieron a los defensores del puente. Dos puestos de guardia fueron inmediatamente destruidos, pero tres hombres fueron heridos, y los puestos al otro lado del puente aún no estaban bajo control alemán. Vestido con un uniforme holandés, Walther avanzó atrevidamente, y los defensores vacilaron. Sacando provecho de este error, el resto de los comandos destruyeron los puestos de guardia restantes y cogieron el detonador conforme los primeros panzer rodaron por el puente.

Los comandos “Brandenburg” (en la foto, vistiendo uniformes belgas) combatieron en prácticamente todas las campañas de todos los frentes. En el batallón estaban representadas muy diversas capacidades y habilidades lingüísticas, y se pretendía utilizar a los miembros de la unidad angloparlantes, con uniforme británico, como avanzada de la fuera de invasión si se llevaba a cabo la “Operación León Marino”. Cuando Hitler volvió su atención al sur, hacia los Balcanes, durante la “Operación Marita”, de nuevo, los “brandenburgers” –ahora organizados como un regimiento- abrieron el camino a sus ejércitos. El 5 de abril de 1941, un día antes de la invasión de Grecia y Yugoslavia, un destacamento de 54 hombres aseguraron los muelles en Orsova, en el río Danubio. Otra unidad capturó el puente sobre el río Vardar en Grecia, cerca a Salónica durante la ofensiva alemana. También estuvieron en Atenas antes que llegaran las fuerzas alemanas, procediendo luego a izar la bandera con la esvástica sobre la Acrópolis.

Después de la invasión de la URSS en junio de 1941, miembros de la unidad disfrazados con uniformes soviéticos (en las imágenes de aquí arriba) se infiltraron en las columnas de heridos enemigos que se retiraban del frente para poder moverse libremente por la retaguardia enemiga y tomar el vital puente sobre el Daugawa en Dünaburg (Daugavpils, Letonia). El regimiento rara vez operaba como una unidad, pues su particular naturaleza obligaba a destacar sus elementos para realizar operaciones especiales en varios frentes. A comienzos de agosto de 1941, un destacamento  de 62 bálticos y sudetes alemanes dirigido por el barónAdrian von Fölkersam (en la fotografía bajo este párrafo) penetró más lejos en territorio enemigo que ninguna otra unidad Brandenburgo,  con el fin de capturar y asegurar los campos petrolíferos de Maikop. Utilizando camiones del Ejército Rojo y los uniformes del NKVD, Fölkersam se infiltró en las líneas soviéticas. Inmediatamente se toparon con un gran grupo de desertores soviéticos, y Fölkersam vio una oportunidad para utilizarlos. Persuadiéndolos de retornar a la causa soviética, fue capaz de unirse a ellos y moverse casi a voluntad a través de las líneas rusas hasta llegar a Maikop.

Una vez allí, haciéndose pasar por el mayor Truchin de la NKVD, se entrevistó con el comandante del puesto y lo convenció para que lo guiara en un recorrido para inspeccionar las defensas de la ciudad. Este, muy contento por complacer a un alto oficial de la NKVD aceptó de buen grado, discutiendo incluso las ventajas y desventajas de los sistemas de defensa. El 8 de agosto, la Wehrmacht estaba sólo a 20 kms, por lo que los “brandenburgers” hicieron su jugada. Usando granadas para simular un ataque de artillería, destruyeron el centro de comunicaciones de la ciudad. Fölkersam fue a los diferentes puestos de  mando de la ciudad informando a los oficiales soviéticos que se estaba realizando una retirada general. Como lo habían visto con su propio comandante visitándolos, y careciendo de comunicaciones para refutar o confirmar su declaración, los soviéticos comenzaron a evacuar Maikop. El Ejército Alemán entró en la ciudad sin pegar un solo tiro el 9 de agosto de 1942.

En 1942 la unidad madre fue aumentada hasta las dimensiones de una división, y entre los elementos añadidos había un destacamento de incursión costera (Kuestenjaegerabteilung) formado con voluntarios de la Kriegsmarine que operó en la costa del Mar Negro y del Mar de Azov, y un batallón de voluntarios ucranianos. Sus destacamentos operaron nuevamente en los Balcanes a finales de 1943, donde se vieron envueltos en acciones contra los partisanos en Grecia y Yugoslavia y tuvieron una intervención destacada en la captura de las islas de Kos y Leros a los británicos. Elementos de la división tomaron parte en la ocupación de Budapest en marzo de 1944, y también, muy activamente, en la “Operación Rösselsprung”, el intento de capturar a Tito en su cuartel general de Dvar. 

Durante la investigación del intento de asesinato de Hitler el 20 de julio de 1944 se reveló la implicación de varios miembros de la unidad. Habiendo perdido la confianza en esos comandos de élite, Hitler transfirió la responsabilidad de las operaciones especiales, que siempre habían quedado en manos de los “brandenburgers”, a unidades de comandos de las SS bajo el mando del SS-Obersturmbannführer Otto Skorzeny. Aunque muchos decidieron ingresar en los comandos de Skorzeny, otros permanecieron en la División “Branderburg”, que en octubre de 1944 fue convertida en una Panzergrenadier-Division ordinaria, y quedó lista para entrar en acción en su nueva función en diciembre de 1944. Tras entrar en combate en el Frente Oriental, que se desmoronaba rápidamente, sus efectivos fueron cayendo de manera continua y la guerra acabó para la división en Moravia. Muchos de sus supervivientes fueron hechos prisioneros por el Ejército Rojo o murieron a manos de checos ávidos de venganza; pero algunos, recurriendo a su antigua habilidad para las operaciones especiales, consiguieron escapar al oeste haciéndose pasar por refugiados.

Algunos terminaron prestando sus servicios en otros países. Los servicios de información de las potencias vencedoras estaban dispuestos a emplear a los “brandenburgers” que estuvieran dispuestos a adoctrinarse. Estadounidenses y rusos emplearon sin duda a algunos de ellos. Los nuevos estados africanos se sirvieron para los sucesivos golpes de estado de muchos profesionales de la unidad. El jefe de los servicios de seguridad del presidente de Indonesia, Achmed Sukarno, era un “brandenburger”.Mao Tse-tung y el separatista congoleño Tshombé fueron asesorados por “brandenburgers” y muchos otros terminaron en Egipto luchando contra los judíos.

 

Fuentes:
Osprey: Soldados de la II Guerra Mundial: “La ‘Panzer Lehr’ y otras unidades de élite alemanas” de Gordon Williamson
http://www.exordio.com/1939-1945/militaris/fuerzas-armadas-GER/brandenburg1.html
http://www.exordio.com/1939-1945/militaris/fuerzas-armadas-GER/brandenburg2.html
http://www.forosegundaguerra.com/viewtopic.php?t=199

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Coreanos en Normandía

Publicado por El hijo del Ahuizote en febrero 5th 2017

Cuando la Wehrmacht invadió la URSS (“Operación Barbarroja”), se enorgullecía de su “pureza racial”. Sin embargo, pronto se encontró con la imperiosa necesidad de incorporar tropas de reemplazo, debido al gran número de bajas y al enorme territorio que tenía que conquistar, ocupar y controlar, lo que hizo que los alemanes abandonaran radicalmente esa clase de conceptos. Inicialmente, los denominados Volksdeutsche (alemanes raciales o étnicos) de Polonia y los de los Balcanes fueron forzados a presentarse “voluntarios”. Su clasificación exacta era la de Abteilung 3 der Deutschen Volkklits (Sección 3 de la lista de la raza alemana); significaba que a las personas así clasificadas se les concedía la ciudadanía alemana por un período de 10 años, siendo susceptibles de ser llamados a filas aunque sin poder ascender en el escalafón de mando.
Entre 1942 y 1943, se llevó a cabo un agresivo reclutamiento en los territorios ocupados de la Unión Soviética para la lucha contra el comunismo: las llamada Ostlegionen (también conocidas como Osttruppen y Ostbataillonen); cabe decir a este respecto que la validez de los reclutas que se presentaron voluntarios, al principio era bastante fiable, ya que los hombres procedentes de las repúblicas occidentales del imperio soviético suscribían la lucha contra el régimen de Stalin. Al iniciarse la retirada alemana, el número de voluntarios (Freiwilligen) decreció ostensiblemente a favor de la presencia de auxiliares (Hilfswilligen, comunmente conocidos como Hiwis) procedentes de los territorios ocupados y de los enormes contingentes de prisioneros de guerra capturados al Ejército Rojo. A principios de 1944, la Wehrmacht tenía “voluntarios” de Croacia, Hungría, Rumanía, Polonia, Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania, la Rusia Asiática, Rusia, Ucrania, Rutenia, las repúblicas musulmanas de la URSS, así como Cosacos del Volga, Tártaros de Crimea e incluso indios. Los llamados Ostbattalionen (o “Batallones del Este”), perdieron eficacia a marchas forzadas después de la derrota alemana en la crucial Batalla de Kursk. Posteriormente, fueron enviados a Francia para sustituir a las necesarias tropas alemanas allí destacadas.
En la playa Utah, el día del Desembarco de Normandía, el teniente Robert Brewer del 506º Regimiento de Infantería Paracaidista de la101ª División Aerotransportada norteamericana, capturó cuatro asiáticos que vestían el uniforme de la Wehrmacht. Nadie comprendía su idioma ni sabía que diablos hacían allí. Finalmente se supo que eran coreanos. Nada más y nada menos. Pero ¿cómo era posible que soldados coreanos estuvieran peleando en Francia, en la otra punta del planeta, en el bando de Hitler para defender las costas normandas de la invasión aliada? Cuenta Stephen E. Ambrose en su libro  “El Día D” que lo más probable es que hubieran sido reclutados forzosamente en el ejército  japonés en 1938 – Corea era entonces una colonia japonesa -, después capturados por el Ejército Rojo durante las guerras fronterizas contra Japón en 1939, y forzados a entrar al ejército ruso. Capturados después por la Wehrmacht en diciembre de 1941, en las afueras de Moscú, su periplo terminó en Francia, donde se les encomendó la defensa de la Muralla Atlántica.
No andaba nada desencaminado Ambrose. El soldado de la fotografía de aquí arriba es Yang Kyoungjong, nacido en Shin Wuijoo, en el norte de Corea, el 3 de marzo de 1920. Como he dicho antes, Corea era entonces una colonia japonesa – y Yang, como muchos otros jóvenes coreanos fue reclutado a la fuerza por el ejército japonés, el Kwantung, en 1938 y enviado a Manchuria. Durante la Batalla de Khalkin Gol, la poco conocida (pero fundamental) batalla entre los japoneses y los soviéticos en Mongolia en 1939, fue capturado por el Ejército Rojo y enviado a un gulag. No obstante, no pasó mucho tiempo hasta que se vio involucrado en otra guerra, cuando los alemanes invadieron la URSS en 1941 y el ejército soviético, necesitado de tropas, lo reclutó forzosamente junto a otros miles de prisioneros, enviándolo a luchar contra los alemanes. En 1943 fue capturado de nuevo, esta vez por los alemanes en Ucrania durante la 3ª Batalla de Jarkov, y pasó a formar parte de las Osttruppen de la Wehrmacht que fueron destinados en Francia, en la península de Cotentin, para defender las costas francesas de las fuerzas aliadas de invasión. Su última derrota la vivió, vistiendo un uniforme alemán, cuando fue hecho prisionero por los americanos en Utah Beach, el 6 de junio de 1944. Después de pasar un tiempo en un campo de prisioneros en Gran Bretaña, emigró hacia los Estados Unidos, estableciéndose en Illinois, donde vivió el resto de su vida. Murió en 1992.
Por cierto, hay una película coreana, “My Way” (2012) que cuenta la historia de Yang Kyoungjong.

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Misión de la Marina Alemana – Einsatz der Deutschen Kriegsmarine

Publicado por El hijo del Ahuizote en enero 21st 2017

Cartel de propaganda en favor de la Kriegsmarine. La marina alemana no había tenido su Göring; los programas de construcción naval fueron sacrificados a menudo en favor de los programas de construcciones aeronáuticas y de equipamiento de la Wehrmacht. Dos figuras dominarían la Kriegsmarine: el gran almirante Raeder de concepciones militares clásicas, y el almirante Dönitz campeón de la guerra submarina.

Cartel Nazi Kriegsmarine

Cartel Nazi Kriegsmarine

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Gestapo: la inquisición nazi fundada sobre la delación ciudadana

Publicado por El hijo del Ahuizote en septiembre 17th 2016

El historiador británico Frank McDonough se adentra en los orígenes de la policía secreta del dictador para explicar el régimen nazi desde sus inicios

 

 

Peter Holdenberg vivía solo en un tercer piso de Essen (Renania del Norte). Le gustaba la lectura, los juegos de mesa y disfrutar de la compañía de los suyos. Su vida, rutinaria, tranquila, corriente y similar a la de otros muchos, quedó trastocada el 10 de diciembre de 1941. Aquel día varios agentes de la Gestapo lo sacaron a la fuerza de su casa. Su débil cuerpo apenas pudo defenderse de la violencia y la agresividad que mostraron los enviados del Führer, a los que nada o casi nada les importó que fuera discapacitado. Era un posible enemigo. Nada de trato humano. Dictámenes del protocolo ario.

Detenido e interrogado hasta la extenuación por escuchar “emisoras de radio extranjeras” (el delito que le atribuyó la Gestapo), Peter negó todos y cada uno de los hechos de los que fue inculpado. “Todo esto es una conspiración. He tenido problemas con Stuffel, y Pierce siempre se pone de su parte”. Stuffel, de nombre Helen, e Irmgard Pierce, eran sus vecinas, pero también las artífices de dicha acusación. “Agitador” “alarmista” y “muy peligroso” fueron algunos de los adjetivos que empleó Stuffel durante la descripción que hizo de él ante la Gestapo. Unas características que desmintieron tres testigos: Katharina Hein, también vecina del edificio, Klara Vogts, su asistente personal y Anton Ronnig, director de banda, cuyas versiones, distintas y contrarias a las vertidas por sus vecinas, de poco le sirvieron para salvarse.

Rumores convertidos en pruebas judiciales

El 12 de diciembre de aquel año Peter decidió ahorcarse en su celda. Sus constantes vitales aguantaron 24 horas. Después, todo se fundió en negro. Su caso, recogido por Frank McDonough en La Gestapo. Mito y realidad de la policía secreta de Hitler (Crítica, 2016), refleja esa histeria colectiva en la que vivía sumida Alemania a partir de los años 40 y en la que un rumor, una simple hipótesis o suposición se convertía automáticamente en prueba judicial.

La acusación de un vecino bastaba para ir a la cárcel. La vida giraba de conspiración en conspiración. De mirilla en mirilla. Todos eran jueces y verdugos al mismo tiempo. “La gente común ayudó a la Gestapo en la localización de los oponentes. Este libro está basado en los archivos originales de la Gestapo, y se ha estimado que la gran mayoría de los casos de la Gestapo comenzaron por una denuncia de un particular. Tan sólo el 15% provino de las actividades de vigilancia de la Gestapo, que fue utilizada por el público para resolver conflictos personales. Se denunciaba a amigos, a colegas del trabajo, a esposos y vecinos. De hecho, el 80% de las denuncias de la Gestapo provenían del sexo masculino, mientras que las mujeres constituyeron el 20%. Muchas personas denunciaron a otras por comentarios anti nazis después de haber estado bebiendo en cervecerías y restaurantes”, explica el mismo autor de la obra.

Creada para amedrentar y perseguir a los enemigos y excluidos por el régimen nazi, en un primer momento la función de la Gestapo fue la de “investigar las actividades políticas en todo el estado que constituyan un peligro para el estado, así como recopilar y evaluar los resultados de dichas indagaciones”. Así la definió Hermann Göring en la primera Ley de la Gestapo que promulgó él mismo el 26 de abril de 1933. El año en el que la dictadura del terror y los gritos silenciados bajo los sótanos llevaron a Alemania a la peor de sus desgracias. Los sueños de cruz gamada produjeron monstruos.

La venganza en forma de águila

Dos meses antes de que Göring pronunciara estas palabras tuvo lugar el incendio del Reichstag, el parlamento alemán. Aquel 27 de febrero de 1933, el fuego que supuestamente provocó el comunista Marinus Van der Lubbe ante dicha institución hizo resurgir a Hitler y a los suyos como única opción de seguridad y protección para Alemania. “Ya no habrá misericordia. Todo aquel que se interponga en nuestro camino será eliminado”, le espetó el dictador a Rudolf Diels en el mismo lugar del incendio.

La auto anulación individual reformuló los principios de la sociedad y la escala cromática se redujo a dos colores: gris y rojo. Los cristales, las balas y las marchas militares marcaron el paso y el ritmo de los vivos, aunque también el de los muertos. “Los nazis han atragantado a los alemanes con el alcohol de la camaradería, cosa que ellos en parte deseaban, hasta el delirium tremens. Han convertido a todos los alemanes en camaradas y los han aficionado a esa droga desde la edad más temprana: en las Juventudes Hitlerianas, las SA, el ejército del Reich, en miles de campamentos y federaciones, extirpándoles algo irremplazable, algo que no puede ser compensado con la felicidad propia de la camaradería. (…) La camaradería como forma de prostitución con la que los nazis han seducido a los alemanes ha arruinado a este pueblo más que ninguna otra cosa”. Así describía ese estado de duermevela Sebastian Haffner en Historia de un alemán. Memorias. (1914-1933), publicado después de su muerte, en 1999.

Entre los nombres destacados que hicieron posible esa militarización de la sociedad y el triunfo de la Gestapo se encuentran Hermann Göring y Rudolf Dielsen en Prusia y Heinrich Himmler y Reinhard Heydrich en Baviera. Estos últimos no sólo fortalecieron dicho cuerpo de seguridad y espionaje, sino que reestructuraron cada uno de los eslabones del sistema policial de la Alemania nazi. De hecho, gran parte de las órdenes de ejecución tenían la firma y sello de ambos.

El respeto y la fortaleza que adquirieron dentro de los distintas instituciones del régimen vino durante la Noche de los Cuchillos Largos (del 30 de junio al 1 de julio de 1934). Una larga noche en la que la mayor parte de la cúpula de las SA y su líder Ernst Röhm (arrestado personalmente por Hitler) fueron detenidos y brutalmente asesinados. Se calcula que durante aquella madrugada fueron arrestadas más de mil personas contrarias al régimen. Las SS (guardia personal de Hitler) y la Gestapo fueron los dos brazos ejecutores de este acto, que a su vez trajo consigo el auge del Partido Nacionalista Obrero Alemán (NSDAP). “Los sujetos indisciplinados y desobedientes y los elementos asociales y enfermos serían inhabilitados”, fue la explicación que el propio Führer dio a los suyos sobre lo ocurrido.

Un producto de márketing

Las detenciones arbitrarias, las torturas y las sentencias de muerte comenzaron a hacerse cotidianas, incluso normales, a partir del 27 de septiembre de 1939, fecha en la que la Gestapo, la Orpo, la Kripo y el SD se unificaron en una misma unidad: La Oficina Central de Seguridad del Reich (RSHA), idea de Himmler. El horror ya tenía sede física.

El ensalzamiento y la pompa que se dio a la Gestapo dentro de la propaganda nazi fue clave para la supervivencia de esta organización, cuyos métodos y valía serían cuestionados a posteriori. Publicidad engañosa según McDonough, que no titubea cuando remarca la escasa utilidad de la misma y las carencias que tenía a nivel organizativo. “La Gestapo era una organización muy pequeña . En 1933 tenía 1000 oficiales, que llegaron a 6.700 en 1937 y alcanzaron un máximo de 15.000 durante la Segunda Guerra Mundial. En las principales ciudades había un pequeño número de oficiales. Por ejemplo, en Düsseldorf, con una población de 500.000 habitantes había sólo 126 oficiales de la Gestapo. En Duisburg, con 400.000 habitantes, sólo tenían a 43 oficiales y en Colonia, en la que vivían 750.000 personas sólo había 69 oficiales”.

Muchos de sus agentes comunes, divididos en dos categorías: asistente criminal (Kriminalassistent) y secretario criminal (Kriminalskretär), procedían de la clase trabajadora o media baja. “Se estima que un 50% de los antiguos policías de carrera antes de 1933 que se unieron a la Gestapo seguían en su puesto en 1945. En 1939 sólo tres mil agentes tenían un rango adicional a las SS. Durante las investigaciones de la desnazificación tras la guerra, dirigidas por agentes aliados de la ocupación, la gran mayoría de los antiguos dirigentes de la Gestapo fueron clasificados como ‘hombres corrientes’ y ‘desnazificados’ y quedaron exonerados de ser responsables de crímenes contra la humanidad’ “, señala McDonough en las páginas de su libro.

Los perseguidos

Judíos, trabajadores extranjeros, gitanos, homosexuales, comunistas, marginados sociales y cristianos fueron los principales objetivos a perseguir. Es en este último grupo donde McDonough centra una parte importante del libro. Según anota él mismo, durante la época nazi un mínimo de “447 curas alemanes pasaron algún tiempo en el campo de concentración de Dachau”. Uno de ellos fue Martin Niemöler, uno de los miembros más destacados de la Iglesia Confesante. Sus críticas a la política religiosa nazi y la protección a su comunidad le llevaron a prisión en 1937. Posteriormente volvería a ser detenido y aislado en el campo de concentración de Sachsenhausen o Dachau. Dicho calvario fue descrito por él mismo en una declaración versada. “Primero vinieron por los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista./ Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista./Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío./ Luego vinieron a por mí, pero para entonces ya no quedaba nadie que dijera nada/”

Como él, muchos cristianos alemanes estuvieron perseguidos por el régimen por no asumir ni apoyar la doctrina nazi. Una actitud que desquiciaba al Führer. “A Hitler no le gustaban los católicos porque 20 millones de ellos eran leales a Roma, no a Alemania. Un tercio de los 25.000 sacerdotes católicos fueron acosados por la Gestapo, que elaboró numerosas listas de sacerdotes considerados como ‘ desleales'”, enumera el mismo historiador.

También los intelectuales de izquierda fueron perseguidos, maltratados y asesinados por la Gestapo. El escritor Max Jacob, la fotógrafa Gisèle Freund, el poeta Ernst Toller o el filósofo Walter Benjamin, son algunos de los nombres que figuraban en aquellas listas negras.

El pensamiento crítico y el cuestionarse el porqué de las cosas precipitó el final de muchos de ellos. Como sucedió con Benjamin, que murió de una sobredosis de morfina (para unos fue un suicidio ante el acoso de los nazis, para otros un asesinato) dejando huérfana y en silencio a la Escuela de Frankfurt. “Ni los muertos estarán seguros ante el enemigo si éste vence. Y es ese enemigo que no ha cesado de vencer”, escribió en una ocasión ante el peso que llevaba a cuestas y que acabó hundiéndole.

Ese enemigo era distinto según qué bandos. Para los intelectuales era el pensamiento único, el instinto frente a la razón, la violencia frente a la argumentación. Para los nazis era la rebeldía y la insumisión. La libertad. La diferencia frente a la homogeneidad. La cultura. Los libros. “Se cargaron la literatura alemana contemporánea de un plumazo. Ya no iba a ser posible leer los libros publicados durante el último invierno que tuviésemos pendientes desde abril. Sólo estaban los clásicos junto con los representantes de una literatura de sangre y suelo de éxito repentino y una calidad espeluznante y vergonzosa. Los bibliófilos vieron cómo su mundo les era usurpado de la noche a la mañana”, denunciaba Haffner en sus memorias.

Un pasado que sigue escrito en presente para muchos alemanes. El historiadorMacDonough explica que el relato histórico actual nada tiene que ver con el de antes de la unificación. Ahora, las carencias y errores se proclaman en voz alta para que las nuevas generaciones conozcan y expongan los hechos sin adornos ni subordinadas.

Hecho y consecuencia, ese es el esquema. “Durante el período del gobierno de Alemania Occidental entre 1948 y 1990 hubo una tendencia clara de no hacer frente al pasado nazi. Hasta 1980, el Holocausto ni siquiera se enseñaba en las escuelas alemanas. Esto se debe a que muchos ex nazis tuvieron importantes posiciones en la sociedad alemana occidental, como Werner Best. Él fue el responsable de reclutar a muchos de los principales funcionarios involucrados en el Holocausto y consideró el asesinato de los judíos una necesidad histórica. Creía en el racismo biológico”, aunque también matiza que desde la unificación alemana el tratamiento hacia estas personas ha cambiado por completo. “Ha habido un esfuerzo para hacer frente al pasado nazi. El Museo Judío en Berlín, el Memorial del Holocausto en la ciudad y la transformación de campos de concentración en museos son ejemplos de esto”. Al fin y al cabo, como diría Benjamin, la historia es el tiempo-ahora.

* Correción: se ha sustituido la foto que erróneamente nombraba a Ernst Röhm y que pertenecía al oficial nazi Wilhem Klube.

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Diario de Un Piloto Nazi

Publicado por El hijo del Ahuizote en julio 31st 2016

El diario personal del piloto de la Luftwaffe Hans Prenger fue hallado en la Flak Kaserne, cerca de Hilden, en Alemania, el año 1945. Los párrafos entresacados de este diario que siguen a continuación, brindan una visión reveladora de la mente de un aviador nazi. Este diario estaba escrito, en parte, empleando el sistema alemán de taquigrafía Stolze-Schrey.
Hans Prenger era Primer Observador de un bombardero Hein- kel cuando los alemanes lanzaron su ataque de los primeros tiem­pos de la Segunda Guerra Mundial. En aquel entonces, su rango era el de Oberleutnant (teniente primero) y, finalmente, fue Jefe de un Fernkampfgruppe (grupo de combate de largo radio de vuelo).

Mayo 15, 1940: Mi tripulación es de hombres excelentes. Ober- feldwebel (sargento primero), Manfred Schmidt es mi piloto. Mi artillero de cola es Rolf Wegener. El radiotelegrafista es Siegfred Koellmann, Obergefreiter (soldado de primera). Y el artillero, el Feldwebel (sargento) Seuthe.

Mi aparato no pasa de ser un Heinkel. Yo había cifrado mis esperanzas en un JU (Junker). ¡Así sea! Si el Fuhrer me orde­nase volar en una caja para frutas, le obedecería.

Mayo 24, 1940: Despegamos todas las mañanas con una escolta de aviones de caza. Nuestros escoltas son buenos, aunque sean ME (Messerschmits). Misiones regulares de bombardeo a todo lo largo del frente occidental: Rotterdam, Metz, Bruselas y una docena de blancos más. Hoy hemos soltado nuestros huevos en los patios de la estación de ferrocarril de Nancy. Abundancia de fuego antiaéreo, pero ningún impacto en ninguno de nuestros aviones. Fuego antiaéreo hediondamente malo. Los franceses debían estar muy nerviosos.

Messerschmitt Bf 109

                                                                                  Messerschmitt Bf 109

Cada vez que acciono el mecanismo suelta bombas dirijo mentalmente una breve frase a los de allá abajo: “Saludos de la Patria. Un saludo alemán para vosotros.” Me divierte muchísimo. Dudo que a los de allá abajo les divierta. Pero sí les interesa. Me hace reirme por dentro.

Mayo 26, 1940: Hoy ha sido Amsterdam. Bombardeo a muy poca altura. La gente corría despavorida por las calles con sus cochecitos para niños. Muchas bicicletas de pedales. Ametrallamos después de haber soltado las bombas. Es muy cómico. Parecen muñecos, o bien hormigas estúpidas, que corren dando vueltas y se dejan caer aquí y allá cuando les ametrallamos. Muy pronto aprenden que no pueden escapársenos. Esto les enseñará lo que significa atacar al pueblo alemán. Les estamos dando una severa lección.

Mayo 27, 1940: Wegener me inquieta. Objeta contra el ametrallamiento de los civiles. Necesita que le disciplinen. Le expliqué que todos los enemigos del Fuhrer son gente que han nacido para esclavos, que han de doblar la rodilla o bien deberán probar el acero alemán. Mejor será que deje de criticar nuestra táctica. Al fin y al cabo, mi número dentro del Partido Nacional Socialista es de los bajos y, por ende, es mi deber capital corregir los errores de cualquier alemán.

Mayo 28, 1940: Hoy hemos bombardeado un aeródromo francés. Destruidos tres Moranes en tierra. Ni un solo francés pudo levantar el vuelo para disputar con nosotros. Los franceses son una raza decadente. ¡ Y pensar que éste es el pueblo que antaño produjo un Napoleón! Ahora no son buenos más que para servir a la Raza Señora.

Morane alemán

                                                                                                                                   Morane francés reconstruido

 

Ametralladas densas masas de gente en las carreteras francesas. ¿Querían guerra, eh? ¡Pues, guerra les daremos! Ni una sola bala desperdiciada con estas multitudes tan hacinadas de gente. Tantos franceses menos a consumir alimentos que podrán ser de provecho para los alemanes.

Mayo 29, 1940: Hemos visto un descenso de tropas paracaidistas nuestras cerca de Amsterdam. Algunos holandeses dispararon contra nuestros paracaidistas mientras descendían. Conducta democrática típicamene cobarde: disparar a hombres indefensos colgados de su paracaídas. Eso me asquea. Pero ese mismo atardecer les dimos una buena lección a estos holandeses, bombardeando con bombas incendiarias las poblaciones suburbanas. Mayo 30, 1940: Hemos bombardeado Duenkirken (Dunquerque), hoy. Una gran masa de llamas y grandes columnas de humo negro. Una vista maravillosa. Mi avión zarandeóse por efecto de las explosiones que se producían allá abajo, en tierra. ¡ La furia del teutón! ¡Que el mundo vea y se cuide!

Junio 2, 1940: Hacinamientos de tommies * ingleses en las tierras bajas de Dunquerque, hoy. Nos lanzamos contra ellos, pero, súbitamente, hizo su aparición un enjambre de Hurricanes. Grandes combates encarnizados entre nuestros ME y los Hurricanes. Acertamos una embarcación llena de tommies y nuestras bombas la volcaron. El agua estaba llena de tommies que intentaban ganar la costa a nado. Ametrallamos una y otra vez a los que nadaban. Al canal inglés lo hicimos verdaderamente inglés al llenarlo de ingleses muertos.

Junio 4, 1940: Mala suerte. Un tiempo enojosamente malo nos ha impedido atacar hoy a Dunquerque. ¿Qué diablos hacen estos condenados ingleses llevando allí todas sus embarcaciones y todos sus aviones de caza? Han tenido mucha suerte… hasta ahora. Pero no les servirá de nada. Estoy ansioso de que llegue el buen tiempo y una ocasión para matar.

Junio 5, 1940: Ha muerto mi buen amigo el Oberleutnant Wil-helm Steutsel. Su Heinkel fue derribado por un Hurricane, sobre Dunquerque. ¡Grüss Gott, Wilhelm! Un magnífico guerrero alemán ha encontrado la muerte en batalla. Derribaremos muchos británicos para honrar tu memoria, Wilhelm.

Julio 8, 1940: Enviado a la Escuela de Instrumentos de Gatow.

Febrero 16, 1941: El blanco de hoy fue Birmingham. Soltamos nuestros huevos en una gran fábrica que hay allí. Tiempo asquerosamente malo. Lluvia espesa sobre el maldito Canal. Muy desagradable, sin poder ver nada más que las débiles luces verdes del tablero de instrumentos. Diez ME, en formación cerrada debajo nuestro y a nuestros lados, nos han dado escolta. 5,000 metros de altitud y mucho frío. La mayor parte del tiempo estuve atareado con cálculos de navegación.

Los malditos Spitfires nos alcanzaron cuando íbamos de regreso. A la ida el fuego antiaéreo no había sido mucho. A la salida ya fue otro cantar. De entre las nubes salieron aviones ingleses como abejas. Puse el casco de acero en la cabeza de Veit y ordené a los demás que también se lo pusieran. Alrededor nuestro desencadenóse una serie de locas peleas encarnizadas. Perdimos cinco ME y dos Heinkels. Naturalmente, tumbamos quince o veinte de los Spitfires, según el informe del Jefe de Grupo, Vortsmann.

Ahora, al regresar a nuestra base después de cada misión, encontramos gran número de agujeros en nuestro aparato. Hasta ahora nunca nos han dado en ningún punto vital.

Abril 23, 1941: Noto que me siento muy cansado cuando regresamos de alguna misión. Terriblemente cansado. Sólo un poco mientras estamos en vuelo; pero terriblemente cuando regresamos.

Cuando volvemos, después del interrogatorio y los informes, me siento mejor. La abundancia de comida y buenos licores nos hace sentirnos bien. Es un alivio tener libres la noche y el día siguiente.

Nuestra base, cerca de Etampes, a unos treinta y dos kilómetros al Sur de París, es muy cómoda. Abundan el champaña y el coñac. Muy agradable. Pero me siento muy cansado.

Abril 25, 1941: Se habla mucho de la próxima invasión de Inglaterra. El Fuhrer acabará pronto con los ingleses. Tengo entendido que se están construyendo muchos lanchones de poco calado para la invasión.

Mayo 4, 1941: Hoy he descubierto una magnífica pintura en una tienda de París. El vendedor quería un precio muy alto. Tomó lo que le ofrecí, en vales, cuando le sugerí que la Gestapo podría estar interesada en su colección. Envié el cuadro a mi prima Lise.

Mayo 8, 1941: ¡ Bien, bien! Hemos conseguido para nuestros muchachos un grupo de chicas HD, asignadas al pueblo donde estamos. (HD significa Helfrinnen von Dienst, mujeres uniformadas para servicios auxiliares, trabajos de oficina, etc.; su principal función era ayudar y consolar a los soldados alemanes. Más tarde fueron sustituidas con burdeles oficiales, en los cuales se forzaba a las jóvenes de países conquistados a que sirvieran a las tropas alemanas).

 

Como es natural, yo personalmente prefiero las francesas. Se consigue un mayor placer, en especial si hay que violentarlas un poco. Pero, para la mayoría de los soldados alemanes, es mucho mejor tener a mano las muchachas HD; es algo así como un toque hogareño.

El soldado alemán tiene derecho a gozar de las mujeres del país conquistado. Esto constituye un trofeo de guerra muy adecuado. Razas inferiores, como los franceses, polacos y judíos, pueden servir para comodidad y placer de la Raza Superior. Esto es lo que acabarán haciendo: servirnos.

Junio 2, 1941: Mi tripulación está comenzando a sentirse fatigada v en tensión. Algunas disputas. Les oigo por el sistema de intercomunicación. Nervios tirantes, me imagino. ¡ Esos cochinos perros Spitfires! Pero no puedo dejar de admirar a los tommies. Buenos aviadores. Nos lo hacen difícil.

En nuestra incursión de bombardeo de hoy sobre Londres hubo un Spitfire especialmente molesto. Estaba yo mirando por la mira de bombardeo, ordenando “Ata” o “Imi” (correspondientes a los vocablos que empleaban los norteamericanos “Roger” -—derecha— y “Baker” —izquierda— como código fonético utilizado para mayor claridad), cuando Gemeiner gritó que el avión inglés no dejaba de perseguirnos. Después calló súbitamente. Había sido acertado por una bala en la cara. Vivía aún cuando regresamos, pero con el rostro deshecho. Muy perturbador para la tripulación. Demasiada sangre.

Nuestro nuevo cañonero de cola es el cabo Piet Manschfeld. Es ardiente miembro del Partido. Espero que sea tan buen artillero como nacional-socialista.

Junio 26, 1941: Anoche me acosté con una chica HD. Naturalmente, con rango de oficial. Se llama Inge. No es, de veras, bonita, pero sí estaba ansiosa por complacerme. Habló como una conferenciante del Partido. Fue todo un desencanto. Si viene un hijo, el Estado cuidará de él. Al fin y al cabo soy ario puro, y también lo es Inge. Pero me sentí decaído. La buena eugenesia es una cosa, pero este frío apareamiento se parece demasiado a un puesto de remonta. Claro está que, aun siendo así, si Herre Goebbels y el Fuhrer lo aprueban, creo que es algo bueno e inteligente.

 

Si viene un hijo, no sabré si es mío o de otro oficial. Por consiguiente, no siento nada por Inge. Todo eso más bien me confunde.

Julio 2, 1941: Hoy, sobre Manchester, el fuego antiaéreo averió el motor de babor. Descendimos a menos de quinientos metros y luego a menos de cuatrocientos. La nave avanzaba con dificultad. Regresamos, pero Manschfeld vomitó en el puesto de cola. El hedor, era muy fuerte. De todas maneras, el HE está bien. Sólo tenía aplastada una tubería de combustible. El equipo de tierra lo ha arreglado en pocos minutos.

Julio 16, 1941: Tengo entendido que los ingleses son presa del pánico. No me extraña por la forma en que los estamos aplastando. La Luftwaffe les está enseñando quién es el amo. Estoy orgulloso de ser uno de los aviadores de Alemania, uno de los Caballeros del Aire del Tercer Reich.

Julio 23, 1941: Mi solicitud respecto a los nuevos aviones JU ha sido denegada; pero estamos consiguiendo HE nuevos. Así pues, seguiremos volando en nuestros buenos viejos HE. Pronto voy a obtener una licencia y espero asistir a una escuela. Quizá otro ascenso: Hauptmann (capitán) es un buen grado, pero me he ganado algo más. Quizá haya otra promoción. El Fuehrer reconoce los servicios leales. Llevo voladas ya cuarenta misiones. Julio 29, 1941: Escribo esto en el hospital. Nos estrellamos al regreso de una misión contra los buques en la zona del Canal. Al regreso, Veidt estaba manifiestamente nervioso y en tensión, por lo que yo casi esperaba un mal aterrizaje. Mi pierna derecha tiene una fea fractura. Ningún otro herido, aparte de arañazos y magulladuras.

Ahora mi ascenso puede quedar pospuesto. Pero no puedo quejarme del descanso. Las enfermeras son muy atentas y hay, en especial, una que se llama Ana que me interesa. Veremos.

Los médicos dicen que, probablemente, cojearé durante algún tiempo. Servicio de tierra, para mí, cuando salga del hospital. En cierta manera, no lo lamento.

Enero 2, 1942: ¡Con que los norteamericanos también están en guerra! Les enseñaremos a estos decadentes cerdos lo que significa enojar a los alemanes. Tan pronto como terminemos con los ingleses, cosa que puede ocurrir cualquier día, les daremos a los puercos yanquis una buena lección.

Lo ocurrido puede ser de la mayor importancia para mí. Cuando hayamos conquistado los Estados Unidos, habrá abundancia de puestos de Gauleiter (gobernador). Me gustaría ser Gauleiter de uno de los estados de Norteamérica. Y ¿por qué no? Lo tengo bien ganado.

Agosto 3, 1942: Las tripulaciones nuevas son diferentes de las antiguas. Nadie canta, ríe, ni cuenta chascarrillos. En todas las tripulaciones ocurre lo mismo. Muchos viejos amigos se han ido, para no regresar jamás.

Ahora las cosas son diferentes. Estábamos acostumbrados a ser tripulaciones, amigos íntimos. Actualmente, en el avión somos cinco hombres que apenas nos hablamos. Hay algunos que se preguntan cuándo acabará todo eso. Sin embargo, si el Fuhrer lo ordena, seguiremos peleando.

Ayer me llamaron al Gefechtstand (Cuartel General) del propio Reiclismarschall Goering. El castillo no está lejos de Etampes. El Mariscal de Campo en persona prendió la Cruz de Hierro en mi guerrera. “Nuestro Hermann” es un verdadero alemán, cordial y vigoroso; sus maldiciones y su gran apetito son muestra de un ánimo viril.

No hay duda de que Goering comprende que la RAF es un enemigo muy duro. Por los que hemos encontrado hasta ahora, los americanos también son buenos combatientes. El Feldzeitung (Periódico de Campaña, algo así como la publicación norteamericana Stars and Stripes) explica sólo una parte de lo que nosotros sabemos acerca de la fuerza de nuestros enemigos.

Agosto 17, 1942: Los malditos norteamericanos bombardearon hoy los patios del ferrocarril en Rouen. Esta es la primera vez que vemos bombarderos norteamericanos. Hasta ahora teníamos entendido que volaban en aviones ingleses. ¡ Esos cochinos bombardean a sus propios amigos franceses!

Septiembre 1, 1942: Ha aparecido un nuevo avión de caza norteamericano. Se le conoce como el P-38. Muy veloz y maniobrable. Pero de nada les servirá a los estadounidenses cuando se enfrente a los cañones alemanes.

 

otografía del Lockheed P-38 Lightning Yippee de las Fuerzas Aéreas del Ejército de los Estados Unidos

otografía del Lockheed P-38 Lightning Yippee de las Fuerzas Aéreas del Ejército de los Estados Unidos

Septiembre 29, 1942: Hoy hemos tenido invitados a cenar. Tres aviadores americanos que fueron derribados cerca de Le Mans. Varios campesinos franceses que pretendían ocultarlos fueron, como es natural, pasados por las armas. Al interrogarles no dieron información alguna útil.

Gente extraña, los norteamericanos. Dan la impresión de no temernos. Les parece como si una racha de mala suerte hubiese interrumpido sus negocios. Están molestos consigo mismos. Sus modales son muy poco militares. Por la forma en que se repantigaban en los asientos se les hubiese tomado por invitados de verdad. Naturalmente, acabaremos con los norteamericanos y los ingleses. Pero hemos de reconocerles cierto mérito. No serán fáciles de vencer.

Les dijimos que creíamos que los aviadores que capturábamos eran, lo mismo que nosotros, algo mejor que simples soldados de tierra. Uno de los yanquis dijo, riéndose, que se había hecho aviador “porque no le gustaba marchar”. No acierto a comprender tan extrañas ideas. Esta gente no es como nosotros. Parece que no ponen el corazón en la guerra, y que ni la gozan ni saben disfrutar el placer de la destrucción del enemigo. Dan la impresión de que lo hacen como si fuese una tarea desagradable.

Quizá por esta razón es por lo que les derrotaremos tan fácilmente. Puedo ver el porqué los alemanes son superiores a ellos y están destinados a gobernarles.

Uno de los norteamericanos vio a una de las muchachas HD cuando entró en nuestro comedor. Le miró las piernas y luego le guiñó el ojo. Ni buena crianza ni buenos modales. Puerco; esto es lo que son los norteamericanos. Les enseñaremos mejores maneras.

Octubre 3, 1942: Me he enterado de que Inge tuvo un hijo la primavera pasada. No he sabido nada de ella ni la he visto. La noticia me deja indiferente. Hay cosas más importantes en las qué pensar y qué hacer. Al menos he cumplido con mi deber para que la Raza Superior subsista.

Enero 28, 1943: Aviones norteamericanos han bombardeado Wil-helmshaven. Más de setenta B-17 bombardearon ayer esa población. ¡ Qué barbaridad, bombardear una ciudad indefensa sin importancia estratégica! Son, en verdad, unos cerdos salvajes que tratan de aplastar una civilización muy superior a todo lo que pueden comprender.

Febrero 11, 1943: Hoy hemos agasajado a un grupo de aviadores del Grupo Pik-A (significa “as de espadas”, el escuadrón Richtho-fen primero de los de caza de la Luftvvaffe). Los grandes comandantes von Maltzahan, Wick y Molders no estuvieron presentes.

 

Los del Pick-A han destruido más de mil aviones enemigos en Polonia, Francia, Bélgica, Holanda e Inglaterra.

¡ Qué maravilloso equipo formamos los grupos de cazas como el Pik-A nuestros bombarderos y todos los demás soberbios guerreros alemanes del aire!

Febrero 26, 1943: Desde hace tiempo sabía ya que Nielander es un agente de la Gestapo adscrito a nuestro grupo. En todas partes hay traidores: hasta en la Luftwaffe. El, lo mismo que otros hombres de Himmler están vigilando para extirpar cualquier individuo afectado con el bacilo de la democracia. Desconfía de alguno de los tripulantes, que dice que no es tan entusiasta como debería serlo en la defensa de la patria.

Marzo 25, 1943: En la semana pasada mi hermano Paul murió asesinado por los bombarderos norteamericanos en la Base de Submarinos de Vegesack. ¡ Dios maldiga a los yanquis por haber dado muerte a tan magnífico marino alemán! El comunicado de la muerte de Paul mencionaba su Medalla de Oro al Honor y la Cruz de Plata al Mérito, concedida por el Partido Nacional-Socialista. Añadía que: “el destino no le permitirá el gozo de ver la victoria final”.

Estoy profundamente decaído. ¿Cuándo “tendremos el gozo de ver la victoria final”?

Abril 7, 1943: Hoy me han destinado otra vez al servicio de vuelo. Mi pierna mala me hace aun cojear, pero, como por ser jefe de grupo no conduzco el avión, mi pierna no tiene importancia. Pero, si nos derriban, mis movimientos son lentos y torpes. ¿Seré capaz de lanzarme con presteza en paracaídas, si surge tal necesidad? Abril 10, 1943: Hoy, misión sobre el Canal contra la navegación. El cielo estaba atestado de Spitfires y P-38. Nunca había visto tantos; y son persistentes. Los norteamericanos son muy agresivos y difíciles de quitárselos de encima. Perdimos demasiados ME de escolta; verdaderamente demasiados. Fuimos hostigados y atacados sin descanso. Cuando regresamos, me temblaban las manos. Estoy muy fatigado. Me resulta difícil escribir. ¿Qué es lo que me pasa? Cuando, de regreso a la base, vi los agujeros de bala en el avión sudé frío. ¿Es posible que mis nervios estén a punto de estallar?

Abril 12, 1943: ¡Cuántos viejos amigos se han ido! Hoy vi cómo Putzi Hesse se abatía en llamas sobre el Canal. Estuvimos juntos vn la Escuela de Aviación .de Gatow. ¡Cuántos se han ido! ¡ Cuán pocos quedan de los viejos! Me pregunto cuanto más puedo durar. Sesenta misiones cumplidas. ¿Cuántas puede llevar a cabo un hombre?

Los ingleses eran ya bastante duros de por sí, pero los cazas norteamericanos son peores. Parecen fríamente decididos a destruirnos. ¡Tan condenadamente persistentes! Regresé de una misión de rutina a Southampton, temblando como azogado. Los de la tripulación tenían el rostro gris. Perdimos tres de los siete que salimos. Es aterrador pensar en el futuro.

¡Que Dios me ayude! ¡Tengo miedo! Abril 14, 1943: Hoy fui regañado, creo que injustamente, por el Alto Cuartel General. Mi “grupo” de ocho bombarderos iba volando hacia Londres cuando tropezamos con enjambres de Spit-fires y P-38. Enjambres. Conté más de sesenta. Atacaron y derribaron todos y cada uno de nuestros diez ME de escolta. Los diez. Después se lanzaron contra mis bombarderos. Ordené al grupo que virase y regresara a la base ¿qué otro remedio me quedaba? Aun así, los norteamericanos y tommies derribaron dos de mis HE. Fue una suerte que algunos de nosotros regresáramos. Al llegar, apenas podía sostenerme en pie. ¿Es eso cobardía?

¿Pueden regañarle a uno por eso? Abril 16, 1943: En la misión de hoy de rastreo sobre el Canal nada vimos, nada hicimos y regresamos a mediodía.

No me siento bien. No puedo dormir. Los nervios demasiado tensos. Fumo y bebo en demasía.

¿Cuándo acabará todo eso?

 

 

NOTA: En su siguiente misión, todo acabó para Hans Prenger. Indagaciones hechas en los archivos de la Luftwaffe revelaron que su bombardero Heinkel estalló en el aire, en combate sobre el Canal, el día 18 de abril de 1943.

 

 

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